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sábado, 14 de junio de 2014

¿Por qué Hitler perdió la guerra?



Una sociedad abierta y tolerante siempre acaba por imponerse
En el post anterior hemos rememorado la epopeya del Día D, el desembarco aliado en Normandía, que comenzó a inclinar la balanza a favor de las naciones democráticas en la conflagración mundial. Para que la hazaña militar haya sido exitosa se necesitó —como dijimos— largos y complejísimos preparativos. El  desembarco en Normandía merece no sólo saludar la memoria de los soldados sino también de quienes prestaron sus servicios lejos del campo de batalla, como por ejemplo, el extraordinario científico inglés Alan Turing. Como veremos en este post, la historia desgraciadamente tuvo un humillante e injusto vuelco en su contra el cual de algún modo fue mitigado hace unos meses.

Hitler pudo bombardear París pero no se atrevió a destruir a su antiguo enemigo. El demente, gran apasionado del arte, prefirió preservar la Ville Lumière, símbolo de la gloriosa sofisticación que él añoraba para su país. No obstante, el Fuhrer no tuvo empacho en bombardear Londres, ciudad gris y, digámoslo, bastante fea. El episodio como sabemos se le llama el Blitz. Más aún, optó por una guerra de atrición con Gran Bretaña, primero bombardeando lugares claves, luego cortándo los suministros marinos a la isla, para debilitarla hasta que finalmente capitulara. Los temibles, indetectables submarinos U-boat, orgullo tecnológico del nazismo, romperían las conexiones marítimas británicas hasta dejar a los británicos bloqueados y sin provisiones. 

Para coordinar los movimientos submarinos se recurrió al uso intensivo de las ondas de radio, codificadas por los alemanes con las máquinas Enigma. Innumerables películas, como Enigma (2001), protagonizada por Kate Winslet, nos han mostrado lo que ocurría lejos de las trincheras y de los mares. En Bletchely Park, en los alrededores de Londres, bajo el más estricto secreto, se daba una batalla sin balas ni hombres en uniforme: civiles intentaban descifrar las transmisiones de radio alemanas. Era necesario romper la encriptación que producían los nazis con las máquinas Enigma. Finalmente los británicos lograron la hazaña e interceptaron los mensajes de los submarinos, los decodificaron, los tradujeron, y más aún pudieron confundir las comunicaciones internas del enemigo para distraerlos, permitiendo que las tropas pudieran desembcarcar en el Continente el Día D.

La historia de cómo se conformó y trabajó el equipo de Bletchely Park ejemplifica los beneficios de vivir en una sociedad libre. Y de cómo, esta supuesta libertad, muchas veces se olvida y da paso a atrocidades. El hombre que venció a los nazis fue el pionero de la computación y la inteligencia artificial, Alan Turing. Él era homosexual, o sea, en Alemania habría acabado en la cámara de gases. La plana mayor británica lo consideraba un estúpido, pero él y otros en Bletchley Park escribieron una dramática carta a Winston Churchill explicando la urgente necesidad de más financiamiento para su proyecto ya que la guerra también se libraba lejos del campo de batalla. Churchill lo aceptó. Hitler, en cambio, jamás habría permitido que un grupúsculo de chiflados le dirigiera la palabra (si bien los chiflados eran él y sus seguidores). El equipo de Turing era variopinto, había un jugador de ajedrez, anarquistas de todos los pelajes, judíos, o gente estrafalaria que también habría acabado gaseada. Una sociedad abierta no es top-down, sino bottom-up. El talento fluye de abajo a arriba. Einstein, judío, como muchos otros científicos, huyeron de la muerte en Alemania y prestaron sus servicios a los aliados: el totalitarismo promueve la fuga de cerebros. 

Como sabemos, los soldados desembarcaron, muchísimos fueron abatidos, pero la operación fue un éxito. Los Aliados, con la ayuda Soviética, vencieron al Fuhrher en 1945. Winston Churchill perdió la reelección. Comenzó de inmediato la Guerra Fría. Fue imposible no acoger a los veteranos con un sistema universal de salud y otras prestaciones estatales para evitar que estallase otra guerra — esta vez, una guerra civil. El equipo de Betchley Park comenzó a disolverse pero se habían sembrado las semillas de una nueva ciencia, la informática, y Alan Turing fue el cerebro detrás de la teoría de los primeros computadores.

