lunes, 9 de octubre de 2017

Una verdad muy cómoda: Al Gore felicita a Chile

Cualquier chileno que vea "An Inconvenient Sequel: Truth to Power" saldrá con el pecho henchido de emoción al comprobar que Chile es pionero mundial en la transición a energías limpias. Y el mundo entero lo elogia


Como cualquier cinéfilo voy al cine para distraerme, para pasar un rato entretenido o para conmoverme o reírme. Pero quizás no es bueno que todo sea ficción. Me parece que los documentales en las salas de cine sí deben ocupar un lugar más preponderante. La última entrega de Al Gore, ex Vicepresidente de EEUU (1993-2001), sobre la alarmante situación actual del medioambiente ha interrumpido mis habituales plácidos sábados de cine. Al Gore vuelve a la carga sobre el tema más trascendental para la humanidad: acabar con la emisión de gases y luchar contra los negacionistas climáticos.

Nuestro sistema económico necesita energía, mucha energía, y las fuentes para obtenerlas han sido hasta ahora los combustibles fósiles altamente contaminantes y que han desestabilizado el frágil equilibrio ecológico con sus emisiones. El desafío es lograr una transición ordenada hacia otras maneras de producir energía. Algunos países que antes ocupaban posiciones de liderazgo en todo orden de cosas hoy van en la retaguardia más repugnante. EEUU aún está entrampado en un debate estéril sobre si el origen del calentamiento global es resultado de la acción humana o no. Mientras sus políticos reciben suculentos e irresponsablemente criminales sobornos para socavar el desarrollo de energías alternativas, un pequeño país emergente se erige como el líder mundial en la generación de energía a partir de paneles solares. Ese país se llama Chile.

Así lo muestra Al Gore en Una verdad muy incómoda: Ahora o nunca, secuela de su excelente film del año 2006 An Inconvenient Truth. Si el primero se quedó en la denuncia, su cinta reciente nos da esperanza. Cuando ya la película comenzaba a agobiarme mostrándome el daño extraordinario al ecosistema, el ex Vicepresidente nos pone un ejemplo que es digno de todos los elogios: The Chilean Solar Market es la escena en que Gore nos muestra un gráfico de barras comparando la cantidad de energía que produce Chile año a año. Ante el aplauso y vítores de los asistentes, la última barra escapa de la pantalla y pone de manifiesto que es factible producir energía solar a gran escala.

La transición energética no es una cuestión simpaticona o una merca causa de los abraza-árboles de Chile. Es una cuestión de vida o muerte. Al Gore nos llama a actuar ahora como "si todo tu mundo dependiera de ello". En Chile tenemos plena conciencia. Sin grandes recursos petroleros ni gasíferos, en el pasado inmediato debimos depender del suministro de gas desde Argentina, que a mediados de la década '00 nos cerró el gasoducto así sin más de un día para otro. Y en pleno invierno. Bolivia, donde yace una de las mayores fuentes de hidrocarburos del planeta, se niega a hacer negocios con Chile. Fue necesario ir a buscar gas licuado en el sureste asiático, lo que ha implicado un enorme trabajo e inversiones gigantescas. En un revés extraordinario, Chile acabó exportando gas a Argentina. Pero el futuro no es ése.

La noticia que más llamó la atención de los ambientalistas a nivel mundial fue la gran cantidad de energía solar originada en Chile. Sí, es posible producir energía fotovoltaica a bajo costo y en un país emergente. El camino no fue fácil y debió sortear varios obstáculos ⎯ incluido el escepticismo de este blog.
"The Chilean Solar Market"

Sin energía barata, en Chile colapsamos en un dos por tres. Al mismo tiempo, no podemos seguir contaminando. Como decía el aclamado novelista británico Ian McEwan en Solar, "si un hombre está a punto de morir de sed durante una lluvia torrencial lo lógico es que mire al cielo y abra la boca". El desierto de Atacama es golpeado por un sol plúmbeo todo el año. ¿No será una idea el convertir esos rayos del sol en energía?

El mérito es de la institucionalidad política chilena, su estabilidad ⎯a pesar de todo⎯ y por inverosímil que parezca, hay que agradecer a los políticos chilenos que convirtieron las políticas energéticas en una política de Estado y no un concepto ideológico dependiente del gobierno de turno. Los personeros del gobierno chileno se pavonean en instancias internacionales como estrellas del rock.

