viernes, 15 de diciembre de 2023

Un voto a favor

Words are very
Unnecessary
They can only do harm

"Enjoy the Silence" (1990, Depeche Mode)

No deslumbra, pero la nueva Constitución es buena

El proyecto de Nueva Constitución, ¿es breve? No. ¿Será duradero? No. ¿Es neutro? Tampoco. A pesar de no reunir ninguno de los requisitos que Chile Liberal planteó, es un texto decente. La verdad es que no hay grandes razones para votar A favor, pero así lo hacemos e invitamos a nuestros lectores a hacer lo mismo.

Después de la orgía de violencia que vimos durante las revueltas de octubre 2019, seguido del espectáculo grotesco de la Convención, el país está exhausto. El voto A favor es, primero, una forma civilizada y elegante de condenar la violencia desestabilizadora y dejarla relegada a un lugar triste de nuestra historia.

Segundo, el gobierno ⎯elegido por azuzar las emociones junto a los apologistas de la violencia⎯ merece sufrir un castigo ejemplarizador: mayor incluso al que el electorado ya le propinó el 4 de septiembre de 2022. Esta nueva Constitución será una excelente manera de poner a este gobierno (y a su sucesor) de vuelta al camino de la estabilidad política y los principios de la economía de mercado.

No tenemos registro en la memoria viva de un período político en que la Constitución ⎯ya sea reemplazarla o modificarla⎯ no sea un tema de discusión. Algunas principios son discutidos en la Constitución de EEUU, pero el breve texto de los Padres Fundadores es estable y paradigmático. Los británicos ni siquiera tienen un texto codificado sino un conjunto de normas y tradiciones. Francia, un país latino que con el código napoleónico estableció las bases de los códigos civiles de las naciones herederas del derecho romano, ha tenido 14 constituciones y aún siguen discutiendo si deben cambiar la actual. 

Probablemente los países latinos estamos condenados a convivir con desacuerdos sobre la Carta Magna. Y quizás fuimos demasiado ambiciosos, o naïve (o huevones, derechamente) para pretender una "casa de todos" que dure 50 años. Reformar la constitución es un tema recurrente y aquello que sea inadecuado se puede reformar después, con serenidad. Pero lo concreto es que la constitución que se plebiscitará este domingo es algo aceptable, su proceso de redacción fue correcto, y por lo mismo, votamos A favor.

martes, 7 de marzo de 2023

Borrón y cuenta nueva: Preámbulo de la Nueva Constitución

 

Erase and rewind
'Cause I've been changing my mind
I've changed my mind
Erase and rewind.

"Erase and Rewind" (The Cardigans, 1998)

 

Chile Liberal propone un borrador del Préambulo

En 1851, Charles Baudelaire abjuró de la fiebre destructiva que lo llevó a participar en 1848 de la llamada "Revolución de febrero". El poeta maldito admitía que su apoyo a la revolución lo motivaba el nihilismo y las meras ganas de destruir por destruir. El último romántico acabó agobiado de la violencia después de décadas de dictadura, inestabilidad, repúblicas fracasadas y restauración monárquica. Finalmente cambiaba de parecer y terminaba de acuerdo con el filósofo de derecha reaccionaria Joseph de Maistre — "él me enseñó a pensar", declararía el autor de Las flores del mal.

En octubre de 2019 Chile vivió una orgía de violencia de la cual ahora no pocos se avergüenzan y también ya empiezan a renegar de su pasado revolucionario. Como advertimos en su momento, estos procesos revolucionarios terminan por cambiar apenas dos o tres cosas, que podían perfectamente haberse logrado en un espíritu de civismo y racionalidad, sin barricadas ni muertos. Propusimos en aquel entonces encausar las pasiones en una Convención Constitucional — para luego asumir que nuestra propuesta fue un estrepitoso fracaso. No obstante, sigue siendo necesario cambiar de velocidad en el proceso de  democratización y fortalecimiento económico que empezamos en 1990, y para ello, una Nueva Constitución es imprescindible. Hemos ahora propuesto un Comité de Expertos. Borrón y cuenta nueva. Creemos que esta vez sí funcionará.

El borrador de la Convención, mal estructurado y caótico, debe dar paso a una Constitución breve, duradera y neutra — lo hemos repetido como un mantra en Chile Liberal. El primer paso será acordar un Preámbulo, algo que la Convención, entre sus muchos derrapes, hizo absurdamente al término de su labor. Por ahí debieron haber empezado.


Empezar por el principio

El Preámbulo debe ser el texto que guía todo el cuerpo la Constitución. El Apruebo a este nuevo borrador se definirá por la pulcritud de sus primeras frases. Además, ordenará todo el trabajo posterior. Implica establecer las bases. Es, simplemente, esencial.

En una Constitución breve, el Preámbulo debe ser sucinto. Para que la Constitución sea duradera, el Preámbulo debe ser evocador y resonar en la siquis de los ciudadanos. Para que sea neutra, el Preámbulo debe anunciar todos los elemenos que se desarrollarán en el resto del texto, sin dar preferencia a ninguno.

El 11 se septiembre de 1789, la Asamblea Constituyente —instaurada para redactar una nueva Constitución que apaciguase los encendidos ánimos después de la Toma de la Bastilla— se dividió entre quienes estaban a favor del veto del rey, quienes se sentaron a la derecha en el hemiciclo,  y quienes estaban en contra, quienes se sentaron a la izquierda. Nacía la división entre derecha e izquierda, tradición que se perpetúa en prácticamente todas las democracias liberales — Chile incluido. 

Pues bien, la Nueva Constitución no puede ser de derecha ni de izquierda. En el nuevo orden constitucional caben la derecha y la izquierda al mismo tiempo, y nadie irá a lloriquear al Tribunal Constitucional cada vez que pierda porque se está votando mal o en contra de "su" Constitución. 

Es clave entender la importancia de que en cada elección los votantes decidan cuánta derecha o cuánta izquierda soportan, sin que la Constitución lo defina a priori.  El veto del rey con los años dio pie a otro clivaje político: libertad versus igualdad. Los franceses concluyeron que es imposible zanjar esta cuestión, y por eso debieron añadir un tercer elemento: la fraternidad.

