Echar a figuras icónicas refuerza la fortaleza de una institución
El británico John Galliano, icónico diseñador de Christian Dior, fue arrestado el jueves pasado luego de protagonizar un bochornoso incidente en que profirió insultos de carácter antisemita contra una pareja en una terraza de un café en el barrio de Le Marais, en París. De inmediato, Dior anunció que suspendía de su cargo a su estrella.
Como si fuese poco, ahora el tabloide sensacionalista The Sun publica un video en que unos turistas tratan de conversar con Galliano (visiblemente borracho), pero éste arremete con viles insultos. Al parecer, tales imágenes fueron grabadas en diciembre del año pasado, también en Le Marais. Ante la contundencia del video, Dior emite un comunicado en que anuncia que de la suspensión pasa al inicio de los trámites para su despido.
Sebastián Piñera está claro que no maneja su gobierno con los mismos principios que una empresa como Dior, lo que es una lástima, más aún cuando —insistimos en Chile Liberal— queríamos al menos por este cuatrienio ver un gobierno con los signos de celeridad del mundo privado.
Apenas nos enteramos todos de la escandalosa declaración de Chucky La Muñera Diabólica Ossandón —la del sueldo reguleque— sobre las madres que prefieren emborracharse y dejan a los niños en las guarderías subsidiadas, Piñera no la removió, sino que buscaron los recovecos técnicos para sacársela de encima, en vez de sentar un precedente y expulsarla de inmediato de la administración pública (siguieron otros bochornos como la defensa del pedófilo Karadima, y antes, ya vimos una enorme virgen instalada en dependencias de gobierno). Peor aún, cuando la Quintrala Rysselberghe se jacta de ir a Santiago y mentirle al gobierno central para otorgarle beneficios a quienes no calificaban para ellos —posiblemente afectando a genuinos damnificados— Piñera comienza una "investigación", cuando debió, tal como Dior, suspenderla. Y mientras que Chrstian Dior no tardó ni un par de horas en anunciar a la prensa que después de ver el video echaría a su emblemático diseñador, Piñera decidió mantener a Rysselberghe.
Ambas grabaciones, las declaraciones de la intendenta y del modisto, no fueron tomadas ilícitamente, sino que fueron hechas en público, por lo tanto acá no hay falta (distintas serían las escuchas telefónicas ilegales, o entrar sin permiso a la residencia de alguien, etc).
Natalie Portman, uno de los rostros publicitarios de Dior, fue la primera en expresar su horror antes las palabras de Galliano "amo a Hitler" y "ojalá tus ancestros hubiesen muerto en las cámaras de gases". A Dior lo que menos le interesa es que una estrella de Hollywood se vuelque en su contra, por lo mismo, debe actuar con celeridad. Pero acá hay más que el propio interés. Son tan horrorosas e insultantes las palabras del diseñador que simplemente con esa gente no es posible el trabajo en equipo, que es el baluarte de todo grupo humano organizado en torno a un trabajo. Galliano ha sido uno de los más extravagantes diseñadores que supo siempre añadirle un vuelco tétrico y teatral a sus shows, llevando a la mítica Dior a la cima, pero por talentoso que sea, simplemente es imposible trabajar con un tipo capaz de emitir tales insultos, por muy ebrio que esté. Del mismo modo, no concibo como pueda haber trabajo en equipo al interior del gobierno cuando Rysselberghe es capaz de crear disputas entre ministros, con el presidente, el electorado, y en fin, con todo lo que respire.
La primera lección que podemos sacar es que la libertad de expresión tiene un límite, y es el discurso de odio. La segunda es que hay ciertos comportamientos inaceptables en un grupo humano, entre ellos la odiosidad y la mentira, y ante éstos se debe actuar con firmeza, siendo mejor percibida la brutalidad que la indulgencia. La tercera, es que en ciertos barrios de París es normal ver gente como Galliano: por favor, si los ve, no se meta con ellos, no por el peligro de insultos, sino porque nadie tiene derecho a importunar a otro por muy "estrella" que sea menos aún cuando la "estrella" se toma un trago en un café disfrutando de su tiempo de ocio. Cuarto, los insultos antisemitas en el barrio judío de París, como Le Marais, ya demuestran cierto desequilibrio mental por parte de Galliano, más aún cuando declara amar a Hitler, quien fue el más odioso no sólo antisemita, sino también homofóbico. Galliano, quien públicamente ha reconocido su homosexualidad, debiese saberlo.