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domingo, 17 de enero de 2010

Sebastián Piñera presidente: ¿Cuál es el mandato del electorado?

"Al pueblo se le obedece hasta cuando yerra"
Simón Bolívar



Medio siglo tuvo que transcurrir hasta que la derecha, o una pantomima de ella, volviese al Palacio de La Moneda. Hay tres factores que analizar en este momento histórico.

El primero es el más obvio: la letal combinación de arrogancia y estupidez en la Concertación. La alarma ya se encendió con el apretado triunfo de Lagos ante Lavín (QEPD). Luego Piñera quebró la unidad de la Alianza y se tiró como candidato, sabiendo que es una facción fracasada desde el 5 de octubre de 1988, y desplazó a Lavín, llevando a Bachelet al balotaje. Después del empate con sabor a triunfo de las Muncipales 2008 la Concertación no fue capaz de reaccionar, y respondió con un remedo de primarias que fueron una farsa, con un Escalona comportándose como un hooligan, entre otros tristes episodios. El resultado fue la nominación un ex presidente recauchado a pesar que el país a gritos le pedía renovación al conglomerado gobernante. Frei fue una cuchufleta, digna, pero cuchufleta al fin y al cabo. La reacción del señor Latorre, presidente de la DC, al conocer los resultados de la primera vuelta, fue de arrogancia y de minimizar el claro descontento popular hacia las prácticas de la Concertación. Advertimos que Frei, si bien es un tipo honesto, es un político de la transición, o sea, parco, y no apto para enfrentar a "Locomotora" Piñera.
De nada le sirve a los más férreos izquierdistas el seguir alegando que "la gente es tonta" o esto es "una vergüenza". El primer responsable de la derrota ha sido la propia Concertación.

El segundo factor tiene que ver con la capacidad de Piñera de sobreponerse a los fracasos. Piñera fue desechado varias veces, y a diferencia de MEO, terminó la elección previa en una posición expectante. No dejó un sólo minuto de concentrarse en su objetivo final. Podemos concluir que éste ha sido más bien un triunfo personal de Piñera, y no de la Coalición por el Cambio.
La agonizante Alianza sobrevivió la transición única y exclusivamente gracias al respirador artificial del sistema binominal, aunque no dejará pasar esta noche la oportunidad imperdible de pretender que es ella la receptora del sentir popular. Pero esto no es así. La Concertación sigue viva y goza de gran prestigio. De hecho, la Concertación tomó al país con 5 millones de pobres y lo entrega en la OCDE, sin miles de muertos ni exiliados. Bachelet disfruta de una popularidad sin precedentes. Ha sido Piñera quien con coraje ha logrado apelar a los "swing voters", muchos de ellos liberales (como nosotros, o Pato Navia, entre otros), quienes vimos en el empresario —no en sus aliados— una oportunidad de hacer funcionar la democracia chilena como un remedo de democracia sólida, optando por esta pantomina de "alternancia", que no obstante abre no poca incertidumbre sobre el futuro papel de los pinochetistas que esta noche de seguro creerán que el ex coordinador del NO en la Región Metropolitana es uno de los suyos. Ellos saben que no, pero no importa: ellos creen en lo que quieren creer.

El tercer factor tiene que ver con, sí, Marco Enríquez Ominami. El joven, energético y díscolo candidato logró poner sobre la mesa temas que hasta hace poco eran tabú. Ya nos referimos a la torpeza de MEO de adherir a una campaña condenada al fracaso desde su génesis. Este no es momento de hablar de él (si resucita o no, otorgamos el beneficio de la duda), sino del 20% que votó por él y que ahora se desplazó hacia Sebastián. La conclusión es que Chile cambió. Sí, este ya es un país que demanda más individualismo y menos mojigatería, menos control del Estado en la vida de las personas, más autonomía, más independencia de los dueños de la moral y sus agendas valóricas, quienes no comprenden los efectos que la sociedad de consumo genera en la siquis de los individuos. Los chilenos quieren consumir más y pagar menos impuesto, a la vez que desean su autonomía. El discurso de "Mazestao" fue un error garrafal de Frei (no logramos encontrar un acierto). Piñera es el presidente de un país que ha ganado en confianza en sí mismo y que ahora quiere codearse con las naciones de la OCDE, o sea, por poner un ejemplo, con la España moderna y progresista de hoy, y no con la España rural y proteccionista y nacional-católica de Franco. El país no quiere un patrón de fundo que le diga a los peones cuándo deben ir a misa y con quién pueden casarse, y cuándo. ¿Hacia dónde vamos, entonces? Pues pueden ver a la península ibérica para entender el curso que el país quiere seguir.

La Concertación se fundó para devolver la democracia al país. El objetivo lo logró. No por nada, se anota un 48%. Ahora necesita mucho de destrucción schumpeteriana para emerger de las cenizas con una propuesta nueva, más allá de la transición. Por qué esperó hasta hoy para entenderlo, escapa a mis capacidades. Por lo pronto, a diferencia de la derecha, si la Concerta quiere volver a La Moneda en cuatro años más, debe dar de baja a su plana mayor, empezando por Latorre y Escalona.

Por su parte, Sebastián Piñera ahora debes arreglártelas para satisfacer las demandas de muchos que votaron por ti sin jamás antes haber votado por la Alianza ni nada que se le parezca. Piñera sabe que llega al poder con muchos votantes no tradicionales del sector.
Las tareas que te encargamos
Tu mandato es primero que nada, actuar con firmeza contra la corrupción. Si es posible que el mismo involucrado en escándalos de información provilegiada y de escuchas telefónicas, asociado con los apologetas de Augusto Pinochet (a la fecha, el único gobernante chileno que se ha retirado millonario después de su mandato), es algo que despierta suspicacias y sonrisas sarcásticas. No sé cómo lo harás pero deberás encontrar la forma. Para cumplir con tus promesas (subir sueldo mínimo, regalar bonos, abrir ministerios) necesitas más recursos, o sea, dejar a los gatos cuidando la carnciería. Pero el país bajo la Concertación vio una actitud pusilánime contra la corrupción, y la Oposición, en nuestra democracia al cuete, ha optado por el remedo de alternancia y Piñera ahora quedas a cargo.

La segunda tarea de tu mandato es la más importante y al mismo tiempo la que parece menos difícil, y es mantener la estabilidad económica y política. Para ello, su gabinete debe ser elegido con los mismos criterios que ha usado para formar sus equipos de trabajo. Queremos ver gente técnica y capacitada, y no favores políticos. El cuoteo de la Bachelet y sus bochornos como la "paridad" nos dejó hartos. Sarkozy nombró a opositores en su gabinete, pero él mismo reconoce que la idea fue estúpida. Piñera quiere lo mismo y anunció que nombrará democratacristianos, lo que es entendible: su corazón es DC, y quiere congraciarse con el partido del cual su padre fue fundador y al que perteneció su máximo ídolo, Eduardo Frei Montalva.

El país le dijo NO a la dictadura en 1988, y ha repetido la misma respuesta por más de 20 años. Señor Piñera: no crea que ahora Chile cambió de opinión.
Actúa como estadista y consciente de que escribes la historia del país, sabiendo discernir cuándo deben aplicarse criterios técnicos, y cuándo los criterios políticos. Sé feroz contra la corrupción, y deja que la sociedad decida por sí misma qué rumbo desea tomar. Limítate Tatán a dar estabilidad para que la sociedad dialogue. El que manda es el pueblo, no tú. Tu función es administrar las cuestiones de Estado, y no dártelas de no sé qué cosa.
PD: Tus amiguis pinocheteros no te tragan así que mándalos a la cresta apenas puedas.

Orgullosos de nuestra tradición democrática y republicana


"Que o la tumba serás de los libres
O el asilo contra la opresión "


Mesa de votación, elecciones de 1915. Fuente: Memoria Chilena.


Los taimados de siempre refunfuñan porque vivimos una crisis política y el país va rumbo al despeñadero por la depravación y la angustia a la que nos ha arrojado el posmodernismo, o quién sabe qué estupidez están en este momento aduciendo los mismos de siempre.

La verdad, como sabemos, no pueden estar más equivocados. Los chilenos tenemos motivos de sobra para preciarnos de los valores y virtudes cívicas que hemos cultivado y que siguen profundizándose:

- Los candidatos a la presidencia ambos ya han sufragado, en total calma, al igual que la presidente de la república, y del mismo modo todos los ciudadanos se dirigen con normalidad de regreso a sus hogares mientras otros siguen votando en calma

- Todos queremos saber los resultados oportunamente, ojalá antes de las 20:00. Existe el compromiso de ambas candidaturas de no manipular los resultados, ¡cómo podrían!, y acatarlos por ser expresión de la voluntad popular


- Nadie quiere postergar los resultados, ni saldrán los tanques a la calle. La TV no trasmitirá dibujos animados en caso que el gobierno no pueda creer el resultado de la votación


- Los periodistas extranjeros acreditados, al igual que los veedores y la comunidad internacional, siguen con mezcla de atención y curiosidad nuestra elección, y no poniendo presión para que en el país no estalle un autogolpe en caso que se desconozcan los resultados

- Las elecciones, salvo faltas como llamar a cadena nacional de TV cuando legítimamente el ciudadano Piñera lanzaba su candidatura, ha sido limpia. Se han organizado debates transmitidos a la ciudadanía, y todos hemos sido libres de manifestar nuestras preferencias

- Esta noche, siguiendo una de esas tradiciones republicanas no escritas que libremente se respetan, el candidato que no resulte nombrado por el electorado se dirigirá al comando del candidato favorecido, y esperamos que con un apretón de manos y un abrazo sellen sus diferencias


- De seguro, con la humildad del vencedor, los simpatizantes del candidato ganador aplaudirán el gesto republicano del vencido. Éste aceptará su derrota con enetereza

- Mañana la presidente recibirá al ganador y le deseará éxito


No sé ustedes, pero a mí todo esto me suena como a un país normal que mañana seguirá como de costumbre, y otros reanudarán sus vacaciones estivales. Si esto es una crisis moral, si vamos rumbo al colapso, a mí me parece bien raro, qué quieren que les diga.

