
En la cumbre de Copenhague Obama debe ejercer liderazgo
Los líderes del mundo se reunirán en Copenhague para trazar un nuevo itinerario en la siguiente fase de la lucha contra el calentamiento global. La misión es titánica pero fácil de entender: reducir las emisiones de 50 billones de toneladas anuales de gases de efecto invernadero, cifra actual, a menos de 20 billones de toneladas el año 2050. EEUU parece dejar atrás la malicia de los conservadores norteamericanos quienes, bajo la ignorancia de George W Bush, se dedicaron minar la ciencia que proporcionó la evidencia sobre las desastrozas consecuencias del calentamiento global (y recordemos que hasta Ratzinger terminó culpando a los ateos por el cambio climático). Ya no tenemos tiempo para la sempiterna estupidez de los conservadores. Es hora de actuar.
La próxima reunión en Copenhague no debe ser un foro para declamar emotivos discursos sobre el medio ambiente. La conclusión de la IPCC, organismo de la ONU, fue que un aumento de más de 2º C acarrerá consecuencias negativas en el clima del planeta. El mismo panel de expertos concluyó que la temperatura puede aumentar entre un 1º a 6,4º C. Luego, el economista británico Sir Nicholas Stern notó que evitar una catástrofe, si es que se nos encontramos con el escenario por sobre los 2º C, costaría un 1% del GDP mundial. No hacer nada, podría destruir el planeta. En comparación, el salvataje internacional del sistema financiero ha costado 5% del GDP mundial. O sea, salvar al planeta es más barato que salvar a los bancos. Insisto que la estupidez conservadora ya tuvo su momento, ya no es hora de seguir escuchando a los negacionistas.
A continuación, una entrevista que Nick Stern concedió a The Economist
La próxima reunión en Copenhague no debe ser un foro para declamar emotivos discursos sobre el medio ambiente. La conclusión de la IPCC, organismo de la ONU, fue que un aumento de más de 2º C acarrerá consecuencias negativas en el clima del planeta. El mismo panel de expertos concluyó que la temperatura puede aumentar entre un 1º a 6,4º C. Luego, el economista británico Sir Nicholas Stern notó que evitar una catástrofe, si es que se nos encontramos con el escenario por sobre los 2º C, costaría un 1% del GDP mundial. No hacer nada, podría destruir el planeta. En comparación, el salvataje internacional del sistema financiero ha costado 5% del GDP mundial. O sea, salvar al planeta es más barato que salvar a los bancos. Insisto que la estupidez conservadora ya tuvo su momento, ya no es hora de seguir escuchando a los negacionistas.
A continuación, una entrevista que Nick Stern concedió a The Economist
La solución que Stern propone constituye destinar un 0,1% del GDP de los países ricos en mitigar el daño que producen los países en desarrollo. Esta es una cifra prácticamente imperceptible para los habitantes de dichos países. Él mismo sugiere que puede comenzar una nueva etapa en la evolución de la economía mundial con el desarrollo de las tecnologías verdes, que daría paso al mayor vigor económico que se haya visto. Si el señor Obama quiere complacer a todos quienes se hicieron ilusiones con él, entonces debe ser esta una de sus prioridades.
Existe consenso entre los economistas, y los propios editores de The Economist, que la solución es un impuesto al carbono. Recordemos que la creencia de que todo impuesto es malo es un mito conservador. Con este impuesto castigaríamos a los contaminantes y premiaríamos a los generadores limpios. El camino para el surgimento espontáneo de tecnologías limpias quedará expedito para quien desee tomarlo. Es hora de aplicar un impuesto al carbono.
En un mundo en que existe impuesto a la leche, al pan, al vino, al tabaco, a las personas, a las herencias, a los sueldos altos, a todo, me pregunto por qué en Copenague son casi nulas las posibilidades de que se los políticos se decidan por un impuesto al carbono (medida propuesta por los especialistas).