domingo, 21 de noviembre de 2010

Libertad en peligro

Si el precio de la libertad es la eterna vigilancia, hoy debemos seguir más atentos que nunca

El liberalismo es la filosofía política que defiende la libertad individual. La definición de libertad, en palabras de John Stuart Mill, consiste en "hacer lo que uno quiere".

El antecedente más remoto del liberalismo —al menos, en el sentido clásico de Chile Liberal— lo encontramos en el año 1215, en Gran Bretaña, cuando una disputa entre el rey Juan Sin Tierra y los nobles ingleses se zanjó con la firma de la mítica magna carta, una cédula real que limitaba la autoridad del monarca. La cláusula más trascendente de aquel documento es la número 39, que dice:
"Ningún hombre libre será detenido o encarcelado o privado de sus derechos o de sus bienes, ni puesto fuera de la ley ni desterrado o privado de su rango de cualquier otra forma, ni usaremos la fuerza contra él ni enviaremos a otros que lo hagan, sino en virtud de una sentencia judicial de sus pares y con arreglo a la ley del reino."
(No free man shall be taken or imprisoned, or be disseised of his Freehold, or Liberties, or free Customs, or be outlawed, or exiled, or any other wise destroyed; nor will We not pass upon him, nor condemn him, but by lawful judgment of his Peers, or by the Law of the land. We will sell to no man, we will not deny or defer to any man either Justice or Right)

Éste ha sido uno de los mayores logros del pensamiento occidental, y ha garantizado la libertad individual —y, con ello, el progreso ético y material— a todos los pueblos que han rechazado la tiranía y se han decidido a ponerle coto al poder del mandatario. Nadie puede ser detenido ni exiliado sin que el gobierno presente evidencias, y sin que haya un juicio y un debido proceso. Esta libertad ha estado con nosotros por casi mil años.

En Chile, como sabemos, el Tata se pasó a Juan Sin Tierra, la magna carta y los nobles por el traste: encarceló, mató, torturó, descuartizó, expropió, exilió y relegó, a quién se le dio le regalada gana. Y se jactó de ello. Y amenazó con que, si se le paraba la raja, lo haría de nuevo.

Otros han seguido el ejemplo del Tatita Colores. Jorgito Arbusto, más conocido como George Bush, abrió la cárcel de Guantánamo donde decenas de sujetos son detenidos sin asomo de debido proceso, donde al habeas corpus literalmente no existe. La tortura se practicó como si estuviesen en Villa Grimaldi, y también Jorgito se jacta de ello.

El verdadero triunfo del terrorismo ha sido éste: que occidente se destruya a sí mismo. Los terroristas no quisieron de por sí matar miles en las Torres Gemelas, ni decenas en Atocha o King's Cross. Sino que su objetivo final fue derruir los fundamentos de nuestras libertades, y volcar nuestro propio sistema de libertades en nuestra contra, y persuadir a las masas para que exijan la eliminación del debido proceso, hasta que clamemos nosotros mismos por más cámaras de vigilancia, más controles de identidad, más documentos de identificación, más aparataje policial, más PATRIOT Act, más leyes represivas. Como dice Mario Vargas Llosa hoy en El País:

"La consecuencia más grave de la amenaza del terrorismo suicida que planea hoy sobre el Occidente democrático y liberal, es que éste, en sus esfuerzos por defenderse contra la repetición de matanzas como las de las Torres Gemelas de Manhattan o la Estación de Atocha de Madrid, va renunciando a las grandes conquistas de la cultura de la libertad, reduciendo o aboliendo los derechos que garantizan la privacidad, el principio de que nadie es culpable mientras no se demuestre judicialmente que lo es, la prohibición de la tortura, el habeas corpus, el secreto bancario, el derecho de crítica, la libertad de expresión, y confiriendo a los cuerpos militares y policiales de inteligencia, especializados en la lucha antiterrorista, un poder que escapa parcial o totalmente al control de los órganos representativos del Estado de derecho como el Parlamento y el Poder Judicial. Mediante amenazas y chantajes, el terrorismo pretende, y por desgracia a menudo consigue, intimidar a autoridades y órganos de prensa para que renuncien a su libertad de información y de crítica y a veces a la simple verdad a fin de no ser víctimas de represalias, como se vio con el episodio de las caricaturas de Mahoma publicadas en un periódico de Dinamarca."

