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martes, 9 de mayo de 2017

Victoria en Europa

Discurso de Macron frente a la Pirámide del Louvre
En Chile Liberal estamos exultantes. No hay otro hombre cuyas coordenadas políticas coincidan tanto con las de nuestro sitio. Cuando Emmanuel Macron lanzó su candidatura independiente fue motivo de burlas, mofas y desprecios. Ahora véanlo dónde ha llegado.

Tendremos mucho tiempo para ir analizando paso a paso la instalación de este filósofo banquero en el Palacio del Elíseo. 

No obstante hay un elemento turbio que no puede pasar inadvertido. Macron ha derrotado a Marine Le Pen, una mujer de tendencias odiosas, de un partido petanista. OK, a muchos no les agrada demasiado votar por Macron, pero la disyuntiva no era tan complicada: Marine Le Pen es nazi, Macron no. ¿Tanto hay que pensarlo?

Con Le Pen la asonada populista pudo haber causado estragos a escala planetaria. Había que detenerla a como dé lugar.

Mientras el mundo se unía frente a la amenaza fascista, muchos se dirigieron a la iglesia de Roma, como suele ocurrir, para hallar una guía y de alguna forma escuchar algunas palabras sabias.

No se sorprendan que entre una nazi y un liberal, el señor Bergoglio, tal como hizo la asociación del Vaticano durante la ascensión de Adolfo Hitler, en el mejor caso titubeó, y en el peor, apoyó a la nazi.

Sobre Macron, Bergoglio con desprecio declaró: "no lo conozco, no sé de dónde viene". Palabras que de inmediato usó Le Pen para traer agua a su propio molino. El silencio posterior del líder del Vaticano constituye un apoyo tácito a una de las mujeres políticas más tóxicas de esta última era.

Marine Le Pen argumentó que "un ultraliberal no puede ser del gusto del Papa". De hecho, tiene razón.

Así que ya saben. Entre un nazi y un liberal, la iglesia de Roma lo medita, luego vacila, y termina apoyando a los nazis. Es su costumbre. No esperaba otra cosa.

De la iglesia de Roma no espero nada y así todo me decepciona.

jueves, 19 de enero de 2017

Emmanuel Macron: Revolución Francesa

El candidato díscolo Emmanuel Macron es nuestro hombre en Francia y debe ser el próximo Presidente de la République Française

Fue en uno de mis viajes habituales a París, específicamente a La Défense, el distrito de negocios. Desde que Vuestro Humilde Servidor decidió cambiar el frío torbellino de la capital por la soleada y cálida costa mediterránea nos hemos vuelto asiduos del primer tren de la madrugada. Antes de salir de casa vi en la tele un analista hablando de "La laïcité de Macron". "Ese tipo es buen candidato", pensé. Subí al tren, buscaba mi asiento con calma ya que sé que cuando aún no despunta el sol abunda la tranquila gente de trabajo, pegada a sus laptops y tabletas, la "Francia que se levanta temprano", como decía Sarkozy. Es desagradable un tren repleto con turistas o familias con niños llorones y malcriados. Como sé que la visita a mi cliente iba a ser esta vez bastante plácida, no tenía gran cosa que preparar en el trayecto. Premunido de un café cargado y de la revista Le Point (algo así como el Economist galo), más bien pensaba en las cosas que aprovecharía de comprar en Marks & Spencer. 

Me sumerjo en los diarios y veo lo habitual: el país no crece, el desempleo sigue causando estragos, Marine Le Pen y su retórica incendiaria y alguna nueva de sus burradas. Cuando en eso llega un grupo de muchachos y muchachas, todos bastante cool con un toque hipster, posaban sus tazones Starbucks y sus MacBooks. Hablan fuerte, vienen como contentos y sonrientes (poco habitual en Francia). No eran turistas ni estudiantes. Empiezan a ocupar todos los asientos. "Que no hueveen", pensé. Aparece alguien de traje, impecable. Aún con bastante sueño me pareció que el grupo lo esperaba. Empiezan a saludarlo. Levanto la mirada de los horrores del diario. "A éste lo he visto en alguna parte", dije. Y claro que lo conozco. Era el mismo del que hablaban en las noticias cuando salí de casa. Emmanuel Macron sube al tren con su comando de campaña. "Bonjour", le digo. "Bonjour Monsieur", me contesta. Aunque tenga la misma edad mía es en realidad la norma expresarse con un poquito de formalidad. Le extiendo la mano. Me da un apretón fuerte, me gusta esa gente. Empieza todo el mundo a saludarlo. Se sienta precisamente detrás mío. Luego sube un equipo de prensa y comienzan a grabar una entrevista (la pueden ver aquí, por ahí aparece Chile Liberal).

El fenómeno Macron
La gente cree que Francia es un país "de izquierda" ya que posee un robusto Estado Providencia y una tasa impositiva bastante pesada. Se equivocan. Al contrario de Chile, donde un sistema de bajos impuestos y prestaciones privadas es administrado por gobiernos de centro-izquierda, en la V República francesa han dominado los presidentes conservadores. Hay no pocos "François" de una treintena de años. Muchos padres bautizaron así a sus hijos en homenaje al primer presidente socialista, Miterrand (1981-1988). El pacto tácito es que el sistema social francés no se toca y a cambio los conservadores de derecha pueden ejercer el poder.

El sistema francés como sabemos está exangüe. La irresponsabilidad fiscal comenzó en 1973 y desde entonces nunca más un gobierno logró gastar menos de lo que recauda. La lógica de los 30 Gloriosos Años, las tres décadas de la posguerra en que la Francia industrializada no dejaba de crecer, dio paso a los 30 Penosos, y hoy, a una época de desazón total. Por otro lado, la política francesa siempre ha sido extremadamente predecible, con políticos que lentamente van fraguando sus liderazgos entre astucias, intrigas, muñequeos y arreglines de pasillo. Prácticamente todos provienen de la exclusiva y hermética Escuela Nacional de Administración, ENA, donde la élite gobernante forja sus lazos. Pasan una vida entera dedicada a la política y a nada más. Viven en una burbuja. Hoy, con 8 millones de pobres, un crecimiento paupérrimo y una sociedad post-industrial que parió una clase entera de "les oubliés", los olvidados de la globalización, el país exige un cambio. Sarkozy en cierta forma prometía vigor y un pensamiento fresco, pero fracasó en el intento (si es que alguna vez algo intentó).

Ahora, desde las entrañas del establishment, un graduado de la ENA está causando estragos. Emmanuel Macron, con apenas 39 años, ha sido la gran sorpresa. Desdeñado por ser liberal, joven y millonario,  en un país donde libéral es un insulto, ser joven es una enfermedad y millonario motivo de desprecio, irrumpe como el factor desequilibrante. Su trayectoria no ha sido la típica. Ex broker en el banco de inversiones Rothschild, decidió, contra la corriente, migrar del sector privado al servicio público gracias a su padrino político François Hollande.

El hombre ha presentado su candidatura sin pasar por primarias, y peor aún, renegando del hombre que lo lanzó a la esfera pública (Hollande debió asumir la realidad y negarse a la reelección: así de magros son sus resultados). Sin jamás haber ganado un puesto de elección popular, se perfila actualmente como la carta más interesante en el rígido escenario francés. Combina una elocuencia brillante con una elegancia tipo Villepin y una energía propia de Sarkozy. Macron ha construido un discurso bien articulado basado en su historia personal: hijo de un médico de Provincia, se muestra como producto de la meritocracia francesa, en que un niño de la pequeña burguesía alejada de la capital puede trabajar en el banco Rothschild. Esta misma historia de éxito la quiere extender a todos "los franceses y las francesas", como suele decir, y en esta labor, busca revivir la Francia que alguna vez fue pionera de la globalización y que hoy ve triste cómo de la vanguardia pasa a la retaguardia.

Macron es un hombre de profundas convicciones libremercadistas con espíritu progresista. Un pro-europeo decidido, en sus mítines abundan las banderas de la UE. Su propuesta central es usar las ventajas de la fuerza laboral francesa para unirse a la revolución digital, promover las start-up, reformar el sistema educativo, y reducir los impuestos y las trabas a la contratación y despido de personal sin comprometer el sistema de beneficios sociales.

Contra todos los pronósticos, su candidatura ha sido un éxito abrumador. En París sorpresivamente congregó a más de 10 mil personas y acabó su discurso a grito pelado e hizo estallar de éxtasis a los asistentes, mientras que su rival natural, el ministro Manuel Valls, un hombre neto del establishment socialista y el más probable sucesor de Hollande, apenas atrajo a 2 mil silenciosos adherentes. Ya no pocos empiezan a preguntarse si en la 2a vuelta habrá que apoyar al ex banquero de Rothschild contra el fascismo de Marine Le Pen.

