domingo, 16 de abril de 2017

Las razones para boicotear el censo

Y dijo David a Joab y a los príncipes del pueblo: 
—Id, haced censo de Israel desde Beerseba hasta Dan, e informadme sobre el número de ellos para que yo lo sepa.

Respondió Joab:  
—¡Que Jehová añada a su pueblo cien veces más de lo que es, rey, señor mío! ¿Acaso no son todos ellos siervos de mi señor? ¿Para qué procura mi señor esto, que traerá pecado sobre Israel?


En Chile Liberal no consideramos a la Biblia como fuente de verdades reveladas ni mucho menos pero sí creemos que es un ejercicio valioso el reflexionar sobre sus historias. 

Encontramos varios censos en sus narraciones siendo quizás el más famoso el censo de Quirinio, ordenado por el emperador romano César Augusto y efectuado en el año 6 de la Era Común, pero que según la mitología crística ocurrió el primer Anno Domini obligando a José y María a desplazarse a Belén para ser contados. La historia de ese censo es apócrifa, como sabemos, y probablemente también lo es el que ordenó David a Joab, pero el propósito de este artículo no es el análisis de textos místicos sino que vamos a analizar porqué desde la época del Antiguo Testamento los censos son resistidos por la población, tanto así que en los textos sagrados se les denomina "el pecado de David". 

Dios castigó a David, quien actuó contra la voluntad divina, azotando con una hambruna por haber contado a la población de Israel. Si el dios bíblico se opone al censo, vale la pena indagar los motivos por los que los pueblos de la Antigüedad fueron hostiles a la enumeración de la población, llegando al extremo de crear historias divinas para condenarlos. Y en este post, Chile Liberal argumentará a favor de un boicot del censo que pretende el gobierno el 19 de abril de 2017, y sostenemos que debe ser el último censo en Chile.

Un poco de historia
El primer censo inscrito en la Constitución de EEUU fue el de 1790. También significó el primer veto presidencial de la historia norteamericana, por parte de George Washington y aconsejado por Thomas Jefferson. Chile Liberal quiere aclarar que la oposición al censo no es una chifladura sino una posición con raíces históricas y ya argumentado por personajes ilustres.

En Gran Bretaña se aprobó una ley de censos en 1753. Los registros nos dicen que el diputado de Newcastle Mathew Ridley expresó su rechazo temiendo "revueltas populares que impedirán su realización".

Charles Dickens, cuyas maravillosas novelas hasta hoy nos impactan con los relatos de las horribles condiciones de vida del Londres Victoriano, también expresa su disgusto ante los conteos de población y sus consabidas manipulaciones cuando Tom, personaje que todos conocemos de su novela Tiempos difíciles, se refugia en argumentos estadísticos cuando lo sorprenden robando:
De tantas o cuantas personas que ocupan cargos de responsabilidad, un tanto por ciento de tantas o cuantas abusan de la confianza depositada en ellas. Esto es una ley, a vos mismo os lo he oído decir un centenar de veces. ¿Qué puedo hacer yo contra lo que es una ley? De ese razonamiento os habéis servido más de una vez, padre, para consolar a otros. ¡Consolaos ahora vos mismo con él!
Los censos, como podemos observar, son altamente contenciosos y se prestan para todo tipo de manipulaciones. Esto es lógico y constituye uno de los pilares de nuestra argumentación en rechazo a ellos. Como se desprende de lo señalado al principio de este post, lo que quería el gobernante era contar el número de "espadas", es decir, de hombres en edad de combate, para así formar ejércitos y declarar guerras. Aparte de eso, todos los censos tienen como finalidad el establecer cuánta carga impositiva se puede aplicar.

Contar la población y otorgar cifras le da al gobernante un poder descomunal. Si nuestro objetivo es mantener a raya al poder del Estado, debemos empezar por quitarle poder, y una primer paso es negándole esta información preciosa.

