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sábado, 20 de septiembre de 2008

Por qué Allende sí fue un "Gran Chileno"

“Se muere la perra, se acaba la leva”,
Augusto Pinochet, 11 de septiembre de 1973



Los chilenos han reconocido que no puede pasar desapercibido el suicidio de Allende en el palacio presidencial

Con toda seguridad, Allende ha sido el peor presidente de la historia de Chile, y quizás del mundo. No habrá otro peor que él. A nadie hoy se le ocurriría regalarle un medio litro de leche a los pobres, congelar precios y emitir dinero hasta el hartazgo como parte de un plan de superación de la pobreza. Nadie haría alarde hoy de portar un fusil, o de bailar cumbia con Fidel Castro (o Chávez, etc).

Sin embargo, en medio de la paz republicana de hoy, es un motivo de horror el pensar que un ex presidente chileno, vivo en la memoria de muchos porque los hechos acontecieron hace apenas 35 años, se suicidó en el palacio presidencial mientras las fuerzas armadas bombardeaban su oficina en medio del peor caos del Chile moderno. Un hecho así no ocurre todos los días, ni creo que se repetirá en el futuro próximo.

En el programa de TV "Grandes Chilenos" la teleaudiencia ha querido rendirle un tributo no a un ex presidente marxista, sino a un hombre, compatriota nuestro, con defectos y virtudes, que murió mientras ostentaba el mando de la nación, cargo que ganó de manera legal. La ciudadanía no había tenido oportunidad de metabolizar el trauma del golpe. Hoy, cuando ni siquiera el propio Partido Socialista sería capaz de defender el programa de Allende, existe la madurez cívica como para despedir a este ex mandatario como se merece.

El programa chileno se basa en 100 Great Britons, originalmente concebido y transmitido por la BBC, televisora estatal británica. La idea era generar discusión y debates, y los hubo (número 1, Churchill; 2, John Lennon). Es imposible lograr un acuerdo unánime sobre quién es el mejor de todos los tiempos. Los ingleses lo saben y lo asumen con su flema característica. Los chilenos, gente de estructuras mentales colectivistas, se asombran porque no hay acuerdo sobre quién debe ser ungido como el mejor de la historia. Para evitar tener una diferencia de opinión, algo escandaloso en nuestra rígida sociedad, habíamos inventado el santo secular de Arturo Prat. A los niños se les enseña que él era el más grande y punto. No es necesario discutir, porque tener diferencias es malo: estar todos de acuerdo es bueno.

Espero que sea otro signo de madurez el que en esta oportunidad la gente piense en otro aparte de Arturo Prat como un Gran Chileno, si bien hay patrones que se repiten entre el Capitán Prat y el ex presidente: ambos se arrojan a lo absurdo, ambos dejan la cagada, ambos son suicidas, y terminan siendo aclamados como héroes.

domingo, 18 de mayo de 2008

Arturo Prat fue un criminal de guerra

Los textos de historia deben revisarse y la figura de Arturo Prat debe ser cuestionada: el capitán fue un asesino de su propia tripulación

En Chile celebramos al maniático Arturo Prat simplemente porque desde niños se nos ha adoctrinado para adorar a este "santo secular", como lo describe William Sater. Acá no hay nada distinto de lo que hacen los gobiernos bolivianos, que adiestran a sus escolares para adorar a Eduardo Abaroa, supuesto héroe de la Batalla de Calama (no se preocupen si nadie ha escuchado de ellos, los bolivianos y los peruanos apenas conocen al gran Arturito Prat, aunque los descendientres de Abaroa ahora son chilenos y portan el apellido Luksic). Ambos son beatos de guerra, idolatrados en sus respectivos países simplemente para exacerbar el nacionalismo y lograr reclutar tropas. Pero lo más importante de todo es recordar que Arturo Prat fue un verdadero idiota.

Este sitio sostiene que en la vida debemos ser pragmáticos. Y si declaramos una guerra, esta debe ser justa, y es mejor ganarla que perderla. Arturo Prat declaró una batalla inútil, forzó a su tripulación a dar una pelea que era imposible de ganar, e hizo de sí el hazmerreír de Chile cuando declara en su arenga: "y si yo muero, mis oficiales sabrán cumplir son su deber". Pero su tripulación debió ser rescatada del mar por "el enemigo" ya que se estaban ahogando, mientras el enajenado capitán Prat saltó "al abordaje, muchachos" para ser muerto de un solo tiro ya que se había salido de sus casillas. De hecho, nadie lo siguió. Y si su tripulación era tan valiente, ¿por qué aceptaron ser rescatados por los peruanos? ¿Acaso no prefirieron morir? No, porque nadie hacía caso de las órdenes del mediocre oficial, asignado a custodiar Iquique a sabiendas que no había mucho que hacer, y fue enviado lejos porque era una molestia para sus superiores jerárquicos.

