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lunes, 15 de marzo de 2010

Alza de precios: una refutación

Considerando la gran cantidad de comentarios que generó la carta que un lector de este blog envió a La Tercera, y que hemos debatido en Chile Liberal, es necesario clarificar varios puntos para ahondar sobre la opinión que a modo de instroducción esbozamos anteriormente. Frente al alza desmedida de precios que algunos distribuidores aplicaron a sus productos, nuestro sitio sostiene que el castigo ante este abuso por parte del gobierno es legítimo y necesario.

Para empezar, luego del terremoto, y con muchos locales comerciales destruidos, aparte de los problemas de distribución mayorista por los daños a la infraestructutra, nos encontramos con que no hay mercado. Recordemos que el mercado es, por esencia, libre. De ahí que sea redundante referirse al "libre mercado", baste decir mercado simplemente. Cuando los demandantes pierden su libertad, entonces se acaba el mercado, de ahí que sea absurdo seguir repitiendo la ortodoxia mercadista tal como un monje tibetano repite sus mantras sagrados. En las transacciones inmediatamente posteriores al terremoto, una de las partes en la transacción no es libre: los compradores, ya que los productos que demandan no son bienes de consumo como cualquier otro, sino especies como cereales, pastas, lácteos y carnes enlatadas, que en una situación de emergencia son bienes de primera necesidad, ante los cuales el comprador ya no es libre de escoger si los consume o no, sino que está compelido a adquirirlos a como dé lugar. De otra forma, se verá enfrentado al poco apetecible prospecto de joderse de hambre él o su familia.
Al respecto, la definición de "mercado libre" que recoge Wikipedia es interesante:

Aunque en la situación de libre mercado el gobierno no fija o regula los
precios, la implementación efectiva de libre mercado requiere que entre los
participantes de la transacción comercial no haya coerción, ni fraude, de modo
que todas las transacciones sean moralmente voluntarias y también que exista
información perfecta y otras condiciones que garanticen la competencia perfecta.
Como vemos, luego del terremoto no hubo una situación de mercado. En el caso de los compradores en las zonas más afectadas por el terremoto, no apreciamos una transacción "moralmente voluntaria", simplemente porque, como ya aclaramos, quien desea comprar pan o leche queda a merced de quien la ofrece, sin que el comprador tenga opción de comprar en otro lugar, o de no comprar. Dicho de otro modo, si a uno le venden un tarro de leche en polvo a un 100% de sobreprecio en el Jumbo, si el comprador no tiene opción de ir al Santa Isabel o al Líder, entonces tendrá que acceder a este precio por obligación, ya que no consumir leche (u otros alimentos) no es opción válida. Notamos entonces que no sólo el demandante no es libre, sino además no hay competencia. Los consumidores no son capaces de castigar ellos mismos al ofertante eligiendo al competidor, porque no hay. De ahí que como última instancia quede el recurso de la ley.
Ante esto, es falso lo que esgrime Mario en cuanto a que el alza de precio refleja "la escasez relativa", simplemente porque el aumento de precio no se debe a eso sino más bien a la especulación, no a la escasez, y constituye una forma de fraude, y lisa y llanamente puede considerarse abuso. Al constatar lo anterior, estamos frente a un daño, ante lo cual es legítimo que actúe el gobierno para castigar a los abusadores.

En absoluto contraste, Syndey Houston, gerente general de Adico (Asociación de distribuidores de combustibles), hizo un llamado a los consumidores a denunciar a los especuladores, de hecho, yo mismo lo escuché decir en Radio Bío Bío en la fatídica madrugada del 27 de febrero que Adico perseguiría a los oportunistas y entregaría los antecedentes necesarios a la justicia, y que quien fuese soprendido especulando sería expulsado del gremio, por lo mismo invitaba a los auditores a estampar sus denuncias (habló además de la labor social que cumplía su asociación).

La actitud de Houston, un paco retirado, demuestra un loable espíritu cívico, y es elogiable. Desde luego, cuando no existe tal iniciativa en otros miembros de la comunidad, sino un mero aprovechamiento, es deseable que el peso de la ley caiga sobre quienes en situaciones como ésta son capaces de abusar de la necesidad del resto.