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domingo, 20 de mayo de 2018

Boda Real: Lo hicieron nuevamente

La monarquía británica sigue más vigente que nunca



La brega entre monarquistas y republicanos quedó en el baúl de los recuerdos como una anacronía curiosa. En la actualidad varios de los países más modernos, progresistas y con mayor protección de las libertades individuales son monarquías: Suecia, Dinamarca, Reino Unido, por dar sólo unos ejemplos. En Chile Liberal somos republicanos acérrimos pero ayer, la verdad sea dicha, fuimos monarquistas totales.

Alguna vez fue imposible contraer nupcias para un miembro de la familia real con una plebeya, peor si provenía de las incivilizadas Plantaciones de Norteamérica. ¿Más aún, hija de esclavos? La monarquía británica, con un milenio de historia a sus espaldas, demuestra hoy estar más conectada con sus súbditos que nunca antes. La boda real entre Enrique y Meghan captura el espíritu del Reino Unido contemporáneo: global, abierto, pluralista, multicultural y multiétnico.

Isabel II no gobierna, reina. Concepto sencillo pero potente. En el caso británico la monarquía no es absolutista. Sus poderes están circunscritos y limitados por una Constitución no escrita (excentricidad británica por excelencia: esa gente no pierde tiempo en redactar constituciones). Si indagamos en ella, de hecho, observamos que la soberanía reside en el Parlamento, no en el monarca, ni tampoco en "el pueblo", como ocurre en otras latitudes. Lo corroboramos en el caso del Brexit.

Todos recordamos exactamente qué hacíamos el 31 de agosto de 1997 cuando escuchamos: "muere Lady Di". Se le llamó la "Reina de los corazones" en alusión a Alicia en el País de las Maravillas. Tony Blair ⎯un orador brillante⎯, en su discurso fúnebre la inmortalizó como la Princesa del Pueblo. Su trágico y repentino deceso, del cual con nuestro morbo y avidez por la cultura de la celebridad todos fuimos responsables, nos dejó turbados. El sentimiento de culpa fue casi intolerable cuando vimos a los pequeños Enrique y Guillermo sepultar a su mamá y nos preguntamos entre sollozos si alguna vez esos muchachos criados en una burbuja palaciega podrían ser gente normal como tú o yo.

Guillermo resultó ser un tipo afable y muy aterrizado, con más sentido de la humildad que muchos piojos resucitados que alguna vez hemos conocido. Basta ver las imágenes de su matrimonio el 2011 para constatar que se casó tan enamorado de la mujer de su vida como cualquiera de nosotros, plebeyos que nunca heredaremos fastuosos castillos ni títulos nobiliarios. Al final ¿qué importa todo eso? Sólo el marxista más recalcitrantemente fanático de la lucha de clases podría no vitorear estas bodas reales.

Enrique ayer se mostró tan emocionado como yo cuando vi a Chanchi vestida de blanco el día que nos casamos. Y lo mismo corre para cualquiera. Todos fuimos parte de la gran ceremonia en Windsor, presenciada por televisión en directo por un quinto de la población mundial y cubierta sin excepción por todos los medios de prensa, y festejada por muchos británicos y amigos de otros países que se apostaron en los alrededores con sus sándwiches y termos de té mientras enarbolaban Union Jacks.

La duquesa Catalina de Cambridge ya ha dado a luz a tres hijos. Nuestros parabienes a ella y su marido. Le deseamos dicha por formar una familia y lo mismo a Enrique y Meghan, hoy duques de Sussex. El Príncipe Carlos, quien entregó a su nuera en el altar, parece un hombre contento después de rehacer su vida con Camila. La Reina se ve orgullosa de haber reinado el país durante la reconstrucción después de dos guerras mundiales y de ser la madre de una familia bastante normal, a pesar del boato.

En las entrevistas ninguno de los hijos de Diana habla con ese encopetado tubérculo bucal que simboliza lo más arcaico, rancio y afectado de la lengua de Shakespeare. Su acento no es señorial sino la clásica entonación de los británicos educados, de clase media. A veces incluso deslizan algunos sonidos oclusivos glotales ⎯ propios de las clases populares. 

Guillermo pasó casi tres meses haciendo trabajos voluntarios en la región de Aysén, Chile, desde octubre a diciembre de 2000, donde aprendió hasta a hacer pan amasado. La entonces Kate Middleton hizo algo muy similar, pero de enero a marzo del año siguiente, en la misma región. Ambas estadías fueron parte del habitual "gap year" que se toman muchos británicos. De seguro ese fue uno de los puntos en común cuando Guillermo entabló conversación por primera vez ("empezó a engrupirse") con Kate en el bastante modesto y ya mítico Café Northpoint, en el pueblito de St Andrews, cuando ambos estudiaban en la universidad homónima. 

Harry, por su parte, visitó como un tipo más un hogar de menores en Pudahuel, en los suburbios de Santiago, el año 2014. Si incluso los príncipes tienen una cierta conexión con nuestro lejano país, donde siempre el Reino Unido ha sido un paradigma (por combinar mercados abiertos con protección social bajo un régimen democrático), más aún están conectados con el resto de los súbditos de su abuelita y suegra, respectivamente.

Ayer en la ceremonia hubo un asiento vacío en la Capilla de San Jorge, en Windsor, delante de la Reina Isabel II. Algunos asumieron que era un puesto simbólico reservado para Lady Di. En realidad es parte del protocolo real que nadie se siente delante de Su Majestad, pero Diana estaba de algún modo ahí presente y me vino un gran sobrecogimiento con aquella foto. La mamá de Meghan estaba genuinamente emocionada como cualquier mamá que ve a su hija casarse feliz ⎯ irrelevante que sea en segundas nupcias. Lady Di estaría dichosa de ver que sus hijos salieron buenos cabros, casados con buenas chiquillas. Sería una mamá feliz.


domingo, 10 de julio de 2016

Brexit post mortem 3 (y final): Inmigración

Panic on the streets of London
Panic on the streets of Birmingham
I wonder to myself
Could life ever be the same again?

Panic on the streets of Carlisle, Dublin, Dundee, Humberside,
I wonder to myself...


"Panic", The Smiths


Nuestro blog no tiene derecho a voto, por supuesto, somos un blog y no una persona, pero emitimos nuestra preferencia por el Leave, anticipamos que no sólo ganaría el brexit sino que además el Primer Ministro, David Cameron, dimitiría. Se cumplió. Dijimos que abría convulsión económica. Se cumplió. Añadimos, inmediatamente, que los mercados finalmente encontrarían el equilibrio: esto está por verse. 

Hemos adelantado muchas cosas e invitamos a repasarlas. Ahora llega el momento de cerrar este mini ciclo para lo cual abordaremos un tema altamente sensible y es la inmigración en el Reino Unido, algo que atañe a todos los países "exitosos" del mundo. Estudiaremos el nexo con el Estado de Bienestar e incluso exploraremos cómo Chile se verá afectado (siendo Chile un país bastante exitoso, la inmigración es un tema cada vez más preocupante).

En el corazón mismo de la UE, como también apuntamos, está el unir a todos los países del Viejo Continente en un destino común para que sea imposible una nueva II Guerra Mundial, donde Europa tocó fondo (y nunca se recuperará). Tres libertades deben cumplirse para integrar a toda la ex "Comunidad Económica Europea" en un proyecto político: libre circulación de capitales, de ideas, y de personas. Sólo puede ocurrir aquello si se eliminan las fronteras y si el comercio se realiza en una moneda común. Los gobiernos, además, deben alinear sus leyes para que el flujo sea expedito y real. 

Económicamente, el euro tiene sentido. Aún recuerdo la era en que después de viajar por Europa uno acababa en los bolsillos con florines, marcos, francos y pesetas. Difícilmente podía haber un intercambio fluido. La moneda común permite además comparar fácilmente. Por ejemplo, una pata entera de jamón "pata negra" en Figures, Cataluña, cerca de la frontera con Francia, puede costar 120€. En el lado francés, cuesta 350€. Por supuesto, para muchos galos es mejor ir a hacer las compras cruzando la frontera. Asimismo, un sueldo mensual de 2.000€ es alto en España, mientras que en Francia es bajo. Esta información disponible de fácil permite a los europeos comparar y ante la desaparición de fronteras, desplazarse y migrar es sencillo.

Acá empezaron los problemas. Porque el Reino Unido, como sabemos, forma parte de la Commonwealth, una mancomunidad de países, desde Zimbabue a Nueva Zelanda, que comparten ciertos valores (herencia post-colonial británica). Los británicos sienten que los australianos son sus primos hermanos, no así los lituanos. La UE le impone al Reino Unido el recibir en sus tierras a rumanos o polacos, porque son europeos, pero no a australianos porque no son europeos, a pesar que tienen un fuerte lazo. Por ejemplo, conocí el caso de una pianista australiana que no pudo renovar su visa para continuar perfeccionándose en un prestigioso conservatorio londinense porque los burócratas de Bruselas quieren marginar a los no-europeos para dar preferencia a los del Continente. Ante esto, los británicos se preguntan si acaso la UE no es una idea completamente estúpida.

