| Where do we come from? Where are we going? |
domingo, 3 de diciembre de 2017
Crítica literaria: "Origin", de Dan Brown
lunes, 19 de enero de 2015
Soumission
![]() |
"El islam es, reconozcámoslo, la religión más estúpida del mundo"
Michel Houellebecq
|
![]() |
| Houellebecq era portada de Charlie Hebdo el día del atentado terrorista |
jueves, 8 de enero de 2015
Je Suis Charlie
sábado, 3 de enero de 2015
Éxodo: La ficción se reinventa
sábado, 23 de enero de 2010
El problema fundamental de Haití

"En Haití, el vudú ocupa un lugar central en la celebración de los muertos como en el cementerio de Petionville, en Port-Au-Prince, donde una muchedumbre se congrega." Fuente: Le Monde.
Chile Liberal explora las causas de la pobreza de los grupos humanos
Haití es la nación más pobre de Occidente, mientras que su vecina República Dominicana es mucho más próspera. Ambos países comparten una misma isla, La Española. ¿Qué explica la diferencia entre ambos? Claramente, la geografía no es un factor determinante.
Muchos han estudiado a fondo las causas de la riqueza de las naciones, siendo el más célebre de todos el pensador escocés Adam Smith (en un próximo artículo, exploraremos los casos de Uruguay o Argentina, países que gradualmente se empobrecen, tema igualmente interesante y largamente olvidado). Smith se preguntaba por qué Inglaterra era mucho más rica que Escocia, y a su vez, por qué Holanda era más opulenta que Inglaterra. Hoy nos hacemos preguntas similares: ¿por qué Irlanda e Inglaterra, también países próximos y en la misma latitud, han sido históricamente tan disímiles en cuanto a desarrollo?
En general, los países sur-europeos son menos opulentos que los nor-europeos. Adam Smith notó que los países más avanzados tenían una división del trabajo mucho más profunda, lo que las hacía más eficientes. Max Weber, un sociólogo y economista alemán, estudió cómo la exaltación del trabajo duro y el ahorro que propugna el protestantismo fue un factor decisivo en el irrumpimiento de la economía capitalista, mientras que la ambivalencia (o desprecio) del catolicismo-romano hacia la acumulación de riqueza, junto con la celebración del ocio en desmedro del trabajo duro, incidirían en el atraso de la península ibérica, Italia y América latina con respecto a los países protestantes. Esto no es nada nuevo. Como tampoco es inverosímil que la extraordinaria ética confuciana, con su fanatismo hacia el trabajo, la honestidad y el sacrificio personal en beneficio de la comunidad, ha dado paso a los tigres asiáticos.
Lo que realmente distingue a una nación desarrollada de una subdesarrollada —o "emergente", como le llaman hoy—, es cómo su cultura premia al espíritu empresarial y emprendedor, entendiendo una empresa a LAN o el almacén de abarrotes de la señora Juanita. Al respecto, Joseph Schumpeter, un economista austro-norteamericano, nos señala lo siguiente:
"la función de los empresarios es reformar o revolucionar los esquemas de producción mediante la explotación de un invento (...) o una tecnología desconocida capaz de producir nuevos bienes o producir antiguos de maneras innovadoras,abriendo fuentes de abastecimiento de materiales o nuevas salidas para los productos, reorganizando la industria, y así sucesivamente."
(Fuente: Capitalism, Socialism and Democracy, Harper Bros 1950, p. 132. Traducción de Chile Liberal)
El culto a los muertos y su influencia en el mundo real pueden tener consecuencias devastadoras en la evolución hacia el racionalismo de los individuos y de una sociedad de individuos. Influenciados por el miedo a ataques de brujos o almas en pena, las comunidades pueden cometer todo tipo de bestialidades, como sacrificios humanos. Cuando la gente pierde la compostura, cuando la razón y la lógica son reemplazadas por sahumerios y conversaciones con los muertos, cuando los conflictos se resuelven con vendettas encargadas a espíritus malignos, no hay posibilidad alguna de que la ética rija el comportamiento, ni menos aún puede funcionar un sistema económico eficiente, ya que brillan por su ausencia la cooperación, la confianza y la predictabilidad, que son importantísimos para lubricar el traspaso de información que demanda una estructura económica.
