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domingo, 29 de julio de 2018

Agua en Marte

This sickening taste
Homophobic jokes
Images of fascist folks
Beam me up
'Cause I can't breath
Spaceman
I always wanted you to go
Into space, man
Intergalactic Christ


"Spaceman" (1996), Babylon Zoo


El descubrimiento de agua en el planeta Marte reabre interrogantes respecto a la propiedad sobre los recursos naturales y la libertad individual en el planeta Tierra

Nos enteramos que la Agencia Espacial Europea ha descubierto agua en Marte. Un tema de tal magnitud para el ciudadano de a pie no podría ser obviado acá en Chile Liberal. Los sempiternos aguafiestas aducirán que la presencia de agua en el Planeta Rojo ya se infirió hace varios siglos. Correcto. En realidad, si bien la noticia no deja indiferente, el agua en Marte y sus consecuencias en la Tierra nos invitan a reflexionar sobre nuestro pasado y a redescubrir principios liberales no muy bien acendrados.

Desde que el Homo sapiens ⎯especie a la que pertenece el autor de este blog y sus lectores⎯ apareció sobre la faz de la Tierra se ha preguntado cómo llegar a la Luna y las estrellas. Partiendo por los zigurat en Mesopotamia hasta el observatorio ALMA en Atacama en la actualidad, pasando por los heréticos descubrimientos de Galileo ⎯le valieron malos ratos con la iglesia llamada "universal"⎯, los humanos buscamos entender nuestra propia vida observando el movimiento de los planetas. Cuando Neil Armstrong bajó del Apollo 11 y finalmente pisó la superficie lunar puso fin a la Edad Contemporánea y empezó la Era Espacial. Momento cúlmine en la Historia. Apenas "un pequeño paso para un hombre pero un salto gigante para la humanidad", ciertamente, aunque no sirvió una mierda.

Todo el enorme gasto en la carrera espacial por parte de EEUU y la desaparecida Unión Soviética fue esencialmente una pugna política. Era de particular interés para los capitalistas norteamericanos porque obligaba a los rusos a gastar una cantidad monumental de dinero en algo inútil, perturbando aún más la ardua tarea de los planificadores comunistas que buscaban evitar el anunciado colapso económico de la improductiva economía soviética. Cuando la URSS finalmente se desplomó, EEUU  por su parte secó el presupuesto de la NASA.

El excéntrico empresario Elon Musk, probablemente el más grande héroe libertario de la actualidad ⎯ocupando el vacío que dejó Steve Jobs⎯ ha planteado una nueva carrera espacial pero esta vez desde el mundo privado. La empresa SpaceX ⎯que pareció una mera peladura de cables⎯, avanza a paso firme hacia el objetivo final que es transportar Homo sapiens desde la Tierra para colonizar Marte. Para eso es esencial al menos tener algo de agua por esos lares. Y agua ya se ha encontrado.

Esto nos plantea algunos desafíos filosóficos e ideológicos. ¿Qué pasará cuándo SpaceX logre su cometido? De hecho, ¿quién es el dueño del agua en Marte? Si la NASA o la Agencia Europea visualizaron primero Marte, ¿son ellos capaces de ejercer algún derecho de propiedad en el Planeta Rojo? Antes de preocuparnos de la propiedad de Marte valdría la pena aclarar quién es el dueño de la Antártida, el último lugar sin soberanías nacionales en nuestro planeta, o quiénes son los dueños del agua y de los recursos naturales en los países ya consolidados acá en la Tierra.

Por supuesto que la instalación de una colonia humana en Marte nos retrotrae al descubrimiento de América y la era de los colonialismos terrícolas. En el fondo, llegar a Marte no será muy distinto al asentamiento en los lugares remotos en la Tierra. ¿Qué derecho tenían los Conquistadores ibéricos o los Padres Peregrinos sobre el Nuevo Mundo? Ahí ya había habitantes, ¿qué derechos tenían esos habitantes iniciales sobre las tierras y los recursos naturales cuando emigraron desde Asia por el Estrecho de Bering o en embarcaciones desde la Polinesia? Sospechamos que los Padres Peregrinos terrícolas del primer SpaceX que llegue a Marte no encontrarán marcianos porque sino ahí la cosa se pondrá difícil: esclavitud, encomienda, o guerra civil. Incluso guerra interplanetaria.

Cabe preguntarse además quién gobernará Marte. De seguro todo empezará allí como una idílica sociedad de pares en que primará la igualdad y todo será bonito. Pero tal como ocurrió en la Tierra, el día en que el primer huevón allá sea capaz de comprar la capacidad de trabajo de otro ahí entonces alguien acumulará más capital que el resto, podrá controlar los medios de producción y lo próximo que sabemos es que nacerá el POM, Partido Obrero Marciano. Para evitar sobresaltos y asegurar una buena gobernanza en ese planeta ya nuestro senador Guido Girardi se ofreció para ser el Gobernador de Marte

Pero lo central es detenerse en el espinudo tema de la propiedad privada en Marte. John Locke, un pensador ilustrado inglés, ya caviló sobre estas materias en este lado del Sistema Solar en 1689 cuando publicó sus entretenida obra Dos tratados sobre el gobierno civil, en donde establece el famoso homestead principle

Lo anterior se reduce más o menos a que si tú eres dueño de ti mismo, o sea de tu propio cuerpo (y no prestas el cuerpo como arguyen los conservadores) y con ese cuerpo puedes aplicar trabajo a un recurso natural, entonces tú mismo te conviertes en el flamante dueño de ese recurso ya que legítimamente has hecho apropiación sobre él. En otras palabras, si caminas hasta un lago y vuelves con un balde de agua, puedes vender esa agua (o hacer un trueque) ya que la paja de ir a buscar agua y traerla es trabajo que realizas por ti mismo, y esa agua y el trabajo aplicado es tuyo. Si luego puedes emplear la fuerza de trabajo de otros y apropiare así de todo el lago, entonces eres dueño del agua. Por tanto, el agua no sería un "bien público" como aducen algunos hoy, si bien Locke no llega a ese extremo y sí establece que esa propiedad es legítima en cuanto puedan otros beneficiarse o quede propiedad para que otros también la ejerzan.

Así más o menos podemos empezar a entender quiénes serían los dueños del agua descubierta en Marte. Podríamos empezar a configurar como se harían los loteos de parcelas marcianas. Lo paradójico es que todos los que añoramos irnos de la Tierra para fundar un genuino nuevo orden libre en otro planeta estamos repitiendo el espíritu de los Padres Peregrinos y de los settlers y pioneros en Norteamérica, gente que en esos años huía de la opresión e intolerancia religiosa en la vieja Europa de rancias aristocracias y derechos de propiedad heredados de una generación a otra por una misma e inmutable clase dominante. 

