El desenlace trágico, aunque esperado, debe servir de ejemplo para legalizar la eutanasia
Valentina Maureira fue una genuina revolucionaria, muy en el estilo de Chile Liberal. Sin altisonantes discursos, sin puños crispados, sin salir a marchar, sin lanzar piedras, sin proferir amenazas, sin proclamarse una luchadora social, logró llamar la atención del mundo empleando uno de los medios más poderosos en la actualidad: un teléfono.
La niña de 14 años grabó un sentido mensaje a la Presidenta Michelle Bachelet para que la dejasen "dormir para siempre" y así acabar dignamente sus días ante la enfermedad incurable que padecía. Ya nos referimos a su caso en un post anterior.
Los sádicos de siempre quisieron hacerla cambiar de parecer y de algún modo lo lograron ⎯ al menos por unas semanas. La niña cambió de opinión o manifestó dudas, nos dijeron. Un caso en Argentina, de alguien que al parecer fue curado de una enfermedad similar, habría logrado persuadirla de no optar por un suicidio asistido. De nada sirvió.
Hace dos días Valentina Maureira por fin logró lo que quería: cerrar los ojos y dormir para siempre. Y así ha dejado atrás una enfermedad larga y dolorosa, la cual ella asumió con entereza.
Las imágenes de su multitudinario funeral son impactantes y reveladoras de lo hondo que caló su caso. Su testimonio nos conmina a no quedarnos de brazos cruzados ante el neomedievalismo universal y su indignante reguero de odio y sadismo.
¿Por qué no dejaron a Valentina partir cuando ella lo pidió? ¿Por qué extender una vida cuando ya su cuerpito no daba para más? ¿Qué haremos nosotros ahora que nos sentimos conminados por la memoria de Valentina a hacer algo?
En esta tribuna continuaremos nuestra batalla a favor de la eutanasia. Es la mejor forma de homenajear a Valentina. Expresamos nuestro más sentido pésame a su familia.
El Hôtel Lutetia es uno de los palacios más célebres de París, situado en el VI arrondissement, frente del mítico centro comercial Le Bon Marché, es favorito de los turistas, y según dice la historia es el primer mall del mundo. Un barrio elegante a pocas cuadras de la antigua residencia de quien escribe. En una de las habitaciones del hotel, el año 2013, dos abuelos, Georgette et Bernard Cazes, organizaron uno de los actos de desobediencia civil que más impacto han causado en mi persona. Los octogenarios se registraron como cualquier huésped, llegaron con sus maletas normalmente, y tranquilamente pidieron el desayuno a su habitación para las 8:30. Pero esa mañana no hubo desayuno. El mozo los encontró a ambos de la mano, posados sobre la cama, muertos por asfixia, con bolsas de plástico en la cabeza.
Georgette fue escritora, profesora de latín, y compañera por más de 60 años de Bernard, economista y filósofo, alto funcionario del gobierno francés. El actual barrio chic y el elegante hotel eran otro mundo durante la ocupación nazi. Fue en Le Lutetia, convertido en cuartel alemán de la Abwehr en los aciagos días de la década 40, donde Georgette recibió a su padre al fin de la guerra, quien había sido deportado pero no alcanzó a morir en los campos de concentración. Muchos se congregaron allí para recibir noticias de sus familiares, pero volvieron solos y devastados a casa. Georgette fue una de las excepciones. Y en ese hotel, décadas más tarde, luego de una vida de trabajo en favor de la cultura, la educación, el arte, el desarrollo económico y las obras de caridad, ella decidiría partir con el hombre de su vida al descanso eterno.
Es un lugar común decir que todos tememos a la muerte. Georgette y Bernard, en cambio, sólo temían a vivir el uno sin el otro. Fue en el comienzo de su vida matrimonial que pactaron partir juntos. "Temían más a la separación que a la muerte", declaró el hijo de ambos.
A un costado de la cama la policía encontró dos cartas en el que ambos explicaban su decisión. En una, dirigida al procurador de la República, se lee:
"La ley prohíbe el acceso a toda pastilla letal que permita una muerte serena. ¿Qué derecho tienen de impedirle a una persona que ha trabajado toda su vida, que no tiene deudas ni con el fisco ni con nadie, luego de una vida de trabajo y de voluntariado durante la jubilación, qué derecho tienen a obligarnos a sufrir crueldades cuando sólo añoramos dejar de vivir?"
En la segunda carta explican la decisión a su familia y conminan a su hijo a continuar la lucha. Éste último dio varias conferencias de prensa pero las autoridades y legisladores aún no han hecho nada para dejar que la gente pueda morir con dignidad cuando así uno lo desea. Debe ser terrible para los auto-designados dueños de la verdad el saber que gente autónoma y cultivada decide libremente poner fin a sus días cuando ya el sufrimiento se vuelve intolerable.