Pero el problema es mucho más complejo. Sin preguntarles, los británicos vieron que las reglas de la Comunidad Económica Europea se cocinaban en Bruselas por parte de oficiales no elegidos para proclamar una unión política que, por loables que sean sus intenciones, su legitimidad es dudosa. Peor aún, se comenzó a integrar países del ex bloque comunista en una jugarreta de Bruselas por hostilizar con Rusia. Los "países del Este" son pobres aunque relativamente bien educados, y desde luego sus habitantes aprovecharían la ausencia de fronteras para marcharse del desastre post-Soviético e instalarse en los países ricos del Oeste.

El flujo se descontroló y se volvió inmanejable. La alicaída agricultura británica empezó a contar con abundante mano de obra barata, pero la ineptitud del gobierno ante el gigantismo del Estado de Bienestar no logró satisfacer las necesidades de los contribuyentes, y la calidad y cantidad de las prestaciones sociales comenzó a resentirse, y así también, los británicos empezaron a rechazar a los inmigrantes, a quieres culpan de la degradación de su modelo social.

Veamos luego las cuestiones culturales y de idiosincrasia. Los británicos por ejemplo son gente que jamás se salta una fila, esto todos lo saben. Imagínense al inglés común y corriente que espera la micro en la mañana, y ve que en el paradero que la mitad ahí son extranjeros que se agolpan como salvajes por subir primeros. Él se queda abajo, ve irse la micro y debe llegar tarde porque los extranjeros son vivarachos. O la incapacidad crónica de conductores de muchos países, Chile incluido, de entender cómo funcionan las rotondas, las "roundabouts", llamadas en Francia rond-point à l'anglaise, que existen en la isla más que en ningún otro lugar del mundo. Nuevamente, los ingleses ven esto y se preguntan de dónde carajo salió tanta gente que no aprende a adaptarse, y de hecho, son los ingleses los que deberán aprender a echar el auto encima (en Chile inventamos la rotonda con semáforo, o sea somos huevones al cubo). Pedir permiso para transitar por la izquierda en una escalera mecánica, entre muchas cosas, empiezan a fastidiar.

Los británicos, gente siempre dispuesta a beber generosas cantidades de cerveza, no aceptan muy bien que no les inviten a una después de él haber pagado su ronda en el pub. El local pub y el alcohol constituyen la esencia misma de la sociabilidad en el país. Tampoco comprenden que cada uno se pague su propia pint, lo que se considera altamente descortés. Si bien todo esto puede ser aceptable en Londres, el Reino Unido es mucho más que su capital, y es en el resto del país donde la presencia masiva de extranjeros está cambiando las cosas que antes se deban por sentadas. Los polacos emborrachándose como locos en sus casas, a veces destilando alcohol ahí mismo, causa problemas graves de integración.

Aceptar temporeros búlgaros y no a un cirujano de la India atenta contra la idea misma de lo que los británicos quieren de su país. La prensa sensacionalista, como el Daily Mail, The Sun o el Telegraph, se dedican a vomitar su furia contra Bruselas, y este discurso encuentra acogida en muchos que se sienten extranjeros en su propio país.

En Chile vemos algo similar. Se estima que en unos pocos años habrá un millón de extranjeros. Para un país de 17 millones (vaya uno a saber cuántos realmente somos, gracias Piñi), esto es caldo de cultivo para las odiosidades. Un populista irresponsable, à la Donald Trump, llegará pronto.

El Estado de Bienestar: causando malestar
Pero el gran culpable de todos los males, o casi todos los males, es el Welfare State. El Reino Unido siempre fue una nación exportadora de migrantes, no receptora. Un país que se convierta en destino de inmigración masiva no puede además tener un Estado de Bienestar del tamaño del británico. Se convierte en un imán para la mala inmigración: atrae parásitos.

Los países deben tomar decisiones. En Reino Unido deben decidir si corrigen el Estado de Bienestar y siguen aceptando inmigrantes, lo que sería excelente, o se repliegan en su Little Britain y se ahogan en el asistencialismo.

Estados Unidos desde siempre fue considerado un país exitoso porque atraía gente aguerrida y con ganas de surgir, porque allí, en la ausencia de una red de protección social, cada uno aprende a forjarse su camino. Pero EEUU se convirtió en una social-democracia y hoy vemos cómo decae lenta pero inexorablemente.

El Estado de Bienestar en el Reino Unido, como en otros países europeos, se justificó durante la post-guerra, cuando la sociedad debía ocuparse de los amputados, de los tullidos por la guerra, de las viudas y los huérfanos. No haber creado el Servicio Nacional de Salud británico, el NHS, habría significado una guerra civil en Inglaterra. Esto suele ocurrir. Recordemos que en Chile, a menos de una década de cesadas las hostilidades de la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, estalló una guerra civil, en 1891. En el Reino Unido, el precio de la paz fue asegurar atención de salud universal y un ingreso mínimo (el "dole").

Pero la cosa ha cambiado bastante desde 1945. El mundo ya no se divide entre obreros y patrones. El perder el puesto de trabajo no es una catástrofe, como lo era para los trabajadores industriales. Hoy, es parte normal de la vida laboral de todos. Los crecientes costos de la salud vuelven imposible mantener al NHS, algo que saben bien los franceses y alemanes, que ya exigen un copago por las prestaciones de salud. La calidad del NHS es mucho peor que el de otras economías comparables, y con la llegada masiva de usuarios extranjeros, el sistema está colapsado.

El descontento, que es entendible, da paso a la xenofobia. Las agresiones verbales y físicas que se han captado en smartphones dan cuenta de los ánimos caldeados. Por supuesto que es triste ver estas cosas en un país ilustrado. Pueden estar seguros que estas cosas contra los negros o gitanos ocurren mucho más en Hungría o Bulgaria, ya que el racismo es mucho más extendido en países "de medio pelo". 

Por lo mismo, preguntémonos en Chile si ante la oleada de inmigrantes, es necesario continuar construyendo un Estado de Bienestar. Garantizar salud y educación a todos está bien como acto simbólico en el proyecto de Nueva Constitución, pero llevar esto a la realidad es peligroso.

Los británicos no son racistas ni xenófobos. El 51% de quienes votaron Leave no lo hicieron por miedo o desprecio a los extranjeros, sino porque ven que la UE no les permite crear sus propias leyes, e impone reglas de inmigración inadecuadas.

Lo increíble de todo, es que los inmigrantes de hoy tampoco son los mismos de ayer. Cuando los europeos se marchaban a EEUU en el siglo XX lo hacían para comenzar una nueva vida. Hoy, desde las naciones bálticas a Inglaterra se puede llegar en un vuelo de bajo costo, y así también, los inmigrantes se pueden marchar cuando en cualquier momento.

Y peor aún, cuando se incorporó a las naciones del Este, todos los países del Oeste, como Francia y Alemania, levantaron salvaguardias para evitar el flujo masivo de extranjeros, como ya lo hizo Francia para protegerse cuando se incorporó a España y Portugal. 

De los miembros anteriores al año 2004, cuando se extendió la UE al ex bloque comunista, sólo tres países se negaron a controlar la inmigración: Irlanda, que es un país poco poblado con una permanente hemorragia de su migración, Suecia, que siempre ha sido un país abierto (poco seduce un país frío y oscuro con un idioma imposible), y el Reino Unido.

Este es un blog serio. Pero nos preguntamos si al final, no está el Reino Unido, desde un principio, conspirando para destruir a la UE por dentro. No es posible que el tema más explosivo en este referéndum haya sido la inmigración, y que, en el fondo, los mismos británicos hayan decidido abrir de par en par sus puertas, y luego culpar a Bruselas, para terminar por retirarse.

Se alzan voces recomendando repetir el referendum, esta vez garantizando al Reino Unido restringir la cantidad de extranjeros de la Unión que puedan instalarse al país. ¡Pero los mismos británicos se negaron en el 2004!

Es hora de que alguien les muestre la puerta al Reino Unido para que se vayan de una buena vez.

sábado, 25 de junio de 2016

Brexit post mortem: Au revoir, Dave

Forget it, brother, you can go it alone!
⎯ "London Calling", The Clash


El Primer Ministro David Cameron abandona el poder, injustamente, por la puerta angosta

Atrás queda el día del referendum sobre la permanencia o retirada del Reino Unido de la Unión Europea. "Le Royaume-Uni quite l'Europe", fue lo primero que vi esa mañana en BFMTV, el principal canal francés de noticias, antes de tomar desayuno. Normalmente voy a la panadería, me traigo una baguette y unas viennoiseries, me preparo un café au lait, y después enciendo la tv. Religiosamente veo media hora de noticias. Debe ocurrir algo muy importante para prender la tele a primera hora, y que más aún, en Francia no hablen de otra cosa sino de lo que ocurre Outre-Manche. El viernes 24 de junio de 2016 así fue, y no es para menos, ya que la jornada ha sido descrita como el día que puede cambiar para siempre al Reino Unido. Y como escribí en este blog, los británicos abandonaron la UE, y como indiqué, el Primer Ministro renunciaría.

