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domingo, 14 de junio de 2009

¿Qué hacer con los pobres?

"Combata el hambre y la pobreza: cómase a un pobre" -Grafiti
Hace poco hablábamos en este sitio sobre el Ministerio de las Caminadas Tontas, y mencionábamos -con el humor de Monty Pyhton- las carteras absurdas que ha creado la administración de la socialista de izquierda Michelle Bachelet. Ahora, el socialista de derecha Sebastián Piñera ha anunciado su plan estrella para su eventual próximo gobierno: crear el Ministerio Contra la Pobreza.

Lo peor es que el billonario parece acertar, pero en el fondo yerra. Su equipo ha propuesto eliminar ministerios, lo que está muy bien, y así abrir la magnífica nueva cartera. Pero quieren cerrar Secretaría General de Gobierno. La administración de Piñera deberá enfatizar las habilidades comunicacionales si es que quiere ser un gobierno moderno y eficiente. ¿Por qué no mejor cerrar el ministerio de Educación, que se dedica a perpetuar la estupidez y la holgazanería?

El poder del Estado puede ser útil en algunas tareas, especialmente ante emergencias, pero es imposible que una cartera de gobierno saque a otros de la pobreza. La destitución material es producto de la falta de espíritu de superación, y ésta a su vez es producto de la falta de educación. De hecho, los pobres debiesen sentirse ofendidos de que el dadivoso Papito Estado venga a "sacarlos" de su condición. Nadie saca a otro de la pobreza. La gente sola sale de ella. Nuestra cultura católica la exalta ("bienaventurados los pobres"), y nuestras rígidas estructuras mentales creen que se necesita un aparataje estatal para ir a socorrer a otros. Permítanme expresar mis serias dudas al respecto. Como se está haciendo frecuente, Sebastián Piñera vuelve a perder el rumbo.

¿Qué hacemos entonces con las clases bajas? Los tratamos como tontitos para, en tono condescendiente y paternalista, ir a "sacarlos" de la pobreza? ¿Por qué no mejor azuzamos la inciativa personal para que la gente se forje su propio destino?

La respuesta de nuevo la proporciona Monty Python en el siguiente sketch. Y en Chile Liberal estamos de acuerdo con los genios del humor británico.


"¿Qué hacemos con las clases bajas?" - Monty Python (What to do with lower classes?)




"Debiesen atacar a las clases bajas, primero con bombas y misiles para destruir sus hogares, y luego, cuando huyan indefensos por las calles, rematarlos con disparos de ametralladoras. Luego, por supuesto, soltar a los buitres. Sé que estas medidas no son populares, pero la popularidad no es mi objetivo."

lunes, 27 de octubre de 2008

Post-operatorio Municipales 2008: No cantar victoria

La Alianza por Chile (derecha) ha ganado. Paradójicamente, se complican sus opciones presidenciales

El gran detalle de la elección celebrada ayer fue la caminata serena de la presidenta Michelle Bachelet hasta el colegio Verbo Divino. Fue caminando, acompañó a su madre a la mesa de votación, la gente se acercó a saludar a la mandataria. Las elecciones fueron tranquilas y el país puede decir que nuestra democracia sigue echando raíces.

Ningún sector puede adjudicarse un triunfo categórico, pero sí se marca un descenso en el apoyo al gobierno lo que es muy bueno: la Concertación debe revitalizarse. El New York Times, The Economist o el Financial Times ya manifestaron hace tiempo las críticas a la gestión de la presidenta Bachelet. Actuar ahora es tarde. Se espera un cambio de gabinete, consecuencia de lo poco efectivo del plan "segundo tiempo". Mi principal crítica a la gestión de Bachelet es justamente su pobre gestión ya que nunca logró contar con un equipo ministerial potente y ha sido incapaz de nombrar figuras contundentes en cada cartera (excepto Velasco, quien ha sido correcto).

La presidenta resumió muy bien la jornada de ayer: "La Concertación tiene que revitalizar su contacto con la gente, hay que escuchar el rumor de la calle para actualizar su mensaje y dar nuevos dinamismos a su acción política" (ver resultados en El Mercurio). Por demasiado tiempo la Concertación ha usado las elecciones como un mero trámite. Bastaba recordarle a la ciudadanía las monstruosidades del ex dictador para contar los votos que le daban el triunfo. Con Pinochet muerto, con un Lavín que se retracta de su apoyo al régimen militar y un Piñera que votó por el NO a Pinochet en 1988, la ciudadanía comienza a considerar a la Alianza una opción democrática válida. Esto es mérito del electorado que busca una opción alternativa producto del desgaste de la Concertación, no es fruto del trabajo de la Alianza.