A pesar de no contar con un partido político que lo acoja, ha comenzado el arduo trabajo de estructurar las energías que ha liberado en una especie de movimiento, llamado convenientemente En Marcha, dando así a entender que hay una vitalidad innata que busca seducir al electorado.

Révolution, En Marche!
Entre todo este ajetreo Macron tuvo tiempo de escribir un libro, Révolution, que hace las veces de "programa presidencial abierto", donde expone su visión del país, nos cuenta más detalles de su biografía, y también elabora ciertos fundamentos de su liberalismo político. 

Como internacionalista convencido, quiere que Francia se abra al mundo y establezca vínculos con ciertos países clave: Chile, uno de ellos. Sí, habla claramente sobre la importancia de la presencia francesa en América latina y Chile es el país con más similitudes.

A continuación les presento algunos extractos del libro (traducción propia):

pág. 38
"Si por liberalismo se entiende la confianza en uno mismo, entonces me defino como liberal. Porque lo que yo defiendo debe permitir a cada cual llevar una vida conforme a sus convicciones más profundas. Sin embargo, si se considera de izquierda pensar que el dinero no es la fuente de todos los derechos, que la acumulación de capital no es el fin último en la vida, que las libertades del ciudadano no deben jamás sacrificarse ante la necesidad de seguridad absoluta, que los más pobres y los más débiles deben ser protegidos y no ser discriminados, entonces no tengo problema alguno en considerarme un hombre de izquierda."

pág. 51
"Son los enemigos de la República los que pretenden atarnos en una definición estática y arbitraria de lo que ella es o debe ser. Por un lado, están los islamistas, que desean someterla y que como muestra le experiencia no traen sino la desdicha y la esclavitud. Está también el Frente Nacional que, animado por una absurda nostalgia de un pasado que nunca existió, traiciona lo que Francia realmente es. Algunos adhieren a la ultra derecha cuando adoptan esta tesis. Están también los cínicos que huyen de Francia o que ya no confían en ella."

"Pero en realidad es el proyecto mismo de Francia lo que la define y que desde hace tantos siglos la mantiene en un sitial de honor, que la hace brillar ante el mundo. Desde el Renacimiento hasta la Ilustración, pasando por la Independencia de EEUU hasta la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y su lucha contra el totalitarismo, Francia ha contribuido a esclarecer el mundo para liberarlo del flagelo de la ignorancia, de las religiones represivas, de la violencia que aniquila al individuo. Es propio del espíritu francés este instinto natural hacia el universalismo que es al mismo tiempo una indignación constante frente a la injusticia y el sometimiento, y una voluntad de expresar nuestra visión de mundo para el beneficio todos. El espíritu de los Enciclopedistas, dirigidos por Diderot, es la quintaesencia de esta ambición loca, sí, pero así somos. Por lo mismo, nada es más ajeno a nuestra propia forma de ser que replegarnos sobre nosotros mismos."


En fin, hay muchos pasajes de extraordinario interés y que estaremos desmenuzando en Chile Liberal. El libro está escrito en un estilo sencillo y sin ornamentos para sí llegar a la masa. En su primera semana apareció en el 5o lugar de ventas y la semana siguiente fue número 1. Un éxito avasallador.

Habrá mucho tiempo desde ahora hasta la elección presidencial, y es urgente, ante la arremetida del populismo, defender Francia.

Por ahora sólo diremos que la Révolution ya está en marcha, y que Emmanuel Macron cuenta con nuestro apoyo decidido en este combate.


sábado, 30 de enero de 2016

Escuadrones de la muerte: la escuela francesa en Chile



Un reportaje interesante arruinado por una provocación inútil
Desde hace años que en mi biblioteca yace polvoriento y solitario Escadrons de la mort, l'école française, un interesante reportaje ⎯⎯con documental en video⎯⎯ de la periodista francesa Marie-Monique Robin, quien rastrea el surgimiento de las tácticas de la guerra antisubersiva desde su génesis en Indochina hasta su triste culminación en la guerra sucia latinoamericana en la década 70. Su epílogo es Abu Ghraib y Guantánamo. Un estilo algo alambicado, con un irritante uso de los.... puntos suspensivos, y un cierto desorden en la narrativa, no arruinan lo que a todas luces es un buen trabajo.

Se va casi todo el buen trabajo por la borda cuando la autora pretende luna conclusión ridícula: Francia inventó la tortura, las ejecuciones sumarias, las detenciones clandestinas y en general toda la táctica militar ilegal antisubversiva, y el país ahora es una vergüenza internacional y no es más, por antonomasia, la nación de los Derechos del hombre.

La historia que nosotros conocemos en Chile es bastante simple. La Guerra Fría nos dejó en el bando de EEUU. En un acto tan estúpido como previsible ⎯⎯e  inevitable⎯⎯, una variante marxista-leninista pretendió cambiar a Chile de bando. Los militares chilenos formados en la infame Escuela de las Américas irrumpieron y con el beneplácito yanqui cambiarían la historia. EEUU enseñó a torturar y a hacer que los soldados disparasen contra su propio pueblo. EEUU merece repudio. La cosa es mucho más compleja.

El libro de la francesa nos cuenta un detalle desconocido y que cambia por completo la realidad: la aventura colonialista francesa en Indochina llevó al ejército francés, por primera vez en la historia moderna, a cambiar sus tácticas vetustas para desarrollar nuevas modalidades de guerra (que son válidas hasta hoy). En Vietnam los franceses se vieron superados. El mundo post II Guerra Mundial no vería más dos bandos de soldados con uniforme, que se golpean el pecho como gorilas y que dan la vida por la patria. Esa guerra quedó obsoleta. En Vienam había dos bandos: por un lado los franceses con un ejército regular, soldados fuertes, con un mando central, que necesitan comida y que son motivados por el orgullo nacional, y por el otro los vietnamitas, que con un saco de arroz y una pizca de sal combaten furtivamente de noche, ponen trampas, se escabullen y se esconden entre los civiles. Los guerrilleros del Vietcong pusieron de rodillas a uno de los victoriosos de la II Guerra Mundial. Francia se retiró derrotada de Vietnam.

Los altos oficiales del Estado Mayor del ejército francés, que se conocen desde la exclusiva escuela Escuela Saint-Cyr, empezaron en la École Militaire de París a codificar las tácticas empleadas en Indochina. Este conocimiento luego se aplicó en todo su horror en la "Guerra" de Argelia, donde el escenario era similar: un ejército regular por un lado, contra una guerrilla subversiva, el Front de Libération Nationale, en el bando contrario. 

A nosotros los nombres de Paul Assuaresses, Charles Lacheroy o Roger Trinquier no nos dicen nada. Pero son ellos los antecesores de gente como Augusto Pinochet o Manuel Contreras. Y más aún, como nos cuenta el libro, de Jorge Videla o Emilio Massera, en Argentina. 

Los militares franceses en Argelia entendieron que el fiasco de Indochina no debía repetirse y que había dejado lecciones importantes: era necesario aterrorizar a la población civil, infiltrarse en las asociaciones obreras, estudiantiles y sociales; luego, amenazar, amedrentar, y hacer desaparecer. El aparato de inteligencia necesitaba escuadrones de la muerte para raptar y botar los cuerpos, así sembrar el pánico sin dejar rastro. Pagar columnas de opinión o controlar las radios era parte de la nueva estrategia de guerra. al mismo nivel del helicóptero, que era usado para secuestrar y el cual, armado de metralletas, es una joya táctica preciosa de la escuela francesa regalada a los criminales latinoamericanos. Tanto mejor si el helicóptero se usaba para sobrevolar a ras de techo las casas de los civiles para que propagar el miedo (especialmente en los niños). 

La tortura era una herramienta fundamental. La justificación filosófica era impecable: torturar un sujeto podría evitar una bomba en un bar que mataría a 20. Los subversivos no están protegidos por los tratados de guerra, así que no hay problema. La gégéne fue el epítome de la escuela francesa. Un pequeño y práctico generador eléctrico que era horriblemente eficaz cuando se aplicaban sus descargas en los genitales. La tina con agua servía para provocar la sensación de asfixia por inmersión. Ambos elementos caben en la oficina de cualquier oficial en un regimiento. Bastaba torturar a un sospechoso para atemorizar a cientos, o matar y hacer desaparecer a unos cuantos para hacer callar a millones. Las detenciones extrajudiciales de estos escuadrones eran imprescindibles. Paralelamente, la prensa escrita y radial podía convertir a un puñado subversivo en un ejército irregular de cientos de miles.