Los censos en Chile se han prestado para tonterías. En el censo del año 1982 la gente mentía sobre si tenía en el hogar un televisor a color maravilla tecnológica de la época para así debilitar de alguna manera a la dictadura. Cuando volvió la democracia, se produjo lo contrario: todos querían exhibir sus bienes materiales para así exaltar a los gobiernos democráticos. Los pinochetistas por su parte escondían los computadores, que en la época empezaron a masificarse, para del mismo modo perjudicar al nuevo régimen. Cabe preguntarse, ¿es fiable la información que se obtiene del censo? ¿No será el censo una extraordinaria pérdida de tiempo, dinero y recursos?

No le crean al censo
Los censos sirven incluso para crear discursos políticos. Desde la caída del Muro de Berlín que la izquierda dura se ha quedado huérfana de causas. El indigenismo, vale decir, el exaltar tribus primitivas como hereditarias de sabidurías ancestrales, es uno de aquellos fenómenos post-soviéticos que más daño causa hoy en Chile. La izquierda la abrazó como suya y desde los años 90 se comenzó a observar cada vez con más fuerza manifestaciones el 12 de octubre, de parte de grupos neo-indigenistas, que sirvieron de argumento proto-marxista a la izquierda no renovada. Si añadimos la consternación por el medio ambiente y la irrupción de la ecología como postura política, nos contamos con que aparecen "los Mapuche" (sí, con M mayúscula y sin ese final) reivindicando todo tipo de tonterías. Desde que el censo incluyó la absurda pregunta de si el censado se considera mapuche o indígena, ocurre que ahora se ha llegado a la estupidez de tener en Chile a más de un millón de mapuches en 2012 — cifra completamente ridícula. Y no contarlos se considera "holocausto estadístico" u otras perlas retóricas similares.

Ni hablar de la iglesia de Roma, que después de cada censo asegura que el x por ciento del país es cristiano, por tanto todos debemos seguir las enseñanzas de un texto místico como si fuese un sistema jurídico por obra y gracia de Nuestro Señor el Censo. Como si fuese poco, los evangélicos también se suben por el chorro.

Existen finalidades incluso más perversas. En China los campesinos ocultan a sus niñas y la cantidad de hijos para evitar las sanciones que conllevan las infracciones a las leyes de control de la población. En India, la gente oculta su pertenencia a las terribles castas (en Chile se considera al hinduismo una filosofía bonita y pacífica, a pesar de ser inherentemente cruel, medieval y racista).

Los nazis usaron el terrible censo de 1939 para finalmente ir a arrancar de sus hogares a los judíos. Hasta hoy, en Alemania persiste la resistencia a los conteos. El censo soviético de 1936 arrojó que la población era mucho menor a la esperada. Stalin, que había masacrado a millones de personas, ordenó encarcelar a los censistas por su supuesta negligencia y se realizó un nuevo censo. La estulticia y la maldad parecen no tener fin cuando se trata de determinar cuánta gente vive en un país.


En conclusión, la filosofía liberal nos lleva a rechazar los censos por darles poder desmedido al gobierno para cobrar impuestos, para declarar guerras, para planificar "programas sociales" que causan más mal que bien, y porque son poco fiables, costosos y derechamente inútiles.

Si quieren contar la población, baste restar la cantidad de certificados de defunción a la cantidad de partidas de nacimiento. Si quieren saber cuántos televisores y computadores existen, revisen los inventarios de los distribuidores y los formularios de los importadores. Vayan a buscar la información a las fuentes. Si quieren saber cuántos católicos hay, mejor cuenten cuánta gente va a misa.

Al menos en países civilizados como el Reino Unido la oficina de estadísticas te manda un formulario que tu rellenas a tu propia conveniencia y luego lo devuelves por correo. Te evitas la vergüenza de dejar entrar un desconocido a tu casa y responder preguntas impertinentes o insolentes. Si van a hacer un censo, que esa vez sí sea el último. Un buen paso para acabar con ellos es boicotear el censo que se hará este 19 de abril.

sábado, 25 de marzo de 2017

Los cinco ingredientes de populismo

Los cinco ingredientes del populismo según el profesor Niall Ferguson


El populismo embiste en todo el mundo y debemos entender su génesis para detenerlo


En la era de la posverdad y de la reacción populista les propongo nadar contra la corriente. Ahora que se levantan enemigos imaginarios y se proponen soluciones absurdas, y cuando cualquier pelafustán se da ínfulas de erudito porque "estamos cansados de los expertos", hagamos algo realmente iconoclasta, radical, controversial, políticamente incorrecto y rupturista: escuchemos gente inteligente.