El rescate de los chilenos fue ordenado por Miguel Grau para no intensificar la carnicería inútil. Este hecho de gran humanidad significó un retardo enorme en el avance del Huáscar, con lo que finalmente se pudieron abastecer las tropas chilenas asentadas en Antofagasta (recodemos que el objetivo último era abastecer a las tropas chilenas que avanzarían por Atacama, y Pratcito sólo debía "molestar" para retardar el Huáscar y dar tiempo para que llegaran las vituallas). Si Grau hubiese sido un sádico como Prat, habría aniquilado a los chilenos que se ahogaban por culpa de Arturito y la flota peruana habría llegado a tiempo a Antofagasta para desbaratar las operaciones chilenas de abastecimiento.

Pero no olvidemos que al contrario de la actitud peruana, y del mentecato Arturito Prat Chacón, Carlitos Condell sí ganó el combate de Punta Gruesa gracias a su extraordinaria pericia como comandante de la Covadonga, llevando las embarcaciones a un roquerío donde hizo encallar al adversario, anotándose un triunfo a pesar de estar en desventaja. Desgraciadamente, luego de vencer a los peruanos de la Independencia, ordenó aniquilar a todos los sobrevivientes, ya rendidos, en avergonzante contraste con la actitud noble y humana de Miguel Grau. O sea, los chilenos de la Esmeralda se rinden, y fueron rescatados. Los peruanos de la Independencia se rinden, pero fueron exterminados: es hora de revisar los textos escolares.

Eduardo Abaroa es ensalzado en Bolivia porque ante un combate desigual, espetó: "¿Rendirme yo? ¡Que vaya a rendirse su abuela!". Los chilenos no titubearon en matarlos a todos. "¡Qué ridículo!", pensará un chileno. Claro, igual de ridículo que el Capitancito Prat que estaba más loco que una cabra y por eso fue que lo asignaron a la deteriorada Esmeralda. Pero no olvidemos que a los pequeños en Bolivia se los adiestra para que crean que Abaroa es un símbolo nacional, tal como en Chile con el calvo y barbudo capitán de corbeta.

Arturo Prat y Carlos Condell deben ser considerados como criminales de guerra, no muy distintos de Patricio Lynch. Y así como es hora de no enseñar más religión en los colegios para evitar el adoctrinamiento teológico, la enseñanza de Historia es necesaria pero debe estar a cargo de entes independientes. Bertrand Russell recomendaba que los niños estudiasen los textos de otros países, aparte de los propios, y que de ahí sacasen sus propias conclusiones (vean aquí un video de la versión peruana, y aquí una versión chilena). En Perú se enseña que Prat se lanzó al agua, ¿quién tiene la razón? Sería bueno inculcar el espíritu crítico en los escolares enseñándoles historia de modo inteligente y analítico, y no adiestrarlos en creencias útiles para el gobierno, porque muchos acontecimientos de la Derrota Naval de Iquique son discutibles.

Lo único indiscutible es la cifra oficial de bajas. Chile: 143, Perú: 1.

Este blog insiste en que Prat y Condell deben considerarse como locos y asesinos, o simplemente declararlos criminales de guerra.

lunes, 30 de julio de 2007

Arturo Prat: demente, inhumano, mal estratega

¿Tradición naval? Una monstruosidad. Sólo ron, sodomía, rezos, y golpizas
-Winston Churchill

Muchachos, la contienda es desigual. No entiendo entonces por qué Prat dió una batalla sabiendo a priori que iba a perderla. Más aún, cuando deja a 140 chilenos muertos y 62 heridos, sin considerar el irreparable sufrimiento que estos muchachos muertos dieron a sus mujeres o novias, y a cuántos niños habrán dejado sin padre, aparte de la pérdida de recursos humanos en una guerra donde estábamos en desventaja. Capitán Prat, si la contienda es desigual, si la corbeta Esmeralda era roñosa en comparación con el monitor Huáscar, si en esos momentos habíamos ocupado Iquique, territorio peruano, y más aún, apenas un peruano murió en combate, no entiendo qué tiene usted de valioso para Chile ni para nadie. Usted fue un demente, inhumano, y muy mal estratega.

El famoso al abordaje, muchachos fue la guinda de la torta. ¿A quién trataba de impresionar Prat? Ya habíamos perdido por no contar con un plan apropiado de defensa. Seguro que al saltar al Huáscar, él sólo podría lidiar combate contra todos los marinos peruanos. Le mandaron un balazo al energúmeno capitán chileno y punto. El resto de la tripulación fue aniquilado o murió ahogado. Gracias a la grandeza moral del capitán de navío Miguel Grau (a quien los chilenos en Punta Angamos mataron de un cañonazo), se logró al menos salvar a 62 marinos chilenos de esta carnicería inútil.