Y como hay que mojarse el popó, acá vamos: Chile Liberal apuesta por un presidente Piñera que forme un gobierno de unidad, a sabiendas que el país ya dijo NO al autoritarismo en 1988.

Queremos un cambio a lo que hemos visto estos 20 años, que no ha sido malo, todo lo contrario, pero queremos más. Retrotraernos a la década 80 no es un cambio. Piñera toda su vida se ha rodeado de gente talentosa. Exigimos que su gabinete sea más bien reflejo de sus capacidades empresariales, que son elogiables, y no de sus capacidades políticas, que son más bien discretas.


Han hablado los políticos, han hablado los candidatos, han hablado los analistas y los expertos, y han hablado todos. Sólo falta que ahora se pronuncie la verdadera vedette de esta elección: el pueblo.

sábado, 16 de enero de 2010

Columnista invitado: "¿Se juega algo realmente crucial en Chile?"

Un gran amigazo de este sitio, Eugenio D'Medina Lora, profesor de economía y director del thinktank peruano CEPPER, comparte con nosotros su visión sobre las elecciones chilenas, vistas desde la nación hermana. El artículo también se ha publicado en Libertad Digital. Los liberales chilenos no veremos a un liberal per se en la papeleta, pero así todo, tenemos, como dicen los gringos, la upper hand.


¿Se juega algo realmente crucial en Chile?
Por Eugenio D´Medina Lora

Hugo Chávez despotrica contra la política chilena afirmando que su izquierda es sólo ficticia porque está infiltrada de la ideología del capitalismo derechista. Visto así, los liberales chilenos ya han ganado la gran batalla de las ideas

Para los estándares latinoamericanos, admitamos que las elecciones presidenciales chilenas suelen ser aburridas. En un continente donde cada cuatro, cinco o seis años, lo que se pone en juego en las urnas es una concepción del mundo, plasmada en un modelo de desarrollo que hoy se mueve en la dicotomía "estatismo o mercado" y en un liderazgo que marca distancias reales con el opositor en proporción a las diferencias ideológicas, hay que decirlo, las elecciones en Chile no generan el más mínimo suspense sobre algo que realmente marque una diferencia substancial.

Seguramente para los chilenos el suspense existe en la medida en que aprecian distinciones entre Frei y Piñeira, entre el proyecto de país de la izquierda y de la derecha, o entre la participación en el Gobierno de gente ligada a los todavía monstruos vivientes que son Allende y Pinochet. Pero para los que vemos el big picture desde afuera, sinceramente, es poco lo que hay en juego en estas elecciones que pueda significar un cambio dramático.

Hace varios años, Rudiger Dornbusch expresó en una conferencia en la Universidad Católica de Lima algo totalmente cierto refiriéndose a la economía peruana: un país que se levanta buscando como primera noticia el valor del tipo de cambio o de la variación de los precios, es un país que anda mal. Y parafraseando a Dornbusch, podríamos decir que los países que no confrontan grandes sobresaltos en cada elección, son países que caminan bien.

Para nadie es un secreto que Chile viene haciendo las cosas bien en términos de políticas de desarrollo desde hace más de treinta y cinco años. En aquel tiempo muchos le criticaron, dentro y fuera de sus fronteras, que se tomaba su propio camino "desairando", por así decirlo, el presunto camino común al que los demás países latinoamericanos habían decidido transitar por una especie de "mandato de la historia". Entonces adoptaron políticas ortodoxas en el manejo económico, se retiraron del Acuerdo de Cartagena e implementaron un modelo económico que más tarde, otros querrían emular. Más allá de la polémica interna acerca de su propio proceso político que impulsó, y luego sostuvo, este despegue, lo cierto es que para el observador externo Chile ha basado este desarrollo en tres pilares fundamentales: la receta ortodoxa del libre mercado, la apuesta por la educación y las infraestructuras públicas de calidad y la estabilidad de las reglas de juego alejada de sobresaltos políticos tropicales.

Esta elección presenta algún dramatismo no tanto por lo estrecho de la distancia en la que llegan ambos candidatos a la segunda vuelta sino por el añadido que significa que la Concertación pueda perder el poder después de dos décadas sin interrupción alguna. Pero más allá de esta consideración casi anecdótica, ¿alguien puede pensar que Piñeira o Frei implicarían un cambio de estos pilares fundamentales del modelo de desarrollo chileno? ¿El propio Enríquez-Ominami, a pesar de su talante de outsider y de su posicionamiento antisistémico? ¿Lo habría significado antes Joaquín Lavín o Soledad Alvear?

Hay una idea en otros países latinoamericanos de que Piñeira sería el candidato liberal. Pero en realidad, es un conservador, no un liberal. Los grandes empresarios no quieren más mercado libre, sino más mercados para sus productos, y si son cautivos, mejor aún. Por su parte, conviene recordar que Frei fue el presidente que impulsó fuertemente los procesos asociativos público-privados en infraestructura, incorporando capital privado intensamente a los servicios públicos, en tiempos en que el ex presidente Lagos era ministro de Obras Públicas. De modo que difícilmente estos líderes de la izquierda chilena puedan ser calificables de "anti-liberales". Como se ve, el caso chileno muestra que lo que en otros países aparece como una confrontación nítida, en el país sureño existen otros elementos que no permiten esta separación ideológica tan tajante como aparenta ser.

Y entonces, ¿dónde se ubican los liberales en Chile? Pues si nos ceñimos al clásico, aunque casi caduco esquema lineal, izquierda-derecha, pero que en el caso chileno es válido aún, los liberales están en el centro. Unos con la Concertación, otros con la Coalición. No es cierto que Piñeira sea el candidato liberal. Es un conservador. Lo que sucede es que la mayoría de liberales ve con agrado la alternancia del poder, que la Concertación ha monopolizado por dos décadas, fruto, sin embargo, de elecciones limpias y transparentes.

Por tanto, estricto sensu, los liberales chilenos no ganan ni pierden en esta elección, gane Piñeira o gane Frei. Chile no decide en cada elección el modelo de desarrollo, que es básicamente liberal, y que sentó sus bases con tal fuerza, que ha soportado cuatro gobiernos democráticos desplegados en dos décadas. El propio Hugo Chávez, llamado a ser pariente político de la Concertación, despotrica contra la política chilena afirmando que su izquierda es sólo ficticia porque está infiltrada, en su particular concepción, de la ideología del capitalismo derechista. Visto así, los liberales chilenos ya han ganado la gran batalla de las ideas. Lo que no ha sucedido en otros países latinoamericanos.

Lo que puede implicar un avance es perfeccionar ese modelo liberal, construyendo una propuesta propia, una "tercera vía" de un liberalismo desmarcado del conservadurismo mercantilista, que transite caminos no exentos de polémica como el manejo de las rentas de Codelco, la política de compras militares o la reducción de regulaciones excesivas del Estado en algunos segmentos de la vida de los chilenos, que van incluso más allá de lo económico. Pero nada de esto pareciera que puede avanzarse ni con Frei ni con Piñeira. Si los liberales chilenos quieren avanzar más, habrán de construir esa propuesta que aun espera en un futuro todavía incierto.

Columnista invitado: "No hagamos historia este domingo"

El 27 de agosto de 1980, el ex presidente Eduardo Frei Montalva, un demócrata de tomo y lomo, congregó a cientos de personas para manifestar su rechazo a la dictadura de Pinochet. Este acontecimiento resultaría decisivo en la historia de Chile. Entre los asistentes se encontraban dos que alcanzarían gran notoriedad: Eduardo Frei Ruiz-Tagle, hijo del orador principal, y también un joven ejecutivo del Banco de Talca, llamado Sebastián Piñera Echeñique. Han transcurrido tres décadas desde aquel encuentro. Hoy sabemos que defender la democracia en aquel acto político le costó la vida a Frei Montalva, ya que fue asesinado por orden del dictador. Dentro de pocas horas el país elegirá como su presidente ya sea a Sebastián Piñera, hoy uno de los empresarios más exitosos de Chile, o el senador Eduardo Frei Ruiz-Tagle, quien ya siguió los pasos de su padre y fue presidente en la década 90.

Para esta elección nuestro sitio primero propuso lo lógico: que la Concertación capitalizara el éxito de Bachelet nombrando al más popular de sus ministros, Andrés Velasco. Pero fuimos ignorados (consejo: siempre poner atención a Chile Liberal). Luego endosamos a Marco Enríquez-Ominami, cuya candidatura no logró pasar al balotaje, y quien en una torpe jugada sepultó la proyección de su carrera política. Hemos debatido entre un voto por Piñera o un voto nulo. No podemos manifestarnos categóricamente por ninguna de aquellas opciones, aunque apostamos por un gobierno temperado y de unidad encabezado por Piñera.
Chile Liberal ha solicitado a Su Excelencia que comparta en este tribuna su visión sobre esta justa electoral, y él amablemente ha accedido. El voto de nuestro columnista invitado se inclina hacia el ex presidente. Chile Liberal invita a leer sus argumentos. Amigos: ¡viva la diferencia!


No hagamos historia este domingo
Por Su Excelencia

Este artículo pretende explicar por qué, desde un punto de vista liberal, es preferible un triunfo de Eduardo Frei en la segunda vuelta pasado mañana. Aunque Frei y Piñera se parecen mucho (y en una democracia madura probablemente militarían en el mismo partido), quienes los acompañan no podrían ser más distintos.