El profesor Niall Ferguson es uno de los intelectuales públicos más prominentes en el Reino Unido y muy respetado también en Estados Unidos. Como ocurre en sociedades avanzadas, los intelectuales también son figuras mediáticas: Ferguson ha escrito y presentado magníficas series de TV como Civilización, ¿el fin de Occiente? o su libro-documental El dinero, Historia financiera del mundo, recompensado con un Emmy. Realizó la brillante investigación Los Rothschild, banqueros del mundo y hace pocos años lanzó una imponente biografía de Henry Kissinger

En Chile Liberal desde luego tenemos diferencias con él pero ello no obsta para destacar su trabajo. Lo que nos motiva en este post es rescatar un interesante análisis suyo sobre el fenómeno del populismo, del cual Ferguson se valió para anticipar el triunfo de Donald Trump. Nos servimos de esta misma matriz para comprender cómo irrumpe el populismo en Chile. Los invito a ver en YouTube Los 5 ingredientes del populismo. A continuación un resumen con nuestra apreciación:

1. Aumento de la inmigración
La primera edad de oro de la globalización comprendió desde finales del siglo 19 hasta su fin abrupto en 1914. (En la historiografía francesa a este periodo le llama Belle Époque.) Se vio el mayor flujo migratorio de la historia, principalmente con el desplazamiento de la población de Europa a EEUU a niveles mucho mayores que los actuales. Ferguson no lo dice pero la cifra que manejo es de un 5% de la población mundial viviendo fuera de su país natal, comparado con un magro 3% actual. 

El miedo al inmigrante ha sido uno de los grandes temas del populista Trump, como sabemos. En Chile también comprobamos tasas migratorias importantes y prácticamente sin precedentes. Podemos declarar que vivimos la segunda mayor ola migratoria desde la colonización europea y es inminente que nuestra época pase a convertirse en la mayor era de inmigración de nuestra historia. ¿Hay algún líder político o de opinión, hay intelectuales exacerbando el miedo a los inmigrantes à la Donald Trump o à la Marine Le Pen? 

2. Aumento en la desigualdad
Niall Ferguson se apoya en Thomas Piketty para establecer este punto y acierta. En Chile Liberal ya abordamos el magnum opus y súper-ventas internacional "Capital en el siglo 21". La expansión actual de la brecha entre ricos y pobres es incontestable. El economista francés de hecho demuestra que la desigualdad actual sólo es superada en magnitud por la desigualdad durante la Belle Époque.

Sólo un necio podría negar que la situación es la misma en Chile. La globalización, si bien ha traído más progreso e inversión que nunca a Chile, también fractura la sociedad creando una clase de winners y otra de losers. Así todo, en los países emergentes como Chile los pobres continúan siendo infinitamente más ricos que los pobres de la generación anterior. No está claro cuánto tiempo esta realidad puede apaciguar a los pobres. El problema es crítico en los países ricos, bien entrados ya en la era post-industrial, donde por primera vez desde que tenemos memoria viva los pobres son hoy, comparativamente hablando, más pobres que antes. El gringo actual es más pobre que sus padres, más pobre que sus abuelos y bisabuelos, e incluso más pobre que sus tatarabuelos. Hoy en Chile nadie, absolutamente nadie, es más pobre que sus progenitores.

3. Aumento en la percepción de la corrupción
En EUU ⎯país con una institucionalidad sólida⎯, vemos que corporaciones como el Congreso han sufrido el derrumbe de su reputación ante los ojos del electorado. La clase política es ferozmente resistida y denostada.

Lo vimos en las elecciones pasadas donde la infame frase Crooked Hillary, "Hillary corrupta", la condenó. Ni hablar de Chile. Nosotros experimentamos hoy la crisis de corrupción más pavorosa de la que tenemos recuerdo, quizás sólo superada en la época de "la escoba de Ibáñez". 