El apoyo de Cité Catholique, un grupo integrista conocido como el "Opus Dei francés", fue esencial. Así se fue configurando una red político-militar-religiosa detrás de la guerra de Argelia, y cuya filosofía y modo de operación salpicaría a América latina. 

La escuela francesa del terrorismo de estado llegó a oídos de oficiales argentinos, que enviaron al oficial Alcides López Aufranc, a formarse en estas técnicas. Tan estrecha llegó a ser la colaboración franco-argentina que una misión permanente se instaló en el país vecino. El fracaso de EEUU en Vietnam también llevó a los norteamericanos a contratar profesores franceses, así nacería la Escuela de las Américas. Una sucursal luego se instalaría en Brasil, donde se formaron muchos oficiales chilenos. Los contactos entre Chile y Brasil fueron estrechos, así como desde Argentina se exportaría el savoir-faire francés a Uruguay, Bolivia y Nicaragua. De este modo, los manuales escritos en Francia y la experiencia de sus oficiales se expandiría por todas las Américas, y al resto del mundo. El Reino Unido, por ejemplo, emplearía la experiencia francesa en la represión en Irlanda del Norte,

El libro nos relata con bastante detalle la historia de la guerra sucia argentina, así como la represión en Chile, y cuyo punto culmine fue la Operación Cóndor. El nivel de documentación impresiona menos cuando nos enteramos que todo es prácticamente un copiar y pegar de las investigaciones de Mónica González (la ex panelista de Tolerancia Cero), con quien la autora mantiene una estrecha amistad.

El libro vale la pena leer por denunciar una verdad incómoda en Francia. El problema fundamental es que la autora pretendió llegar a la conclusión rimbombante de que Francia está detrás de todos los males imaginables y su país debe pedirle perdón al mundo. 

Si bien tiene la honestidad e integridad para admitir que Charles de Gaulle dio la orden expresa de no tolerar torturas en Argelia, se desliza con una superficialidad que sirve para demostrar por omisión su tesis. Más aun, si la idea es mostrar que Francia no sólo provocó sino que se regocijaba al ver las masivas violaciones de los derechos humanos en el Cono Sur, en sólo una línea de su libro se menciona un hecho incuestionable: el primer país en abrir sus puertas a los refugiados políticos chilenos ⎯⎯Mónica González incluida⎯⎯ fue justamente... Francia. 

Los franceses tienen una expresión sabia: mucha provocación mata la provocación.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Guerra a la barbarie



Los ataques terroristas de ayer constituyen casus belli
Pocas cosas son más típicas de la vida de los parisinos que terminar la semana ofreciéndose un resto simpático, como se llama a ir a un pequeño bistrot. Aunque las lucas en la Ciudad Luz escasean cada vez más, siempre hay una excusa para organizar una soirée con los amigos o los compañeros de boulot. Por otro lado, los partidos de fútbol del Équipe de France contra la siempre potente selección alemana no dejan a nadie indiferente. En el país de la romántica Chanson, la escena rock sigue más vigente que nunca y siempre hay alguna tocata: la cartelera del Bataclan, algo así como el equivalente francés de La Batuta, nunca decepciona. Hay otros que aprovechan de hacer compras en los grands magasins, a pesar de los restrictivos horarios, como en Les Halles, y aprovechan de pasar luego a alguno de los restaurantes en Beauborg o Le Marais. Es lo típico, en un viernes en la noche como cualquier otro en París.

Ayer, 13 de noviembre del año 2015, el mismo año que empezó con la masacre de Charlie Hebdo, elementos terroristas vinculados a ISIS mataron a casi más de 120 personas con bombas en el Stade de France, en la sala Bataclan, en dos restaurantes frente a esta sala, y con balaceras en Les Halles, y en otros puntos de la ciudad, algunos tan conocidos como el barrio République. El transporte público fue paralizado, la gente comenzó a volver en las bicicletas arrendadas, otros a pie, otros debieron  quedarse en alojamiento ofrecido por los vecinos. Ayer silenciaron París. La Ciudad Luz quedó a oscuras. 

El gobierno ha declarado estado de emergencia y ha suspendido libertades como el derecho a reunión,  ha decretado el cierre de fronteras y se han autorizado los allanamientos sin orden judicial. Para Chile Liberal la gravedad de la situación amerita estas medidas excepcionales.

El Presidente François Hollande ha dicho claramente que esto es una declaración de guerra. Europa en general, y Francia en particular, ya no puede seguir con medidas anti-terroristas por un lado y acogiendo refugiados de Siria por otro. Es necesario que el poderoso portaaviones Charles de Gaulle se dirija al este del Mediterráneo y poner bototos en tierras sirias. Gran Bretaña debe secundar a Francia. Cualquier intento por moderar una respuesta militar contundente será una traición. 

La guerra ya está desatada. Muchos van como voluntarios a luchar contra Daech, y sólo este año, después del ataque contra Charlie, 50 mil franceses se han ofrecido como voluntarios para unirse a sus fuerzas armadas.

El ataque merece repudio total y no acepta "matices" ni "peros". El que culpe a EEUU, a Israel, o al imperialismo, o que empate con otros atentados merece el desprecio total. Este es un atentado cobarde perpetrado por los seguidores de una ideología sicopática.

El ataque de ayer contra los clientes de un centro comercial, contra los hinchas del fútbol, contra los fans del rock, contra los simples comensales en un bistrot, son atentados contra la población civil y contra todo occidente, contra nuestra forma de vida. Eso es lo que buscaban: perturbar a los civiles en aquello que más apreciamos. Esto es una declaración de guerra. La respuesta debe ser brutal.

PS 18 de noviembre 2015: Leo lo siguiente de la agencia EFE:
Francia envía al Mediterráneo oriental su portaaviones insignia para triplicar ofensiva contra el Estado Islámico
"El portaaviones Charles de Gaulle, buque insignia de la Armada de Francia, zarpó hoy hacia el Mediterráneo oriental, donde triplicará la capacidad operativa actual del país contra el yihadista Estado Islámico (EI), indicó el presidente francés, François Hollande."

En línea con lo que dijimos en este post: 
"Es necesario que el poderoso portaaviones Charles de Gaulle se dirija al este del Mediterráneo"

Reconfortante es saber que el gobierno francés pone atención a las recomendaciones de Chile Liberal. Estamos acá para ayudar y dar legitimidad a las acciones que deben tomarse, por impopulares que sean.

viernes, 3 de abril de 2015

Elecciones en Francia: Se cierne la amenaza fascista


El sistema electoral francés, uninominal de dos vueltas, es la mejor defensa contra las arremetidas fascistas. En Chile, imitémoslo

Un sistema político que "dé cabida a las minorías", que sea "representativo de la diversidad política", es lo que añora la Presidenta Michelle Bachelet y una parte no menor del público chileno. Desbarran. En este post Chile Liberal demostrará que un sistema proporcional, como se pretende en Chile, sería fatídico, y de haberse adoptado en Francia los galos habrían sucumbido ante el ultra-derechista Frente Nacional.

El domingo pasado se efectuó la segunda vuelta de las elecciones locales en Francia. Luego de una inquietante primera vuelta muchos temieron que el Frente Nacional dejara la lunatic-fringe y se consolidara como una de las principales fuerzas políticas⎯poniendo en jaque al "duopolio" UMP-Socialista, como le llaman. Para variar, los antediluvianos del The Guardian británico vaticinaron ⎯estúpidamente⎯ un triunfo arrollador del fascista Frente Nacional con 220 escaños. No por nada, obtuvo un cuarto de los votos en el premier tour. 

La verdad es que andaban más perdidos que Marta Lagos con sus encuestas truchas o que el Banco Central chileno y sus pronósticos de inflación. Ocurre que luego del deuxième tour el domingo pasado, y una vez sacadas las cuentas, la realidad para los fascistas fue inversamente proporcional a la algarabía de la gente decente: Marine Le Pen y los suyos obtuvieron CERO escaño. ¿Cómo se explica esto?

Muy fácil. El sistema político francés se llama scrutin uninominal majoritaire à dux tours. Suena bonito y lo es: la gente vota en dos vueltas y el que gana, gana. Un elector, un voto, un distrito, un elegido. Sencillo y elegante. Fatal para las minorías, y eso está muy bien. A pesar de su 25% de preferencias a nivel nacional y en algunos distritos hasta un 40% de los votos, el sistema les impide ganar ya que deben necesariamente ganar el primer lugar para ser elegidos. Esto no ocurrió. El sistema tiene naturalmente a beneficiar a grandes bloques en desmedro de candidatos como los del Frente Nacional y otros.