El problema de fondo es que, mientras Frei es un dirigente típico de la Concertación, Piñera es un “outlier” en la derecha. Los dirigentes de la UDI, y buena parte de los de Renovación Nacional, no ocultan su nostalgia por una dictadura sanguinaria y venal. Si estos tipos prevalecen, Chile cambiará, y para peor. Las libertades civiles y la democracia retrocederán, sobre todo para los más pobres. La corrupción aumentará hasta los niveles grotescos del pinochetismo tardío. Incluso la institucionalidad económica —casi el único legado positivo del “régimen militar”— será debilitada por el crony capitalism por arriba y el populismo por debajo.

Pero, desde luego, Piñera no es la UDI. Es perfectamente posible que, fuera de unos gestos fascistoides para la galería (¿una estatua de Pinochet en la Plaza de Armas?), Piñera haga un gobierno parecido al que hubiera hecho Frei. Ante tal afrenta, puede que los pinochetistas enquistados en su gobierno agachen la cabeza y aguanten de mala gana. Pero estos tipos llevan veinte años afilándose los colmillos. Si se pelean con su presidente (y éste resiste), esto se va a poner movido.

¿Y qué ofrece Piñera a cambio de tanto riesgo? Nada. No va a reformar seriamente la educación (lejos, el peor legado de la Concertación). No va a privatizar nada importante. Va a exacerbar la contraproducente guerra contra las drogas. Lo más que podemos esperar es que no haga demasiado daño.

Los estadounidenses tienen un dicho: “si no está malo, no lo arregles”. La Concertación es aburrida. Pero el electorado chileno puede pagar muy cara su diversión este domingo.

jueves, 14 de enero de 2010

La excusa agrava la falta

La inaguración del Museo de la Memoria ha sido oportuna. Sebastián Piñera debe tomar nota de su significado

Como sabemos, las encuestas indican que a pesar del empate técnico, es muy probable que Sebastián Piñera sea el próximo presidente de Chile. Esto significa que altos cargos de gobierno serán ocupados por adeptos al pinochetismo.

Aunque la justicia ha logrado procesar y sentenciar a correcto castigo a los represores chilenos —quienes cumplen sus penas en Punta Peuco—, Chile Liberal cree que la derecha política no puede llegar impune al poder ya que aún no pide perdón por los gravísimos atropellos a los Derechos Humanos que sistemáticamente perpetró y encubrió el régimen militar, con la complicidad de varios de los que —quizás— ocuparán en marzo carteras de gobierno.

Si la derecha llega al poder, no debemos olvidar que fue cómplice de una tiranía abyecta y sin precedentes en nuestros 200 años de historia. El descalabro que produjo el régimen militar es difícil de exagerar. El Pinocho no sólo arrasó la economía chilena con sandeces como fijar el tipo de cambio a los infames $39, de paso, derrumbando la banca, cuyo rescate fue solventado con la deuda subordinada aún pendiente (técnicamente aún vivimos las repercusiones de la destrucción que encabezó Pinocho junto con la incompetencia de los Chicago Boys).

El daño fue más allá de las finanzas del país. La moral fue corroída. Todos hemos esuchamos historias de nuestros padres o abuelos cuando nos contaban sobre aquella época en que las familias iban a ver los Clásicos Universitarios, cuando no había gamberros en las tribunas ni se sabía de barras bravas, cuando no había rejas en en los estadios ni en las calles, y los Carabineros estaban para servir a la comunidad. Fue tal la violencia que ejerció Pinocho sobre la población civil que desmantelado el Estado policial y acabada su dictadura, Chile se convirtió en un país agresivo, donde las poblaciones marginales (shanty towns) crecieron como callampas gracias a la crisis económica mencionada anteriormente, y donde los pobladores aprendieron a evadir a la autoridad por ser esta ilegítima y abusiva, mermando así el respeto a la Constitución y las leyes, y cómo no, si éstas emanaban de una junta militar no electa. Chile nunca se repuso de la convulsión orquestada por Pinochet al alma nacional. Hoy Chile es un país descortés, violento, de mal trato, donde no hay respeto, gracias a la herencia de sobrevivir a un gobierno sanguinario, cleptocrático e incompetente.

Pero lo que hizo a Pinochet infame en todo el planeta fue el desquiciado ensañamiento contra sus adversarios políticos, a quienes en el mejor caso exilió en masa, y en el peor les aplicó la justicia militar (siendo civiles), para luego montar tribunales marciales ajenos a cualquier forma de legalidad, y decretar ejecuciones que se realizaron por la espalda, con múltiples disparos, con el trágico saldo de cadáveres jamás entregados y que fueron descuartizados y arrojados al mar o a fosas comunes. Casos simbólicos son dos: el de Carlitos Patricio Fariña, de 12 años, sacado a culatazos de su casa en la clandestinidad de la noche y luego ejecutado, para que más encima, el régimen negase su existencia; en segundo lugar, el folklorista Víctor Jara, a quien no le cortaron las manos como se cree, sino que fue ejecutado con 44 disparos luego de sufrir fracturas múltiples. Según el pinochetismo acérrimo, gente como Jara o el pequeño Fariña fueron "terroristas". Consultado sobre las fosas comunes, Pinocho como chiste exclamó ¡qué economía más grande!

Cuando yo iba al colegio tenía un compañero de curso tan enjuto que le llamábamos "El Osamenta". Tal es la influencia del asesino de Pinochet que su reguero de sangre permeó la conciencia de una generación entera. El terrorismo de Estado, la violencia enajenada y el abuso de la autoridad pasaron a ser parte del inconsciente colectivo.

El soldado norteamericano que encontró a Saddam Hussein no lo mató en el acto. Al Carnicero de Bagdad se le arrestó, se le sometió a juicio y se le sentenció a muerte, luego de tener derecho a defensa. Cuando se encuentre a Osama bin Laden, por mucho que al terrorista internacional lo odiemos, nadie lo va a torturar hasta matarlo para luego fondear sus osamentas. De hecho, la ilegalidad de Guantánamo y las torturas allí perpetradas jamás fueron aceptadas por la comunidad internacional, al punto que Bush se convirtió por ello en el peor presidente del que tenemos memoria. La tortura, el ensañamiento maniático y sanguinario, la ejecución por la espalda y las fosas comunes no tienen justificación alguna. No hay "contexto" para situar semejantes atrocidades. Un terrorista como Osama no puede ser torturado ni ejecutado con 44 disparos. El cuerpo de Hussein no se va a arrojar a un sitio eriazo. Si no aceptamos todo aquello contra los peores crminales de nuestra era, ¿por qué habríamos de "contextualizar" los atropellos contra Victor Jara o Carlos Fariña? ¿Qué historia previa se necesita para comprender la génesis de esos crímenes inexcusables?

Algunos insisten en que para entender el Museo de la Memoria que ha inagurado la presidenta Bachelet hay que entender el contexto histórico en que ocurrieron, y que las violaciones a los DDHH comenzaron antes con las expropiaciones, el clima de odio y las provocaciones que provinieron de la izquierda revolucionaria: las expropiaciones, ciertamente, son faltas gravísimas a la propiedad de las personas. Nadie puede ser privado de lo que le pertenece sin ser indeminzado, y sólo si una causa mayor lo justifica. Expropiaciones o agresiones, por mucho que hayan ocurrido durante el gobierno de la UP (1970-1973), no son violaciones a los DDHH. Crímenes como el asesinato de Edmundo Pérez Zujovic u otros fueron actos criminales inaceptables, pero que no guardan relación con la tortura premeditada, el descuartizamiento y las fosas comunes que ordenó Pinochet.

A nadie se le ocurriría poner en un museo del Holocausto judío una sección sobre el Tratado de Versalles para "poner contexto" y "entender la génesis" de los crímenes en las cámaras de gases. En la Europa derruida después de la II Guerra Mundial, y no en mero "caos", a los jerarcas nazis se les sometió a los juicios de Nuremberg: los soldados norteamericanos no empezaron a decretar ejecuciones clandestinas. Primó el derecho internacional por sobre los ánimos de venganza que se desataron al enterarnos de las atrocidades en los campos de concentración.

Nada ni nadie puede justificar los horrores de Pinochet. Son inexcusables. Pretender suavizar sus crímenes es una artimaña de los ultra-conservadores para evadir su complicidad con el peor criminal que jamás ha llegado a La Moneda. Los crímenes son demasiado graves como para pretender relativizarlos. A pocos días que la derecha, gracias a la ineptitud de la Concertación, vuelva al palacio de gobierno, debemos dejar testimonio de las atrocidades. De por sí ya son gravísimas e injustificables. Pretender excusarlas agrava la falta a niveles incomprensibles.

Luego de las fotos de Abu Graib, a Donald Rumsfeld todo el mundo le exigió la renuncia. Por una cuestión ética, Rumsfeld y los neocons no podrían jamás volver a ocupar cargos en el gobierno. Simplemente no pueden, por razones que ni siquiera merecen mayor explicación.

Por lo mismo, Chile Liberal hace un llamado a Sebastián Piñera, ex coordinador de la campaña del NO y quien financiara la misma, para que no nombre a Pinochetistas en su futuro gobierno. Cualquiera que excuse los atropellos a los DDHH cae en un crimen doblemente aberrante. Las excusas agravan la falta. Y si no piden perdón, no deben ser nombrados en cargos de confianza del presidente, ni el presidente puede designarlos como miembros de su confianza en las carteras de la administración de nuestra república.