Si bien desde el colapso de la Unión Soviética ya no vemos una lucha irreconciliable entre derecha e izquierda, sino más bien una especie de congruencia universal hacia la social-democracia —que lleva incluso a algunos a sostener que ya no existe la pugna entre izquierda y derecha— un país civilizado necesita ser fraterno para abrazar la libertad y la igualdad. Así se puede vivr en paz, lo que conduce a la prosperidad. La Nueva Constitución de Chile debe capturar todo esto en su Preámbulo.

La causa del estallido la encontramos en que Chile derrotó la pobreza pero no la desigualdad. La repartición de la riqueza debe ser con equidad, considerando las feroces inequidades que sufrimos desde los tiempos de la Colonia, y el Estado debe actuar de manera eficiente y ponerse al servicio de los ciudadanos, porque la cohesión social es condición necesaria para el progreso económico y ético, y para establecer mínimos civilizatorios. La economía debe ser pujante y su motor es la iniciativa privada, esto nadie lo niega, pero el Estado puede conformar una red de protección social estilo europeo — ya dimos nuestro visto bueno en Chile Liberal. Quedan mucho que avanzar y la Constitución, que es la ley de leyes, debe ir estructurando nuestra legislación para construir una sociedad cohesionada. Por ahora, la primera tarea es redactar un Preámbulo que de inicio al proceso constitucional.

No inventemos la rueda. Estados Unidos tiene una Constitución paradigmática, que si bien no les impidió practicar la esclavitud y la segragación, ni evitó una cruenta guerra de secesión o tener 4 Presidentes asesinados y desigualdades aberrantes, el preámbulo de los Padres Fundadores es el estándar a replicar. "We, the people" ha sido imitado en Argentina, entre muchos otros países. No es perfecto, claro está. La guerra de secesión de EEUU encontró eco en las divergentes interpretaciones de "Nosotros, el pueblo de los Estados Unidos...": ¿es la federación norteamericana "un pueblo" o varios Estados y en un mismo pueblo?  Si las primeras palabras de una Constitución pueden desatar una guerra de secesión pues entonces tomemos conciencia de la importancia de la tarea que comenzamos.

La mención de pueblo es fundamental. Después del intento burdo de la Convención por quebrar nuestra república azuzando rencillas etno-geógraficas, debemos dejar en claro que en Chile somos un sólo pueblo. A partir de esta unidad, cada cual podrá adherir a no a comunidades, religiones, o lo que sea. Pero el pueblo de Chile es inherentemente originario, único e indivisible.

Tenemos ya muchos elementos que pasar al papel: libertad, igualdad y fraternidad por un lado. Por otro, equidad, república, pueblo y unión. Este es el cimiento de todo el trabajo que plasme la Comisión de Expertos, que ya ha sesionado y que nos ha dejado una excelente impresión. Modestamente, Chile Liberal se permite enviarles la siguiente propuesta, como resumen de todo lo expuesto en este post:

Nosotros, el pueblo de Chile, unidos en un espíritu de fraternidad, para asegurar la libertad individual y  fomentar la igualdad de derechos, y para conformar una república indivisible y una sociedad cohesionada, establecemos esta Constitución.

martes, 6 de septiembre de 2022

Comité de Expertos: Una bitácora

I can't stand this indecision
Married with lack of vision
Everybody wants to rule the world


"Everybody Wants To Rule The World" (Tears For Fears, 1985)

 


El Congreso debe nombrar un Comité de Expertos para que redacte la Nueva Constitución junto a un Comité Ciudadano nombrado al azar

En Chile Liberal pedimos una Constitución breve, ideológicamente neutra, y duradera. La Convención Constitucional no hizo lo primero, ni lo segundo, ni tampoco lo tercero. Produjo un borrador de casi 500 artículos de extensión, partisanamente woke, y tan deficiente que necesitaba reformas incluso antes de su eventual proclamación. Fue plebiscitado ante la ciudadanía y sufrió correctamente un Rechazo taxativo e inapelable.

Desde esta tribuna ya establecimos que el gran conflicto de nuestra era es la brega entre el pueblo y las élites. Luego del colapso de la Unión Soviética y el consecuente fin del socialismo real, el esquema establecido en la Constitución de 1980 quedó caduco. Necesitábamos una institucionalidad para el mundo post-Guerra Fría, para responder al desafío del cambio climático, la desigualdad relativa, y la difuminación de las fronteras nacionales. Pero el conflicto entre pueblo vs élite es tan profundo que incluso fue la causa misma del fracaso estrepitoso de la tristemente célebre Convención Constitucional: los convencionales de izquierda se obnubilaron por el triunfo y se constituyeron como una nueva élite. Propusieron un borrador atiborrado del lenguaje de la izquierda brahmánica, como la llama Thomas Piketty, un economista francés. El divorcio entre las clases populares y la izquierda es patente.

La lección que aprendimos de la fallida Convención es que este sistema de redacción, mediante un órgano paralelo al Congreso, otorgando carte blanche y compuesto por miembros elegidos por una única vez, no logra un Borrador de unidad, ni representatividad, ni adhesión. Tampoco proporciona calidad técnica. El Plebiscito de Salida debía ser un referendo, es decir, un trámite más bien aburrido donde acudiría la masa del electorado a una mera ratificación, pero la Convención lanzó una molotov al país, enfrentó a unos contra otros, inflamó los ánimos, y todo salpicado de contradictorios y sinuosos meandros jurídicos en un refrito incomprensible de conceptos de las ciencias sociales y del mundo académico. Los independientes se desempeñaron incluso peor que los pocos eruditos.

Chile Liberal invitó, en lo más álgido del Estallido Social, a Sebastián Piñera a proponer una Nueva Constitución, mediante una Convención Constitucional. Fue un error. Desechada para siempre esta opción por la irresponsabilidad de los convencionales, ahora proponemos enmendar el rumbo.

