"La guerra es una cosa horrible, pero no es la cosa más horrible que existe. El degradamiento de la moral y del sentimiento patrio, que llega a creer que ninguna guerra vale la pena, es algo mucho peor. Aquel que no tiene nada por qué morir, ni nada por lo que está dispuesto a luchar, y para quien nada es más importante que su propia seguridad, es un sujeto miserable y que no tiene posibilidad alguna de ser libre sino a costillas de otros, quienes son mejores personas que él mismo."
John Stuart Mill
Economista y filósofo británico (1806 - 1873)
Nuevamente se conmemora el Día del Armisticio (en estricto rigor, fin de la I Guerra Mundial), evento que debiésemos recordar en nuestro país si es que queremos rendir homenaje a quienes nos defendieron del odioso aparataje de Hitler y la Gestapo.
Como cada día 11 del mes número 11, a las 11:11 de la mañana, se guardan dos minutos de silencio en honor a todos aquellos que dieron su vida para luchar contra el criminal innombrable. "Nunca tantos le han debido tanto a tan pocos", es una frase famosa, que no se refería a los centenares de miles de deudores de hipotecas subprime que deben cantidades impagables a un puñado de especuladores, sino fue pronunciada por Winston Churchill refiriéndose a los soldados que fueron al campo de batalla, en cielo, mar y tierra, durante la II Guerra. Hoy los recordamos a ellos, mientras aparecen en televisión las imágenes de los veteranos desfilando, ya no como bravos soldados, sino como abuelitos ya jorobados, con toda una vida a cuestas, de andar pesado y modesto, pero orgullosos por haber servido a una causa noble. Y respetuosos, como la población civil, de la memoria de todos aquellos quienes jamás volvieron.
Para sanar las heridas de la guerra, Europa creó el Estado de Bienestar, para asegurar que ninguno de los veteranos ni de los civiles que resisitieron los embistes del nazismo se quedasen sin salud o alimento. Pero jamás se pensó que ya cicatrizada las heridas de guerra, seguiría en pie el Estado de Bienestar, incluso cuando la evidencia ya muestra que es insostenible.
Uno de los episodios más traumáticos de la II Guerra Mundial fue el bombardeo de Londres, conocido como el Blitz, en que el maniático ordenó bombardear a la población civil británica. En Londres, a orillas del Támesis, aún se conservan algunas de las huellas del bombardeo, y esas heridas deben seguir ahí para nunca olvidar las lúgubres noches de 1940 en que por más de un año, ininterrumpidamente, el terrible sonido de las sirenas advertía a la población que se cernía un ataque. Es aterrorizante imaginar un Londres en silencio sepulcral, seguido por la escalofriante sirena "Carter Gents", y luego el ensordecedor ruido de las bombas y el fuego, mientras mujeres y niños corrían a sus refugios. Sobre el Blitz alguien compiló el siguiente video, con el acompañamiento de la insigne banda británica Radiohead. Invito a verlo.
Uno de los episodios más traumáticos de la II Guerra Mundial fue el bombardeo de Londres, conocido como el Blitz, en que el maniático ordenó bombardear a la población civil británica. En Londres, a orillas del Támesis, aún se conservan algunas de las huellas del bombardeo, y esas heridas deben seguir ahí para nunca olvidar las lúgubres noches de 1940 en que por más de un año, ininterrumpidamente, el terrible sonido de las sirenas advertía a la población que se cernía un ataque. Es aterrorizante imaginar un Londres en silencio sepulcral, seguido por la escalofriante sirena "Carter Gents", y luego el ensordecedor ruido de las bombas y el fuego, mientras mujeres y niños corrían a sus refugios. Sobre el Blitz alguien compiló el siguiente video, con el acompañamiento de la insigne banda británica Radiohead. Invito a verlo.
Hoy ya vivimos en otra época. Porque el odio es el germen que hace estallar guerras, debemos dejar atrás las rencillas del pasado, y me parece que ya era hora que Sarkozy invitase a la canciller Merkel a conmemorar juntos el Armisticio en Francia.
Perdonar, sí. ¿Olvidar? Jamás. Lest We Forget.