Haití practica una de las formas más aberrantes de animismo, llamado "vudú". El siguiente extracto del libro The Central Liberal Truth nos ilustra al respecto:
[El dr. Hodges] ha elaborado una teoría sobre por qué Haití (...) es uno de los países más pobres del mundo. La teoría se basa en la cultura, no en raza, ni en creencias, ni habilidades. La culpa de la miseria en Haití claramente recae en la creencia en los espíritus del vudú que aún dominan la vida de los haitianos. Haití tiene una visión del mundo muy particular, proveniente de sus raíces africanas y templadas por la era de la esclavitud. Los haitianos ven el mundo de distinta manera que nosotros. La principal diferencia es que que en la tradición judeo-cristiana el hombre es responsable de su destino. Mediante la internalización de la culpa, nos hacemos responsables de nuestro entorno y de nuestras acciones. En contraste, los haitianos externalizan su culpa. Todo lo bueno y lo malo es atribuído a los espíritus. Como esto limita su responsabilidad, también limita sus potenciales.
Dicho de modo sencillo, significa que si un haitiano se roba un jarro de leche desde el hospital del Dr Hodges, él no siente vergüenza porque él cree que la oportunidad le fue conferida por los espíritus. En un nivel más complejo, significa que hay un límite a la forma en que la sociedad puede organizarse, y del nivel de avance que puede lograr su agricultura.
A un niño haitiano se le enseña que todo lo que ocurre a su alrededor es
obra de los espíritus. Él es criado para externalizar la maldad y para entender que su vida corre constante peligro. La gente cree que la verdadera razón que motiva a los haitianos para emigrar es su temor al gobierno. Esto es superficial. Ellos tienen miedo unos de otros, desconfían de los demás. El nivel de paranoia en los haitianos es alarmante.
Podemos concluir que la esencia misma del atraso haitiano es la falta de responsabilidad, las creencias absurdas, la irracionalidad y ausencia de control de su entorno. El emprendimiento en Haití es motivo de burla, más aún el prepararse para un terremoto. Todos estos factores redundan en su falta de planificación, ausencia total organización, anarquía y pobreza, tanto así que la carencia de infraestructura es el principal escollo en el esfuerzo internacional por hacer llegar ayuda.
Hoy en Le Monde aparece un artículo que aborda el problema del vudú y su influencia en el comportamiento y la siquis de los haitianos, donde se nos relata que ellos creen que los espíritus sabían que vendría un terremoto.
En una primera etapa, es nuestra obligación ética el colaborar en el socorro a los angustiados haitianos. Pero luego debiésemos abrir escuelas y bibliotecas, para que los haitianos empiecen a darse cuenta de su pobreza y opten por explotar sus recursos y comerciar con el resto del mundo. Luego, progresarán por sí mismos.
domingo, 27 de diciembre de 2009
Columnista invitada: ¿Debe prohibirse el burqa?
Los invito a leer la segunda entrega de este ciclo sobre el islam, por nuestra columnista invitada, Emilia, quien desde Canadá ahora aborda el tema del burqa. ¿Cuál es el papel del gobierno, la ley, y la religión en una sociedad abierta, pluralista y multiétnica? ¿Cuál es el límite al poder del gobierno en la vida de los ciudadanos? Estas entre otras varias interrogantes difíciles examinamos a continuación. Como siempre, están todos invitados a comentar.¿Debe prohibirse el burqa?
Por Emilia L.

Si los Talibanes han conseguido algo, ha sido convertir "burqa" en una palabra familiar. El burqa por supuesto se refiere a la prenda usada por algunas mujeres musulmanas que cubre todo el cuerpo, e impide a la mujer ser vista por otros, aunque que cuenta con una malla a la altura de los ojos para que ella pueda ver. El burqa es similar al niqab, que también cubre la cabeza y el cuerpo pero que deja los ojos expuestos.
Bajo el régimen Talibán en Afganistán, las mujeres estaban obligadas a usar el burqa si es que se atrevían a salir de sus casas. Ahora un grupo de musulmanas en Canadá está tomando acciones que van en la dirección opuesta. El Congreso Musulmán de Canadá (*) está demandando al gobierno federal del país que prohiba el uso del burqa y del niqab en público. Según esta agrupación, el burqa es un instrumento de opresión contra las mujeres y por tanto no tiene cabida en un país como Canadá, nación donde la igualdad de género es una tradición. Más aún, el burqa presenta riesgos de seguridad ya que un individuo, sea hombre o mujer, puede usarlo para robar un banco u otro establecimiento sin temor de ser identificado. Finalmente, el Congreso Musulmán dice que el burqa no es un precepto del islam ni tampoco se menciona en el Corán. Es más bien una tradición cultural de Oriente Medio que ha sido adoptada por los musulmanes de aquella región.