Como explicamos anteriormente, con un sistema proporcional como absurdamente se quiere instaurar en Chile, los ultraderechistas habrían ganado muchos escaños y estarían ya llevando a cabo su plan maestro. Es decir, abandonarían el euro y volverían al franco (Francia colapsaría por su deuda), abandonarían la Unión Europea (Francia, país exportador, se quedaría sin el mercado común), restringirían el trabajo de extranjeros (su mano de obra se encarecería y difícilmente podrá competir), o sea, para resumir, sería un caos.

La mandamás del Frente Nacional ⎯ elegida ella misma en una farsa electoral estilo soviético con el 100% de las preferencias ⎯, desde luego no pudo ocultar la decepción al ver su fracaso estrepitoso. La "desdiabolización" no le resultó. Ella acusa que el sistema actual está "concebido para impedirle a millones de franceses que tengan representación política". Pues exactamente esa es la idea. 

De lo contrario, la cacofonía partidista da paso a una fragmentación política estilo república de Weimar, donde hubo más de 40 partidos. Ello desembocó en los nazis, la II Guerra Mundial, y los campos de exterminio.

Chile Liberal vuelve a plantearle a los electores chilenos si realmente lo que quieren es esto. Por nuestra parte, insistimos que un sistema electoral first-past-the-post como el británico, o su versión en dos vueltas como en Francia, es la mejor alternativa.

No por el mero hecho de existir, un partido debe tener representación. Veamos un caso concreto: se está formando un Partido Pinochetista, ¿quieren darle representación para reflejar la diversidad de nuestra fauna política? Chile Liberal prefiere que no. Deben aprender a forjar alianzas y conformar grandes bloques lo que inevitablemente los conmina a converger en una vocación centrista. 

Menos aún la financiación pública es la solución, en Francia los dementes del FN reciben subsidios del mismo sistema al cual pretenden destruir. ¿Quieren también que el Partido Pinochetista reciba subsidios del Estado?

Pero al menos el sistema electoral para el Frente Nacional es una barrera infranqueable que protege a Francia del fascismo. El sistema es bueno. Adóptenlo.

lunes, 19 de enero de 2015

Soumission


"El islam es, reconozcámoslo, la religión más estúpida del mundo"
Michel Houellebecq

El célebre novelista francés Michel Houellebecq imagina una Francia sometida al islam, y de paso, es relegado al silencio 
¿Qué sería de la literatura universal sin Francia? Sería algo así como una buena comida pero sin quesos. Las letras francesas han deslumbrado por su excelencia y su capacidad de remecernos. Y esclarecernos. Hoy, el autor francés más leído en todo el mundo es Michel Houellebecq, quien el fatídico 7 de enero pasado lanzó "Soumission" ⎯sumisión⎯, su último opus, esta vez una ficción política: en un futuro inmediato un musulmán moderado sería elegido Président de la République y comienza a imponer una versión lenta pero segura de la ley charía. La novela comienza con una Francia sacudida por constantes ataques de terroristas islámicos. Paradojalmente, pocas horas después de iniciar la gira promocional de su libro, que comenzó con una entrevista radial, una célula islamista impactó a Francia y al mundo al asesinar a los principales colaboradores del periódico satírico Charlie Hebdo. 

Nuestro autor ha sido acusado de misántropo, misógino, pervertido, panfletario, pornógrafo, racista, nihilista... por dar sólo una lista breve. Es decir, es un autor interesante para Chile Liberal. Ha incursionado en la poesía y también el cine con la curiosa e inquietante cinta "El secuestro de Michel Houellebecq", que desató el frenesí entre sus fans pero que fue catalogada unánimemente por los especialistas como una completa basura. Hoeullebecq fue galardonado el 2010 con el prestigioso premio Goncourt, que le significó al enfant terrible pasar al Olimpo de las letras francesas y ser condecorado y finalmente aceptado por el establishment literario francés. 

Dentro de las muchas extravagancias de nuestro novelista se cuenta un autoexilio en Irlanda. Lejos del estilo super-sofisticado del boulevard Saint-German-des-Pres, donde pululan Bernard-Henri Levy y muchos otros glamorosos intelectuales galos, Houellebecq eligió marginarse en la bucólica y poco glamorosa Irlanda. "Este clima va con mi personalidad", declaró. ¿Qué clase de persona se larga a vivir a Irlanda? Quien escribe trata de mantener un talante imparcial pero debo ser honesto: soy un Houellebeliever. 

Sometidos y sumisos
¿Seremos Sometidos? Antes siquiera de ser editada, su novela ya causó estragos y polémicas varias. El libro fue robado, pirateado y distribuido ilegalmente en PDF antes del lanzamiento oficial. Aguanté pacientemente hasta el momento anunciado para el lanzamiento salvo que Chanchi se consiguió un ejemplar con un día de anticipación (por eso me casé con esa mujer). La lectura fue brutalmente interrumpida por el ataque cobarde a Charlie Hebdo, que me dislocó espiritualmente. Pero anoche finalmente acabé la lectura y uso esta tribuna para dar mi parecer. 

"Usted es un gran escritor, y un gran escritor tiene grandes responsabilidades", le increparon a Houellebecq durante una aparición en el noticiario dominical de France2, el equivalente a 24 Horas de TVN. Ciertamente, es un grande, y el libro es una obra mayor. Soy honesto y también admito que su última novela no está a la altura de Partículas elementales, El mapa y el territorio, o Plataforma. Pero es el gran lanzamiento del año. El estilo sencillo de la prosa houellebecquiana brilla en todo su esplendor. Fina, de una elegancia balzaquiana, contrasta absolutamente con el aspecto demacrado y cada vez más arruinado del autor (vean la foto arriba). 

El personaje central es el usual héroe de Houellebecq: nihilista, asiduo cliente de prostitutas. Ahora se llama François, un tipo que se alimenta de comida descongelada en el microondas, que pasa su vida leyendo novelas en su cama, cigarro tras cigarro, ahogado en alcohol e irresponsabilidad. Su interés en política es nulo. Su profesión es la de catedrático de letras de la Universidad de La Sorbona, cuya tesis doctoral sobre Joris-Karl Huysmans es referencia mundial. De hecho, Houellebecq gracias a François revive a aquel autor decimonónico que ahora despierta la curiosidad de miles. Este escritor era un sujeto atormentado, que pasó del satanismo a convertirse en monje católico. Murió como religioso en la abadía más añosa de Francia. 

Narrada como un monótono relato en primera persona, Soumission sólo deja entrever la tensión político-religiosa en la campaña presidencial del año 2022, relatada a la distancia por François. Hollande ganaría la próxima elección pero el país se despedaza en el caos socioeconómico. François sólo sigue dedicado a lo suyo: sus libros, sus escritos sobre Huysmans, y las prostitutas y el alcohol y el tabaco. En la elección siguiente el Frente Nacional llega al balotaje y la única forma de detenerlos es votando por una gran coalición de derecha e izquierda, liderada por un musulmán, el carismático Ben Addes. 

Por su parte, el profesor François encuentra algo similar al amor convencional con una alumna (mucho más joven) judía, pero ella debe huir de Francia ya que el antisemitismo se vuelve insoportable y se refugia en Israel. Un día ella le escribe un mail y le dice que "conoció a alguien". Es un tópico houellebecquiano el mostrarnos a un puerco inmoral que parece descubrir el amor, pero los musulmanes acaban por destruir la relación y nuestro héroe termina devastado. 

En la ruina económica, Francia vende La Sorbona a los saudíes, que la transforman en la Universidad Islámica de La Sorbona. La única forma de proseguir su carrera en la nueva Francia es él mismo convirtiéndose al islam, como se exige para todos los altos cargos públicos. La propia palabra "islam" significa "sumisión", sumisión total de la mujer al hombre, y del hombre a Alá. Si François acepta someterse o no lo dejaré en puntos suspensivos para invitar a los lectores de Chile Liberal. 