 

Un Comité de Expertos, más un Comité Ciudadano aleatorio, mandatado por el Congreso Nacional

Proponemos a Gabriel Boric dar curso a un nuevo proceso, expedito, para producir la mentada Constitución breve, neutra, y duradera. Esta vez, el Congreso Nacional extenderá una invitación a un Comité de Expertos (CdE) para que redacten una Carta Magna desde donde emanará una institucionalidad apta para la nueva era. No para satisfacer caprichos.

Primero, deberá el propio Congreso producir un Mandato Constitucional, donde se establecerá el mission statement de lo que será el trabajo del Comité de Expertos. Será un acuerdo de caballeros y damas, que se basará mucho sobre la palabra empeñada y los acuerdos tácitos. Se dejará claro que deben trabajar de forma desideologizada, y que deben reflexionar y luego decidir cómo deben reestructurarse los equilibrios entre los poderes del Estado.

En el Mandato Constitucional quedará establecido que la Nueva Constitución tendrá máximo 10 mil palabras y 20 artículos. Estará constituida de tres partes:

* Un Preámbulo, que ordenará el trabajo

* 20 Artículos, donde se establecerá la institucionalidad (10 mil palabras máx)

* Una Carta de Derechos y Deberes Ciudadanos, que incluirá derechos a prestaciones de salud, educación, agua, etc.

El problema del Borrador de la Convención es que sus caóticos 500 artículos fueron ilegibles y desestructurados. Ahora proponemos una estructura similar a la de la Constitución de Estados Unidos, que consta de un preámbulo, unos pocos artículos, y el Bill Of Rights con las Enmiendas, donde se establecen varios derechos (como p.ej. el de portar armas, o la privacidad, como ya vimos). Proponemos a Gabriel Boric preceptuar así al Congreso y luego el trabajo del Comité para asegurar que el texto sea aprobado cómodamente en un referendo sereno, que será rechazado por la Ultraderecha y el Partido Comunista, pero que el grueso del electorado visará sin grandes reparos.

El CdE será formado por no más de 8 personas, entre juristas, académicos e intelectuales destacados. Se nombrará recurriendo a la buena fe de los congresistas. 

Se les exigirá además usar las Constituciones pasadas, inlcuido los apuntes de los Cabildos de Bachelet y el Borrador rechazado, y primero que todo tendrán qu emitir un informe donde establezcan a priori qué es lo que detectaron que está mal del orden constitucional de nuestros 200 años de historia republicana, y cómo planean cotejarlo con las demandas actuales de los votantes.

Pero lo más novedoso que propone Chile Liberal es el Comité Ciudadano (CC). Esto es simplemente un Focus Group. El Servel elegirá al azar, tal como se hizo en la Convention en Irlanda, a 20 miembros de la comunidad, sin mediar elecciones, ni listas, ni cháchara. Estas 20 personas asistirán algunos Sábados en la tarde (como en Irlanda) a una sesión con el Comité de Expertos, donde se les explicará lo redactado. En un ambiente distendido y de bonhomía, los ciudadanos plantearán sus consultas, y los expertos tendrán que ser capaces de explicar con peras y manzanas su trabajo. Al final, como se ha hecho en algunos programas de TV, el Comité Ciudadano votará y así sabremos si esta muestra aleatoria de votantes quedó satisfecha con el trabajo del Comité de Expertos.

Si el Nuevo Borrador es breve y pulcro, este método será productivo. Las sesiones se pueden transmitr por YouTube, y se publicará sagradamente un Acta, donde se recogerán las explicaciones y el feedback ciudadano. El CdE luego definirá cómo adoptará las reacciones expresadas por el CC. Se puede nombrar más de un Comité Ciudadano, y los Expertos pueden desplazarse a Regiones para sostener estos encuentros. Pueden incluso organizarse sesiones ad-hoc con dirigentes vecinales, y por invitación, a gremios (médicos, profesores, abogados, sindicatos de trabajadores, uniones estudiantiles). 

Particularmente interesante sería al final invitar a los ex Presidentes para que entreguen su opinión y su visión de los desafíos que vieron en el pasado y qué creen que puede ayudar en la Nueva Constitución.

En resumen, proponemos a Gabriel Bric un Comité de Expertos que realice la redacción, con la asistencia de un Comité Ciudadano aleatorio, realizando algunas sesiones conjuntas, trabajando bajo un Mandato del Congreso para producir un resultado que debe concitar gran apoyo ciudadano. El Nuevo Borrador debe ser breve, compuesto por un Preámbulo, un articulado sucinto, y una Carta de Derechos en una sección aparte. Desde Chile Liberal seguiremos la discusión y nos aseguraremos que sea exitoso.

jueves, 28 de julio de 2022

Aborto en EEUU: Una Guerra Civil

 

"...y la Historia aún muestra
las cicatrices de nuestra Guerra Civil"

Civil War (Guns N' Roses, 1993)

 

EEUU muestra los efectos de un mal orden constitucional

Casi la mitad de los norteamericanos cree que es inminente una segunda Guerra Civil. Los dos libros súper-ventas en estos momentos llevan por título "La próxima Guerra Civil" y "Cómo Empiezan las Guerras Civiles". Chucha. Una turba asaltó el Capitolio para impedir que se nominase al presidente electo, Joe Biden, en la práctica causando un golpe de Estado técnico. Con 393 millones de armas en manos de civiles, y grupos paramilitares amparados en la Constitución, la reciente decisión de la Corte Suprema de suspender el derecho al aborto ⎯el tema más explosivo de nuestra época⎯ puede tener consecuencias devastadoras en la primera potencia mundial, y por consiguiente, en el mundo.

¿Puede estallar una nueva Guerra Civil? Sí, de hecho, el país ya está en estado mental de guerra. ¿Cómo se llegó a esto en la democracia moderna erigida como paradigmática? Debemos entender el mecanismo que llevó a este descalabro si queremos, de paso, salir airosos del embrollo constitucional al que nos arrojó la Convención Constitucional en Chile.

No hubo debate

La raíz del problema en EEUU es simple. EEUU nunca tuvo un proceso deliberativo, realmente democrático, para zanjar la cuestión del aborto. Es, de hecho, la única nación industrializada que aún sigue empantanada en este marasmo. 