En un sistema parlamentario los ministros de gobierno cuentan con la legitimidad de haber sido votados por los electores. En un sistema presidencial, como el nuestro, los cargos son de exclusiva responsabilidad del presidente. Pero éste o ésta en ningún caso recibe carte blanche para hacer lo que se le antoja sin hacerse responsable ante sus electores. Si Sebastián Piñera pretende darle estabilidad y gobernabilidad al país, no puede ahora nombrar gente manchada con la ignominia de los crímenes perpetrados durante el régimen militar.

Los fantasmas del gobierno militar persiguen a Piñera como los zombies a Michael Jackson en el video Thriller. Y ya vemos a Piñera bailando Thriller. Esperemos que el billonario actúe con criterio de estadista y se exorcise de los fantasmas, y que no haya pinochetistas en su gabinete.

miércoles, 13 de enero de 2010

Réquiem para Marco Enríquez-Ominami

MEO cagó. Chile Liberal explica por qué

Marco Enríquez-Ominami ha desbarrado al endosar la candidatura de Frei. Ojo, que el error fue endosar a Frei, no votar por él. Nuestro artículo explicará porque esta acción ha sido un sucidio político.

Hasta antes de su sensible fallecimiento político, trágicamente ocurrido hace un par de horas luego de atentar salvajemente contra su propia carrera política, Ominami había sido un candidato digno por poner en jaque a la Concertación y a la Alianza juntas, castigándolas por su inmovilismo y sus oscuros procedimientos para ungir a sus abanderados para la elección presidencial. Su candidatura fue ganando adeptos a medida que aumentaba el desconcierto frente a una abúlica campaña disputada entre dos conservadores moderados, el demócrata cristiano Frei, y el también demócrata cristiano Piñera.


Es importante recordar al nacimiento en la política y la adolescencia de Ominami (trágicamente, no llegó a la adultez). Él fue un sub-producto de la Concertación: toda su carrera política la había recorrido bajo el amparo de la coalición fundada para derrotar a Pinochet y devolver al país a la democracia. Sería absurdo creer que Ominami votaría por el candidato que hoy se perfila como ganador, Sebastián Piñera. Ante el inminente triunfo del billonario, es evidente que Ominami votaría —quizás a regañadientes—, por Frei.

El asunto no es su voto. El asunto es manifestar su voto en público. Si Marco Enríquez-Ominami quería comenzar su propia carrera política, es decir, si aspiraba a algo grande, debió haber guardado silencio y dejar que el pueblo decidiese este domingo con él tomando palco; el underdog, la alternativa desechada —aunque latente—, desde ya empezaría a organizar su bloque de Oposición con miras a derrotar al ganador de este 17 de enero. Pero el otrora díscolo ha vuelto al Parque Jurásico de la Concertación no como el hijo pródigo, sino estúpidamente, como el hijo rebelde que se marcha de casa a hacer su vida independiente pero transcurrido un par de días vuelve mansito para que la mamá le lave los calzoncillos y le haga la comida.

Marco Enríquez-Ominami cometió un error garrafal porque no tiene por dónde obtener beneficio alguno de su adhesión al helvético candidato (¿había visto alguien un moai suizo?). Esto es por dos razones. La primera es que en caso de ganar Frei, hipótesis poco probable, Enríquez-Ominami será desplazado por quienes él denunció y atacó como "dinosaurios", lo que lo dejará en una incómoda posición: no se puede descalificar a un contrincante, para después terminar de amigos. Y si así ocurre, el electorado no es tan idiota como para quedar impávido. El diputado y ex canidato era justamente la alternativa a los dinosaurios. Su opción ha quedado herida de muerte por una herida auto-infligida en un arranque de desesperación. Si la Conertación sigue en el gobierno, Ominami quedará relegado por sus pares ayer denostados, y poco apreciado por sus propios votantes en primera vuelta.

La segunda razón es incluso más elocuente que la primera. Es probable, si creemos a las encuestas, que Piñera sea proclamado este domingo el próximo presidente de nuestra república. Si Ominami hubiese actuado con lógica, se habría proclamado esa misma noche como el líder de la Oposición a Piñera. Más aún, sabiendo que a lo sumo el billonario ganará por una nariz, si es que no en fallo fotográfico. La posibilidad de que MEO se erigiese como el líder opositor que con unos pocos votos dejaba de rodillas al potencial gobierno de la Alianza era la alternativa más sensata, más aún si consideramos que habría quedado en una prometedora posición para ganar la próxima presidencial (estrategia que ya empleó Piñera, al parecer con éxito; no obstante, nuestro sitio cree que una candidatura presidencial debe ser la coronación de una impecable carrera política, y no una pasarela para testimoniar tonterías o aspirar como traompolín político). Con un Ominami entronizado como el líder natural en la Oposición a Piñera, el diputado habría quedado ínmejorablemente bien situado en la pole position para la elección del 2014.

En resumen, Enríquez-Ominami prefirió convertirse en un dinosaurio a los 36 años, y de paso, ha acabado como un político fracasado.

MEO: fuiste bueno mientras duraste. Contigo dejamos testimonio de que estamos descontentos. El problema es que duraste menos que un candy. Te hiciste un harakiri político sin ser un samurai. Como un kamikaze, preferiste estrellarte y morir sin gloria. No habrá discurso fúnebre, sólo el avergonzante aplauso de un morral miserable como Camilo Escalona.

lunes, 11 de enero de 2010

Debate: Un voto por Piñera (III. Conclusión)

Cerramos nuestro debate presidencial en Chile Liberal con las declaraciones finales de ambas facciones. Luego de la derrota de MEO, los lectores de este sitio, en el blog y Facebook, han tenido la oportunidad de contrastar diferentes puntos de vista, y creo que cada uno de ustedes está plenamente facultado para emitir un voto meditado, a conciencia, y de alto valor democrático. Sea cual sea la decisión de cada cual, alentamos a todos los lectores a que acudan de buena gana el domingo a cumplir con el deber cívico y mantener viva la democracia.


Declaración:

Chile Liberal sostiene que la mejor opción de mantener los éxitos de la Concertación y de impulsar las reformas aún pendientes es votando por el candidato de la Oposición, Sebastián Piñera.


Ver jornadas anteriores: I. Abertura, II. Refutación.


III. Conclusión

1.- Moción a favor, Cristian

Chile Liberal,
No me sería posible dejar de decir que, así como hay votantes invariables en la derecha, los hay muchos más en la izquierda. Y esto está en directa relación con la incapacidad patológica del votante izquierdista para criticar a los magistrados que él o ella ha elegido, salvo cuando abandonan el partido. El votante izquierdista solamente es bueno criticando a los magistrados y partidos de derecha. Y es por esto que resulta importante, para presionar el futuro gobierno de Sebastián Piñera, puesto que su griterío insensato e incomprensible —aunque esté falto de sentido y fundamentos—, servirá para hacerle sentir a este gobierno una fuerte oposición ante medidas impopulares o directamente incorrectas o ante una falla de gestión. No podemos pretender, sin embargo, que tal votante sea "crítico", porque hasta el hombre religioso es más crítico con su fe que el votante invariable de izquierda con los magistrados que elige.

Sabemos, por lo tanto, que el votante izquierdista invariable no dejará de votar el próximo domingo. En consecuencia, es necesario que nosotros sumemos todos los votos posibles al candidato que representa de mejor manera nuestros ideales políticos, i.e., Sebastián Piñera. No se trata de que sea un deber: esto es así solamente porque lo dice la ley, no porque sea real. Y, como no es un deber, el voto debe surgir desde la convicción profunda de que nuestro candidato es mejor que el otro y de que realizará una gestión más cercana a lo que nosotros esperaríamos de un gobierno que fuese enteramente de nuestro gusto. Este voto, por supuesto, no se agota en escoger a quien consideremos "menos malo", sino en elegir a aquel ciudadano que verdaderamente conseguirá la continuidad de un desarrollo y un crecimiento importante para Chile, combinándolo, eso sí, con una gestión mejorada y más eficiente.

Algo que hemos estado insinuando sin llegarlo a explicitar es nuestro recelo con los sectores conservadores de la derecha, los cuales también accederán al poder cuando Sebastián Piñera asuma la primera magistratura del país. Así como no nos gustan los socialistas, tampoco nos agradan los conservadores: ambos son perjudiciales para el ejercicio de las libertades individuales cuando llegan al poder. Pero hemos podido ver, en los debates y las campañas de ambos candidatos, que ellos comparten muchas ideas relativas a las libertades de orden social, por lo cual la diferencia entre ambos estaría marcada, más bien, por las libertades de orden económico. Y, en este aspecto, todos sabemos que la derecha tiene mucho más que ofrecer frente a una izquierda fanática de los impuestos, el sueldo mínimo, las leyes especiales y las fiscalizaciones.

La izquierda chilena no solamente está desgastada luego de veinte años en el gobierno: también se está convirtiendo en un peligro para nuestro desarrollo económico y no tiene nada más que ofrecer en el campo social. Necesitamos un gobierno que ofrezca beneficios a la población sobre la base de un enriquecimiento efectivo del país y la coalición de izquierda ha fallado en cuanto a esta tarea. Por todo esto, nosotros debiéramos votar a favor de Sebastián Piñera el próximo domingo.


2.- Moción en contra, Catalina

Chile Liberal,
Sin lugar a dudas, la alternancia le hace bien a la democracia de un país. Y de hecho, probablemente muchos consideremos que el mal menor no es Frei, sino Piñera, justamente por lo primero que he mencionado. Ahora bien, la alternancia que Piñera representa es una alternancia confusa dada la poca claridad que se tiene respecto a las políticas que el candidato de RN pretende llevar a cabo de ser elegido presidente. La confusión —debido a un vaivén de ideas entre conservadurismo y liberalismo— no le hacen favor cuando lo que se pretende es demostrar capacidad real de decisión. Es seguro que esta oscilación se deba a su relación con la ultramontana UDI, pero es este hecho el que no puede tomarse como algo menor si lo que se pretende es que parte de un 20% del electorado le entregue su voto el próximo 17 de enero.