Permea cada hoja de la novela la pesadumbre, la melancolía, la miseria moral, la tragedia inminente, pero asumida con estoicismo. La tristeza y la desesperanza es la tónica. Mucho de Michel Houellebecq hay en François, y mucho también en Michel, el personaje central de Plataforma, novela favorita de Chile Liberal. El Michel de Plataforma es un turista sexual que viaja a Tailandia para contratar prostitutas, mayores de edad o no poco importa. Michel es el estereotipo del hombre occidental acabado. Pero descubre el amor en Valérie, una mujer que lo trae a la vida. Prosiguen su relación en París donde Michel parece aspirar a la felicidad, hasta parece capaz de enamorarse. El lector se compadece de él y se alegra. **Ahora viene un spoiler, pueden dejar de leer este párrafo y saltar al siguiente** Pero en un atentado perpetrado por terroristas islámicos Valérie es brutalmente asesinada. La novela abruptamente llega a su fin. Michel es destruido por completo, y acaba sus días escribiendo libros, confinado en su tristeza, ahogado en alcohol. 

Michel Houellebecq es un tipo complejo, huraño, y como podemos imaginarnos tiene muy pocos amigos. Hay veces que la vida imita al arte. Uno de los pocos amigos de Houellebecq es Bernard Maris, un reconocido economista, comentarista radial y columnista, autor del libro Houellebecq Économiste. Bernard Maris era conocido por ser uno de los columnista más brillantes de Charlie Hebdo. 

Y sí amigos lectores. Bernard Maris fue asesinado vilmente por los terroristas islámicos el pasado 7 de enero, día del lanzamiento de Soumission. Devastado, Michel Houellebecq anunció la anulación de toda actividad promocional de su libro y se encuentra recluido en algún lugar de Francia bajo protección policial. No obstante ha hecho una aparición pública en Alemania donde fue recibido triunfalmente. Cuando la vida imita al arte, lo hace con una brutalidad apabullante.
Houellebecq era portada de Charlie Hebdo el día del atentado terrorista

domingo, 11 de enero de 2015

Charlie Hebdo: La batalla continúa

Con mi mujer y una pareja de amigos asistimos hoy a la marcha ciudadana convocada para repudiar el atentado de París, y en apoyo a la causa de la libertad de expresión, lo que nos ha servido a todos como catarsis. Me entero en las noticias de France 2 que es la mayor manifestación realizada en la historia del país. A pesar del dolor, es reconfortante saber que somos decenas de millones los que no nos dejaremos amedrentar. Las palabras y las caricaturas no pudieron contra las Kalashnikov, pero la barbarie jamás prevalecerá por sobre los valores de una sociedad civilizada. Esta semana los malos ganaron una batalla, pero la guerra la perderán.

Como era predecible, los fanáticos se han marginado de la marcha, y a diferencia de nosotros, que salimos a manifestarnos para decir fuerte y claro JE SUIS CHARLIE, no faltan lo que se niegan a ser Charlie. Jean-Marie Le Pen, fundador del odioso Frente Nacional, fue enfático en declarar que él no es Charlie. Otros, como el clérigo Anjem Choudary, se han incluso referido en términos ditirámbicos a la memoria de los criminales y asegura que son mártires, además llama a atacar más países. Estos sujetos son tan repugnantes que ni siquiera vale la pena perder tiempo con ellos. (Aquellos que en Twitter se regocijan con el atentado usando el hashtag #JeSuisKouachi merecen no la burla, sino una visita de los servicios policiales, y una deportación o, en su defecto, cárcel.)

Lo preocupante es que algunos, de aspecto moderado, comparten exactamente la misma línea. Voy a dar dos ejemplos. Uno es Tariq Ramadan, catedrático de Oxford de origen suizo, habitué en The Guardian, un periódico socialista británico. El otro, Joaquín García Huidobro, columnista de El Mercurio, un periódico ultraconservador chileno. Ambos en primera instancia condenado de la manera más enérgica el atentado, pero...  

Ambos personajes, en todo caso, no están en la misma categoría de necedad. El suizo, descendiente de egipcios, es nieto del fundador de los Hermanos Musulmanes, una organización criminal. Muchos de sus familiares forman parte de esa cofradía. Este señor helvético radicado en el Reino Unido es un contorsionista de la argumentación, y ha logrado consolidarse como columnista faro en The Guardian. En su columna comprobamos su rechazo en apariencia taxativo, aunque luego da paso, entre vericuetos semánticos y alambicadas cláusulas subordinadas adversativas, a una contextualización que acaba por ser casi un acto de reproche a los caricaturistas. Lo mismo hace su par chileno, quien nada tiene que ver con los Hermanos Musulmanes, pero simpatiza con la versión católica de los integristas islámicos. Ramadan aclara además que él no es Charlie, Je ne suis pas Charlie, con lo que el insigne líder del islam supuestamente moderado demuestra estar al final en la misma frecuencia que Jean-Marie Le Pen.

García-Huidobro en su columna de hoy (normalmente pasa desapercibido bajo los artículos de Carlos Peña), condena el ataque también de manera preclara, aunque va seguida de un "pero". Y usa una desafortunada analogía: el equipo de Charlie Hebdo es comparable a un turista que imprudentemente se acerca a un cocodrilo. La democracia ⎯declara⎯ nada pierde sin las sátiras del semanario galo. O sea en el fondo Cabu y compañía fueron tontos. Y en algo coincide plenamente con Tariq Ramadan: Charlie Hebdo se burlaba de los musulmanes.

El suizo opina desde su intento por rehabilitar el integrismo musulmán. El chileno, desde la ignorancia y la estupidez, y lo entiendo: debe ser difícil opinar de una realidad que se desconoce. Por asociación con el catolicismo más la manifiesta deficiencia en comprensión de lectura de la prensa extranjera, García Huidobro llega a la insensatez de afirmar que Charlie Hebdo se burla del pobre marroquí que es barrendero de las calles de París. Esto exige ser refutado.

Charlie Hebdo es ante todo un medio satírico, iconoclasta, de carácter no sarcástico sino derechamente escatológico. ¿Por qué se dedican a aquello? Existe una centenaria tradición anticlerical e iconoclasta francesa. La République nació a partir de una violenta revolución que desestabilizó la monarquía y su Antiguo Régimen, y en el imaginario galo los valores republicanos sólo sobrevivirán si ese candor revolucionario continúa en perpetua ebullición. Por eso Francia vive con huelgas y paralizaciones, y por ende, con tantos periódicos satíricos y autores insolentes. 

La sátira es bienvenida y además deseable bajo ciertas situaciones. Primero, debe ir dirigida contra los poderosos, jamás contra los oprimidos. Por eso consideramos repugnante burlarnos de la esclavitud o del Holocausto. Segundo, la sátira es inaceptable cuando descarga sus burlas contra personas o individuos que no tiene capacidad de defenderse. Tercero, la sátira ataca aquello que se expone a la burla por ser de naturaleza inherentemente irrisoria, como por ejemplo, ritos místicos o creencias eternas. Cuarto, aquello que se ataca con la burla debe ser intrínsecamente odioso, como por ejemplo, el fundamentalismo musulmán. Quinto, nadie debe estar obligado a compartirla o verse importunado por ella, y al ser Charlie Hebdo un medio al cual nadie estaba obligado a comprar, no vemos gran inconveniente.

Además es importante destacar que es susceptible de ser ridiculizado todo aquello que sea decisión u opción personal. Ser hincha de la U, o vegetariano, miembro de Greenpeace, pinochetista, católico, etc, todo aquello es una condición adquirida producto de una elección individual. Chistes o mofas a aquellos son parte integral de una sociedad libre. Burlarse de un chino, un mapuche, un inválido, un argentino, etc, es de bastante mal gusto porque nadie elige su raza, ni nacionalidad, u otra condición que no sea producto de una opción.

Otra cosa es además deliberadamente usar la libertad de expresión para incitar al odio o llamar a la violencia. Estamos todos de acuerdo que en estos casos ya entramos al terreno de lo abominable.

Ser musulmán, como ser religioso en general, es una decisión personal. Nadie nace musulmán, cada cual adopta una religión u otra, o ninguna. Como cualquier ideología, el islam dedica enormes recursos en predicar y expandir sus creencias, con lo cual sola se expone naturalmente a la sátira y cualquier mofa es legítima. García-Huidobro estúpidamente cree que Charlie Hebdo humilla al pobre barrendero magrebí. ¡Falso! El barrendero de seguro, lo digo porque me consta, considera a los imames fanáticos o los clérigos radicales estúpidos, tal como los consideraba el desaparecido caricatursta Cabu y compañía. Del mismo modo que un barrendero chileno considera que los curas pedófilos son unos desgraciados, y una portada satírica del The Clinic contra Karadima jamás ofendería a un católico sensato. Charlie Hebdo en su infinita irreverencia no tiene como objetivo incentivar el odio ni la estigmatización. Su objetivo ha sido ridiculizar a los fanáticos. Y lo logró con brillantez. El barrendero marroquí de García-Huidobro no tiene nada en común con el clérigo que llama al Jihad en todo el mundo y que busca imponer la ley sharia. Insultar a uno no implica insultar al otro.