Para los chilenos esto es completamente fuera de norma. ¿Un personero político renuncia porque perdió? Habitual en las islas británicas, inédito en la larga y angosta faja. Nuestros líderes jamás pierden. Si tuviesen un PM chileno (no sería conservador sino ultra-conservador), habría dicho que el 49% de votos fue un triunfo porque los políticos chilenos siempre ganan, independiente de los resultados. "Nos decían que perderíamos por gran diferencia, pero este 49% demuestra la gran aceptación del electorado, es un triunfo", habrían dicho. Todos los tontos útiles, lisonjeros, buitres y amigotes del líder lo felicitan por su derrota-triunfo. Es normal porque en Chile los partidos son un club de compadres y no instituciones profesionales. 

La cultura británica exalta la divisa de "entereza en la derrota, humildad en la victoria". Con una calma y dignidad encomiable, David Cameron frente a 10 Downing Street, escoltado por su esposa, admitió la derrota e inmediatamente anunció su renuncia al cargo. "El país necesita otro capitán para esta nueva etapa", declaró. Luchando por mantener la costumbre inglesa del stiff upper-lip, en un momento ya no pudo más y soltó un lagrimón. Vaya que comienza una nueva etapa. Los británicos, país de navegantes históricos, zarpan rumbo a aguas desconocidas. No veo porqué ahora deban temer.

En la elección general anterior votamos por Posh Dave y el Partido Conservador, lo que nos valió bastantes críticas, algunas muy injustas. Hicimos en aquel momento un resumen de su trayectoria (invitamos a leer el post, para no explayarnos ahora). Sólo repasemos brevemente: Cameron reconstruyó el exangüe Tory Party luego de décadas de derrotas. Declaró que su referente es Winston Churchill, no Maggie. Aplastó al todopoderoso Nuevo Laborismo, sepultando la Tercera Vía. Para capear la crisis económica impuso el plan de austeridad más salvaje visto en Occidente, y los resultados positivos están a la vista. Auspició el matrimonio homosexual, entre muchos otros logros. Fue, en resumen, un líder excelente.

Elevándose por sobre la terrible guerra civil en su conglomerado, se comprometió a zanjar para siempre la cuestión de problemática relación de amor y odio entre su país y la Unión Europea. El ala euroescéptica más tenaz ya se había escindido y formado el UKIP. Para conservar la unidad y evitar la hemorragia, Cameron sólo podría acceder a la jefatura conservadora ofreciendo un plebiscito, el cual se comprometió a ganar con una fórmula simple: declarar un fuerte euro-escepticismo para apaciguar a los exaltados en sus filas, luego ir a Bruselas a negociar más concesiones, volver de Bruselas con las concesiones bajo el brazo, y convocar al referendo diciendo "hey, chicos, miren, nosotros obtenemos lo que nos conviene de la UE, sigamos en el bloque, ganaremos incluso más".

El hombre antes ya había sometido a referendo la cuestión escocesa, de la cual salió airoso. Se decía que la independencia de las Highlands desintegraría al Reino Unido, lo que Cameron evitó. Fue un éxito rotundo.

Pero atrás queda la recuperación económica, la rehabilitación del Partido Conservador (que, mal que mal, es necesario un bloque conserva en toda democracia sana), la solución a la cuestión escocesa. Todo ha sido arruinado ante el fracaso de convencer a la mayoría de los votantes británicos de que es mejor permanecer en la Unión Europea.

En los próximos capítulos iremos desmadejando el embrollo. Por ahora, es sensato aplaudir a David Cameron, un hombre con temple y decisión, el más joven de los Premiers que ha visto la isla, y que antes de los 50 años de edad ya se convierte en un ex Primer Ministro. Su carrera, prometedora, ha llegado a un fin abrupto, pero paradojalmente, predecible.

El tema de Escocia vuelve a abrirse porque allá dieron un sí rotundo a la UE. Un flanco que parecía cicatrizado, Irlanda del Norte, parece abrirse ya que un control fronterizo deberá establecerse en la carretera M1, que era expedita entre Dublín y Belfast: ya parecían un solo país. Vuelve a penar el fantasma de la terrible era de los Troubles. La recuperación económica tambalea ante el posible debilitamiento de la industria financiera en la City.

Su mejor amigo, camarada conservador, ex compañero en el exclusivo colegio Eaton y antiguo alcalde de Londres, el extravagante Boris Johnson, líder "mainstream" de la campaña por la Salida de la UE, se vislumbra como su sucesor. 

La audacia lleva a la gloria o al fracaso. Para Cameron, el precio de su audacia ha sido el fin de una carrera política de un líder conservador ejemplar. En perspectiva, debió más bien asumir la posición de Boris: instar a una partida ordenada de la estructura de la UE, y plantear una integración acorde con las velocidades políticas, económicas e idiosincráticas del Reino Unido. Él asume su derrota con entereza, y desde Chile Liberal le damos un aplauso. Ojalá en Chile aprendan también que los errores se pagan así: con renuncias, dando paso a otro capitán.

domingo, 19 de junio de 2016

Brexit: Au revoir, UK

Should I stay or should I go now?
If I go there will be trouble
If I stay, it will be double


⎯ "Should I stay or should I go", The Clash

El Reino Unido debe sincerarse y abandonar la Unión Europea
En 1945, cuando entraron a la Alemania Nazi derrotada, los soldados aliados descubrieron los campos de concentración, y en medio del horror trataron de salvar de la inanición y la enfermedad a la mayor cantidad de gente posible. Por un lado se saludaba el fin de la guerra y al mismo tiempo, estupefacto, el mundo comprobaba que Europa había pasado del pináculo de la cultura universal al fondo de la barbarie. De paso, la humanidad experimentaba la peor crisis de la Historia. Las heridas aún están ahí porque nuestra generación aún no logra reponerse del colapso, y con toda seguridad, la humanidad nunca se recuperará. La respuesta ante el colapso fue la Unión Europea, que comenzó como un esfuerzo en los años 50 por aunar un mercado común del carbón y el acero, y que luego de Maastricht y la adopción de una moneda común, por fin lograría el objetivo final de la posguerra: unir para siempre a las naciones europeas en un destino compartido, sellando así la promesa de un "nunca más". Cada país abandonaría parte de su soberanía para unirse a un proyecto común, casi como un matrimonio.

La analogía del matrimonio es muy buena, porque tal como en un casamiento, después de bebida la champaña, acabado el baile y los discursos emocionados, cuando la luna de miel es un recuerdo lejano, comienza la realidad cotidiana. Empiezan las peleas. Precisamente esto ocurre ahora en la Unión Europea. Y es, en parte, a causa de su propio éxito.

Sí, porque más allá de la crisis del euro, de la lenta pero implacable pérdida de competitividad, del terrible y endémico y persistente desempleo, y a pesar de que el mayor mercado del mundo es desde una perspectiva política, militar y diplomática una irrelevancia internacional, la verdad es que la Unión Europea es un éxito: su objetivo culmine, la paz, hoy se da por sentado.

Nunca los europeos disfrutaron de mayor tranquilidad y, dejando de lado el pesimismo, en Europa se vive de manera próspera. Pero para el ciudadano de a pie en el Viejo Continente los árboles no dejan ver el bosque. La libre circulación de personas, ideas y capitales entre países disímiles es un logro extraordinario. La Unión Europea ahora pasa a otra etapa, y es que debe responder ante nuevos desafíos. Ya varias generaciones han nacido después de la guerra y para ellos es una pesadilla lejana. La garantía de paz no es suficiente.

Los jóvenes europeos hoy ven con desazón que sus países no pueden ofrecer nada similar a Silicon Valley, y no les queda alternativa que añorar ser funcionarios (las "oposiciones", como le llaman en España, país donde no hay nadie que no haya opositado, esté pensando en opositar, o vaya a opositar: triste). China e India irrumpen como naciones vigorosas, repletas de nuevos ricos, y Europa no ve cómo entregarle lo mismo a sus ciudadanos. Hay todo un mundo "emergente" (antes eran "subdesarrollados") que promete más que un cheque en una deslucida oficina de seguridad social en Europa. Obnubilados por la desazón, el proyecto europeo parece inadecuado, o derechamente sin sentido. Surgen los bajos instintos nacionalistas y xenófobos, o la apatía y el pesimismo. Abandonar Europa es el ruido ambiental.

It's always tease, tease, tease
Mencionábamos antes el mercado común de acero y carbón. Pues hasta los años 70, Europa vivía un crecimiento económico febril (la Gloriosa Treintena), y hasta la tasa de natalidad descollaba. Era una época en que el Reino Unido vivía una era tumultuosa y se le llamaba "El hombre enfermo de Europa". Los británicos eran quienes golpeaban las puertas de la naciente Comunidad Económica Europea para que los dejaran entrar y comerciar. Un país de comerciantes innatos rogaba ser aceptado en el club. 

Su mayor oposición era Charles de Gaulle. El veterano militar francés, exiliado en el Reino Unido durante la Guerra, sabía que los británicos no debían unirse a la naciente comunidad, y que si lo hacían, inevitablemente causarían estragos o acabarían por marcharse. De Gaulle advirtió que los súbditos de la Reina preferían comparar alimentos baratos donde sea, y esto era contrario al espíritu continental. Dicho y hecho.