Obviamente nos conviene más, desde una perspectiva económica, un gobierno de Piñera antes que uno de Frei, quien hoy hace defensa de un elevado estatismo. Pero desde una mirada civil y valórica, Piñera aún no se puede constituir como opción válida. Darle el voto es votar por una alternancia que no sabemos si contribuirá con las materias sociales que el país requiere para avanzar.

Piñera ha concentrado su campaña en la promesa de cambio (asumimos que de cambio positivo). Pues bien, si este señor desea "sumar" un voto de confianza, tal vez pueda lograrlo apuntando su discurso hacia lo que hasta ahora no se ha atrevido a manifestar y prometer: CAMBIOS en lo que respecta a los temas civiles y valóricos. No puede ser Piñera opción para un liberal si pretende mantenerse al margen de estos temas o bien, significar el retroceso de éstos.

Ha dicho Cristián algo que yo había mencionado anteriormente: el voto debe ser un voto convencido que no se agota en elegir al mal menor, sino en escoger la real representatividad de las respuestas a las necesidades que la nación tiene. Me pregunto si acaso Piñera es el fiel representante de un gobierno que traerá más beneficios que males a Chile, si es acaso quien fortalecerá la libertad y democracia en nuestro país por medio de su mando en el ejecutivo. La única respuesta que se me ocurre hasta ahora es la duda; no vaya a ser Piñera un candidato ilusorio, un hedonismo egoísta encubierto en esperanzas de un hedonismo universal. Frente a esa duda, no me cabe por ahora más que abstenerme de darle mi voto, y mantenerme en mi posición quizás poco útil para algunos: votar nulo.

Piñera debiese firmar un contrato, donde se expusiera claramente el objetivo de cumplir con las voluntades liberales. No vaya sino a suceder que, muchos ansiosos de un Chile unido y próspero, se tropiecen dolorosamente.

Te felicito Chile Liberal por dar cabida a un debate sano de ideas. Como decía John Stuart Mill: "la verdad no tiene más ocasión de mostrarse que cuando encuentra abogados para cada parte de ella; y que no es en el partidario apasionado, sino en el calmoso y desinteresado, donde la colisión de opiniones produce un efecto saludable".

domingo, 10 de enero de 2010

Piñera, di NO a la guerra al narcotráfico

De ser elegido presidente, Piñera debe despenalizar el consumo y comercio de drogas

Hace poco un comentarista autodenominado liberal nos proponía como la gran cosa que para luchar contra el narcotráfico se creara "una justicia especial (...) empleando la FFAA". Los conservadores, primero, se autodenominan liberales. Segundo, su tópico favorito es tirar a los tanques y los milicos a la calle. El experimento lo ha llevado a cabo el presidente de México, Felipe Calderón, quien la declarado guerra frontal y total al narcotráfico, y ha prometido mano dura, ganándose el aplauso de la estupdentsia. Más encima, se jacta de ello. Pero como Chile Liberal advierte, y junto con nosotros toda la intelligentsia, esta guerra está condenada al fracaso, tal como nos relata Mario Vargas Llosa en la columna que reproducimos a continuación.

La administración de Obama ha comenzado a relajar las leyes que reprimen el consumo de droga, empezando por la cannabis. EEUU ya se dio cuenta que perdida la guerra que declaró con la Ley Seca, la guerra a los narcos está igualmente condenada al fracaso. Incidentemente, esa fue una guerra costosa e inútil. La prohibición ha parido a los monstruos del narcotráfico, tal como la Ley Seca nos dio a Al Capone. Con Afganistán, México y Colombia devastados (ya en su época fue Indochina con el opio), es hora de abordar el problema de los barones de las drogas desde una perspectiva diferente a la de tirar a los milicos a la calle, o la de hacer alarde de la mano dura, como lo viene haciendo Piñera (ver foto de uno de sus ataques de populismo)

Señor Piñera: usted ha recibido el distinguido endoso de Mario Vargas Llosa. Terminado el burdel de la campaña política y cuando el populismo ya no sea necesario, córtela con el discursito barato y entienda que la forma de devolver las calles al Estado de derecho y la gobernabilidad democrática no es con una guerra total, como se ha absurdamente hecho en México. Señor Piñera siga los pasos de Obama y empiece a pensar seriamente en despenalizar el consumo de drogas. Ellas son un problema de sanidad pública, y no un problema legal. Nadie mete a la cárcel a un alcohólico ni a los dueños de Viña Concha y Toro. Aplique el mismo principio ahora a las drogas y verá como el país funcionará más eficientemente.

El otro Estado
La experiencia de México lo confirma: no es posible derrotar militarmente al narcotráfico. Habrá cultivo y tráfico de drogas mientras haya consumo. La despenalización es el único remedio
(Destacados de Chile Liberal)

MARIO VARGAS LLOSA 10/01/2010

Hace algún tiempo escuché al presidente de México, Felipe Calderón, explicar a un grupo reducido de personas, qué lo llevó hace tres años a declarar la guerra total al narcotráfico, involucrando en ella al Ejército. Esta guerra, feroz, ha dejado ya más de quince mil muertos, incontables heridos y daños materiales enormes.

El panorama que el presidente Calderón trazó era espeluznante. Los cárteles se habían infiltrado como una hidra en todos los organismos del Estado y los sofocaban, corrompían, paralizaban o los ponían a su servicio. Contaban para ello con una formidable maquinaria económica, que les permitía pagar a funcionarios, policías y políticos mejores salarios que la administración pública, y una infraestructura de terror capaz de liquidar a cualquiera, no importa cuán protegido estuviera. Dio algunos ejemplos de casos donde se comprobó que los candidatos finalistas de concursos para proveer vacantes en cargos oficiales importantes relativos a la Seguridad habían sido previamente seleccionados por la mafia.

La conclusión era simple: si el gobierno no actuaba de inmediato y con la máxima energía, México corría el riesgo de convertirse en poco tiempo en un narco-estado. La decisión de incorporar al Ejército, explicó, no fue fácil, pero no había alternativa: era un cuerpo preparado para pelear y relativamente intocado por el largo brazo corruptor de los cárteles.

¿Esperaba el presidente Calderón una reacción tan brutal de las mafias? ¿Sospechaba que el narcotráfico estuviera equipado con un armamento tan mortífero y un sistema de comunicaciones tan avanzado que le permitiera contraatacar con tanta eficacia a las Fuerzas Armadas? Respondió que nadie podía haber previsto semejante desarrollo de la capacidad bélica de los narcos. Éstos iban siendo golpeados, pero, había que aceptarlo, la guerra duraría y en el camino quedarían por desgracia muchas víctimas.

Esta política de Felipe Calderón que, al comienzo, fue popular, ha ido perdiendo respaldo a medida que las ciudades mexicanas se llenaban de muertos y heridos y la violencia alcanzaba indescriptibles manifestaciones de horror. Desde entonces, las críticas han aumentado y las encuestas de opinión indican que ahora una mayoría de mexicanos es pesimista sobre el desenlace y condena esta guerra.

Los argumentos de los críticos son, principalmente, los siguientes: no se declaran guerras que no se pueden ganar. El resultado de movilizar al Ejército en un tipo de contienda para la que no ha sido preparado tendrá el efecto perverso de contaminar a las Fuerzas Armadas con la corrupción y dará a los cárteles la posibilidad de instrumentalizar también a los militares para sus fines. Al narcotráfico no se le debe enfrentar de manera abierta y a plena luz, como a un país enemigo: hay que combatirlo como él actúa, en las sombras, con cuerpos de seguridad sigilosos y especializados, lo que es tarea policial.

Muchos de estos críticos no dicen lo que de veras piensan, porque se trata de algo indecible: que es absurdo declarar una guerra que los cárteles de la droga ya ganaron. Que ellos están aquí para quedarse. Que, no importa cuántos capos y forajidos caigan muertos o presos ni cuántos alijos de cocaína se capturen, la situación sólo empeorará. A los narcos caídos los reemplazarán otros, más jóvenes, más poderosos, mejor armados, más numerosos, que mantendrán operativa una industria que no ha hecho más que extenderse por el mundo desde hace décadas, sin que los reveses que recibe la hieran de manera significativa.

Esta verdad vale no sólo para México sino para buena parte de los países latinoamericanos. En algunos, como en Colombia, Bolivia y Perú, avanza a ojos vista y en otros, como Chile y Uruguay, de manera más lenta. Pero se trata de un proceso irresistible que, pese a las vertiginosas sumas de recursos y esfuerzos que se invierten en combatirlo, sigue allí, vigoroso, adaptándose a las nuevas circunstancias, sorteando los obstáculos que se le oponen con una rapidez notable, y sirviéndose de las nuevas tecnologías y de la globalización como lo hacen las más desarrolladas transnacionales del mundo.

El problema no es policial sino económico. Hay un mercado para las drogas que crece de manera imparable, tanto en los países desarrollados como en los subdesarrollados, y la industria del narcotráfico lo alimenta porque le rinde pingües ganancias. Las victorias que la lucha contra las drogas pueden mostrar son insignificantes comparadas con el número de consumidores en los cinco continentes. Y afecta a todas las clases sociales. Los efectos son tan dañinos en la salud como en las instituciones. Y a las democracias del Tercer Mundo, como un cáncer, las va minando.