Comparemos con lo que ocurrió en Francia. La adalid del movimiento pro-elección en el país galo fue Simone Veil, miembro de l'Académie Française, intelectual de envergadura universal, sobreviviente de los campos de concentración nazi, quien realizó un histórico discurso en la Asamblea Nacional francesa en favor del derecho al aborto. Este documental muestra el minucioso trabajo para componer e incluso declamar su alocución. Ésa es la instancia representativa que corresponde para tomar las grandes decisiones: el Congreso de representantes. Pasado el proceso de deliberación, la sociedad francesa dio vuelta la página. El aborto ya no es tema.

En EEUU, en cambio, donde son herederos de la tradición jurídica de la Common Law, la cosa es bien distina. Si bien no han tenido 14 constituciones como en Francia (les gusta el hueveo a los franceses), su único texto escrito muchas veces hace agua. La ley es lo que establece la Constitución, y luego, mediante actas del Congreso pero también con resoluciones judiciales que se enmarcan en la Constitución, se constituye el resto de las leyes. Cuando Simone Veil se dirigía a los diputados franceses, en EEUU una mujer llamada Norma McCorvey, bajo el seudónimo de "Jane Roe",  interpuso una acción judicial para practicarse un aborto, amparándose en el "derecho a la privacidad" que emanaría, según leguleyadas ininteligibles, de la 14a Enmienda de la Constitución de EEUU. La corte resolvió que efectivamente así es.

Sin mediar un proceso de debate, en la ausencia de deliberación, sin discusión pública necesaria en estos cambios en las normas morales de una sociedad, un grupo de jueces estableció, en la práctica, el derecho al aborto.

Pero la estridencia y los desencuentros continúan porque a diferencia del caso francés, la cuestión nunca se zanjó. De hecho, ahí empezó una verdadera guerra entre el campo pro-vida y el pro-elección. Y en una extraordinaria vuelta de tablero, después de nominaciones de jueces de dudosa imparcialidad, la Corte Suprema revertió la icónica resolución Roe Vs Wade, en lo que podemos analogar a una sesión de espiritismo donde un grupo de sujetos invocan desde el más allá a Thomas Jefferson, Benjamin Franklin, George Washington y compañía, para entender qué demonios quisieron decir en 1787.

Esto toma ribetes alarmantes cuando comprobamos que los Estados pueden acoger de distintas maneras esta resolución federal en sus leyes locales, y algunos estados prohiben de rompe y raja el aborto mientras otros lo mantienen (ver mapa abajo - fuente: BBC). Considerando que la división geográfica del país responde a sus humores políticos-sociales, no es muy descabellado creer que el Norte y el Sur, más el Lejano Oeste, se dividirán sobre esta cuestión, tal como lo hicieron antes durante la Guerra de Secesión. ¿Qué les impide hoy agarrarse a balazo limpio?

Ya sé qué me dirán, ¡esto no será como la Guerra entre el Norte y los Confederados! OK. Desde luego no será así. No tendremos tampoco esas grandes obras de la literatura que testimonian los cruentos enfrentamientos. No tendremos esas conmovedoras referencias literarias, como Mr March en la maravillosa novela Mujercitas, de Louisa May Alcott, en la que el padre deja a su familia para ir a pelear contra los del Sur. No veremos otra Scarlett O'Hara en Lo que El Viento Se Llevó. Para qué vamos a seguir. No debemos jamás romantizar la guerra, porque la guerra es algo horrible.

 Todo lo anterior resuena en Chile porque absurdamente la Convención Constitucional metió a la mala muchos temas altamente polarizantes que causarán una división imposible de subsanar en la sociedad chilena. La Constitución debe establecer el marco legal. No debe permitir legislación que no pasará por los procesos de deliberación. Menos aún, empezar a trazar naciones dentro de un país, y luego arrojar un texto a la masa para que lo apruebe, considerando sus muchas falencias. La debacle de EEUU debe servirnos de alerta. Pretender saltarse una debida y saludable argumentación es crear una guerra civil.

lunes, 7 de marzo de 2022

Invasión rusa en Ucrania: Paren al tirano Putin

 

SO PLEASE

STAY OFF MY BACK

OR WIL WILL ATTACK

AND YOU DON’T WANT THAT.

 

I’VE GOT THE POWER.

 

The Power” (Snap!, 1990)

 

 


Si Putin continúa agrediendo a Ucrania, como seguro seguirá haciéndolo, entonces la OTAN debe intervenir

 

El colapso de la Unión Soviética fue "la peor catástrofe geopolítica del siglo 20", declaró Vladimir Putin. Bajo los escombros del fracasado proyecto comunista quedaron dispersos distintos pueblos rusófonos a través de países que alguna vez formaron una misma nación. Pero ahora todas las ex repúblicas soviéticas son independientes. La reciente agresión de Vladimir Putin a Ucraniacon sus terribles consecuencias—no debe quedar impune.

 

Durante la Guerra Fría vivimos bajo el miedo constante a un desmadre nuclear, que llegó a su paroxismo con la crisis de los misiles cubanos en 1962 cuando los soviéticos usaron la isla para instalar bombas atómicas a  pocas millas del territorio de EEUU. Luego de las humillaciones sufridas por las dos grandes potencias en Vietnam y Afganistán, respectivamente, y tras la caída del Muro de Berlín y el abrupto fin de la USSR, el “fin de la historia” pregonado por Francis Fukuyama en la década '90 nunca llegó.

 

El atentado contra las Torres Gemelas el 2001 fue la primera señal de que la historia continuaba. Desde entonces pareció que un ejército con hombres en uniforme enfrentándose a otro ejército con hombres en uniforme era una cuestión añeja, relegada al siglo 20, o a lo sumo, algo imposible en Europa. Por inverosímil que parezca, hoy una guerra en el continente europeoaunque sea en uno de sus rincones remotos—se revela en directo en nuestros teléfonos y tablets. El mundo ha cambiado completamente, sí, pero la Historia inexorablemente se repite.

 

Reunir a pueblos diseminados bajo una sola patria fue el argumento esgrimido por Adolf Hitler para desatar la 2a Guerra Mundial. Ese mismo argumento arguye hoy Vladimir Putin, quien pasó de un autócrata frío y temible a un tirano psicopático.

