lunes, 16 de julio de 2018

París es una fiesta



Paris est une fête se llama la recopilación autobiográfica de Ernest Hemingway. Una fiesta es lo que se desató ayer cuando culminó el partido Francia versus Croacia en que Les Bleus se impusieron 4 x 2, y ahora en el maillot bleu resplandecen dos estrellas. 

Fiesta no se vivió en Chile cuando la desidia y la indisciplina le ganaron al rigor y al sacrificio, más una dosis no menor de altanería, receta fatídica que condenó a La Roja a ausentarse de la Copa del Mundo Rusia 2018. Este es un blog de larga data y podemos revisitar algunas de nuestras opiniones pasadas. En algún momento Chile Liberal se habría jactado de sus dotes premonitorias. Hoy, con más modestia, sólo nos remitiremos a decir que sí, en algunas cosas acertamos, a veces.

Cuando Chile ganó la Copa América el 2015 ya advertimos que la continuidad de los logros estaba en peligro"saquen a Sampaoli hoy por la puerta ancha, y busquen un remplazante para la nueva etapa", recomendamos. ¿Lo hicieron? No. ¿El resultado? Sampaoli partió abruptamente dejando en ascuas el proceso clasificatorio mientras a la rápida se debió nombrar a J. A. Pizzi ⎯un caballero del fútbol que no pudo ante la indisciplina de la Banda Pitillo entre otras estupideces⎯ y todo indica que seguimos el derrotero de la generación dorada del tenis. Es decir, no habrá recambio ni continuidad.

Un fracaso continental
Pero más preocupante aún ha sido evidenciar lo que ya vaticinamos el 2010: la brecha entre el fútbol sudamericano y el europeo es sideral. Esto no es sino el reflejo de una situación anómala que atañe directamente a la Selección de Chile y es que los futbolistas latinoamericanos deben obligadamente emigrar a Europa para ser parte de la elite deportiva. Ningún europeo emigra a Sudamérica. Las selecciones locales son subproductos del fútbol europeo.

Las ligas de fútbol locales son malas por la incultura de jugadores e hinchas. Los deportistas sufren de sobrepeso. Es en Europa donde recién aprenden a comer pasta al dente y no meros fideos recocidos. Los dirigentes son una cáfila de corruptos. 

Y como dijimos en nuestro post, el problema fundamental del fútbol chileno a nivel de selecciones radica en la falta de envergadura física. Varios se enojaron conmigo y me descalificaron. Uno de los más brillantes jugadores chilenos, Alexis Sánchez, no es más alto que una de las mascotas del equipo, un preadolescente. 

Así el fútbol latinoamericano acabó por cumplir un triste papel en Rusia 2018, con equipos que apenas fueron hacer actos de presencia, como Panamá o Perú, otros que fueron un espectro, como Colombia o Uruguay. Se dice que el Mundial es la Eurocopa más Argentina y Brasil. Las presentaciones caóticas y discretas, respectivamente, de estos dos últimos nos llevan a concluir que el Mundial en las fases finales es sólo la Eurocopa. Y si la FIFA no actúa, el Mundial será relegado a un segundo lugar por la Eurocopa.

La lápida la puso ahora el arbitraje con asistencia por video, que va a desterrar las vivezas y picardías latinoamericanas. 

Ángel Di Maria festeja un tanto ante Francia mostrando en un gesto el tamaño al parecer descomunal de sus testículos. Esto se llama "tener huevos". No es un espectáculo familiar el que ofrecen los latinoamericanos, sin hablar de un Maradona drogado en las tribunas. Un jugador argentino de básquetbol tiene el panorama claro cuando declara que no todo se gana con huevos. Sudamérica debe subirse el tren del ultra-profesionalismo en el fútbol, entendido como un espectáculo y una justa atlética de altísimo nivel, que comienza con un trabajo a conciencia desde cadetes.

En el cénit del balompié se encuentra hoy la Selección de Francia. El sorprendente Mbpappé, de apenas 19 años, corre con balón a 38 km/hora. Podría igualar a la leyenda jamaicana Usain Bolt en los 100 metros. Mientras en Chile tenemos jugadores obesos y pretenciosos, el joven y aterrizado Mbappé dona las merecidas recompensas pecuniarias a organizaciones de caridad. 

Una Selección multicolor
La composición multicultural y multiétnica de la selección francesa es una de las cuestiones que más fascina a los chilenos, especialmente después del retintín asqueroso que dejó en los oídos de toda una generación el comentario de Jean Marie Le Pen en 1998 asegurando que el equipo campeón de entonces no representaba la Francia real. 

El choque entre Francia y Croacia, y el aplastante triunfo de los galos sobre los balcánicos, además del 3er y 4to lugar para Bélgica e Inglaterra ⎯dos equipos también multirraciales⎯ demuestran que la Vieja Europa abierta a la inmigración es mucho más vital que la Europa Post-comunista. Más pobre materialmente, sin una tradición democrática ni de libertades individuales producto de los terribles años de hegemonía soviética, sus ciudadanos son menos diversos, cerrados y muy poco tolerantes, y ahí quedó demostrado que a pesar del enorme tesón de los croatas simplemente no pudieron ante el crisol de razas galo.

No hablemos sólo de los de color. De hecho, Griezmann es de origen alsaciano-alemán y portugués, Hernández y Lloris de origen español, lo que a nadie debe sorprender ya que Francia, cuna del espíritu revolucionario y de la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, promulgada ese histórico año 1789,  siempre ha sido una tierra de acogida para los perseguidos del mundo. Croacia, al contrario, es una tierra de emigración, lo saben en Magallanes y Atacama. Un país donde se respetan los derechos personales son lugares que atraen gente, y así enriquecen su capital humano.

Marine Le Pen, líder actual de la ultraderecha francesa (hoy peleada con su padre), declaró el 2017 que la inmigración en Francia "ha engendrado el prospecto de una guerra civil". Pasadas ya un par de horas desde que el equipo ayer levantó el trofeo, y hasta hace instantes hoy lunes en que el equipo fue recibido por Emmanuel Macron en el Palacio del Elíseo, no he visto nada que se parezca a una guerra civil sino todo lo contrario, he visto a todo el país arrojarse a las calles a danzar y vitorear porque se ha ganado más que una copa, es un proyecto país, expresado en algo tan aparentemente absurdo como correr detrás de un balón para marcar goles, el que ha triunfado. París es una fiesta, y que siga la fiesta.