En el documental, Al Gore nos muestra imágenes de los huracanes, inundaciones, aluviones e incendios que cada vez con una fuerza sin precedentes castigan a la humanidad. Las lluvias torrenciales en Copiapó y el incendio en Valparaíso son ejemplos que destaca el ex Vicepresidente  en su film junto a innumerables otras catástrofes en el globo. Chile puede inflar su pecho y decir fuerte y claro: estamos liderando la transición mundial a una producción energética limpia.

Uno de los momentos más dramáticos del documental son las tensas negociaciones durante la discusión del Acuerdo de París ⎯tratado famoso en Chile ya que uno de los candidatos presidenciales no tenía la menor idea de qué era (destacamos que votó a favor)⎯. El encuentro internacional fue interrumpido luego del terrible ataque en París en la sala de conciertos Bataclan y otros. India, principal oponente al acuerdo, exigía su derecho a contaminar y así sacar de la pobreza a su población, tal como lo han hecho los países industrializados. Pero al final se acordó un préstamo blando y una transferencia de tecnología a los países en desarrollo para que así puedan conciliar crecimiento con respeto al medioambiente. China incluso se ha comprometido a reducir sus emisiones volcándose a las energías renovables. El acuerdo de París, la COP21 como dicen en francés, se firmó y ha constituido uno de los mayores hitos de nuestra era.

La incertidumbre la pone EEUU, otrora pionero mundial y país al que antes mirábamos con admiración. El gorila que hoy ocupa la Casa Blanca, como sabemos, anunció que su país no suscribiría el Acuerdo de París. Pero el mundo sigue su curso, consciente, como hemos dicho en esa tribuna, que la ascendencia anglosajona está en declive y que ya no podemos contar con EEUU, un país en vías de subdesarrollo y en crisis terminal.

El debate chileno actual no obstante se enreda en pequeñeces y temas jurásicos. Se nos dice que no podemos depender del cobre, a pesar que la minería representa menos del 10% del PIB. Así de atrasados están los candidatos presidenciales. Aún obnubilados por la pérfida ideología cepalina, se nos pregona que debemos industrializar el país, a pesar que hoy debemos robotizar y desindustrializar. El fracaso del desarrollismo kirchnerista no les dice nada, al parecer. 

Si buscamos en qué tenemos ventajas comparativas, hoy es la energía solar la que debe ocupar un lugar de privilegio. Hemos superado la primera etapa con brío. Ahora queda formar especialistas chilenos y poner en contacto a las universidades y su capacidad de investigación con los inversionistas, y abrir aún más nuestras fronteras para que sigan viniendo expertos mientras formamos una base de conocimiento indígena. Es hora de desechar tonterías como producir alambrón de cobre, y mejor firmar acuerdos con China para concentrarnos en la producción de baterías de litio  para los autos eléctricos y seguir avanzando en la transición a un nuevo modelo económico sin adscribir a un proto-marxismo eco-nazi.

De seguro Al Gore ya había acabado el montaje de su documental cuando arreciaron en Chile los megaincendios. La verdad es que tampoco debiésemos esperar que un político foráneo, aunque sea uno con las impecables credenciales del ex hombre de confianza de Bill Clinton, nos diga qué debemos hacer. Para nosotros es cuestión de vida o muerte, lo sabemos perfectamente. Actuemos con celeridad, como si todo nuestro mundo dependiese de ello.



miércoles, 27 de septiembre de 2017

Florencia: Arte renacentista y más

El novelista francés Stendhal visitó Florencia, cuna del Renacimiento, en 1817. Cuando admiraba el interior de la imponente Basílica de Santa Croce comenzó a sentir palpitaciones que derivaron en una crisis de pánico. Se denomina "síndrome de Stendhal" al ataque de nervios que puede desencadenar la exposición a un exceso de belleza y de obras de arte. Florencia, que contiene un cuarto de todo el patrimonio artístico de la humanidad, es por excelencia la ciudad más peligrosa para las almas con híper sensibilidad estética.