Desde el cheque británico hasta las muchas exenciones especiales (conservar a libra esterlina, no integrar Schengen), pasando por sus diferencias culturales, la verdad es que el Reino Unido nunca debió pertenecer al proyecto político de la UE. Quizás sí a un mercado común, pero nada más que eso.

El Reino Unido desde luego es fiel a su talante anglosajón: individualismo, escepticismo hacia el Estado, afinidad cultural y económica con sus pares de la Commonwealth y los Estados Unidos. Mientras Francia pretende modelar Europa a su imagen y semejanza para oponer la necesaria resistencia al poderío universal de EEUU, el Reino Unido prefiere distanciarse del Continente y reforzar su "relación especial" con el gigante de norteamérica. 

Los británicos prefieren la desregulación, que les permitió convertir a la City de una pintoresca reliquia financiera a un poderoso centro de negocios, que el dirigisme  europeo y la obsesión francesa por conservar su agricultura y los productos de su terroir. Ni hablemos de las diferencias culturales. Hasta hoy uno puede ver a un inglés borracho y mojado comiendo papas fritas en la parada del autobús: es su cena. Para los galos, esto es tan brutal como incomprensible. Francia tiene más de 400 tipos de quesos y necesita toneladas de regulaciones para proteger su identidad y su savoir-vivre. El británico sólo conoce el cheddar, y su plato preferido son las papas fritas con vinagre envueltas en papel de diario. Para el británico, las regulaciones europeas son el enemigo del comercio. Para el resto de la UE, son el fundamento de todo lo que se debe proteger.

La situación llegó a un punto de no retorno con la libre circulación de personas. El Reino Unido no integra el acuerdo de Schengen, que en la práctica elimina las visas y las fronteras. Los británicos juzgaron precipitada la incorporación de los países del ex bloque comunista y, según ellos, se han llenado de "polacos".

Antes que la xenofobia se apodere de los flemáticos ingleses, fue necesario someter la permanencia británica en la UE. En parte, fue el precio de que debió pagar David Cameron, el excelente y competente Primer Ministro, para llegar al poder, apaciguando a los euro-escépticos del Partido Conservador. 

Should I stay or should I go?
El próximo jueves llega la hora de la verdad. Nunca, desde que existe la UE, un miembro ha abandonado el proyecto común (la pequeña Irlanda casi lo hizo con el referéndo de Lisboa). En Chile Liberal nos gusta la visión anglosajona porque somos escépticos del poder del gobierno, porque no nos gustan los carnés de identidad, porque creemos en el comercio desregulado y los bajos impuestos.  Propugnamos el laissez-faire (expresión anglosajona no traducible al francés). Cuestiones como el "contrato de cero horas" y la ultra-flexibilidad laboral, o los planes de austeridad aplicados con determinación, son cosas que apoyamos. La Unión Europea necesita de todo esto. Los continentals quedan pasmados cuando ven todo aquello.

Por otro lado, ante todo, es insostenible la Europa à la carte que quieren los isleños. Preferiríamos mil veces al Reino Unido en Bruselas defendiendo su visión de mundo, y de paso, liderando a Europa. Ante el inminente acuerdo de libre comercio UE-EEUU, el Reino Unido debiese ser el intermediario por excelencia. Pero si ellos no quieren, y prefieren vivir de la nostalgia de su pasado colonial y creer que por sí solos van a firmar acuerdos con EEUU, pues allá ellos.

Un país miembro de la UE necesita una gran masa crítica de gente entusiasmada con Europa, y no un país divido 50/50. Los británicos se volvieron intratables. Quieren viajar y trabajar sin visas en el Contienente, pero ponen obstáculos a quienes quieran comenzar una nueva vida en su país.

Cuando el Reino Unido fue la principal potencia mundial siempre fue notable su capacidad de administrar su imperio planetario con una cantidad pequeña de funcionarios, porque la burocracia, el "red tape", es cuestión ajena a su manera de administrar (en Chile, nos encanta). Dicen ahora que rechazan el mamut burocrático que los domina desde Bruselas, pero ellos son incapaces de demostrar cuáles son las normas que tanto les molestan. Desde Inglaterra se denuncian las interminables sesiones europeas para determinar el grosor del pepino y la curvatura del plátano, un triste vicio de la burocracia europea, pero nunca se ha visto a una británico impedido de importar pepinos o plátanos, y convenientemente olvidan que la UE ha armonizado las reglas en el Continente lo que facilita el comercio.

En concreto, la UE se aburrió de un miembro que no quiere liderar ni quiere construir, y los británicos ya no ven qué sentido tiene Europa. Si se largan, en la UE habrá "business as usual", ya que los británicos no son Alemania. (Si los teutones se van, eso sí es grave). La City perderá pero a mediano plazo se recuperará. En el fondo, no habrá el colapso que algunos, incluso respetados analistas, predicen.

En este blog creemos que la mejor opción es votar Leave. Y si la opción de marcharse resulta ganadora, el capaz y honesto David Cameron deberá asumir su responsabilidad y como ocurre en las democracias consolidadas, tendrá que renunciar (no como en Chile, donde los que llevan 30 años perdiendo elecciones siguen ahí, incluso cuando los pillan robando).

Finalmente, unas breves pero sentidas palabras sobre Jo Cox, una mujer leal, esposa y madre de dos pequeños, cuyo asesinato ha causado consternación mundial. Jo Cox sirvió abnegadamente a su comunidad y a su distrito. Este crimen es un atentado contra la libertad y todo lo que representa el Reino Unido: la democracia más añosa del mundo. Jo Cox era ferviente partidaria de la opinión de permanecer en Europa, y lamentablemente un criminal la acalló quitándole  la vida.


lunes, 11 de mayo de 2015

Elecciones británicas: Post mortem

Un aplauso

Los votantes británicos han premiado el coraje

Los medios han catalogado como sorpresivo el triunfo aplastante del Partido Conservador en las elecciones generales del Reino Unido. Pero esto es engañoso. Luego del endorsement de Chile Liberal a David Cameron, era esperable un repunte y lógicamente una victoria. No nos sorprende.

Vamos al análisis. Varias cosas nos llaman la atención. Primero, recordemos que la política está dominada muchas veces  por los espíritus animales, como diría Keynes. La gente vota desde luego por cuestiones importantes, como por ejemplo el estado de la economía, pero eso no es todo. El nacimiento del bebé real 2 jugó un papel determinante ya que de sólo ver el vigor de su familia real ⎯ hasta hace poco condenada a la extinción ⎯ los británicos sintieron que el país anda bien y salieron a votar para mantener al gobierno.

Segundo, se ha hablado mucho de las encuestas británicas, que al parecer andan incluso peor que las de Marta Lagos en Chile ⎯ lo que es escandaloso. Ya varias veces los encuestadores se han equivocado en contra de los Conservadores, lo que no nos debe extrañar si conocemos bien el llamado "Efecto Bradley", en el cual los encuestados temen expresar su verdadero sentir al encuestador. En el Reino Unido persiste cierto pudor al declarar públicamente que uno vota por los Conservadores, y esta vez se hizo sentir este fenómeno.

En tercer lugar, desgraciadamente, los malos perdedores arguyen que el sistema uninominal mayoritario ("first-past-the-post") vigente en las elecciones británicas ha sobreinflado los resultados. Con prácticamente el 37% de las preferencias nacionales, los Conservadores gozan casi de una mayoría absoluta de escaños. Mientras que en Escocia los independentistas arrasaron y conquistaron todos excepto dos escaños, a pesar de obtener el 4,7% de las preferencias. Por su parte, con el 12,5% de los votos, los ultraderechistas del UKIP se quedaron con apenas 2. No deja de ser curioso que cuando los Laboristas ganaban por paliza elección tras elección, nadie pedía cambiar el sistema. Ahora que los perjudica, exigen cambiarlo.

Es endemoniadamente difícil predecir elecciones con un sistema mayoritario. Los Conservadores ganaron 3% más que los votos vaticinados en las encuestas y nadie acertó a traducir esto en los escaños que lograrían. Bajo esta óptica, el triunfo Tory es menos espectacular de lo que pintan.

Una nota respecto a la cultura democrática británica: es común para esa gente el darle un mandato claro a la facción vencedora, esto forma parte de la tradición política de la isla. Para los súbditos de la Reina Isabel II es importante evitar los "parlamentos colgados", es decir, cuando no hay claro ganador, lo que se traduce en las típicas "grandes coaliciones" como vemos en Europa, las cuales normalmente se van en puro salto y peo sin contar con un poder legítimo claro para poner en práctica una agenda ya discutida en las elecciones. Cuando existe una división de poderes, una prensa libre, un sistema multipartidista con las necesarias cortapisas, vale decir los "balance and checks" de todo régimen civilizado, Chile Liberal no ve el problema en que la magia del sistema mayoritario le atribuya un triunfo categórico a lo que a veces son resultados más bien estrechos. (Desde estar tribuna continuaremos argumentando a favor de este sistema.)

