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viernes, 20 de enero de 2012

STOP SOPA

Los controversiales proyectos de ley SOPA y PIPA no servirán para proteger la propiedad intelectual, sino para aplastar la libertad de expresión


El miércoles pasado, la venerable Wikipedia publicó un anuncio en que nos invitaba a pensar cómo sería el mundo sin conocimiento libre, y gratis. Como señal de protesta, la pancarta le impedía a los internautas ver el contenido de la encicplopedia libre durante aquella tarde, en el mismo lapso en que en el Congreso de EEUU se discutían los proyectos SOPA y PIPA. Con la idea —aparentemente loable— de resguardar los derechos de autor, se le entregaría al gobierno de EEUU el poder descomunal de clausurar un sitio Web por el sólo hecho de redirigir a un usuario a un sitio ilegal, análogo a matar una mosca con la bomba de Hiroshima.

El asunto es de enorme complejidad para los cultores del pensamiento liberal. Por un lado, la propiedad intelectual, como cualquier derecho de propiedad, es sagrado. El trabajo realizado en producir un film, un video clip o una novela no puede desvanecerse por culpa de la piratería electrónica. Si un artista no lucra de su trabajo, no podrá vivir de su profesión ni tendrá incentivos para producir su arte, y quienes lo consumen se verán privados de seguir consumiéndolo. El derecho de propiedad, como concepto, es central incluso a la evolución de la humanidad, ya que sin propiedad no hay división del trabajo, y sin división del trabajo no hay progreso material ni intelectual.

Por otro lado, en una sociedad liberal la libertad de expresión es algo preciado, por algo "freedom of speech" está resguardado en la Primera enmienda de la Constitución de EEUU. Sin libertad de expresión, no habría libertad de publicar libros que fustiguen o critiquen al gobierno o que saquen a la luz los tabúes de la sociedad, y sin esto no podríamos tener expresión artística alguna. Es por esto que libertad de expresión y derechos de propiedad se superponen, y SOPA, a lo húsar, pretende proteger sólo uno, el derecho a preservar la propiedad intelectual, pero como contrapunto pulveriza la libertad de expresión. En el contexto actual en que la Internet ha servido para azuzar las mentes y las masas de individuos, los gobiernos buscan desesperadamente controlar la Internet. SOPA es la excusa perfecta.

Chile Liberal sostiene que el derecho a la propiedad intelectual se acaba cuando quien la viola no busca lucrar de la creación de otros. Por ejemplo, un grupo de fans de los Beatles no puede ser castigado por grabar "Love Me Do" en un video casero y subirlo a YouTube si su objetivo es meramente emular y homenajear a los cuatro de Liverpool, sus máximos ídolos. Situación distinta a que el mismo tema lo reproduzca una emisora de radio que redita por las tandas comerciales que transmite. En el primer caso, ¡SOPA podría clausurar YouTube entera!, lo que es evidentemente estúpido. En el segundo, ya hay legislación suficiente como para aplicar las sanciones necesarias. SOPA es redundante. 
Nuestro sitio llama a continuar las protestas hasta que se logre boicotear este despropósito. Baste saber que el cretino de Rupert Murdoch, fundador de un inmundo imperio de la prensa amarilla y la chabacanería, es uno de los más encarnizados apologetas de este disparate como para entrar a inquietarse.

Por cierto, nada de esto debe sorprendernos. La turba ahora se asusta, pero Chile Liberal hace tiempo viene advirtiendo que ya estamos todos identificados con un número, somos diariamente observados 25 veces en promedio mediante cámaras de seguridad, y algunos aplauden la idea de almacenar automáticamente bases de datos de todos los ciudadanos. Se alegran, más encima, de que se dispondrá de información biométrica de todos y cada uno. Como si lo que hace el gobierno fuese poco, Google —conspicuo opositor a SOPA— ha fotografiado prácticamente todo el planeta incluidas las casas de cada uno. Vamos rumbo fijo por hacia la materialización del Gran Hermano, como lo predijo el gran George Orwell en su novela distópica 1984, y a la instauración del panóptico, del filósofo liberal Jeremy Bentham. El único espacio libre que iba quedando, la Internet, tiene sus días contados. De hecho, la Internet será el panóptico del Gran Hermano.