Chile Liberal recomienda presentar en las salas nacionales esta maravillosa historia de amor lésbico
Ya chiquillos. Después de meses de impaciente espera y en medio de controversias mayores que ya explicamos, llegó finalmente la hora de apreciar la obra elegida unánimemente por el jurado de Cannes 2013 como la mejor película en competencia. A La Vide d'Adèle en nuestro sitio sólo podemos calificarla como chef-d'œuvre, simplemente una obra maestra del séptimo arte que no deja a nadie indiferente, y que Chile Liberal por supuesto recomienda vivamente.
Estamos, ante todo, frente a una historia de amor. Es secundario que sea entre dos mujeres, con cierta diferencia de edad, de dos estratos socioculturales contrapuestos, con dos visiones sobre la vida disonantes. Si triunfa el amor por sobre las conspiraciones del destino es cuestión que no abordaremos para no arruinar las expectativas de los lectores. Las largas escenas de sexo lésbico explícito no son un detalle, son parte esencial de la trama, y por cierto, un elemento de provocación que los franceses tanto exaltan.
La historia se inspira libremente en un cómic llamado "Blue is the warmest colour", título con que La vida de Adèle será lanzada en los países angloparlantes, al menos donde la censura de los neopuritanos y su Inquisición chanta no la sabotee. Contiene críticas al embrutecedor sistema escolar francés (paradojalmente exaltado en Chile), al clasismo y a la homofobia, y también es una elegía a las marchas por los derechos de los homosexuales. Bastante conmovedor es haber visto la película en mi barrio, Montparnasse, desde donde cada año empieza la Gay Pride francesa, que próximamente podrá jactarse de haber presionado a las autoridades para legalizar el matrimonio del mismo sexo. Para los espectadores es emocionante saber que muchos participamos en estas marchas y ahora vemos en el mismo barrio en que protestábamos el fruto de nuestra movilización.
Dos puntos destacamos. Primero, la monumental solidez de las interpretaciones de Adèle Excarchoupulos y de Léa Seydoux. En ningún caso uno cree estar viendo un film sino más bien imágenes de la vida real. Justamente, es este ultra-realismo una cuestión que impacta, un estilo heredero del estilo narrativo de Flaubert o Balzac.
Por otro lado, y siguiendo lo anterior, esta es una cinta de alta sofisticación, con referencias a la literatura y las artes. Gran parte de la vida emocional de la joven protagonista se forja en sus clases de literatura: desde La vida de Mariana (de Pierre de Marivaux), donde Adèle aprende qué es el amor a primera vista —el coup de foudre como le llaman en francés—, hasta Antígona, que es el preludio a la tragedia que le espera, pasando por el existencialismo sartriano entre muchos otros.
Gracias a una fotografía magnífica, la película recurre a las composiciones de Johannes Vermeer. El picnic donde ambas se dan su primer beso es una clara alusión al Almuerzo sobre la hierba de Édourad Manet, con más préstamos de Egon Schiele y menciones por ejemplo al Salón de Refusés de 1863.
Adèle estremece al espectador gracias a unos primeros planos maravillosos que explican las arduas horas de rodaje. El resultado es glorioso. No es posible quedar impasible ante la historia que Abdellatif Kéhiche nos relata con talento desbordante y una honestidad chocante.
El único reproche de algunos fue tener que pasar más de 3 horas en una historia desgarradora. Para otros, es parte de la genialidad de Kéchiche el hacernos sentir física y síquicamente la historia que se muestra en la pantalla. Hay que verla, hay que mostrarla.

