 

Las guerras en Chechenia y Georgia, y la anexión de Crimea, ya presagiaban las dificultades de los rusos para concretizar su proyecto imperial, mientras las repúblicas post-USSR oyen  los cantos de sirena de un posible ingreso a la Unión Europea (a la que los británicos dieron un portazo). A medida que más países eslavos abren sus puertas a la OTAN o envían sus candidaturas a la UE, paradojalmente se reafirma el vaticinio noventero de Fukuyama: la democracia liberal y el libre comercio son valores que todos los países adoptarían.

 

Lo anterior aún es debatible en el siglo 21, desde luego. China, la futura superpotencia, exhibe un modelo similar al aplicado en Chile bajo la dictadura militar: una economía relativamente abierta, un capitalismo de amigotes, en un régimen político sin libertades. Rusia aspira algo similar a lo de China aunque sin un Partido Comunista, sino con una plutocracia en un capitalismo de amigotes, lo que es incluso más parecido al régimen de Pinochet, si añadimos las privatizaciones salvajes por parte del hombre fuerte en beneficio de sus cercanos, para así afianzar el sistema político autocrático. Este equilibrio es frágil y sólo puede imponerse por un mandatario que gobierne con mano de hierro. Gente como Donald Trump y Jair Bolsonaro elogian esta estulticia.

 

El día que los rusos exijan elegir sus autoridades en un sistema multipartidista y demanden vivir en una sociedad que respete las libertades individuales, ese día se acaba el sistema de Putin.

 

Si pueblos eslavos con quienes los rusos guardan lazos de hermandad empiezan europeizarse, el efecto dominó será incontrarrestable. Rusia aceptó de mala manera la incorporación de las repúblicas bálticas a la esfera UE-OTAN, violando el acuerdo tácito con Gorbachov que acababa con la URSS pero dejando esa parte del mundo libre de la influencia occidental.

 

Sin la amenaza soviética la OTAN fue perdiendo su raison d'être, tanto así que Emmanuel Macron la declaró “en muerte cerebral”. La OTAN podía seguir expandiéndose porque daba lo mismo.

 

Pero para la casta gobernante en Rusia no da lo mismo porque estos zarpazos occidentales ponen en peligro la estabilidad que logró Putin después del caos que dejó su antecesor, Boris Yeltsin. Après moi, le deluge, dice Putin a su pueblo. Si Ucrania se “occidentaliza”, es cuestión de tiempo para que otros la emulen, y ahí Rusia acaba asediada por países democráticos. Incluso si Rusia también cede, podría empezar a construirse la zona más poderosa de la historia, Eurasia, desde Vancouver a Vladivostok. Por supuesto que Rusia sería marginal en este espacio común.

 

No obstante, no es el orgullo nacionalista lo que hace palpitar a Putin. Es simplemente la pulsión por acumular más poder, y luego, de no perderlo, y cuando ya no pueda ejercerlo, heredarlo a uno de los suyos. El poder es un narcótico. Con este propósito, para conservar su poder, si es necesario pulverizar Ucrania, lo hará, porque una grieta, por poco agua que filtre pronto derrumbará toda la compuerta. Delirante, Putin llegó a amenazar con un ataque nuclear.

 

¿Qué hacer?

Occidente le ha declarado la guerra, no con armas convencionales, biológicas ni nucleares, sino con sanciones financieras que son equivalentes a detonar un arma nuclear en la Plaza Roja. Esto está bien.

 

Golpear sin piedad a los oligarcas en Londongrad y la Riviera francesa es el siguiente golpe letal. Luego condenar a los rusos más prominentes al ostracismo. Dejar espacio para ir escalando, hasta castigar a toda la población si es necesario aunque ofreciéndoles recompensas si ejercen su derecho de rebelión contra el tirano Putin. ¿Que no funcionó con Cuba? Pues claro, porque las sanciones fueron tímidas. Esta vez el poder destructor debe ser total.

 

Provocar un autogolpe por parte del alto mando rusoque de seguro no ve el sentido en invadir Ucrania—sería lo ideal. In fine, estamos hablando de un regime change.

 

Si algo aprendimos del fracaso en Iraq y Afganistán es que los valores occidentales necesitan de tiempo para fraguar en los corazones y las mentes. No es cosa de bombardear a los malos para que así espontáneamente puedan gobernar los buenos. 

 

Rusia, no olvidemos, jamás ha tenido una democracia. Los bolcheviques triunfaron ahí en el siglo 20 porque aún persistía el orden feudal propio de la Edad Media. El comunismo fue permutar un modelo feudal por otro. Putin impuso otro feudalismo. Sería iluso creer que Rusia adoptará una democracia en nuestro tiempo de vida sólo porque sacamos a Putin, tal como fue iluso creer que la democracia florecería porque botamos el Muro de Berlín o porque tumbamos a la URSS.

 

Pero al menos se puede dar el primer paso, y ese primer paso va servir, además, para poner a raya a China.

 

Si Putin insiste en bombardear civiles, hay un conspicuo casus belli. Defender a Ucrania vale la pena. Ahora que en Occidente ya no hacemos el servicio militar y no sabemos cómo carajo empuñar un arma de guerra, debemos entender que no hay forma pacífica de detener la carnicería—de hecho ya ha comenzado. Si Putin no quiere sentarse a conversar y si sigue crímenes de guerra, no hay alternativa a una liberación de Ucrania por parte de la OTAN.

jueves, 16 de diciembre de 2021

Un voto nulo

 

Todo se derrumba; el centro no resiste;

The Second Coming” (W.B. Yeats, 1919) 


Well, I woke up this morning and I got myself a beer 

The future is uncertain and the end is always near 

 “Roadhouse Blues” (The Doors, 1970)

Bajo el próximo Presidente no estaremos de regreso en la Unión Soviética ni se proclamará al Tercer Reich. Quien sostenga una de estas barbaries es un necio, un ignorante, o ambos. No obstante, hemos presenciado la elección presidencial de más bajo nivel y la más polarizada de la historia reciente. Chile Liberal no se presta para este circo y anunciamos, por primera vez, ningún politcal endorsement. Votamos nulo.

