martes, 16 de noviembre de 2021

Un voto por Sebastián Sichel

Look at the stars

Look how they shine for you

And everything you do

Yeah, they were all yellow.

 

⎯"Yellow" (Coldplay, 2000) 



Sebastián Sichel es la mejor opción para reformar el sistema de pensiones sin dejar de ofrecer gobernabilidad, dando tranquilidad a los mercados y ⎯por sobre todo⎯ es el único candidato con un diagnóstico correcto: para otorgar servicios de calidad necesitamos modernizar el Estado. Chile Liberal explica los motivos para votar por Sichel para Presidente.

 

Hasta antes de las elecciones primarias se creía que la carrera presidencial se decidiría entre Joaquín Lavín, quien en Tolerancia Cero se declaró socialdemócrata, y el alcalde Daniel Jadue, orgulloso militante del Partido Comunista. Pero después de una importante participación, los candidatos más jóvenes fueron elegidos: Boric y Sichel. El recambio generacional ya ha llegado.


Gabriel Boric es un buen tipo, y a su favor cuenta el haber aceptado los acuerdos que permitieron lanzar el proceso constitucional. Desde entonces su errores han sido muchos, sin contar la tortuosa negación de sus pecadillos de juventud con la extrema izquierda (elogios a Fidel Castro y Maduro, brindar con el asesino de Jaime Guzmán, etc.). 

 

Pero lo más preocupante en el joven hirsuto es el caos reinante en su equipo, en particular en el flanco económico. Cada vez que Claudia Sanhueza, Sebastián Depolo o Nicolás Grau hablan, causan pánico, y es el propio candidato quien debe salir a clarificar, desmentir, o contextualizar. Peor aún, él mismo anda a patadas con las cifras. La desprolijidad en su programa y la tardía publicación cristalizan todos los resquemores que generaría un gobierno en coalición con el Partido Comunista. Se puede juzgar a alguien por quienes lo rodean: el juicio a Gabriel es negativo.


Pretender una reforma tributaria del 8% del PIB es una monstruosidad. Ningún control a la evasión tributaria lo logrará. Decirle al electorado que no habrá cuentas individuales porque no habrá problemas de pensiones bajas es absurdo y va a contrapelo del espíritu de superación individual que plantea Chile Liberal. Incluir a los sindicatos en los directorios de empresas es una obsesión de la izquierda con las grandes empresas, en desmedro del apoyo a las PYMEs. 

 

El país crece pero no ha aumentado la productividad, y las correcciones que pronto vienen serán brutales. Insistir en subir impuestos es la manida reacción instintiva de la izquierda, en la que persisten Boric & Co. Bajar impuestos es ridículo e irresponsable en esta etapa del ciclo, como plantea Kast. Necesitamos alternativas centristas.


Sebastián Sichel es el candidato que ha acertado en el diagnóstico: Chile necesita modernizar su aparato estatal. Hay ministerios que cerrar, pero hay algunos gastos que aumentar. Imposible ofrecer buenas prestaciones de salud y educación ⎯labores de las que el Estado no se debe desprender⎯ sin modernizar el Estado. Rediseñar las AFP ya no es tabú en la derecha, y tener un candidato de ese sector con un mandato claro para proceder a las reformas es vital. Así lo ha entendido Sichel.


La protección social con el objetivo de facilitar el funcionamiento de la economía de mercado es el enfoque correcto y lo vemos en el programa de Sichel cuando habla de pensión básica. Las transferencias directas son otro tema que ha adelentado Sichel. Además, acierta en temas de inmigración, y por sus posturas en temas sociales y valóricos, evidenemente el talante centrista de Sichel lo convierten en la mejor opción.

 

La actitud contradictoria y ambivalente de Boric y su camarilla sobre la violencia es alarmante. En contraste, la actitud clara de Sichel merece elogio.


Todos los países de la parte Atlántica de sudamérica estuvieron cerca del desarrollo pero fracasaron: Argentina, Uruguay, Brasil y Venezuela. Chile iba por buen rumbo pero la década perdida del ciclo Piñera-Bachelet, más la incapacidad para pensar fuera de la caja y la desconexión con el electorado, nos descarriló. El domingo 21 de noviembre del 2021, puede ser o el comienzo del fin, o la última posibilidad de lograr los niveles de educación, prosperidad, igualdad y modernidad que todos queremos. Sebastián Sichel es la mejor alternativa y Chile Liberal vota por él. Invitamos a nuestros lectores a hacer lo mismo.

lunes, 25 de octubre de 2021

Inmigración: Abran ya esas malditas fronteras

Ahí hay cosas maravillosas para todos

Hay magia en Kingston Town

Kingston Town es donde quiero ir

Si me lo prometen dejaré todo detrás para ver a mis niñas jugar

Y cuando sea rey necesitaré una reina, y un palacio,

Y ahora ya soy rey, 

Y mi reina vendrá

Ella me espera en Kingston Town

Ella me espera en Kingston Town

Hay magia en Kingston Town

“KingstonTown” (UB40, 1989)