Charlie Hebdo satirizó una y mil veces a lo más brutal del fanatismo. Lo hizo con valentía y nobleza. Lo hizo a pesar de las constantes amenazas, los ataques incendiarios, lo hizo sin auspiciadores, lo hizo con columnas, con dibujos, con medios intangibles pero potentes. Su objetivo final fue, como lo declaró Charb, uno de los más prominentes de los asesinados caricaturistas, continuar satirizando el islam hasta banalizarlo. Dejarse amedrentar ante una religión sería abrir paso a una ideología intocable y abrirle el camino a la instalación de la ley sharia o cualquier ley que no sea producto de la deliberación sino impuesta desde textos místicos, lo que es inaceptable en un país civilizado. Los otros no aguantaron y en su maldad supina debieron recurrir a las Kalashnikov para silenciar a los que sólo usan un lápiz. Si García-Huidobro no encuentra que eso es valentía, entonces sería bueno que aclarara si alguna vez él ha sido amenazado por sus columnas y si sería capaz de continuar escribiéndolas. 

Tariq Ramadan recurre a la misma falacia. Hacernos creer que Charlie Hebdo ridiculizaba y ofendía al pequeño musulmán. Lo hace también desde un periódico mainstream. Recurren a esta triquiñuela para desviarse del quid de la cuestión: la obligación moral de cualquier ciudadano de confrontar a los fanáticos. Ramadan y García-Huidobro nos dicen "triste lo que pasó, pero se lo buscaron". Subrepticiamente, justifican el atentado. De haber cerrado el semanario luego de las amenazas, como sugiere el columnista chileno, sería una claudicación. No, ellos no fueron imprudentes. Fueron de una valentía pocas veces vista.

Estoy perplejo y horrorizado
Quiero además aprovechar este espacio para manifestar una cosa. Ciertamente hay centenares, miles de personas que mueren en trágicas circunstancias, particularmente en países musulmanes (Ramadan usa esto además para relativizar el impacto que causó el atentado de París). En los medios apenas nos enteramos de estas tragedias, a diferencia de lo que ocurrió en París, pero quiero ahondar en la razón de esto.

El equipo de Charlie Hebdo realizaba su reunión de trabajo habitual de los miércoles. Estos tipos son todos conocidos por ser "buenos p'al hueveo", como decimos en buen chileno. Como cualquiera de nosotros, como tú o como yo, estaban el miércoles en la mañana en su sala de reunión, trabajando arduamente pero con jovialidad. Como cualquiera de nosotros tenían una bendeja con croissants y pasteles, hacían su trabajo y vivían de su vocación como tú y yo. Tenían tazones de café como cualquier profesional. Irrumpieron los salvajes, y casi como en Terminator, uno de los criminales entra a la sala de reunión y pregunta: ¿Cabú? Lo identifica, y abre fuego. Lo mata instantáneamente, y siguen acribillando al resto. La masacre ha dejado perpleja a Francia y a todos porque de algún modo, nos sentimos como ellos. Nos ponemos en esa misma situación y sabemos que pudimos ser tú o yo, así como cualquiera de los que trabajaba en las Torres Gemelas pudo ser tú o yo.

El horror que me provoca esta matanza artera es infinito. No puedo concebir que haya gente que así todo no logre condenar este acto barbárico y cobarde en términos categóricos, sin "peros". 

No es mi intención exacerbar el morbo ni shockear gratuitamente a los lectores de Chile Liberal, a quienes respeto y agradezco sus visitas, y pido perdón si las siguientes imágenes son ofensivas o hieren su sensibilidad, pero sólo los invito por un momento a ver las siguientes imágenes, primero del equipo de Charlie Hebdo un día de trabajo cualquiera, y luego vean como quedó la oficina. Las fotos son de Le Monde, que me parece un diario centrado y lúcido, no creo que sean trucadas. Me van a disculpar pero creo que es necesario mostrarlas para entender le magnitud de esta masacre.



jueves, 8 de enero de 2015

Je Suis Charlie

Ayer en París un grupo de salvajes irrumpió en las oficinas de Charlie Hebdo, un irreverente y satírico periódico, y acribilló a 12 personas, incluido el director y los más prominentes caricaturistas de dicho medio. ¿Cuál fue el motivo para esta barbarie? Haber publicado imágenes burlescas y escatológicas del profeta Mahoma. Ya hablamos en el post anterior del aniconismo.

La consternación, la pena, la rabia, el desconsuelo, la indignación, la solidaridad, la impotencia, todo se ha mezclado. Todo, excepto el miedo.

Sí, porque no nos dejaremos intimidar. La gente, incluido quien escribe, ha salido espontáneamente a las calles para manifestar su pésame y por sobre todo para expresar el compromiso irrestricto de nuestra civilización con uno de nuestros más preciados valores: la libertad de expresión. La libertad de expresar aquello que incomoda ⎯ incluso aquello que no debe decirse. En una sociedad libre nadie es intocable ni nadie debe escapar a la sátira. 

¿Se buscó los problemas el equipo de Charlie Hebdo? No. La sátira y la burla son parte esencial de toda sociedad sana. Es el precio a pagar por disfrutar de los beneficios de la libertad de expresión. Ninguna creencia puede responder con balas ante las palabras o las imágenes. A no ser que dicha creencia sea de naturaleza tan inherentemente soez que justifique una masacre. 

El sábado se anuncia una jornada nacional de movilización, silenciosa como la de ayer y hoy, para nuevamente repudiar este crimen abominable, inexcusable, e injustificable. E incomprensible. Volveremos a salir a marchar para que todo el mundo sepa que tú y yo somos Charlie, y que las balas criminales no lograrán silenciarnos jamás.


viernes, 18 de octubre de 2013

Affaire Leonarda: Conmoción en Francia


La expulsión de la adolescente Leonarda (15), de origen gitano, ha causado una crisis en el gobierno socialista, ha dejado a la sociedad francesa en shock y ha generado una oleada de manifestaciones callejeras por parte de estudiantes

La expulsión de gitanos es un tema gravísimo. Por un lado, en un país donde el partido fascista Frente Nacional aumenta su votación, vuelven como zombies los peores fantasmas que aterran a Europa: la deportación masiva de gente que acabó con los campos de exterminio nazi. Por otro lado, tenemos la pauperización de la población de origen gitano que sin educación no tiene posibilidad alguna de insertarse al mercado laboral. Hay que hacer algo, pero, ¿qué exactamente?

La mayoría de los parisinos vive este problema de primera mano porque se ven acosados por los gitanos que, en el mejor de los casos mendigan por las calles, en el peor, se dedican al crimen. 

No obstante, Francia es un país que tiene una larga trayectoria democrática, es una nación que ha estado a la vanguardia del pensamiento y que fue la tierra de las Luces. A la nación heredera de los próceres de 1789, tierra de los derechos del hombre por antonomasia, se le exige una solución humana, ajustada a derecho y a su tradición valórica. No por estar sumida en una horrible crisis económica ahora vamos a olvidar los pilares fundacionales de esta nación.

Francia ha hecho muchísimo por acoger a los Romani, una de las principales etnias gitanas. Camiones especialmente acondicionados como salas de clases llegan a los campamentos, se registra a los niños y se hace seguimiento de su progreso educacional. La idea misma de la educación republicana francesa consiste en que la escuela sea el instrumento de integración. Noten que en Francia es ilegal el negarse a enviar a los niños a la escuela (obligatoria desde los 3 años). La educación universal de hecho es una de las más grandes herencias de Francia al mundo.

La cuestión es muy clara: el que quiera vivir en Francia debe respetar la ley. La ley exige enviar a los niños a la escuela para que sean letrados y adquieran habilidades numéricas, con esto lograrán convertirse en ciudadanos y podrán ganarse la vida dignamente. Los padres que se nieguen a enviar sus hijos a la escuela debe ser expulsados, y sus hijos junto a ellos, porque sería inaceptable separar familias. Así de tajantes. El que no quiera integrarse, el que no desee adoptar los valores franceses, no tiene cabida en el país. Expúlsenlos. 

No obstante, sí tienen cabida los que deseen integrarse. ¿Llegaron ilegalmente? Pues eso es una falta, no un crimen. Una multa es necesaria, luego habrá que regularizar su situación. Pero no merecen la expulsión salvaje y masiva que está llevando a cabo el gobierno socialista de François Hollande.

