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domingo, 23 de junio de 2013

Reformas a las AFP: Bien Piñi

Un paso adelante hacia la consolidación de un sistema previsional sensato 


Nuestro sitio comentó la necesidad de reformar las Aseguradoras de Fondos de Pensiones, y la clase política —felizmente— ha escuchado. El gobierno de Sebastián Piñera ha comprendido la gravedad de la situación y ha implementado un paquete de reformas al sistema de pensiones.

Las críticas más ácidas llegaron desde el mismísimo arquitecto del actual disparate de las AFP, José Piñera, ex ministro del Carnicero de Santiago, y el único sujeto que aún defiende lo indefendible. La promesa de recibir como pensión un ingreso del 70% de lo percibido en los últimos 5 años de actividad ha sido manifiestamente falsa, a pesar que Pepe Piñera lo niegue —ahora—.

Vale la pena detenerse en el curioso hermano del Presidente. A todas luces, delira, no sólo porque ha insistido en que no dijo lo que dijo, algo que la ministra Vocera de gobierno refutó enfáticamente (Consejo amistoso de Chile Liberal: ¿podrá la ministra, que es el rostro del gobierno, maquillarse un poquito más y arreglarse el pelo? Digo, es la cara del gobierno en una era altamente mediática), sino porque cuando fue nominada "No, la película" a los Academy Awards, Pepe Piñera muy campante dijo estar disponible para explicar a los medios internacionales la verdad de los hechos durante la dictadura y que en realidad el excelente film chileno mostraba el triunfo de la transición como la planificó Pinochet, olvidándose convenientemente que el plebiscito fue una grotesca maniobra del Gorila para perpetuarse en el poder, y que espectacularmente se le torció la mano hasta hacerlo caer en su propia trampa. Pero Pepe Piñera no lo ve así, y aparte de su lado delirante, añade un elemento mitómano al ser incapaz de decir de una vez que su sistema de pensiones técnicamente era inviable.

Las AFP deben hacer participar a sus afiliados de sus ganancias, para evitar el peligroso empobrecimiento de la población retirada. La competencia, las comisiones, los cambios de plan, entre otros aspectos, necesitan serias reformas. Por otro lado, es inevitable extender la cantidad de años de imposición, cuestión que a nivel mundial es necesaria producto de la mayor expectativa de vida.

Sebastián Piñera ha hecho lo correcto y lo felicitamos por esta iniciativa. Es hora de traer este tema al debate presidencial que ya da el puntapié inicial. 


sábado, 8 de septiembre de 2012

Mentiroso mentiroso


Nadie te cree, payaso



El gobierno de Chile ha manipulado las cifras de la pobreza, y debe asumir las graves consecuencias de su irresponsabilidad 

Cuando Granma, el periódico oficial de la dictadura cubana, fustigó al gobierno de Chile, el vocero Andrés Chadwick ironizó diciendo que "es un honor" ser el blanco de un medio como aquel. Sin duda, un honor. Lamentablemente para el gobierno, no es ningún honor que el prestigiso Financial Times compare al gobierno con las "malas prácticas" —como diría Andrés Velasco— , de la cleptocracia de los Kirchner, en Argentina. Piñera no pudo sino minimizar el incidente, descalificando al FT como un medio "sesgado".

Primero, entendamos el gravitas de este periódico. Las pink pages son omnipresentes. Lo típico, cuando abordas un British Airways, en la cabina tienen las páginas rosa. Llegas al London City Airport, en las tiendas está a la venta las páginas rosa. En el hotel, junto al buffet para el desayuno, tienen una rumba de ejemplares del Financial Times. Llegas a la City a visitar a tus clientes, y mientras esperas en recepción, ¿qué tienen para leer? ¡El Financial Times! Su prestigio e influencia los ha logrado gracias a su excelencia e independencia —desconocidos en la prensa chilena— además de su honestidad en defender la democracia liberal y la economía de mercado, siendo ambas el pilar de nuestra civilización. Un medio escrito serio no puede hacer otra cosa sino defender estos principios, además de informar y formar a sus lectores.

Como tristemente sabemos, el gobierno anunció con boato que la pobreza se había reducido, rompiendo la inercia que arrastraría desde el gobierno anterior, bajo la conducción económica de Andrés Velasco. En Tolerancia Cero, el ministro Lavín se defendió torpemente ante los cuestionamientos de que, primero, la  caída se encuentra dentro del margen de error, y segundo, no han podido aclarar satisfactoriamente la razón de los cambios metodológicos ni la mensualización de un bono que distorsiona los resultados, situaciones denunciadas por un reportaje de Ciper, un centro de estudios. Las diapasón aumentó hasta volverse insoportable.

Once is a happenstance...
Esta ya es la tercera vez que el gobierno de Piñera procura malograr el principal recurso natural de Chile: su credibilidad. El fiasco de AngloAmerican, recién rectificado, fue la primera torpeza, incomprensible en un gobierno que pretenda ser business-friendly. El segundo, los serios cuestionamientos al supuesto fin de las listas de espera en la atención del sistema de salud pública.