No todos coinciden con la exigencia del Congreso Musulmán. El Congreso Islámico de Canadá por ejemplo cre que la prohibición del burqa violaría la libertad de culto y de conciencia de las musulmanas que elijan usarlo. Ante esta afirmación, el Congreso Musulmán responde por muchas, sino una mayoría de musulmanas, quienes dicen que no es una opción usarlo, más bien es una imposición por parte de sus maridos y otros familiares cercanos. Ante esto, el presidente del grupo, Farzana Hassan, ha declarado en una entrevista en CBC Radio que la libertad religiosa no es absoluta.
La pregunta sobre si debe prohibirse el burqa o no presenta un dilema para muchos canadienses, independiente de su religión. En Canadá, los derechos de la mujer y la libertad religiosa son dos principios que la mayoría de la gente toma muy en serio. Pero, ¿qué pasa cuando ambos chocan?
Me parece que la idea del burqa como una amenaza a la seguridad merece mayor discusión. Tarek Fatah del Congreso Musulmán de Canadá ha descrito al menos un incidente en el país en que un individuo —un hombre, de hecho— robó un banco usando el burqa. ¿Es esta una razón para prohibirlo en público? Tal vez sí, aunque uno podría alegar que en ese caso las máscaras de ski, probablemente usadas en muchos más robos que los burqas, también deberían prohibirse. No parece poco razonable exigir que las mujeres muestren sus rostros en situaciones en que la identificación sea necesaria para evitar fraudes, al votar o sacar dinero del banco, por ejemplo. Pero sospecho que el potencial del burqa como facilitador de atracos es una afirmación un poco exagerada por parte de sus oponentes.
Además, me parece algu dudoso el argumento de prohibir el burqa para evitar que las mujeres sean forzadas a usarlo. Este es uno de los principales argumentos del Congreso Musulmán de Canadá. Sin embargo, a través de los años una plétora de restricciones legales se han aprobado sin que se perciba algún beneficio en pro de la "protección" de las mujeres. Por ejemplo, cuando Irlanda debatía sobre el permiso para el divorcio (finalmente aprobado en 1995) algunos sostenían que perjudicaría a las mujeres ya que sus maridos las abandonarían a ellas junto con los hijos. Una política irlandesa, Alice Glenn, hizo la ahora famosa comparación de una mujer votando a favor de permitir el divorcio con "un pavo que vota a favor de la Navidad". (Desde luego, en Norteamérica diríamos para el Día de Acción de Gracias). Glenn jamás se habría dado cuenta que más de la mitad de las solicitudes de divorcio son iniciadas por mujeres y no por sus maridos. Mientras que la mayoría de estas mujeres lo hacen no por el abuso u alcoholismo de sus esposos sino por descontento general con su matrimonio, no es difícil imaginar que prohibir el divorcio sí dificulta que una mujer se libere de un hombre como Carlo Rizzi en El Padrino. Por tanto, acá tenemos un claro ejemplo de una ley (prohibición de divorcio) que ostensiblemente intentaba ayudar a la mujer pero que termina perjudicándola.
No pongo en duda que el llamado del Congreso Musulmán para prohibir el burqa provenga de una genuina preocupación por el bienestar de las mujeres (aunque sospecho que también es un intento del grupo por resaltar una imagen positiva del islam ante los canadienses no-musulmanes, quienes en su mayoría pueden asociar aquella religión con el sometimiento de la mujer). La cuestión sobre si incluso en Canadá las mujeres deben libremente decidir si usan el burqa o no merece un examen a fondo. La idea de prohibir algo que nosotros personalmente podamos considerar opresivo me parece en el mejor de los casos paternalista, y en el peor, simplemente autoritario. Una analogía esclarecedora podemos encontrar en el caso de la mujer de Arkansas (EEUU) Michelle Duggar, (ver mi artículo en inglés al respecto) quien ha tenido al menos 18 hijos. En lo personal yo he decidido algo completamente diferente: he elegido tener un sólo hijo. Así como el Congreso Musulmán afirma que el burqa no es parte del islam, mi interpretación de Salmo 127:3-5 "bienaventurado quien se ha llenado de hijos" no me obliga a tener todos los hijos que mi cuerpo puede parir. Un comentarista sobre mi bienaventurado artículo aduce que a los Duggars les "lavaron el cerebro". No digo que no sea verdad, pero ¿quién soy yo para ir a decirle a la señora Duggar que no debe tener todos los hijos que su cuerpo puede resistir porque no es algo que yo consideraría una obligación religiosa?
