Augusto Pinochet, 11 de septiembre de 1973
Los chilenos han reconocido que no puede pasar desapercibido el suicidio de Allende en el palacio presidencial
Con toda seguridad, Allende ha sido el peor presidente de la historia de Chile, y quizás del mundo. No habrá otro peor que él. A nadie hoy se le ocurriría regalarle un medio litro de leche a los pobres, congelar precios y emitir dinero hasta el hartazgo como parte de un plan de superación de la pobreza. Nadie haría alarde hoy de portar un fusil, o de bailar cumbia con Fidel Castro (o Chávez, etc).
Sin embargo, en medio de la paz republicana de hoy, es un motivo de horror el pensar que un ex presidente chileno, vivo en la memoria de muchos porque los hechos acontecieron hace apenas 35 años, se suicidó en el palacio presidencial mientras las fuerzas armadas bombardeaban su oficina en medio del peor caos del Chile moderno. Un hecho así no ocurre todos los días, ni creo que se repetirá en el futuro próximo.
En el programa de TV "Grandes Chilenos" la teleaudiencia ha querido rendirle un tributo no a un ex presidente marxista, sino a un hombre, compatriota nuestro, con defectos y virtudes, que murió mientras ostentaba el mando de la nación, cargo que ganó de manera legal. La ciudadanía no había tenido oportunidad de metabolizar el trauma del golpe. Hoy, cuando ni siquiera el propio Partido Socialista sería capaz de defender el programa de Allende, existe la madurez cívica como para despedir a este ex mandatario como se merece.
El programa chileno se basa en 100 Great Britons, originalmente concebido y transmitido por la BBC, televisora estatal británica. La idea era generar discusión y debates, y los hubo (número 1, Churchill; 2, John Lennon). Es imposible lograr un acuerdo unánime sobre quién es el mejor de todos los tiempos. Los ingleses lo saben y lo asumen con su flema característica. Los chilenos, gente de estructuras mentales colectivistas, se asombran porque no hay acuerdo sobre quién debe ser ungido como el mejor de la historia. Para evitar tener una diferencia de opinión, algo escandaloso en nuestra rígida sociedad, habíamos inventado el santo secular de Arturo Prat. A los niños se les enseña que él era el más grande y punto. No es necesario discutir, porque tener diferencias es malo: estar todos de acuerdo es bueno.
Espero que sea otro signo de madurez el que en esta oportunidad la gente piense en otro aparte de Arturo Prat como un Gran Chileno, si bien hay patrones que se repiten entre el Capitán Prat y el ex presidente: ambos se arrojan a lo absurdo, ambos dejan la cagada, ambos son suicidas, y terminan siendo aclamados como héroes.
Con toda seguridad, Allende ha sido el peor presidente de la historia de Chile, y quizás del mundo. No habrá otro peor que él. A nadie hoy se le ocurriría regalarle un medio litro de leche a los pobres, congelar precios y emitir dinero hasta el hartazgo como parte de un plan de superación de la pobreza. Nadie haría alarde hoy de portar un fusil, o de bailar cumbia con Fidel Castro (o Chávez, etc).
Sin embargo, en medio de la paz republicana de hoy, es un motivo de horror el pensar que un ex presidente chileno, vivo en la memoria de muchos porque los hechos acontecieron hace apenas 35 años, se suicidó en el palacio presidencial mientras las fuerzas armadas bombardeaban su oficina en medio del peor caos del Chile moderno. Un hecho así no ocurre todos los días, ni creo que se repetirá en el futuro próximo.En el programa de TV "Grandes Chilenos" la teleaudiencia ha querido rendirle un tributo no a un ex presidente marxista, sino a un hombre, compatriota nuestro, con defectos y virtudes, que murió mientras ostentaba el mando de la nación, cargo que ganó de manera legal. La ciudadanía no había tenido oportunidad de metabolizar el trauma del golpe. Hoy, cuando ni siquiera el propio Partido Socialista sería capaz de defender el programa de Allende, existe la madurez cívica como para despedir a este ex mandatario como se merece.
El programa chileno se basa en 100 Great Britons, originalmente concebido y transmitido por la BBC, televisora estatal británica. La idea era generar discusión y debates, y los hubo (número 1, Churchill; 2, John Lennon). Es imposible lograr un acuerdo unánime sobre quién es el mejor de todos los tiempos. Los ingleses lo saben y lo asumen con su flema característica. Los chilenos, gente de estructuras mentales colectivistas, se asombran porque no hay acuerdo sobre quién debe ser ungido como el mejor de la historia. Para evitar tener una diferencia de opinión, algo escandaloso en nuestra rígida sociedad, habíamos inventado el santo secular de Arturo Prat. A los niños se les enseña que él era el más grande y punto. No es necesario discutir, porque tener diferencias es malo: estar todos de acuerdo es bueno.
Espero que sea otro signo de madurez el que en esta oportunidad la gente piense en otro aparte de Arturo Prat como un Gran Chileno, si bien hay patrones que se repiten entre el Capitán Prat y el ex presidente: ambos se arrojan a lo absurdo, ambos dejan la cagada, ambos son suicidas, y terminan siendo aclamados como héroes.