Ahora, el incidente de la encuesta CASEN, añade un factor más, la mauvaise foi. Porque el gobierno ha mentido descaradamente, no una vez festejando lo que no es, ni dos veces, manipulando las preguntas, ni tres, descalificando las críticas. Sino que cuatro, al no asumir sus errores. Esta maquinación propagandística à la Kirchner exige, como mínimo, la renuncia de Joaquín Lavín, ministro de Desarrollo Social (un ministerio inherentemente absurdo, pero capaz de causar gran daño). Un pez gordo debe caer, luego que rodaran cabezas de los encargados técnicos tanto de gobierno como de la Cepal.

El FT citó al ex ministro y actual precanditado presidencial Andrés Velasco, quien ha aprovechado esta oportunidad para reafirmar sus pergaminos de presidenciable. Su explicación además es atinente, ya que en su calidad de ex ministro tiene mucho que decir sobre las novedades técnicas empleadas en este gobierno. 

Cabe destacar que en Chile Liberal hemos sostenido que la pobreza en Chile no va a disminuir. Después de 20 años de ayudas sociales, bonos, educación municipal, y todo tipo de dádivas, la pobreza ha sido erradicada, al menos dentro de las posibilidades de un gobierno. Ahora nos enfrentamos a una pobreza dura, que no responde a los criterios conocidos. Se podrá duplicar o triplicar el presupuesto para planes sociales, pero con suerte la pobreza se disminuirá apenas unas pocas décimas, a lo cual se aplica el fenómeno ricardiano de los rendimientos decrecientes. Se requiere otro enfoque, ahora que los gobiernos ya ha hecho lo que han podido.

En lo inmediato, estamos en presencia de un acto inexcusable de este gobierno, que ha dañado la reputación del país, y ha mermado la fe pública en las instituciones técnicas. Y más aún, hipócritamente, continúan la mala fe de negar lo que todos hemos visto. La renuncia de Lavín sería un acto tan expiatorio como improbable porque Piñera elegirá sabotear sus extraordinarios logros hundiéndose en mal entendidas lealtades personales. Lo único que lo mantiene a flote es que la oposición continúa desarticulada, añorando el regreso de la ex presidenta, en vez de reforzar a Velasco en su labor opositora.

viernes, 11 de marzo de 2011

Un Kaizen al gobierno de Piñera

Un año ha transcurrido desde que Sebastián Piñera asumiese el mando de la nación. Nuestro veredicto: el gobierno de Piñera ha sido "reguleque", le ponemos un 4,5

Comenzó bien, o relativamente bien, considerando que la derecha no ha gobernado Chile por medio siglo. Prometió reactivación económica, crecimiento, generación de empleos, lucha frontal contra la corrupción y la delincuencia. Esperábamos una "nueva derecha", democrática y con un mínimo de enjundia intelectual. Las cifras se ven buenas, por lo que no podemos reprobarlo. Pero incluso considerando que todo gobierno comienza con una luna de miel y luego la realidad cotidiana destruye la magia inicial, la verdad es que la baja popularidad de Piñera, y el alto rechazo a su gestión, amerita cambios y mejoras.

La filosofía del mejoramiento continuo en la industria y la gestión empresarial es algo que los japoneses conocen muy bien, y le llaman "Kaizen". Cuando en una empresa se realiza un Kaizen es porque algo anduvo mal, y como sabemos, desde el CEO hasta los trabajadores de bodega deben repensar sus procesos, proponer mejoras, y luego de un tiempo, evaluar los resultados y volver a encontrar más áreas de mejoramiento. Como indica Wikipedia, el Kaizen es...

un proceso diario, cuyo propósito va más allá de un simple aumento de productividad. Es además un proceso que, cuando se ejecuta correctamente, humaniza el trabajo, elimina el aniquilador trabajo de sobretiempo ("muri"), y le enseña a la gente cómo llevar a cabo experimentos en sus propias labores usando el método científico para detectar y eliminar ineficiencias.

Lo que Chile Liberal sostiene es que Piñera debe congregar a todo su personal y llevar a cabo un Kaizen para entender la causa de su baja popularidad, a pesar de ser un gobierno relativamente bueno.

Los cambios son, al menos para nuestro sitio, evidentes. Piñera ha caído en el "muri". El presidente se jacta de trabajar 15 horas diarias, y durante los primeros meses, sus ministros se ufanaban  de trabajar hasta altas horas de la noche. Esto está bien por un tiempo pero a la larga es insostenible ya que el principio de los rendimientos decrecientes termina por afectar la productividad: mientras más se trabaja, menos se rinde, y para suplir las falencias, se tiende a trabajar mucho más, rindiendo aún mucho menos.