Lo que nos conduce a estudiar el papel de la religión en una sociedad. Estoy de acuerdo con Farzana Hassan que la libertad de culto no es absoluta. Por ejemplo, las cortes de justicia han —correctamente— ordenado el tratamiento médico para los hijos de miembros de Ciencia Cristiana. Por otro lado, del mismo modo que los líderes políticos no deben imponer sus principios religiosos respecto al aborto, la homosexualidad, etcétera, sobre gente que no comparte su religión, aparte de casos extremos no corresponde al gobierno el decidir cómo los ciudadanos deben practicar su religión. En vez de recurrir al poder coercitivo de la ley, el Congreso Musulmán de Canadá debiese considerar una campaña educativa dirigida a su comunidad sobre por qué ni el burqa ni el niqab son obligatorios.
Aunque a fin de cuentas no tengo una respuesta definitiva sobre si el burqa debe o no prohibirse por ley en Canadá, me inclino más bien en contra de una prohibición. El conflicto ocasional entre los derechos de la mujer y la libertad religiosa no siempre es de fácil solución. Al intentar resolver el problema, debemos siempre mantener un delicado equilibrio entre las necesidades del individuo y las necesidades de la sociedad.
* El Congreso Musulmán de Canadá no ha hecho un llamado a prohibir el hijab o velo, el cual cubre sólo la cabellera de la mujer
miércoles, 16 de diciembre de 2009
Columnista invitada: "¿Deben prohibirse los minaretes en Suiza?"
Minaretes en Suiza: ¿Deben prohibirse?
Por Emilia L.
Traducido por Chile Liberal
Hace algunos años iba en automóvil por las calles de Caracas, la capital de Venezuela, junto al editor de una revista en la cual a veces escribo. En una misma cuadra divisé una iglesia católica, una sinagoga y una mezquita. Mi editor exclamó que en su ciudad los fieles de cada una de las tres grandes religiones monoteístas del mundo viven en perfecta armonía.
Pude fácilmente entender su orgullo. Toronto también se jacta de una diversidad religiosa similar. La pequeña iglesia luterana a la cual asisto ocasionalmente en College Street, por ejemplo, queda a pocos pasos de un templo budista, de dos sinagogas (en Kensignton Market, un barrio judío tradicional) así como de varias otras iglesias cristianas de diversas denominaciones. Aunque Canadá y Venezuela son naciones nominalmente cristianas, ambos países han recibido inmigrantes de diversas religiones, quienes han dejado su impronta en las sociedades de acogida. De modo que una mezquita como Masjid-El-Noor en Toronto, completa con su respectivo minarete (una alta torre adjunta), no parece fuera de foco en una gran urbe de un país neo-europeo como Canadá.
Pero es distinta la situación en la Vieja Europa. Al menos esa es la opinión de un 57% de ciudadanos suizos que en un plebiscito organizado el mes pasado votaron a favor de una reforma constitucional que buscaba prohibir la construcción de nuevos minaretes en el país. El minarete, mencionado anteriormente, es la torre adjunta a la mezquita desde donde son llamados los fieles, en los países musulmanes, para que realicen sus oraciones. * Suiza actualmente posee cuatro minaretes. La reforma constitucional no tiene como propósito el destruirlos, sino prohibir la construcción de nuevos minaretes en el futuro.
La reforma en sí misma se logró por iniciativa del Partido Popular Suizo, una agrupación de derecha que ocupó varios titulares el año pasado por proponer que las familas de los inmigrantes condenados por delitos fuesen deportados junto con el miembro que ha delinquido. El fundamento del Partido Popular para prohibir el minarete es que esta estructura simboliza “el islamismo político y la ley charía”. Ellos enfatizan la importancia de resguardar a Suiza de la supuesta amenzaza que presenta la islamización de Europa. Además —sostienen ellos— los musulmanes en Suiza seguirían con derecho a practicar su religión e incluso pueden seguir construyendo mezquitas (excepto con minaretes, claro está).
El resultado del plebiscito generó gran expectación. Por un lado, fue celebrado por muchos conservadores, incluidos varios que abiertamente declaran “Dios bendiga a Suiza” (frase más bien irónica ya que el país es bien poco religioso). Algunos vieron en esta decisión popular una especie de "ojo por ojo" contra las naciones musulmanes, por ejemplo Arabia Saudita, donde está prohibido construir iglesias cristianas. Por otro lado, algunos condenaron la prohibición por ser discriminatoria, e incluso racista. Estas críticas provinieron no sólo de parte de musulmanes, sino también de algunos líderes cristianos quienes vieron en esta restricción un atentado contra la libertad de culto. Algunos musulmanes fueron más allá y señalaron que la decisión fue injusta, destacando que las iglesias Ortodoxas serbias y templos sij (llamados también “gurdwaras”) están siendo construidos en territorio suizo. Otro comentario frecuente ha sido que los musulmanes en Suiza no provienen de teocracias islamistas sino de países relativamente laicos como Bosnia, de modo que poco pueden estar comprometidos en algún plan para “islamizar” su país de acogida.