La ultra-derecha contra la ultra-izquierda. Las facciones extramuros, fuera del tradicional pacto republicano, nos piden su voto, aduciendo cuestiones estrafalarias y estúpidas: bajar impuestos, para el blondo de derecha, o recaudar un 8% del PIB, para el hirsuto de Magallanes. Sacudimos la cabeza en descreencia. ¿Sida o cáncer terminal?

Normalmente, como ocurre en EEUU, después de ungir al elegido en primarias los candidatos comienzan un tortuoso contorsionismo para transitar desde el sectarismo de sus tribus hacia el centro político, que es donde están los votos que permiten ganar. En Chile las primarias definitivamente no prosperan, y los candidatos se apoltronan en sus nichos duros, enardecidos con las soflamas de los cabezas-calientes que los rodean.

Kast y Boric son parte de la lunatic fringe en ambos extremos del espectro. Ambos exhiben unos CVs escuálidos para el cargo. Basta ver las tribus que los apoyaron, y que absurdamente hoy los tratan a ambos de traidores (al parecer se han moderado demasiado) para darse cuenta que la mano nos temblará demasiado cuando haya que hacer una rayita sobre uno de los nombres en la papeleta.

No es usual que nuestro sitio no se la juegue por una opción. Siempre lo hacemos y luego nos refriegan en la cara la torpeza de nuestra decisión: lo asumimos con hidalguía. No obstante, esta no es una elección normal. Ambos candidatos están demasiado lejos del centro político como para que podamos siquiera pensar en votar por ellos. No hicieron nada por ganarse nuestra confianza. El alarmismo, la histeria, y el project fear de uno hacia el otro es lo único que percibimos. Triste.

No obstante, sabemos también que los lectores de la comunidad formada por Chile Liberal piden alguna guía. Veamos. 

En política existe el “Test de la cerveza”, según el cual uno vota por el candidato con el que se tomaría una cerveza (alternativamente podemos llamarlo el “test del café”, Chile Liberal no endosa la glorificación del alcoholismo). No me tomo una chela con Kast ni llorando: ese sujeto me produce desagrado, si bien es digno de encomio su parsimonia. 

¿Con Gabriel nos tomamos una birra? Por supuesto. El tipo es buena onda. Firmó el acuerdo por la Constitución sin aspavientos y se granjeó la enemistad de los pirómanos que lo frecuentan. Pero votar por Gabriel Boric es votar por Daniel Jadue, y éste es mala onda, y más encima es aweonao.

La cuestión al final es determinar si un café crème o una Erdinger heladita con un político lo califica para presidir la república, en un país que sufre aún serias falencias, donde persisten los campamentos, con un sistema de salud deficiente, educación inadeacuada, y un Estado esclerótico incapaz de proporcionar servicios de excelencia.

Pero eso depende de ustedes, amigos lectores. En lo que concierne a Chile Liberal, simplemente no podemos votar por uno u el otro. Votamos nulo.

martes, 16 de noviembre de 2021

Un voto por Sebastián Sichel

Look at the stars

Look how they shine for you

And everything you do

Yeah, they were all yellow.

 

⎯"Yellow" (Coldplay, 2000) 



Sebastián Sichel es la mejor opción para reformar el sistema de pensiones sin dejar de ofrecer gobernabilidad, dando tranquilidad a los mercados y por sobre todo es el único candidato con un diagnóstico correcto: para otorgar servicios de calidad necesitamos modernizar el Estado. Chile Liberal explica los motivos para votar por Sichel para Presidente.

 

Hasta antes de las elecciones primarias se creía que la carrera presidencial se decidiría entre Joaquín Lavín, quien en Tolerancia Cero se declaró socialdemócrata, y el alcalde Daniel Jadue, orgulloso militante del Partido Comunista. Pero después de una importante participación, los candidatos más jóvenes fueron elegidos: Boric y Sichel. El recambio generacional ya ha llegado.


Gabriel Boric es un buen tipo, y a su favor cuenta el haber aceptado los acuerdos que permitieron lanzar el proceso constitucional. Desde entonces su errores han sido muchos, sin contar la tortuosa negación de sus pecadillos de juventud con la extrema izquierda (elogios a Fidel Castro y Maduro, brindar con el asesino de Jaime Guzmán, etc.). 

 

Pero lo más preocupante en el joven hirsuto es el caos reinante en su equipo, en particular en el flanco económico. Cada vez que Claudia Sanhueza, Sebastián Depolo o Nicolás Grau hablan, causan pánico, y es el propio candidato quien debe salir a clarificar, desmentir, o contextualizar. Peor aún, él mismo anda a patadas con las cifras. La desprolijidad en su programa y la tardía publicación cristalizan todos los resquemores que generaría un gobierno en coalición con el Partido Comunista. Se puede juzgar a alguien por quienes lo rodean: el juicio a Gabriel es negativo.


Pretender una reforma tributaria del 8% del PIB es una monstruosidad. Ningún control a la evasión tributaria lo logrará. Decirle al electorado que no habrá cuentas individuales porque no habrá problemas de pensiones bajas es absurdo y va a contrapelo del espíritu de superación individual que plantea Chile Liberal. Incluir a los sindicatos en los directorios de empresas es una obsesión de la izquierda con las grandes empresas, en desmedro del apoyo a las PYMEs. 

 

El país crece pero no ha aumentado la productividad, y las correcciones que pronto vienen serán brutales. Insistir en subir impuestos es la manida reacción instintiva de la izquierda, en la que persisten Boric & Co. Bajar impuestos es ridículo e irresponsable en esta etapa del ciclo, como plantea Kast. Necesitamos alternativas centristas.


Sebastián Sichel es el candidato que ha acertado en el diagnóstico: Chile necesita modernizar su aparato estatal. Hay ministerios que cerrar, pero hay algunos gastos que aumentar. Imposible ofrecer buenas prestaciones de salud y educación labores de las que el Estado no se debe desprender sin modernizar el Estado. Rediseñar las AFP ya no es tabú en la derecha, y tener un candidato de ese sector con un mandato claro para proceder a las reformas es vital. Así lo ha entendido Sichel.