Piñera debe comenzar por establecer cuál es su misión de gobierno ("mission statment"). Piñera es como un director de orquesta que toma la batuta pero no tiene partitura. En realidad, por aquí debieron haber empezado hace un año, no ahora, pero en fin. El problema de Piñera es netamente de percepción. La gente "cree" cosas de él, cualquier cosa es creíble sobre su gobierno, porque en realidad nadie sabe para qué chucha quiso ser presidente. ¿Para ganar más plata (como lo ha hecho)? ¿Para darse un gustito de millonario excéntrico? ¿Para joder la pita? ¿Porque tiene vocación de servicio? Nadie lo sabe exactamente, ni siquiera él mismo, por lo que el electorado especula.

El siguiente paso es entender que su gobierno se desgasta prematuramente  producto de la omnipresencia del presidente, quien da la impesión de caer en el micromanagement, no potenciando a quienes reportan a él, y más aún, pasando por encima del propio equipo, estando aquí, allá, en todos lados, y con demasiada frecuencia, hablando puras huevadas como testimonian sus ya incontables Piñericosas. Los chascarros de Piñera no son graciosos: demuestran falta de prolijidad en los dscursos, cero discernimiento en elegir a su equipo de "speech writers", improvisación contraproducente, y en general termina por reafirmar la percepción de que su gobierno es penca. No veo el chiste en que mueran 300 personas y el presidente se refiere al "marepoto".

Con no poca decepción Chile Liberal estima que Piñera no ha sabido formar equipos de trabajo, su asignación de tareas es atarantada, su presencia termina por ser molesta, lo que lo lleva a cometer errores garrafales como no echar cagando a las muñecas Rysselberghe y Ossandón, mostrando incoherencia, ya que con viento fresco echó a Otero. ¿Cuál es el hilo conductor de las políticas de gobierno? Insisto, Piñera necesita un mission statement.

Los propios conflictos de interés en sus funcionarios del mundo privado son bochornosos, y lejos de traer la expriencia del mundo privado, parecen sólo un averno de codiciosos mercachifles que buscan ahora mamar ellos del Estado, después que la Concerta les negase la teta.

Nos gustaba de Piñera que daría un cariz ejecutivo a su administración, dándole una impronta de celeridad y acción. Pintorescos funcionarios de gobierno, presión indebida de los partidos que "lo apoyan", chascarros internacionales, omnipresencia fatigante, conflictos de interés, etcétera, todo esto redunda en que el gobierno esté —para este sitio— en el cuatrito y no en un 5,5, que quizás podríamos haberle otorgado.

Para encontrar el hilo conductor que necesita, Piñera debe comenzar a captar qué le dicen las encuestas, y esto es nada más que demandas por una derecha más comprometida con el fortalecimiento de la clase media, la exaltación del emprendimiento y el respeto a la individualidad y los derechos civiles, en desmedro del cartucherío ultramontano, el secuestro del Estado por parte de una oligarquía (recordemos que la Concertación le chupó el pico a los empresarios) y dejando atrás los resabios fascistoides de la derecha que, a regañadientes, lo mastica pero no lo traga.

Hasta ahora Piñera se mantiene a flote gracias a una Oposición aún exangüe. Por mientras, debe continuar explorando los territorios que por 20 años fueron dominio exclusivo de la Concertación, como temas medioambientales y sociales, y darle un giro propio, aprovechando la propia raíz moderada de Piñera (insisto en creer que Piñera es menos facho de lo que la ultra-izquierda cree). Esto significa abordar: mayor flexibilidad laboral, más medidas a favor de la productividad, menos burocracia, más respeto a las libertades civiles.

Con más pensamiento lateral apuntando hacia una filosofía del mejoramiento continuo, Piñera debiese estar listo para inaugurar el próximo período ordinario el 21 de mayo presentándonos medidas que todos esperamos, como el matrimonio homosexual, el aborto terapéutico, seguir eliminando barreras a la creación de empresas, flexibilidad laboral, y un asistencialismo moderado. Por otro lado, menos populismo, menos chambonadas, y menos omnipresencia. Ahora Piñera, a trabajar.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Gobierno de Piñera: por qué lo aprobamos

Chile Liberal ha invitado a nuestro amigo Cristian Mancilla para entregarnos su visión de la gestión de Sebastián Piñera, para poder establecer si el Gobierno es aprobado o rechazado.

