domingo, 21 de mayo de 2017

La importancia de un debate

 
Desde hace una semana que ya está instalado Emmanuel Macron en el Palacio del Elíseo. Mientras el flamante mandatario comienza a poner en práctica sus promesas de campaña ⎯empezando por la importantísima moralización de la vida política⎯ repasemos uno de los momentos cúlmines que lo llevaron a ser el ungido por el pueblo galo.

Analizamos anteriormente el primer debate, en que participaron solamente los "candidatos grandes". El banquero-filósofo, nuestro candidato, tuvo un desempeño más bien discreto. El joven gran orador no brilló y nos dejó inquietos. Dijimos en aquel momento que quizás se guardaba para el gran momento, que sería el cara a cara con la formidable Marine Le Pen. 

Ocurrió algo completamente inesperado en el segundo debate, que convocó a los 11 postulantes (los llamados "candidatos chicos" conjuntamente alegaron discriminación y se debió organizar un debate con todos). Uno de los candidatos testimoniales se robó la película. El señor Poutou, en un minuto, hizo más por demoler a Marine Le Pen que toda la clase política mainstream en 10 años. 

Potuou le recordó a Marine Le Pen que ella se cree antisistema y que vive del sistema, que es anti-Europa y su sueldo viene de la Unión Europea, que se cree proletaria pero cuando la convocaron a declarar por el escándalo de empleos ficticios ella se escudó en la inmunidad parlamentaria. "Usted goza de inmunidad parlamentaria, pero nosotros los obreros no tenemos inmunidad obrera", remató el colorido dirigente sindical. Causó sensación en Twitter y las redes sociales. 

El gran ganador así todo fue desde luego el banquero-filósofo, beneficiándose al ver que la candidata de ultra-derecha salió malherida. 

El momento de la verdad
No exageré cuando dije en Twitter que el futuro de Occidente dependía del desempeño de Macron en las 2 horas en el debate del balotaje. Un paso en falso del ex asesor de Hollande, y Le Pen sería Presidenta de Francia. Francamente, estaba nervioso. 

Marine Le Pen llegó con unas fichas de colores que leía de reojo, mientras Macron la hacía añicos en el primer tema de la riña que fueron las políticas laborales, comerciales e industriales. Twitter empezó a matarse de la risa. Una técnica común en los abogados que no conocen el dossier que les presentan, las fichas preparadas por Philippot, el Vicepresidente del FN, incluso estaban incompletas y mal hechas. El propio Macron le pidió que las leyera bien porque en un momento se equivocó de ficha. 

Se vio que Macron fue desde su época escolar un alumno aplicado, un mateo, un niño bueno que se sacaba buenas notas. Su mundialmente famoso amor tanto por la lengua de Molière y como por la filosofía se combinó magníficamente con su conocimiento de economía y finanzas.

Sacó una frase que hizo al país entero reírse con su celebre alusión al poudre de Perlimpimpin, (aceite de serpiente o "snake oil", como se dice en inglés, para llamar a los remedios mágicos que vendían los charlatanes a comienzos de siglo 20).

El momento más lastimoso de Marine Le Pen vino cuando trató de explicar que el Frente Nacional sí quiere salirse del euro para adoptar un "nuevo franco" como moneda nacional, a la vez que el euro, la "moneda del sistema", seguiría circulando en paralelo. Ya no de reojo, sino que abiertamente empezó a leer sus torpedos y sólo hablaba incoherencias. El país se dio cuenta que Marine Le Pen es realmente una charlatana. Sus medidas son chapuceras. 

Macron fue el más convincente, qué duda cabía. El resto es historia.

Le Pen reconoció hace pocos días que el debate no fue su mejor momento. El señor Philippot admitió que no tenían por dónde ganar la elección. Ambos se disputan ahora el rumbo del FN post fracaso presidencial 2017. La señorita Marion Marechal Le Pen, sobrina de Marine, anunciada como la sucesora de su tía, abatida ha renunciado al partido

Para enfrentar las eleciones legislativas dentro de 4 semanas, ya se discute abandonar la idea de salirse del euro lo que ha causado una fracción interna. Tanto el Partido Socialista como el Frente Nacional se han desmoronado gracias a Macron.

La lección de Sun Tzu, como dijimos anteriormente, es que en política como en el arte de la guerra jamás se debe menospreciar al contrincante, y jamás ir a la batalla mal preparado. Gracias al extroardinario Monsieur Macron, Occidente puede respirar tranquilo. Al menos, por ahora.

martes, 9 de mayo de 2017

Victoria en Europa

Discurso de Macron frente a la Pirámide del Louvre
En Chile Liberal estamos exultantes. No hay otro hombre cuyas coordenadas políticas coincidan tanto con las de nuestro sitio. Cuando Emmanuel Macron lanzó su candidatura independiente fue motivo de burlas, mofas y desprecios. Ahora véanlo dónde ha llegado.

Tendremos mucho tiempo para ir analizando paso a paso la instalación de este filósofo banquero en el Palacio del Elíseo. 

No obstante hay un elemento turbio que no puede pasar inadvertido. Macron ha derrotado a Marine Le Pen, una mujer de tendencias odiosas, de un partido petanista. OK, a muchos no les agrada demasiado votar por Macron, pero la disyuntiva no era tan complicada: Marine Le Pen es nazi, Macron no. ¿Tanto hay que pensarlo?

Con Le Pen la asonada populista pudo haber causado estragos a escala planetaria. Había que detenerla a como dé lugar.

Mientras el mundo se unía frente a la amenaza fascista, muchos se dirigieron a la iglesia de Roma, como suele ocurrir, para hallar una guía y de alguna forma escuchar algunas palabras sabias.

No se sorprendan que entre una nazi y un liberal, el señor Bergoglio, tal como hizo la asociación del Vaticano durante la ascensión de Adolfo Hitler, en el mejor caso titubeó, y en el peor, apoyó a la nazi.

Sobre Macron, Bergoglio con desprecio declaró: "no lo conozco, no sé de dónde viene". Palabras que de inmediato usó Le Pen para traer agua a su propio molino. El silencio posterior del líder del Vaticano constituye un apoyo tácito a una de las mujeres políticas más tóxicas de esta última era.

Marine Le Pen argumentó que "un ultraliberal no puede ser del gusto del Papa". De hecho, tiene razón.

Así que ya saben. Entre un nazi y un liberal, la iglesia de Roma lo medita, luego vacila, y termina apoyando a los nazis. Es su costumbre. No esperaba otra cosa.