Arturo Prat no fue pragmático. Dicho de otro modo, no fue liberal. Ante el poderío del contrario, lo lógico era reconocer y admitir la realidad de la situación. La escuadra peruana era mucho más poderosa que la chilena en cuanto a poderío bélico. Había que rendirse no por una cuestión de cobardía, sino para evitar aún más pérdida humana. Nunca se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo, continuó Prat, como lo sabe cualquier chileno ya que se nos ha transmitido este meme en nuestra infancia. En todo caso, es cierto que nunca se ha arriado nuestra bandera. De hecho, la Araucanía fue el único lugar donde se opuso resistencia a los ataques de los invasores católicos. Pero lo concreto es que en Iquique, el 21 de mayo de 1879, no había posibilidad alguna de ganar ese combate, y el capitán Prat no hizo otra cosa sino arrojar a la muerte a su tripulación y perder personal absurdamente en una batalla inútil, en el contexto de una guerra que de todos modos íbamos a ganar. La demencia de Prat en ningún caso contribuyó a ganar el conflicto, todo lo contrario, él mismo protagonizó una bochornosa derrota.

Los japoneses no sienten afecto por los kamikazes. Nadie puede sentir admiración por entregar la vida en una guerra donde sólo está en juego una frontera. ¿Por qué tanto patrioterismo ordinario en la Derrota Naval de Iquique?

En cuanto a rendirse ante el enemigo, la arenga de Prat prosiguió (aún lo recuerdo) con espero que esta no sea la ocasión de hacerlo. Capitán, usted estaba mal de la cabeza. No había por dónde ganar la batalla. Su tripulación además tuvo que ser rescatada por el enemigo, tal como los soldados conscriptos argentinos cuando fueron salvados por los marines ingleses durante el conflicto de las Falklands.

Mientras yo viva, esa bandera flameará en su lugar. Correcto, capitán. Salvo que la bandera terminó en el fondo del mar con los cadáveres sin vida de su propia tripulación. No olvidemos: apenas murió UN peruano en combate. UNO.

Con un tono casi profético, el capitán Prat nos dice y si yo muero, mis oficiales sabrán cumplir con su deber. El deber es resistir ante el contrincante, no necesariamente morir ante él en un acto suicida. La verdad es que este combate es nauseabundamente eufórico, muy poco inteligente. Como estratega, Prat fue deplorable. Digamos que fue él quien patentó el infame concepto del “triunfo moral” del chileno, e inició la senda del “derrotismo”, tan nuestro. Prat es la personificación del triunfo moral. No logro entender qué tanto le celebramos.

Carlos Condell, un gran estratega, pero también inhumano
En cambio, un gran líder militar fue Condell al mando de la Covadonga, quien en el siguiente combate,
en Punta Gruesa, logró asegurar una victoria para Chile. El capitán Arturo Kamikaze Prat, en cambio, es el que se ha robado la película. Quizás algún siquiatra con talento para la sociología nos explique el verdadero culto a la figura de Prat, quien se ha erigido como un santo secular, un intocable, un capitán que arrojó a la muerte a sus muchachos y cuya derrota se ha designado como el inicio de nuestro período legislativo ordinario, que al juzgar por lo lento e ineficiente del trabajo (y la corrupción que ha costeado las campañas) se ha convertido en un período bastante ordinario, en el sentido de rasca. La presidenta además emplea la ocasión para dar cuenta al país de lo poco y nada que hemos avanzado desde los tiempos de Prat.

La viejísima corbeta Esmeralda fue asignada a Prat debido a su mediocre desempeño como oficial. En cambio, el competente y sagaz Condell logró asegurar una victoria chilena desobedeciendo a Prat. Cuando el Capitán Kamikaze pregunta ¿ha desayunado la gente? se viene a la mente el horror de la muerte. ¿Qué sentido tiene desayunar cuando sabemos que vamos a morir? Prat prosiguió con reforzar las cargas y a cumplir con el deber, ante lo cual Condell contesta con un lacónico all right, siguendo la tradición inglesa que había iniciado Lord Cochrane (ver la cita al comienzo de este artículo). Ese "all right" probablemente representa la impotencia del subordinado al ver la incapacidad y la falta de sentido de humanidad del superior jerárquico. ¿Qué hace Condell?, se pregunta Prat, cuando ve cómo el comandante de la Covadonga hacía caso omiso de sus absurdas órdenes; desde luego, Carlos Condell fue un gran estratega e iba a lograr un triunfo naval chileno a pesar de Prat. Desgraciadamente, luego de hacer varar a la Independencia, Condell ordenó asesinar a los peruanos que ya se habían rendido, mientras que Grau ordenaba rescatar a los chilenos sobrevivientes del hundimiento de la Esmeralda gracias al incompetente, lunático y suicida Arturo Prat Chacón.