La verdad es que el balance ha sido positivo. Para Chile Liberal Piñera va rumbo a cumplir varias de las expectativas establecidas desde esta tribuna. La primera era retomar el crecimiento, y las proyecciones de los indicadores actuales muestran que la economía crecerá alrededor de un 6%, lo que nos deja satisfechos. Además, Piñera no ha desmantelado los logros de la Concertación, sino que se ha concentrado en la eficiencia. Con celeridad se restauró el orden después del 27-F, el rescate de los mineros fue ejemplar y, en general, gozamos de estabilidad y gobernabilidad proporcionada por un gobierno de inspiración centrista. Al mandatario aún le falta reformar a su sector político, el cual aún evidencia elementos retrógrados. Basado en lo anterior, y continuando el debate presidencial en nuestro sitio, Cristian gentilmente nos ofrece su análisis:


EVALUACIÓN GUBERNAMENTAL: A SEIS MESES DEL CAMBIO DE MANDO

Cuando Catalina y yo debatimos acerca de nuestro voto para la segunda vuelta electoral, nos empeñamos en evaluar proyectivamente lo que esperaríamos de un nuevo gobierno y en asegurarnos de que el voto expresara fielmente nuestra voluntad ciudadana. Votar nulo, como proponía ella, resulta una opción válida, sin duda. Pero es poco probable que este voto sea tomado en cuenta si, finalmente, siempre habrá algún candidato elegido mayoritariamente con los sufragios válidamente emitidos. De modo que, recordando aquel debate, nos concentraremos más bien sobre el otro aspecto de aquella discusión: aquello que esperábamos del nuevo gobierno.

En primer lugar, asistimos a la sobre-exigencia por parte de la opinión pública hacia el actual Gobierno y, más específicamente, hacia el Mandatario. Muchas voces claman por situaciones aparentemente injustas o irregulares; pero no lo hacen a través de los conductos regulares, sino que apelando al Presidente. Los integrantes del grupo ANDHA ya hacían de las suyas durante la administración anterior, llamando exitosamente la atención de los medios y consiguiendo que las autoridades se pronunciaran al respecto: su actitud en estos meses ha sido la misma y han logrado, incluso, llegar a un acuerdo con un Gobierno más receptivo —quizá más temeroso— ante las demandas ciudadanas.

A esta situación, se suma el caso de la Central Termoeléctrica “Barrancones” que iba a ser instalada en Punta de Choros: hubo muchas críticas que clamaban por los efectos negativos de este tipo de centrales e incluso un pintoresco anuncio en video que alegaba haber sido censurado en la televisión de Chile (una argucia utilizada por quienes no pueden pagar por un servicio y tienen fines políticos), los cuales citaban a Sebastián Piñera asegurando que no aprobaría este tipo de proyectos cuando fueran riesgosos, durante una entrevista televisiva en el periodo de la campaña electoral. Fuera de que los candidatos prometen excesivamente durante sus campañas electorales, esta promesa parece haber ido más allá de las atribuciones del Presidente: los protestantes la expusieron como argumento irrebatible para que fuese cumplida ipso facto y así lo hizo el Mandatario. Yendo más lejos aún, la Oposición criticó tanto la instalación de la central como la forma de evitar que fuera instalada.

En días más actuales, un grupo de reos procesados por la Ley Antiterrorista inició una huelga de hambre exigiendo su liberación inmediata y que esta Ley no sea aplicada a personas de la etnia mapuche. Si bien estas demandas fueron incoadas por miembros de la organización terrorista llamada Coordinadora Arauco–Malleco, que entrega detalles de sus actos delictivos y criminales en su propio sitio web, ha sido interpretada por muchos otros sectores como una demanda del pueblo mapuche, por lo cual se han sumado a ella. Encontramos parlamentarios y sacerdotes entre ellos.

Como previmos, el Gobierno se encuentra fuertemente exigido. Incluso excesivamente exigido por algunos que pretenden alejarlo del cumplimiento de la Constitución y las leyes. Esta situación, en los hechos, está obligándolo a entregar respuestas más satisfactorias para la ciudadanía, aun cuando esto implique pasar por alto ciertas formalidades. Pero todavía no lo han convencido de ignorar ciertos fundamentos del estado de derecho, como la igualdad ante la ley.

En segundo lugar, existía el temor de que elegir a Sebastián Piñera o a Eduardo Frei significara un retroceso frente a la opción que significó Marco Enríquez–Ominami en la primera vuelta electoral. Esta interpretación tenía que ver con nuestra intención de conseguir más libertades políticas, lo cual parecía más plausible con el candidato independiente que con alguno de los conglomerados políticos más poderosos en el país. En cuanto a esto, yo no veía tanto una opción para generar más libertades políticas, sino la amenaza del caudillismo por la promesa de un mundo feliz traído de la mano de un hombre en particular y no de un conjunto de ideas definido. Ya sabemos lo que han debido pasar otros países que han creído en estos “salvadores de la patria” y estoy seguro de que no queremos replicar la experiencia aquí: O’Higgins fue algo así para nosotros, pero supo entender que no queremos caudillos en nuestras tierras y se marchó; Allende no fue tan comprensivo, pero tampoco pudo seguir adelante con su mandato. Al no elegir a Enríquez–Ominami, nos evitamos otro bochorno similar.