América del Norte ofrecía una tierra por conquistar donde primaría el esfuerzo y la superación individual. Pero el proyecto guateó. Norteamérica hoy es una vulgar socialdemocracia donde los que ahí habitan, incluso quienes allí emigran, exigen "derechos sociales" en desmedro del verdadero espíritu americano, de raigambre protestante, individualista y anglosajona. 

Ni hablar del sur del Rio Grande donde desgraciadamente replicamos el orden medieval europeo y los derechos de propiedad aún lo ejerce la misma aristocracia castellano-vasca desde que se proclamaron las repúblicas emancipadas de la monarquía ibérica. O sea, empezamos mal y así nos ha ido.

Subirnos todos al nuevo Mayflower que construirá SpaceX será una nueva chance de irnos a otro mundo para esta vez sí crear una sociedad realmente libre, donde la iniciativa personal y el espíritu de superación pueda más que el socialismo, los derechos sociales y la opresión gubernamental, y sea un planeta de individuos auténticamente libres. No descarto que todo quede nuevamente en utopía y la historia se repetirá como tragedia.

miércoles, 16 de mayo de 2012

El deber hacia la tribu: Lo que faltó en Providencia

El liberalismo avanza, pero no debe olvidar sus raíces

La tribu se prepara para continuar la lucha
El domingo, lamentablemente, Cristóbal Bellolio no fue elegido el candidato para enfrentarse al alcalde incumbente de Providencia en octubre próximo. Desolador, sin duda. Pero para todos quienes llevamos años cultivando el liberalismo, ha sido un momento especial ya que antes jamás logramos ni siquiera meter ruido. La candidatura de Bellolio ha sido la punta de lanza, y el trabajo de Red Liberal ha sido fructífero. Pero así todo, no se logró el objetivo. ¿Qué faltó?

Con no mucha sorpresa me entero en el sitio de Red Liberal que muchos de sus miembros no concurrieron a votar. Cuando vi el debate que organizó el programa Mentiras Verdaderas, de Chilevisión, extrañé una defensa más resoluta de principios liberales de esencia más purista. Al privilegiar la transversalidad, el liberalismo perdió consistencia, y en el deseo de mantener un debate plácido queda la impresión que se abandonó la esencia misma de la filosofía política que cultivamos. Y, peligrosamente, sienta el precedente que el liberalismo es una ideología inasible para el ciudadano de a pie, una escuela de pensamiento que  sólo pulula en oscuros salones de universidades, en los rincones de las terrazas de los cafés, o en círculos acotados. 

El candidato Insulza, el abanderado de la Concertación, habló de reabirir comisarías de Carabineros. La ideología liberal, al servicio del pleno derecho de los vecinos de defender su seguridad, debe ofrecerle al ciudadano la libertad de contratar firmas privadas de seguridad, que remplacen a Carabineros de Chile, y promover lentamente la privatización de la policía estatal. Se perdió la gran oportunidad de demostrar la total incompetencia del alcalde Labbé al administrar una de las comunas más ricas de Chile pero con funestos resultados en cuanto a seguridad ciudadana. Los tres candidatos dieron a entender que se necesita más Carabineros. ¿Por qué no se defienden las libertades civiles privilegiando la seguridad privada? ¿Por qué no se dio un golpe certero a la mediocre administración del señor Labbé? Se perdió un gol cantado.

En segundo lugar, no podemos soslayar que sólo la ganadora dominaba al dedillo los temas municipales, y cómo no, si lleva años trabajando en terreno con la comunidad. Pero esta alcaldía es más que plazas y parques. Cuando el debate entró al terreno de la "alta política", Cristóbal y el candidato socialista se encendieron. Insulza destacó que él fue víctima del exilio, pero por qué el liberalismo no condena tajantemente el hecho vergonzoso que Labbé es un sujeto pagado con dineros públicos, obtenidos mediante la confiscación estatal perpetrada contra los contribuyentes, y que en esa calidad el infame homenaje al criminal convicto Krasnoff, realizado en dependencias municipales, es un atentado imperdonable a la institucionalidad del país y al contribuyente. El liberalismo debe ser el cancerbero de la plata recaudada de los ciudadanos mediante el atraco. Fue desperdiciada una oportunidad valiosa de defender un principio liberal fundamental, quizás por falta de reflexión sobre la naturaleza misma del impuesto.

Un tercer elemento fue la relación entre Calamidad Labbé y los estudiantes, considerando la forma Neanderthal en que se enfrentó el conflicto. La verdad es que Labbé desbarró en la forma. Pero en el fondo, la cuestión debe plantearse de otro modo: alumnos de colegios municipales se "tomaron" escuelas, causaron destrozos evaluados en 400 millones, vandalizaron dependencias, en fin. Es populismo químicamente puro el no condenar estas salvajadas. 

Un alcalde responsable debió primero intentar el diálogo, y segundo, si esto falla, el uso de la fuerza para desalojar y restablecer el orden es plenamente legítimo. Más aún cuando muchos de estos pelusones conculcaron a otros alumnos su derecho a estudiar, o al menos se podía buscar la forma de protestar sin abandonar las clases ni causar daños ni perturbar el año escolar de otros. Pero impedir clases terceros es una acto fascista. Y muchos alumnos fueron unos fascistas. Una cosa es protestar y restarse de las clases, y quizás boicotear de esta manera el año escolar, pero expulsar profesores de las instalaciones y pernoctar en ellas es algo impropio que el liberalismo, como ideología que defiende la libertad individual, no debe tolerar, porque la libertad de muchos estudiantes que sí querían asistir a clases se vio vulnerada gravemente.

Cuando Insulza se declara —orgulloso— un socialdemócrata, pareció dejar a Cristóbal sin piso. Si el liberalismo va a transar de tal modo que termina defendiendo lo mismo que un socialdemócrata, se diluye la esencia misma de nuestra ideología, al final desencantando a la tribu. La política es por esencia la pugna entre libertad e igualdad. Nunca ha convencido a Chile Liberal la nueva tendencia "post-ideológica" en que ambos, libertad e igualdad, acaban confundiéndose. La defensa acérrima y obsesiva de la libertad individual no admite subyugarla ante el igualitarismo. 