Las tensiones étnicas han sido desde hace varios años un polvorín y la mediática expulsión de Leonarda ha sido la chispa que lo hizo detonar. Miles de jóvenes parisinos en estos momentos salen por segundo día consecutivo espontáneamente a protestar ante estas arbitrariedades y para exigir el retorno a Francia de Leonarda. Chile Liberal se une a ellos y exigimos que la joven Leonarda vuelva al país, retome su educación y pueda optar a la residencia legal.

Este incidente no menor ha puesto de cabeza a toda la prensa, y ha sido cubierta por El País y CNN Chile. Invitamos a conocer los detalles.

La deportación de Leonarda causa polémica en Francia

martes, 8 de octubre de 2013

Economicidio a la francesa

El sindicalismo es el enemigo número uno de la innovación, la productividad, la inversión, e incluso de los intereses de los propios trabajadores



Francia cuenta con industrias de prestigio tales como su perfumería, siendo las fragancias francesas las más renombradas y reconocibles del planeta. El país además recibe anualmente más de 60 millones de turistas convirtiéndolo en el destino turístico número uno a nivel mundial. Visita obligada de todos los visitantes es la capital, París. En la Ciudad Luz, los millones de viajeros no pueden dejar de conocer su avenida más famosa, los Campos Elíseos. 

No es de extrañarse que la más grande cadena francesa de perfumes, Sephora, haya instalado su tienda más emblemática en los Champs Elysées, para delicia de sus clientes locales e internacionales, y también de sus accionistas. 

Un tema menos glamoroso es el desempleo francés, que ha llegado a un récord histórico que ya supera el 11%. Dentro de las medidas necesarias para paliar la endémica cesantía los franceses deberían sacar provecho de sus productos de impresionante valor agregado vendiendo cada vez más perfumes a los millones de turistas que pasean por “la avenida más bella del mundo”. Excepto un detalle: la más poderosa agrupación sindical llevó a tribunales a Sephora para denunciar sus largas jornadas de abertura. 

"Numerosos empleados de Sephora decepcionados
 por la prohibición de abrir de noche"
La justicia ha ordenado que Sephora —la perfumería más reconocible del mundo en la capital del país de los perfumes—, cierre sus puertas a las 21 hrs y venda menos. El 20% de sus ventas esta tienda las realiza después de las 21 hrs. Francia, también reconocida por su producción literaria, ha dado al mundo grandes novelas fantásticas, como por ejemplo las narraciones de Jules Verne. Pero la realidad supera cualquiera de las ficciones más alocadas de Verne cuando los propios trabajadores de Sephora organizan una manifestación tanto fuera de la tienda como en los tribunales, para denunciar la intromisión de la poderosa CGT, la multisindical culpable del cierre nocturno de Sephora. Los trabajadores ahora se exponen a una pérdida del 30% de su ingreso mensual ya que los patrones sindicales quieren que los empleados trabajen menos.

Prohibido el DIY los domingos
La trifulca entre los trabajadores de Sephora y las cúpulas sindicales escaló aún más cuando los empleados de Leroy Merlin y Castorama, dos grandes cadenas de bricolaje (equivalentes al Easy y Sodimac), decidieron organizar su propia revuelta contra el Soviet Supremo sindical y portando camisetas con la consigna “Yes Weekend” —parodia de Yes We Can— exigieron que sus empleadores abrieran los domingos.

Sí, en Francia gran parte del comercio cierra los domingos gracias a las luchas en las calles y las reivindicaciones del pueblo unido que jamás será vencido. Una insensatez como pocas. “Conquista social” le llaman a esta estupidez.

En plena crisis económica, con pérdida del poder de compra, aumento de impuestos y menos comercio, los trabajadores galos buscan trabajar los domingos para lograr la odisea de llegar a fin de mes. Los gerentes de estas cadenas anunciaron que desafiarían a la ley y al establishment sindical y que abrirían sus tiendas a pesar de la prohibición. 

¿Resultado? Los clientes hacían fila para ir a comprar los materiales que les permitieran enchular sus hogares. Con café y galletas los trabajadores recibían a los clientes, portando sus camisetas “Yes Weekend” y desplegando lienzos a favor de trabajar los domingos.  150 mil euros de multa le cursaron a los cochinos y explotadores empresarios cuyo gran pecado es vender materiales al público y crear fuentes de empleo. Malditos. Eso no corresponde. Debe multarse. Los gerentes y trabajadores calificaron como un éxito la jornada de movilización. Al día siguiente, una reunión de emergencia en Matignon, la casa de gobierno, fue el resultado de esta verdadero acto de desobediencia civil.

Cuando las mafias sindicales se ven amenazadas, golpean con todo. La respuesta no se hizo esperar. A los pocos días del fiasco de Sephora y de las cadenas de bricolaje, otra denuncia de los mandamases sindicales logró que los supermercados Monoprix cerrasen a las 9 de la noche. Nuevamente, los trabajadores ven mermadas sus horas laborales, disminuyen sus ingresos, con todo lo que eso implica. “En Monoprix ganamos las elecciones”, arguyó un mandamás sindical. Los trabajadores ni siquiera recuerdan haber votado por esos sujetos, menos aún han aprobado el cierre los domingos. 

Todas estas tonterías sólo son posibles en un país donde el sindicalismo es una fuerza paralela que eclipsa incluso a las autoridades elegidas. Es letal que gobiernen grupos paralelos: es antidemocrático. 

En Francia —como en cualquier otro país— desregulaciones, liberalizaciones y reformas estructurales permitirían mejorar la productividad y mitigar el altísimo desempleo. Los fiascos de Sephora, Leroy Merlin-Castorama y Monoprix son crímenes de lesa economía. Podemos llamarles “economicidio”.

La situación es acuciante pero el sindicalismo está dispuesto a poner al país de rodillas con tal de imponer sus retorcidos términos para así anteponer sus intereses a los de los trabajadores, y de paso, roncar fuerte para mostrar que el poder lo tienen ellos, los reivindicadores sociales, y no los empresarios, que son unos cochinos, ni menos los trabajadores, que son unos idiotas que prefieren trabajar en vez de exigir derechos, lo que es mucho más fácil, y digno de un verdadero proletario. 

Es triste ver Francia con un desempleo de dos dígitos porque es, además, completamente evitable. Es imposible encontrar un puto taxi porque es tal la regulación de los taxistas que al final son un cartel: cualquier intento de reforma y paralizan las calles, aeropuertos y carreteras. Imposible encontrar un gásfiter. Imposible encontrar alguien que te pasee el perro o te pinte el departamento. El código del trabajo francés es un mamotreto que pesa 3 kg, contiene más de 10 mil complejas regulaciones que nadie, salvo un abogado especializado, es capaz de comprender. A esto, los pelotudos también le llaman “conquista social”. 

Mientras tanto, millones de personas de baja calificación no encuentran trabajo. Es completamente estúpido. Pero el culpable número uno es la obstinación de los sindicatos y su manía por hacer demostraciones de fuerza. “Nosotros queremos comprar y ellos necesitan trabajar”, es el comentario que hace todo el mundo en estos días. ¿Quién se interpone entre quienes quieren hacer sus compras y quienes quieren trabajar? Quién más sino los mandamases de los sindicatos.

Destrúyanlos
Sarkozy prometió enfrentar de una vez y para siempre a los sindicalistas, pero no pudo. Hollande ni siquiera lo ha intentado, y cómo iba a hacerlo, si incluso han cometido otro economicidio: cobrar impuestos por las horas extras trabajadas. 

El sindicalismo es a la economía como el virus del VIH al sistema inmune: un descuido y ataca, dejando vulnerable al sistema inmune para que se declare el SIDA. En el Reino Unido, sólo la férrea Margaret Thatcher logró romper al sindicalismo para siempre. En Francia, aún pena tener una Dama de Hierro que barra con esta epidemia. 

En el colmo de la insensatez, en Chile gente como Marco Enríquez-Ominami propone la letal “sindicalización automática” (el infame closed shop, como se conoce en inglés) entre otros disparates. Es deber de Chile Liberal advertirle a sus lectores que muy bien hacen en no escatimar recursos en la lucha contra el sindicalismo. El país entero lo agradecerá, pero ante todo, los trabajadores serán los primeros beneficiados.

"¡Trabajar el domingo es mi decisión!"

Addenda (9/10/2013): Anoche llegó el plazo final y la tienda Sephora debió cerrar a las 21 hrs. Claro que antes de cerrar las puertas los trabajadores organizaron un acto de protesta bastante festivo y que apareció en los principales noticieros. A continuación pueden ver un breve video con la manifestación y las declaraciones de los trabajadores

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Siria: las razones para una intervención militar

El siguiente post es una colaboración de Chile Liberal con el sitio Ciudad Liberal, donde fue publicado originalmente. Lo colgamos aquí para su difusión con nuestros distinguidos lectores.


