"I think there's something you should know
I think it's time I told you so
There's something deep inside of me
There's someone else I've got to be"
- George Michael, Freedom
Ricky Martin sale del clóset
Muchos han aplaudido a Ricky Martin por haber reconocido, al fin, que es gay. Es un paso firme hacia la aceptación de las opciones sexuales y un avance hacia el rechazo universal que debe despertar la homofobia el que figuras públicas reconozcan su inclinación sexual: es socialmente saludable. En Chile Liberal creemos que la sexualidad de una persona no debe acarrear ni estigmas ni rechazo de ningún tipo, por cierto, como lentamente se convierte en norma en toda nación avanzada.
No obstante, no nos engañemos. Nos gustaría ver a más políticos mainstream —y ojalá pro-business— admitiendo su homosexualidad. También a más empresarios, intelectuales, científicos, y gente ajena a la caricatura de la "loca", o sea, del prejuicio que todo gay es un maricón escandaloso y puto q
ue vive del desenfreno sexual mañana tarde y noche. Cualquiera sabe que en castellano se denomina "loca" a los homosexuales varones, y que el mundialmente famoso tema de Ricky Martin "Livin' la vida loca" es un gay anthem. ¿Por qué —por ejemplo— un Pato Navia, analista político chileno, no reconoce que es gay? "¡Es su opción mantenerlo en privado!", me dirán. Perfecto, claro que lo es. Pero si reconocemos que la homofobia es un mal endémico en América latina, ¿no sería bueno que todos hiciésemos un esfuerzo y lucháramos contra esta manía del continene de machotes piroperos y femicidas? Gente ajena a la caricatura del "Tony Esvelt" es la que ahora debe empezar a salir del clóset.Es importante no engañarse. Hay un motivo mucho más prosaico, el márketing, por el que Ricky Martin ahora nos confirma el secreto peor guardado de estas últimas décadas. Los ejecutivos discográficos no habrían permitido que el símbolo hetero-sexual Ricky Martin se convirtiese en un símbolo homo-sexual. Ya sabemos lo que le ocurrió a George Michael (su carrera nunca volvió a encumbrarse). Pero ocurre que ahora, con un Martin alejado de los estudios, resulta que le es más fácil admitirlo. Esperaríamos del cantante puertorriqueño algunas palabras de apoyo a todos quienes en su adolescencia viven angustiantes crisis al reconocerse a sí mismos como homosexuales y temer confrontarse al feroz desdén social y el rechazo familiar. Algunos, aún pocos, con encomiable valentía lo admiten y tratan de sobrevivir en una sociedad que les prohíbe —porque sí— casarse y tener (o adoptar) hijos. Otros lo reprimen y continúan en las penumbras de la marginación social. Otros lo niegan y se meten a cura. En la medida que luchemos contra la homofobia, viviremos en una sociedad más feliz donde la opción sexual no sea impedimento para seguir una carrera o formar una familia. Y sólo lucharemos contra este mal si es que decidimos que es hora de denunciar a los homófobos, y nada mejor que en cada departamento del quehacer nacional los gays comiencen a salir del clóset y demuestren que no son locas.
Grandes luminarias del pensamiento occidental fueron homosexuales, desde filósofos griegos hasta artistas del Renacimiento. En la Grecia Clásica el ser gay no era motivo de estigma (ver abajo "La escuela de Platón", de Jean Delville, cuadro del Musée d'Orsay). Todo cambió con el advenimiento de la ideologia cristiana, cuando se comenzó a demonizar al homosexual, y peor aún, a caricaturizarlo. No podemos seguir así.

Ahora falta dar otro paso. Ricky Martin es no sólo homosexual, sino padre de familia, y además soltero. En su biografía, nos gustaría leer relatos del cantante contándonos lo buen papá que es. De seguro, esto motivará a muchos para exigir a sus legisladores que el matrimonio, piedra angular de la sociedad, no siga marginando al homosexual.