Se puede negociar o hacer jugadas tácticas, tal como en el ajedrez uno sacrifica una pieza para avanzar hacia el jaque mate. Esperemos que el extraordinario logro de situar a Red Liberal en el mapa político sea el comienzo para situar a nuestros principios en el mainstream político, y no para claudicar ante la oleada igualitarista que arrecia con tanta fuerza en este último tiempo.

Dicho lo anterior, envío un saludo a los amigos que he hecho en Red Liberal, y al propio Cristóbal, con quien compartimos unas cervezas en París y me dejó la mejor de las impresiones.

jueves, 12 de enero de 2012

Principio de no-agresión y aborto

Murray Rothbard ha sido, con toda seguridad, uno de los más gravitantes cultores del pensamiento liberal/libertario. ¿Cómo concilia Rothbard el principio de no agresión y el aborto? Pueden ver su contundente argumentación a favor del aborto en The Ethics Of Liberty del Mises Institute. Y a continuación, los invito a leer un extracto en castellano del Manifiesto Libertario de Murray Rothbard, enviado por gentileza del amigo Herr Löber, comentarista aquí en Chile Liberal, a quien además recientemente conocí en persona y tomándonos un café le pregunté si tenía este texto en nuestro idioma, aquí va: 

No hay un derecho más personal, una libertad más preciada para cualquier mujer que decidir tener, o no tener, un bebé, y cualquier gobierno que pretenda negarle ese derecho actúa en forma extremadamente totalitaria. Además, si una familia tiene más hijos que los que puede mantener adecuadamente, la mayor carga recaerá sobre ella misma; por ende, el deseo casi universal de preservar un buen nivel de vida inducirá a las propias familias a controlar la natalidad. Esto nos lleva al caso más complejo del aborto.

Murray Rothbard, 1926 - 1995
Para el libertario, la postura "católica" contra el aborto, aun si finalmente fuera rechazada como carente de validez, no puede descartarse. En efecto, la esencia de esa postura —que realmente no es "católica" en un sentido teológico— es que el aborto destruye una vida humana; por lo tanto, es un asesinato y como tal, no puede ser perdonado. Más aun, si el aborto verdaderamente es un asesinato, entonces el católico —o cualquier otra persona que comparta este punto de vista— no puede simplemente encogerse de hombros y decir que las posturas "católicas" no deberían imponerse sobre las no-católicas. El asesinato no es una cuestión de preferencia religiosa; ninguna confesión o secta, en nombre de la "libertad de culto", puede cometer impunemente un homicidio alegando que así se lo exige la religión. En consecuencia, la pregunta vital es: ¿El aborto debería ser considerado un homicidio?

La mayor parte de la discusión acerca de este tema no pasa de la consideración de nimiedades tales como cuándo comienza la vida humana, cuándo —o si— el feto puede ser considerado vivo, etc. Todo esto es verdaderamente irrelevante en lo que respecta a la legalidad (de nuevo, no necesariamente a la moralidad) del aborto. El antiabortista católico, por ejemplo, declara que todo cuanto reclama para el feto son los derechos de cualquier ser humano, en este caso, el derecho a no ser asesinado. Pero aquí hay involucradas otras cuestiones, y ésta es la consideración crucial. Si se le reconocen al feto los mismos derechos que a los seres humanos, preguntémonos: ¿Qué ser humano tiene el derecho de mantenerse, como un parásito indeseado, dentro del cuerpo de algún otro ser humano? Éste es el núcleo de la cuestión: el derecho absoluto de toda persona, y por ende de toda mujer, a la propiedad de su cuerpo. La madre que aborta extirpa de su cuerpo una entidad indeseada. La muerte del feto no invalida el hecho de que ningún ser tiene derecho a vivir parasitariamente dentro del cuerpo de otra persona.

Por lo general se aduce que la madre originalmente deseó implantar ese feto dentro de su cuerpo, o al menos fue responsable de ello, pero también esto está fuera de la cuestión. Incluso en el caso de que haya deseado tener al niño, la madre, como dueña de su cuerpo, tiene derecho a cambiar de parecer y abortarlo.

domingo, 24 de julio de 2011

¿Es legítimo que el Estado cobre impuestos?



"El impuesto es el precio que debemos pagar por vivir en la civilización"
Oliver Wendell Holmes

Muy a mi pesar, he tenido que rellenar la Déclaration de chiffre d’affaires y hacer mi cotisation trimestral. "Ouch!" fue mi comentario al ver la cantidad que debo pegar este trimestre por mis actividades. Lo que ha conminado a Chile Liberal a reflexionar sobre el siempre espinudo y controversial tema del pago de impuestos. ¿Es legítimo que paguemos impuesto? De hecho, ¿qué es el impuesto? En este artìculo pretendo establecer que desde una perspectiva liberal es plenamente legítimo que —bajo ciertas circunstancias— los individuos paguemos tributos al Estado, y que dicho desembolso no constituye ni un latrocinio, ni un saqueo de nuestros bolsillos, ni menos aún implica que el Estado sea el "asaltante de caminos", como normalmente arguye el conservadurismo ramplón con sus coloridas exageraciones.

Primero, estamos de acuerdo con John Stuart Mill, filósofo y economista británico, quien afirma que el impuesto es "una forma moderada de robo" ("a mild form of robbery"). Pongo el énfasis en "moderada", porque no es un hurto ni un atraco. Nadie paga feliz de la vida los impuestos, eso está claro, pero deben pagarse y quien se niegue debe enfrentar las penas correspondientes. En apariencia, es injusto que parte del fruto de mis labores deban ser entregadas —bajo amenaza de castigo si no accedo— al Estado, a pesar de que en ningún momento ni he firmado un documento otorgando mi consentimiento ni tampoco he acordado cuánto pagar, más aún es dinero que me quitan producto de "mi" propio esfuerzo. 

Pero, ¿es realmente "mi" propio esfuerzo? George W Bush hizo célebre su presidencia con la frase "It's your  money" para justificar las rebajas de impuesto, frase que buscaba graficar que el gobierno sólo devolvía lo que le pertenece a cada uno (si hubiese disminuido el gasto no habría dejado al país con un déficit de medio trillón de dólares, despilfarrando el histórico superávit que le dejó Bill Clinton). ¿Es realmente "mi" dinero? Chile Liberal sostiene que no. ¿Pero cómo? ¡Sacrilegio! ¡Hay que rechazar totalmente al Estado y el impuesto siempre es malo!, dirá el conservadurismo-anarquista en una de sus acostumbradas diatribas.