No obstante, los avances políticos parecían tan probables con Eduardo Frei como con Sebastián Piñera: el proyecto para las iniciativas de ley ciudadanas fue propuesto durante la administración anterior y sigue su curso normalmente en la actual. Fuera de esto, el presidente de la Corte Suprema ha opinado a favor de eliminar la justicia militar, lo cual apunta en el sentido de respetar más profundamente la igualdad ante la ley. Y el proyecto de ley para reconocer las uniones entre personas del mismo sexo también avanza en el mismo sentido, aproximándose al reconocimiento la igualdad de derechos de todas las personas, independientemente de su condición u orientación sexual

No podemos estar seguros acerca de cómo habrían evolucionado estos temas en una administración alternativa, la de Eduardo Frei, pero vemos que en esta avanzan favorablemente. Es posible temer que se empantanen o detengan por alguna misteriosa razón, pero la fuerza del criticismo excesivo contra el Gobierno sería capaz de levantarlos sin complicaciones.

En tercer lugar, el factor económico resulta capital en la evaluación de este gobierno, visto que Eduardo Frei sostenía el peligroso desacierto de proponer “más Estado”. Ya desde el momento de la campaña estaba claro que, en materia económica, la mejor opción era Sebastián Piñera: y no tanto porque pudiera hacer mucho para mejorar las condiciones económicas del país, sino sobre todo porque no las arruinaría, como podía temerse de los otros candidatos. El Gobierno recientemente asumido, de hecho, se ha enfrentado con condiciones favorables que han permitido proyectar un crecimiento que no veíamos desde hace más de diez años en el país. No obstante, el Gobierno pretende hacer de esta feliz casualidad una constante para el futuro, proponiendo medidas para estimular el emprendimiento y la flexibilidad laboral. Así, pues, pretende agilizar los trámites para la gestión pública de las empresas privadas (creación, autorizaciones, relaciones laborales y quiebras), reducir en un cincuenta por ciento el impuesto de timbres y estampillas y eximir de impuesto las utilidades reinvertidas en empresas que vendan hasta mil millones de pesos al año y agilizar y aumentar la inversión en general y de investigación y desarrollo en particular.

Esto quiere decir que el actual Gobierno no se contentará con no arruinar la economía del país, como pretenden hacer otros, sino que intentará mejorarla sinceramente. Aparte de las propuestas anteriores, se ha propuesto mejorar la política fiscal iniciada por Ricardo Lagos, la cual se fundamentó en un “superávit estructural”; pero luego contempló demasiadas variables, volviéndose obscura.

En general, podemos hacer una evaluación positiva del actual Gobierno. Las fuerzas más tenebrosas que lo acechan son los conservadores que integran el conglomerado de donde proviene el Presidente y los extremistas que pretenden presionar para obtener impunidad y condiciones jurídicas especiales. El Gobierno se ha visto levemente desequilibrado por ambos sectores, con los conservadores oponiéndose a los acuerdos de vida en común y los extremistas exigiendo que no se les aplique la ley; pero el Presidente ha respondido con firmeza ante estas presiones, lo cual no puede más que complacernos.

Aún queda por ver si el Gobierno es capaz de manejar estas presiones exitosamente hasta el final, puesto que estas discusiones están en proceso y las reacciones definitivas todavía están por verse.

sábado, 1 de mayo de 2010

Cómo destruir (lo que queda de) Chile

El presidente Piñera y su reforma tributaria pueden ser más destructivos que el terremoto 8,5 en la escala de Richter

La leyenda dice que Nikita Khrushchev revisaba orgulloso el desfile anual con que la Unión Soviética se vanagloriaba de su éxito económico y su poderío militar ante el mundo. El broche de oro lo traía, al final de la parada, la exhibición de bombas nucleares, montadas sobre una caravana de sofisticados camiones, con los que la URSS dejaba al mundo tiritano como jalea. Detrás de las bombas, aparece un jeep con seis tipos de feo aspecto, con cabellos ralos y despeinados, lentes poto-botella y vestidos en trajes grises mal ajustados, o sea, la antípoda misma de los bravos soldados del Ejército Rojo. ¡Qué significa esto!, exclama Kruschev furioso , ¡quiénes son esos payasos!", insiste. "Tranquilo, camarada Kruschev", responde el ministro de Defensa. "Ellos son nuestros economistas, y son aún más peligrosos que las bombas nucleares, de hecho, son más aniquiladores que el arsenal nuclear".

La historia es, desde luego, apócrifa, pero sirve para graficar lo que una mala política económica puede llegar a causar en un país. Sebastián Piñera, quien se ha jactado de conformar un equipo técnico (y monocromático) más que político, está a punto de destruir lo poco que quedó en pie en Chile, al proponer subir impuestos a las empresas para financiar la reconstrucción del país y no ser capaz de encontrar los balances justos en el resto del plan.

