miércoles, 20 de junio de 2012

Privaticen el litio, privatícenlo ahora ya

El Estado de Chile no debe explotar el litio, sino concesionarlo y cobrar regalías

Chile posee alrededor del 40% de los yacimientos mundiales de litio, un mineral cuya demanda ha aumentado más de un 200% debido a su importancia en la fabricación de baterías para celulares y computadores, entre otros elementos de alta tecnología. Y como sabemos, los populistas/ignorantes de siempre llaman a que el Estado se dedique a explotar este recurso. En este post, Chile Liberal sostiene que sería un error brutal el dejar la explotación del litio en manos del Estado.

Soquimich y Sociedad Chilena del Litio (SCL) son los encargados de explotar el mineral en cuestión. ¿Cuáles son los criterios que priman en una empresa estatal? Los mismos que priman en Codelco (que inexplicablemente ha despilfarrado 12 mil millones de dólares sin ninguna explicación plausible), es decir, el clientelismo, los arreglines, los intereses populacheros, que no son sino fermento de toda corrupción y fuente de luchas encarnizadas en los partidos políticos para ocupar cargos en estas empresas a como dé lugar. La consecuencia es que cae la producción, baja el rendimiento, y el país termina creando menos empleos y percibiendo menos recursos.

El Estado de Chile, incapaz de administrar un sistema de transporte público, no puede ni debe de dedicarse a la explotación minera, que es tremendamente intensiva en capital, regida a muy largo plazo y altamente cíclica.

Si queremos seguir el triste camino de Petróleos de Venezuela o Pemex, entonces metamos el Estado. Pero sospecho que tan huevones no somos. Igualmente nefasto sería replicar el "modelo chino" de capitalismo estatista en que el Estado actúa como inversionista o en joint-ventures con privados. Les invitamos a ver The rise of state capitalism, un excelente reportaje de The Economist sobre lo absurdo de estos modelos de inversión en las economías emergentes (lo tengo en PDF para quien lo desee)

La cara del Capitalismo de Estado
   
Fue el sicópata de Pinochet —un socialista de derecha— quien declaró que el litio es un "mineral estratégico no concesionable". Esto es falso y Chile Liberal llama al Presidente Sebastián Piñera a que cree las condiciones políticas necesarias para que los privados puedan invertir y explotar todo el litio que yace en el país.

¿Comete un error Chile al exportar cobre, sin darle valor añadido? Los que conocen a David Ricardo, un teórico liberal inglés, saben que no, por el mismo motivo que a Portugal le conviene más vender vino a Inglaterra para comprarle telas, que si aquel país se dedicaba a producir telas (el ejemplo lo dio el propio Ricardo). Nos referimos, como adivinarán varios, a las ventajas comparativas. Lo más estúpido que puede hacer Chile es no sólo estatizar la explotación de litio, sino más encima, que nos dedicásemos a producir baterías o computadores con absurdas "inversiones estratégicas" del Estado para "fomentar la industria nacional", manida falacia que tanto daño ha causado.

Negocio redondo
El país en ningún caso pierde dinero si concesiona el litio. Primero, recibimos preciosos y cuantiosos recursos bajo la forma de FDI, foreign direct investment, que es platita pura que entra a la economía chilena. Más encima, dentro del país, crea muchos puestos de trabajo directa e indirectamente, lo que tiene un efecto multiplicador. Finalmente, el país cobra impuestos y regalías por las ganancias que perciben los inversionistas. Es decir, sin gran derroche de esfuerzo, Chile al concesionar el litio gana por todos lados.

Un tema esencial es el cobro de regalías (royalties). Algunos se quejan de que Chile cobra poco (5%) en comparación con Australia (30%) o Canadá (12%), países también mineros. Esto es cierto, pero es porque Chile aún es percibido, gracias al nefasto legado del Chacal y su infame dictadura, como un oscuro país bananero que en cualquier momento se va a la cresta. Políticamente inestable, un hervidero social a punto de estallar, económicamente poco fiable, todo aquello representó Pinochet, por lo mismo, para compensar los enormes riesgos, el país sólo podía conformarse con bajas regalías.

