jueves, 22 de febrero de 2007

Señores pasajeros, mi intención es molestarles

Transantiago, el nuevo sistema de transporte público, puede calificarse con una palabra: chapuza

Según las estadísticas de Blogger el 40% de los lectores de Chile Liberal se encuentra fuera de Chile e ignoramos si conocen a fondo la realidad chilena, pero para quienes no la conocen, les podemos contar las delicias del transporte público de la capital del país más "pujante" de América Latina. Santiago tenía hasta el 10 de febrero un sistema de transporte público que en comodidad se igualaba al de Delhi, el profesionalismo de sus administradores nada tenía que envidiarle a las prácticas de la Cosa Nostra, y en cuanto a seguridad, sólo el Triángulo de las Bermudas ofrece una idea aproximada de lo que tienen que enfrentar los santiaguinos cada día. Los automovilistas no se escapan, ya que en vista de la superioridad física de los buses, los choferes de la locomoción colectivas eran los amos y señores de las calles, y el matonaje era pan de cada día.

Decenas de miles de los infames buses amarillos atiborraban las calles de Santiago causando más de 1000 muertes cada año gracias a sus carreras desenfrenadas por conseguir pasajeros, quienes sufrían de imprecaciones varias cuando eran obligados a bajarse del bus en cualquier parte. Es decir, si consideramos las cantidad de muertes que generaba el sistema antiguo, los transportistas públicos son en realidad una de las organizaciones criminales más sanguinarias que Chile ha visto, y vaya que hemos visto crimen organizado en Chile (durante la dictadura militar “apenas” se mató a tres mil personas). A la fecha, los “micreros” han asesinado a prácticamente a más de un Estadio San Carlos de Apoquindo completo, y han torturado todos los días a todo aquel que entre a la ciudad. Al contrario de lo que escribe el apologista más insigne de los crímenes de la dictadura aquí (habitué de Libertad Digital), el sistema era, como hemos visto, horrendo. Pero el problema no es ése, el problema es que la coalición gobernante ha gastado millones de dólares en lo que parecía imposible: poner en práctica un sistema incluso peor.

¿Para dónde va la micro?
Champollión pudo descifrar la piedra de Rosetta, pero escudriñar el nuevo mapa de recorridos de Santiago es tarea incluso más ardua que la del eximio egiptólogo. El caos de proporciones épicas en el estreno del flamante sistema ameritó que los recorridos fuesen gratuitos, y baste recordar la costosísima campaña de marketing, cuyo niño símbolo fue el ex Pichici Iván Zamorano, para entender que la idea de fondo de este proyecto fue el márketing, no la sustancia.

Sí, marketing, o en realidad una de las campañas publicitarias más burlescas que se han visto en el último tiempo, porque esta vez se sometió a la ciudadanía a los caprichos megalomaníacos de Ricardo Lagos Escobar, que en su irrefreneble obsesión con dejar un legado, sacó a las calles el sistema antes de las elecciones, a como dé lugar, qué más da si se va todo al carajo, total el transporte público era tan paupérrimo que nada podía ser peor... sí, pero nunca hay que subestimar la capacidad de la Concertación para lograr lo imposible. Y el trabajo fue magnífico, Transantiago es peor que el sistema antiguo.

El fracaso estrella del gobierno
Hoy suena ridículo pero en su momento la renovación del transporte capitalino fue bautizado como Proyecto Estrella por el gobierno anterior. El fracaso tan estrepitoso trae a la memoria el mea culpa de Tony Blair al constatar que, tal como se lo dijo incluso su propio sector, la construcción de la Cúpula de Londres era una idea descabellada. Al menos, el Primer Ministro británico tuvo la decencia de admitir su error. Ricardo Lagos se escuda en el silencio gracias a un evento providencial ya que está convaleciente después que se le extirpara un pequeño quiste en una intervención realizada en la clínica privada más exclusiva de Chile. Desde luego, no vayan a creer los ilusos que este hombre, que tanto luchó por la calidad de los servicios estatales, iría a atenderse en un hospital público (menos en la cartera que llevó a Bachelet al estrellato). No esperen tampoco que alguno de los actuales altos funcionarios de gobierno use el transporte público.