Comenzó a gestarse una de las injusticias más grandes del siglo 20. Alan Turing en 1952 fue condenado por homosexualidad, criminalizada en aquella época. A uno de los genios más grandes de la humanidad finalmente le fue permutada su condena a prisión por una horrible "castración química", es decir, una sobredosis de hormonas que lo dejaría inhabilitado para mantener relaciones sexuales. Este tratamiento a tal nivel perturbó su salud que no pudo continuar su trabajo ni su vida personal.

El 8 de junio de 1954, dos días después del aniversario del Día D, Turing fue encontrado muerto en su habitación. Acá comienza la ficción a combinarse con la realidad. La causa de su muerte, se dice, fue una sobredosis de cianuro, veneno que el propio Turing habría puesto en una manzana. A su costado se encontró una manzana mascada. Dos décadas más tarde, otro genio de la computación, uno de origen californiano, se inspiraría en las investigaciones de Turing para crear el computador personal y masificarlo. Su logo: una manzana mascada.

Transcuridos 60 años desde que fue arrojado a la muerte, el matemático que venció a los nazis recibió un perdón póstumo solicitado por miles de británicos. El 24 de diciembre del año 2013 la Reina Isabel II decretó el perdón real de Turing por el crimen de "indecencia". Entre quienes figuraban en el petitorio a Su Majestad figuraban nombres como el de Stephen Hawking, otro a quien Hitler habría gaseado, por ser débil.

Una increíble injusticia histórica de algún modo ha sido reparada. El mejor homenaje a todos los que cayeron por defender la libertad es seguir luchando hoy contra el fascismo, incluso ahí donde creemos que la libertad ya es cosa ganada e imposible de perder. La homosexualidad ya no es un crimen en los países esclarecidos pero continúan los más horrendas discriminaciones. 

Los homosexuales, los alternativos, los liberales, los judíos, los extranjeros, los disidentes, los inválidos, ninguno de ellos tenían cabida en la Alemania Nazi, pero sí tuvieron cabida en las naciones aliadas. Hitler desperdició el talento que necesitaba porque su asquerosa ideología es enemiga del progreso y la dignidad del ser humano. Comenzamos este post plantéandonos una pregunta: ¿por qué Hitler perdió la guerra? La respuesta es relativamente sencilla: Hitler perdió por nazi.

lunes, 9 de junio de 2014

Día D: Rendimos homenaje


Eternamente agradecidos

Hace 70 años, después de intensos y complejísimos preparativos, las tropas aliadas desembarcaron en la "Playa de Omaha" y comenzaríamos —al fin— a torcerle la mano al Führer y su putrefacta ideología. Estos hechos han sido copiosamente documentados, y recreados en innumerables películas. Sin duda Operación Overlord es la más extraordinaria y decisiva acción militar de todos los tiempos.

Las máximas autoridades políticas del mundo, desde la realeza británica hasta Vladimir Putin, pasando —controversialmente— por la canciller Angela Merkel, se han dado cita en la costa de Normandía para rememorar este momento cúlmine en la historia de la libertad y rendir un justo homenaje a los veteranos, y por sobre todo, recordar el máximo sacrificio de todos los que nunca volvieron.

Por supuesto que uno se emociona. Ver a los veteranos, ya muy viejitos, caminando con bastones, acompañados por sus nietos, otros en sillas de ruedas, pero así todo con una sencillez y brío que sólo otorga la grandeza, no deja indiferente a nadie.


Uno de los momentos más conmovedores fue el apretón de manos entre un antiguo paracaidista de la Luftwaffe y un veterano del ejército francés. Y no sólo un gesto: ambos son amigos y vecinos. Los enemigos de ayer hoy se consideran "hermanos". Desde luego que debe ser así: una vez ganada la guerra, se debe ganar la paz.