En vez de aplaudir a David Cameron, se han dedicado a aportillar su triunfo con argucias retóricas y tonterías. Lo cierto es que el líder Conservador merece muchísimo crédito.

En primer lugar, la valentía de Cameron le valió la aprobación del electorado. Como dijimos, su gobierno llevó a cabo el plan de ajustes más salvaje que se haya visto en estos últimos años. El país salió a las calles a protestar. Algunos, partidarios de la austeridad, manifestaron su apoyo pero también ciertos resquemores ante la extraordinaria agresividad de los recortes. Cameron ni se inmutó y los resultados lo respaldan: crecimiento del 2,7%, inédito en otros países similares, desempleo bajo la marca del 6%, imposible en cualquier otro país. Cameron redujo el déficit fiscal a la mitad. Esto se logró con tesón, sin que tiemble la pera. La gente vota primero por cuestiones económicas, y los británicos así lo hicieron. Sólo un pelotudo como Piñi logra más de 6% de crecimiento y pleno empleo y así todo pierde las elecciones y se va abucheado. Piñi es cobarde y tonto. Cameron es inteligente y corajudo. 

En segundo lugar, elogios se merece el reelegido Primer Ministro no sólo por ganar esta elección, sino por el arduo trabajo que empezó el año 2006, cuando era el líder del "Nasty Party", una cofradía obsoleta e invotable, dirigida por payasos y condenada a perder elección tras elección a manos de los Laboristas. Hoy sólo Chile Liberal recuerda la época en que absolutamente nadie podría votar por los Tory. Cameron comenzó un proceso de reformas desde los militantes, trajo políticas nuevas, cambió el logo tradicional por un árbol, declaró finalmente "soy un conservador liberal". El mérito fue ganar la elección anterior y ahora darle continuidad a su plan de reformas, que ante todo comenzó con la modernización de su propio partido. Cameron es un líder formidable. 

Lo que viene
Si ganar esta elección fue una labor ardua, fue en realidad fácil si pensamos en las tareas que siguen. En lo inmediato, continuar a paso firme el plan de austeridad ya que el forado fiscal aún ronda el 6%, cifra escandalosa. Si salen de nuevo a protestar, se puede revisar el ritmo y la intensidad de los recortes. Si salen a armar escándalo y tirar piedras y molotovs, hay que echarles encima el guanaco, tirarles gas lacrimógeno y dispararles balines de goma ⎯ una que otra paliza tampoco viene mal. El mensaje debe ser claro: el país en cualquier momento se va a la cresta y es obligación del Primer Ministro dar confianza. Hay que pensar en la próxima elección y la próxima generación, no en la próxima encuesta (ya vimos que estas valen callampa).

Luego vienen otros problemas muy intrincados, como por ejemplo mejorar la productividad británica, una de las más bajas de los países industrializados. Esto permitirá crear empleos de calidad, y por tanto, aumentar los sueldos. La típica salida socialista de subir impuestos para disminuir la brecha socioeconómica es una tontería propia del "comunista culiao" de Ed Miliband. La clave es aumentar la productividad y ello implica más reformas liberalizadoras.

En lo político, dos desafíos enormes le esperan. El primero es hacer frente a los separatistas escoceses, quienes en masa ahora bajan a Westminister a joder la pita. La presión para llamar a un segundo plebiscito será enorme. Se suponía que el plebiscito anterior zanjaría la cuestión escocesa para siempre, pero no fue así. 

Por absurdo que parezca, el triunfo Conservador viene como anillo al dedo a Nicola Sturgeon y sus boys. Esto le permite caldear más los ánimos y hacer flamear sus banderas socialistas anti-austeridad frente a los recortes Conservadores. Se espera un período de máxima fricción entre ambos grupos, al norte y al sur de The Border.

Lo más increíble de todo es que el Partido Nacionalista Escocés es decididamente pro-europeo, y no tiene intención alguna de poner restricciones a la libre circulación de ciudadanos de la Europa del Este, de donde proviene en su mayoría la enorme cantidad de inmigrantes que últimamente se han instalado en Gran Bretaña. Este es el tema que quiere renegociar Cameron en Bruselas ante los mandamases de la Unión Europea. 

Y desde luego, esto nos lleva al espinudo tema del referendum sobre la pertenencia o no del Reino Unido a la UE. Cameron prometió un plebiscito. Prometió también hacer todo lo posible para que su país permanezca en la Unión, pero con poderes devueltos desde Bruselas y con su propio control sobre las fronteras. La City, bastión incondicional a Cameron, ve con estupor un posible NO a la UE, lo que en la práctica significa devolver este impresionante centro financiero mundial ⎯ sólo superado hoy por Nueva York⎯ a su pasado pusilánime, romántico pero insignificante. Los nacionalistas escoceses por su parte han manifestado su absoluta intención de permanecer en la UE, acentuando las discrepancias ideológicas con los conservadores ingleses.

Por otro lado, amplios sectores eurofóbicos dentro del Partido Conservador ⎯ ya mermado por la partida de muchos al UKIP ⎯ harán todo lo posible, a su vez, para que la salida británica, el Brexit, sea una realidad.

En la práctica, Cameron podrá ver cómo se desintegra el Reino Unido si Escocia decide partir, y  por otro lado el Brexit deja a Inglaterra sola, triste y abandonada.

Salir de esta encrucijada sería más fácil si estuviesen los liberales en el poder con los Conservadores, pero Nick Clegg ya renunció ante el fracaso total de los LibDems (en el Reino Unido, a diferencia de Chile, los que pierden no se declaran ganadores ni siguen en sus puestos). Clegg declaró: "pondremos corazón a los Conservadores, y cerebro a los Laboristas". Pero ya no están. Seguirán solos los Tory sin la moderación liberal y es posible que al término de su segundo mandato, el Reino Unido ya no exista. ¿Será Cameron el hombre cuyo gobierno puso fin al Reino Unido?

martes, 5 de mayo de 2015

Elecciones británicas: Nuestro voto por los Conservadores


Chile Liberal explica por qué David Cameron debe continuar siendo el Primer Ministro del Reino Unido
El humorista Russell Brand hizo un llamado a votar por los Laboristas. Fiel a su estilo, el gran músico y pensador contemporáneo Noel Gallagher declaró que el líder laborista, Ed Miliband, era un "comunista culiao". The Independent, siempre con sus instintos bien situados, adhirió a los LibDems. The Economist ha marcado su voto por David Cameron. Chile Liberal no se iba a quedar atrás y en este post explicamos por qué nuestro voto es a favor del Partido Conservador.

El Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte atravesó momentos angustiantes bajo el mandato de Cameron. Momentos desesperantes ameritan medidas drásticas. La coalición liberal-conservadora puso en marcha el plan más salvaje de recortes que se haya visto, con la esperanza de que el desmoronamiento inicial de su popularidad, apenas asumido el gobierno, sería un offset a largo plazo, cuando los primeros brotes verdes fuesen visibles ⎯ cruzando los dedos que ello ocurriese antes de la próxima elección general. 

El momento de la verdad llegó, y es este jueves. El plan rompió el tejido social británico lo que se reflejó en los gravísimos disturbios del 2011. El gobierno de la Coalición Liberal-Conservadora fue tenaz y valiente, actuó con altura de miras y más allá de las encuestas.

¿El resultado? Mientras Europa continúa convaleciente, con un crecimiento magro y un desempleo persistentemente alto, David Cameron se puede jactar del crecimiento a una tasa del 2,8%, el más alto del G7. El desempleo a bajado del 6%, uno de los índices más bajos de su historia. El forado fiscal se redujo, a pesar de las protestas masivas contra el plan de austeridad, a la mitad, ubicándose hoy en el 5,4%, recortando el gasto fiscal a un 40,7% actual. 

Es desmoralizador comprobar que mientras el 2011 el gobierno británico valientemente aplicaba medidas impopulares, el cobarde de Sebastián Piñera vivía preocupado de las encuestas truchas de Marta Lagos. Transcurridos 4 años, en Chile vemos el menor crecimiento desde el retorno a la democracia, la inflación se ha disparado, y el desempleo aumenta. 

Y mientras en Chile el populacho defendía los disturbios de los estudiantes el 2011, ese mismo año en el Reino Unido la población clamaba por el uso de guanacos (carros lanza agua), y Cameron declaró que la policía tendría todo el apoyo que necesitara, incluido el uso de balines de goma contra los alborotadores. Un 90% apoyó a la policía, 78% pedía tirarles gas lacrimógeno, el 77% juzgó necesario sacar a los militares a la calle, e increíblemente un 33% se mostró a favor de disparar munición de guerra contra los manifestantes (ahí se tiraron al chancho, vean la fuente). 

En Chile estaban que "pobrecitos los niños", "sólo quieren estudiar" (gratis, los carreraja). En Chile en estos últimos cuatro años no hemos avanzado una mierda. Pero bueno, esto demuestra la diferencia entre un país de verdad, como el Reino Unido, y un paisito, como Chile.