El país cuenta con fondos soberanos, producto de los excedentes del cobre, de 11 billones de dólares, mientras el plan de Piñera estima necesarios unos 8 billones para financiar el levantamiento del país. En momentos en que todos, sin excepción, reconocen que la nueva dirección de la administración Piñera debe apuntar hacia el crecimiento, Piñera decide no echar mano a los fondos en el extranjero sino aumentar los impuestos en el país. No se puede subir impuestos y al mismo tiempo crecer. Eso lo saben Piñera y su equipo. Para reconstruir el país hay que crecer, por tanto, para financiar el plan se deben bajar impuestos y repatriar los recursos de los fondos (y ojalá no robárselos en el intertanto). Cuando se retome el crecimiento, el dinero debe reponerse y así continuar con la estrategia contracíclica diseñada por el ex ministro Eyzaguirre, instaurada por el ex ministro Velasco, y que debe ser continuada ahora en esta nueva y díficl etapa por Felipe Larraín, actual hombre de las finanzas de Chile, bajo la quizás algo micromanejadora supervisión del presidente.

El cobro de impuestos significa sacar dinero de la economía. La idea es destinarlo a donde más se necesita. Mano de obra en Chile abunda, y es baratísima. La construcción será el pilar que fortalezca el empleo. Esto no es problema porque hay mucho que construir. El problema es sacar los recursos de la economía. Lo lógico sería balancear distintas fuentes de financiamiento para que el impacto negativo sea mínimo. Una propuesta interesante sería, primero, hacer uso de las excelentes credenciales chilenas, gracias a la eficiente administración de la Concertación, y obtener dineros en el extranjero. La emisión de bonos soberanos es, no obstante, un acierto (equivalen a 1,5 billones de dólares). No hay que tenerle miedo al endedudamiento en esta fase del ciclo, hay que preocuparse cuando nos endedudamos durante la época de las vacas gordas. Hoy las vacas están famélicas, y hay que ir a los mercados internacionales a sacar recursos. Lamentablemente, el acto populista de Piñera de denunciar el déficit de la Concertación ahora le juega una mala pasada.

Pero lo más importante de todo es saber que el país tiene activos que el Estado ya no debe administrar. Privatziar parte de Codelco habría de inmediato conseguido los recursos necesarios, además de la privatización de Enap, Soquimich, y el desprendimiento completo de las sanitarias. (Aguas Andinas, etc.). Pero poco puede hacer ante el país un presidente-magnate que tardó demasiado en desprenderse de sus propias empresas antes de asumir la presidencia, y cuyo pirulo gabinete tiene poca legitimidad en la siquis del país (Chile es uno de los países más resentidos del mundo). Al contratrio, Piñera ha preferido congraciarse con la Concertación, que desde luego va a aplaudir cualquier alza de impuesto.

Son necesarios al menos 10 billones de dólares para reconstruir el país. Aparte de eso, es hora de comenzar pensar en formas de tener al país entero asegurado contra estos siniestros. Lo inmediato es conseguir recursos. Primero, vendamos parte de Codelco, y dejemos de perder dinero con Enap y otras: privaticemos estas empresas. Segundo, usemos una parte sustancial de los fondos soberanos, con el compromiso de reponerlos. Lo bueno del plan: emitir bonos, y recortar el presupuesto de defensa (300 millones de dólares ya están en la mira).

El royalty minero debe aumentarse temporalmente, esto en ningún caso puede afectar al país. Aníbal Pinto declaró la guerra a Bolivia en 1789 justamente porque la nación altiplánica aplicó un alza de 10 centavos por quintal de salitre a la Compañía de Salitres y Ferrocarriles de Antofagasta, y ésta, con justicia, se negó. La causa del alza fue financiar la reconstrucción después de un terremoto que azoló la zona en 1877. Esta medida sin duda será controversial. La devastación del terremoto del 2010 ha sido extraordinaria y demanda medidas extraordinarias. Sólo un salvaje podría oponerse a modificaciones en el royalty, y si la contribución no es voluntaria, que sea por la fuerza.

La sobretasa de 0,25% al 5% los bienes raíces de mayor avalúo fiscal es una medida justa, siempre y cuando se respete su carácter temporal.

Lo que no necesitamos es más impuestos a las utilidades de las empresas, como ha propuesto Piñera, que aumentará un 3% a las empresas en el tramo de primera categoría. Nos preocupa el impacto en el crecimiento, que a pesar de todo, debe seguir siendo la máxima prioridad de la nueva administración. No se puede lograr un 6% de crecimiento y subir impuestos.

viernes, 19 de febrero de 2010

Tatán en la hora de la verdad

El presidente electo, por fin, se sincera

Ya adelantamos en nuestro artículo anterior sobre la crisis de los PIGS que mucho se ha estudiado el desarrollo económico y el paso a la categoría de "país avanzado", pero muy poco se ha indagado sobre las causas de la caída de los países. Un buen ejemplo para Chile puede ser Uruguay, caso que también sirve para trazar un paralelismo con la alicaída Irlanda. Piñera y sus tecnócratas, políticos y académicos en su recientemente anunciado Team deben aprender las lecciones para no boicotear los enormes avances de Chile. En especial debe poner atención el equipo político (el más débil, lamentablemente), ya que la moraleja de estos casos será poco apetecible para los chilenos. En este artículo, Chile Liberal argumentará que Piñera no debe profundizar la bullada "red de protección social" instaurada por Michelle Bachelet, y la administración Piñera debe poner coto a los instintos populistas.