Desde una perspectiva exclusivamente estética, comparto esta prohibición. Un minarete en sí parece bastante fuera de contexto en un paisaje de chalés y campanarios de iglesias. Los suizos no pueden ser catalogados como un pueblo practicante, a juzgar por los índices de asistencia a ceremonias religiosas, pero sí pueden estar muy aferrados a sus tradiciones, las cuales son parte de su propia historia. Y mientras naciones neo-europeas como Canadá o Venezuela han disfrutado de su cultura occidental por prácticamente 500 años (la ciudad más antigua en el continente americano es Santo Domingo, en República Dominicana, fundada en 1498), las raíces de Suiza se extienden por muchos siglos. Por ello es que algunos pueden considerar al minarete como una intrusión en tradiciones profundamente arraigadas.
Desde otra perspectiva, no puedo sino considerar al fantasma de la islamización, tan temido por el Partido Popular Suizo, como una treta populistapara ganar votos. El hecho que una mayoría de musulmanes en Suiza no sean radicales ni tampoco provengan de países donde el islamismo militante sea una fuerza considerable confirma mi sospecha, como también me reafirma el póster propagandístico del Partido Popular: una foto de un minarete con forma de misil, emergiendo desde una bandera suiza, y de frente mostrando una mujer con un velo negro. Además, lógicamente me sorprende un poco que si este partido político está tan preocupado por la invasión islámica, entonces ¿por qué no prohíben la construcción misma de mezquitas, lugares donde al parecer los temibles musulmanes aprenden sus lecciones, y no sólo los minaretes? No logro entender por qué el minarete es en sí mismo tan peligroso.En el transcurso de este debate es común que surja el asunto de la libertad de culto. Es cierto que a los musulmanes no se les prohíbe practicar su fe, ni tampoco se les impide la construcción de nuevas mezquitas. Así todo, la prohibición de minaretes —sin otra justificación que el supuesto simbolismo del poder del islam—, sí es sentida como una restricción arbitraria y autoritaria. Además, el argumento de que Suiza decidió lo correcto porque las naciones musulmanas hacen lo mismo es algo que no me convence. Llámenme etnocéntrica si quieren, pero me gusta la idea de que en Occidente estamos por encima de la idea de que la intolerancia se combate con más intolerancia. (Es todavía más dudoso afirmar que los mismos musulmanes a quienes les afecta la prohibición del minarete son los mismos individuos que proscriben la construcción de templos cristianos en sus países.) Desde mi perspectiva, creo que Occidente debiese ser un ejemplo de tolerancia religiosa al resto del mundo.
Conviene también referirse a la cuestión de las iglesias Ortodoxas serbias y templos sij, ambos permitidos en territorio suizo. Para ponerlo en términos simples, estas religiones no tienen las mismas connotaciones que el islam en Occidente. Mientras que hay pocos o ningún Cristiano ortodoxo “nativo” en Suiza, la iglesia Ortodoxa de Oriente no es muy distina del catolicismo o protestantismo (las principales religiones de Suiza). Más aún, los ortodoxos no parecen albergar ningún rencor particular contra Occidente. Ni tampoco los sij. A pesar de la distancia doctrinal con el cristianismo, el sij a nivel de fe y de individuos no es percibido como una amenaza en Occidente ni en la cultura occidental. El islam, y por consiguiente los musulmanes, sí son percibidos así. No cabe duda que los miembros del Partido Popular Suizo lo saben, de ahí su silencio sobre los gurdwaras y las iglesias ortodoxas.
Estoy segura que si un plebiscito similar se llevase a cabo en Canadá, yo habría votado a favor de permitir los minaretes, sin importar que no soy musulmana e incluso a pesar que me siento bastante incómoda con algunas prácticas del islam actual. Quiero creer que si viviese en Suiza habría votado de igual manera. Pero no soy suiza. No soy parte de un país con una tradición que se extiende por al menos un milenio, y no sólo por algunas generaciones de ancestros.
Sin embargo, a fin de cuentas, son los suizos los dueños de su propio país, y no cuestionaría como ilegítimo el resultado de una consulta que cumple con estándares democráticos. La mejor forma de revertir los resultados de esta decisión es mediante el diálogo interno y no con normas que emanan de una autoridad superior. Las discusiones que seguirán en este debate prometen ser muy interesantes.
(* El “adhan,” o llamado a la oración no ha sido el asunto en cuestión, como lo fue en el Reino Unido, dado que en Suiza el llamado a la oración se hace dentro de los límites de la propia mezquita.)