Pues se equivocan. Toda actividad productiva que yo realice no se debe exclusivamente a mi propio esfuerzo sino que parte del fruto de mi propio trabajo se debe a los beneficios que me entrega el Estado como por ejemplo infraestructura, capital social, seguridad, derechos de propiedad. Sin ellos, no podría producir nada. El economista Herbert Simon (premio nobel 1978) de hecho calculó que en los países más prósperos y avanzados hasta un 90% de la producción es gracias a los beneficios que entrega el vivir en un Estado, principalmente gracias al capital social. En ninguna parte la gente tributa un 90% de sus ingresos al Estado, por lo tanto, cada vez que pagamos impuesto de hecho estamos haciendo un gran negocio, ya que el capital social y el Estado de derecho nos permite producir una enorme cantidad de dinero y el Estado nos exige a cambio una cifra muy menor al 90%. Mirado bajo este prisma, difìcilmente se puede considerar "mi" dinero, sino que gran parte de él es plata que logré gracias al Estado.

Un estudio del 2005 efectuado por el Banco Mundial corrobora lo anterior al concluir que gran parte de la riqueza de un país se origina a partir de capital intangible, es decir, gracias al capital humano, el funcionamiento institucional de una nación, y el Estado de derecho, entre otros. El estudio concluye que el 82% de la producción de EEUU es posible gracias al capital intangible, y un 56% gracias al Estado de derecho. Podemos declarar con bastante seguridad que vivir en un Estado no es equiparable a vivir violentado por las leyes o poco menos que asaltado a cada momento por el maligno Estado. Gran parte de lo producido es gracias al Estado, siendo el propio Estado un factor más de producción, que en realidad facilita la producción y hace más expedito el funcionamiento del mercado.

Establecido que el impuesto no es necesariamente un robo violento, pasemos al segundo tema: el consentimiento. ¿Hemos asentido a que nos cobren impuestos? Siguiendo el punto anterior, podemos dar respuesta a esta pregunta si pudiésemos desmantelar el Estado, o si nos mudamos —libremente—a un país sin Estado. Pues para que vean ustedes, amigos lectores de Chile Liberal, en estos momentos se está llevando a cabo uno de los experimentos más curiosos que el mundo contemporáneo ha visto, y es el de eliminar por completo un Estado y dejar que las gentes vivan sus vidas sin coacción estatal, lo que en teoría —siguiendo a Fredereich Von Hayek, un pensador conservador austríaco— permitiría que surja el famoso "orden espontáneo", sistema maravilloso en que todos cooperamos libremente y de forma pacífica. Pues en Somalía se ha eliminado al Estado y el país ha vivido en lo que llamaremos, para claridad de este artículo, una "situación sin Estado". El Instituto Von Mises (inspirado en Ludwig Von Mises, otro pensador austríaco) publicó el 2006 el artículo Sin Estado en Somalía, y nos encanta, donde describen las maravillas que ocurren en Somalía, donde sus habitantes están mucho mejor que bajo las corruptocracias que los gobernaban, y en general auguran un futuro promisorio, donde la familia es la base de la sociedad y las tribus y clanes viven en el paraíso de la situación sin Estado.

Para mala pata de los seguidores de Von Mises, Von Hayek, y todos los Von en general, Somalía duró menos que un candy como  paraíso sin Estado —si es que alguna vez fue tan paradisíaco— y en estos momentos ha estallado una impactante hambruna, y —deliciosa ironía del destino— los "progres" de la ONU se han instalado en el país para alimentar a la población. Pues el resultado es que sin la malicia estatal lejos de surgir el orden espontáneo hayekiano, se desata el caos y la violencia, lo que impide cualquier forma de organización y menos aún de producción. Lo dicho anteriormente reafirma por qué es aceptable que el Estado cobre impuesto asumiendo que los individuos han entregado su consentimiento: si no quieren pagar impuesto, vayan a Somalía, ahí vivirán "libres". De paso, allá se pondrán a régimen y cada día será excitante, lleno de aventuras, pero lo más probable es que de producción naca la pirinaca. Ni siquiera los del instituto Von Mises cambiarían la exquisita sofisticación y al aire cosmopolita de .... um.... Auburn, Alabama, por la "libertad" del paraíso de Somalía. Chile Liberal en todo caso los invita a irse a Somalía y ojalá que se queden allá y que no vuelvan.

Hay un tercer punto que además conviene aclarar. El Estado en sí, a secas, no es garantía de nada. Corea del Norte es un Estado, y su población también ha sufrido las más atroces hambrunas. De hecho, es más fácil alimentar a los somalíes ya que sin Estado las fuerzas de la ONU pueden entrar y por último agarrarse a balazo limpio con las guerrillas hasta neutralizarlos y así posibilitar la distribución de alimentos, que entrar a Corea del Norte donde Kim Il Jong puede desatar un conflicto nuclear. Cuando hablamos de Estado al que nos referimos es a un Estado democrático, donde la autoridad es elegida por los ciudadanos mediante elecciones, donde el gobierno preserva las libertades, y donde los mismos gobernados participan en la promulgación de las leyes que los rigen. Nada de esto se observa en Corea del Norte, pero sí en la mayoría de los países donde, incluso por pobres que sean, no llegan a la humillación del hambre y la violencia como en Somalía. Dicho de otro modo, ni bajo los peores tiroteos en Ciudad Juárez se está peor que en Somalía. El asunto es como perfeccionar al Estado para que la imposición de la ley no afecte la libertad individual. Me parece que este es el desafío liberal, y no el discurso ramplón sobre la inmoralidad del impuesto. 

Cuando los individuos pueden ejercer ciudadanía, y participar de las leyes, y mediante esas leyes se fija la tasa de impuesto, entonces nuevamente constatamos que no hay nada perverso en exigir que se paguen, ni se vulnera la individualidad, sino que al contrario, todos participamos en la fijación de los tributos, por lo tanto, como se ha explicado aquí, es posible asumir que todos hemos consentido a meternos la mano al bolsillo y pagarle al Estado lo que corresponde.