La protección social con el objetivo de facilitar el funcionamiento de la economía de mercado es el enfoque correcto y lo vemos en el programa de Sichel cuando habla de pensión básica. Las transferencias directas son otro tema que ha adelentado Sichel. Además, acierta en temas de inmigración, y por sus posturas en temas sociales y valóricos, evidenemente el talante centrista de Sichel lo convierten en la mejor opción.

 

La actitud contradictoria y ambivalente de Boric y su camarilla sobre la violencia es alarmante. En contraste, la actitud clara de Sichel merece elogio.


Todos los países de la parte Atlántica de sudamérica estuvieron cerca del desarrollo pero fracasaron: Argentina, Uruguay, Brasil y Venezuela. Chile iba por buen rumbo pero la década perdida del ciclo Piñera-Bachelet, más la incapacidad para pensar fuera de la caja y la desconexión con el electorado, nos descarriló. El domingo 21 de noviembre del 2021, puede ser o el comienzo del fin, o la última posibilidad de lograr los niveles de educación, prosperidad, igualdad y modernidad que todos queremos. Sebastián Sichel es la mejor alternativa y Chile Liberal vota por él. Invitamos a nuestros lectores a hacer lo mismo.

lunes, 25 de octubre de 2021

Inmigración: Abran ya esas malditas fronteras

Ahí hay cosas maravillosas para todos

Hay magia en Kingston Town

Kingston Town es donde quiero ir

Si me lo prometen dejaré todo detrás para ver a mis niñas jugar

Y cuando sea rey necesitaré una reina, y un palacio,

Y ahora ya soy rey, 

Y mi reina vendrá

Ella me espera en Kingston Town

Ella me espera en Kingston Town

Hay magia en Kingston Town

KingstonTown (UB40, 1989)


Urge un Plan de reconstrucción nacional y emplear la mano de obra extranjera

 

Hemos visto con absoluto horror las imágenes de una horda desquiciada quemando los pocos enseres que poseían unos inmigrantes ilegales en Iquique. Esta barbarie nos evoca las piras del KKK, las fogatas de los nazis quemando libros, la quema de libros y discos de vinilo en 1973 en las Torres de San Borja, los pogromos en la Unión Soviética contra los “cosmopolitas sin raíces”, y también la quema de libros del Café Literario de Providencia durante los disturbios post 18 de Octubre. La foto del infeliz que lanzó un coche a las llamas nos dejó estupefactos. 

 

El “asilo contra la opresión” y el “verás como quieren en Chile al amigo cuando es forastero”, parte del imaginario colectivo de nuestro país, hoy resuenan como frases vacuas. Políticas racistas por un lado, reivindicaciones identitarias y etno-centristas por el otro, nos asedian. 

 

¿Cómo debe reaccionar la clase bienpensante? Veamos qué ha ocurrido en otras latitudes. Después de la devastación de la II Guerra Mundial en el Reino Unido comprendieron que no podían reconstruir solos la infraestructura del país y le abrieron las puertas a muchos residentes en el Caribe, en las “Indias Occidentales”. El célebre navío Windrush zarpó desde Kingston, en Jamaica (ver epígrafe), trayendo la primera masiva oleada de inmigrantes a Gran Bretaña, la llamada Generación Windrush. Aquel país cambió de cariz para siempre. 

 

La pandemia del Covid, la orgía destructora imparable desde octubre 2019 y la posterior depresión económica exigen un Plan nacional para mejorar la infraestructura nacional. El exitoso proceso de vacunación ha convertido a Chile en un país atractivo y que debiese ser de los primeros en despegar en su recuperación económica, y de algún modo mitigar la estrepitosa caída que sufriremos el 2023 si no actuamos ya.

 

En Punta Arenas hemos visto desabastecimiento porque en Argentina bloquearon rutas. ¿No somos capaces de construir nuestra propia infraestructura caminera y de paso asegurar nuestra soberanía e integridad territorial?  Hoy tenemos mano de obra abundante gracias a la inmigración. Ya es momento de cortar las transferencias directas a los ciudadanos el “helicopter money” que propugnó Chile Liberal, e inyectar recursos para abrir carreteras, construir hospitales y equiparlos, traer profesionales, formar técnicos y obreros para levantar la República. 

 

El déficit habitacional que sufre Chile debe ser paliado ya no con cheques de ayudas sociales ni retiros de las AFP, sino con proyectos de construcción para emplear la mano de obra. Faltan escuelas, profesores, líneas férreas, puertos, tranvías y metros en Santiago y Regiones. Curiosamente ahora es cuando los keynesianos debiesen abrir la boca, pero callan.

 

En Chile ya vivimos experiencia similar durante el PEM y el POJH, cuando la dictadura chilena arrojó al país a la peor recesión económica de la que tenemos memoria viva, y después pasaron años haciéndonos creer que salir de ese abismo fue una “gran obra”. En estos días es imperativo recomponer el país, pasar a las tecnologías verdes, aumentar la productividad y todo ello requiere emplear mucha gente, nacional o extranjera. Tener migrantes tirados en las calles vendiendo golosinas o haciendo fritangas es dispararnos en los pies.

 

En la campaña presidencial en curso el candidato de ultra-derecha propone crear una zanja. No es de extrañarse cuando su máximo referente es el adiposo sicópata que por fin ya echaron de la Casa Blanca. Estos desvaríos deben ser rechazados. Chile es un país de inclusión y acogida. Y Chile requiere mano de obra para reconstruirse.

 

Es una vieja aspiración de este sitio el hacer de Chile un melting pot, un crisol de culturas. Si alguien en algún lugar del mundo ve en nuestro país una oportunidad de prosperar y ser feliz, debiese ser parte de nuestro ethos como nación el darles la bienvenida. Acá pueden formar una tribu, tener su choza, un cacharro. La inmigración es una de las causas más sensibles y caras para Chile Liberal

 

Hoy es urgente asumir que Chile es un país de inmigración. Aprovechémoslo. El sistema de recepción de extranjeros debe ser moderno y eficiente, como en Canadá o Australia, que funcione para el que llega y para los que reciben. Nuestra propia “generación Windrush” nos está pidiendo que abramos las puertas. Abrámoslas de par en par.

domingo, 11 de julio de 2021

Convención Constitucional: No a la apología de la violencia

 

But when you talk about destruction

Don’t you know

That you can count me out


Revolution” (The Beatles, 1968)

 

Juramento del Juego de Pelota

La Convención Constitucional busca una apología de la violencia. Se equivoca.


