Mostrando las entradas con la etiqueta privatizar el ejército. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta privatizar el ejército. Mostrar todas las entradas

viernes, 25 de marzo de 2011

¿Desnacionalizar mercenarios?

El asesinato de dos policías por parte de ex mercenario chileno Italo Nolli deja al descubierto la necesidad de regular la industria de defensa

Chile ha quedado atónito frente al descarnado asesinato de dos funcionarios de la PDI, la policía civil  (el FBI chileno), por parte de Italo Nolli, un sujeto que en su momento prestó sus servicios en la guerra de Vietnam. Desde luego que nuestro sitio defiende la libertad individual y creemos que cada cual es libre de ofrecer su trabajo a quien estime conveniente. Por otro lado, también somos fervientes defensores de la privatización del Ejército y de extarnalizar servicios de defensa a firmas privadas. Blackwater Worldwide en Irak ha estado a cargo de la seguridad en vez del ejército de EEUU, así como el propio Gaddafi ha contratado mercenarios para reprimir a los freedom fighters de Benghazi.

Todos quienes participan en una guerra quedan con secuelas sicológicas permanentes y pueden volverse altamente peligrosos. ¿Debe Chile hacerse cargo de por vida de los desequilibrios de un ex mercenario? Si lo hace, debe pasarle la cuenta a EEUU por los gastos siquiátricos de un ex mercenario en Vietnam. Si esto no es practicable, o si consideramos demasiado peligroso que chilenos sean contratados por Blackwater Woldwide y vayan a Irak, torturen y luego vuelvan cagados del mate a vivir en Chile, entonces o se les impide la residencia permanente o se le exige a la firma que aclare los términos y condiciones del contrato ara una posible indemnización. O a los mercenarios se les puede desnacionalizar. Si las firmas de seguridad se benefician y luego no se hacen cargo de las externalidades, entonces acá es legítimo e inevitable corregir esta situación.

miércoles, 9 de julio de 2008

Privaticemos el Ejército

Una medida que quizás disguste a los socialistas de derecha y a los socialistas de izquierda, pero que en la práctica ya existe

El asunto de fondo en política es determinar el papel y límites del Estado. Desde la perspectiva de este blog, la sociedad organizada políticamente y asentada en un territorio determinado debe proteger sus fronteras para disfrutar de los beneficios de la paz. Sin paz no puede haber crecimiento económico sostenido (aunque las guerras a veces sirven para estimular el crecimiento). Un país civilizado es la unión voluntaria de todos sus miembros. Para resguardar la civilización y para que exista paz es necesario que cada uno de nosotros renuncie a las armas y que éstas se entreguen a profesionales que resguarden las fronteras. En una economía avanzada, no hay justificación para que el resguardo fronterizo esté a cargo del Estado. Si privados pueden desempeñar esta función, pues debe asignarse a ellos.

La idea puede parecer absurda, pero si se fijan bien, no lo es en lo absoluto. La guerra de Iraq se ha concesionado al ejército privado Blackwater USA, entre muchas otras firmas de seguridad. ¿Por qué no podría concesionarse por completo la seguridad de EEUU a dicha empresa privada? Es cuestión de tiempo hasta que ocurra. A nadie debe extrañar que ex miembros de las FFAA chilenas hayan sido contratados por Blackwater USA, y reciben recompensas económicas que el Ejército estatal de Chile jamás podría haberles pagado. Chile Liberal congratula a todos quienes han arriesgado su vida y así todo han podido ganar sumas inimaginables gracias al desempeño en esa firma. Pilotos de la Fuerza Aérea también han ofrecido sus servicios a LAN Chile, empresa que los remunera muchísimo mejor que la aviación estatal. Si los propios miembros de las FFAA están dispuestos a emigrar al sector privado, que los recompensa generosamente, ¿hasta cuándo seguimos desangrando al erario nacional (dinero de todos) para subsidiar al Estado en sus fuerzas militares, a las que sus propios miembros ya no quieren pertenecer?

