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jueves, 19 de septiembre de 2013

Los ecos aún reverberan


En el día de las glorias del ejército, Chile Liberal pasa revista a las fuerzas armadas. Para ello, vamos a desmenuzar la excelente serie chilena Ecos del desierto y esperamos que sea el paso decisivo hacia el juicio y castigo a las atrocidades de la dictadura cívico-militar. Nuestra recomendación al próximo gobierno de Michelle Bachelet será derogar la ley de amnistía.

Si alguien aún no ha visto Ecos del deiserto, véanla. La calidad técnica, el guión, la interpretación y el contenido coronan a Andrés Wood como uno de los grandes realizadores chilenos. Felicitamos a Chilevisión por transmitir esta miniserie que sin duda será vista en Europa y el mundo para testimoniar las fechorías inaceptables de los represores chilenos.

La tesis de la serie sigue la línea que ha propuesto Chile Liberal. Los supuestos "excesos" o "confusos incidentes" ocurridos desde 1973 son insuficientes para explicar órdenes directas emitidas por el propio Augusto Pinochet para exterminar a destajo a quien fuera que fuese con el objetivo de amedrentar a la población, y todo sin un ápice de legalidad, constituyendo una doble falta en unas fuerzas armadas que se jactan de profesionalismo y de guardianas del orden legal.

El crimen relatado en la serie no guarda relación con el relato oficial de los polemistas ultraconservadores (porque no pasan de polemistas, jamás han sido comentaristas ni analistas) tipo Gonzalo Rojas o, principalmente, Hermógenes Pérez. Se ha hecho creer a algunos que en el esfuerzo por desarmar al país de los supuestos elementos extremistas se desataron tiroteos por parte de solados conscriptos o efectivos de menor rango y que producto del caos del estado de guerra sólo podemos hablar ya sea de daño colateral o de peligrosos asesinos abatidos correctamente en combate, hechos que difícilmente podrían constituir crímenes de lesa humanidad.

Completamente falso, como lo sabe la mayoría de los chilenos que ha rechazado desde siempre tanto a la dictadura militar como a los civiles que adularon al régimen y de pasadita ganaron no poca plata con las privatizaciones truchas y la corruptela generalizada que propició el mitómano y cleptómano Capitán General Augusto Pinochet.

El caso de Carlos Berger está plenamente documentado en la investigación del caso Caravana de la muerte, mundialmente infame, que finalmente significó el desafuero del autodesignado senador Pinochet luego de su orden de arresto en Londres, Reino Unido.

Lejos de ser una confusa balacera en que un conscripto de Pelotillehue portando un fusil más grande que él dispararía asustado al ver un guerrillero cubano armado hasta los dientes con explosivos y una Kalashnikov, Carlos Berger fue detenido en una radio de Calama por no cesar las transmisiones el día del Golpe, desobedeciendo el Bando nº 5 que ordenaba el cese de actividades comunicacionales. Berger continuó transmitiendo, por lo que fue detenido por una patrulla militar. Sin oponer resistencia, se entregó y fue sancionado con 60 días de reclusión en el regimiento de Calama, como dictó el tribunal militar y el consejo de guerra de la zona. Después de todo, la Junta Militar había declarado Estado de guerra en el país por lo que civiles eran juzgados bajo las leyes militares.

Hasta acá todo clínicamente perfecto: los militares siguen los procedimientos de sus superiores, la ley marcial se aplica correctamente. Cuando se acerca el fin de la condena, la mujer de Berger, la abogada Carmen Hertz, comienza a tramitar la excarcelación. Un misterioso helicóptero aterriza en la ciudad, Berger y otros detenidos son trasladados a un supuesto interrogatorio fuera del regimiento. Inexplicablemente fueron ejecutados, sus cuerpos no aparecerían nunca más.