¿No hay, pues, solución? ¿Estamos condenados a vivir más tarde o más temprano, con narco-Estados como el que ha querido impedir el presidente Felipe Calderón? La hay. Consiste en descriminalizar el consumo de drogas mediante un acuerdo de países consumidores y países productores, tal como vienen sosteniendo The Economist y buen número de juristas, profesores, sociólogos y científicos en muchos países del mundo sin ser escuchados. En febrero de 2009, una Comisión sobre Drogas y Democracia creada por tres ex-presidentes, Fernando Henrique Cardoso, César Gaviria y Ernesto Zedillo, propuso la descriminalización de la marihuana y una política que privilegie la prevención sobre la represión. Éstos son indicios alentadores.

La legalización entraña peligros, desde luego. Y, por eso, debe ser acompañada de un redireccionamiento de las enormes sumas que hoy día se invierten en la represión, destinándolas a campañas educativas y políticas de rehabilitación e información como las que, en lo relativo al tabaco, han dado tan buenos resultados.

El argumento según el cual la legalización atizaría el consumo como un incendio, sobre todo entre los jóvenes y niños, es válido, sin duda. Pero lo probable es que se trate de un fenómeno pasajero y contenible si se lo contrarresta con campañas efectivas de prevención. De hecho, en países como Holanda, donde se han dado pasos permisivos en el consumo de las drogas, el incremento ha sido fugaz y luego de un cierto tiempo se ha estabilizado. En Portugal, según un estudio del CATO Institute, el consumo disminuyó después que se descriminalizara la posesión de drogas para uso personal.

¿Por qué los gobiernos, que día a día comprueban lo costosa e inútil que es la política represiva, se niegan a considerar la descriminalización y a hacer estudios con participación de científicos, trabajadores sociales, jueces y agencias especializadas sobre los logros y consecuencias que ella traería? Porque, como lo explicó hace veinte años Milton Friedman, quien se adelantó a advertir la magnitud que alcanzaría el problema si no se lo resolvía a tiempo y a sugerir la legalización, intereses poderosos lo impiden. No sólo quienes se oponen a ella por razones de principio. El obstáculo mayor son los organismos y personas que viven de la represión de las drogas, y que, como es natural, defienden con uñas y dientes su fuente de trabajo. No son razones éticas, religiosas o políticas, sino el crudo interés el obstáculo mayor para acabar con la arrolladora criminalidad asociada al narcotráfico, la mayor amenaza para la democracia en América Latina, más aún que el populismo autoritario de Hugo Chávez y sus satélites.

Lo que ocurre en México es trágico y anuncia lo que empezarán a vivir tarde o temprano los países que se empeñen en librar una guerra ya perdida contra ese otro Estado que ha ido surgiendo delante de nuestras narices sin que quisiéramos verlo.


© Mario Vargas Llosa, 2010. © Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2010.

sábado, 9 de enero de 2010

Nuestra conversación con Piñera

Acuso recibo de una llamada telefónica que ha realizado Sebastián Piñera a la redacción de Chile Liberal, nada menos que para solicitar nuestro apoyo. La verdad es que no me sorprende, considerando que este sitio muchos lo están leyendo y sacando ideas, incluido el propio candidato conservador. Piñera nos ha llamado en la tarde de hoy y les presento a continuación la transcripción íntegra de la conversación. Oye, no se rían, si no es hueveo. Justo alcancé a prender la WebCam y el video del intercambio pueden en exclusiva verlo en este clip que subimos a YouTube. Bueno, luego de dejar en claro la veracidad de los hechos, les invito a leer el contenido de nuestra interesante discusión.



Sebastián Piñera: Aló, Chile Liberal
Chile Liberal: Aló, sí, con él, ¿quién habla?

SP: Hola pos hombre, cómo estás, habla Sebastián Piñera y te llamo para que te sumes al Cambio. Tú sabes que lo mío es muuuucho más grande que derrotar a la Concertación, lo mío es derrotar a la pobreza, a la exclusión...
ChL: Tatán, no jodas

SP: Pero si es en serio. El país necesita un Cambio. Yo desde ya te digo: vamos a cambiar a Chile
ChL: Ya. Estoy que te creo. En serio Tatán, sin hueveo, ¿por qué te interesa tanto ahora mi voto? Ya sé, es que somos aquellos votos que te faltan. ¿Acaso tus amigos ultra-conservadores de la UDI ya no te bastan?

SP: Me pillaste, viejo. La verdad es esa. Tengo asegurado más o menos el mismo porcentaje de votos que obtuvo el Pinocho en el plebiscito, pero puta, igual no me alcanza weón. Salió después el MEO y me quitó votos. Para ser un buen presidente necesito en realidad un mandato más o menos bueno, tú sabes, y por eso es que es importante tener más de un 50% de los votos, sino estoy puro hueveando
ChL: Claro que estai hueveando, y más aún, haciéndote el huevón. Te dije que te pronunciarai sobre el
matrimomio gay y el aborto. Apenas saliste con la "unión civil" y los huevones como Kast te amenazaron con dejarte botado, y te hai hecho el huevón olímpico con el aborto

SP: ¿Y qué querís? Mira, la verdad, esos cartuchos de mierda de la UDI no los mastico ni los trago. Si les digo ahora que queremos matrimonio homosexual me mandan a la cresta. El tema puede esperar. Yo en LAN, en ChileVisión, en todas las empresas que he tenido, siempre he contratado coliguachos y tortilleras. Yo no estoy ni ahí con que la gente sea gay, eso es huevada de cada uno. Si hacen bien su pega, puta yo los contrato demás. Tú cachai demás que yo estuve en los negocios para ganar plata, y si me conviene contratar un maricón, lo contrato. Pero anda a explicarle eso a los de la UDI, no entienden los fanáticos. No sé cómo cresta lo voy a hacer cuando esté en el gobierno, pero bueno, habrá que mantener el equilibrio. En lo del aborto, tú sabes muy bien que en Chile esto ya es un chiste. El Pinocho modificó la ley y somos el país más fanático contra el aborto. Pero como los Udientos se vuelven loquitos con el tema, mejor me quedo piola, y después vemos
ChL: No sé Tatán. Tú necesitas los votos nuestros, pero te vas con los ultra-conservadores. Dime, ¿tú pondrías a un maricón como ministro?

SP: Demás. Ya te dije: en mis empresas da lo mismo. Así funciona el mercado, captando el talento. Y quiero eso mismo en el gobierno. Voy a poner de ministros a coliguachos, tortilleras, rotos, ateos, y hasta momios
ChL: ¿Momios?
SP: Claro pues hombre. Sí al final esto es política y deben devolverse los favores
ChL: ¿No será tu gobierno una especie de bolsa de gatos?

SP: Voy a manejar el gobierno con los mismos principios de management que he usado desde los tiempos de Fincard
ChL: Cuando te cagaste a Ricardo Claro

SP: Justamente. Me lo cagué rico, ¿y qué? No es el único tampoco al que me he cagado. Así como muchos me cagaron a mí. Pero tú cachai que esto de los negocios es así. No soy el Padre Hurtado poh weón. He hecho trampas, triquiñuelas y de todo
ChL: Yo te entiendo. Amasar una fortuna de más de 1 billón de dólares es así. Pero sabes, eso me gusta de ti Tatán. Los de la Concertación son huevones que en su vida han dado trabajo a nadie. No son gente pro-business, como nos gusta en Chile Liberal...

SP: Claro, ¿ves? Vota por el Cambio. Súmate al Cambio, lo mío es muuucho más que....
ChL: Déjame terminar la idea, Tatán. Escúchame. Aprende a escuchar. Mira, yo en ese lado no tengo probemas contigo. Pero no quiero que te creas mucho el cuento del "Cambio". En Chile no necesitamos un golpe de timón. Lo que más necesitamos es continuar por la senda actual, pero no seguir con los programas sociales de la Concertación, que son costosos, ineficientes, y probablemente terminen desangrando las finanzas del país en desmedro del crecimiento económico. Al final, eso afecta más a los pobres. ¿Y con qué me sales tú? Con "Ministerio de la pobreza" y huevadas por el estilo

SP: Es que este país es así. Todos quieren Estado. Yo voy a tener criterio. Estado para algunas cosas y así acallar a los socialistas, que en Chile son más que la cresta. Pero yo te entiendo, y estamos de acuerdo. El papel del mercado como motor generador de riqueza es una cuestión que no podemos olvidar. ¿Y? ¿Qué me dices? ¿Votas por mí?
ChL: Así todo, tengo dudas. La franja de Frei creo que ha sido buena. Su campaña en general ha sido correcta, clara. El "Carita de Moai" igual es un gallo derecho, decente. Pero ya estoy cabreado de la Concertación. Ahora ellos quieren reinventarse, pero cuando cacharon que tú Tatán venías galopando, no hicieron nada. O sea, son huevones. Tengo simplemente ganas de votar por la Oposición, y más aún por un huevón como tú que ha sacado empresas adelante, que puede traer más management y menos "paja" al gobierno. Pero tus amiguis ultra-fachos me caen como el poto, te lo digo desde ya

SP: Lo importante no son ellos. Lo importante es sumarse al Cambio...
ChL: Ya córtala con la weá. Mira, por ahora necesitamos aún más gestos tuyos de liderazgo. Necesitamos saber que vas a reinar sobre tus colaboradores cercanos y que no vas a terminar dándole en el gusto a los fachos

SP: La verdad, después de un tiempo, les pego la patada en el poto. Si total, yo sé lo que hago, y la elección la ganaré yo, no ellos. Esos huevones llevan medio siglo sin ganar una elección. Si llegan al gobierno, va a ser por mí. No te preocupes, mi gobierno no será, como le dije a Pato Navia, un "Club de Cachagua", y en un principio pondré uno que otro momio, pero después chao
ChL: OK. Dame un tiempo para decidirme. Por ahora en el blog estamos haciendo un debate sobre por quién votar

SP: Sí, lo he leído, y mis colaboradores lo han estado leyendo. Entiendo la idea, si salgo, se me van a tirar todos encima. Pero sabré tener liderazgo, lo importante es que voten por mí y no voten nulo. No me tengan miedo
ChL: Vale. Mira, dame tu número y cuando me decida, te llamo


[Sebastián Piñera dice su número de teléfono y se despide]

Bueno, quise dejar testimonio de esto para ser transparente, y además por la importancia de los hechos en juego. Si yo tuviera un billón de dólares, ni se me pasaría por la mente tirarme a presidente, ¿para qué? Las motivaciones de Sebastián Piñera ya no es aumentar su fortuna. Por lo mismo, creo que vale la pena darle crédito, como dijimos en su oportunidad.

jueves, 7 de enero de 2010

Debate: Un voto por Piñera (II. Refutación)

Luego de la Abertura, continuamos ahora con la segunda jornada de nuestro debate "estilo British Parliament". Reitero la declaración de Chile Liberal y en seguida la refutación de ambas facciones.