4. Una crisis financiera mayor
La crisis que comenzó el año 2007 será recordada como una de las peores crisis financieras ⎯ sólo la Gran Depresión de 1929 fue más devastadora. Acá Ferguson nos presenta un elemento muy interesante. Todos consideramos al colapso de Wall Street ese terrible martes 24 de octubre de 1929 como la crisis más horrible de la era moderna. En realidad, hubo un periodo tanto o más desequilibrante llamado Pánico financiero de 1873, el cual redundó en un años de bajo crecimiento que perdurarían hasta mediados de la década 1890. Las similitudes con la actualidad son espeluznantes y demuestran que no es tan cliché eso de que la historia se repite a sí misma.

Pues en esto Chile vive una situación excepcional. La Gran Recesión, como finalmente se bautizó a la Crisis Subprime/Credit Crunch/Crisis financiera post-2007, desde luego fue un golpe bajo a las finanzas chilenas. Pero como cultivamos desde 1990 la austeridad fiscal y cierta rectitud política, las finanzas chilenas estuvieron en orden como para resistir el embiste. El año 2010 ya Chile estaba convaleciente y listo para recuperarse, prueba de aquello fue la etapa de alto crecimiento y bajo desempleo que acompañó al expresidente Sebastián Piñera (consecuentemente vino la explosión inmigratoria). 

De todo modos, a pesar que la economía chilena es quizás la más abierta del mundo gracias a nuestros acuerdos de libre comercio (insólito que hoy acuerdos comerciales sean cuestionados), estamos expuestos a las veleidades de los grandes mercados por mucho que nuestro interés ahora resida en los lazos con otras economías emergentes, y no en las alicaídas economías post-industriales occidentales. Hoy vivimos una crisis económica que si bien no es aguda igualmente causa frustración en los votantes debido al crecimiento por debajo de nuestro potencial y el fin del pleno empleo.

5. El ingrediente final: aparece un demagogo
En este escenario irrumpe un líder que conecta con el sentimiento de los electores, quienes se sienten desilusionados y desamparados ante los cuatro elementos descritos anteriormente. La cuestión que plantea Ferguson se limita a determinar quién es el demagogo cuando ya tenemos los cuatro ingredientes.

El profesor escocés nos cuenta un hecho histórico fascinante. La gente cree que lo vivido hoy es la primera vez que ocurre en la historia. Ferguson desempolva a Denis Kearney, el Donald Trump de la década 1870, el populista más insigne durante la crisis financiera descrita en el ingrediente número 4. Su retórica se resume en que los problemas de los trabajadores californianos se debían a los inmigrantes y a una clase dirigente corrupta. Su eslogan era simple: "¡Fuera chinos!". La diatriba pasó del discurso a la acción convirtiéndose en ley ⎯siguiendo la lógica del discurso xenófobo de Trump y sus posteriores decretos migratorios actuales⎯, conocida como la Exclusion Act de 1882 que detuvo primero la inmigración de asiáticos y luego de otros inmigrantes, y finalmente logró detener todos los flujos migratorios. Fue el primero en proponer un muro, mucho antes del Muro de Trump, tal como se ve en esta escalofriante imagen de aquellos años:

Tal como Trump, Kearney formó parte de una legión populista mundial: en la misma época surgían líderes populistas en Europa, principalmente anti-judíos (los judíos de ayer son los musulmanes de hoy).

Ferguson recomienda que los gobiernos cuenten con algún "Consejo asesor de historiadores" y no sólo de economistas, más aún considerando el papel lamentable de los economistas. En Chile no sé qué pensar de tener como asesores a Salazar u otros. Mejor sigamos con los economistas y tecnócratas hasta que tengamos una masa decente de intelectuales.

La conferencia de Ferguson pasa a analizar las consecuencias de la oleada populista de la década 1870. Repasemos sus puntos:

1. Aumento de los aranceles y menor comercio internacional, que duró hasta fines del siglo 19, cuando comenzaría la primera edad de oro de la globalización (Belle Époque). Ya vemos que Trump quiere aumentar aranceles, medida explícita también en el programa de Marine Le Pen, quien propone un 3% de "arancel patriótico" sobre las importaciones.