¿Falta mucho por hacer en el Reino Unido? Qué duda cabe. El país continúa endeudado hasta las masas. El aumento real de los salarios es magro, casi nulo. Los empleos de calidad no son los que más aumentan. Pero si el país elige a los Laboristas verá alzas de impuestos y más gasto, reducirá su gasto militar sellando para siempre el destino de lo que alguna vez fue una nación paradigmática. Esto mientras Francia continúa a duras penas sus esfuerzos por luchar contra el terrorismo y el Estado Islámico. Una coalición Laborista, inevitablemente con los nacionalistas escoceses, sería el fin de la Unión.

No es posible mandar al tacho de la basura el esfuerzo de estos últimos años. David Cameron aún tiene mucho que avanzar y desde este blog lo apoyamos y votamos Tory.

Estamos plenamente conscientes que nuestra adhesión, como ocurrió cuando votamos por Mitt Romney, no nos hará populares. Espero los comentarios en contra y refutaciones en un tono de respeto y no epítetos variopintos ni descalificaciones ad hominem. 


lunes, 22 de septiembre de 2014

¿Escocia independiente? ¿Escocia libre?



Escocia ha logrado de manera impecable lo que en otros lugares sería imposible
En 1995 el actor neonazi Mel Gibson interpretó a William Wallace en Breaveheart—cinta atiborrada de inexactitudes—y logró que la cultura pop global conociera la batalla libertaria entre escoceses e ingleses. El 2014, el mundo entero recordó aquella película  y se preguntó si Caledonia, el nombre romano de Escocia, se independizaría como lo hizo parte de Hibernia o si seguiría siendo parte de Britannia. 


Claro que el líder independentista esta vez es un oscuro político escocés, un señor regordete, de triple papada, que no es alcohólico como el neonazi Gibson pero le gusta un whiskicito después de almuerzo, otro después de la cena, otro antes de acostarse, otro después del desayuno... y otro entre las comidas. El mayor mérito de Alex Salmond, Primer Ministro escocés, ha sido procurar la liberación de un peligrosísimo terrorista libio —por el puro gusto de enfurecer a Londres y al mundo—y además hacer fracasar la intentona independentista de Escocia. Al menos ha tenido la grandeza de asumir su derrota y renunciar (en Chile, la ultraderecha ha perdido todas las elecciones desde siempre y sus mandamases jamás renuncian, lo que se agradece: así siguen perdiendo).

¿Por qué Escocia quería ser independiente? La respuesta no es fácil. Se dice que el descubrimiento de grandes yacimientos de petróleo habría inflamado las llamas independentistas ya que las ganancias que reportarían quedarían en el país y no irían a parar a las arcas del gobierno central en Londres. Se esgrimen razones culturales, de identidad nacional y tonterías similares. Pero esto es falso.

Escocia, o al menos parte de su población, necesitó replantearse su pertenencia al Reino Unido por una cuestión política que comenzó a fraguarse en los años 70, durante las paralizaciones nacionales en el país—que pusieron en duda su pertenencia al Primer Mundo—y posterior ascensión de Margaret Thatcher. Nadie vivió de manera más violenta la irrupción conservadora que los escoceses.

La verdad es que en el fondo sí hay algo de identidad nacional en juego. Inglaterra es un país 10 veces más poblado que Escocia, con una extrordinariamente nítida división entre el norte rudo, industrial, de un acento ininteligible, y el sur esnob, comercial, de pronunciación recibida. El norte de Inglaterra indefectiblemente vota por el laborismo y la ilusión tan absurda como estúpida de resucitar su pasado industrial, y el sur pragmático dedicado a la industria financiera, prácticamente incondicional al conservadurismo. El sur de Inglaterra son los buenos mozos, sarcásticos y talentosos Blur; el norte, los cejijuntos y desfachatados Oasis. Y el norte del norte es Escocia: las barras de chocolate fritas, las batallas campales de centenares de borrachos cada viernes y sábado, país cuya población exhibe la más baja tasa de longevidad del mundo occidental.

En Westminister una de las pocas razones que impiden al Conservadurismo arrasar con todo son los votos incondicionales de Escocia por la izquierda. Sin los pocos parlamentarios laboristas de los distritos en las Highlands, el panorama político sería otro. "Nunca más un gobierno Tory", prometían los independentistas escoceses. Debe ser frustrante para ellos saber que en el país donde nadie jamás ha elegido un conservador, tener que soportar gobiernos conservadores porque los antipáticos sureños, que son mayoría, así lo quieren. Poco importa que Tony Blair o Gordon Brown hayan sido escoceses. Lo importante es que nunca más vuelva a gobernar el Partido Conservador. Con las ganancias del petróleo, Escocia podría cumplir su fantasía de convertirse al modelo escandinavo de altos impuestos y fuerte redistribución, sueño coartado por los conservadores ingleses.

Lo cierto es que la independencia de Escocia habría sido una catástrofe y una estupidez mayor. Primero, conservarían la libra esterlina y tendrían que seguir pagando la deuda externa británica, un sinsentido y un insulto al euro. Segundo, no serían una república ya que tal como en Canadá la Reina Isabel seguiría siendo su jefa de Estado. Con apenas 5 millones de habitantes, no podrían tener fuerzas armadas ni la presencia diplomática global del Reino Unido. Deberían ser aceptados en la Unión Europea, a lo que España se opondría rotundamente (piensen en Cataluña, País Vasco), poniendo en jaque a todo el continente (sólo la aprobación unánime permite integrarse a la UE). 

Pero peor aún, sería el fin de una de las naciones más influyentes del globo. El Reino Unido ha sido una inspiración para todos. Mientras otros países se destrozaron en las guerras de religiones, los británicos aprendieron a tolerar todas las sectas protestantes, incluso a la iglesia romana. La democracia parlamentaria británica ha sido un paradigma para muchos, entre ellos el Chile decimonónico. En el RU vivió Karl Marx y publicó sus libros sin que sus ideas causaran una revolución, de hecho, sus libros fueron atentamente leídos y sus ideas consideradas por sus méritos (y luego desechadas, los británicos no son huevones). El país es en sí mismo una comunidad de naciones independientes que han aprendido a tolerarse y a vivir sin fronteras, unidas por una moneda común, mucho tiempo antes de la Unión Europea. Sin Escocia, la idea de una mancomunión armoniosa de naciones e identidades se acaba. No tiene sentido retirar la bandera azul y blanca del Union Jack.

Los escoceses no han sido sometidos al yugo (impuestos) de los ingleses de la Edad Media. Al contrario, pertenecer al Reino Unido les garantiza no volverse una nación socialista empecinada en revivir la grandeza de la Revolución Industrial, que ya se acabó. Para siempre. Ningún plan industrial va a revivir Escocia, al contrario, dejada fuera del resto, pudo quedar a merced del peor populismo imaginable. Primó la cordura y la moderación y Chile Liberal los felicita.

martes, 23 de julio de 2013

Chochería planetaria !!



¡Por fin! Después de largos nueve meses de espera, hemos visto las primeras imágenes de la guaga real, el hijo varón de los Duques de Cambridge, Catalina y Guillermo. 

Sus padres están chochos, el abuelo, el Príncipe Carlos, está chocho, la Reina Isabel está chocha.... en Chile Liberal estamos chochos a más no poder... ¡está todo el mundo chocho!

La realeza atravesó por aciagos momentos hace unos pocos años, no obstante, cobró nuevos bríos con el matrimonio real de los duques, y ahora alcanza más relevancia que nunca con el nacimiento del tercero en la línea de sucesión al trono.

A pesar que ni quien escribe ni quienes leen estaremos presentes el día que el recién nacido sea rey, nos alegramos de la vitalidad de la monarquía británica y enviamos nuestros más sinceros saludos al pueblo inglés.

domingo, 3 de junio de 2012

Un saludo a la Reina Isabel II en su jubileo de diamante

Los irlandeses del sur dicen que ellos son una república porque Inglaterra es una monarquía. En Chile Liberal compartimos este espíritu recalcitrantemente republicano, y seguiremos así por siempre. Pero esto no es óbice para que nos unamos a los súbditos de la Reina Isabel II, quienes en estos momentos salen en masa a celebrar el sexagésimo aniversario de la coronación de Elizabeth Regina, jefa de Estado no sólo del Reino Unido de Inglaterra, Escocia, Gales, e Irlanda del Norte, sino además de Canadá, Australia, Nueva Zelandia, entre muchos otras naciones.

Esta es una ocasión para que los ingleses celebren su identidad nacional al exaltar las instituciones que aún persisten después de siglos de historia. Su país pasó de ser una potencia mundial a un modesto quinto lugar, y con la irrupción de Asia seguirá cayendo, han asumido esta realidad con su característico talante flemático, sabiendo que a pesar de todo son herederos de una rica tradición, y de una institucionalidad tan sólida como admirable — a veces, incluso, desconcertante—. Todo lo que han pensado sus más notables luminarias, lo que han investigado sus científicos,  y lo que han creado sus artistas ha repercutido en todo el planeta, llegando incluso a ser la esencia de la cultura universal.