En Chile hoy nos estremece una historia similar. Valentina Maureira, de apenas 14 años, en vez de disfrutar su adolescencia y sacarse selfies con su smartphone como lo hace cualquiera de su edad, lo usa para grabar un video desde su lecho de muerte en que solicita respetuosamente a la Presidenta Michelle Bachelet que le autoricen una inyección letal que le permita "dormir para siempre". Las imágenes se han viralizado en Internet y acá las republicamos:
La Presidenta acudió a visitarla pero en vez de reaccionar enviando un proyecto de ley al Congreso, luego de meses ignorando los pedidos de su coalición de gobierno para legislar sobre la eutanasia, no ha hecho gran cosa. El vocero de gobierno se limita a comentar la situación, recordándonos que en Chile esto no es posible.
Tal como los amantes del Lutetia, yo me pregunto qué derecho tienen para obligar a individuos a crueldades de esta especie. No lo sabemos. Ellos tampoco lo saben. Países culturalmente mucho más libertarios como Holanda, Bélgica o Suiza ya han sostenido este debate y han optado por lo lógico: una ley que regule la muerte digna.
En Chile Liberal le pedimos a la Presidenta que acoja la solicitud de Valentina. Presidenta, hemos avanzado sobre el aborto, apenas con la despenalización en tres instancias, y una ley de unión civil homosexual, en vez de un matrimonio igualitario. No hemos avanzado mucho. Pero algo hemos avanzado. No obstante, en cuanto a la eutanasia, seguimos empantanados en las tinieblas neomedievales. Presidenta: HAGA ALGO AL RESPECTO.
La historia versa así: un niño pregunta a su padre, ¿qué es la democracia? El papá contesta: la democracia, hijo, es algo que tiene que ver con muchachos matándose entre ellos. El niño continúa: ¿y cuándo llegue mi turno, me mandarás a la guerra?
Para defender la democracia, cualquier padre manda a su hijo a la guerra, sentencia el hombre.
El niño se hace muchacho pero antes de convertirse en hombre, o para que se haga hombre, es finalmente enviado a las trincheras. Una bomba me quitado la vista, me ha quitado el habla, la audición, los brazos, las piernas, el alma, y me ha dejado en el infierno. Este Hades es el propio cuerpo convertido en un vulgar fiambre, que sólo continúa “con vida” gracias a aquellos que insisten en hacer sufrir a un individuo, prolongando la agonía y el dolor. Por si no se han dado cuenta aún, me estoy refiriendo al tema One, de Metallica, del ya mítico álbum Y justicia para todos...
Landmine Has taken my sight Taken my speech Taken my hearing Taken my arms Taken my legs Taken my soul Left me with life in hell
Yo añadiría y me ha quitado mi dignidad. La eutanasia consiste en evitar el innecesario y prolongado sufrimiento de un individuo cuya vida se extiende a la fuerza por orden de alguna legislación dictada sin que se nos haya consultado jamás. ¿A esto llaman democracia? Perdón pero yo no acepto que me sometan a tormentos. Los sofisticados equipamientos científicos que permiten prolongar la vida no deben usarse para intensificar el sufrimiento, más aún contra un individuo incapaz de expresar su propia voluntad. Wojtila pidió perdón a la ciencia por el acoso histórico; la ciencia (contra los designios papales) inventa estas máquinas que salvan vidas; y hoy se usan para extender la vida inútilmente. Vaya paradoja la de esta gente. Como si fuese poco, vean: Polémica por eutanasia a Juan Pablo II.
El video de Metallica contiene cortes de la película Johnny Got His Gun, basada en la novela homónima de Dalton Trumbo. En la historia, el niño que preguntaba ¿qué es la democracia?, al final de sus días, postrado en el hospital, sí logra comunicarse gracias al código morse. Empleando su cabeza, envía un sólo mensaje a las enfermeras, una y otra vez:
Kill me... kill me... kill me...
La enfermera finalmente cumple con la voluntad del aquel niño que veíamos al principio, hoy hecho hombre, pero muerto en vida por culpa de quienes envían a sus hijos a las guerras, y finalmente sometido al sufrimiento por los mismos que lo mandan al combate. Así de enfermo es este mundo.
¿Qué motiva a algunos a seguir prohibiendo la muerte digna (eutanasia)? ¿Qué los motiva a forzarnos a ir a la guerra contra nuestra voluntad y “dar la vida si fuese necesario”, para luego no dejarnos morir y condenarnos a un sufrimiento insoportablemente inhumano? ¿Qué enfermedad mental es esa que lleva a cometer estas atrocidades?
