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martes, 3 de abril de 2018

1984 en Venezuela

"Mil Novecientos Ochenta y Cuatro"
Por George Orwell, novelista británico

Capítulo III (Extracto)

Ahora te diré la respuesta a mi pregunta. Es esta. El Partido busca el poder por el poder. No nos interesa el bien de otros. Nos interesa sólo el poder, el poder puro. (...)

La diferencia con las otras oligarquías es que nosotros sabemos lo que estamos haciendo. Todos los otros, incluso los que se parecen a nosotros, fueron unos cobardes y unos hipócritas. Los Nazis Alemanes y los Comunistas Soviéticos usaron métodos muy similares a los nuestros pero nunca tuvieron la valentía de reconocer sus motivaciones. Ellos fingieron, y acaso hasta creyeron, que se tomaban el poder casi contra su voluntad y sólo por un tiempo limitado, y que un poco más allá existía un paraíso terrenal donde los hombres serían libres e iguales. Nosotros no somos así. Nosotros sabemos perfectamente bien que el poder se toma y no se suelta. El poder no es un medio, es un fin. No se impone una dictadura para salvaguardar la Revolución; se hace la Revolución para imponer una dictadura. (...)



Exactamente. Haciéndolo sufrir. No basta con la obediencia. Si no sufre, ¿cómo vas a estar seguro de que obedece tu voluntad y no la suya propia? El poder radica en infligir dolor y humillación. El poder radica en la facultad de hacer pedazos los espíritus para luego volverlos a construir pero dándoles la forma que tú quieres. 


Ya estamos suprimiendo los hábitos mentales que han sobrevivido de antes de la Revolución.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Sí al golpe militar en Venezuela

La dictadura de Nicolás Maduro no abandonará el poder por medios democráticos




Es angustiante pensar que una generación entera de jóvenes venezolanos sólo ha conocido chavismo. Con dos décadas enquistado en el poder, la ideología absolutista de Hugo Chávez fue el preámbulo de otro autócrata, Nicolás Maduro, quien hoy arroja a su pueblo a una miseria sin precedentes que ya es simplemente intolerable.

Famélicos, esmirriados y humillados, los venezolanos exigen una fuerza internacional que primero restablezca los suministros de alimentos, medicinas, y de todos los servicios básicos que la incompetencia supina del mandamás de Venezuela ha sido incapaz de proveer. Segundo, corresponde sacar del poder al déspota, liberar a los presos políticos, y convocar a elecciones libres.

Sí. Chile Liberal lo dice fuerte y claro, sin tapujos ni intrincados circunloquios: llegó la hora de derrocar a la narco-dictadura chavista. Entiendan: el hombre fuerte de Caracas no tiene intención alguna de abandonar el poder. Su inspiración socialista lo conmina a ejercer el poder absoluto, sin contrapesos. No hay solución política viable a la crisis venezolana. Ya no es factible el diálogo sino la acción decidida.

Un primer gesto categórico ya lo ha dado el Grupo de Lima condenando el burdo intento del régimen totalitario por organizar elecciones estilo soviéticas. El presidente argentino Mauricio Macri ya ha sido preclaro en rechazar esa pantomima de comicios y adelantó que no los reconocerá. Es decepcionante la actitud pusilánime del Canciller chileno, Heraldo Muñoz, quien aún persiste en la ilusa candidez ⎯o derechamente estupidez⎯ de creer que aún hay posibilidades de un arreglo pacífico en Venezuela. Porque no hay. Los hechos lo demuestran.

Chile debiese revocar la invitación cursada al mandatario de facto de Venezuela para asistir a la investidura de Sebastián Piñera. Ni Maduro ni Castro, mandamases ilegítimos, pueden compartir en una misma ceremonia republicana con los presidentes del continente.

Pero, francamente, quizás esto no sea problema porque creo que Maduro no llega al 11 de marzo. Ya se siente el movimiento de tropas y tras bambalinas el mundo se prepara para deponer el autócrata que tanto daño ha causado. Cuando un gobernante abusa de su pueblo, se acaban las "cuestiones internas" y la intervención externa es legítima. 