Y finalmente un cuarto punto, uno altamente controversial, porque con lo anterior nos hemos enfrentado a los conservadores, pero ahora corresponde enfrentarnos contra los socialistas. ¿Cuánto es lo justo que debemos pagar? Porque ya establecimos que es aceptable que nos cobren, la cuestión ahora es determinar cuánto. Pues esto ya lo abordó hace muchos siglos el economista tunisio Ibn Jaldún. Claro, en el siglo 14 ya empezó a notar que el gobernante debía tener cuidado con cuánto cobrar porque si la tasa es demasiado alta, se desalienta la producción. (A todo esto, no vaya a creer aquí algún pajarito que la economía nació en la Escuela de Salamanca, no pues, si ya en Túnez existían profundos conocimientos sobre la materia, y fue desde aquí que mediante la Escuela de Toledo los "moros" —¡puaj!— le entregaron a los europeos todo el conocimiento que la iglesia Católica destruyó al arrasar con todas las bibliotecas del Continente, incluso la Biblioteca de Alejandría en África). A lo que apuntamos es que los impuestos siempre deben ser bajos. Esto es plenamente en línea con la postura ideológica de Chile Liberal de Estado mínimo y bajos impuestos. En sus estudios, Ibn Jaldún notó que llega un momento en que el gobernante hace más mal que bien en subir impuestos, y por contraintuitivo que parezca, al bajar impuestos el Estado logra recaudar más, ya que al reducir las contribuciones estimula la producción y cobrando menos impuestos termina recaudando más. Esto, como ya sabrán varios de mis amables y perspicaces lectores, fue el antecedente de la célebre Curva de Laffer, llamada así en honor al economista epónimo quien se inspiró en Ibn Jaldún para establecer justamente lo que proponemos: bajar impuestos hasta determinar el punto óptimo en que el Estado logra recaudar más interfiriendo menos. Algo simple pero imposible de entender para un socialista.

Como saben, les contaba antes que Chanchi sufrió de un inusual caso de sarampión. Bueno, al ir al médico tuvimos la desgracia de constatar que después del maligno robo que perpetra el Estado asaltante de caminos nos vimos obligados a sufrir las malicias del servicio de salud francés, elegido por la OMS como el mejor del mundo. Ahí, claro, no dije "ouch" sino que dije "wow". Los socialistas no se suban por el chorro, porque de todos modos se debe realizar un copago, no vayan a creer los pajaritos que el sistema es "gratis y de calidad para todos", nada es gratis, hay que pagar. El sistema funciona mediante un sistema de mutuales en que uno también puede contratar un seguro privado para no verse enfrentado a varias de las falencias del NHS británico (que sí es "gratis") donde hay que esperar más de una semana para conseguir hora con el médico y no es posible elegir el especialista, lo que obliga a muchos británicos a preferir atenderse en Francia. Pues es ahí donde es tarea de todos exigir calidad y que nuestro dinero se use como corresponde, con eficiencia. Pero despotricar hasta por los codos contra el Estado me parece más chifladura propia del Tea Party que algo sensato. Y ojo, que shut it down shut it down chilla el Tea Party para clausuar el gobierno y así ser libres. Pero hey, cuando llega la hora de los quiubo, hasta el Tea Party se opone a privatizar la salud. Contradicciones del anarquismo conservador. 

Lo de oponerse à la Tea Party a los impuestos y al Estado, aparte de intrínsecamente contradictorio y abiertamente estúpido, es una forma de conservadurismo deontológico de corte fundamentalmente moralista, que todo considera "agresión" y "coacción" y se opone a ello porque es malo. En este sitio desde siempre cultivamos un libertarianismo consecuencialista, que evalúa las acciones por el mérito de sus resultados, y seguiremos defendiendo una interferencia mínima del Estado y unas tasas tributarias bajas. En nuestro esquema, por lo anteriormente expuesto, es legítimo que el Estado nos cobre impuestos, y es obligación pagarlos.

viernes, 12 de febrero de 2010

Curiosidades del "liberalismo"

Una palabra que despierta pasiones en algunos

El liberalismo evoca diversas reacciones en las personas que escuchan y emplean el término, tanto para designarse ellos mismos como partidarios del liberalismo, o para calificar a otros como "liberales". Esto no es un tema menor ya que como hemos visto en este sitio, muchos tienen una extraña concepción de la palabra, y la diferencia también es marcada cuando se usa en diferentes idiomas.

La revista francesa Le Point, versión gala, por así decirlo, de The Economist, lanzó hace un tiempo un suplemento especial llamado Le libéralisme : Smith, Tocqueville, Hayek…. En él se dice lo siguiente:

Pourquoi en France, plus qu’ailleurs, le mot ” libéral ” est une insulte quand ” communiste ” n’est que ringard ? Pourquoi le libéralisme y est-il confondu avec ” capitalisme ”, la ” mondialisation ” et la ” loi de la jungle ” ? Qui sait que ce sont les libéraux qui ont aboli l’esclavage et promulgué les lois sur le syndicalisme ? Qui sait qu’aux Etats-Unis, les mêmes libéraux sont à gauche de Clinton ? Que l’on soit pour ou contre le libéralisme, il est indispensable de connaître les fondements de ce courant de pensée, ne serait-ce que pour comprendre les débats qui agitent aujourd’hui la France, de la réforme de l’Etat au problème de l’immigration. (...)

¿Por qué en Francia, más que en otras partes, la palabra "liberal" es un insulto mientras que "comunista" es sólo algo anticuado? ¿Por qué el liberalismo aquí se confunde con "capitalismo", "globalización" y la "ley del más fuerte"? ¿Quién sabe que fueron los liberales quienes lograron abolir la esclavitud y promulgaron las leyes sindicales? ¿Quién sabe que en los EEUU los liberales se encuentran a la izquierda de Bill Clinton? Ya sea a favor o en contra del liberalismo, es indispensable conocer los fundamentos de esta corriente de pensamiento para comprener los debates sobre la actualidad de Francia, desde la reforma del Estado hasta los problemas de inmigración (...)


En los más de tres años de este sitio, hemos visto constantes reproches por parte de varios foristas aclarándonos cuál es el "verdadero" liberalismo, ya que es una palabra preciosa, tal como apunta en Todos somos liberales el destacado intelectual peruano Mario Vargas Llosa. Comparen por ejemplo con lo que dice el columnista de El Mercurio Agustín Squella en Un país sin esplendor:

más que el talento, según creo, lo perseguido en Chile, de lado y lado, ha
sido siempre el liberalismo, una planta exótica entre nosotros y casi siempre
considerada tóxica, en especial cuando ella ha echado raíces en el solar
ardiente del romanticismo. Porque muchos de los que hoy se declaran liberales no
pasan de ser neoliberales, que es aquella versión empobrecida del liberalismo
que valora la libertad de las personas sólo a la hora de comprar y de vender,
sólo al momento de entrar y salir de los supermercados, pero que recela y hasta
abomina de ella en materia política, en asuntos culturales y ni qué decir a la
hora en que las personas reclaman autonomía para decidir qué tipo de vida
quieren vivir.