Por lo mismo, pensar en todo el heroísmo de los veteranos, sólo produce repulsión saber que el fantasma del nacionalismo más asqueroso vuelve a penar en Europa. En Francia, los negacionistas del Frente Nacional —remozados con un discurso tan ladino como incoherente— se coronan como el partido de mayor votación — al menos en las elecciones europeas. Es entendible que en el deprimente contexto económico actual, con los 30 Gloriosos —las tres décadas de extraordinario crecimiento económico que prosiguieron al fin de la II Guerra— apenas un lejano recuerdo, el populacho descargue su ira votando por lo peor de lo peor. Pero es una falta de respeto a todos los que lucharon contra los nazis, y a quienes les debemos agradecer hoy la libertad de la que gozamos.

¿Es la Unión Europea una organización demasiado abstracta, lejana, burocrática y onerosa? Sí, lo es. ¿Es la moneda única un fracaso? Hasta ahora, quizás sí.

El problema es que la Unión Europea justamente nace a partir del descalabro ético de Europa. Luego de ocupar el pináculo del humanismo y la técnica, Europa se volvió una vergüenza. El mismo continente que nos dio a Mozart también nos dio a Adolf Hitler. Una cosa es por ejemplo ver las masacres odiosas de Gengis Khan, el salvaje rey de los mongoles. Es lógico que sea uno de los mayores criminales de la historia. Pero es infinitamente más tétrico construir campos de exterminio masivo después que leímos a Nietzsche, después que escuchamos a Beethoven. Cómo se pudo caer tan bajo es incomprensible. Pero después de todo esto, insistir en votar por el partido que fundó Jean-Marie Le Pen, un hombre que declaró que el holocausto fue un "detalle", y que apenas el día de ayer se ha burlado de un cantante francés (judío) diciendo que "lo mandaría al horno" son cosas que empequeñecen el corazón.

No obstante, cabe destacar que la Unión Europea ha sido un éxito rotundo en su objetivo primario: mantener la paz. Hoy, un conflicto armado entre estas naciones es impensable. A partir del descalabro, el proyecto político de la UE consiste en unir para siempre el destino de todas estas naciones. El sello de todo sería eliminar las fronteras y crear una moneda única. Es como un matrimonio. Y como todo matrimonio no todo es color de rosa como se creía el día que se firmó en el registro civil. El matrimonio de la UE está pasando por una dura crisis matrimonial.

Creo que el mejor homenaje a los veteranos es seguir profundizando la democracia, y nunca, ni siquiera como expresión de hastío, otorgarle votos a los odiosos fascistas. Es un insulto a todos los que desembarcaron en Normandía y a los que entregaron su vida en la II Guerra Mundial. Ellos merecen nuestro reconocimiento. En este pequeño rincón de la Internet les rendimos un modesto pero sentido homenaje.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Lest We Forget

"La guerra es una cosa horrible, pero no es la cosa más horrible que existe. El degradamiento de la moral y del sentimiento patrio, que llega a creer que ninguna guerra vale la pena, es algo mucho peor. Aquel que no tiene nada por qué morir, ni nada por lo que está dispuesto a luchar, y para quien nada es más importante que su propia seguridad, es un sujeto miserable y que no tiene posibilidad alguna de ser libre sino a costillas de otros, quienes son mejores personas que él mismo."

John Stuart Mill
Economista y filósofo británico (1806 - 1873)


Nuevamente se conmemora el Día del Armisticio (en estricto rigor, fin de la I Guerra Mundial), evento que debiésemos recordar en nuestro país si es que queremos rendir homenaje a quienes nos defendieron del odioso aparataje de Hitler y la Gestapo.

Como cada día 11 del mes número 11, a las 11:11 de la mañana, se guardan dos minutos de silencio en honor a todos aquellos que dieron su vida para luchar contra el criminal innombrable. "Nunca tantos le han debido tanto a tan pocos", es una frase famosa, que no se refería a los centenares de miles de deudores de hipotecas subprime que deben cantidades impagables a un puñado de especuladores, sino fue pronunciada por Winston Churchill refiriéndose a los soldados que fueron al campo de batalla, en cielo, mar y tierra, durante la II Guerra. Hoy los recordamos a ellos, mientras aparecen en televisión las imágenes de los veteranos desfilando, ya no como bravos soldados, sino como abuelitos ya jorobados, con toda una vida a cuestas, de andar pesado y modesto, pero orgullosos por haber servido a una causa noble. Y respetuosos, como la población civil, de la memoria de todos aquellos quienes jamás volvieron.