Una revuelta popular en la que una milicia ciudadana ajusticie al tirano se vuelve inevitable. Si sale la muchedumbre de sans-culottes a las calles para asediar el Palacio Miraflores sería un buen método para tumbar al déspota. El tiranicidio ⎯tema complejo y espinudo que ya hemos abordado en esta tribuna⎯, comienza a justificarse cuando vemos que una revista como Paris Match grafica con los horrorosos funerales de niños desnutridos el dolor que inflige Maduro y sus matarifes sobre la población. 

Esto no se trata de deponer a un incompetente por una mala gestión, lo que difícilmente sería aceptable, sino de reponer el orden democrático ante el totalitarismo que ejerce un sátrapa.

Todo empezó hace dos décadas con un Hugo Chávez que se declaraba más bien socialdemócrata con un discurso colorido y folklórico, que a poco andar se reveló como un grotesco socialismo. El año pasado acabó con una oleada de protestas callejeras reprimidas brutalmente por el régimen sin miramientos por las libertades civiles. Jamás se debe tolerar ni trivializar a populistas de esta estofa. Craso error fue no tomarlos en serio. Hoy el daño está hecho y es contenible aunque por la fuerza. Maduro ya está Podrido. Sáquenlo.

lunes, 16 de febrero de 2009

Venezuela: Nace un tirano

"La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía. Un justo celo es la garantía de la libertad republicana, y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado, que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente."

Simón Bolívar




Venezuela desciende hacia una autocracia

Una amarga derrota empaña el desarrollo de Venezuela, uno de los países más ricos del mundo, que, no obstante, vive con más de la mitad de su población sumida en la miseria. Así todo, la principal preocupación de los venezolanos es la galopante tasa de criminalidad, que se ha triplicado desde 1999, como muestra el gráfico de la izquierda (fuente: The Economist). El año 2008 hubo 15 mil asesinatos en Venezuela.

Pero eso no es todo. La industria estatal venezolana del petróleo produce 25% menos que hace 10 años. Los excedentes de recaudados durante el altísimo precio del crudo fueron farreados (a diferencia de la admirable autodisciplina del gobierno de Michelle Bachelet). La administración Chávez es la campeona latinoamericana en inflación, con un magnífico 31%. Como si fuese poco, el perla quiere terminar con la independencia del Banco Central. El precio de los alimentos ha aumentado un 50% en Caracas, y la canasta familiar semanal pasó de 100 a 300 bolívares (el sueldo mínimo es de 800). En 1998 el petróleo constituía el 64% de las exportaciones del país. Gracias a Chávez, hoy supera el 90%. Peor aún, un cuarto de las reservas del Banco Central han desaparecido. Venezuela puede esperar una contracción este año de un 2-2,5%.

Hoy más venezolanos dependen del Estado que hace 10 años, y el Estado sigue desangrando los frutos de la producción del país. Y como si la economía no anduviese mal, el lado político no se queda atrás: Human Rights Watch ha denunciado el acoso político y la creciente intolerancia en Venezuela.

Un gran error han cometido los venezolanos al darle carta blanca a un autócrata para que acumule más y más poder. Los liberales queremos exactamente lo opuesto: un gobierno limitado, menos personalismo, alternancia en el poder. Chávez pretende gobernar por 20 o hasta 30 años. Esto no sólo es un disparate, sino un típico ejemplo de los gobiernos refundacionales de América Latina, tan asidua a vitorear a sus perfectos idiotas latinoamericanos y sus archirrepetidos cuentos chinos sobre la justicia social, el pueblo, el hombre nuevo raudo por la gran Alameda, blah blah blah.
No sé si fue un plebiscito limpio y democrático. Chávez es un agitador que busca asir el mayor poder posible por medios democráticos, pero desvirtuando la finalidad de la democracia que es ponerle límites al poder para contrarrestar la tiranía.

Pero Chávez ganó. Y como dijo Bolívar: al pueblo se le obedece hasta cuando yerra.

Venezolanos: cuídense del gorila que pusieron al mando.




Créditos: datos, estadísticas e imágenes de The Economist Research Tools - Venezuela