Squella en parte acierta. Por un lado, por demasiado tiempo se ha confundido liberalismo, en el sentido clásico, con el neoliberalismo, ideología que nació en las faldas del Mont Pelerin, en Suiza, en 1947, cuyos cultores cometieron el error de mantenerse al margen de la política, entregándole la cancha al socialismo sin contrapeso político alguno, quedando reducidos a unos tecnicismos incomprendidos o rechazados por el grueso de la población.

En Chile no tenemos una tradición de defensa de las libertades individuales, aún carecemos de espíritu cívico y la democracia aún inspira desconfianza. Quizás por eso añoramos el liberalismo como término talismán, y sigue siendo algo precioso que debe defenderse a como dé lugar de sus versiones apócrifas y de los falsos profetas. Cada liberal es en sí una secta y el resto un hereje. Pero en la medida que no seamos capaces de articular una alternativa al socialismo, en un país falto de iniciativa y naturalmente colectivista como Chile, no podremos prosperar, y seguiremos empantanados en discusiones bizantinas.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Hayek, la desigualdad y la UDI

Ahora que, como dice Carlos Peña, gracias a la candidatura de Marco Enríquez-Ominami ha llegado la hora de los liberales, es necesario hacer diferencias con los neo-liberales (de esto habrá más en nuestro siguiente artículo). Para entender por qué, además, no es bueno que gane la UDI en los próximos comicios, Chile Liberal los deja con el siguiente artículo de la Revista Capital.


Hayek, la desigualdad y la UDI
Por Renato Cristi
Fuente: Revista Capital


Es importante preguntarse si la UDI sigue adhiriendo a los planteamientos de Jaime Guzmán acerca de las bondades de la desigualdad social.

Es posible que Piñera gane la elección presidencial y que la UDI vuelva al gobierno. Dado que uno de los desafíos centrales sigue siendo la enorme desigualdad en la distribución de ingresos, es importante preguntarse si la UDI, que se vende como partido comprometido con los pobres, sigue adhiriendo a los planteamientos de Jaime Guzmán acerca de las bondades de la desigualdad social.

Guzmán tiene una deuda histórica con Hayek, quien busca derivar su filosofia neoliberal del liberalismo clásico. Aunque existen similitudes entre esas dos corrientes de pensamiento, hay también una esencial diferencia que dificulta su asimilación.

El liberalismo clásico afirma la libertad, pero a la vez la igualdad. El contexto histórico de Locke y Kant nos muestra que su adversario principal fueron las jerarquías feudales y la idea de desigualdad como un dato natural. En cambio, el adversario histórico del neoliberalismo es el socialismo. Hayek hereda de Mises la orientación anti-Estado que se expresa en sus célebres disputas con Keynes y Oskar Lange.

En The mirage of social justice, Hayek se opone a la idea de igualdad de oportunidades, pues ello significaría poner en manos del Estado un control ilimitado de las circunstancias que afecten al bienestar de las personas. Durante una visita a Chile, Hayek, en una entrevista realizada por Guzmán, admite que la desigualdad es motor indispensable de la producción capitalista: “como he sostenido otras veces, si la redistribución fuera igualitaria habría menos que redistribuir, ya que es precisamente la desigualdad de ingresos la que permite el actual nivel de producción” (Realidad, mayo de 1981).

Pinochet, y luego Thatcher y Reagan, diseñan sus políticas teniendo a la vista el rechazo de Hayek al igualitarismo y su opción por un ideal de libertad preferencial que exige la ausencia de interferencia estatal. El 10 de octubre de 1975, en un discurso en los Winter Gardens de Blackpool, Thatcher afirma: “todos somos desiguales. Nadie, gracias a Dios, es igual a otra persona por más que los socialistas pretendan que no es así. Creemos que toda persona tiene un derecho a la desigualdad, pero a la vez todo ser humano es igualmente importante para nosotros”.

En 1980, Guzmán publica Reagan y el fracaso socialista (Ercilla, 12 de noviembre), en que enrostra a la izquierda democrática el intento de atenuar el carácter totalitario de la izquierda marxista “como el costo de implantar una sociedad supuestamente igualitaria”.

¿Cuáles son los logros del neoliberalismo? Según Guzmán, ha revitalizado la propiedad privada y la libre empresa. El Estado ahora “disminuye su tamaño y orienta su función redistributiva a superar la pobreza –y no una utópica igualdad– como instrumento de efectiva justicia social”. Enfatiza el impulso privatizador en “ámbitos como la educación, el mercado laboral, el sindicalismo, la seguridad social, la salud”, puntos claves del neoliberalismo de Pinochet.

La idea hayekiana de la desigualdad como motor del capitalismo determina tambien el argumento de ¿Que no haya ricos o que no haya pobres? (Realidad, marzo 1980). Guzmán, inspirado en José Piñera, postula que la necesaria desigualdad entre ricos y pobres es el motor del crecimiento económico y la única solución realista para eliminar la pobreza. La alternativa es el socialismo igualitario que conduce al empobrecimiento de la sociedad entera. Soluciones intermedias (“terceras vías”) son ilusión y utopía. Concluye con una afirmación de temple aristocrático: “siempre el progreso se ha logrado por el fruto con que la obra de pocas eminencias cumbres se ha derramado sobre el resto del cuerpo social”. Ello implica, reconoce, “aceptar la desigualdad como dato de la Creación”. Las objeciones del liberalismo clásico a las jerarquías feudales han sido olvidadas.

El pensamiento político de Guzmán se plasma en la Declaración de Principios de la UDI. Reconoce su acápite 4 que es función indelegable del Estado “la promoción de la mayor igualdad posible de oportunidades básicas”. Pero lo que otorga este párrafo lo quita el acápite 6, que desconoce y cercena la función del Estado en aras de la libertad preferencial en la educación, la salud, la seguridad social y la actividad gremial.

Prueba de que estamos lejos del liberalismo clásico es el acápite 27 de la Declaración, en que se lee: “frente a quienes hacen de la política una mera reivindicación de derechos, silenciando las obligaciones que le son anexas…[la] UDI se propone… respetar las jerarquías naturales en los diversos ámbitos del quehacer nacional, combatiendo la tendencia al igualitarismo rasante de las sociedades masificadas”.

