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jueves, 18 de enero de 2018

El ocaso de la iglesia de Roma

El ruido ambiente
y soledad de la ciudad
nos aíslan de todo.
El mundo que gira al revés
pretende sumergirme en él,
ahogando mis ideas.
⎯"Aquí", La Ley


Jorge Bergoglio intenta revertir el declive final del catolicismo

En Chile Liberal establecimos dos condiciones para que la visita del Papa Bergoglio no se saliera de madre: ni una palabra sobre el aborto, ni referencia alguna a la entrega de soberanía al autócrata Evo Morales. Considerando la reciente visita papal a Birmania, donde se reunió con la asesina Aung San Suu Kyi sin mencionar rohinyás frente a ella, pensamos que a pesar de sus notables desatinos verbales, la visita se enmarcaría dentro de lo que corresponde a una cuestón pastoral. Si es así, corresponde que los liberales garantizásemos que los adeptos de la iglesia autoproclamada "universal" reciban en un ambiente de calma a su gurú.

Bergoglio despega rumbo a Perú y, salvo una referencia muy menor a la vida y un par de perogrulladas sobre los casos de pedofilia, podemos decir que se logró una especie de tregua entre ateos y creyentes. Por su parte, los individuos que cultivan la filosofía cartesiana y la gente de cariz progresista pudo en paralelo deleitarse con el streaming del Congreso Futuro si es que interesa más la cura del cáncer o el poblamiento de Marte que las homilías.

Escuché en BBC World Service ⎯radio de cabecera de este sitio⎯ un comentarista explicar a los oyentes del mundo que la visita a Chile era la más difícil del pontificado de este Papa. Se esperaba más expectación que fervor, y cuando no, hostilidad. La visita es más un hecho mediático que una experiencia espiritual. La iglesia de Roma atraviesa una aguda crisis en Chile producto del nuevo talante escéptico del público chileno. La baja convocatoria que esperaba a Francisco refrendan todo aquello.

Chile se une así a la tendencia de Europa. Con el desplome de las ordenaciones, la cantidad magra de feligreses en misa los domingos, una curia en la ruina económica (su ruina espiritual es sabida) y un soft power exangüe, no es descabellado afirmar que estamos en presencia de lo que los enciclopedistas sólo soñaron como ilusión: el fin de la iglesia Católica.

El Papa Joven
Hace algunos meses con Chanchi nos dimos un  binge watching de la serie The Young Pope, del realizador oscarizado Paolo Sorrentino ("La Grande Bellezza"). Hicimos un bœuf bourguignon, que se cocina a fuego lentísimo, para disfrutar de todos los capítulos de esta magnífica serie.

La trama nos debe interesar tanto a nosotros, los ateos más feroces, como a los católicos más acérrimos. Muere el Papa y se realiza el cónclave (similitudes con la novela Conclave, de Robert Harris). Los purpurados, contra todo pronóstico, proclaman como su líder a un Papa joven, Lenny Belardo, arzobispo de Nueva York. Asume como Pio XIII.

En un encuentro con jóvenes, en Maipú, un suburbio de Santiago, el Papa Francisco trató un poco de sintonizar con este grupo etario haciendo símiles con cuestiones tecnológicas e incluso citando las letras de un tema de La Ley, una banda de rock chilena (ver epígrafe). 

Lo que hace Francisco es en apariencia relativamente sensato. Los swinging 60s le propinaron a la iglesia, y a la religiosidad occidental en general, un golpe mortífero, del cual nunca se recuperó. Desde la píldora anticonceptiva a los Rolling Stones, pasando por el mayo del 68 en París, la contracultura de la posguerra empezó como una tontería juvenil pero acabaría siendo el establishment actual ⎯ en desmedro de las encíclicas se izó la triada de drogas, sexo y rock'n'roll.

The Young Pope, por su lado, nos narra la desesperación del Colegio Cardenalicio. Pio XIII, el Papa Joven, debe enmendar el rumbo, seduciendo a la juventud y al mundo moderno. Pero, ¡oh sorpresa! Sorrentino nos ofrece una provocación magistral. El Papa Pio XIII sí es joven. Más encima, muy sexy. Es caucásico, de habla inglesa. Pero nadie contaba con que el joven arzobispo de Nueva York fuese el Papa más ultraconservador y ultrarreaccionario imaginable ("los jóvenes siempre son más extremistas que los viejos")

El flamante Papa no quiere dirigirse a la masa que lo aguarda en la Plaza de San Pedro. Sabe que son una muchedumbre de curiosos y turistas, pero no fieles. Para reconstruir a la iglesia, se necesita purgarla de los tibios, de los católicos a su manera. Y de los modernistas dentro de la Iglesia. Hay que echarlos. Son ellos los que arruinaron a la otrora todopoderosa Iglesia Católica. 