Ni por un segundo pretendo el descaro de situarme al mismo nivel del ilustre hombre de letras francés: vuestro humilde servidor es apenas es un escritor frustrado y no da para más que un redactor mediocre (basta hojear este blog para comprobarlo). Pero siguiendo los pasos de Stendhal también fuimos a Florencia y cuando recorrí Santa Croce pensé en él y me sentí intensamente abrumado y extasiado ante el poder del ser humano de renacer y emerger de las putrefactas tinieblas medievales y crear tanta belleza. No me agobié ni sufrí un ataque de nervios mientras contemplaba los sublimes frescos con motivos religiosos de Giotto. Stendhal sacó en su desesperación unos versos de Virgilio para que su lectura apaciguase sus nervios. Yo apenas necesité un espresso macchiato en un café a la vuelta de la esquina.

A quienes les interese indagar más les recomiendo el magnifico libro The Economy of Renaissance Florence, de Richard A. Goldthwaite, profesor de John Hopkins University. Lejos de repetir los tópicos sobre la bondad de la poderosa familia Medici ⎯los Rothschild del Renacimiento⎯ nos da una mirada sobre aspectos menos conocidos gracias a un pulcro y exhaustivo trabajo de investigación. Los banqueros de aquella época inventaron el billete para transportar dinero sin miedo a ser asaltados, y para eludir las condenas de la iglesia de Roma a la "usura". Esta innovación llevaría a la larga a consolidar la industria financiera florentina.

Recordemos que el préstamo de dinero con intereses era una práctica prohibida por la autodenominada "Iglesia Universal" lo que significó un atraso en Europa en el desarrollo del crédito y  por consiguiente del crecimiento económico. Sólo los judíos, arrinconados en los ghettos o juderías, podían dedicarse al pecaminoso préstamo de dinero, sentados en bancos con los billetes encima para atender a los cristianos que solicitaban préstamos. Así, en los bancos de los ghettos en Venecia y Florencia, nacería la industria de la banca a finales de la Edad Oscura. 

Florencia, gracias al río Arno y al espíritu emprendedor de sus ciudadanos libres ⎯que pudieron escapar a la tiranía de los Papas⎯, se convertiría en una ciudad vibrante en que las finanzas, la industria, el arte, la ciencia política y la cultura llegarían al pináculo de la excelencia durante el Cinquecento. Botticelli, Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, Dante, Galileo, por nombrar unos pocos, son quienes forjaron Occidente en la capital de la Toscana. Si bien la Florencia actual está atiborrada de turistas y no de artistas nunca está demás atravesar el Puente Vecchio o disfrutar un negroni en la Piazza della Repubblica para tratar de alguna forma de entender cómo pudieron aquellos míticos virtuosos concebir las obras que no sólo se alojan en la Galería Uffizi o la Accademia, sino que están ahí a vista de todos en ese maravilloso museo al aire libre llamado Firenze.

Quizás lo más estremecedor es ver cómo a pesar de estar sofocado por las miserables tinieblas medievales el ser humano logra Renacer. Da Vinci a escondidas de los edictos religiosos que prohibían la disección de cadáveres se dedicaba a estudiar anatomía. Trataron los oscurantistas de borrar todo vestigio de las civilizaciones clásicas pero el hombre se las ingenió para encontrarlas. Quisieron condenar a las masas a la pobreza pero el espíritu emprendedor pudo lograr prosperidad.

No obstante, también es inquietante verificar que todo se puede ir al carajo. Florencia comerciaba con el Lejano Oriente y con Lyon o Amberes y se enriquecía y formaba excelsos artistas y artesanos refinados. Los mecenas, Cosme y Lorenzo, en vez de despilfarrar como ordinarios promovieron el arte más refinado. Éste es el espíritu libertario que también exalta Chile Liberal. Pero todo llegaría a su fin. Las innovaciones técnicas y comerciales fueron superadas en otras ciudades y Florencia, como lo vimos en Venecia, quedó relegada. Hoy, cuando vemos la ascendencia anglo-norteamericana entrar en su declive final ⎯como apreciamos en el discurso que pronunció Theresa May justamente en Florencia⎯ los vestigios sublimemente gloriosos del epicentro del Renacimiento italiano constituyen una clase magistral sobre el auge y caída de una civilización.