Urge un Plan de reconstrucción nacional y emplear la mano de obra extranjera

 

Hemos visto con absoluto horror las imágenes de una horda desquiciada quemando los pocos enseres que poseían unos inmigrantes ilegales en Iquique. Esta barbarie nos evoca las piras del KKK, las fogatas de los nazis quemando libros, la quema de libros y discos de vinilo en 1973 en las Torres de San Borja, los pogromos en la Unión Soviética contra los “cosmopolitas sin raíces”, y también la quema de libros del Café Literario de Providencia durante los disturbios post 18 de Octubre. La foto del infeliz que lanzó un coche a las llamas nos dejó estupefactos. 

 

El “asilo contra la opresión” y el “verás como quieren en Chile al amigo cuando es forastero”, parte del imaginario colectivo de nuestro país, hoy resuenan como frases vacuas. Políticas racistas por un lado, reivindicaciones identitarias y etno-centristas por el otro, nos asedian. 

 

¿Cómo debe reaccionar la clase bienpensante? Veamos qué ha ocurrido en otras latitudes. Después de la devastación de la II Guerra Mundial en el Reino Unido comprendieron que no podían reconstruir solos la infraestructura del país y le abrieron las puertas a muchos residentes en el Caribe, en las “Indias Occidentales”. El célebre navío Windrush zarpó desde Kingston, en Jamaica (ver epígrafe), trayendo la primera masiva oleada de inmigrantes a Gran Bretaña, la llamada Generación Windrush. Aquel país cambió de cariz para siempre. 

 

La pandemia del Covid, la orgía destructora imparable desde octubre 2019 y la posterior depresión económica exigen un Plan nacional para mejorar la infraestructura nacional. El exitoso proceso de vacunación ha convertido a Chile en un país atractivo y que debiese ser de los primeros en despegar en su recuperación económica, y de algún modo mitigar la estrepitosa caída que sufriremos el 2023 si no actuamos ya.

 

En Punta Arenas hemos visto desabastecimiento porque en Argentina bloquearon rutas. ¿No somos capaces de construir nuestra propia infraestructura caminera y de paso asegurar nuestra soberanía e integridad territorial?  Hoy tenemos mano de obra abundante gracias a la inmigración. Ya es momento de cortar las transferencias directas a los ciudadanos ⎯el “helicopter money” que propugnó Chile Liberal⎯, e inyectar recursos para abrir carreteras, construir hospitales y equiparlos, traer profesionales, formar técnicos y obreros para levantar la República. 

 

El déficit habitacional que sufre Chile debe ser paliado ya no con cheques de ayudas sociales ni retiros de las AFP, sino con proyectos de construcción para emplear la mano de obra. Faltan escuelas, profesores, líneas férreas, puertos, tranvías y metros en Santiago y Regiones. Curiosamente ahora es cuando los keynesianos debiesen abrir la boca, pero callan.

 

En Chile ya vivimos experiencia similar durante el PEM y el POJH, cuando la dictadura chilena arrojó al país a la peor recesión económica de la que tenemos memoria viva, y después pasaron años haciéndonos creer que salir de ese abismo fue una “gran obra”. En estos días es imperativo recomponer el país, pasar a las tecnologías verdes, aumentar la productividad y todo ello requiere emplear mucha gente, nacional o extranjera. Tener migrantes tirados en las calles vendiendo golosinas o haciendo fritangas es dispararnos en los pies.

 

En la campaña presidencial en curso el candidato de ultra-derecha propone crear una zanja. No es de extrañarse cuando su máximo referente es el adiposo sicópata que por fin ya echaron de la Casa Blanca. Estos desvaríos deben ser rechazados. Chile es un país de inclusión y acogida. Y Chile requiere mano de obra para reconstruirse.

 

Es una vieja aspiración de este sitio el hacer de Chile un melting pot, un crisol de culturas. Si alguien en algún lugar del mundo ve en nuestro país una oportunidad de prosperar y ser feliz, debiese ser parte de nuestro ethos como nación el darles la bienvenida. Acá pueden formar una tribu, tener su choza, un cacharro. La inmigración es una de las causas más sensibles y caras para Chile Liberal. 

 

Hoy es urgente asumir que Chile es un país de inmigración. Aprovechémoslo. El sistema de recepción de extranjeros debe ser moderno y eficiente, como en Canadá o Australia, que funcione para el que llega y para los que reciben. Nuestra propia “generación Windrush” nos está pidiendo que abramos las puertas. Abrámoslas de par en par.