El Papa Joven finalmente, ante la expectación mundial que concita (y que busca), se dirige al populacho. La serie nos va develando la tormentosa vida de Lenny Belardo. Desde su púlpito, el Papa Joven ve una pareja de hippies. Alucina. Esa pareja de hippies no es otra cosa sino los mismísimos padres de Lenny.

En el fondo, el Papa Joven aborrece esta cultura moderna y permisiva, porque ellos, una pareja de hippies sesenteros, constituyen el epítome de estas tonterías de moda. Sus padres hippies lo abandonaron en su infancia. Pio XIII es el vástago de esta cultura libertina y marihuanera. 

Su labor, más aun, es volver a los orígenes humildes de la iglesia, cuando era un grupo cerrado, perseguido por las autoridades. Ese hermetismo atraía a las multitudes y ahí residía su fortaleza. Esto de ir a mezclarse con el mundo moderno sólo acelerará su declive final.

El Papa Ratzinger era la apuesta de los purpurados por detener de alguna forma el derrumbe de la iglesia en la Vieja Europa. Fue un fiasco. Francisco es el control de daños. Un Papa latinoamericano puede al menos salvaguardar lo que queda del catolicismo romano en Sudamérica y África. El argentino lo sabe y por lo menos abandonó los coquetos zapatitos rojos Prada del alemán y se muestra como un hombre de hábitos frugales. Más que un teólogo, es un cura de pueblo. Conectar con los pobres es la última esperanza de la curia por no ser desplazados a la irrelevancia.

Bergoglio, a pesar de deslizar un apoyo a Marine Le Pen o de matizar la masacre de Charlie Hebdo, demuestra ser un personaje simpaticón. Lo suyo no es la abstrusa teología de Ratzinger ni el histrionismo rimbombante de Wojtila. Este Papa, al contrario del ficticio Pio XIII, quiere de alguna forma conectar con el mundo globalizado de la era digital.

Lo más probable es que fracase. Porque la iglesia Católica, francamente, ya está desahuciada. El problema es que en Chile no la reemplazaremos sólo con la frialdad cartesiana del Congreso Futuro. En un país donde perduran los obstinados bolsones de ignorancia, el vacío que deje la iglesia lo ocuparán los charlatanes, tarotistas, brujos, astrólogos y las tonterías budistas hare-krishna y neomapuches variopintas. No vaya a ser cosa que después de añorar el fin de la iglesia Católica, terminemos queriendo que muera, pero no tan rápido.

martes, 28 de noviembre de 2017

¿Debemos darle la bienvenida a Jorge Bergoglio?

Es menester que los no creyentes aseguremos que la visita de Bergoglio se efectúe sin contratiempo. Excepto si este señor se pasa de listo.

En enero del 2018 visitará Chile el señor Jorge Bergoglio. En un blog escéptico es un tema que reviste cierto interés. ¿Cabe boicotear los desplazamientos del director de la iglesia de Roma? ¿Es buena idea oponer feroz resistencia? ¿O es más prudente organizar actividades paralelas como forma de protesta constructiva? ¿Quizás es mejor ignorar olímpicamente a este tipo?

Conociendo a los lectores de este blog ⎯mucho comecura lee Chile Liberal⎯ lo más predecible sería azuzar los ánimos y comenzar a vomitar la más furibunda bilis anticlerical y excitar la animadversión contra un personaje que dirige una organización mafiosa, esclavista, intolerante, retrógrada, antisemita, homofóbica y pedófila. 

Pero es más interesante jugar a la provocación con los lectores y llamar a lo opuesto: démosle la bienvenida al "Papa". Escuchemos sus sermones. Costarán una millonada sus dislates sobre lo nefasto de la opulencia y que en cambio el camino bueno es la pobreza de Jesucristo, pero en fin, no le demos tanta vuelta al asunto tampoco.

La piedra angular de la sociedad que queremos construir los liberales se basa en la tolerancia, y en ella, el respeto a las creencias religiosas o irreligiosas son absolutamente esenciales. No llegaría al extremo de llamar a alabarlo, pero sí creo que es lo más elegante y sensato que el pontífice romano haga lo que tiene que hacer en Chile y lo haga en un ambiente propicio.

No es tan fácil, en todo caso. Aclaremos que, por lo indicado anteriormente, corresponde asegurar que los adeptos de la organización que pomposamente se denomina "iglesia universal" puedan acoger a su líder espiritual en un clima de respeto. A pesar que de parte de ellos el respeto ha sido, en el mejor de los casos, aleatorio.

Este "Papa", después de todo, no es ese alemán que había antes, uno que ya olvidé cómo se llama y no recuerdo si renunció o murió o se lo pitearon. Ése era un cabrón. Éste de ahora es apenas un cura de pueblo. No da para más tampoco.

Si la visita de Jorge Bergoglio se enmarca dentro de las funciones pastorales que le corresponden, entonces no debiese haber inconveniente alguno. Sin embargo, si este individuo comienza a confundir los planos y se inmiscuye en cuestiones políticas, entonces de golpe se acaba la visita pastoral y esto se pone color de hormiga.

