El progreso y el respeto al medio ambiente son compatibles, como lo demuestran las centrales hidroeléctricas de HidroAysén
La opinión pública abraza la adoración por la naturaleza y el ecologismo new-age con una improbable mezcla de ingenuidad e ignorancia, que vuelve a sus citadinos adeptos los más llorosos nostáligicos de la idílica vida silvestre, quienes —desde la comodidad de sus temperados hogares, viendo la enorme pantalla de TV y disfrutando de todos los adelantos tecnológicos—, rechazan con afectación snob cualquier intento por dominar las fuerzas de la naturaleza.
El vacío que dejó la religión se ha reemplazado no por el conocimiento y la filosofía sino por una idea igualmente absurda: la madre natura (pacha-mama, etc) está en su trono para que seamos sus súbditos e idolatradores, ya que de otro modo, sufriremos de su ira: antropomofizar la naturaleza es una de las más antiguas perturbaciones de la mente, que ha acompañado al Homo sapiens desde las cavernas, cuando se adoraba al sol y se rogaba por la lluvia. La diferencia entre una sociedad primitiva y una moderna es que la primera se deja dominar por el entorno, mientras la segunda inventa las matemáticas, cronometriza las estaciones del año y las órbitras terrestres y finalmente logra torcerle el brazo a la naturaleza.
Digamos que volver a las cavernas no es opción. Chile, ad portas de convertirse en nación desarrollada, no puede darse el lujo de sacrificar su abastecimiento energético por sucumbir al ecologismo new-age, más propio de naciones posmodernas que de países emergentes. Debemos entender que el proyecto HidroAysén proveerá enormes recursos energéticos a partir de un daño ambiental bastante menor. Países como Nueva Zelandia, Finlandia, Canadá o Noruega han logrado optimizar sus recursos naturales y minimizar el impacto ambiental negativo. Es éste nuestro desafío, unirnos a ellos, y no guardar nuestros recursos como adorno para ir de trekking.
Veamos las cifras: apenas un 0,05% de la superficie de la Región de Aysén será intervenida, lo que difícilmente puede constituir la devastación de Patagonia. Gracias a este megaproyecto Chile dará un paso firme hacia su independencia energética ya que se reduce de un 23% actual a un 9% la variabilidad de reservas hidroeléctricas del SIC. Incluso podríamos pasar de estar a merced de las veleidades de nuestros vecinos a ser exportadores de energía, lo que nos reportaría capitales para reinvertir y afianzar la posición de Chile en el continente.
Mientras tanto, en paralelo, debiésemos seriamente unirnos a los esfuerzos internacionales por descubrir los secretos de la fusión nuclear, que potencialmente puede proveer una fuente eterna de energía sin generar emisión alguna. Al respecto ya está en marcha el Joint European Torus (JET) de gran interés y que aún necesita más recursos.
El único tema válido es lograr que Chile se beneficie al máximo de HidroAysén. Si bien es imposible que nos perjudique la entrada de capitales e inversiones que producen energía para consumo interno, lo relevante es que nuestros intereses sean velados por una institucionlidad justa. Pero esto es una tema distinto al grito de "Patagonia sin represas", a lo cual Chile Liberal se opone ya que considera necesario dominar la naturaleza, no someterse a ella: "Non serviam", como sentenció Vicente Huidobro.
Insistimos que no hay nada místico en el orden ecológico sino una secuencia de meros accidentes ecológicos y biológicos que debemos aprovechar a nuestro favor. Las "tierras vírgenes" del sur de Chile no significan nada: la virginidad no tiene nada de encomiable. Por eso, la cuestión de fondo es determinar si los recursos que genera serán debidamente aprovechados por Chile, y no que estemos regalando recursos a cambio de migajas. Muy lindo puede ser el paisaje patagónico o las Torres del Paine, pero nosotros no los construimos. Mucho más valiosas de un punto de vista humano eran las Torres Gemelas, llevadas a cabo mediante el esfuerzo y el ingenio del hombre, y destruidas por quienes detestan el progreso de Occidente.
Lamentablemente, la pasión visceral y la emoción se apoderaron del discurso en contra de HidroAysén, llegando a la estupidez de mostrarnos las Torres del Paine con tendidos de alta tensión (ver foto arriba), a pesar que el Parque Nacional está a más de 400 kms de distancia, ¿para qué mienten?
Finalmente, hay una metáfora extraordinaria en la novela Solar del aclamado autor británico Ian McEwan: un hombre en la selva lluviosa está a punto de morir de sed por no tener agua fresca que beber, ¿por qué no abre la boca al cielo para beber agua de lluvia? Es abismante que no comprendamos cómo funcionan los photovoltaics, que en el fondo son el mecanismo que utiliza el planeta para convertir la luz solar en energía. Ésta es otra fuente inagotable que exige investigación y la única forma de lograrlo es haciendo que la adicción a los combustibles fósiles sea menos rentable que las alternativas limpias e inagotables, y para eso, la combustión de fósiles debe reflejar las externalidaddes que produce: nuestro sitio ya ha propuesto un impuesto al carbono.
Pero esto es otro tema. Mientras avanzamos hacia el gran esquema, necesitamos energía a corto plazo. Las hidroeléctricas nos permiten obtenerla a un riesgo mucho menor que las plantas nucleares. Y si se construyen en lugares remotos, inhóspitos y poco aptos para la vida humana como la Patagonia, no veo el sustento racional detrás de las protestas callejeras.
En una democracia la ciudadanía tiene pleno derecho a expresar su oposición, y las manifestaciones masivas se han llevado a cabo en todo el país. Bien por ellos. En una democracia también se cumplen las leyes y se respeta la institucionalidad. El organismo pertiente que debía dirimir sobre este proyecto, la Comisión de Evaluación Ambiente, se ha pronunciado con once votos a favor y una abstención. Súmenle el voto a favor del blog Chile Liberal también.