Uno de los que sí anduvo en micro cuando fue ministro fue Hernán Büchi, y puden leer aquí sus reflexiones sobre la crisis del Transantiago. El análisis apunta a la falta de preparación y, para ser breves, al amateurismo de los creadores de este proyecto. Concurre con el ex candidato presidencial el informe de The Economist que en su línea final nos abre las puertas del infierno ante la posibilidad, o casi certeza, de que las tarjetas inteligentes no funcionen.

El veredicto
Para Chile Liberal el sistema es escandalosamente malo. Los buses no sólo no caben en algunas calles, sino que los trabajos de pavimentación fueron mediocres, y a ninguna de las luminarias de gobierno se le ocurrió quitar los badenes (lomos de toro) de las calles. Lo grave es toda la planificación impromptu. Pero ni siquiera se cumplió con lo mínimo: los buses son incómodos, no funcionan bien para los inválidos, músicos ambulantes siguen subiéndose, la frecuencia es insuficiente, se acopló al Metro a sabiendas que éste no da abasto, los tiempos de transporte son mayores, las huelgas de los conductores ya empezaron (van dos movilizaciones), y la guinda de la torta es el precio del pasaje.

No sólo se ha incurrido en cobros abusivos a varios usuarios, sino que la tarifa actual es insostenible y a mediados de año se ajustará el precio del pasaje lo que producirá oleadas de protestas y malestar público. Lo mismo que ocurrió con los cobros en las autopistas, pero ahora extraplémoslo a todos los usuarios de buses. Más aún con los estudiantes en clases, ya podemos ver la magnitud de lo que vendrá.

Pero a mediano plazo, se ven aún más problemas y más agudos. Las calles efectivamente están menos congestionadas. La tentación para usar el automóvil es mucha, pero además es comprensible y justificable. El parque automotriz aumentará ya que más gente se decidirá a comprar vehículos, y el resultado es que en vez de tener un motor en marcha para transportar a 50 personas, habrá 50 motores en marcha para transportar a los mismos 50, donde cada uno expele alrededor de 150 gramos de CO2 a la atmósfera en una ciudad donde las emergencias ambiantales y las crisis respiratorias son lugar común, en un mundo que debe enfrentar ahora ya la crisis ambiental que nos afecta.

Para subsanar este problema la solución que se nos dará será el típico binomio socialista de restricción e impuestos.

Sin embargo, no todo es tan malo. Para quienes nos consdieramos de Oposición, creemos que a fin de cuentas el tiempo nos dio la razón y el electorado ya se percibe que el nefasto legado de Ricardo Lagos no fue sólo los sobresueldos, el escándalo MOP-Gate, el bajo crecimiento económico, el aumento de la delincuencia, el alto desempleo, la burocracia, las continuas alzas de impuestos, un sistema de salud (el AUGE, donde él no se atiende) que sigue con filas largas y presupuestos cortos, o las carreteras donde se ultraja el bolsillo de los usuarios, y la seguidilla de conflictos diplomáticos gracias a su incompetente Cancillería, entre otras “grandes obras”. La realidad nos dice que a la lista de chambonadas, hay que añadir Transfracaso.

La visibilidad del fiasco de Transantiago servirá para que, definitivamente, el próximo gobierno no sea de la Concertación.