Una indicación de lo que hará en Chile la tuvimos hoy. Bergoglio ha visitado Myanmar, país lejano y enigmático, brutalizado por décadas bajo una dictadura desquiciada. Todos conocemos el suplicio al que fue sometida Aung Sang Suu Ki, la célebre disidente birmana que inspiró a todo el planeta, y quien fuera galardonada con el Premio Nobel de la Paz, entre otros importantes reconocimientos, por el estoicismo y convicción con que opuso resistencia a los generales que torturaban su país. El año 2016 asumió el mando ella misma y el mundo aplaudió a rabiar. La líder pacifista era la indicada para dirigir la difícil transición a un régimen de libertades civiles.

Pero todo se fue al carajo. Esta señora pasó de la connivencia a comandar directamente el exterminio de los rohinyá, una etnia minoritaria musulmana en un país budista (los cristianos son una minoría ínfima). Considerados invasores y privados de libertades políticas, sólo podemos calificar de genocidio y limpieza étnica lo que esta Premio Nobel de la Paz está haciendo. El rockero irlandés Bob Geldof ha sido uno de los críticos más ácidos de esta farsante.

Bergoglio, como decíamos, de visita en Myanmar, debe haber cavilado bastante frente a la disyuntiva de optar entre mencionar el peliagudo tema del genocidio de rohinyás en el país, arriesgando crear una situación explosiva, o guardar silencio y hacerse el huevón, algo poco heroico y de paso traicionando sus propias convicciones (si es que tiene).


El Papa Peronista en Chile
Los sectores conservadores de derecha exigen a Bergoglio que condene la recientemente promulgada ley de aborto en tres causales. Por otro lado, los conservadores de izquierda, cercanos al peronismo ⎯segunda religión de este señor⎯, le piden que aborde la salida soberana que el autócrata Evo Morales exige a Chile en Twitter y en cortes internacionales.

La religión católica romana, así como la Biblia, deben ocuparse de la salvación de las almas, del catecismo, o por último, de disquisiciones trascendentales como determinar si las mascotas se van al Cielo o no cuando mueren. Pero, si la Biblia se considera no un texto místico sino un sistema jurídico, entonces volvemos a la época anterior a la separación de iglesia y Estado. Si esto ocurre, Bergoglio se excede en sus atribuciones.

Si el "Papa" hace una sola mención al aborto, entonces debe ser declarado persona non grata. Es inaceptable que una autoridad no elegida venga a sermonear sobre leyes que democrática y soberanamente se ha dado un pueblo libre, como en el caso del aborto. Peor aún si lo hace desde un púlpito con esa parafernalia grandilocuente y esas palabras altisonantes en lenguas muertas.

Más aún si sale con la monserga de la entrega de mar a su amigo bolivariano, Evo Morales. El día que Argentina devuelva Misiones y Formosa a Paraguay, cuando Francia devuelva Alsacia y Lorena a Alemania, cuando EEUU devuelva Texas a México, y cuando Suiza o Austria tengan salida al mar, ahí quizás recién podremos considerar la entrega de soberanía a Bolivia. Antes no.

No obstante la prudencia de Bergoglio en Myanmar, un impasse político o geopolítico no podemos descartarlo teniendo ya como antecedente la grosería en sus audiencias con el excelente Presidente argentino Don Mauricio Macri, en contraste con la calidez con que recibe habitualmente a la cleptócrata Cristina Kirchner.

Conducir al líder romano a la frontera y considerarlo persona non grata serían medidas extremas. Pero él también debe entender que viene a cumplir una tarea específica: reunirse con sus fieles, quizás los de Osorno querrán decirle un par de cosas, eso es cuestión de ellos. No corresponde al resto entrometerse. Del mismo modo, el Papa peronista no debe opinar en lo que no compete.

El año 2016 los ateos vivimos la experiencia religiosa de recibir en nuestro país a Sus Majestades Satánicas en el marco de su gira latinoamericana. Los Rolling Stones trajeron su trinidad de drogas, sexo y rock'n'roll al país y lo hicieron sin contratiempos (no olvidemos lo que le hicieron a Iron Maiden durante la Transición chilena). Jagger, Richards y compañía se comportaron excelente y brindaron un show de lujo. Luego fueron a Cuba y anunciaron el fin de la tiranía comunista que por seis décadas los censuró (mientras que Bergoglio va a Cuba y matiza las fechorías castristas)

Si nuestros sumos pontífices vienen al país tranquilamente, es hora de ser respetuosos y dejar que los otros también gocen con sus propios líderes espirituales.

Pero ya dijimos que hay un límite. El equilibrio es frágil. Las autoridades civiles deben estar dispuestas a defender los principios de una sociedad laica. Bergoglio debe circunscribirse a sus temas pastorales o ser expulsado ipso facto si sale con su cantinela provida o su agenda bolivariana.