Se dice que hemos avanzado, lo que es cierto. Gracias fundamentalmente al hábil manejo de la Concertación, Chile fue recibido en el club de las naciones civilizadas y ha sido catalogado como "business friendly". La democracia chilena se ha consolidado lentamente, la estabilidad política es algo que el chileno aprecia por sobre todas las cosas, el populismo está latente pero se mantiene a raya. El votante chileno es más bien sobrio y sabe que una Kirchner, un Humala, un Chávez o un Morales son irreplicables en Chile. Esto lo valoran todos los que quieren invertir en Chile y están dispuestos a arriesgarse en el país con proyectos de alta inversión de capital y con ganancias sólo posibles a largo plazo, como es la actividad minera.

Las preguntas que ahora debemos plantearnos son: ¿tenemos la estabilidad política de Canadá o Australia? ¿Nuestras instituciones funcionan como en Canadá o Australia, o los inversionistas deben sobornar a los políticos como en Perú, o perderán sus inversiones como en Argentina, o simplemente se les mandará al carajo como en Venezuela? ¿Ofrecemos una fuerza laboral bien educada y con iniciativa, como en Canadá o Australia? ¿Es seguro para los ejecutivos extranjeros el venir a Chile o incluso radicarse con sus familias o deben vivir bajo fuerte protección personal (ya que "protección policial" es inexistente)? ¿Está la infraestructura caminera y portuaria a la altura de Canadá y Australia?

Si las respuesta es sí a estas interrogantes, entonces podemos cobrar más de un 10% como en algunos estados de Canadá, o un 30% como Australia. Aunque noten que mientras en Chile aumenta la diapasón por cobrar más, en Australia cayó un gobierno por querer subirle los impuestos a las mineras, y terminaron bajando los cobros.

sábado, 16 de junio de 2012

Don't Look Back In Anger

Ante las ejecuciones sumarias no hay matices ni contextualizaciones posibles, porque son inaceptables

Los telespectadores de Tolerancia Cero quedamos impactados al ver la insólita apología de Hermógenes Pérez de Arce, un polemista ultraconservador, sobre las atrocidades ocurridas en Chile después del Golpe Militar de 1973. Volvió a la carga con el manido "es que estábamos en guerra". 

Como Chile Liberal ha explicado hasta el hastío, en una guerra nadie hace lo que se le antoja: todo lo contrartio. Los soldados continúan al mando de los oficiales, y éstos al mando de los generales. Según Hermógenes, en una guerra son justificados los crímenes de guerra, como si acaso los Juicios de Nuremberg nunca hubiesen existido. 

Fernando Villegas expresó exasperación cuando Hermógenes declara muy suelto de cuerpo que en Chile siempre ha habido gente que ha acudido a Carabineros a dejar constancia de desapariciones. "No son las mismas circunstancias", replicó el melenudo. ¿Es tan neandertal Hermógenes que cree que si Perico salió a caminar y nunca más volvió es análogo a que Zutano sea detenido por efectivos militares, recluído en un recinto militar, y luego nunca más vuelva a aparecer sin que nadie sea accountable por esta desaparición porque... "estábamos en guerra"?

El asunto de fondo radica en entender qué son las ejecuciones sumarias, por favor ver summary execution en Wikipedia. Ésta se define como "una ejecución donde el acusado es inmediatamente condenado a muerte sin el beneficio de la duda ni derecho a defensa". Noten que no estamos hablando de caídos en combate. No. Sino a gente completamente reducida, luego torturada y ejecutada en Consejos de Guerra, y peor aún, sin que jamás se informase a sus familiares cuáles fueron los cargos en su contra. Ni siquiera se entregaron los cadáveres. 

¿Qué contexto se requieren para cavilar sobre esta barbarie? ¿Qué matices se pueden considerar? ¿Qué situación histórica sirve para entender que a alguien le fracturen todos los huesos y luego le den 44 disparos, muchos de ellos por la espalda? ¿Qué combate cuerpo a cuerpo se libraba cuando un sujeto es amarrado a una parrilla? ¿Qué intercambio de disparos hay cuando un detenido es simplemente ejecutado sumariamente? ¿Qué Consejo de Guerra es capaz de esto? ¿En qué ley marcial se amparan estas monstruosidades? 

