jueves, 16 de diciembre de 2021

Un voto nulo

 

Todo se derrumba; el centro no resiste;

The Second Coming” (W.B. Yeats, 1919) 


Well, I woke up this morning and I got myself a beer 

The future is uncertain and the end is always near 

 “Roadhouse Blues” (The Doors, 1970)

Bajo el próximo Presidente no estaremos de regreso en la Unión Soviética ni se proclamará al Tercer Reich. Quien sostenga una de estas barbaries es un necio, un ignorante, o ambos. No obstante, hemos presenciado la elección presidencial de más bajo nivel y la más polarizada de la historia reciente. Chile Liberal no se presta para este circo y anunciamos, por primera vez, ningún politcal endorsement. Votamos nulo.

La ultra-derecha contra la ultra-izquierda. Las facciones extramuros, fuera del tradicional pacto republicano, nos piden su voto, aduciendo cuestiones estrafalarias y estúpidas: bajar impuestos, para el blondo de derecha, o recaudar un 8% del PIB, para el hirsuto de Magallanes. Sacudimos la cabeza en descreencia. ¿Sida o cáncer terminal?

Normalmente, como ocurre en EEUU, después de ungir al elegido en primarias los candidatos comienzan un tortuoso contorsionismo para transitar desde el sectarismo de sus tribus hacia el centro político, que es donde están los votos que permiten ganar. En Chile las primarias definitivamente no prosperan, y los candidatos se apoltronan en sus nichos duros, enardecidos con las soflamas de los cabezas-calientes que los rodean.

Kast y Boric son parte de la lunatic fringe en ambos extremos del espectro. Ambos exhiben unos CVs escuálidos para el cargo. Basta ver las tribus que los apoyaron, y que absurdamente hoy los tratan a ambos de traidores (al parecer se han moderado demasiado) para darse cuenta que la mano nos temblará demasiado cuando haya que hacer una rayita sobre uno de los nombres en la papeleta.

No es usual que nuestro sitio no se la juegue por una opción. Siempre lo hacemos y luego nos refriegan en la cara la torpeza de nuestra decisión: lo asumimos con hidalguía. No obstante, esta no es una elección normal. Ambos candidatos están demasiado lejos del centro político como para que podamos siquiera pensar en votar por ellos. No hicieron nada por ganarse nuestra confianza. El alarmismo, la histeria, y el project fear de uno hacia el otro es lo único que percibimos. Triste.

No obstante, sabemos también que los lectores de la comunidad formada por Chile Liberal piden alguna guía. Veamos. 

En política existe el “Test de la cerveza”, según el cual uno vota por el candidato con el que se tomaría una cerveza (alternativamente podemos llamarlo el “test del café”, Chile Liberal no endosa la glorificación del alcoholismo). No me tomo una chela con Kast ni llorando: ese sujeto me produce desagrado, si bien es digno de encomio su parsimonia. 

¿Con Gabriel nos tomamos una birra? Por supuesto. El tipo es buena onda. Firmó el acuerdo por la Constitución sin aspavientos y se granjeó la enemistad de los pirómanos que lo frecuentan. Pero votar por Gabriel Boric es votar por Daniel Jadue, y éste es mala onda, y más encima es aweonao.

La cuestión al final es determinar si un café crème o una Erdinger heladita con un político lo califica para presidir la república, en un país que sufre aún serias falencias, donde persisten los campamentos, con un sistema de salud deficiente, educación inadeacuada, y un Estado esclerótico incapaz de proporcionar servicios de excelencia.

Pero eso depende de ustedes, amigos lectores. En lo que concierne a Chile Liberal, simplemente no podemos votar por uno u el otro. Votamos nulo.

martes, 16 de noviembre de 2021

Un voto por Sebastián Sichel

Look at the stars

Look how they shine for you

And everything you do

Yeah, they were all yellow.

 

⎯"Yellow" (Coldplay, 2000) 



Sebastián Sichel es la mejor opción para reformar el sistema de pensiones sin dejar de ofrecer gobernabilidad, dando tranquilidad a los mercados y por sobre todo es el único candidato con un diagnóstico correcto: para otorgar servicios de calidad necesitamos modernizar el Estado. Chile Liberal explica los motivos para votar por Sichel para Presidente.

