- Richard Dawkins
Chile Liberal celebra los 200 años del natalicio del genio de Charles Darwin
El mecanismo es elegantemente sencillo: los organismos varían unos a otros, esto todos lo sabemos. Las variaciones son transmitidas de los ancestros a los descendientes. Más individuos de una misma especie nacen de los que realmente pueden sobrevivir: sólo los más aptos lo logran. Las variaciones más aptas se siguen transmitiendo, conforman una especie la cual evoluciona.
Cualquiera puede entenderlo. Y mientras nadie disputa la teoría de la relatividad sin exponerse al escarnio público, la teoría descrita por Charles Darwin en su monumental obra "El origen de las especies mediante selección natural" aún es resistida, transcurridos casi dos siglos desde su publicación. El gráfico de la izquierda (fuente: The Economist) muestra en la parte superior los países donde la teoría de Darwin goza de mayor aceptación, y abajo donde es menor.
¿Cuál es la razón para tanta porfía? Resulta que en último término, Darwin sugiere que no existe una inteligencia superior que haya creado ni al ser humano ni a los otros animales. Un GPS que envía señales a un vehículo debe corregir su información para que sea precisa, ya que en la medición de espacio y tiempo desde la tierra a un satélite hay distorsiones: la teoría de la relatividad las explica. Cuesta un poco entenderlo, pero después de un esfuerzo mediano, uno lo comprende, y lo acepta. OK, no es extraordinariamente sencillo, pero uno capta la idea. Por qué tenemos ojos, vellos en las ventanas de las narices, o por qué una araña (que no tiene cerebro) logra tejer una tela tan perfecta sin un sistema de aprendizaje son cosas que nos maravillan. La evolución lo explica pero -para algunos- no es suficiente. y en contraste atribuyen todo a una idea mucho más extravagante: dios.
Se cumple el 12 de febrero de 2009 doscientos años desde el nacimiento del genio de Charles Darwin y su obra aún está lejos de ser aceptada. Quizás mientras no dominemos el miedo a la muerte, la humanidad no la aceptará por completo. Paradójicamente, el propio miedo a la muerte es una función biológica que nos permite seguir con vida. Por lo mismo, aún falta mucho para que Darwin sea aceptado.
Un tema que quería proponer en este artículo es la correlación entre miedo a la muerte, niveles de desarrollo de los países y su aceptación/rechazo al darwinismo. Es razonable especular que países con extensos y sofisticados sistemas de salud son menos proclives a rezar para obtener una sanación. Quizás esto explique que Suecia, Dinamarca, Francia y similares abracen al darwinismo sin problemas. EEUU es un país rico, si duda, con el mejor sistema de salud del mundo, pero el acceso a ella es menos expedito. Probablemente esto influya en sus altos niveles de religiosidad y su rechazo -a veces visceral- al darwinismo.
Darwin: la verdad y la vida
En estos dos siglos muchas cosas han cambiado. Darwin sugirió una idea genial, pero a la vez, su elaboración teórica fue casi completamente errónea. Otros científicos han corregido y completado la obra de Darwin: he ahí la belleza de la ciencia, que se corrige y mejora con el tiempo. Richard Dawkins nos ha mostrado que una especie es un conjunto de genes, y que los individuos son una selección de esos genes, que se van transmitiendo de una generación a otra y se van ajustando a los cambios del medio ambiente. Y así otros han colaborado al perfeccionamiento de la evolución, incluso manifestando desacuerdos aún pendientes, pero que no hacen sino demostrar que no sólo las especies evolucionan, sino que las ideas también evolucionan.
La contribución de Darwin ha sido enorme, tanto así que ya ni siquiera la notamos. Desde ingenieros de software hasta investigadores de medicina trabajan creando soluciones empleando la selección natural. Las ciencias sociales y la sicología no se quedan atrás. La chispa que hizo encender el genio de Darwin fue, curiosamente, la economía. Al leer los estudios de Thomas Malthus, quien sostenía que el crecimiento de la población era exponencial y que la cantidad de alimentos era lineal (o sea, que hay más gente que alimentos), Darwin supo que los humanos lucharían entre ellos para sobrevivir, y que los otros animales habían hecho lo mismo desde siempre. Darwin además practicaba un hobby que era la cría de gorriones gracias al cual pudo constatar cómo los hijos heredaban carecterísticas de los padres. Durante su famoso viaje por el mundo (que lo trajo hasta Chile), unió los puntos y produjo su teoría después de 20 años de investigación.
Aún persisten quienes desechan la evolución porque no puede ser que las especies surjan al azar. La estupidez humana, después de todo, aún persiste. Darwin jamás habló de azar, ¡todo lo contrario! El ojo humano, los vellos en las ventanas de la nariz, la perfección de la tela de la araña... desde luego que no son al azar: la selección natural explica todo aquello.
De hecho, todos los seres complejos en este universo ha surgido a partir de la evolución mediante selección natural. Siendo "dios" (el que sea) la criatura más compleja de todas, necesariamente debió surgir mediante un proceso de evolución mediante selección natural, ¿o no?
Absurdamente, quienes desechan la evolución porque la perfección de la creación no puede ser al azar, nos dicen que dios no está sujeto a ella, sino que él surgió... al azar.