De la iglesia de Roma no espero nada y así todo me decepciona.

domingo, 16 de abril de 2017

Las razones para boicotear el censo

Y dijo David a Joab y a los príncipes del pueblo: 
—Id, haced censo de Israel desde Beerseba hasta Dan, e informadme sobre el número de ellos para que yo lo sepa.


Respondió Joab:  
—¡Que Jehová añada a su pueblo cien veces más de lo que es, rey, señor mío! ¿Acaso no son todos ellos siervos de mi señor? ¿Para qué procura mi señor esto, que traerá pecado sobre Israel?


En Chile Liberal no consideramos a la Biblia como fuente de verdades reveladas ni mucho menos pero sí creemos que es un ejercicio valioso el reflexionar sobre sus historias. 

Encontramos varios censos en sus narraciones siendo quizás el más famoso el censo de Quirinio, ordenado por el emperador romano César Augusto y efectuado en el año 6 de la Era Común, pero que según la mitología crística ocurrió el primer Anno Domini obligando a José y María a desplazarse a Belén para ser contados. La historia de ese censo es apócrifa, como sabemos, y probablemente también lo es el que ordenó David a Joab, pero el propósito de este artículo no es el análisis de textos místicos sino que vamos a estudiar porqué desde la época del Antiguo Testamento los censos son resistidos por la población, tanto así que en los textos sagrados se les denomina "el pecado de David". 

Dios castigó a David, quien actuó contra la voluntad divina, azotando con una hambruna por haber contado a la población de Israel. Si el dios bíblico se opone al censo, vale la pena indagar los motivos por los que los pueblos de la Antigüedad fueron hostiles a la enumeración de la población, llegando al extremo de crear historias divinas para condenarlos. Y en este post, Chile Liberal argumentará a favor de un boicot del censo que pretende el gobierno el 19 de abril de 2017, y sostenemos que debe ser el último censo en Chile.

Un poco de historia
El primer censo inscrito en la Constitución de EEUU fue el de 1790. También significó el primer veto presidencial de la historia norteamericana, por parte de George Washington y aconsejado por Thomas Jefferson. Chile Liberal quiere aclarar que la oposición al censo no es una chifladura sino una posición con raíces históricas y ya argumentada por personajes ilustres.

En Gran Bretaña se aprobó una ley de censos en 1753. Los registros nos dicen que el diputado de Newcastle Mathew Ridley expresó su rechazo temiendo "revueltas populares que impedirán su realización".

Charles Dickens, cuyas maravillosas novelas hasta hoy nos impactan con los relatos de las horribles condiciones de vida del Londres Victoriano, también expresa su disgusto ante los conteos de población y sus consabidas manipulaciones cuando Tom, personaje que todos conocemos de su novela Tiempos difíciles, se refugia en argumentos estadísticos cuando lo sorprenden robando:
De tantas o cuantas personas que ocupan cargos de responsabilidad, un tanto por ciento de tantas o cuantas abusan de la confianza depositada en ellas. Esto es una ley, a vos mismo os lo he oído decir un centenar de veces. ¿Qué puedo hacer yo contra lo que es una ley? De ese razonamiento os habéis servido más de una vez, padre, para consolar a otros. ¡Consolaos ahora vos mismo con él!
Los censos, como podemos observar, son altamente contenciosos y se prestan para todo tipo de manipulaciones. Esto es lógico y constituye uno de los pilares de nuestra argumentación en rechazo a ellos. Como se desprende de lo señalado al principio de este post, lo que quería el gobernante era contar el número de "espadas", es decir, de hombres en edad de combate, para así formar ejércitos y declarar guerras. Aparte de eso, todos los censos tienen como finalidad el establecer cuánta carga impositiva se puede aplicar.

Contar la población y otorgar cifras le da al gobernante un poder descomunal. Si nuestro objetivo es mantener a raya al poder del Estado, debemos empezar por quitarle poder, y un primer paso es negándole esta información preciosa.

Los censos en Chile se han prestado para tonterías. En el censo del año 1982 la gente mentía sobre si tenía en el hogar un televisor a color maravilla tecnológica de la época para así debilitar de alguna manera a la dictadura. Cuando volvió la democracia, se produjo lo contrario: todos querían exhibir sus bienes materiales para así exaltar a los gobiernos democráticos. Los pinochetistas por su parte escondían los computadores, que en la época empezaron a masificarse, para del mismo modo perjudicar al nuevo régimen. Cabe preguntarse, ¿es fiable la información que se obtiene del censo? ¿No será el censo una extraordinaria pérdida de tiempo, dinero y recursos?

No le crean al censo
Los censos sirven incluso para crear discursos políticos. Desde la caída del Muro de Berlín que la izquierda dura se ha quedado huérfana de causas. El indigenismo, vale decir, el exaltar tribus primitivas como hereditarias de sabidurías ancestrales, es uno de aquellos fenómenos post-soviéticos que más daño causa hoy en Chile. La izquierda la abrazó como suya y desde los años 90 se comenzó a observar cada vez con más fuerza manifestaciones el 12 de octubre, de parte de grupos neo-indigenistas, que sirvieron de argumento proto-marxista a la izquierda no renovada. Si añadimos la consternación por el medio ambiente y la irrupción de la ecología como postura política, nos contamos con que aparecen "los Mapuche" (sí, con M mayúscula y sin ese final) reivindicando todo tipo de tonterías. Desde que el censo incluyó la absurda pregunta de si el censado se considera mapuche o indígena, ocurre que ahora se ha llegado a la estupidez de tener en Chile a más de un millón de mapuches en 2012 — cifra completamente ridícula. Y no contarlos se considera "holocausto estadístico" u otras perlas retóricas similares.

Ni hablar de la iglesia de Roma, que después de cada censo asegura que el x por ciento del país es cristiano, por tanto todos debemos seguir las enseñanzas de un texto místico como si fuese un sistema jurídico por obra y gracia de Nuestro Señor el Censo. Como si fuese poco, los evangélicos también se suben por el chorro.

Existen finalidades incluso más perversas. En China los campesinos ocultan a sus niñas y la cantidad de hijos para evitar las sanciones que conllevan las infracciones a las leyes de control de la población. En India, la gente oculta su pertenencia a las terribles castas (en Chile se considera al hinduismo una filosofía bonita y pacífica, a pesar de ser inherentemente cruel, medieval y racista).