Si la Concertación no logra enmendar el rumbo en cuanto a gestión—echar incompetentes y llamar a capaces—y si no actúa de manera implacable ante la corrupción—consecuencia del estatismo desmesurado que propugna—, la Alianza por Chile ganará la próxima elección presidencial no por convencimiento del electorado, sino simplemente porque la Concertación dejará de ser una opción atractiva.

Alianza, no canten victoria
El triunfo de ayer ha engolosinado al Soviet Supremo de la UDI. La Nomenklatura del partido ha emitido ayer un diktum donde sus jerarcas aseguran que hay otras alternativas presidenciales en su sector. Se nombran a los camaradas Larraín, camarada Lavín ("la decimocuarta es la vencida", dicen) y la camarada Evelyne Matthei (esta última cuenta con simpatías de Chile Liberal).

Hace un tiempo hubo un interesante intercambio epistolar en El Mercurio sobre las influencias del ideólogo de la dictadura y fundador de la UDI, Jaime Guzmán. Lo concreto es que el autoritarismo, corporativismo y desconfianza por las mayorías ha quedado obsoleto en Chile. La UDI si pretende la presidencia debe democratizarse y continuar su Glasnost iniciada con la elección relativamente democrática de los jerarcas de su nueva nomenklatura. La UDI es más transparente hoy que en 1988. La UDI es menos guzmaniana que antes, y hoy cosecha los beneficios. ¿Será capaz la UDI de darse cuenta que debe profundizar su proceso de democratización interna? El monumento a Guzmán debe servir como gesto de respeto al asesinado ex senador para, acto seguido, enmendar el rumbo y alejarse de su figura, tal como lo hicieron los televidentes con el programa Grandes Chilenos: reconocen a Allende como un grande, pero votan por la derecha.

Si la UDI cree que el triunfo de ayer significa que el electorado reconoce la labor de Pinochet, se equivoca. Recuerdo haber visto por TV el funeral de Jaime Guzmán y el momento que tengo vivo en la mente fue ver a las floristas de la pérgola sollozando y lanzando flores a su féretro. La UDI no puede seguir mostrando desprecio a aquellos. No basta con llamarse "UDI popular" y usar su influencia en los campos para acarrear votos como lo hacían los grandes terratenientes en el siglo XIX. La UDI debe de una buena vez romper con la dictadura más brutal del Chile del siglo XX, y no seguir "haciéndose los huevones" para pasar piola como lo han hecho hasta ahora. Esta táctica no les brindará los resultados esperados porque sumando y sumando (ver gráfico a continuación), la Concertación y la ultraizquierda siguen siendo mayoría.
La UDI cree que ganó. Pero no. No ha ganado aún. Si realmente quiere capitalizar los resultados de ayer debe democratizarse y debe presentar sus candidatos a una elección primaria y competir con el gran favorito que ha sido Sebastián Piñera, y dejar que sus simpatizantes—no una oscura mesa directiva—decidan quién enfrentará al ungido de la Concertación (el oficialismo debe presentar un sólo candidato, ya se dieron cuenta que ir por separado fue un error). La Alianza debe organizar primarias y dejar que los aires del debate abierto refresquen su ideario. Si se rompe la Alianza o si vuelven a presentarse con dos candidatos, sus opciones se complican. Curiosamente, el triunfo en las Municipales puede conducir a una ilusión de triunfo en la UDI y llevarlos a creer que pueden ganar por sí solos. El electorado no se ha desplazado a la derecha, sino que ha sido Piñera quien se ha desplazado hacia el centro, atrayendo votos.

Si la UDI no lo capta, podrá seguir en la oposición pintándonos un país en ruinas, corrupto e inmoral. Es hora de que la derecha cambie el discurso fatalista y adopte algún eslogan similar a "la alegría ya viene", y terminar con la campaña del terror que viene pregonando desde el plebiscito de 1988. La Alianza no debe sacar a la Concertación por mero hastío del electorado. El bloque opositor debe empezar a ser más constructivo y a comportarse de manera presidenciable.

Por su parte, la Concertación no tiene tiempo que perder. Empiece por reorganizar su equipo de trabajo, presidenta Bachelet.

Un poquito de competencia hace bien, y mucha competencia hace muy bien. Por fin comenzamos a ver una política competitiva.


Créditos: fotos, gráficos y artículos de El Mercurio