La serie nos muestra varias ejecuciones profesionalmente frías, rigurosas, conforme a las leyes militares. Convengamos que si tú amiga o amigo lector portas armamento militar, corresponde que seas enjuiciado en tribunales militares. Ni hablar si disparas contra personal militar, éstos están plenamente autorizados a repeler el ataque. Alguien detenido o abatido en estas condiciones no tiene nada que alegar. La serie de Andrés Wood nos muestra un caso de personas transportando explosivos en una ambulancia. Como correspondería, fueron ejecutados, sin chistar.

Inglorious bastards
Pero lo que ocurrió con la comitiva encabezada por el general Arellano Stark está fuera de cualquier reglamento. La tesis y el conflicto que plantea la serie es brillante. Acá no hubo ni confusión ni tiroteos. El mismo ejército, que hace respetar la ley, que incluso da un golpe militar en nombre del orden constitucional, es capaz de seguir los protocolos de guerra. No obstante, un militar de alto rango aterriza en Calama, pasa a llevar la autoridad del gobernador local —el coronel Arturo Rivera—, sacan clandestinamente a los detenidos de la cárcel, vuelven a procesarlos en un juicio express, y a los pies del cerro Topáter, en medio de la Pampa, proceden a una cruenta ejecución sumaria en medio de insultos y consignas anticomunistas: el contraste con las otras ejecuciones —quizás moralmente reprobables pero impecablemente legales— es tan indignante como inaceptable. 

El capitán Moren Brito, uno de los miembros de la desquiciada Caravana, fue quien descargó sus balas contra Carlos Berger acompañado de un "muere comunista conch'etumare". Los cadáveres fueron sepultados en una fosa común no marcada. Tiempo después, las osamentas fueron extraídas para arrojarlas al mar y así no dejar huellas de la fechoría. 

En vez de actuar como hombres, con honor, como soldados, el estupefacto coronel Rivera encubre a los cobardes maquinando una historia tan estúpida como inverosímil: un desperfecto en el camión que los transportaba al "interrogatorio especial" fue usado por los presos para escapar y se les aplicó la ley de fuga, por lo que habrían sido baleados en el acto. Sólo el polemista de ultraderecha Hermógenes Pérez es capaz de creer tamaña imbecilidad.

Esto se llama violación a los derechos humanos, esto es un crimen de guerra perpetrado por agentes del ejército siguiendo órdenes directas del comandante en jefe del ejército, Augusto Pinochet, como fue demostrado y que finalmente le valió la detención el Londres y el desafuero.

"Vuestros nombres valientes soldados", nos obligaron a entonar en aquellos años. Sin duda, que desde nuestra emancipación hemos confiado en nuestras instituciones armadas, fundacionales de nuestra república. Hoy, 19 de septiembre de 2013, festejamos sus glorias. El caso Caravana de la muerte demuestra que bajo el Pinocho no pasamos de tener una soldadesca indisciplinada y psicopática. ¿Cómo podemos resarcir el daño?

Si como país somos capaces de ver estas atrocidades en la TV abierta, en horario estelar, sin que los carapintada salgan a las calles con las otros efectivos acuartelados, es una señal que hace tiempo el país está completamente preparado para investigar todas los casos pendientes. Esto implica derogar la Ley de amnistía. Cuando apareció Los zarpazos del puma, obra escrita que relataba los crímenes de Arellano Stark et al, fue espeluznante la reacción de una minoría demasiado numerosa que entre la indiferencia y la negación continuaba el letargo de la impunidad. Hoy, la vuelta del tablero es extraordinaria.

Ha habido 260 condenas pero apenas 60 cumplen penas de cárcel, con más de mil casos aún pendientes. Chile Liberal propone al futuro gobierno de Michelle Bachelet que tenga como prioridad el tratar urgentemente los temas de derechos humanos, y asegurarse que los ya condenados cumplan sus penas. Si esto implica un esfuerzo por derogar la Ley de amnistía, que así sea.


Una crítica a la serie: tell it like it is
No obstante la calidad de la producción, hay algunas cosas que en lo personal, en Chile Liberal habríamos hecho de otro modo, sin desmerecer en lo absoluto el alto nivel del trabajo presentado.