Más información

Ver Un cambio complicado de un blog amigo



Ver informe A media máquina de la BBC

5 comentarios:

Juan Perez Garcia dijo...

a ver... hay harto que decir... primero que todo, gracias por agregarme como vinculo a su comentario, y por considerarme blog amigo. segundo, debo decirles que me considero una persona de corte liberal centro izquierdista, pero no por eso ciego a los errores aqui cometidos. comparto plenamente muchos de sus dichos, la falta de bachelet, los errores cometidos, etc... pero lo que no comparto y no justifico es que de esto se quiera obtener beneficios politicos. de partida, yo no se si creo en el viejito pascuero, pero si creo que, tarde o temprano, el transantiago va a funcionar. es cierto, van a haber muchos problemas, vamos a necesitar mucha paciencia (yo soy un usuario habitual de las micros), pero al beneficio al final de todo, como dice patricio navia, va a ser superior al costo. por lo demas, yo estoy seguro que si el mismo transantiago o un plan similar hubiese sido realizado bajo un supuesto gobierno de la derecha, hubiera tenido los mismos resultados que este. si para que taparnos los ojos, TODOS los politicos de chile son iguales, independiente su partido, muy pocos son los realmente destacables. entonces, no creo justo sacar un provecho politico de esto, porque al final, si el transantiago fracasa, va a ser para todos, y si es un exito, todos nos veremos beneficiados. por lo demas, no hay que dejar todo en manos del gobierno, un pais se construye en base a la participacion de la ciudadania y no dejando en manos de unos pocos los deberes que nos competen a todos. un ultimo detalle. en los anteriores cambios de sistema de transportes, siempre han habido problemas de adaptacion al principio, pero al final siempre ha resultado (salvo, claro esta, con las micros amarillas). saludos

Chile Liberal dijo...

No somos nosotros quienes pretendemos beneficios políticos, sino la Concertación, Lagos específicamente, quien quiso usar Transantiago como el emblema de su legado a las futuras generaciones.

Fue Lagos quien apresuró la puesta en práctica antes de las elecciones.

Por ello, dirigimos nuestros dardos contra la Concertación. A Lagos por desentenderse y achacarle el problema a Bachelet, y a esta última por brillar por su ausencia.

Demás está dicho, pero tampoco hay muchas simpatías en Chile Liberal por la Alianza.

Invito a leer otro blog amigo, esta vez de centro-derecha:
Crónica de un caos anunciado

Chile Liberal dijo...

El nuevo sistema de transporte público tiene un objetivo bastante claro : TRANSPORTAR LA MAYOR CANTIDAD DE GENTE POSIBLE. Por lo tanto, en su diseño solo se preocuparon de "acarrear como ganado" sin preocuparse que los usuarios son personas.

Por esa razón los buses oruga transportan 38 personas sentadas, 128 paradas y en total transporta la friolera de 164 personas (Nota:un bus amarillo transportaba 45 personas sentadas y 30 paradas).

Probablemente, las personas se adaptarán a este sistema pero las consecuencias las pagarán en una peor calidad de vida. Y al final las externalidades negativas emergerán de los lugares más previsibles: aumento de vehículos menores en las calles; aumento de la contaminación; mayor stress en los habitantes; mayores asaltos a los que caminan a tomar buses; etc..

Cuando las políticas públicas se diseñan de espaldas a las personas se produce una pérdida social que es dificil de medir pero que se refleja en la desesperación de la Sra. Juanita que le coaccionan su libertad de movimiento mediante un sistema de transporte, diseñando no para los usuarios sino para la estética de la ciudad.

¿Aceptaremos más gobiernos de la Concertación de Incompetentes?

Anónimo dijo...

Muy agresivo el comentario, político, sin propuestas...cuando uno lee esto se da cuenta porque la derecha hace 50 años que no gana una elección. Deberían clonarse los alcaldes Hasbun de Estación Central, Cornejo de Recoleta, Alcaino de Stgo...gente de oposición pero con una mirada de país, positiva, constructiva. Ese es el camino para derrotar a la Concertación.

MeRiAdOx dijo...

Creo que todo tiene consecuencias políticas, pero no sé si hablar de sacar ventajas o no... lo que es, es... lo que surge de esto no me interesa... solo me importa que transantiago funcione, porque la idea es genial, pero los resultados son malos porque nuestra cultura chilena es de hacer las cosas rápido y chaqueteando... sea izq. o der... los resultados habrían sido los mismos...

Saludos!