Los nazis usaron el terrible censo de 1939 para finalmente ir a arrancar de sus hogares a los judíos. Hasta hoy, en Alemania persiste la resistencia a los conteos. El censo soviético de 1936 arrojó que la población era mucho menor a la esperada. Stalin, quien había masacrado a millones de personas, ordenó encarcelar a los censistas por su supuesta negligencia y se realizó un nuevo censo. La estulticia y la maldad parecen no tener fin cuando se trata de determinar cuánta gente vive en un país.


En conclusión, la filosofía liberal nos lleva a rechazar los censos por darles poder desmedido al gobierno para cobrar impuestos, para declarar guerras, para planificar "programas sociales" que causan más mal que bien, y porque son poco fiables, costosos y derechamente inútiles.

Si quieren contar la población, baste restar la cantidad de certificados de defunción a la cantidad de partidas de nacimiento. Si quieren saber cuántos televisores y computadores existen, revisen los inventarios de los distribuidores y los formularios de los importadores. Vayan a buscar la información a las fuentes. Si quieren saber cuántos católicos hay, mejor cuenten cuánta gente va a misa.

Al menos en países civilizados como el Reino Unido la oficina de estadísticas te manda un formulario que tu rellenas a tu propia conveniencia y luego lo devuelves por correo. Te evitas la vergüenza de dejar entrar un desconocido a tu casa y responder preguntas impertinentes o insolentes. Si van a hacer un censo, que esa vez sí sea el último. Un buen paso para acabar con ellos es boicotear el censo que se hará este 19 de abril.

sábado, 25 de marzo de 2017

Los cinco ingredientes de populismo

Los cinco ingredientes del populismo según el profesor Niall Ferguson


El populismo embiste en todo el mundo y debemos entender su génesis para detenerlo


En la era de la posverdad y de la reacción populista les propongo nadar contra la corriente. Ahora que se levantan enemigos imaginarios y se proponen soluciones absurdas, y cuando cualquier pelafustán se da ínfulas de erudito porque "estamos cansados de los expertos", hagamos algo realmente iconoclasta, radical, controversial, políticamente incorrecto y rupturista: escuchemos gente inteligente.

El profesor Niall Ferguson es uno de los intelectuales públicos más prominentes en el Reino Unido y muy respetado también en Estados Unidos. Como ocurre en sociedades avanzadas, los intelectuales también son figuras mediáticas: Ferguson ha escrito y presentado magníficas series de TV como Civilización, ¿el fin de Occiente? o su libro-documental El dinero, Historia financiera del mundo, recompensado con un Emmy. Realizó la brillante investigación Los Rothschild, banqueros del mundo y hace pocos años lanzó una imponente biografía de Henry Kissinger

En Chile Liberal desde luego tenemos diferencias con él pero ello no obsta para destacar su trabajo. Lo que nos motiva en este post es rescatar un interesante análisis suyo sobre el fenómeno del populismo, del cual Ferguson se valió para anticipar el triunfo de Donald Trump. Nos servimos de esta misma matriz para comprender cómo irrumpe el populismo en Chile. Los invito a ver en YouTube Los 5 ingredientes del populismo. A continuación un resumen con nuestra apreciación:

1. Aumento de la inmigración
La primera edad de oro de la globalización comprendió desde finales del siglo 19 hasta su fin abrupto en 1914. (En la historiografía francesa a este periodo se le llama Belle Époque.) Se vio el mayor flujo migratorio de la historia, principalmente con el desplazamiento de la población de Europa a EEUU a niveles mucho mayores que los actuales. Ferguson no lo dice pero la cifra que manejo es de un 5% de la población mundial viviendo fuera de su país natal, comparado con un magro 3% actual. 

El miedo al inmigrante ha sido uno de los grandes temas del populista Trump, como sabemos. En Chile también comprobamos tasas migratorias importantes y prácticamente sin precedentes. Podemos declarar que vivimos la segunda mayor ola migratoria desde la colonización europea y es inminente que nuestra época pase a convertirse en la mayor era de inmigración de nuestra historia. ¿Hay algún líder político o de opinión, hay intelectuales exacerbando el miedo a los inmigrantes à la Donald Trump o à la Marine Le Pen? 

2. Aumento en la desigualdad
Niall Ferguson se apoya en Thomas Piketty para establecer este punto y acierta. En Chile Liberal ya abordamos el magnum opus y súper-ventas internacional "Capital en el siglo 21". La expansión actual de la brecha entre ricos y pobres es incontestable. El economista francés de hecho demuestra que la desigualdad actual sólo es superada en magnitud por la desigualdad durante la Belle Époque.

Sólo un necio podría negar que la situación es la misma en Chile. La globalización, si bien ha traído más progreso e inversión que nunca a nuestro país, también fractura la sociedad creando una clase de winners y otra de losers. Así todo, en los países emergentes como Chile los pobres continúan siendo infinitamente más ricos que los pobres de la generación anterior. No está claro cuánto tiempo esta realidad puede apaciguar a la opinión pública. El problema es crítico en los países ricos, bien entrados ya en la era post-industrial, donde por primera vez desde que tenemos memoria viva los pobres son hoy, comparativamente hablando, más pobres que antes. El gringo actual es más pobre que sus padres, más pobre que sus abuelos y bisabuelos, e incluso más pobre que sus tatarabuelos. Hoy en Chile nadie, absolutamente nadie, es más pobre que sus progenitores.

3. Aumento en la percepción de la corrupción
En EUU ⎯país con una institucionalidad sólida⎯, vemos que corporaciones como el Congreso han sufrido el derrumbe de su reputación ante los ojos del electorado. La clase política es ferozmente resistida y denostada.

Lo vimos en las elecciones pasadas donde la infame frase Crooked Hillary, "Hillary corrupta", la condenó. Ni hablar de Chile. Nosotros experimentamos hoy la crisis de corrupción más pavorosa de la que tenemos recuerdo, quizás sólo superada en la época de "la escoba de Ibáñez". 

4. Una crisis financiera mayor
La crisis que comenzó el año 2007 será recordada como una de las peores crisis financieras ⎯ sólo la Gran Depresión de 1929 fue más devastadora. Acá Ferguson nos presenta un elemento muy interesante. Todos consideramos al colapso de Wall Street ese terrible martes 24 de octubre de 1929 como la crisis más horrible de la era moderna. En realidad, hubo un periodo tanto o más desequilibrante llamado Pánico financiero de 1873, el cual redundó en años de bajo crecimiento que perdurarían hasta mediados de la década 1890. Las similitudes con la actualidad son espeluznantes y demuestran que no es tan cliché eso de que la historia se repite a sí misma.