Como sabemos, América latina es un continente riquísimo. Sus desigualdades económicas, sociales y culturales son obscenas. La afición del hispanoamiericano por los gobiernos fuertes, combinado con una ausencia de valores éticos como la honestidad, la confianza y el trabajo duro, han convertido a la región en un marasmo ingobernable. No obstante, por momentos el continente ha deslumbrado. Cuando las pequeñas potencias colonialistas europeas demandaban recursos naturales con hambre insaciable, América latina vio a Argentina o Uruguay convertirse en tierras prometidas donde emanaban miel y leche por doquier, y fueron países donde millones emigraron para forjarse un futuro mejor. Esto fue más o menos así hasta la Gran Depresión (1929), cuando la economía capitalista colapsó y el nuevo paradigma intelectual pasó a ser la economía planificada, que convertía a Rusia en una economía basada en la ciencia y el humanismo, pasando de ser una sociedad agraria. El colapso de EEUU y Europa gatilló proteccionismos infames y recelos que desembocaron en la II Guerra Mundial, episodio bélico que cambiaría al mundo por siempre (por primera vez, el ser humano toma conciencia de que es capaz de destruir el planeta: nace el pos-modernismo), y aunque América latina se mantuvo al margen, comenzó la edad de oro de los caudillos, los interminables golpes de Estado, y los políticos-militares populistas que, siguiendo malentendidos principios keynesianos aplicados durante la Gran Depresión, dieron gran importancia al papel del Estado, mezclado con una letal admiración por la economía planificada.
El símbolo de todo lo peor de América latina fue la cleptocracia populista de Juan Domingo Perón, un militar que prometió bienestar a costillas del Estado. El resultado fue la depredación de Argentina por parte de su clase dirigente. Mientras al otro lado del Río de la Plata, Uruguay instauró en la década 50 uno de los sistemas de seguridad social más avanzados del mundo. Uruguay pasó de ser en la década 30 uno de los países más ricos del mundo, a uno mediocre después de los años 60. En ambos casos, la "protección social", el gasto descomunal, el populismo, la excesiva intervención del Estado y el gobierno fuerte —y un electorado que vitorea estos disparates— fueron los culpables del fracaso de las naciones más prometedoras del continente.

Alto al gasto
Por lo anterior, si Sebastián Piñera no saca el pie del acelerador al gasto descomunal, el populismo, la excesiva intervención del Estado y el gobierno fuerte —a pesar de las rechiflas del electorado— su gobierno pasará a la historia como la administración que se farreó el país que más cerca está de alcanzar el estatus de "primer mundo". Este era el objetivo que planteó para el 2010 Ricardo Lagos al inicio de su sexenio. Se logró "por secretaría", con el ingreso a la OCDE. Pero para que sea real, se necesitan cambios. Por suerte, Tatán exhibe algunos atisbos de sensatez. Hoy, durante la ceremonia republicana de presentación de los asistentes de sus colaboradores directos, Piñera ha dicho:

"La esencia del problema económico es la existencia de necesidades
múltiples frente a medios escasos. El año pasado, las finanzas públicas
experimentaron un déficit fiscal de 4,5% del PIB, lo que representan una cifra
cercana a los US $7,200 millones, uno de los déficit fiscales más altos de
nuestra historia y no repetible en el tiempo"

Si este lineamiento general es el eje de la política económica del próximo cuatrienio, entonces podemos respirar más o menos tranquilos. Digo "más o menos" porque los agitadores, los sindicalistas exaltados y los viudos del comunismo embestirán con todo contra Piñera. Si el presidente electo no hubiese desbarrado nombrando a un personaje como Joaquín Lavín en la álgida cartera de Educación se habría hecho el enfrentamiento contra el sindicato de profesores y los pelusones ineducables del sistema municipal una tarea menos ardua. Y así en otros departamentos de la administración de nuestra república habrá estridentes demandas para que el gobierno activamente redistribuya la riqueza, desfigurando la evolución de la economía chilena de una basada en la producción de commodities, como ocurre actualmente, a una basada en el conocimiento y el valor agregado, donde el mercado sólo, por inercia, distribuye más equitativamente las utilidades. Creer que es factible la equidad en una economía sin mercado interno y basada en la exportación de minerales y frutas, donde se necesita mano de obra barata y poco calificada, es una mentira flagrante. En la medida que no seamos capaces de exportar productos con valor agregado, y de tener un mercado interno (podríamos estimular la inmigración hacia el país), no podremos redistribuir utilidades.