En Chile no estamos tan lejos. La nueva ley anti-terrorista pretende suprimir la presunción de inocencia y en la práctica facilita que cualquiera atestigüe en contra del acusado. Cuando comenzó la violencia mapuche, durante el gobierno de Bachelet, el entonces candidato Piñera exigió "mano dura". Hoy, como presidente, Piñera debiese darse cuenta que el extremismo mapuche no es terrorismo. La propia definición de terrorismo no es ese galimatías de "violencia empleada con fines políticos", sino que el terrorismo no tiene otro fin sino la destrucción por el puro gusto de destruir, y con un gran impacto mediático.

El violentista a favor de alguna causa mapuche que sea sorprendido en actos violentistas no debe ser confundido con un integrista de Al Qaeda. Banalizamos el propio concepto de terrorismo cuando trazamos un paralelismo así de estúpido.

Si queremos construir una democracia liberal, debemos empezar por reforzar los fundamentos de nuestras libertades, y no socavarlos con cámaras de seguridad, documentos de identidad, ni abstrusas justificaciones de la tortura o el arresto arbitrario. En Chile, la ley antiterrorista debe ser repensada por la "nueva derecha". En EEUU, la PATRIOT Act debe ser abolida urgentemente, y en el Reino Unido, ese bodrio legal llamado Acta de Prevención de Terrorismo del año 2005 debe ser de inmediato suprimido.

Luego de la irrefrenable oleada de leyes tiránicas que asolaron las libertades individuales en EEUU y el Reino Unido, un documental independiente llamado Taking Liberties fue la respuesta de la comunidad para expresar su rechazo al Estado Orwelliano comenzaba a erosionar todo lo construido desde 1215. A continuación, los invito a ver un exracto sobre el habeas corpus, instructivo y muy interesante:

9 comentarios:

Javier Bazán dijo...

Los juicios y condenas que han recibido los militares han partido del supuesto por parte de las organizaciones de izquierda y DD.HH., de que los militares no tienen presunción de inocencia por sólo haber sido asignado a una institución y que tampoco se les aplica "con arreglo a la ley del reino". En este caso, la prescripción del delito,la cosa juzgada, la ley de Amnistía, la cosa juzgada y que la justicia está viciada porque los jueces son prevaricadores, o sea, sienten simpatía o adhesión hacia una de las partes. Incluso han inventado delitos como 'el secuestro permanente' que no corresponde a la ley del reino.

Javier Bazán dijo...

Se te olvidó mencionar que la UP fue acusada torturar y flagelar a los opositores.

luigichido dijo...

Ahora hasta andan queriendo hacer revisiones, para viajar en avión, que incluyan las partes sexuales de los pasajeros.

Chile Liberal dijo...

@Javier: qué propones entonces, ¿impunidad?

@Luigichido: es otro atentado a la libertad

SergioA dijo...

Bueno es defender la libertad.

Malo es no reconocer los hechos: existe y actúa en Chile una organización separatista con similares métodos y comprobados vínculos con organizaciones terroristas internacionales.

Cristian Muñoz P. dijo...

Carlos

Dices: “Hoy, como presidente, Piñera debiese darse cuenta que el extremismo mapuche no es terrorismo. La propia definición de terrorismo no es ese galimatías de "violencia empleada con fines políticos", sino que el terrorismo no tiene otro fin sino la destrucción por el puro gusto de destruir, y con un gran impacto mediático.”.

Del párrafo anterior, me llama la atención la definición algo sui generis que tú le das al terrorismo, como eso de “la destrucción solo por el gusto de destruir”, o sea que así visto, el muchacho que va por las calles dándole pedradas a las luminarias solo por “diversión” y por el “puro gusto de destruir”,, está al borde ser “terrorista”, pues solo le falta el gran impacto mediático.

En cambio, los musulmanes que se “inmolaron” tripulando esos aviones en las torres gemelas, y que no lo hacían por “divertirse” ni por el “puro gusto de destruir”, sino que en nombre de su religión y para dar una lección a los infieles de occidente y al imperio yanqui, no serían entonces “terroristas”, sino tal vez “mártires” o algo así, pese al gran impacto mediático logrado.

¡No sé!, pero algo extraña me parece tu definición, no termina de cuadrarme.