Pues en esto Chile vive una situación excepcional. La Gran Recesión, como finalmente se bautizó a la Crisis Subprime/Credit Crunch/Crisis financiera post-2007, desde luego fue un golpe bajo a las finanzas chilenas. Pero como cultivamos desde 1990 la austeridad fiscal y cierta rectitud política, las finanzas chilenas estuvieron en orden como para resistir el embiste. El año 2010 ya Chile estaba convaleciente y listo para recuperarse, prueba de aquello fue la etapa de alto crecimiento y bajo desempleo que acompañó al expresidente Sebastián Piñera (consecuentemente vino la explosión inmigratoria). 

De todo modos, a pesar que la economía chilena es quizás la más abierta del mundo gracias a nuestros acuerdos de libre comercio (insólito que hoy acuerdos comerciales sean cuestionados), estamos expuestos a las veleidades de los grandes mercados por mucho que nuestro interés ahora resida en los lazos con otras economías emergentes, y no en las alicaídas economías post-industriales occidentales. Hoy vivimos una crisis económica que si bien no es aguda igualmente causa frustración en los votantes debido al crecimiento por debajo de nuestro potencial y el fin del pleno empleo.

5. El ingrediente final: aparece un demagogo
En este escenario irrumpe un líder que conecta con el sentimiento de los electores, quienes se sienten desilusionados y desamparados ante los cuatro elementos descritos anteriormente. La cuestión que plantea Ferguson se limita a determinar quién es el demagogo cuando ya tenemos los cuatro ingredientes.

El profesor escocés nos cuenta un hecho histórico fascinante. La gente cree que lo vivido hoy es la primera vez que ocurre en la historia. Ferguson desempolva a Denis Kearney, el Donald Trump de la década 1870, el populista más insigne durante la crisis financiera descrita en el ingrediente número 4.

Su retórica se resume en que los problemas de los trabajadores californianos se debían a los inmigrantes y a una clase dirigente corrupta. Su eslogan era simple: "¡Fuera chinos!". La diatriba pasó del discurso a la acción convirtiéndose en ley ⎯siguiendo la lógica del discurso xenófobo de Trump y sus posteriores decretos migratorios actuales⎯, conocida como la Exclusion Act de 1882 que detuvo primero la inmigración de asiáticos y luego de otros inmigrantes, y finalmente logró detener todos los flujos migratorios. Fue el primero en proponer un muro, mucho antes del Muro de Trump, tal como se ve en esta escalofriante imagen de aquellos años:

Tal como Trump, Kearney formó parte de una legión populista mundial: en la misma época surgían líderes populistas en Europa, principalmente anti-judíos (los judíos de ayer son los musulmanes de hoy).

Ferguson recomienda que los gobiernos cuenten con algún "Consejo asesor de historiadores" y no sólo de economistas, más aún considerando el papel lamentable de los economistas y su nulo aporte. En Chile no sé qué pensar de tener como asesores a Salazar u otros. Mejor sigamos con los economistas y tecnócratas hasta que tengamos una masa decente de intelectuales.

La conferencia de Ferguson pasa a analizar las consecuencias de la oleada populista de la década 1870. Repasemos sus puntos:

1. Aumento de los aranceles y menor comercio internacional, que duró hasta fines del siglo 19, cuando comenzaría la primera edad de oro de la globalización (Belle Époque). Ya vemos que Trump quiere aumentar aranceles, medida explícita también en el programa de Marine Le Pen, quien propone un 3% de "arancel patriótico" sobre las importaciones.

2. Los populistas no forman gobiernos, no logran poder, pero sí asustan al establishment. En el caso de Trump el populismo sí triunfó. Pero vemos que fracasó en Holanda, y estamos expectantes ante el desenlace en Francia. Ferguson destaca que Kearney ni ninguno de sus pares en Europa se convirtieron figuras políticas mayores.


3. El populismo no inicia guerras como los fascismos reales de los años 30. Éstos implicaban combates con hombres en uniforme, y Ferguson se apresura en no acusar a todos los populistas de fascistas. Los populistas no causan guerras bélicas porque lo suyo son las guerras comerciales y el proteccionismo en general. 

4. Las oleadas populistas no duran mucho tiempo. Esto es evidente. La gente se da cuenta que las soluciones no funcionan. El populismo de Kearney desapareció en la década 1890 y fue relegado al olvido, tanto así que hoy apenas sabemos quién fue. Ejemplos que entrega Ferguson: los populistas de Argentina y Venezuela. Sus soluciones son peores que los problemas que denunciaron. Vemos cómo Argentina nunca se industrializó y al contrario está atrapada en asfixiantes barreras proteccionistas.

5. La era post-populista dio lugar al progresismo en EEUU y al socialismo europeo. Lloyd George en Reino Unido y Woodrow Wilson en EEUU fueron los grandes líderes progresistas que aparecieron cuando se agotó el populismo posterior al Pánico de 1874. Una vez en el poder, forjaron la nueva globalización que paradójicamente culminó en el cataclismo de la I Guerra Mundial. La lección de la Historia es que son los progresistas quienes causan las guerras. Si bien no comparto esta conclusión de Ferguson al menos sí entiendo el fondo.


El populismo a la chilena
Es inquietante constatar que los cuatro ingredientes de Ferguson se aprecian en Chile. ¿Sólo falta que emerja el demagogo? No, ya lo tenemos ⎯ y no es uno, sino varios.

Sebastián Piñera dio el punta pie inicial cuando de manera estúpida e irresponsable denunció los supuestos graves problemas de criminalidad que según él conlleva el acoger inmigrantes. Las estadísticas dicen que los recién llegados son mucho menos proclives al crimen que la población local pero a Piñera eso no le preocupa.

Tenemos otros populistas, principalmente Alejandro Guiller y Manuel José Ossandón. Para ser justos, Guillier es más bien un populista descafeinado, alguien que en realidad no sabemos muy bien qué piensa, quizás nada, pero sí sabemos que el populacho lo aclama porque salía en TV y de él emanaba cierto aire de integridad. Más bien es un carismático, un demagogo en ciernes, que potencialmente puede empezar a conectar con los votantes sobre los cuatro ingredientes que explica Ferguson.

