La enorme diferencia de capital humano entre sudamérica y Europa se refleja en el fútbol
Comienzan hoy los encuetros finales de la Copa del Mundo Sudáfrica 2010. En teoría 32 equipos disputaron el trofeo, pero sólo un puñado son —o eran— los reales contendores. Del total de equipos, la UEFA (Europa) fue representada por 13 combinados nacionales, mientras la que CONMEBOL (Sudamérica) envió 5. Miembros de ambas asociaciones son los ganadores de copas del mundo, y los reales contendores. Para el resto rige la máxima de Baron Pierre de Coubertin: "lo importante no es ganar, sino competir".
Se ha celebrado un total de 18 torneos, y apenas 7 selecciones conforman el exclusivo círculo de ganadores de copas del mundo. En total, Brasil, Argentina y Uruguay han obtenido 5, 2 y 2 títulos respectivamente, lo que suma 9 en total. Europa, lógicamente, tomará la delantera en Sudáfrica ya que un miembro de la UEFA será coronado campeón este domingo. Lo anterior significa que Europa superará a Sudamérica, lo que sumado al progresivo e implacable deterioro de la Copa América, sumado al calamitoso estado de las ligas sudamericanas, y más aún, considerando que aparte de Brasil y Argentina no se vislumbra un nuevo ganador de copas mundiales, queda claro que el fútbol sudamericano ha perdido valor. ¿Por qué? ¿Qué explica el rezago sudamericano? ¿Por qué en la fase final de Sudáfrica 2010 apenas hay un sudamericano, el convidado de piedra, que sólo llegó ahí por la viveza a último minuto de un jugador que contuvo el balón con la mano? Chile Liberal sostiene que las deficiencias en la formación de capital humano se reflejan en el menor rendimiento del fútbol sudamericano.
El semanario británico The Economist define capital humano:
Todo aquello que permite a la gente ganarse la vida. El capital humano puede mejorarse con inversión en educación, formación y salud.
La enciclopedia libre Wikipedia lo define así:
El capital humano es un término usado en ciertas teorías económicas del crecimiento para designar a un hipotético factor de producción dependiente no sólo de la cantidad, sino también de la calidad del grado de formación y productividad de involucradas en un proceso productivo.
Ellos y nosotros
Comparemos cómo se forman los jugadores sudamericanos y los europeos. En el continente del realismo mágico, las mujeres tienen muchos hijos, normalmente el padre está ausente, y jaurías enormes de niños pululan en las poblaciones —villas miserias, favelas— sin la supervisión de un adulto responsable. Y sin reglas que obedecer, no hacen sino patear un balón en lo que llamamos una "pichanga". En el pichangueo no hay estrategia de juego, ni los competidores visten uniforme. Tampoco están bien alimentados. Los niños a lo sumo asisten a medias jornadas de escuela, lo que les brinda muchísimo tiempo libre. Los pequeños juegan con otros más mayores, lo que los vuelve bravos, pillos y vivos. La picardía y la rudeza se entremezclan con la misma promiscuidad que con la que nacieron.
Abandonados a su suerte, la pichanga les obliga a desarrollar una exuberante técnica, ya que a falta de una real situación de juego —recordemos, no hay estrategia— el único objetivo es controlar el balón. Esto es clave para entender por qué el sudamericano juega con tanta finta, amago y canyengue, con sabor y rezumando dominio del balón, y destaca además por su reducida presencia física. Cuando el niño ya comienza a asistir a una escuela de fútbol, los años de pichanga le han dejado una huella indelebre, y este karma lo acompañará hasta la adultez. La misma falta de conciencia sobre la importancia de las reglas los lleva a emitir declaraciones como las de Suárez respecto a su mano contra Ghana (ver fuente):
"Para mí fue la atajada del Mundial, con eso es con lo que jodíamos con los compañeros: fue la atajada del Mundial y lo que sirvió para que el equipo pudiera ganar por penales."