Esa enfermedad amigos míos se llama religión, y son los religiosos los únicos que insisten en prohibir que se cumpla el último deseo de una persona, o de sus familiares queridos a falta de la voluntad del afectado.
En aquella gran secta cristiana situada entre los Andes y el Océano Pacífico, Eileen Torrealba (21 años, auxiliar de enfermería, -ver foto a la derecha-) y Ana Quiroz (paramédico) enfrentan una posible pena de 10 años de cárcel bajo cargos de homicidio simple u homicidio calificado… por poner fin a la vida de una anciana abandonada, Rosa Guajardo, de 84 años, desahuciada, sin visita alguna, una pierna amputada, aquejada de dolores, con su piel infectada...
Desde luego, esto sólo puede ocurrir en un país dominado por la imbecilidad católica. En Holanda, país ilustrado, honesto y culto, la eutanasia no es un crimen. Si yo les dijiese que cada mañana me levanto y consagro mi bowl de Cornflakes con leche a John Lennon y que cuando tomo desayuno como del cuerpo de John, porque somos uno en el amor de Los Beatles, desde luego que acabaría en el manicomio porque sufro de alguna enfermedad mental grave. Cualquier cosa que yo diga sería producto de mi esquizofrenia y por tanto, igualmente descabellado. Sin embargo, aquellos que creen que una migaja de pan cambia su estructura molecular en un rito, tienen la desfachatez de enseñar de moral y ahora guardan silencio ante la extraordinaria injusticia que puede recaer sobre Eileen. De hecho, asumo que desde la pestilencia de sus altares incluso exigen los 10 años de cárcel a esta joven.
Desde el bastión libertario de este blog, invito a los lectores a que organicemos actos de desobediencia civil si es que la justicia la declara culpable. Simplemente, no es posible quedarse de brazos cruzados ante semejantes atropellos
Sin duda que hay grandes diferencias entre eutanasia y suicidio asistido. Y otros conceptos como ortonasia. Nietzsche decía que el cristianismo es una religión de esclavos que niega la vida, y nos recordaba que religión y moral son completamente diferentes. Si pretendemos reflexionar sobre el valor de la vida, es imperativo que abandonemos las creencias que promueven la cultura de la muerte.
Cristo, la exaltación de la la muerte La religión católica romana, dominante en todas las esferas de poder, tiene intereses creados en la eutanasia. Ellos desean destruir las emociones de una persona mediante el dolor para que así la gente pierda la razón y ahí actuar. El sufrimiento es su estrategia. Su objetivo final es la humillación para despojarnos de todo, hasta finalemente destituirnos de nuestra dignidad, para someternos a unas divinidades y a unos principios que no sólo son falsos y corruptos, sino que ponen en peligro nuestra civilización. Los idiotas vírgenes que estrellaron los American Airlines contra las Torres Gemelas murieron bramando “Allahu Akbar” (dios es lo más grande: huevadas) y seguros de que en el Paraíso, Dios les tendría 72 vírgenes a cada uno. Esto es una estupidez que puede destruir al planeta si es que pronto logran desarrollar bombas nucleares. Creer algo tan absurdo como que un pedazo de pan es el cuerpo de algún carpintero judío, es un concepto igualmente necio que el creer en 72 vírgenes en el Paraíso, y es contra esto que debemos luchar. Es la irracionalidad de las religiones las que tienen al mundo en peligro. Es hora de que saquemos la voz, amigos.
Jamás este sitio aplaudirá guerras, porque lo nuestro es la defensa de la vida. ¿Cuántas religiones no han declarado guerras? Prácticamente todos los conlifctos humanos tienen un detonante religioso. ¿Puede declararse una guerra en nombre del individualismo? Imposible. Por eso, Chile Liberal rechaza la coacción que ejercen los poderosos, que nos pueden mandar a conflictos armados, y luego nos niegan algo tan humano como es reconocer que la vida es algo bello y que la muerte la debemos asumir cuando ya no hay nada más que hacer.
No se confundan. Son los lunáticos los que defienden la cultura de la muerte. Ellos celebran la crucifixión de Jesús como acto de amor. Estas doctrinas absurdas llevan a cometer atrocidades. Y Eileen es una de las víctimas del descriterio.
Les invito a ver el video de Metallica que alguien subtituló, añadió interesantes notas, y lo subió a YouTube. Habrá que meter mucho ruido hasta que nuestros políticos y legisladores nos devuelvan la libertad usurpada, y qué mejor que los acordes de esta banda para reflexionar y reventarle los tímpanos a jueces, políticos, obsipos, legisladores, comandantes en jefe, hasta que nos devuelvan lo que nos pertenece: nuestra libertad individual.
Chile Liberal por la legalización de la eutanasia. Y un envío de fuerzas a Eilieen. Resiste.
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