Ossandón en cambio es el populista por excelencia. Un populista de verdad. Dentro de poco anunciará construir un muro en la frontera de Chile con Perú. Así como Le Pen quiere terminar con el árabe en las escuelas francesas, a pesar que ninguna lección se imparte en árabe, así también Ossandón comienza con el populismo puro que es anunciar medidas ramplonas frente a problemas complejos para pasar al populismo de alto octanaje, que consiste en ofrecer soluciones radicales a problemas inexistentes, a exaltar el "ellos contra nosotros", a proclamarse el purgador de todo lo corrupto, y ser la encarnación de lo anti-sistema, aunque sea él mismo producto del sistema y parlamentario desde tiempos inmemoriales.

Lo mejor que podemos hacer para inocular a la población de la epidemia populista es primero detectar los factores que la hacen posible, como lo hemos hecho en este post, y luego pasar de la cháchara a la acción. 

Urge una ley moderna de inmigración: un sistema de puntos como en Canadá o Australia. Es imperativo mantener el rigor fiscal, donde hemos fallado ya que nos endeudamos y no crecemos ni ahorramos. Requerimos un sistema de seguridad social, proveído por privados conjuntamente con el Estado, para mitigar la sensación de precariedad de los trabajadores. Es esencial, además, un esfuerzo constante por la transparencia en la designación de cargos, la claridad en el financiamiento de campañas y la probidad en la gestión pública para acabar con la lacra de la corrupción y la corrosión de las instituciones (Pacogate, Milicogate, compra de tierras místicas). Empecemos ahora mismo porque el populismo ya está desatado.


martes, 21 de marzo de 2017

Primer round: Post mortem


Ha culminado el primer debate televisado de la Elección presidencial Francia 2017 y Chile Liberal presenta a sus contertulios un análisis de la reyerta. Adelantamos la conclusión: todos fueron cautos y más bien apelaron a sus bases. Se vio algunos conatos de pelea pero nada más. No hubo manotazos ni nocaut. ¿Quizás se guardan para el próximo debate?

Antes de pasar al quid del asunto hagamos un repaso de los contendientes.

Jean-Luc Mélenchon
Antisistema, "a la izquierda de la izquierda", un personaje colorido, carismático y sulfuroso, senador desde tiempos inmemoriales, admira en igual medida tanto a Vladimir Putin como a Fidel Castro (lo último se nota ya que en un YouTube pasó 5 horas ininterrumpidas explicando su programa económico). Añora el regreso de los empleos industriales y manufactureros como si aún viviésemos en la economía de los años 50. Su base comunista le es incondicional. Contesta las preguntas cuando se le antoja. Lo suyo no son las respuestas simples porque "no soy candidato a Miss Francia", arguye cuando lo aprietan. Votó en 1992 a favor de Maastricht pero ahora asegura ser enemigo del euro, quiere sacar a Francia de la OTAN y se declara hostil a la globalización. Un personaje pintoresco.

Benoît Hamon
Antisistema, a la izquierda de François Hollande y exministro suyo, fue en enero el vencedor más bien inesperado de la primaria Socialista al imponerse al candidato más eminente, Manuel Valls. Éste último era hasta hace poco el gran favorito para representar a la izquierda si bien demasiado centrista para el paladar de las bases del PS. Valls acabó opacado por Hamon cuya medida faro es instaurar la Renta básica universal, con el apoyo de adolescentes y flojos variopintos. Después de ungido como el candidato del establishment socialista la candidatura de Hamon se desinfló. Manuel Valls, a quien no lo dejó acabar su discurso de aceptación de la derrota, le ha negado su apoyo añadiendo incertidumbre al futuro del Partido Socialista (probablemente se desintegre).

François Fillon
Antisistema, de la derecha conservadora tradicionalista y dura. Admirador de Margaret Thatcher. Declaró en su campaña, con ecos churchillescos, que no tiene nada que prometer sino sangre, sudor, y lágrimas. Decidido a apretar el cinturón e imponer el rigor fiscal con mano dura hasta controlar las cuentas fiscales, es catalogado como el político más conservador de estas últimas décadas. Pequeño problema: sus cuentas bancarias no son muy conservadoras ya que ha contratado a su familia para trabajos ficticios ⎯ versión gala de las boletas ideológicamente falsas inventadas en Chile. El candidato levantado sobre la plataforma de la rigueur budgétaire será incapaz de gobernar con un programa de austeridad por razones obvias. Su base conservadora lo apoya a rabiar por razones que desconozco. Destacamos su temple presidencial y maneras republicanas.

Marine Le Pen
Antisistema, de ultra-derecha, educada en la más exclusiva escuela privada del país y heredera del partido político fundado por su padre, el notorio Jean-Marie Le Pen. El Frente Nacional es un antro que refugia petanistas, homofóbicos, paranoicos, ultranacionalistas y chiflados variopintos. Asegura haber purgado el partido de estos elementos si bien la "desdiabolización" le valió la ira de su padre, con quien rompió lazos. Aquel que aseguró que "las cámaras de gas son sólo un detalle de la Historia" considera que el FN es una colectividad edulcorada y sin sentido más cuando el portavoz es un homosexual. La blonda admira el programa económico de los Kirchner en Argentina y sus medidas se empalman con las de Jean-Luc Mélenchon. Es groupie de Putin y Trump, cree que salir del euro es fácil. Su programa se basa en la Prioridad Nacional y el patriotismo económico si bien su campaña la financian bancos rusos. Asegura que no aceptará la doble nacionalidad de nadie en Francia excepto de rusos. Se jacta de ser coherente.

Nuestro candidato: Emmanuel Macron
Antisistema, exministro y protégé de Hollande y asesor económico del gobierno, se graduó de la exclusiva ENA y trabajó en la banca Rotschild donde ganó dinero a más no poder ⎯ un sueldo anual de 400 mil euros y bonos de casi 2 millones le permiten llegar a fin de mes sin verificar el saldo pasada la quincena. Le Pen lo denuncia por ser partidario de la globalización como si eso fuese algo malo. Es discípulo del filósofo Paul Ricœur, algo impensado en Chile donde las Humanidades son despreciadas por todo aquel que trabaje en las finanzas. Disidente de derecha pero anclado en un gobierno de izquierda, acabó por abandonar a su padrino Hollande y se lanzó sin partido ni carrera política a la presidencial con desparpajo sin precedentes. Sus posibilidades de ser electo se consolidaron cuando en enero recibió el apoyo del blog Chile Liberal, de hecho, ya lidera en todas las encuestas.


El debate
Muy lejos del mejor debate de todos los tiempos, Kennedy vs Nikon en 1960, pero mejor que esos debates chilenos en los años 90 en que un señor hablaba y otro señor hablaba al lado y nadie se interpelaba ni se sacaban chispas. Es decir, ayer sí hubo encontrones, pero no muchos.

