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lunes, 28 de abril de 2008

La Virgen María y el falo

A propósito de los últimos incidentes en contra de la iglesia de Roma, es bueno recordarle a la comunidad que frente a un enemigo tan feroz siempre será necesaria una dosis de irreverencia, pero en el correcto sentido de la palabra. La sublevación contra Roma debe ser radical y nadie mejor para darnos una clase intensiva de tácticas subversivas que Leonardo Da Vinci.


Al genio italiano unos monjes de Milán le encargaron una pintura que conmemorase el pasaje bíblico de la Inmaculada Concepción. Da Vinci, que de algo tenía que comer, aceptó de buena gana, pero como buen ateo, se confundió y pintó a Jesús bendiciendo a Juan El Bautista. Convencido, además, de la estupidez de aceptar un nacimiento virginal, añadió un enorme falo cuyos testículos emanan desde la cara de María (imagen derecha). Los monjes rechazaron semejante horror, lo que desencadenó una feroz disputa entre ambas partes. Da Vinci finalmente aceptó los cambios solicitados, pero curiosamente los monjes no se percataron del falo, que en realidad era bastante tenue, sino que repararon en el error de mostrar a Jesús bendiciendo a Juan. La mitología cristiana cree exactamente lo opuesto. Pero en venganza, Da Vinci resaltó más aún el falo, el que se hace innegablemente notorio en la figura de la izquierda (ver círculo rojo), actualmente en exhibición en el museo del Louvre, titulado La Virgen de las rocas. La versión inicial se encuentra en la Galería Nacional de Londres.

Pueden ver más al respecto en la entrada de Wikipedia, y los ateos con buena memoria se recordarán de alguna mención que hizo Dan Brown en el casi censurado Código Da Vinci (¡cómo extrañan la Inquisición y el Índice de libros prohibidos los católicos!).

No es mi intención burlarme de las creencias individuales de la gente, por inverosímiles y esquizofrénicas que sean. Pero si dichas creencias surten efectos reales en el mundo, no puedo evitar burlarme, porque en realidad esto da mucha risa, seamos honestos.