domingo, 3 de mayo de 2020

Coronavirus: Dinero desde un helicóptero


Life was so beautiful
Then we all got locked down

Living In A Ghost Town” (2020, The Rolling Stones)

No escatimen esfuerzos en la recuperación económica

La coronacrisis es el evento Deus ex machina que va a marcar los nuevos “locos años 20”. Acá, desde mi balcón, entre interminables sorbos y más sorbos de 1664, y picoteando aceitunas griegas kalamata, extrañando las aceitunas de Azapa de mi Norte natal, veo la ciudad completamente vacía. “Soy un fantasma en una ciudad fantasma, la vida era hermosa pero nos pusieron en cuarentena”, suenan los Rolling Stones una y otra vez.

Veo el video de los Stones. Pienso en las imágenes escalofriantes de los lugares más ajetreados del mundo ahora completamente desiertos. Oxford Street sin bullicio, Trafalgar Square, un terreno baldío. Un vértigo me viene al estómago de pensar en mi lugar favorito de todo el mundo, la librería Waterstones en Piccadilly, sumida en la oscuridad, en espectral silencio, con los libros polvorientos en los estantes sin que nadie los hojee, las cajas cerradas, sin té ni café siendo consumido en el quinto piso (o sexto, como sea que cuenten). La coronacrisis en todo su lúgubre esplendor.

¿Cómo salir de este atolladero? “Si todo lo demás falla, prueben tirar dinero desde un helicóptero”, es un frase que se le atribuye a Milton Friedman, un teórico monetarista. Con la gente encerrada en sus casas—los que tienen o los que pueden—se desploma la actividad económica. Hay servicios no proveídos. La prioridad es salvar vidas pero ya empezamos comprobar que la crisis sanitaria muta rápidamente a crisis económica, que puede ser más letal que el virus mismo.

Para ser exactos, como es tradición en Chile Liberal, Friedman no pronunció esa frase. Lo que sí dijo fue:

« Supongamos que un día un helicóptero vuela sobre un poblado y lanza billetes de 1.000 dólares desde el cielo. Desde luego, la gente se agolpará para ir a recogerlos. Supongamos, más aún, que todo el mundo está convencido que es un evento excepcional y que no volverá a ocurrir.  »

Es brutal pero es lo que recomienda Chile Liberal y ya lo esbozamos en nuestro primer post en esta serie sobre el maldito Covid-19. El gobierno debe empezar a arrojar plata no desde un helicóptero para comenzar a inyectar liquidez a los consumidores para que, primero, se queden en casa lo más posible, y segundo, para revivir la actividad económica con celeridad apenas se aplane la curva de muertes y contagios.

El gobierno de Emmanuel Macron diseñó un programa de cesantía parcial y otras formas de ayuda a las pequeñas empresas. Compañías grandes en dificultades, como la emblemática Air France, serán semi-nacionalizadas—Air France deberá implementar, a cambio de la ayuda, un esquema de uso de combustibles limpios.

En EEUU, Donald Trump anunció un paquete de estímulo de $2 trillion, en castellano son $2 billones, o sea, 1012, con doce ceros. Dicho en sencillo, más plata que la chucha.

Todo esto implica lanzar billetes desde un helicóptero. El helicopter money por supuesto que tiene detractores pero Chile Liberal sostiene que las ventajas son superiores a los inconvenientes. Una economía en panne necesita dinero para volver a funcionar. Esto es lo que el gobierno puede solucionar y para eso debe reactivar la demanda. La idea es distribuir la mayor cantidad de dinero a la mayor cantidad de gente a la mayor velocidad posible.

El dinero de helicóptero tiene la ventaja de no aumentar el déficit ni la deuda ya que es una política monetaria y no una política presupuestaria. El Banco Central, sea el BC de Chile, la Fed, el BoE o el BCE, lo distribuyen sin contrapartida. En Chile más aún tenemos la ventaja de contar con fondos externos a los cuales urge echar mano: las vicisitudes de la coronacrisis serán las más violentas desde 1929 y no hay que ser tímidos en su mitigación.

En términos político-ideológicos, este concepto concita el acuerdo de liberales, socialistas y keynesianos.

Tampoco es una cuestión particularmente estrafalaria. El dinero de helicóptero es la otra cara de la política ya aplicada el 2008 para salir de la Gran Recesión, el Quantitative Easing, o expansión cuantitativa. No por nada, al dinero de helicóptero se le llama “Quantitative Easing para el pueblo”.

Cuando las tasas de interés ya están muy bajas, como en la actualidad, los banqueros centrales ven reducido su radio de maniobra. A diferencia del QE, ahora ya no se puede ir a comprar títulos para crear dinero e inyectarlo a la economía. Es el momento de poner plata real en la economía real.

Bajemos del helicóptero a la triste realidad
Comprobamos que si bien las medidas del gobierno de Piñera son muy adecuadas, con el bono Covid-19 y los préstamos a tasa cero, entre otras, el gran talón de Aquiles es la baja bancarización de los ciudadanos.

Chile Liberal desde siempre ha propuesto la masificación de las cuentas RUT y la implementación y como corolario la puesta en marcha de la renta básica universal. Con esta infraestructura en práctica, bastaría que el ministro Briones haga un clic y traspase el dinero desde la billetera del país a la billetera de la gente de manera expedita.

No sólo en Chile esto es un problema. Como destaca el economista francés Thomas Piketty—en la antípodas ideológicas de Chile Liberal—el gobierno dispone de los datos de todos los ciudadanos para extraernos los impuestos y se sirve de una eficiente maquinaria con este fin, pero cuando se trata del movimiento contrario, es decir, para devolver el dinero a los ciudadanos, resulta que la logística no está disponible.

Si esto ocurre en el país que trajo la burocracia a Occidente (inventada en China y replicada bajo el gobierno de Luis XIV en Francia) imaginémonos las dificultades en nuestro país donde el trabajo informal se eleva al 30% y se ha justificado todos estos años en nombre de una tergiversada libertad de emprendimiento. En la era de la uberización del empleo debemos preguntarnos si acaso este modelo requiere una reingeniería o no.

Más aún, no se ha desplegado la bancarización universal. Bancarizar hoy es equivalente a alfabetizar ayer. El dinero podría distribuirse fácilmente y las tarjetas cuenta RUT podrían usarse para que los beneficiarios abastezcan y compren alimentos en los supermercados y en las ferias libres.

En Francia, por ejemplo, el cheque restaurant—Sodexo como existe en Chile—se  puede emplear para comprar verdulerías pequeñas, ferias libres, panaderías y almacenes de barrio. Es fácil bloquearlas para la compra de alcohol, tabaco o comida chatarra. Una tarjeta cuenta RUT así al menos facilita la adquisición de frutas y hortalizas frescas y de paso mejorar la salud y productividad. La misma tarjeta RUT ya sirve para pagar el transporte público. Es cosa de unir los puntos.

Contar con esta logística habría permitido bajar a la realidad el bien pensado paquete de estímulo del gobierno, sin contratiempos. Nos encontramos con la paradoja de que el plan de gobierno es excelente pero su aplicación es torpe o incluso imposible. Si todo esto es impracticable, entonces, parafraseando a Friedman, simplemente agarren helicópteros de la Fach y vayan a tirar billetes sobre la gente.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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