El país por estos días pasa por una crisis mayor, si bien menos dramática en la realidad que durante el Jubileo de Plata, en 1977. Y en este punto queremos detenernos. Durante el Silver Jubilee, el desbocado sindicalismo británico puso al país de rodillas. El desempleo arreciaba y la respuesta era irse a huelga:  el país fue paralizado, la basura se apilaba en las calles, al extremo que incluso las funerarias dejaron de trabajar y los cadáveres se podrían sin encontrar sepulcro. Si le añadimos las nacientes tensiones raciales más el pánico que infundían los terroristas católicos del IRA, sin olvidar las revueltas en Irlanda del Norte, notamos que el caos fue total. Gran Bretaña era el "hombre enfermo de Europa". En este contexto irrumpió la implacable frialdad de la Dama de Hierro, quien logró restablecer el orden, tanto así que cuando Margaret Thatcher abandonó el poder, el país era el menos sindicalizado de Europa. Su victoria —aunque pírrica— sobre los mineros, y su golpe demoledor al terrorismo irlandés, son un ejemplo a seguir.

La situación desesperada de los 70 fue además el escenario propicio para que surgiera el punk y sus niños símbolos, los Sex Pistols, quienes con su estridente tema "God Save The Queen" capturaron el zeitgeist de aquellos años. Durante la semana del jubileo de plata, el mítico programa Top Of The Pops, por única vez en su historia, no anunció el número 1 de la semana, ni tampoco lo hizo ninguna emisora. Insultar a la reina era antes, como hoy, un tabú. Fue uno de los rarísimos casos de censura en Gran Bretaña  (anteriormente, el tema Je t'aime, moi non plus del francés Serge Gainsbourg también fue censurado, ya saben: "No sex please, we're British").  

La diferencia entre aquel jubileo y éste es que hoy nadie cuestiona a la monarquía (bueno, excepto los punks). Isabel II ha sido una monarca a la altura de las circunstancias. No obstante los escándalos, gracias al matrimonio de William y la duquesa Catalina (indicación de la Reina: no llamarla Kate, sino "Catherine"), la monarquía ha cobrado nuevos bríos y goza de mejor salud que nunca. El país vive una crisis devastadora, pero el matrimonio del príncipe y el Jubileo de diamante quizás den el golpe anímico que los súbditos necesitan para ponerse de pie. El ambiente que percibo en estos momentos, al ver Sky News, es de algarabía total.

A pesar de los disturbios el año pasado, el Reino Unido vive en calma, y una de las señales que los británicos son gente civilizada es que durante los desórdenes una mayoría aplastante del público exigía más mano dura: 78% apoyó uso de gas lacrimógeno, 82% pedía toque de queda, 90% quería más guanacos (ver fuente). En deprimente contraste, en Chile se arguyen todo tipo de retorcidas necedades para justificar a los encapuchados, las tomas de caminos, los pirómanos y el sitio de ciudades, se cuestionan las bombas lacrimógenas o la adquisición de carros lanza aguas. Bueno, al final del día, la diferencia es que el primero es un país democrático e institucionalizado, y el segundo una república bananera que sufre una eterna adolescencia.

En una república todos somos iguales, y la soberanía reside en el pueblo, formado por ciudadanos. En una monarquía, la reina es la soberana, y el resto son sus súbditos. Por el respeto que su cargo comanda, le debemos a Elizabeth II una reverencia, por ser ella la encarnación misma de los británicos, y la felicitamos por estas seis décadas en el trono, siendo el pilar de su país. En Chile, país donde no conocemos el respeto, nuestro gesto parecerá extraño a algunos, pero se lo debemos por nuestra admiración hacia aquella pequeña pero grandiosa nación. Aunque no por eso, vamos a dejar de escuchar a los Sex Pistols:

God Save The Queen


domingo, 5 de septiembre de 2010

Por qué Joseph Ratzinger debe ser arrestado en el UK

No debe quedar impune la connivencia de Ratzinger ante los escándalos mundiales de pedofilia


EL 16 de septiembre, el señor Joseph Ratzinger, un ciudadano alemán de 83 años, comenzará una "visita pastoral" al Reino Unido, en su calidad de líder de la ONG llamada "iglesia Católica Romana", cuyas oficinas centrales se encuentran en el Vaticano. Este señor ha sido el cerebro detrás del mayor encubrimiento de pederastas que la humanidad ha conocido jamás. Miles de sacerdotes reubicados de parroquia en parroquia para eludir la justicia a medida que se conocían los antecedentes de actos sexuales perpetrados con menores de edad. Todo esto lo ha documentado muy bien la BBC en su reportaje insigne "Abusos sexuales y el Vaticano".

Ahora que este sujeto alemán visitará el Reino Unido, es hora de que enfrente un tribunal para sentar un precendente histórico que culmine con Ratzinger tras las rejas.

La idea ya la lanzaron dos prominentes ateos británicos, el profesor Richard Dawkins, y el periodista Christopher Hitchens (foto abajo), y Chile Liberal adhiere a esta iniciativa legal que varios expertos jurídicos han estado evaluando por meses. Básicamente, el Crown Prosecution Service pude iniciar acciones legales contra este sujeto por su participación tanto en los encubrimientos de abusos como en la organización de tribunales clandestinos y pagos para eludir la justicia, así como en la obstrucción a las investigaciones.


Ratzinger no es un jefe de Estado. Naciones Unidas no reconoce al Vaticano como Estado. Tampoco ingresará al Reino Unido como jefe de Estado, sino lo hace para visitar a sus adeptos, en su calidad de líder religioso, y con un pasaporte alemán común. Nada impide que en vez de recibirlo con un "welcome to the UK, mister Pope", las palabras de bienvenida sean las que todos los que nos preocupamos por el bienestar de los niños queremos escuchar:

Señor Ratzinger, ustded queda bajo arresto Tiene derecho a guardar silencio o todo lo que diga será usado en su contra. Tiene derecho a una llamada telefónica.... etc.

No está demás decir que la visita de este señor le costará a los británicos 12 millones de libras esterlinas, algo que ha despertado repudio generalizado en la isla. La ONG en cuestión se ha comprometido a costear una parte, alrededor de 10 millones, simplemente porque entre sus propios partidarios no han sido capaces de reunir los fondos para cubrir todos los gastos. El estado calamitoso de las finanzas de la iglesia romana es igual al estado de sus estándares éticos: un puto desastre.

Así como en 1998 la detención de Augusto Pinochet en Londres sentó jurisprudencia en cuanto a crímenes de lesa humanidad, es hora de que otro crimen de lesa humanidad, el abuso sexual masivo de niños (basta ver el informe Ryan, en Irlanda, donde abusaron de más de 30 mil niños), sea castigado.

Y esta vez no debe caer el cura de la parroquia. Esta vez que caiga el pez gordo, y que pague con cárcel y que termine donde pertenece: tras las rejas.

domingo, 4 de julio de 2010

Un triunfo de Chile

No, no en fútbol, pero en cuanto a relaciones internacionales ya que Chile es parte sustancial del nuevo plan de la diplomacia británica que ha anunciado William Hague, secretario de relaciones exteriores del Reino Unido. El canal Sky News nos dice:
[El Reino Unido] must forge new and distinctive relationships with emerging nations like Brazil and Chile in South America
El nuevo gobierno británico, conformado por el pacto liberal-conservador, ha replanteado la posición de su país en el mundo, tema no menor, ya que la otrora superpotencia del siglo XIX ha visto paulatinamente reducida su esfera de acción hasta que, oficialmente, luego del fiasco del la Crisis del Canal Suez, simplemente quedó relegada a un lugar secundario. El R.U. ahora quiere cobrar protagonismo aprovechando su extensa red diplomática heredada de su ex imperio, hoy la Commonwealth.

Conscientes de que nuevas potencias emergen, en el siglo XXI los británicos quieren unir al mundo, tal como lo hiciesen los mercaderes ingleses en su época de gloria. EEUU seguirá siendo el "aliado especial" del Reino Unido, pero los británicos saben que son un aliado menor. A Chile Liberal le gusta en particular la anunciada nueva política hacia la Unión Europea, done se reconoce que los británicos ya no pueden seguir siendo el awkward squad, marginándose sin razón del contiente eurpeo sino que tomando un papel protagónico. Al mismo tiempo, es hora de que los británicos sean más activos en las relaciones con India, ex colonia, y China, país al cual EEUU expresa normalmente aversión. A partir del legado en Hong Kong, el R.U. tiene mucho que explotar en su nueva estrategia diplomática en el lejano oriente.

En Sudamérica, es lógico que uno de sus puntos de contacto sea Brasil. El país es enorme, y ha paulatinamente reforzado su clase media a la vez que profundiza su ordenamiento político. Chile, no obstante ser una fracción del tamaño de Brasil, ha alcanzado una posición de liderazgo en la región. La economía chilena debe retomar el crecimiento y procurar más valor agregado, pero por otro lado, es la estabilidad política chilena y el prestigio internacional que logró la transición democrática, obra de los ex presidentes de la Concertación gracias a la confianza depositada en ellos por parte del electorado chileno, lo que convierte a Chile en un aliado natural del Reino Unido.