Para sanar las heridas de la guerra, Europa creó el Estado de Bienestar, para asegurar que ninguno de los veteranos ni de los civiles que resisitieron los embistes del nazismo se quedasen sin salud o alimento. Pero jamás se pensó que ya cicatrizada las heridas de guerra, seguiría en pie el Estado de Bienestar, incluso cuando la evidencia ya muestra que es insostenible.

Uno de los episodios más traumáticos de la II Guerra Mundial fue el bombardeo de Londres, conocido como el Blitz, en que el maniático ordenó bombardear a la población civil británica. En Londres, a orillas del Támesis, aún se conservan algunas de las huellas del bombardeo, y esas heridas deben seguir ahí para nunca olvidar las lúgubres noches de 1940 en que por más de un año, ininterrumpidamente, el terrible sonido de las sirenas advertía a la población que se cernía un ataque. Es aterrorizante imaginar un Londres en silencio sepulcral, seguido por la escalofriante sirena "Carter Gents", y luego el ensordecedor ruido de las bombas y el fuego, mientras mujeres y niños corrían a sus refugios. Sobre el Blitz alguien compiló el siguiente video, con el acompañamiento de la insigne banda británica Radiohead. Invito a verlo.



Hoy ya vivimos en otra época. Porque el odio es el germen que hace estallar guerras, debemos dejar atrás las rencillas del pasado, y me parece que ya era hora que Sarkozy invitase a la canciller Merkel a conmemorar juntos el Armisticio en Francia.

Perdonar, sí. ¿Olvidar? Jamás. Lest We Forget.

lunes, 9 de noviembre de 2009

A 20 años de la caída del Muro de la vergüenza

Se acaba de celebrar en las democracias occidentales el Remembrance Day, o Día del Armisticio. Nunca es tarde para celebrar a nuestros héroes, a todos aquellos modestos jóvenes que sacrificaron su vida para que tú y yo seamos libres de la tiranía. Pero el triunfo de la democracia después de la II Guerra Mundial no fue total. También Gracias al Ejército Rojo, Hitler fue derrotado. Como sabemos, entre los Aliados y los Soviéticos la caída Alemania fue dividida. El punto de mayor tensión fue Berlín.

Hace 20 años cayó ese muro aberrante que erigieron los comunistas. Mientras Alemania Federal emergería, tal como Japón, como una nación industrializada, la Alemania Oriental quedó anclada en el tiempo, y aún no se recupera. No hay otro ejemplo más nítido e inapelable de la virtud de la libertad individual y de la democracia, por sobre la tiranía, el Estado Policial, y la economía planificada.

Ayer me di una sobredosis de documentales en el Discovery Channel, que para celebrar el triunfo de los Aliados, ha lanzado una maravillosa serie llamada La Guerra Mundial en Colores y en Alta Definición. Simplemente fan-tá-st-ico. El momento en que Charles de Gaulle anuncia que París ha sido liberada, y el pueblo parisino sale espontáneamente a desfilar bajo el Arco del Triunfo, de la mano de los soldados franceses, británicos y americanos, la verdad es que me produce un nudo en la garganta. Para quienes deseen saber más sobre nuestra visión de la Segunda Guerra, también les invito a leer El cuarto número de La Bestia, con una breve reseña a La Batalla de Inglaterra.

La Segunda Guerra así todo no culminó en 1945. Sino que en 1989, con la caída del Muro de Berlín, y finalmente, el enemigo soviético fue derrotado. Para recordar tan magno evento, y siguiendo nuestro gusto por la música, y en línea con la exquisita apreciación estética de los alemanes, los dejo con el siguiente histórico video, broche de oro de un momento cúlmine de nuestra historia:

David Hasselhoff canta en los escombros del Muro de Berlín (1989)