Como conclusión, podemos decir que Prat fue el gestor de una carnicería inútil, beatificado y santificado por un país que, por su peculiar idiosincrasia, adora la derrota y festeja terceros lugares.

El spot de BancoEstado
Ya hay voces, los de siempre (
aquí, aquí y aquí) exigiendo que se retire del aire un spot donde se caricaturiza al chiflado e incompetente Prat. La verdad es que el año 2007 ha sido nefasto para la libertad de expresión: primero el gobierno llamando a la censura sobre Epopeya, luego la curia romana con Papa Villa dando un triste espectáculo, y ahora las Fuerzas Armadas con el famoso comercial del banco. Llama la atención que aún existan en el mundo occidental estas figuras “intocables”, quienes apenas alguien las critica o las pone en su lugar, saltan los Conservadores y llaman a la censura. Nadie es intocable y en una sociedad sana debe prevalecer siempre la libertad de expresión.

En el epistolario de El Mercurio leemos las siguientes joyas:

- No se puede pretender que una mofa antipatriota ayude a una promoción comercial.

Correcto. Pero es el consumidor quien decidirá, no pretendamos atribuirle a algún sujeto específico el don de decidir por el resto.

- Nadie puede dudar de la vida de Arturo Prat, que como hombre, como marino, como jefe de familia, como abogado, como profesor que a los 33 años murió en defensa de su patria, para que de un plumazo se le exponga al ridículo ante la ciudadanía que lo conoció en sus colegios como un héroe, ejemplo para la juventud.

La vida de Arturo Prat nos muestra un estudiante mediocre, un jefe de familia que prefiere dejar viuda a su mujer y arrojar a la muerte al resto de sus muchachos, como abogado no fue notable, y fue asignado a la Esmeralda por ser un oficial con capacidades más bien discretas. ¿Héroe para la juventud? Ser un kamikaze es un ejemplo nefasto.

- (...) falta de respeto a nuestros valores patrios, a nuestra sociedad y, especialmente, a la figura del comandante Prat.

El llamado a la censura por parte de sectores castrenses es el verdadero insulto a la sociedad. La figura del comandante debe ser Prat es más bien objeto de curiosidad y no de culto.

- Resulta incomprensible el afán de algunos de mancillar la memoria del capitán Prat, cuando resulta que justamente en estos tiempos lo que más necesitamos como sociedad es rescatar los valores de familia y amor a la Patria.

Resulta más bien incomprensible el afán de algunos de exaltar figuras: triste el país que necesita de falsos ídolos para exaltar sus valores. Recordemos que un país es el resultado de la unión voluntaria de sus miembros.

- Lo preocupante del tema va más allá. ¿Cómo una empresa fiscal (BancoEstado), organismo de Gobierno, financia una blasfemia de esta naturaleza?

El hecho que un organismo (semi-) estatal exista es la verdadera blasfemia. !A privatizar este banco, y Codelco también!

La obra "Prat"
Ya se montó hace un tiempo la obra de teatro "Prat", ante la cual los sectores castrenses una vez más llamaron a la censura y a la represión de la libertad de expresión. Si alguien considera que dicha obra fue inmoral, pues muy fácil: no la vea. Si no le gusta el spot del banco, ídem: cambie de canal. O por último, cámbiese a otro banco.

Reflexiones sobre la guerra
Comenzamos este artículo con una cita de Churchill. Durante la “Batalla de Inglaterra”, el ex Primer Ministro inglés agradeció a los pilotos de la democracia parlamentaria británica y pronunció la célebre frase en la historia de los conflictos humanos, nunca tantos han debido tanto a tan pocos. Ciertamente, en la lucha contra
los nazis estaba en juego no sólo una frontera, sino que la libertad misma de la humanidad. La Guerra del Pacífico fue una victoria de la República Liberal chilena, que al contrario de lo que se cree en algunos países aledaños a Chile, nuestros precursores liberales jamás buscaron el conflicto. Al contrario. La Guardia Nacional se desmantelaba, también se disminuía la cantidad de oficiales navales, siendo Arturo Prat uno de los oficiales prescindibles (de ahí que se la asignase a la vieja Esmeralda).

Si bien no podemos, por la naturaleza liberal de este sitio, exaltar la guerra, debemos decir que en ocasiones la humanidad debe tomar las armas y defenderse. En dicho momento, nuestra propia democracia parlamentaria, incipiente e imperfecta, era sin duda una de las más avanzadas de su época. La guerra se ganó para defender los ideales libertarios de nuestra república: la tumba de los libres, o el asilo contra la opresión. Si es necesario crear estos "santos seculares", la idea es que al menos haya sido uno con sentido humano, disciplinado, lúcido y un estratega brillante. Arturo Prat no cumple con ninguno de estos requisitos.