sábado, 9 de junio de 2012

Homenaje a Pinochet: La paradoja liberal

Debe ser tolerado mientras no haya "discurso de odio" o negación de las atrocidades


Un grupo de los más exaltados recalcitrantes apologetas de Augusto Pinochet, ex mandamás de Chile entre 1973 y 1990, planea un aquelarre en que se declamarán todo tipo de loas y ditirambos en honor al más grande sátrapa, nepotista y cleptómano que la historia de Chile ha conocido, quien no sólo usurpó la presidencia del país sino además se enquistó en la comandancia en Jefe de nuestro Ejército, y, también, el Senado. La paradoja que se nos plantea a los liberales es ya conocida, y la abordó hace tiempo Sir Karl Popper, un filósofo y catedrático de la London School of Economics, en su obra La sociedad abierta y sus enemigos:
"La tolerancia ilimitada conlleva a la desaparición de la tolerancia. (...) si no estamos preparados para defender a la sociedad tolerante contra los ataques de los intolerantes, el tolerante será destruído, y la tolerancia desaparecerá con ellos."
Bajo su régimen, Pinochet impuso la censura. Exilió a sus críticos. Uno de los grandes baluartes de occidente, el habeas corpus, fue completamente obliterado ya que miles de chilenos fueron juzgados en tribunales de guerra sin derecho a defensa y sin ser miembros de un ejército; se decretó pena de muerte sin que jamás los cuerpos fuesen entregados. Muchas de éstas fueron meras ejecuciones... por la espalda. Otros muchos profesionales fueron relegados, otros detenidos arbitrariamente.

Al final de su mandato, Pinochet acabó con más de 20 millones de dólares a pesar que sólo recibía remuneración por ser Comandante en Jefe del Ejército y "presidente" del país. Sin olvidar que Pinochet jamás fue presidente del país. Sólo es presidente de la república el que es nominado como tal por el electorado, en comicios donde al menos hay un otro contendor. Jamás nadie votó por Pinochet. El ex dictador fue el mero mandamás de Chile, el Hombre Fuerte, etc, pero no "presidente".

¿Es posible homenajear a tal inícuo personaje? Al parecer sí. Mentes enfermas pretenden exaltar su figura. ¿Debe impedirse semejante acto? La respuesta es no. Debe tolerarse. Lo que, claro, no es fácil. Si somos realmente liberales, tendremos que tragar saliva y contar hasta tres, pero sería apostasía el que nosotros mismos llamásemos a prohibir un acto, aunque sea de esta bajísma estofa.

Y es que no es fácil ser liberal. La gracia de defender la libertad de expresión ("freedom of speech") es que el resto diga lo que se le plazca. Alguien podrá decir, como Morrissey, que somos unos salvajes por comer carne, y nos aseguraremos de que cada cual tenga garantizada su libertad de manifestar una opinión. Pero no podemos acallar al otro.

Hay una salvedad, como lo explica Popper, y ésta es la médula del asunto. Si queremos mantener una sociedad abierta y tolerante, no podemos censurar aquello que no nos guste, pero para preservar las libertades políticas y civiles que hemos recuperado éstos últimos 20 años, debemos defendernos de los elementos odiosos que pretenden justamente mermar y destruir los valores liberales. De otro modo, terminarán por destruirnos.

No podemos amordazar a priori a los pinochetistas. No obstante, si en este aquelarre se profiere "hate speech" ("discurso de odio"), por ejemplo burlándose de las atrocidades ordenadas por Pinochet, o incluso llegan a negarse, o se hace un llamado a restablecer la dictadura, o se insulta a los políticos elegidos que han defendido la democracia, o se acosa a los actuales oficiales del ejército republicano y democrático que sólo quieren cumplir su labor y olvidar el daño que causó Pinochet a nuestras instituciones fundacionales, entonces corresponde legítimamente arrestar a quienes propugnen intolerancia de esta especie.

Dicho de otro modo, la libertad de expresión se acaba cuando se llama al odio, a causar daño, o a zaherir gratuitamente los sentimientos de otros. En muchas ocasiones, baste el oprobio público para castigar actitudes intolerantes. Pero dependiendo del nivel de odiosidad, bien hace la sociedad abierta en defenderse, siempre cuando exista un poder judicial independiente, una prensa libre y una clase dirigente elegida de entre miembros de la comunidad. Sin olvidar que también otros tienen libertad de ir a manifestarse en contra de este acto, organizando una "funa".

Y una reflexión final. En 1988, ciertamente Pinochet obtuvo un 43% de votos en el Plebiscito que, paradojalmente, planeó él dictador para darse un viso de legitimidad. Perdió gracias a que se impuso la cordura, y por nuestro historial democrático. El Acuerdo Nacional había pavimentado el camino para que el país marchase a la democracia. Legítimamente, muchos tuvieron miedo al cambio, o no se daban cuenta de qué realmente ocurría, y votaron Sí. Pero eso fue en 1988.