El paroxismo de la estupidez vino cuando el polémico ultraderechista trazó un paralelismo con el abatimiento de Osama Bin Laden. El ex líder islamista fue un terrorista reconocido por todas las leyes internaciones, de hecho, su categoría fue la de "enemigo combatiente". Difícilmente pudo ser terrorista Víctor Jara, el niño Anfruns, o Carlos Fariña, de 13 años, cuyas osamentas recién aparecieron el año 2000. Además, luego de abatir en combate a Bin Laden, el presidente Obama —elegido democráticamente, no como Pinochet— de inmediato acudió a las cámaras para explicar el procedimiento ante el país y el mundo. El cadáver de Laden se arrojó al mar no en la clandestinidad de la noche, sino para evitar que se convirtiese en centro de peregrinación, y los mandos a cargo de la operación entregaron todos los detalles al presidente del país. 

En Chile, el mandamás Pinochet jamás entregó explicación plausible sobre los detenidos desaparecidos, todo lo contrario, se hizo el tonto dos décadas, luego se fondeó en la comandancia en jefe de nuestro Ejército y se autodesignó senador para escabullirse de la justicia. Como máxima autoridad jerárquica, correspondía a Pinochet explicar qué ocurrió en los consejos de guerra posteriores al Golpe. Esto jamás ocurrió, ni Pinochet ni la Junta jamás fueron accountable.

Me quedo con algo que dijo Cristián Bofill, panelista de Tolerancia Cero. Cuando Pinochet fue detenido en Londres la gente pudo haber salido en masa a las calles, para celebrar o rechazar. Nada de esto ocurrió. De hecho, en lo personal recuerdo que Pinochet volvió de Londres mientras yo estaba de vacaciones en Brasil, y lo sé porque alguien me preguntó allá y recuerdo haber dicho que me interesaba un comino. Al aquelarre celebrado en su memoria, la asistencia fue bajísima. Pinochet ya pasó a la historia como un maldito, a pesar de los intentos de unos pocos por "matizar". 

Chile, como también mencionó Bofill, ha hecho más de los que muchos creen. Gran parte de los matones del régimen criminal están encarcelados, y la dictadura militar ocupa lugar de privilegio en la enciclopedia de la infamia. La verdad es que en los años 90 escuchábamos Brit Pop, y lo que hiciera ese viejo culiado del Pinocho era cuestión que a nadie importaba demasiado porque era prioritario reubicar al país en la senda de la democracia. Hoy importa aún menos aún, de ahí se sigue la pregunta de Bofill al polemista Pérez de Arce "¿qué sentido tiene un homenaje a Pinochet?". El ex mandamás de Chile debe estar friéndose en el infierno, pero el país ya ha hecho bastante por castigar a los represores, por reparar de alguna forma a los familiares, y por pedir perdón, como lo hizo Patricio Aylwin al asumir la presidencia. 

Vale destacar la integridad del ministro Chadwick, quien admitió los errores del régimen y expresó su arrepentimiento por ser partícipe de un gobierno tan atroz. Hoy, Chadwick es secretario de Estado de Sebastián Piñera, un hombre que en el mismo Teatro Caupolicán, donde se celebró el pasado fin de semana el homenaje a Pinochet, escuchaba el 27 de agosto 1980 el angustiado discurso de Eduardo Frei padre cuando la dictadura ya ponía en práctica su plan maestro para enquistarse en el poder. 

Dejo limpio de polvo y paja al Presidente Piñera, quien siempre fue opositor al Chacal, y si ahora gobierna con los ex pinochetistas, es primero por lo inescrutable de su compleja sicología, y segundo, porque ha modernizado a la derecha, incluso como vemos llegando a redargüirla de sus monstruosidades, y situándola en el camino de los valores republicanos y el respeto a los derechos humanos. 

Es cierto que existen los Hermógenes, pero más importante, es que no nos dejemos llevar por la ira porque también existen los Chadwick, también los Moreira, tal como lo hizo antes un Lavín, y el país continúa avanzando hacia el progreso, y de a poco el nefasto legado de Pinochet se convierte en una advertencia de que nunca más un sector político debe prestar apoyo a un gobierno no elegido. La derecha lo pagó caro con dos décadas fuera del gobierno. Por fin, advierto una derecha que quiere reconciliarse con el país.