Los personajes son reales, pero hay elementos que, como lo hacía Shakespare y las grandes luminarias de la literatura, no son lineares, si no que evolucionan, involucionan, cometen errores, y los buenos a veces son malos y el espectador hasta a veces termina compadeciéndose por el malo, planteando un verdadero conflicto ético.

El personaje central, la abogada Carmen Hertz, muestra una férrea determinación para meter a la cárcel a los criminales de la comitiva. Un poco más de sofisticación nos habría mostrado más emoción en el personaje en su lucha por mantener la imagen glacial. 

Por ejemplo, un ripio en la historia es cuando la abogada comienza a sufrir el acoso telefónico de la CNI, que termina con el degollamiento de su empleada doméstica. En seguida la historia nos la muestra preparándose para huir a Francia, desde donde vuelve determinada a proseguir la batalla judicial. Acá —opinamos—, se perdió una gran oportunidad de mostrar como alguien puede estar a punto de quebrarse ante la injusticia, de modo que conmine el espectador para saltar de su sofá y empujarla a seguir luchando hasta meter a la cárcel a todos esos conchas de su madre, que llegaron a degollar a una joven de 18 años, embarazada, con tal de satisfacer su psicopatía. 

Al comienzo de su relato, la abogada participa en una reunión de coordinación con campesinos para administrar el loteo de tierras en la reforma agraria. El texto demasiado simple desperdicia una gran oportunidad para mostrarnos el convencimiento ideológico de ella, y su compromiso con los principios de la Unidad Popular, que finalmente gatillaron la ola reaccionaria anti-revolucionaria. Tal como está, da la impresión que fue una oscura funcionaria de gobierno, lo que no hace justicia a la caldera ideológica que fue antesala del golpe. 

Y en cuanto a los malos, la esposa del coronel Rivera es un personaje secundario que se perdió en la trama, a pesar que habría sido absolutamente fascinante ahondar más en ella, a quien no sólo veríamos participando en protestas contra la dictadura, sino que era la voz de la conciencia de su marido. De otro modo, queda demasiado la impresión que los buenos son buenos y los malos son malos, lo que termina por caricaturizar el conflicto.

Por otro lado, la escena clave es la ejecución de los detenidos en Calama. Si bien relatada impecablemente, faltó audacia. Debió mostrar los acontecimientos al extremo brutal del desquicio de esos chacales hasta que el espectador acabe perturbado. El contraste con las perfectas y reglamentadas otras ejecuciones habría realzado aún más el punto central de la serie. Eso puede ser obvio para nosotros, pero para el espectador internacional la tesis de la historia puede quedar poco clara. Y además, inexplicablemente, el arrojo de los cadáveres al mar quedó fuera del relato.

El interrogatorio en que el juez Guzmán confronta a Arellano Stark con Lapostol es extraordinario, en cuanto nos muestra la perversidad absoluta, pero bajo una lógica perfecta, de los asesinos, que justifican el matar al enemigo, matar a sus hijos y violar a sus mujeres para quebrarlos y así ganar la guerra, lo han hecho los alemanes, lo ha hecho todo el mundo, ¿por qué no podrían hacerlo ellos si su objetivo final, librarse del marxismo, era tan loable?

 Desde luego, uno como espectador debe quedar absolutamente en shock al corroborar el nivel intolerable de inhumanidad de estos altos oficiales del Ejército de Chile.

En definitiva, podemos declarar que este programa de tv ha sido la gota que rebasó el vaso, y que de paso ha causado un enorme cambio en el zeitgeist. 

Algunos se indignan porque no ha habido más justicia, incluso apuntan al otro lado de la cordillera, donde los represores (genial sustantivo que allá tanto usan) están prácticamente todos en la cárcel. Mientras que Leopoldo Galtieri y Rafael Videla murieron después de ser enjuiciados y arrestados, Pinochet se escabulló cobardemente tirando licencias médicas (Arellano Stark y Moren Brito igual, pero viven en cárceles de lujo). 