Charlie, maestro, feliz cumpleaños número 200.
El mecanismo es elegantemente sencillo: los organismos varían unos a otros, esto todos lo sabemos. Las variaciones son transmitidas de los ancestros a los descendientes. Más individuos de una misma especie nacen de los que realmente pueden sobrevivir: sólo los más aptos lo logran. Las variaciones más aptas se siguen transmitiendo, conforman una especie la cual evoluciona.Cualquiera puede entenderlo. Y mientras nadie disputa la teoría de la relatividad sin exponerse al escarnio público, la teoría descrita por Charles Darwin en su monumental obra "El origen de las especies mediante selección natural" aún es resistida, transcurridos casi dos siglos desde su publicación. El gráfico de la izquierda (fuente: The Economist) muestra en la parte superior los países donde la teoría de Darwin goza de mayor aceptación, y abajo donde es menor.
¿Cuál es la razón para tanta porfía? Resulta que en último término, Darwin sugiere que no existe una inteligencia superior que haya creado ni al ser humano ni a los otros animales. Un GPS que envía señales a un vehículo debe corregir su información para que sea precisa, ya que en la medición de espacio y tiempo desde la tierra a un satélite hay distorsiones: la teoría de la relatividad las explica. Cuesta un poco entenderlo, pero después de un esfuerzo mediano, uno lo comprende, y lo acepta. OK, no es extraordinariamente sencillo, pero uno capta la idea. Por qué tenemos ojos, vellos en las ventanas de las narices, o por qué una araña (que no tiene cerebro) logra tejer una tela tan perfecta sin un sistema de aprendizaje son cosas que nos maravillan. La evolución lo explica pero -para algunos- no es suficiente. y en contraste atribuyen todo a una idea mucho más extravagante: dios.
Se cumple el 12 de febrero de 2009 doscientos años desde el nacimiento del genio de Charles Darwin y su obra aún está lejos de ser aceptada. Quizás mientras no dominemos el miedo a la muerte, la humanidad no la aceptará por completo. Paradójicamente, el propio miedo a la muerte es una función biológica que nos permite seguir con vida. Por lo mismo, aún falta mucho para que Darwin sea aceptado.
Un tema que quería proponer en este artículo es la correlación entre miedo a la muerte, niveles de desarrollo de los países y su aceptación/rechazo al darwinismo. Es razonable especular que países con extensos y sofisticados sistemas de salud son menos proclives a rezar para obtener una sanación. Quizás esto explique que Suecia, Dinamarca, Francia y similares abracen al darwinismo sin problemas. EEUU es un país rico, si duda, con el mejor sistema de salud del mundo, pero el acceso a ella es menos expedito. Probablemente esto influya en sus altos niveles de religiosidad y su rechazo -a veces visceral- al darwinismo.
Darwin: la verdad y la vida
En estos dos siglos muchas cosas han cambiado. Darwin sugirió una idea genial, pero a la vez, su elaboración teórica fue casi completamente errónea. Otros científicos han corregido y completado la obra de Darwin: he ahí la belleza de la ciencia, que se corrige y mejora con el tiempo. Richard Dawkins nos ha mostrado que una especie es un conjunto de genes, y que los individuos son una selección de esos genes, que se van transmitiendo de una generación a otra y se van ajustando a los cambios del medio ambiente. Y así otros han colaborado al perfeccionamiento de la evolución, incluso manifestando desacuerdos aún pendientes, pero que no hacen sino demostrar que no sólo las especies evolucionan, sino que las ideas también evolucionan.
La contribución de Darwin ha sido enorme, tanto así que ya ni siquiera la notamos. Desde ingenieros de software hasta investigadores de medicina trabajan creando soluciones empleando la selección natural. Las ciencias sociales y la sicología no se quedan atrás. La chispa que hizo encender el genio de Darwin fue, curiosamente, la economía. Al leer los estudios de Thomas Malthus, quien sostenía que el crecimiento de la población era exponencial y que la cantidad de alimentos era lineal (o sea, que hay más gente que alimentos), Darwin supo que los humanos lucharían entre ellos para sobrevivir, y que los otros animales habían hecho lo mismo desde siempre. Darwin además practicaba un hobby que era la cría de gorriones gracias al cual pudo constatar cómo los hijos heredaban carecterísticas de los padres. Durante su famoso viaje por el mundo (que lo trajo hasta Chile), unió los puntos y produjo su teoría después de 20 años de investigación.
Aún persisten quienes desechan la evolución porque no puede ser que las especies surjan al azar. La estupidez humana, después de todo, aún persiste. Darwin jamás habló de azar, ¡todo lo contrario! El ojo humano, los vellos en las ventanas de la nariz, la perfección de la tela de la araña... desde luego que no son al azar: la selección natural explica todo aquello.
De hecho, todos los seres complejos en este universo ha surgido a partir de la evolución mediante selección natural. Siendo "dios" (el que sea) la criatura más compleja de todas, necesariamente debió surgir mediante un proceso de evolución mediante selección natural, ¿o no?
Absurdamente, quienes desechan la evolución porque la perfección de la creación no puede ser al azar, nos dicen que dios no está sujeto a ella, sino que él surgió... al azar.
Charlie, maestro, feliz cumpleaños número 200.