Jamá$ vencido$
En una economía incipiente, el Estado exalta el nacionalismo para lograr reclutar tropas. Mientras los más acaudalados ocupan exclusivamente los puestos de menor peligro, los más desposeídos son usados como carne de cañón. Como decía Jean-Paul Sarte, "las guerras las declaran los ricos y las pelean los pobres".

La conscripción voluntaria siempre afecta a los menos adinerados y constituye un acto de coacción pura -e inaceptable- por parte del Estado. La diferencia con un ejército privado es que todos sus miembros son profesionales voluntarios, algo que históricamente no ha ocurrido en Chile (aún no se ha profesionalizado el Ejército). Hechos como la Carnicería de La Concepción o la Derrota Naval de Iquique sirven para exacerbar la furia nacionalista. El Estado, astutamente, adoctrina a los pequeños para creer todas estas barbaries, y una vez adultos, vitorean el conflicto bélico como si fuese algo heroico o digno de elogios.

Si privatizásemos por completo las FFAA, las agencias de seguridad deberán recompensar como se debe a sus miembros, en especial a quienes arriesgan su vida. Las fuerzas estatales hacen exactamente lo contrario. ¿Cuántos efectivos de las FFAA cuentan con buenos seguros de vida? El mercado regularía mucho mejor esta actividad, que por cierto, es necesaria. El único seguro de vida que tienen hoy es la gloria de la patria y la vida eterna gracias a una imagen virgen.

Homo chilensis
Una de las caracterísitcas más notorias de la idiosincrasia chilena es el fervor con que celebramos las derrotas. A las autoridades (que rara vez envían a sus hijos a los ejércitos) les interesa hacer creer a la comunidad libre que si son reclutados, lo peor que les puede pasar es morir con gloria. Normalmente, las iglesias (en particular la de Roma) bendicen a los efectivos militares con la leyenda de la "vida eterna" (cada bando en una guerra de desgarra seguro de que dios está de su lado).

Muy útil es exaltar lo ocurrido el 9 de julio de 1882 en el poblado peruano de La Concepción. Chile mantenía a Perú ocupado y actuaba con brutalidad, cobrando impuestos y matando civiles, en el marco de la "Campaña de la Sierra". Un grupo de soldados fueron emboscados y acorralados en un templo romano por más de mil peruanos que defendían su propio país del invasor chileno. Ante la evidente inferioridad numérica, se le exigió la rendición a los 77 soldados del Regimiento Chacabuco. En vez de ello, se lanzaron a la muerte, lo que no sólo significó la pérdida irreparable de efectivos militares, sino que además arrojaron a la muerte a personal civil de apoyo, un niño de 8 años e incluso un bebé recién nacido. De algún modo, las autoridades sólo han concientizado a los escolares para que recuerden a los 77 soldados, y no al resto. Cabe destacar que éstos mismos eran miembros de la clase urbana santiaguina, de otro modo no habrían pasado a la historia. El más célebre ha sido Ignacio Carrera Pinto, no por heroísmo sino por por aparecer en el billete de $1.000 pesos.

Algunos celebrarán la abnegación y entrega de estos 77 soldados. Pero nunca se ha visto que ocupar otro país sea en sí mismo un acto de valentía. Menos aún en el contexto de la ocupación que dirigía el criminal Patricio Lynch. ¿Por qué a los escolares chilenos nunca les enseñan quién fue el señor Lynch? ¿Por qué se oculta que algunos soldados chilenos sí se rindieron el 10 de julio?

Seamos agradecidos
El Ejército de Chile ha sido instrumental en la construcción de una sociedad democrática, con notables excepciones, por ejemplo durante las torturas y asesinatos en Chile y el extranjero que ordenó Augusto Pinochet (a quien póstumamente la institución debiese darlo de baja). Es hora de agradecer todo lo que la institución ha hecho, y nada mejor que traspasando sus funciones al sector privado. Necesitamos un Blackwater Chile o agencias similares para concesionar la defensa nacional, será más eficiente y menos oneroso.

El siguiente documental fue producido y exhibido por la televisora estatal de Chile, sin embargo, es bastante imparcial. Véanlo.

Batalla de La Concepción, Parte I