En la lucha contra el socialismo, Guzmán y la UDI, ciñéndose a Hayek, abandonan la lucha por la igualdad clásica y optan por las jerarquías naturales del medioevo. Hay que considerar que Guzmán fue partidario del carlismo español, movimiento que buscó revitalizar las jerarquías feudales.

En 1962, visita Chile el joven príncipe Heinrich von Starhemberg. Es invitado el 30 de abril al Colegio de los SSCC y Guzmán prepara una reseña de su charla. Starhemberg dirige su diatriba contra el paradigma revolucionario que se inicia con la “rebelión de los ángeles en el Paraíso”. En la modernidad esta rebelión se manifiesta en tres “fenómenos diabólicos: la Reforma luterana, la Revolución Francesa y el comunismo”. También anuncia una nueva época en que no tendrán “cabida los absurdos parlamentos de las democracias modernas” y encomia al régimen de Franco. Guzmán concluye afirmando que Su Alteza “hizo votos por nuestro éxito en la batalla en que estamos empeñados, para que se abra en Chile… la nueva era, jerárquica, tradicionalista, dinámica, pero por sobre todo, profundamente católica.”

El camino hacia la decadencia se desencadena con la revolución liberal de la igual libertad. La contrarrevolución que se anuncia busca restaurar la desigualdad jerárquica feudal. ¿A qué otra cosa pueden aspirar estos jóvenes contrarrevolucionarios sino a re-establecer el modo de vida aristocrático que corrompen Lutero, Locke y Kant?

domingo, 19 de abril de 2009

Power To The People!!

Ya todos conocen el estilo contestatario, irreverente, incisivo y provocador de este sitio. Nuestra idea es estimular el pensamiento crítico, fomentar la disidencia, pero a la vez estrechar acuerdos y lograr avances. Todos conocen la estética y la narrativa de nuestro blog. ¿Se han preguntado alguna vez cuál es el sonido de Chile Liberal?

No es otro sino el de la única emisora chilena que sigue transmitiendo rock, me refiero a Radio Futuro, lejos mi favorita ya por tantos años. Sus anuncios son muy graciosos, y al grano: A los empresarios farmacéuticos les está faltando rock, acompañado de Bad Medicine, de Bon Jovi. O sus siempre fiables estadísticas: Al 70% de los chilenos les preocupa la crisis económica, al resto le sobra rock. Además muy buenos los análisis de actualidad de Felipe Gerdtzen y Antonio Quinteros por la mañana, y de Iván Núñez en las tardes. OK, nos gusta el rock, pero no por eso vamos a dejar que los políticos nos pasen gato por liebre, ni nos vamos a desconectar de la realidad.

La que escuché hoy en la radio fue simplemente genial: Nuestro mensaje a aquellos que no quieren el voto voluntario y la inscripción automática" y suena el tema Power To The People del chascón de Liverpool, John Lennon (ver a continuación).



En 1215, los nobles ingleses lograron que el rey Juan Sin Tierra firmase un documento donde se comprometía "a respetar los fueros e inmunidades de la nobleza y a no disponer la muerte ni la prisión de los nobles ni la confiscación de sus bienes, mientras aquellos no fuesen juzgados por sus iguales." Esa cédula se llamó Magna Carta. Fue el primer intento de los súbditos de un tirano por ponerle límites a los poderes de quien detenta el poder. Algunos arguyeron que sería una catástrofe que un rey, heredero del poder absoluto por la gracia de dios ("ley natural" la llamaban) perdiese poder.

En el siglo XIX logramos cuestionar el voto censitario, que confería el derecho a voto exclusivamente a quienes poseían tierra. Se nos dijo que la hecatombe estallaría porque los pobres no sabían por quien votar. Se nos dijo luego que las mujeres no podían votar: algunas incluso argumentaron que ellas mismas no querían votar.

Hoy amigos, ya no estamos para seguir escuchando pelotudeces. Es hora de que por fin en Chile todo el que quiera votar vote. El que no quiera, que no vote. Es hora de que el añejo padrón electoral deje de ser un subsidio a los políticos mediocres. Modernicemos el sistema. Hagámoslo eficiente e igualitario. Confiemos en el criterio de nuestros conciudadanos, y desconfiemos del paternalismo y del autoritarismo. Ya no estamos en 1988, cuando fue obligatorio votar para darle credibilidad al tongo de la dictadura, que por lo demás le salio el tiro por la culata.

El voto voluntario es una necesidad urgente. La ultra-derecha ultra-conservadora se opuso, como siempre. Es su costumbre. Es lo único que saben. Pero Chile Liberal no presta oídos a los necios. En la práctica, la ley que castiga a quien no vota es inaplicable. Eliminemos esas leyes absurdas porque merman el imperio de la ley. O acatamos todas las leyes, o no acatamos ninguna. Debemos terminar con ese mariconeo actual de que algunas sí otras no y otras no sabemos, otras desconocemos, otras son tan estúpidas que ni siquiera el que las promulga las puede acatar. La modalidad de voto voluntario debe regir este año antes de las elecciones de diciembre. ¿Qué esperamos?

Nota aparte: no deja de ser escandaloso que alguien haya comparado a Álvaro Henríquez con John Lennon. Mientras el segundo fue un dolor de cabeza para los políticos y se retractó de haber recibido premios del establishment, el primero viaja a Cuba con Bachelet a cantarle al dictador Cubano, quien inagura una feria del libro con libros censurados. Una pena, más aún porque en este momento Radio Futuro toca "No sabes que desperdicio tengo en el alma" de Los Tres.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Démosle crédito a Sebastián Piñera

"Fortuna: 1.200 millones de dólares
Presidencia de la república: sin precio

Hay ciertas cosas que el dinero no puede comprar. Para todo lo demás está MasterCard."





El acceso al crédito empoderó a los chilenos, y el gobierno de Pinochet fue finalmente derribado. Detrás del crédito a las masas estuvo el empresario chileno Sebastián Piñera

El crédito es el aceite que mantiene engrasados los engranajes de la economía de mercado. Gracias al crédito podemos contar con "dinero que no tenemos para comprar cosas que no necesitamos". La belleza de la economía de mercado es que para funcionar correctamente necesita individuos pujantes y de una institucionalidad que resguarde las libertades individuales y los derechos de propiedad. La democracia, como sistema político, es la consecuencia lógica de una economía de mercado, y a su vez, la economía de mercado es la consecuencia lógica de una democracia. La democratización del crédito es la verdadera democracia. Para que todo marche, debe existir el crédito.