Es frustrante constatar el paso cansino con que avanza el resto de América latina. México desangrado en una ridícula guerra al narcotráfico. Argentina sumida en la cleptocracia de los Kirchner no augura un buen futuro a no ser que algún deus ex machina realice un milagro. Colombia aún sigue convaleciente de sus convlusiones internas (aunque su futuro es alentador). Venezuela es, gracias al bufón de su presidente, un chiste. Perú aún tiene mucho que recorrer.

Es natural que ahora Chile juegue un papel de liderazgo regional, como lo demuestra la alianza diplomática ofrecida por los británicos. Sería bueno que el presidente de Chile se dedicase a ver con mayor recato los partidos de fútbol y pasase menos tiempo comiendo sopaipas con pebre para hacerse el simpático y que se dedique más a cuestiones de Estado ya que hay países interesados en lo que hemos logrado.

No sólo fue un hito la forma ordenada y pacífica en que dejamos atrás la dictadura e hicimos justicia con los crímenes de los represores, hoy en su mayoría en la cárcel de Punta Peuco. Sino que fue elogiable la "segunda transición", la de Bachelet a Piñera. Nos falta aún que nuestra derecha sea más parecida al Partido Conservador británico y menos al carlismo español, y que los elementos ultramontanos y reaccionarios sean exiliados del acontecer nacional. Así podremos tener una clase política más sana, más abierta y constructiva.

Señor Piñera, ahora demuestre más liderazgo y menos populismo. Usted es presidente de un país serio. Demuéstrelo, y actúe como tal.

martes, 18 de mayo de 2010

Anarquía en el UK, casi casi

Ya hemos dicho que el Reino Unido es un país raro. Un país de excéntricos cuenta con un sistema político acorde.

Se nos ha explicado en las noticias que hubo elecciones y que el ganador fue un señor llamado David Cameron, pero la historia es muchísimo más compleja. Gordon Brown, ex primer ministro, era el escocés que llevaba las riendas de la administración pública sin que nadie haya votado por él: simplemente recibió el poder del ahora infame Tony Blair. Luego, pudo haber estallado la anarquía: el primer ministro por el que nadie votó pudo haber ganado con menos votos que el resto y continuar muy fresco en el poder, gracias a una Constitución no escrita cuyas reglas son tan fascinantes como el misterio de saber qué lleva la reina Isabel en su cartera.

Los británicos son gente que se precia de su agudísimo sentido del humor. A cualquiera que lo pongan por error en el obituario de un periódico se indignaría y enviaría una furiosa queja, pero los británicos realmente creen que esto ocurrió una vez y el afectado mandó una carta diciendo: "Señor Director, los últimos reportes sobre mi estado de salud han sido un tanto exagerados". En política, hacen lo mismo. "Sod the lot", dicen, y votan por la Oposición, que normalmente gana por paliza. Margaret Thatcher ganó por abrumadora mayoría, y su coalición también perdió inapelabemente, dejando cada vez a Laboristas y Conservadores al borde del colapso. Ese pueblo que se enorgullece de su talante escéptico y su actitud moderada tiende a castigar con ferocidad al gobierno, sea cual sea.

El Che Guevara British
Después del indignante espectáculo de corrupción entre sus parlamentarios, con un electorado aterrado ante una crisis económica violentísima, desconcertados frente a una guerra ilegal y condenada al fracaso, en cualquier país del mundo estalla una revolución, o emerge un líder populista que se aprovecha del descontento de la masa y causa estragos. Los franceses votaron por Le Pen para castigar a su clase política. En EEUU, los furibundos miembros del Tea Party llaman a comprar armas para defender la democracia del nazi Obama. En el Reino Unido, en cambio, surge Nick Clegg, un auténtico iconoclasta, un revolucionario à la britannique que ha convulsionado a su país con ideas radicales: poner al Reino Unido no al margen de la Unión Europea, sino al centro; amnistiar a los ilegales; no renovar un programa nuclear de 200 billones de libras. Más encima, declara que no cree en dios. Su mujer es una ciudadana española, sin derecho a voto. El propio Clegg habla más de tres idiomas, y en su oportunidad quiso que el país adoptase el euro. Los británicos quedaron perplejos. Éste era el Le Pen y el Tea Partier british-style que necesitaban. Pronto, la Cleggmania sacudió al país y el líder de un partido noble, aunque considerado algo extravagante, se encumbraba en las encuestas, y el entusiasmo se apoderaba de los británicos.

Salvo un detalle. Como esa gente se jacta de ser flemática y moderada, cuando llegó la hora de los quiubos, la votación por los Liberales Demócratas, el partido de Clegg, subió apenas un par de puntos porcentuales. Así todo, perdió tres parlamentarios, gracias a un sistema que deja a nuestro sistema binominal hecho un monumento al sentido común. El gran derrotado de la elección fue David Cameron, quien hasta hace unos meses barría con los laboristas, pero terminó apenitas rasguñando el gobierno en un "parlamento suspendido" (hung parliament). El segundo gran derrotado fue Clegg, después de toda la inútil efervescencia. ¿El resultado? Los dos perdedores, David Cameron y Nick Clegg, terminaron como Primer Ministro y Primer Ministro surrogante. ¿Quién entiende?

Como decía al principio, la historia es más compleja de lo que se lee en las noticias. Gordon Brown, primer ministro y jefe del gobierno al servicio de Su Majestad, visitó a ésta y le recomendó que convocara a sus súbditos para que eligieran a sus representantes en la Cámara de los Comunes, o sea, la cámara del perraje, no como la pirula Cámara de los Lores. La reina, que es la soberana (el pueblo no es el soberano), llamó a elecciones, y los súbditos partieron a votar... un día jueves, sin el despliegue militarizado que nos gusta a los chilenos (los vocales de mesa son básicamente voluntarios y muy bien pagados, ¿estás escuchando Tatán?). La reina luego invita a que se formen facciones para que formen, por un lado, el gobierno que administre al país por ella (ya que esta mujer definitivamente no tiene tiempo para administrar el reino), y por otro, para formar la Oposición, que se dedique todo el día a hinchar al Gobierno. No obstante, pasaron los días y no hubo acuerdo.

En estos casos, el primer ginistro Gordon Brown pudo seguir al cargo, nada se lo impide si es que no hay acuerdo en el Parlamento. Al final, por presión popular, y con dos dedos de frente, Brown anunció que se dirigía al palacio de Buckingham y, visto los resultados de la elección, le recomendaría a la reina que nombrase como jefe de gobierno al líder de la Oposición. "La reina me ha llamado a palacio y me ha solicitado que forme su gobierno, y yo he aceptado", dijo Cameron en rueda de prensa antes de su entrada triunfal a la puerta número 10 del edificio en Downing Street.

Se pudo
La tarea luego era no menos compleja: urdir acuerdos y pactos para formar un gobierno y nombrar los ministros que sirvan a Su Majestad en la tarea de administrar el reino. Cameron tuvo que pactar con los Lib-Dems, formando una coalición que logra honrar una de las más antiguas y más tradicionales costumbres del sistema político británico, y es la de que un bloque esté a favor, sirviendo a la reina como Gobierno, y otro bloque en contra, sirviendo a la reina como Oposición. En cualquier momento que haya elecciones, el que pierda se cambia de bando sin perder tiempo en traspasos de mando, ya que el gabinete de Oposición, el shadow cabinet, está ya listo para asumir, cómo no, si su labor es formar un cuasi-gobierno paralelo.

Pudo haber sido traumático. De no haber acuerdo, tendrían que formarse las usuales "grandes coaliciones", a las que los británicos son alérgicos, y que predominan en los parlamentos europeos. A los británicos eso francamente les carga. Pudo, incluso, primar la rencilla por sobre el diálogo y continuar el gobierno laborista, o un gobierno Conservador minoritario que a poco andar habría colapsado, generando incertidumbre en la otrora potencia imperialista. Pero se impuso, al final, el ánimo de reducir el déficit fiscal y ordenar las cuentas del país con un gobierno fuerte.

Desde que se logró el voto universal, los liberales comenzaron a perder fuerza, y las grandes ciudades obreras del norte inglés ganaron voz propia con el labrorismo. Hasta hoy, el partido Liberal Demócrata es el que más defiende a los inmigrantes, a los obreros con una tasa impositiva justa, y las libertades civiles, pero es un partido íntegramente blanco, con menos mujeres, y más títulos nobiliarios en sus filas que ningún otro, lo que difícilmente puede ayudar a liderar la oposición a los Conservadores (increíblemente, Nick Clegg es el parlamentario de Sheffield, que es como Lota o Coronel en Inglaterra, antigua ciudades minera e industrial hoy sumidas en el desempleo).

Los británicos se hastiaron del laborismo y a Chile Liberal le parece que una alianza liberal-conservadora es lo mejor para aquel país. No voy a ocultar mis propias afiliaciones con aquel partido, y declaro desde ya mi más absoluta alegría de ver, casi después de un siglo, que los liberales vuelven al poder. Esta es una alianza que proporcionará, probablemente, estabilidad y legitimidad a un gobierno que, cuando empiecen los ajustes presupuestarios, será infame. En palabras de Mervyn King, presidente del Banco de Inglaterra (Banco Central), "quien gane esta elección quedará fuera del poder por una generación".