Después de advertir en este sitio el inminente estallido social fue también acá en Chile Liberal donde propusimos una Convención Constitucional, primero convocando a un plebiscito nacional para saber si el electorado estaba de acuerdo o no con nuestra solución. El clamor de millones de chilenos agolpados pacíficamente en las calles entonando “El baile de los que sobran” justificaba pensar que era de tal magnitud el malestar ciudadano que repensar nuestra institucionalidad exigía una Nueva Constitución y no sólo reformas.

 

Los hechos de violencia que vimos el 2019 fueron inaceptables e inexcusables. Es falso sostener que gracias a ellos podemos optar a rehacer nuestras instituciones: el plan ya estaba en marcha desde el gobierno de Bachelet 2 – fue estúpidamente abortado con el advenimiento, borracho de triunfalismo, de Piñera 2. De hecho, el 2010 en este sitio ya invitábamos a una Nueva Constitución mediante cabildos. Lo pusimos en marcha de forma completamente pacífica y elegante.

 

Más de 70 estaciones de metro quemadas, con una decena destruida de manera planificada, además de un daño irreparable a la propiedad tanto privada como pública, no tienen justificación alguna. Vimos incluso quemas de libros, tal como los nazis, cuando prendieron fuego al Café Literario en Providencia. No cuenten con Chile Liberal.


Así como llevamos décadas repudiando el golpe militar de 1973, y así como Pinochet fue removido pacíficamente, corresponde igualmente condenar cualquier acto de violencia esta vez desde la otra vereda. Algunos matizan o contextualizan la destrucción y el vandalismo aduciendo algo absurdo: si los efectos buscados son cercanos a su propia persuasión política entonces OK. Pues no, no es OK.

 

Otros, erróneamente, arguyen que el Estado ya ejerce violencia contra ellos, y que cada autobús incendiado, cada plaza destruída y cada puesto de trabajo aniquilado son una merecida represalia ante esa violencia primigenia. Pues bien, eso se llama la Ley del Talión y ya hay suficiente literatura desmontando dicha argucia retórica.

 

No es una cuestión de “formas”. Es una cuestión de que si mañana llegan legítimamente al poder los mismos que ahora glorifican la violencia, justifican más violencia de los opositores para deponer a los incumbentes, y luego más violencia de los depuestos para vengarse, y así sucesivamente hasta que queda la cagada y nos agarramos todos a balazos y luego otros claman por una dictadura que imponga el orden. Dicho en sencillo, la apología de la violencia política es la falacia del slippery slope.

 

Piñera ha sido un Presidente muy malo, pero una mala gestión no da pábulo para desfondarlo. A no ser que estemos en un régimen Parlamentario –algo que sí propone Chile Liberal y que veremos en un próximo capítulo—pero en nuestro orden institucional Piñera no es un dictador ni un violador de derechos humanos, y un mandatario malo debe cumplir con su mandato.

 

No obstante, sí notamos una anomalía gravísima. Hay detenidos cumpliendo una interminable prisión preventiva. Acá debemos detenernos y examinar la situación con rigor.

 

La esencia de la democracia liberal es el limitar el poder del Estado. De hecho, el mismísimo nacimiento del liberalismo se remonta al año 1215 con la firma de la mítica Magna Carta, donde se consagra el Habeas corpus, principio filosófico y jurídico que establece que nadie será detenido sin presentar los debidos cargos en su contra. Esto constituyó en ese entonces el primer paso para limitar el poder absoluto del gobierno (y por ende, el nacimiento del liberalismo). Este principio evolucionó durante los siglos hasta nuestra era, donde el Estado absoluto se enfrenta al Individuo absoluto, y es recogido hoy en el artículo 10 de la Declaración Universal de Derechos Humanos:

Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal.

Si no se presentan cargos contra los detenidos, y estos no tienen  derecho a defensa, y por consiguiente no son sometidos a un juicio justo, podemos considerarlos como presos políticos. Simplemente porque son detenidos de forma arbitraria.

 

Las averiguaciones de Chile Liberal indican que hay 25 personas en este limbo legal. Como señaló la Presienta de Senado, Yasna Provoste, no han tenido un juicio justo. Esto es correcto.

 

La Convención Constitucional debe entender que su genesis se encuentra en la indignación popular no sólo frente a un gobierno inepto sino ante la orgía que prosiguió al estallido, y que si ella existe se debe a los millones que pacíficamente salieron a las calles a manifestarse. La Convención se debe también a Chile Liberal que llamó a la clase política a formarla.

 

Bájense del pony

Advertimos que algunos miembros de la Convención se están dando ínfulas jacobinas y quieren forzar un momento “Juramento del Juego de Pelota”, que técnicamente es el comienzo de la Revolución Francesa, es decir, cuando ya los Estados Generales no buscan aliviar la acuciante crisis del país sino crear una nueva Constitución y acabar con el Ancien Régime.

 

Es por esto que Chile Liberal llamó a convocar expresamente a una Convención, y no a una Asamblea Constituyente. Pues siguiendo el esquema y las etapas de la Revolución Francesa, como ya notaron los más perspicaces, la Convención es la fase final. En eso ya estamos. Tenemos un orden constitucional que mejorar, no todo un orden que hacer tambalear y una seguidilla de ejecuciones sumarias para instaurar… una dictadura.

 

Existe el peligro–real—de que la Convención se autoproclame como una Asamblea Constituyente plenipotenciaria, filo-bolivariana e indiscernible de un Sóviet Supremo, y que imponga la dictadura del proletariado. Su retintín bolchevique es conspicuo. Una incomprensible apología de la violencia es su primer paso y también su primer desvarío. De todos depende ahora que el esfuerzo hasta ahora culmine en un texto decente y que no se vaya todo a la mierda.