No se puede usar cámaras ni tecnología para mejorar el arbitraje, como pide Chile Liberal. Después de un gol en fuera de juego que marcó Argentina, el portero Sergio Romero no pudo resumir mejor el gran problema subyacente de la mentalidad sudamericana (ver fuente).
"El fútbol es para gente que se juega con viveza y para un hombre que está despierto, si le ponés tecnología, o el chip para ver dónde pica, le sacás la viveza y el fútbol es para vivos y no para la tecnología."
Sé que algunos lectores no tendrán objeción alguna a lo anterior. Me dirán que la triquiñuela artera es perfectamente lícito porque la picardía está escrita en nuestro ADN.
Mientras tanto en Europa...
Al contrario de sudamérica, en el viejo contienente no sobran niños. De hecho, escasean. Éstos rara vez saldrán a la calle a vagar ya que desde la etapa pre-escolar que ya sus padres los envían a jardines infantiles para que un adulto responsable realice actividades estructuradas con ellos. Si salen a la calle, tampoco se encontrarán con centenares de otros niños, porque sólo hay viejos.
Los pequeños europeos aprenden a compartir con niños de su edad controlados por un mayor que les enseña reglas de comportamiento. En sudamérica esto se ve rara vez. De hecho, los prejuicios contra las parvularias son transversales. Cuando el niño europeo aprende a jugar fúbtol normalmente es porque un profesor enseña este deporte. La actividad es estructurada como parte de una estrategia educativa, y el niño ya viste la indumentaria apropiada. Cuando se organizan competencias con otras escuelas, los padres asisten a verlos y los alientan en la derrota para que la acepten con entereza.
Lo anterior redunda en que Europa tiene ligas de lujo, como la Premier League, la Serie A, o La Liga. El deporte se ha profesioanlizado al extremo en que nada queda al azar. La garra y la arenga pasional se doman y se someten a los dictados de la estrategia. Todos vimos al técnico suizo haciendo gestos a la defensa de su país para que dejase fuera de juego a Chile. Los europeos son expertos en estas cosas, aparte del trabajo con pelota detenida. Esos tipos desconocen el jogo bonito, y no les interesa tampoco.
Asimilado lo anterior, podremos entender por qué en sudamérica partidos profesionales degeneran en batallas campales, pugilatos, arrestos de futbolistas, u otros hechos como el porte elementos corto-punzantes (el chileno Roberto Rojas), sin dejar de lado cortes de relaciones diplomáticas, e incluso declaraciones de guerra. Encuentros se han debido suspender por actos de violencia en las graderías, como ha ocurrido en Argentina. En Uruguay o Paraguay se juega a patada limpia. O el torneo es simplemente abúlico, como en Chile. Los jugadores abusan del asado, porque cuando chicos nunca comieron carne, lo que difícilmente les ayuda a competir a un nivel de alto rendimiento.
La alarma ya la encendió Alemania al arrollar 4 x 0 a una de las selecciones más fuertes de sudamérica. Diego Maradona es el epítome de la fiereza de la favela sudamericana. Su capacidad de estrategia es nula, lo que le valió una goleada histórica, teniendo a jugadores notables. Brasil se devolvió a casa con un rendimiento magro.
De hecho, la proyección lógica del futbolista sudamericano es jugar en un equipo europeo. Aún no vemos jugadores del viejo continente avanzando su carrera en sudamérica. Es evidente que el fútbol europeo continúa su evolución al más alto nivel, como lo demuestra la final disputada por España y Holanda.
No sólo futbolistas, sino profesionales en general, ven mermadas su capacidad de explotar su potencial por la incapacidad sudamericana de formar capital humano. El fútbol no es sino un reflejo de esta situación.
Detectado el problema, es hora de trazar soluciones, y diseñar un plan de acción. Cuando los dirigentes del fútbol sudamericano en general, y chileno en particular, terminen este domingo de escuchar "We Arte The Champions" y apaguen el televisor, deben empezar desde ya un plan de emergencia para enfrentar los desafíos de Brasil 2014, y una estrategia a largo plazo para los campeonatos mundiales venideros.