Saludos cordiales

Cristian Muñoz P. dijo...

Carlos

Además dices: “El violentista a favor de alguna causa mapuche que sea sorprendido en actos violentistas no debe ser confundido con un integrista de Al Qaeda.”.

Sin duda estoy de acuerdo contigo en eso, es imposible comparar los extremistas mapuches, con los terroristas de Al Qaeda.

Pero, veo que resulta implícito en tus palabras el considerar ciertos “grados” en el nivel de violencia y en el impacto conseguido con ellos, para poder ser calificado de terrorismo, cosa con la cual en todo caso estoy de acuerdo.

Me parece que es de absoluta lógica y objetividad, el ser capaz de discriminar entre los grados de violencia que puedan ejercer ciertos grupos, y que lo diferencian de otros, sin perjuicio de que ambos grupos hayan podido entrar en el ámbito de la violencia terrorista. Y no solo con el afán de “beneficiar” al que ha sido menos violento, ni mucho menos dejarlo como “más bueno”, sino que solamente como “menos malo” nada más. Y ello porque de no hacer esa diferencia, implica el meternos en un “zapato chino”, en el cual nos vemos forzados a condenar en forma absoluta y al mismo nivel, situaciones que si bien son ambas condenables, tienen grados diferentes de gravedad en sus consecuencias.

Sin embargo amigo, ¡ojo con tu definición!, pues puedes estarte pisando la cola.

Sé que tú no eres de izquierda, pero aquí has planteado entradas en las cuales te has granjeado el apoyo absoluto de contertulios que lo más probable es que sean de izquierda y te advierto que para ellos, el hacer estas diferencias de “grados” en la forma de juzgar la violencia … ¡no les gusta mucho! (a menos que, ¡obvio!, ello les convenga).

Sigo

Cristian Muñoz P. dijo...

Continuación

Te recuerdo que en una entrada anterior (la de Apablaza y el asesinato de J. Guzmán), a mí ciertos contertulios me pretendieron condenar, solamente por insinuar que el nivel de violencia política ejercida por la dictadura militar, no es comparable a la ejercida por otras dictaduras de izquierda e incluso por el mismo régimen nazi.

Bastó solo un comentario de mi parte, que iba exactamente en el mismo sentido del que tú haces en esta entrada sobre la violencia extremista, para definir si esta es terrorista o no, esto es: ejercer diferencias de grados y/o de objetivos; para calificarme a mí en aquella otra entrada de “pinochetista encubierto” y, finalmente, llenarme de insultos por aquellos tan “tolerantes” contertulios.

De hecho, tú mismo acá calificas de lo peor los actos del “tata” (y comparto contigo en que el “tata” actuó muy mal), y sin duda, estarías bastante de acuerdo con las definiciones que de él hacían aquellos contertulios que te menciono.

Y me atrevo a apostar doble contra sencillo, que si aparecen acá los contertulios que allá me condenaban a mí, estarán absolutamente de acuerdo con el criterio que tú aplicas ahora para hacer “más buenos” (o “menos malos”), a los extremistas mapuches.

Sin embargo, tú aplicas acá, para hacer grados de diferencias entre terroristas, el mismo criterio que yo aplique allá para hacer grados de diferencias entre dictaduras.

¿Por qué allá ese criterio fue tan denostado y acá ha de ser aceptable?. ¿Por qué allá tú guardaste silencio mientras a mi me daban como “bombo en fiesta” por aplicar ese tipo de criterio, y acá apareces aplicando exactamente el mismo criterio en este caso?.

Me parece que ello refleja un cierto grado de inconsecuencia amigo.

Un saludo cordial

Cristian Muñoz P. dijo...

Una pequeña Fe de Erratas

Dice en primer posteo de envío consecutivo anterior: "no solo con el afán de “beneficiar” al que ha sido menos violento, ni mucho menos dejarlo como “más bueno”, sino que solamente como “menos malo” nada más."

Debe decir: "no con el afán de “beneficiar” al que ha sido menos violento, ni mucho menos dejarlo como “más bueno”, sino que solamente como “menos malo” nada más."

La palabra "solo" estuvo demás, pues implicaría la intención de otorgar un "beneficio", y eso no es correcto, la única intención es ser objetivo y justo.

Saludos cordiales