Hasta hoy, en Argentina se jactan de tener "salud y educación gratis", misma cantinela escuchada en otros países. En la hermana nación no existe voluntad en el electorado por privatizar. Todos reclaman que los políticos roban, y cómo no, si le han dado excesivo poder a los políticos. En Chile, como en toda democracia sustentable, la labor debe apuntar a limitar el poder del gobierno, y dejar que la economía avance por el sendero de la innovación, para lo cual es condición necesaria la flexibilidad laboral, y fomentar el espíritu de emprendimiento (para esto último no sé exactamente qué hay que hacer, sorry). Creo que hay países, como EEUU, donde el espíritu de los pioneros es instintivamente emprendedor, mientras que al sur del Río Grande es natural que después de la siesta reclamemos que el gobierno no hace nada por nosotros. Debemos dejar de creer que la "salud y educación gratis" son sostenibles en el tiempo. El mercado de los seguros de salud puede ofrecer cobertura al grueso de la población, y la tarea del gobierno debe ser canalizar las fuerzas del mercado (imponer reglas justas, hacer cumplir las leyes), mientras que en educación no logro entender el vicio estatista. ¿Por qué impedir que la educación privada llegue a los sectores más pobres? Si está archi-demostrado que la competencia genera mayor calidad, ¿por qué insistir en que no debe haber competencia en la educación? Las demandas no se harán esperar. Piñera hoy también dijo lo siguiente:

"Quiero reiterar hoy día nuestro compromiso con una política pública y
fiscal sana, responsable, seria y sustentable, lo que significará un marco
presupuestario austero para el año 2010, que nos obligará a priorizar las
necesidades más sensibles de la gente pero que no nos permitirá acoger todas las
demandas de la ciudadanía, por justas y legítimas que ellas sean"

Populsimo, el gran problema
El populismo ha sido la peor enfermedad de los polítcos latinoamericanos. Piñera hizo algunos amagos p'a la galería durante la campaña (bonos de 40 lucas, etc), pero un gobierno dedicado a redistribuir y a actuar como niñera de los ciudadanos pronto se encontrará con las arcas vacías. La Concertación planteó la sociedad de bienestar como el corolario de su gestión, en momentos en que los PIGS, quienes antepusieron bienestar al crecimiento, hoy van en caída libre.

El mismo problema tambien lo sufre EEUU, que es, en el fondo, una social-democracia. Los norteamericanos gozan de enormes programas de bienestar, o "entitlement", como Medicare, Medicaid, social security, pensiones, por nombrar unos pocos. Barack Obama fue una opción válida siempre y cuando se mantuviera arengando a la población con poesías y metáforas, pero llevando a la práctica lo menos posible de lo que prometió. Está condenado a decepcionar, y no es descartable la posibilidad de que no logre la reelección y su cuatrienio pase a la historia como un fiasco. EEUU necesita gastar menos por el enorme forado en sus finanzas. En Chile vamos en ese rumbo, situación anómala que Piñera debe enmendar.

El presidente electo declaró que quiere ser el mejor presidente de Chile. Con la misma fuerza que Bachelet, aconsejada por Velasco, se negó a farrearse los excedentes del cobre cuando los pingüinos y sindicalistas salieron a las calles (y como tristemente quería Eduardo Frei), Piñera debe explicarle al país que el mercado puede ofrecer seguros de cesantía, que el gobierno va a reinar sobre los abusos de las Isapres, y la educación privada será, si es necesario, subsidiada. Pero que el énfasis es el crecimiento. No vaya a ser cosa que nos jactemos de tener salud y educación gratis, pero que no haya con qué pagarla. En el caso particular de Chile, el gasto en educación aumentó 10 veces durante la era de la Concertación, pero la calidad no aumentó diez veces, de hecho, los avances fueron insignificantes. Los impuestos se han casi duplicado. Estos cuatro años que siguen no son el momento de seguir gastando, sino de encontrar eficiencias en el gasto. Por ejemplo, deben erradicarse los sórdidos "desórdenes administrativos" del ministerio de Educación. Sería bonito eliminar el impuesto específico a los combustibles, pero no vaya a ocurrir lo mismo que a George W Bush, quien por bajar impuestos legó un déficit de 12,3% del PIB en 2009.

La red de protección social debe cubrir a los más menesterosos, y en específico a quienes están sumergidos en los bolsones de pobreza dura. Aún persisten grupos ineducables, incontratables y ajenos a cualquier mecanismo de mercado (sin cuentas bancarias, etc). Este es un lastre que arrastramos desde nuestra fundación. Medidas sociales, como control de la natalidad, serían efectivas. Pero en estos grupos la intervención del Estado puede ser inevitable. Pero querer extender el Estado a la clase media, sería calamitoso. La clase media quiere —y debe— surgir por sí misma. Necesita menos obstáculos, no costosas y contraproducentes dádivas.
Ahora bien, si Piñera tiene un buen equipo político para explicarle todo esto a los chilenos, es algo que no queda claro. El presidente electo sí tiene el capital político para actuar conforme a lo delineado en el discurso de hoy, no por nada ganó una elección presidencial. Por lo mismo, cuenta con el mandato, y su actuación sería legítima.
Documentación e imagen: La Tercera