domingo, 21 de julio de 2019

Déjenlos entrar

Migra, migra
Pinche migra
Déjame en paz

Me necesitas tú a mi
Más que yo a ti

"Migra", Carlos Santana



Chile debe recibir a los migrantes
En la actualidad alrededor de un 3% de la población mundial está desplazándose en calidad de migrante, cantidad inferior al máximo histórico de 5% registrado a principios del siglo 20. No obstante, la inmediatez de los medios de comunicación actuales y el populismo que arrecia crean una sensación de gran pánico al respecto.

Imágenes desgarradoras han encendido las alarmas en el mundo civilizado: el pequeño muerto en el Mediterráneo, o el padre y su hija ahogados cruzando el Río Grande rumbo a EEUU. A cualquiera que tenga hijos se le empequeñece el corazón. Hoy son ellos, pero pudimos ser nosotros.

Chile no es ajeno a este fenómeno y ocurre que hoy nos encontramos como país receptor de migrantes y parecemos olvidar que históricamente siempre lo fuimos: el "asilo contra la opresión" es parte integral de nuestro ethos como país. Una migrante venezolana, huyendo de la satrapía narco-comunista de Nicolás Maduro, perdió su guagua en la frontera chilena con Perú mientras añoraba entrar a Chile. Como país nos avergonzamos.

El mundo se ve azotado por una ola de movimientos populistas y xenófobos, que ya fueron el corolario de las migraciones del siglo 20 y que significaron la ascención del fascismo y las consecuentes Guerras Mundiales. EEUU y Europa Occidental ven crecer como la maleza los peores resabios de los fanatismos del siglo pasado. En Chile, con las sinuosas retóricas de J.A. Kast, no somos meros espectadores del rebrote populista.

Un país lo construye su gente, y la gente está formateada por una narrativa y unos valores que nos hacen reconocernos como un mismo y único pueblo. Chile es un país acogedor, una sociedad abierta y tolerante, y más allá de un gobierno de izquierda o derecha, nuestra idea-nación es la de la angosta faja de tierra detrás del murallón de los Andes donde siempre han sido bienvenidos quienes tienen las agallas para dejar atrás su pasado y venir a instalarse a vivir en paz con nosotros. La "vida, libertad y la búsqueda de la felicidad" son los valores fundacionales de EEUU pero resuenan en todos los países libres ⎯ Chile incluido.

En este blog lo planteamos de manera taxativa: Chile debe recibir a los migrantes instalados en la frontera. Quienes les llevaron comida y bebidas calientes encarnan el espíritu auténtico del país. Muchos huyen de la pobreza y del socialismo y añoran venirse a Chile, así como nosotros en los 70 arrancamos del fascismo. Otros escapan de la violencia, las enfermedades y la devastación. Pues nuestra obligación ética es abrirles las puertas.

Existen resquemores legítimos. ¿En qué trabajarán? Cuesta creer que en un país como Chile, donde tenemos tantos puertos que mejorar, carreteras por construir, hospitales que equipar, líneas de metro que cavar, puentes que tender y casas que levantar, y tantas cosas aún por hacer, no podamos utilizar esa mano de obra que nos exige con desesperación que les demos un lugar.

En tiempos de una economía alicaída ⎯como lo alertó  Chile Liberal en su debido momento⎯ el gobierno actual debe recurrir a estas medidas de grandes trabajos si quiere asegurar progreso y prosperidad. 

Las líneas del Underground en Londres y todas las carreteras de Gran Bretaña se forjaron con la mano de obra irlandesa. El país se levantó de la II Guerra gracias al trabajo de los inmigrantes venidos de sus ex colonias. Estas obras quedan y son una enorme contribución a la productividad. Sólo un necio puede desaprovechar la oportunidad que nos brinda la inmigración.

La necesaria documentación e  identificación de los migrantes debe acelerarse. El gran problema de la migración es más que nada para el país que ve partir a sus habitantes. El que más gana es el que recibe. El gobierno actual debe terminar de coquetear con la retórica xenófoba de la naciente ultra-derecha y decidirse a mantener un flujo migratorio humanitario y digno.

Ellos quieren venir, y nosotros tenemos necesidad de ellos: ¿en qué topamos? Déjenlos entrar. Déjenlos entrar ya.

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