Declaración:
Chile Liberal sostiene que la mejor opción de mantener los éxitos de la Concertación y de impulsar las reformas aún pendientes es votando por el candidato de la Oposición, Sebastián Piñera.




II. Refutación

1. Moción a favor, Cristian


Chile Liberal,
La existencia del duopolio político mencionado por Catalina no obedece a una herencia de políticas del Gobierno Militar, sino a que las fuerzas políticas que han manejado las magistraturas durante los últimos veinte años representan las ideas y aspiraciones políticas de la gran mayoría de los chilenos. De esta manera, resulta natural que las elecciones presidenciales se decidan entre los candidatos de uno y otro sector, puesto que en ellos se encarna la representatividad de la gran mayoría de los ciudadanos.

Ante este panorama, nuestra mejor opción no puede ser la anulación del voto. Anular el voto es equivalente a restarse de una discusión en la cual aspiramos que se alcance cierto desenlace. ¿Cómo podremos influir en el resultado de esta conversación si decidimos no participar en ella? Lo más sano es no restarse, sino que sumarse a esta discusión democrática y hacer sentir el peso —aunque sea leve— de nuestra opinión para poder legitimar nuestra dirección política.


Por otra parte, votar nulo también implica el deseo de que ninguno de los candidatos alcance la máxima magistratura política del país. Pero todos sabemos que no es posible conseguir ningún objetivo político si no hay un Presidente a la cabeza de la República. Pretender que pueda alcanzarse una meta política deseable con este tipo de medidas es desconocer el tipo de ordenamiento político que nosotros mismos nos hemos dado.

Hubo, ciertamente, una manifestación en contra de los grandes pactos políticos durante la primera vuelta, la cual se reflejó en el veinte por ciento de votos obtenido por Marco Enríquez–Ominami. Pero la candidatura de este ciudadano era peligrosa: no solamente porque no era del todo transparente y olía a un sospechoso socialismo que pretendía elevar (¡aún más!) los impuestos al alcohol, sino sobre todo porque representaba el germen del caudillismo, esa bestia que ronda sin freno por países menos desarrollados de América y que ha pretendido, infructuosamente, echar raíces también en nuestra tierra.

Ciertamente, tanto Catalina como yo nos reconocemos defensores del liberalismo y aspiramos a que nuestro país cuente con gobiernos de esta inclinación. Pero debemos reconocer, todos, que no existe una fuerza política ciento por ciento liberal que mantenga alguna magistratura. Es nuestro deber darle vida a esta fuerza política y conllevarla a las magistraturas públicas. Mientras tanto, debemos preocuparnos de votar por los candidatos que nos parezcan más próximos a nuestros fines políticos, puesto que no habrá ninguno que coincida plenamente con ellos si no lo levantamos nosotros mismos.

En sus años de gobierno, la Concertación ha alcanzado ciertos logros, pero también nos ha quitado suficiente crecimiento económico anual como para tener que hacerse a un lado mientras la Coalición consigue contrarrestar este efecto. No podríamos conformarnos con un cambio definitivo de la Concertación por la Coalición, pero debemos reconocer que este cambio se hace necesario en este momento para poder seguir avanzando a través de la vía del desarrollo económico y social.


2. Moción en contra, Catalina

Chile Liberal,
Lo que hoy puede estar enfrentando el piñerismo algunos lo consideran similar a los objetivos de innovación y democratización política que la Concertación tuvo que asumir hace 20 años. La gran diferencia aquí consiste en que Piñera no es la gran novedad —y a diferencia de una Concertación post-dictadura—, la derecha chilena actual es parte de un continuismo político que si bien significa alternancia en un posible gobierno, no es más que una variación parcial, una especie de subconjunto dentro de un sistema político desgastado.

Si efectivamente la derecha tuviese la voluntad de gobernar para el país haciendo mención al epíteto “bacheletista-aliancista”, aquello se habría reflejado ya en el parlamento con una oposición más proclive al consenso que a la crítica caprichosa centrada en el beneficio propio a costa del perjuicio global ajeno.

Por otro lado, el votante concertacionista me parece, a diferencia de Cristian, el más crítico de todos. El votante tradicional de derecha puede considerarse en general como invariable en su voto. Y si hoy Piñera tiene las de ganar no es gracias a este votante, sino al ciudadano descontento que antes votaba por un arcoiris que dejó de vislumbrar.

Tomando en cuenta la calidad del votante, Chile en los últimos 20 años no ha sido un país derechista, pero sí lo ha sido si tomamos en cuenta la calidad de sus gobiernos. Y no es que Chile esté virando a la derecha, Chile ha virado al descontento, a cierta desesperanza y a un contexto en el cual ya no tiene que decidir entre dictadura o democracia, derecha o izquierda, Estado o mercado: Chile hoy elige entre continuismo total o continuismo parcial, pero continuismo al fin y al cabo.

En las pasadas elecciones, el escaso aumento del porcentaje de votantes inscritos, y la no despreciable cantidad de votos blancos y nulos, nos reflejan que al contrario de verse Chile representado en dos sectores, existe una mayoría desencantada y con un bajo sentido de incorporación a la institucionalidad política. A eso hay que agregarle un 20% de los electores que emitiendo un voto válido creyeron esperanzados en una tercera opción y exigieron un descontinuismo real.

La convicción política personal o de un grupo no sólo puede ser manifestada por medio de un voto explícito hacia cierto candidato. Nuestro derecho a votar es más elevado. No existe deber que no implique un principio o sentimiento subjetivo. El deber de votar implica el poder de convicción, y para quienes admiten esto, el voto por el mal menor no puede ser ni motivación ni justificación suficiente. Aquella concepción de que se debe posibilitar mientras podamos aquello que pueda ser mayoritariamente bueno (o impedir lo mayoritariamente malo) no deja de ser verdad en tanto aquello mayoritariamente bueno en realidad lo sea. Pero no siendo así, tomarse el derecho de votar nulo es compatible con un no permanecer impasible frente al contexto crítico que vive la política chilena.

Piñera puede significar cambio, pero cambio no siempre significa avance.

viernes, 1 de enero de 2010

Debate: Un voto por Piñera (I. Abertura)

Nos preparamos para nombrar a uno de nuestros conciudadanos como el primero entre sus iguales, o sea, elegiremos a un presidente de nuestra república. Chile Liberal ha organizado un debate "estilo Oxford," o también llamado "debate estilo British Parliament," aunque acá en formato simplificado, para seguir discutiendo sobre por quién votaremos. Agradezco enormemente a Catalina y Cristian quienes han amablemente aceptado participar en este ejercicio ciudadano, republicano y democrático.



Empecemos por aclarar las reglas. Nuestro sitio, o "la casa" en el formato parlamentario de los British, hará una declaración. Seremos, a la vez, el moderador del debate. Hemos invitado a dos facciones para argumentar a favor y en contra de nuestra declaración. Ellos son Catalina y Cristian. Por correo electrónico se ha enviado la declaración a ambas facciones, quienes han contestado respectivamente con una moción a favor y una en contra. Esta es la primera etapa , que llamamos "abertura" y aparece a continuación en este post. La siguiente etapa será la "refutación", en que ambas facciones, dirigiéndose al Moderador, se contra-argumentarán. La tercera y última fase es la declaración final o "conclusión". Hemos habilitado la sección de encuestas en la barra lateral para captar la opinión ustedes, desde la tribuna. Ustedes como de costumbre pueden manifestarse además en la sección de comentarios.


Declaración:
Chile Liberal sostiene que la mejor opción de mantener los éxitos de la Concertación y de impulsar las reformas aún pendientes es votando por el candidato de la Oposición, Sebastián Piñera.
Por mucho que Piñera prometa cambio, la verdad es que él representa el continuismo del consenso de la transición, vale decir, del pacto tácito entre derecha e izquierda para velar por la profundización de la economía de mercado en un sistema político democrático, donde el Estado juega un papel subsidiario. Las diferencias entre Oposición y Gobierno han sido de matices e intensidad, y no discrepancias de fondo. Los avances gracias a este consenso son evidentes, por ejemplo Chile se presta para unirse a la OCDE. Las reformas pendientes, principalmente en cuanto a modernización del aparato público, representatividad del sistema político y regulación sensata del mercado ya no se lograrán con la coalición de Gobierno, sino con la llegada de la Oposición a La Moneda. Considerando que Chile Liberal fue un sitio "Meísta", tratamos ahora de dilucidar a quién debe ir nuestro endoso. Por lo explicado anteriormente, por ahora estamos considerando al conservador moderado Sebastián Piñera.