Por ejemplo, Le Pen ⎯siempre con el juego sucio⎯, acusó a Macron de defender el burkini, un traje de baño que paradójicamente cubre todo el cuerpo y que causó furibundas invectivas en todo el espectro político por suponer un conflicto entre libertad de vestir versus apego a los valores franceses. Si hubo 10 minas en Francia con burkini creo que sería una cantidad exagerada. La verdad nunca he visto un burkini ni conozco a nadie que conozca a alguien que haya visto un burkini pero el tema sigue latente. Los franceses también son gente que pierde su valioso tiempo en nimiedades. 

Le Pen también acusó a Macron de ser financiado por las grandes corporaciones que controlan el mundo desde los oscuros y misteriosos antros de poder, quizás los Illuminati o tal vez la conspiración judeo-masónica. Macron estalló en ira y le exigió pruebas y amenazó con demandarla por difamación.

El que se robó la película fue Mélenchon. Con su labia única fue una máquina de punchlines. En Twitter se encumbró rápidamente como TT bajo #Mélanchon y llovían los memes. Hizo chistes e increpó varias veces a Le Pen.

Escondida detrás de su sonrisa hipócrita, la ultra-derechista se limitó a repetir su libreto: culpar de todos los males a los extranjeros y a la Unión Europea que impone todo tipo de cosas horrendas a Francia, y si ella nos libra de aquello seremos al fin libres. En los temas identitarios esta mujer lanza verborreas fríamente controladas. Cuando se pasó a los temas económicos se le vio perdida ya que no tiene mucho que decir salvo que el euro y los extranjeros están destruyendo Francia, y no los astronómicos niveles de deuda ni las leyes laborales escleróticas.

Increíblemente nadie atacó a Fillon. Este pasó una hora en silencio. Sacó la voz cuando calificó a Le Pen de irresponsable apuntándola con el dedo à la Ricardo Lagos reprendiéndola por el caos que causaría si abandona la moneda única. Fue el momento en que el papá seriote regaña a la hija joven y alocada. Un aura presidencial rodeó al candidato conservador y pareció que en esta elección todos necesitan de una derecha fuerte ⎯ un contenedor a quien atacar que no debe morir antes de tiempo. No olvidemos que hasta antes del escándalo de los empleos ficticios el señor Fillon ya era considerado el ganador (por sobre Valls).

¿Qué te pasó, Emmanuel?
Macron pecó de cautela excesiva. Por momentos hablaba y no decía nada. Faltó sustancia. Como decíamos, quizás se guarda para el round final que será él contra Le Pen. O quizás simplemente le faltó experiencia. Los pilotos necesitan horas de vuelo y Macron como piloto en realidad es un primerizo que acaba de despegar por primera vez. Las bregas retóricas son algo desconocido para el joven exbanquero.

El moderador le preguntó cómo sería un encuentro con Trump. En vez de resaltar sus diametrales diferencias con el ogro de la Casa Blanca, y de paso darle un buen puñetazo a Le Pen, se limitó a decir que lo suyo era ser responsable, palabra que repitió varias veces, deslavado y sin gran coherencia. Le Pen lo interpeló y recién ahí sacó la voz para decir que él no forjaría lazos serviles con Putin.

Es que el tablero se dio vuelta intempestivamente. Macron pasó de candidato chico a favorito y todos quieren atacarlo para sacar a relucir su supuesta insuficiente estatura de estadista, que era hasta ahora su principal atractivo, pero acabó por mostrarse más bien como un novato.

Una encuesta flash de la cadena BFMTV (la CNN de Francia) lo situó como el candidato más convincente del debate. En una de esas su estrategia resultó, o quizás en la era de la posverdad efectivamente los medios inventan cualquier cosa ⎯ incluso para apoyar a los buenos.

Recuerdo que en los años 90 durante las eliminatorias para Francia 98 la Selección chilena salía a empatar afuera con la esperanza de ganar de vuelta en casa. El esquema resultó y Chile clasificó. En el mundial a punta de empates se pasó primera ronda, lo que fue en sí un resultado decente. No descollante, decente. Vimos algo de eso en Macron. Faltó el toque de locura y desparpajo que lo llevó a tirarse a choro y presentarse como candidato sin siquiera tener un partido político detrás. Clasificó, pasó primera ronda, ahora la cuestión es llegar a la final y ganarla.

El arte de la guerra requiere dos cosas. Primero, ir bien preparado al combate. Segundo, jamás menospreciar al contrincante. Marine Le Pen y el neofascismo son un enemigo formidable: saben pelear en el fango, su elemento natural, y ahí manipulan y exaltan los instintos bajos. Macron deberá intensificar sus tácticas si pretende ser el dique de contención ante la marejada populista que arrecia en todo el mundo. El precio del error será que caerá Francia y se desmoronará la UE. Un mundo dominado por Putin, Trump y Le Pen es aterrador.

Después de la derrota del populismo en Holanda, Francia debe darle el tiro de gracia a la bestia. Ahora todo depende de un banquero sin pasado político ante una demagoga temible. Para el próximo debate es imperativo ir más preparado y asestar golpes. A Macron lo han apodado "el Kennedy francés" pero le falta un poco para serlo.

miércoles, 15 de marzo de 2017

La sociedad orwelliana no cede



La sociedad distópica sigue consolidándose a pesar de las advertencias de Chile Liberal

Uno de los temas recurrentes en nuestro sitio, y en el pensamiento de cualquier adherente a la filosofía liberal, es denunciar la inexorable materialización de la pesadilla totalitaria descrita por el novelista George Orwell en su obra inmortal "1984".

Vemos con horror cómo hoy se hace uso del newspeak, vale decir del lenguaje degradado, ⎯y su variante el doublespeak, que es el lenguaje político oscuro y retorcido⎯, tal como lo emplea el Gran Hermano orwelliano (el autor inglés elaboró en profundidad en su ensayo La política y la lengua inglesa). 

En Francia la candidata presidencial Marine Le Pen, proclamada por el partido neofascista Frente Nacional, propone en su programa económico el protectionnisme intelligent, haciendo creer a los iletrados que es factible una economía proteccionista y al mismo tiempo inteligente. También habla de una "salida ordenada" del la moneda única. Pregunta: ¿se ha producido alguna vez una salida ordenada de una moneda? Respuesta: nunca. Lo anterior nos recuerda desde luego a la propaganda  del Gran Hermano en 1984 para promover el socialismo: La guerra es paz. La libertad es esclavitud. La ignorancia es fortaleza.