2. Los populistas no forman gobiernos, no logran poder, pero sí asustan al establishment. En el caso de Trump el populismo sí triunfó. Pero vemos que fracasó en Holanda, y estamos expectantes ante el desenlace en Francia. Ferguson destaca que Kearney ni ninguno de sus pares en Europa no se convirtieron figuras políticas mayores.


3. El populismo no inicia guerras como los fascismos reales de los años 30. Éstos implicaban combates con hombres en uniforme, y Ferguson se apresura en no acusar a todos los populistas de fascistas. Los populistas no causan guerras bélicas porque lo suyo son las guerras comerciales y el proteccionismo en general. 

4. Las oleadas populistas no duran mucho tiempo. Esto es evidente. La gente se da cuenta que las soluciones no funcionan. El populismo de Kearney desapareció en la década 1890 y fue relegado al olvido, tanto así que hoy apenas sabemos quién fue. Ejemplos que entrega Ferguson: los populistas de Argentina y Venezuela. Sus soluciones son peores que los problemas que denunciaron. Vemos cómo Argentina nunca se industrializó y al contrario está atrapada en asfixiantes barreras proteccionistas.

5. La era post-populista dio lugar al progresismo en EEUU y al socialismo europeo. Lloyd George en Reino Unido y Woodrow Wilson en EEUU fueron los grandes líderes progresistas que aparecieron cuando se agotó el populismo posterior al Pánico de 1874. Una vez en el poder, forjaron la nueva globalización que paradójicamente culminó en el cataclismo de la I Guerra Mundial. La lección de la Historia es que son los progresistas quienes causan las guerras. Si bien no comparto esta conclusión de Ferguson al menos sí entiendo el fondo.


El populismo a la chilena
Es inquietante constatar que los cuatro ingredientes de Ferguson se aprecian en Chile. ¿Sólo falta que emerja el demagogo? No, ya lo tenemos ⎯ y no es uno, sino varios.

Sebastián Piñera dio el punta pie inicial cuando de manera estúpida e irresponsable denunció los supuestos graves problemas de criminalidad que según él conlleva el acoger inmigrantes. Las estadísticas dicen que los recién llegados son mucho menos proclives al crimen que la población local pero a Piñera eso no le preocupa.

Tenemos otros populistas, principalmente Alejandro Guiller y Manuel José Ossandón. Para ser justos, Guillier es más bien un populista descafeinado, alguien que en realidad no sabemos muy bien qué piensa, quizás nada, pero sí sabemos que el populacho lo aclama porque salía en TV y de él emanaba cierto aire de integridad. Más bien es un carismático, un demagogo en ciernes, que potencialmente puede empezar a conectar con los votantes sobre los cuatro ingredientes que explica Ferguson.

Ossandón en cambio es el populista por excelencia. Un populista de verdad. Dentro de poco anunciará construir un muro en la frontera de Chile con Perú. Así como Le Pen quiere terminar con el árabe en las escuelas francesas, a pesar que ninguna lección se imparte en árabe, así también Ossandón comienza con el populismo puro que es anunciar medidas ramplonas frente a problemas complejos para pasar al populismo de alto octanaje, que consiste en ofrecer soluciones radicales a problemas inexistentes, a exaltar el "ellos contra nosotros", a proclamarse el purgador de todo lo corrupto, y ser la encarnación de lo anti-sistema, aunque sea él mismo producto del sistema y parlamentario desde tiempos inmemoriales.

Lo mejor que podemos hacer para inocular a la población de la epidemia populista es primero detectar los factores que la hacen posible, como lo hemos hecho en este post, y luego pasar de la cháchara a la acción. 

Urge una ley moderna de inmigración: un sistema de puntos como en Canadá o Australia. Es imperativo mantener el rigor fiscal, donde hemos fallado ya que nos endeudamos y no crecemos ni ahorramos. Requerimos un sistema de seguridad social, proveído por privados conjuntamente con el Estado, para mitigar la sensación de precariedad de los trabajadores. Es esencial, además, un esfuerzo constante por la transparencia en la designación de cargos, la claridad en el financiamiento de campañas y la probidad en la gestión pública para acabar con la lacra de la corrupción y la corrosión de las instituciones (Pacogate, Milicogate, compra de tierras místicas). Empecemos ahora mismo porque el populismo ya está desatado.