Es francamente incomprensible para Chile Liberal que hoy, año 2012, después de haber visto las pruebas irrefuitables de lo matonesco que fue Pinochet, Contreras, Krasnoff y muchos otros, ahora que vivimos en democracia, libertad y prosperidad insistan en defender a Pinochet, nos hace creer que algunos sólo buscan desatar su locura. Actuar en su contra los convertiría en mártires. Es tan demente homenajear a Pinochet que en realidad es mejor dejar que el oprobio público y el escarnio hagan su trabajo. Los apologetas de Pinochet no nos pueden dar rabia, sino una mezcla de risa, y lástima.

domingo, 3 de junio de 2012

Un saludo a la Reina Isabel II en su jubileo de diamante

Los irlandeses del sur dicen que ellos son una república porque Inglaterra es una monarquía. En Chile Liberal compartimos este espíritu recalcitrantemente republicano, y seguiremos así por siempre. Pero esto no es óbice para que nos unamos a los súbditos de la Reina Isabel II, quienes en estos momentos salen en masa a celebrar el sexagésimo aniversario de la coronación de Elizabeth Regina, jefa de Estado no sólo del Reino Unido de Inglaterra, Escocia, Gales, e Irlanda del Norte, sino además de Canadá, Australia, Nueva Zelandia, entre muchos otras naciones.

Esta es una ocasión para que los ingleses celebren su identidad nacional al exaltar las instituciones que aún persisten después de siglos de historia. Su país pasó de ser una potencia mundial a un modesto quinto lugar, y con la irrupción de Asia seguirá cayendo, han asumido esta realidad con su característico talante flemático, sabiendo que a pesar de todo son herederos de una rica tradición, y de una institucionalidad tan sólida como admirable — a veces, incluso, desconcertante—. Todo lo que han pensado sus más notables luminarias, lo que han investigado sus científicos,  y lo que han creado sus artistas ha repercutido en todo el planeta, llegando incluso a ser la esencia de la cultura universal.

El país por estos días pasa por una crisis mayor, si bien menos dramática en la realidad que durante el Jubileo de Plata, en 1977. Y en este punto queremos detenernos. Durante el Silver Jubilee, el desbocado sindicalismo británico puso al país de rodillas. El desempleo arreciaba y la respuesta era irse a huelga:  el país fue paralizado, la basura se apilaba en las calles, al extremo que incluso las funerarias dejaron de trabajar y los cadáveres se podrían sin encontrar sepulcro. Si le añadimos las nacientes tensiones raciales más el pánico que infundían los terroristas católicos del IRA, sin olvidar las revueltas en Irlanda del Norte, notamos que el caos fue total. Gran Bretaña era el "hombre enfermo de Europa". En este contexto irrumpió la implacable frialdad de la Dama de Hierro, quien logró restablecer el orden, tanto así que cuando Margaret Thatcher abandonó el poder, el país era el menos sindicalizado de Europa. Su victoria —aunque pírrica— sobre los mineros, y su golpe demoledor al terrorismo irlandés, son un ejemplo a seguir.

La situación desesperada de los 70 fue además el escenario propicio para que surgiera el punk y sus niños símbolos, los Sex Pistols, quienes con su estridente tema "God Save The Queen" capturaron el zeitgeist de aquellos años. Durante la semana del jubileo de plata, el mítico programa Top Of The Pops, por única vez en su historia, no anunció el número 1 de la semana, ni tampoco lo hizo ninguna emisora. Insultar a la reina era antes, como hoy, un tabú. Fue uno de los rarísimos casos de censura en Gran Bretaña  (anteriormente, el tema Je t'aime, moi non plus del francés Serge Gainsbourg también fue censurado, ya saben: "No sex please, we're British").  

La diferencia entre aquel jubileo y éste es que hoy nadie cuestiona a la monarquía (bueno, excepto los punks). Isabel II ha sido una monarca a la altura de las circunstancias. No obstante los escándalos, gracias al matrimonio de William y la duquesa Catalina (indicación de la Reina: no llamarla Kate, sino "Catherine"), la monarquía ha cobrado nuevos bríos y goza de mejor salud que nunca. El país vive una crisis devastadora, pero el matrimonio del príncipe y el Jubileo de diamante quizás den el golpe anímico que los súbditos necesitan para ponerse de pie. El ambiente que percibo en estos momentos, al ver Sky News, es de algarabía total.

A pesar de los disturbios el año pasado, el Reino Unido vive en calma, y una de las señales que los británicos son gente civilizada es que durante los desórdenes una mayoría aplastante del público exigía más mano dura: 78% apoyó uso de gas lacrimógeno, 82% pedía toque de queda, 90% quería más guanacos (ver fuente). En deprimente contraste, en Chile se arguyen todo tipo de retorcidas necedades para justificar a los encapuchados, las tomas de caminos, los pirómanos y el sitio de ciudades, se cuestionan las bombas lacrimógenas o la adquisición de carros lanza aguas. Bueno, al final del día, la diferencia es que el primero es un país democrático e institucionalizado, y el segundo una república bananera que sufre una eterna adolescencia.

En una república todos somos iguales, y la soberanía reside en el pueblo, formado por ciudadanos. En una monarquía, la reina es la soberana, y el resto son sus súbditos. Por el respeto que su cargo comanda, le debemos a Elizabeth II una reverencia, por ser ella la encarnación misma de los británicos, y la felicitamos por estas seis décadas en el trono, siendo el pilar de su país. En Chile, país donde no conocemos el respeto, nuestro gesto parecerá extraño a algunos, pero se lo debemos por nuestra admiración hacia aquella pequeña pero grandiosa nación. Aunque no por eso, vamos a dejar de escuchar a los Sex Pistols:

God Save The Queen