Pero Chile no es Argentina. Persiste en la población un deseo innato de respetar el profesionalismo de las FFAA, y se ha avanzado en justicia sin desmantelar nuestra institucionalidad. En Argentina, en cambio, el desprestigio de sus fuerzas armadas es total. Los que entran a ellas lo hacen para cobijarse con un sueldo estatal de los constantes estragos económicos de la cleptocracia argentina. En Chile se ha avanzado lentamente, sin afectar el tejido institucional, como es característico de nuestra idiosincrasia.

Pero ahora ya es impostergable el lograr una justicia total. En estos precisos momentos, los efectivos militares desfilan ante las autoridades civiles en el Parque O'Higgins, ante el aplauso unánime del país, y sabemos que las fuerzas armadas son obedientes ante la autoridad civil elegida. Así también, es prácticamente unánime la opinión pública que pide a los jueces castigar por los crímenes que todos conocemos. Ya nada justifica seguir de brazos cruzados. "Justicia en la medida de lo posible", se dijo alguna vez. Hoy, toda la justicia es posible.

La amnistías son necesarias cuando los pueblos viven períodos traumáticos de exaltación extrema, que impiden la serenidad necesaria para impartir justicia. Hoy impera la serenidad, el país ha elegido gobiernos de todos las tendencias políticas, la institucionalidad funciona. Nada justifica la amnistía. Deróguenla, terminen de investigar, y métanlos a todos a la cárcel, civiles y militares.

jueves, 5 de febrero de 2009

Más que un escote

La televisión diurna ("daytime television") es como un mundo paralelo y desconocido, al que uno viaja sólo durante las vacaciones, o los días de enfermedad, la vejez, o, desgraciadamente, durante los días de desempleo. Uno de los programas diurnos favoritos de vuestro corresponsal es Veredicto, en el canal de ultra-derecha Megavisión, conducido por una abogada de la Universidad Católica, la bella Macarena Venegas (ver foto izquierda). Por lo visto, serán muchos este año quienes conocerán los encantos de la hermosa jueza ya que el grupo de los desempleados va in crescendo.

Aparte del atractivo físico de la "señorita Macarena", como la llaman los litigantes, hay dos cosas de ella que me gustaría tocar: por un lado su revelación sobre un cáncer cervical (y la nefasta influencia de la religión papista), y la urgencia de privatizar las agencias de justicia.

Macarena ha señalado en esta entrevista que sufrió de esta mortal enfermedad y que en realidad casi no vive para contarlo, y que en otros países hay vacunas para evitar este agresivo cáncer, una de las principales causas de muerte en mujeres jóvenes. Efectivamente, existe una vacuna que previene el cáncer cervical (también llamado "cáncer de cuello uterino"), y es efectivo prácticamente en el 100% de los casos. Su eficacia depende de que se aplique a niñas de edad no superior a los 12 años. ¡Fantástico!, dirán ustedes. ¿Qué esperamos que no la aplicamos en masa a las niñas para erradicar esta enfermedad?, exclamarán. Estamos todos de acuerdo en la necesidad de vacunar.

El tema no es menor ya que justo hoy me entero que una de las más reconocibles celebridades del Reino Unido, la polémica Jade Goody (27 años, dos hijos), hace algunos años ganadora de Big Brother, ha revelado que este mismo cáncer que ella padece no logró ser eliminado con las quimioterapias, y sus probabilidades de sobrevivencia son muy bajas. ¡Si tan sólo se hubiese vacunado!, pensarán. Pues resulta que cuando el laboratorio inglés GlaxoSmithKline anunció que había descubierto una vacuna contra este cáncer y el gobierno inglés se disponía a comprar dosis para toda la población, adivinen quién se opuso tenazmente a la administración de la mentada vacuna... sí, ya adivinaron: Nuestra Santa Madre la Sacrosanta Iglesia Católica Apostólica Romana se opuso a la vacuna. Ocurre que el cáncer en cuestión es una enfermedad de transmisión sexual y como la religión papista tiene una tranca enorme con el sexo, prefiere que sigan muriendo mujeres en vez de vacunar. Claro, si las perras maracas tienen sexo, es mejor que se mueran. Invito a ver Catholich Church Warning y artículo de opinión en The Guardian.