Facción a favor: Cristian
Facción en contra: Catalina


I. Abertura

1. Moción a favor, Cristian.


Chile Liberal,
Desde mi experiencia personal, he visto que el votante concertacionista tiende a no reconocer los errores y desaciertos del gobierno por el cual votó. Esta situación ocurre especialmente en los casos de quienes están convencidos de haber votado correctamente: aun cuando el gobierno concertacionista tome malas decisiones y lleve a cabo una gestión cuestionable, ellos lo respaldan o, cuando menos, no lo critican. El votante opositor (aliancista), en cambio, parece mucho más dispuesto a criticar a los magistrados de su sector si estima que están haciendo un mal trabajo. La consecuencia de esto ha sido que, cada vez que la Concertación ha ganado las elecciones presidenciales, ha podido ejercer un mandato relativamente tranquilo y sin ciudadanos que le exijan vehementemente el cumplimiento de su propio programa.

A causa de lo anterior, cabría esperar que, ante una eventual victoria de Sebastián Piñera en las elecciones del próximo mes, nos enfrentaríamos a un futuro gobierno que sería fuertemente exigido por los electores: tanto los opositores como los oficialistas estarían preocupados de que el gobierno ejerza una buena gestión y cumpla con los compromisos adquiridos durante su campaña.

Resulta plausible, pues, afirmar que quienes votarán a favor de Sebastián Piñera necesitan de una oposición ciudadana fuerte para crear una voz potente ante las posibles “innovaciones” que pretendan incluir ciertos sectores de la “Coalición por el Cambio” en el gobierno. No carece completamente de sentido lo que dijo alguna vez Joaquín Lavín cuando se declaró (ocasionando la risa y la censura de muchos) “bacheletista–aliancista”, puesto que refleja el espíritu que impulsa al votante aliancista: tener un buen gobierno para el país. El espíritu del votante concertacionista no comparte este mismo espíritu y se diluye entre asegurar que el gobierno no caiga en manos de quienes respaldaron a Pinochet o, simplemente, conservar el poder entre las facciones “progresistas”.

Puesto que la Concertación ha logrado ciertos éxitos que son reconocidos por todo el espectro político nacional, pero sus votantes no son capaces de reconocer ni de censurar sus errores o, siquiera, de fiscalizar su gestión y, además, el votante aliancista no parece tener la misma vehemencia que tiene el votante concertacionista a la hora de demostrar su oposición; resulta que, como afirma Chile Liberal, “la mejor opción de mantener los éxitos de la Concertación y de impulsar las reformas aún pendientes es votando por el candidato de la Oposición, Sebastián Piñera”



2. Moción en contra, Catalina

Chile Liberal,
Si bien la Concertación ha sido una coalición exitosa, que como gobierno contribuyó a la democratización y desarrollo de nuestro país, es ella hoy parte de un estancamiento político innegable, digo parte porque la Oposición también lo es. Todo esto lo demuestra el duopolio político que se ha mantenido en Chile por 20 años gracias a políticas de la dictadura que hoy siguen prevaleciendo.

Debido a lo anterior, nuestro país se ve actualmente inmerso en una crisis política, fruto de una situación normal que las instituciones experimentan a causa de los procesos históricos. Frente a esta realidad, y como liberales que exigimos mayor profundización de nuestra democracia, decidimos votar por Marco Enríquez-Ominami el pasado 13 de diciembre. Sabemos que los cambios generados progresivamente en la sociedad actual ponen de relieve la existencia de una diversidad de caracteres que nos enseñan la importancia de contribuir a una modernización política que tenga su base en la justa representatividad y respeto hacia lo diverso. Nuestro voto entregado al candidato independiente fue por considerarlo a él la personificación de esta modernización política, que se reflejó en una agenda que propuso cambios significativos que consideramos darían mayor legitimización a nuestra alicaída democracia.

La situación que deberemos enfrentar en segunda vuelta es negativa tomando en cuenta lo anterior. Ninguno de los candidatos de esta segunda elección puede representar verdaderamente aquel vuelco positivo que como parte de esta nación exigimos; ambos más bien representan un retroceso. Por esta razón, lo mejor que puede hacerse es anular el voto; sólo de esta manera haremos manifiesta la necesidad de generar interés ciudadano, sentido de legitimidad y visión de futuro en la política chilena.

La ciudadanía que reaccionó y pidió cambios no puede dejarse llevar esta vez por argumentos intimidatorios o conformistas. Si un 20% del electorado decidió votar en primera vuelta por la transformación de nuestra institucionalidad política, fue porque seguramente reprueba el sistema democrático desgastado que Chile posee hoy. Votar nulo es volver a manifestar esta opción legítimamente, haciendo un llamado de urgencia hacia los que hoy se creen dueños de nuestro sistema político, haciéndoles ver que nuestro voto representa la convicción veraz que se tiene de corregir nuestro Chile democrático. Tal convicción no puede aceptar el conformismo del “mal menor”, porque hacerlo sería continuar sometiéndose a la opresión encubierta.

Como defensores de la democracia liberal (única capaz de tutelar los intereses de todos) comprendemos que Piñera teniendo a su lado gente culpable de que se sigan manteniendo en Chile medidas políticas anti-democráticas, representa parte de un duopolio y polarización política negativa que como liberales no podemos sustentar frente al contexto político actual que ya no sienta sus bases en dicotomías y epítetos del siglo pasado. La verdadera modernización radica hoy en una adecuada conjugación de las libertades económicas, civiles y valóricas, siendo el Estado un ente democrático capaz de velar por los intereses de todo ciudadano, sin otorgar privilegios basados en infames conservadurismos. Hoy la brecha entre derecha e izquierda suele ser poco categórica, porque el futuro político radica en la plena autonomía, no en la libertad a medias.


Invitamos a la tribuna a que se manifieste, mientras las facciones debatientes preparan su refutación.

lunes, 14 de diciembre de 2009

¿Votar por Sebastián Piñera?


El billonario conservador ahora necesita los votos Meístas

Como ya lo explicó nuestro columnista invitado, votar por Piñera es un riesgo. El hombre de negocios sabe, porque no es tonto, que apenas ha igualado la votación que lograse Pinochet en el plebiscito de 1988. Piñera no ha hecho sino sacar ventaja de una centro-izquierda fragmentada. Ahora que el ex-presidente-convertido-en-candidato Eduardo Frei es el único en carrera, es lógico pensar que ambos quieran disputarse la mayor cantidad de huérfanos de MEO. Este artículo argumentará que Sebastián Piñera deberá adoptar una agenda liberal y centrista si quiere llegar a la Moneda, ya que sólo con los votos conservadores, sin atender a los liberales, su candidatura perderá ante Eduardo Frei.

Clasificar al votante de MEO es muy difícil. Hay que primero comprender qué los une. El factor aglutinador de los Meístas es claro: necesidad de cambio. Si los votantes del díscolo no quisiesen cambio, habrían votado por Frei. Alas, acá viene lo complicado. Si asumimos que los Meístas quieren cambio a cualquier precio, entonces el billonario conservador estaría tomándose las medidas para la banda presidencial. Tranquilo, Sebastián. No es tan fácil.

Los votantes de MEO son gente que no hizo aspavientos por apoyar al único parlamentario que ha presentado una ley de aborto (abortada, valga la redundancia, en los primeros días de gestación ya que jamás se discutió). Los Meístas quieren matrimonio homosexual, lo que significa que una pareja de personas del mismo sexo pueden adoptar hijos. También creen que las drogas son una cuestión de opción personal, o por último un problema médico, no criminal. Más encima, han apoyado las primeras propuestas para privatizar parte de Codelco, entre otras empresas del Estado. Es decir, los votantes de MEO son gente progresista. Y nada más alejado del progresismo que un candidato que invoca a dios en sus discursos, que nos ofrece "cambio", sí, pero cambio para ponernos en el gobierno a los discípulos de monseñor Escrivá de Balaguer. Si ese es el "cambio" que propone Piñera, los votantes de MEO preferirán el progresismo de la Concertación, y no a los talibanes que prohibieron la píldora del día después, y que a cargo del ultra-presidencial sistema chileno, nos van a prohibir el anticonceptivo común.

Si Piñera está consciente de que en el balotaje ya tocó techo, y que ahora los votos comienzan a fluir hacia el candidato oficialista, y si quiere desviar esos votos a su tienda, entonces debe ofrecernos lo siguiente:

Matrimonio homosexual
Ley de aborto
Ya algo insinuó Piñera en la franja al mostrar una pareja gay. Sus aliados amenazaron con dejarlo botado (los más acérrimos ultra-conservadores, de hecho, no lo votaron). Piñera necesita más votos liberales que ultra-conservadores. Para ello, no basta con mostrar respeto al homosexual. El matriminio homosexual puede estar perfectamente prohibido en las ceremonias religiosas, pero no en el ordenamiento que rige a la sociedad amplia. No hay motivo para que Piñera continúe empantanado en prejuicios. A Sebastián Piñera ya se lo propusimos. Es hora de que él se pronuncie con más claridad sobre el aborto.

Respecto al aborto, está claro que es una chifladura el creer que una célula microscópica es un sujeto de derechos. Ni siquiera cuando es un feto avanzado. Nuestra legislación debe estar en línea con la del resto del mundo civilizado y dejar la decisión en la conciencia de la mujer, hasta el momento en que el feto sea viable. Piñera ya se mostró a favor de la píldora del día después. Es hora también de que se pronuncie con más claridad.

Como dijimos, Piñera tocó techo. Ahora es Frei el que tiene muchos votos que recibir. Si Piñera quiere seguir en carrera, debe ahora conseguir votos de MEO. Ya hemos dejado en claro cuales son nuestras propuestas. El electorado ya se pronunció. Don Eduardo Frei ya se declaró a favor del aborto terapéutico y también en defensa del matrimonio homosexual. Ahora sólo falta escuchar las nuevas propuestas de Piñera.