Les conté anteriormente que una terrible noticia me había golpeado profundamente tanto a mi y como a mi familia. A 4 meses de embarazo, después de algunas semanas de especulación, a mi hermana finalmente le han confirmado el diagnóstico de
síndrome de Potter, una malformación gravísima. En términos simples, su bebé sufre de una deformación de los riñones a causa de insuficiente líquido amniótico. Las probabilidades de vida para el futuro hijo son iguales a cero.
No obstante, la ley fascista en vigor, avanzada por un alcohólico ex golpista y aprobada con el consentimiento irresponsable de la Junta Militar, e inspirada en las retorcidas perversiones de Jaime Guzmán, obligan a mi hermana a "llevar el embarazo a término", como han indicado los médicos.
Las implicancias de esta barbarie legal son de una crueldad inaudita. Mi hermanita deberá partir corriendo a urgencias cuando — probablemente — sufra un aborto espontáneo, cuestión que desde luego añade aún más incertidumbre a un embarazo de alto riesgo. Se está discutiendo practicarle una cesárea si esto no ocurre hasta los 6 meses.
Lo anterior significa que mi hermana dará a luz una criatura incapaz de vivir pero los médicos están obligados a revivirlo cuantas veces sea necesario hasta que se produzca la "muerte natural", como dicen los católicos, probablemente unos pocos días después de su nacimiento. Existe incluso la posibilidad — aunque menor — de que viva más, para ello habrá que someterlo a diálisis o a un transplante de riñones. Todo para que pueda vivir sólo unos cuantos meses y así satisfacer la ideología católica detrás de este disparate legal.
Por otro lado, a su bebé deberá sacarle carné de identidad, y cuando muera, como inevitablemente ocurrirá, organizar un funeral. Por ahora debe continuar con el embarazo y verse importunada por la gente que quizás con la mejor intención le dice "ay qué linda su guatita ya sabe si es niñito o niñita". El sadismo de esta situación sobrepasa los límites de lo tolerable.
Todo esto podría evitarse si la ley chilena contemplase el aborto terapéutico o eugenésico, como paradojalmente he venido sosteniendo por años en este blog. La ironía del destino no puede ser mayor.
Jaime Guzmán defendía la penalización del aborto, como ocurre en estos momentos, porque según él "La madre debe tener al hijo aunque este salga anormal, aunque no lo haya deseado, aunque sea producto de una violación, o aunque tenerlo derive en su muerte". La misantropía sicopática de ese sujeto es inquietante, pero que su estupidez continúe siendo ley de la república es inaceptable. No quiero pensar que esto derive en complicaciones mayores y que después de llevarla a urgencia, a mi madre le digan que perdió a su hija, a mi que perdí mi hermana, y a mi cuñado que se quedó viudo a los 28 años.
Mi hermana debiese tener la opción de elegir un aborto terapéutico o espontáneo apenas comenzaron las sospechas de esta terrible condición. Pero no fue así y los médicos se han dado vueltas sin ofrecer una solución, constreñidos por una ley basada en oscuros preceptos religiosos defendidos por una piara de maniáticos.
Aclaro que lejos de ser un embarazo no deseado, mi hermana no tenía intención alguna de interrumpirlo, todo lo contrario, estaban todos vueltos locos con la guaga, y en su candor, mi cuñado ya tenía comprada cuna, mamaderas, y un montón de cosas. Pero con tal de impedir el aborto a voluntad, han llegado al extremo de prohibir cualquier aborto, arriesgando vidas y exponiendo la gente a torturas síquicas.
BASTA
Por demasiado tiempo hemos convivido con la grotesca ley chilena. Llegó la hora de rectificar esta anomalía y legislar sobre el aborto. Muchos creen que las elecciones son inútiles y que la política tiene que ver con el blindaje para unos o un cupo ministerial para otros. Pero en realidad sino nos volcamos a la política, la política — como en el caso que describo —, se vuelca contra nosotros.
Michelle Bachelet ha sido enfática en proponer legislar sobre el aborto, pero recién podrá asumir el mando en marzo, tres meses después que se realice la última junta médica para decidir qué hacer con mi hermana. Patéticamente, Matthei llega a la bajeza de decir que
no se debe gobernar contra la Biblia. La derecha me repugna y ojalá que esta señora Matthei se dedique a otra cosa luego de perder por masacre.
Aprovecho esta tribuna para llamar a votar por Michelle Bachelet y evitar que otras mujeres tengan que sufrir innecesariamente, como lo hace mi hermana, y que se restituya el aborto terapéutico y se contemple el aborto eugenésico. La penalización actual del aborto es insostenible y no aguanta un día más. Exijo que se termine esta aberración, y que se termine AHORA YA.