Cuando la jefa de propaganda de Donald Trump, Kellyanne Conway, acuñó la frase "hechos alternativos" se dispararon las ventas de 1984, logrando que décadas después de su aparición alcanzase el estatus de best seller. ¿Cómo llegamos a esto? Gracias a un sistema educacional profesionalizante dirigido por fracasados y que redunda en la ignorancia masiva que constatamos hoy. Cuando nadie ha leído 1984 y cuando nadie sabe qué es el Ministerio de la Verdad es normal que un payaso autócrata sea elegido Presidente por el populacho. Ahora este señor dirige la CIA y el FBI, organizaciones que pueden espiarte cuando ves basura en la tele. Sí, en el living de tu casa el degenerado de Trump te observa mediante la pantalla de tu televisor.

En Chile no nos quedamos atrás si bien advertimos algunos signos de esperanza. En nuestro país otra rubia de un partido neofascista se dedica a hacer realidad 1984: la alcaldesa Evelyne Matthei ha implantado un sofisticado sistema de espionaje con drones y cámaras en la comuna de Providencia. 

Felizmente Chile Liberal comprueba dos cosas: primero, que al menos El Mercurio no usa doublespeak y no llama cámaras de seguridad a lo que es una cámara de vigilancia. Dejemos claro que nadie estará más seguro con un funcionario municipal espiando, sino que sólo estamos más controlados. Probablemente estos sistemas sean inevitables en Israel, país rodeado de furiosos islamistas que han jurado destruirlo. En Chile sólo se recurre a ellos ante la incompetencia de las autoridades para reducir la delincuencia (junto a otras medidas totalitarias típicas de la URSS como el control preventivo de identidad).

Por otro lado, el Consejo para la Transparencia, un órgano no elegido, mediante una circular ha establecido nueve normas para de alguna manera proteger la privacidad de los miembros de la comunidad. Acá se establece que las imágenes sólo deben ser captadas en lugares públicos, su almacenamiento no debe exceder 30 días, y sólo personal autorizado podrá acceder a ellas, entre otras medidas.

¿Son suficientes estas recomendaciones? Difícilmente. El abuso estará a la orden del día. Por eso es que vemos ciudadanos derribar drones con escobas, o incluso a tiros de escopeta o ya algunos entrenan aves para destruir estos dispositivos, y ya existen los rifles especializados anti drones. Medidas de fuerza pero que pronto serán actos ciudadanos en defensa de la privacidad.

Las recientes revelaciones tanto de Julian Assange como de Edward Snowden son escalofriantes. Es nuestro deber ahora ofrecer resistencia ante la proclamación del Gran Hermano. 

jueves, 19 de enero de 2017

Emmanuel Macron: Revolución Francesa

El candidato díscolo Emmanuel Macron es nuestro hombre en Francia y debe ser el próximo Presidente de la République Française

Fue en uno de mis viajes habituales a París, específicamente a La Défense, el distrito de negocios. Desde que Vuestro Humilde Servidor decidió cambiar el frío torbellino de la capital por la soleada y cálida costa mediterránea nos hemos vuelto asiduos del primer tren de la madrugada. Antes de salir de casa vi en la tele un analista hablando de "La laïcité de Macron". "Ese tipo es buen candidato", pensé. Subí al tren, buscaba mi asiento con calma ya que sé que cuando aún no despunta el sol abunda la tranquila gente de trabajo, pegada a sus laptops y tabletas, la "Francia que se levanta temprano", como decía Sarkozy. Es desagradable un tren repleto con turistas o familias con niños llorones y malcriados. Como sé que la visita a mi cliente iba a ser esta vez bastante plácida, no tenía gran cosa que preparar en el trayecto. Premunido de un café cargado y de la revista Le Point (algo así como el Economist galo), más bien pensaba en las cosas que aprovecharía de comprar en Marks & Spencer. 

Me sumerjo en los diarios y veo lo habitual: el país no crece, el desempleo sigue causando estragos, Marine Le Pen y su retórica incendiaria y alguna nueva de sus burradas. Cuando en eso llega un grupo de muchachos y muchachas, todos bastante cool con un toque hipster, posaban sus tazones Starbucks y sus MacBooks. Hablan fuerte, vienen como contentos y sonrientes (poco habitual en Francia). No eran turistas ni estudiantes. Empiezan a ocupar todos los asientos. "Que no hueveen", pensé. Aparece alguien de traje, impecable. Aún con bastante sueño me pareció que el grupo lo esperaba. Empiezan a saludarlo. Levanto la mirada de los horrores del diario. "A éste lo he visto en alguna parte", dije. Y claro que lo conozco. Era el mismo del que hablaban en las noticias cuando salí de casa. Emmanuel Macron sube al tren con su comando de campaña. "Bonjour", le digo. "Bonjour Monsieur", me contesta. Aunque tenga la misma edad mía es en realidad la norma expresarse con un poquito de formalidad. Le extiendo la mano. Me da un apretón fuerte, me gusta esa gente. Empieza todo el mundo a saludarlo. Se sienta precisamente detrás mío. Luego sube un equipo de prensa y comienzan a grabar una entrevista (la pueden ver aquí, por ahí aparece Chile Liberal).

El fenómeno Macron
La gente cree que Francia es un país "de izquierda" ya que posee un robusto Estado Providencia y una tasa impositiva bastante pesada. Se equivocan. Al contrario de Chile, donde un sistema de bajos impuestos y prestaciones privadas es administrado por gobiernos de centro-izquierda, en la V República francesa han dominado los presidentes conservadores. Hay no pocos "François" de una treintena de años. Muchos padres bautizaron así a sus hijos en homenaje al primer presidente socialista, Miterrand (1981-1988). El pacto tácito es que el sistema social francés no se toca y a cambio los conservadores de derecha pueden ejercer el poder.