Hoy vivimos una enorme crisis financiera denominada "credit crunch", es decir, se contrae el crédito: no hay. Los bancos dejaron de prestarse dinero entre ellos con lo que dejaron de crear riqueza, y éstos acabaron por no prestar dinero a los consumidores ni a las empresas. Los consumidores no pueden consumir y las empresas dejan de dar trabajo. Gracias a los créditos hipotecarios, las grandes masas, antes indolentes y empobrecidas, accedieron al sueño de la casa propia. Al contar con su chocita, hasta el más modesto participante de la economía de mercado exige respeto a su propiedad. Dicho de otro modo, valió la pena arriesgarse para lograr que las masas accedieran a la casa propia. La actual crisis no desencadenará ni golpes de estado ni guerras civiles ni revoluciones. Todos somos agentes en la economía de mercado, todos estamos en problemas, y a todos nos conviene la estabilidad.

Chilenos empoderados
Durante el gobierno de facto de Augusto Pinochet, no hubo respeto ni a las libertades individuales, ni civiles, sólo hubo resguardo a los derechos de propiedadal menos de algunos. Esto se conoce como capitalismo de amigiotes ("crony capitalism"). El ex mandatario dio, sin advertirlo, un fatal paso en falso al generar las condiciones para que un emprendedor chileno introdujera al país las "tarjetas de crédito", toda una novedad a finales de los 70, y ya un producto de primera necesidad a fines de los 80. La historia de la tarjeta de crédito refleja el auge y caída del gobierno militar.
Al tener acceso al crédito, más chilenos entendieron la necesidad de mantener estabilidad de precios y controlar la inflación. Con acceso al crédito, los chilenos comenzaron a disfrutar de más bienes de consumo. Al consumir más, comenzaron a aspirar a más cosas, y las masas entendieron que la dictadura era un obstáculo en sus sueños consumistas. Los chilenos concluyeron que la democracia debía reestablecerse.
Gracias a Bancard, empresa en cuyo directorio se encontraba Sebastián Piñera, los chilenos en masa empezaron a comprarle perfumes a sus mujeres, a llevar a los niños a comprar cada vez más juguetes, a salir de vacaciones más seguido en familia: todo fue posible gracias a la MasterCard o la VISA. Consumir ahora, pagar mañana... este simple mecanismo genera enorme crecimiento económico. Y como vimos anteriormente, este crecimiento demanda institucionalidad democrática. Por ejemplo, con más gente que podía viajar, los chilenos se dieron cuenta de las restricciones que sufrían por provenir de una nación no democrática. La reacción lógica era entonces demandar un gobierno representativo.
En una arriesgada maniobra, la dictadura organizó un plebiscito en 1988 para intentar apaciguar a los inversionistas extranjeros que querían inyectar dinero a Chile pero que temían al entonces presidente de facto. La idea era maquillar al gobierno hasta hacerlo parecer democrático. Pero el electorado ya no estaba para tonterías. La mayoría de los chilenos dijo NO a Pinochet, y Sebastián Piñera fue uno de ellos. Los años posteriores vieron entrar al país una cantidad de inversion extranjera directa sin precedentes (al menos, en cuanto a capitales no relacionados sólo al cobre o salitre).
El voto NO de Sebastián Piñera le ha granjeado históricamente la hostilidad de la ultraderecha, siendo el ultraconservador columnista Hermógenes Pérez el adversario más conspicuo a una posible candidatura de Piñera. A la UDI le molesta Piñera.
Sebastián Piñera probablemente ni siquiera está consciene de que su voto No tuvo menos impacto que la masificación de las tarjetas de crédito. Después de todo, dudo que el directorio de Bancard haya pensado en ello. El objetivo era simplemente ganar dinero (acá comprobamos como funciona la mano invisble que nos describía Adam Smith).
Nuestra propuesta a la derecha
Para contrarrestar los anticuerpos que genera Piñera en la UDI, lo que la derecha debe hacer es ir a una primaria. Ya lo vimos en las primarias de EEUU donde Obama y Clinton se dijeron de todo, lavaron la ropa sucia en la plaza, se hirieron, se temió incluso que se auto-destruirían, pero al final Obama nombró a Clinton para unirse al Team Obama y es una de las estrellas de su gabinete. Así funciona una democracia, no con las llamaditas telefónicas, o las reuniones almuerzo de unos pocos, ni las decisiones dedocráticas de una oscura mesa directiva.
Una deliciosa ironía del destino ha querido que la carta con más fuerza en la UDI sea Evelyn Matthei, y es hora de que Sebastián Piñera enmiende el Piñeragate en una justa electoral abierta y participativa. (Por cierto, aquel escándalo fue una de las maniobras del felizmente desaparecido San Sofofo). Por la estatura moral que demanda la presidencia de Chile, Piñera debe ahora pagar sus culpas debatiendo con Matthei en una primaria. Después, incluso la puede nombrar como ministra.
Piñera convirtió a una empresa cagona como Linea Aérea Nacional en Latin American Networks, una empresa líder. El Canal 11, otrora canal penca, ahora es Chilevisión y le hace competencia al resto. Y así suma y sigue. Es legítimo suponer que Piñera puede aplicar su experiencia en los negocios al país. "Un país no es una empresa", me dirán, pero ya hablamos en este sitio de convertir a la República de Chile en "Chile S.A." ¿Por qué no?
Este artículo no debe interpretarse como un endorsement de Chile Liberal a Piñera. Aún es demasiado pronto. La elección anterior vio, con justicia, ganar a Michelle Bachelet quien en su momento representó la mejor opción de introducir los cambios que la sociedad chilena demanda. Ya dijimos en nuestro endorsement a la izquierda que en la actualidad la economía chilena ha avanzado más que la sociedad chilena, y la izquierda representa la mejor oportunidad de realizar las urgentes reformas sociales para subsanar esta grieta (sociedad moderna en una economía moderna, es la premisa de este sitio). Pero eso fue la elección anterior. Hoy la Concertación ha demostrado que se le acabó la motivación. Nació para derrocar a Pinochet, pero más efectivo fue el propio Piñera. Pinochet ya desapareció y la Concertación necesita encontrar un nuevo ethos. Quizás una temporada en la oposición le haga bien a la Concerta.
Con Lagos por fin fuera del camino, y esperamos que no se suba Frei, la Concertación necesita una carta fuerte que probablemente sea Insulza. Ya en un próximo capítulo hablaremos de la centro-izquierda.
Por ahora, mientras la situación decanta, es bueno darle crédito a Sebastián Piñera.