Lo anterior no es nada de extraño. Ya Pío XII se opuso en su oportunidad a la vacuna contra la viruela. Hoy, el papismo se opone a otra vacuna. Macarena Venegas tuvo la enorme suerte de sobrevivir a esta enfermedad y nos dice que en otros países existen las vacunas que la previenen. (Un tema interesante para los liberales es determinar si es legítimo o no que el gobierno obligue a las menores a vacunarse. Por ser esta enfermedad una de carácter contagioso es una cuestión de salud pública, por lo tanto sí es legítimo.)

En este blog daremos la batalla cuando llegue la hora en Chile de vacunar contra el cáncer cervical y estalle la polémica. Ya lo dijo Adam Smith:
"La iglesia de Roma es la más formidable conspiración jamás formada contra la autoridad y seguridad del gobierno civil, así como contra la libertad, inteligencia y felicidad de la Humanidad." (ver fuente)

Volvamos al tema central de este artículo: el programa Veredicto. Como saben, en él se imparte justicia. Los casos varían desde un joven a quien quieren expulsar de una banda de rock hasta cuestiones como demandas de pensión alimenticia. Lo que tenemos que preguntarnos es por qué toleramos que sólo el Estado administre justicia, y no agencias privadas. ¿No es acaso Veredicto una forma de privatizar el Poder Judicial? Si contásemos con más agencias de este tipo, podríamos descongestionar los ya saturados tribunales. Por ejemplo, podríamos darle la oportunidad a gente como la modelo Adriana Barrientos para que sus 25 querellas del año 2008 las presente en otro lugar. Podemos dejar la "justicia estatal" para casos donde es imperativo el uso de la fuerza, y la "justicia privada" para el resto de los casos. Ambos tendrían que competir, así mejoraría la calidad de la justicia en cuanto a celeridad y ecuanimidad, y se permitiría el acceso a la justicia al grueso de la población lo que contribuiría a edificar una sociedad más justa y pacífica.

El funcionamiento de las agencias privadas de justicia estaría regulado, por supuesto, por las fuerzas del mercado. Una agencia privada necesita clientes y para ello debe proteger su prestigio. Este principio es un poderoso incentivo para su correcto funcionamiento. ¿Qué o quién incentiva a los tribunales estatales para que se desempeñen bien? Nada ni nadie.

En la medida que la rama judicial sea un servicio, es perfectamente privatizable. No hay nada que discutir. Al surgir estas agencias, luego pueden requerirse al momento de firmarse un acuerdo o contrato, cualquiera sea éste, y así evitar acudir a la lenta y desprestigiada justicia estatal. Esta iniciativa debe ir de la mano de la privatización de las agencias de seguridad y la privatización de Carabineros de Chile ("police").

Tribunales de este tipo ya existen a nivel internacional. Por ejemplo al firmar un acuerdo de libre comercio, las naciones suscritas a la OMC (WTO) también acuerdan someterse a los tribunales de dicha organización. Del mismo modo, individuos privados pueden someterse al arbitraje de una agencia particular. La idea no es nueva ni mucho menos, la plantea el pensador liberal Robert Nozick en su libro "Anarquía, Estado y utopía", y también han elaborado al respecto muchos otros pensadores.

Algunos dirán que esto no es posible. Pues entonces expliquen por qué existen "La Jueza" de Chilevisión, "Tribunal Oral" de Canal 13, entre otros, y todos con centenares de casos todos los días. Y éstas son sólo las versiones chilenas del internacionalmente famoso Judge Judy, y ni hablar del popular "Caso Cerrado" con Ana María Polo, probablemente el más exitoso a nivel Latinoamericano. ¿Ven que es posible? Pues bueno, habrá muchas juezas, pero bellas como Macarena una sola. Los dejo con un par de maravillosas fotos (ver fuente).