El sistema francés como sabemos está exangüe. La irresponsabilidad fiscal comenzó en 1973 y desde entonces nunca más un gobierno logró gastar menos de lo que recauda. La lógica de los 30 Gloriosos Años, las tres décadas de la posguerra en que la Francia industrializada no dejaba de crecer, dio paso a los 30 Penosos, y hoy, a una época de desazón total. Por otro lado, la política francesa siempre ha sido extremadamente predecible, con políticos que lentamente van fraguando sus liderazgos entre astucias, intrigas, muñequeos y arreglines de pasillo. Prácticamente todos provienen de la exclusiva y hermética Escuela Nacional de Administración, ENA, donde la élite gobernante forja sus lazos. Pasan una vida entera dedicada a la política y a nada más. Viven en una burbuja. Hoy, con 8 millones de pobres, un crecimiento paupérrimo y una sociedad post-industrial que parió una clase entera de "les oubliés", los olvidados de la globalización, el país exige un cambio. Sarkozy en cierta forma prometía vigor y un pensamiento fresco, pero fracasó en el intento (si es que alguna vez algo intentó).

Ahora, desde las entrañas del establishment, un graduado de la ENA está causando estragos. Emmanuel Macron, con apenas 39 años, ha sido la gran sorpresa. Desdeñado por ser liberal, joven y millonario,  en un país donde libéral es un insulto, ser joven es una enfermedad y millonario motivo de desprecio, irrumpe como el factor desequilibrante. Su trayectoria no ha sido la típica. Ex broker en el banco de inversiones Rothschild, decidió, contra la corriente, migrar del sector privado al servicio público gracias a su padrino político François Hollande.

El hombre ha presentado su candidatura sin pasar por primarias, y peor aún, renegando del hombre que lo lanzó a la esfera pública (Hollande debió asumir la realidad y negarse a la reelección: así de magros son sus resultados). Sin jamás haber ganado un puesto de elección popular, se perfila actualmente como la carta más interesante en el rígido escenario francés. Combina una elocuencia brillante con una elegancia tipo Villepin y una energía propia de Sarkozy. Macron ha construido un discurso bien articulado basado en su historia personal: hijo de un médico de Provincia, se muestra como producto de la meritocracia francesa, en que un niño de la pequeña burguesía alejada de la capital puede trabajar en el banco Rothschild. Esta misma historia de éxito la quiere extender a todos "los franceses y las francesas", como suele decir, y en esta labor, busca revivir la Francia que alguna vez fue pionera de la globalización y que hoy ve triste cómo de la vanguardia pasa a la retaguardia.

Macron es un hombre de profundas convicciones libremercadistas con espíritu progresista. Un pro-europeo decidido, en sus mítines abundan las banderas de la UE. Su propuesta central es usar las ventajas de la fuerza laboral francesa para unirse a la revolución digital, promover las start-up, reformar el sistema educativo, y reducir los impuestos y las trabas a la contratación y despido de personal sin comprometer el sistema de beneficios sociales.

Contra todos los pronósticos, su candidatura ha sido un éxito abrumador. En París sorpresivamente congregó a más de 10 mil personas y acabó su discurso a grito pelado e hizo estallar de éxtasis a los asistentes, mientras que su rival natural, el ministro Manuel Valls, un hombre neto del establishment socialista y el más probable sucesor de Hollande, apenas atrajo a 2 mil silenciosos adherentes. Ya no pocos empiezan a preguntarse si en la 2a vuelta habrá que apoyar al ex banquero de Rothschild contra el fascismo de Marine Le Pen.

A pesar de no contar con un partido político que lo acoja, ha comenzado el arduo trabajo de estructurar las energías que ha liberado en una especie de movimiento, llamado convenientemente En Marcha, dando así a entender que hay una vitalidad innata que busca seducir al electorado.

Révolution, En Marche!
Entre todo este ajetreo Macron tuvo tiempo de escribir un libro, Révolution, que hace las veces de "programa presidencial abierto", donde expone su visión del país, nos cuenta más detalles de su biografía, y también elabora ciertos fundamentos de su liberalismo político. 

Como internacionalista convencido, quiere que Francia se abra al mundo y establezca vínculos con ciertos países clave: Chile, uno de ellos. Sí, habla claramente sobre la importancia de la presencia francesa en América latina y Chile es el país con más similitudes.

A continuación les presento algunos extractos del libro (traducción propia):

pág. 38
"Si por liberalismo se entiende la confianza en uno mismo, entonces me defino como liberal. Porque lo que yo defiendo debe permitir a cada cual llevar una vida conforme a sus convicciones más profundas. Sin embargo, si se considera de izquierda pensar que el dinero no es la fuente de todos los derechos, que la acumulación de capital no es el fin último en la vida, que las libertades del ciudadano no deben jamás sacrificarse ante la necesidad de seguridad absoluta, que los más pobres y los más débiles deben ser protegidos y no ser discriminados, entonces no tengo problema alguno en considerarme un hombre de izquierda."

pág. 51
"Son los enemigos de la República los que pretenden atarnos en una definición estática y arbitraria de lo que ella es o debe ser. Por un lado, están los islamistas, que desean someterla y que como muestra le experiencia no traen sino la desdicha y la esclavitud. Está también el Frente Nacional que, animado por una absurda nostalgia de un pasado que nunca existió, traiciona lo que Francia realmente es. Algunos adhieren a la ultra derecha cuando adoptan esta tesis. Están también los cínicos que huyen de Francia o que ya no confían en ella."

"Pero en realidad es el proyecto mismo de Francia lo que la define y que desde hace tantos siglos la mantiene en un sitial de honor, que la hace brillar ante el mundo. Desde el Renacimiento hasta la Ilustración, pasando por la Independencia de EEUU hasta la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y su lucha contra el totalitarismo, Francia ha contribuido a esclarecer el mundo para liberarlo del flagelo de la ignorancia, de las religiones represivas, de la violencia que aniquila al individuo. Es propio del espíritu francés este instinto natural hacia el universalismo que es al mismo tiempo una indignación constante frente a la injusticia y el sometimiento, y una voluntad de expresar nuestra visión de mundo para el beneficio todos. El espíritu de los Enciclopedistas, dirigidos por Diderot, es la quintaesencia de esta ambición loca, sí, pero así somos. Por lo mismo, nada es más ajeno a nuestra propia forma de ser que replegarnos sobre nosotros mismos."


En fin, hay muchos pasajes de extraordinario interés y que estaremos desmenuzando en Chile Liberal. El libro está escrito en un estilo sencillo y sin ornamentos para sí llegar a la masa. En su primera semana apareció en el 5o lugar de ventas y la semana siguiente fue número 1. Un éxito avasallador.

Habrá mucho tiempo desde ahora hasta la elección presidencial, y es urgente, ante la arremetida del populismo, defender Francia.

Por ahora sólo diremos que la Révolution ya está en marcha, y que Emmanuel Macron cuenta con nuestro apoyo decidido en este combate.