 

Hasta antes de las elecciones primarias se creía que la carrera presidencial se decidiría entre Joaquín Lavín, quien en Tolerancia Cero se declaró socialdemócrata, y el alcalde Daniel Jadue, orgulloso militante del Partido Comunista. Pero después de una importante participación, los candidatos más jóvenes fueron elegidos: Boric y Sichel. El recambio generacional ya ha llegado.


Gabriel Boric es un buen tipo, y a su favor cuenta el haber aceptado los acuerdos que permitieron lanzar el proceso constitucional. Desde entonces su errores han sido muchos, sin contar la tortuosa negación de sus pecadillos de juventud con la extrema izquierda (elogios a Fidel Castro y Maduro, brindar con el asesino de Jaime Guzmán, etc.). 

 

Pero lo más preocupante en el joven hirsuto es el caos reinante en su equipo, en particular en el flanco económico. Cada vez que Claudia Sanhueza, Sebastián Depolo o Nicolás Grau hablan, causan pánico, y es el propio candidato quien debe salir a clarificar, desmentir, o contextualizar. Peor aún, él mismo anda a patadas con las cifras. La desprolijidad en su programa y la tardía publicación cristalizan todos los resquemores que generaría un gobierno en coalición con el Partido Comunista. Se puede juzgar a alguien por quienes lo rodean: el juicio a Gabriel es negativo.


Pretender una reforma tributaria del 8% del PIB es una monstruosidad. Ningún control a la evasión tributaria lo logrará. Decirle al electorado que no habrá cuentas individuales porque no habrá problemas de pensiones bajas es absurdo y va a contrapelo del espíritu de superación individual que plantea Chile Liberal. Incluir a los sindicatos en los directorios de empresas es una obsesión de la izquierda con las grandes empresas, en desmedro del apoyo a las PYMEs. 

 

El país crece pero no ha aumentado la productividad, y las correcciones que pronto vienen serán brutales. Insistir en subir impuestos es la manida reacción instintiva de la izquierda, en la que persisten Boric & Co. Bajar impuestos es ridículo e irresponsable en esta etapa del ciclo, como plantea Kast. Necesitamos alternativas centristas.


Sebastián Sichel es el candidato que ha acertado en el diagnóstico: Chile necesita modernizar su aparato estatal. Hay ministerios que cerrar, pero hay algunos gastos que aumentar. Imposible ofrecer buenas prestaciones de salud y educación labores de las que el Estado no se debe desprender sin modernizar el Estado. Rediseñar las AFP ya no es tabú en la derecha, y tener un candidato de ese sector con un mandato claro para proceder a las reformas es vital. Así lo ha entendido Sichel.


La protección social con el objetivo de facilitar el funcionamiento de la economía de mercado es el enfoque correcto y lo vemos en el programa de Sichel cuando habla de pensión básica. Las transferencias directas son otro tema que ha adelentado Sichel. Además, acierta en temas de inmigración, y por sus posturas en temas sociales y valóricos, evidenemente el talante centrista de Sichel lo convierten en la mejor opción.

 

La actitud contradictoria y ambivalente de Boric y su camarilla sobre la violencia es alarmante. En contraste, la actitud clara de Sichel merece elogio.


Todos los países de la parte Atlántica de sudamérica estuvieron cerca del desarrollo pero fracasaron: Argentina, Uruguay, Brasil y Venezuela. Chile iba por buen rumbo pero la década perdida del ciclo Piñera-Bachelet, más la incapacidad para pensar fuera de la caja y la desconexión con el electorado, nos descarriló. El domingo 21 de noviembre del 2021, puede ser o el comienzo del fin, o la última posibilidad de lograr los niveles de educación, prosperidad, igualdad y modernidad que todos queremos. Sebastián Sichel es la mejor alternativa y Chile Liberal vota por él. Invitamos a nuestros lectores a hacer lo mismo.