Las fuerzas democráticas de occidente no deben permanecer impasibles ante el masivo asesinato de civiles con armas químicas


Tratar de entender el actual conflicto en Siria es de una complejidad similar a entender los personajes y la trama de Cien años de soledad. Estudiemos fríamente los hechos y analicemos sus componentes para demostrar que a fin de cuentas la situación es menos complicada de lo que parece, esto nos permitirá explicar nuestra tesis: Francia, con o sin EEUU y el Reino Unido, debe atacar las instalaciones militares sirias para castigar el ataque químico a civiles perpetrado en agosto por orden de Bashar Assad.

El problema para nosotros los chilenos, y para los analistas del país, es que nuestra nación tiene apenas 200 años. Es inconmensurable la complejidad de naciones que se han forjado desde el origen mismo de la civilización, como lo es Siria.

La capital de ese país es Damasco. Ya conocemos esta ciudad desde que Pablo de Tarso, según la mitología crística, tuvo una visión del gurú cristiano mientras iba camino de Damasco. Baste recordar que aún persisten en aquel país hablantes de arameo, lengua nativa de Jesús de Nazaret —si es que existió—, para apreciar la dificultad en comprender cabalmente el conflicto.

Remontémonos a los orígenes de la primera civilización, Mesopotamia. Como sabemos, los judíos no estaban tan perdidos cuando situaban, mediante el Génesis (un texto místico abrahámico), el paraíso entre los ríos Eufrates y Tigris. Esa es una tierra fértil, cálida, que bajo el embrujo de Babilonia (donde sí se erigió la famosa torre) vio florecer los primeros humanos que emplearon el arado, la irrigación, la escritura cuneiforme, la literatura, los cultos religiosos organizados, etcétera. La Epopeya de Gilgamesh, —la narración escrita más antigua del mundo—, relata un devastador diluvio que no es sino el antecedente del Diluvio del Génesis (la Biblia a fin de cuentas es una mala copia tardía de la mitologías mesopotámicas). Descubierta la obra en 1872 fue traducida por el asiriólogo británico George Smith. ¿Por qué mencionamos esto? Porque es en el imperio de Asiria, que alcanza las tierras mesopotámicas y culturas mespotámicas, donde se gesta la historia de este país, que cuatro milenios más tarde caería bajo los imperios británico y francés pasando por la dominación asiria, babilónica, egipcia, fenicia, romana, bizantina,  otomana (turca) y finalmente francesa. Estamos en un territorio que desde siempre ha sido disputado.

En 1916, británicos y franceses firmaron el Acuerdo Sykes-Picot con el que elegantemente se repartieron el medio oriente tirando líneas en mapas trazados entre el Foreign Office y el Ministère des Affaires étrangèrs, en función de sus intereses económicos y la viabilidad de extraer recursos naturales, con total desprecio por las rivalidades religiosas y étnicas de los habitantes de la región, dejando bajo unas administraciones comunes a bandas irreconciliables.

Las guerras mundiales harían colapsar las potencias imperialistas y estos países ganarían su independencia. En 1946, un año después del fin de la II Guerra Mundial, Siria obtiene su independencia de Francia. A partir de entonces todo sería lindo: libertad, progreso, fraternidad, independencia. Eso es en teoría. Lo concreto es que después de milenios de ocupación extranjera, el conflicto actual demuestra que estas naciones dejadas a su propia merced son capaces de las peores matanzas.

Como deducirán, desde su emancipación en 1946 Siria conoció innumerables golpes de Estado y caudillismos. En 1957, se pliegan al Egipto del carismtático y controversial Gamal Abdel Nasser para colaborar en la Crisis del Canal de Suez. Otro golpe de Estado vería el surgimiento de Hafez Assad, padre del actual mandatario, Bashar Assad. Nasser, de inspiración pan-arabista y socialista, quiso formar una clase media para lo que decretó una reforma agraria, y nacionalizó las industrias extranjeras, lo que gatilló la crisis de Suez, en que Francia (con la complicidad del Reino Unido) desestabilizó la región para reconquistar sus inversiones. Famosamente, Nasser invitaría al Che Guevara a su país y lo nombraría el "gran libertador de los oprimidos". Unidos Egipto y Siria, encontrarían en la Unión Soviética un gran aliado, cuestión que hasta hoy perdura en la alianza de Bashar Assad con Vladimir Putin.

Pero el hecho que golpeó profundamente al país, y a todo el mundo árabe, fue un incidente anterior. Por supuesto nos referimos a la espectacular derrota del mundo árabe en 1967 ante Israel en la llamada Guerra de los seis días. El territorio conocido como Alturas del Golán fue la porción que debió ceder Siria a Israel. En 1970, luego del Septiembre Negro  —una guerra civil en Jordania—, tomaría el poder Hafez Assad. Lo que nos concierne en estos momentos es básicamente entender los hechos desde la guerra con Israel y la irrupción de Hafez Assad, quien finalmenente entregaría el poder a su hijo Bashar el año 2000.

Las piezas de este complicado tablero
En Siria es tal la chancaca que debemos necesariamente empezar por identificar a todos los participantes. Tenemos en primer lugar a los musulmanes sunitas, la variante ortodoxa de esta religión, a la vez la predominante y la más belicosa. Luego, los musulmanes chíitas, que dominan en Irán. Los alawitas, una secta sunita casi desconocida que cuenta adeptos en Siria, principalmente la familia gobernante, los Assad. Tenemos a Hizbolá, una organización terrorista chíita basada en el Líbano, financiada y apoyada por Irán —chíita también—, que ha estrechado lazos con Bashar Assad. Los baathistas, una ideología socialista, más bien secularista, cuyo sustrato ideológico consiste en unir a todos los árabes en una gran república socialista, entre sus militantes encontramos luminarias como Saddam Hussein y por supuesto los Assad. No olvidemos a los kurdos, una etnia repartida entre Siria, Irán, Irak y Turquía, de variadas religiones, y también cristianos (ortodoxos), básicamente concentrados en la ciudad nortina de Aleppo.

Como si fuese poco, también notamos elementos externos. Los salafistas, una secta demencial (dentro de una religión desquiciada, o sea noten eso) predominante en las riquísimas Arabia Saudita (aliado de EEUU) y el emirato de Qatar (sede del mundial de fútbol 2022). Estos dos han forjado una alianza, aunque reinan las suspicacias, con los Hermanos Musulmanes, de fuerte presencia entre los precursores de la Primavera Árabe, Túnez, Libia y Egipto. En este último los Hermanos fueron recientemente derrocados en un golpe de Estado. 

Añadamos a esta explosiva mezcla a los al-Nusra, jihadistas sirios seguidores de al-Qaeda, quienes hacen a todos los anteriores parecerse a Mahatma Gandhi en su pacifismo y no-violencia.

Las facciones anteriores todas se desprecian entre ellos y se matan, lo que no impide las alianzas estratégicas por conveniencia. No obstante, un factor los aglutina: su odio declarado e irrefrenable a Israel, y su aliado El Gran Satán (Estados Unidos). Mención aparte merece Turquía, antigua potencia imperialista local cuyo secularismo y pertenencia a la OTAN los convierte prácticamente en un enemigo común (excepto cuando estallan disputas con Israel).

La Primavera Árabe vio levantamientos civiles en todos estos países contra los autócratas que los gobernaban, todos secularistas. En Libia, franceses e ingleses se unieron para defender a los civiles de los ataques de Gadafi, ajusticiado en una revuelta popular. Túnez cayó ante el dominio de los Hermanos Musulmanes, al igual que en Egipto, donde vimos a Mohamed Morsi sucumbir ante "la presión de la calle", que dio paso a una Junta Militar. Hasta ese momento, gracias a los Hermanos, Egipto recibía más dinero desde Arabia Saudita que de Occidente.

En Siria también arribó la Primavera Árabe y sus consabidas oleadas de manifestaciones, que empezaron en el sur. Bashar Assad hasta entonces había mostrado cierta abertura. Educado en Londres, habla un inglés razonable y entiende el francés, mostró un mínimo de apertura política y ofreció colaborar en la lucha con al-Qaeda (lo mismo hizo Gadafi). En una acto de estupidez inverosímil, fue invitado por Nicolás Sarkozy a presenciar el desfile militar en los Campos Elíseos, lo que le valió cierto prestigio. Pero Bashar no dudó en aplastar como el peor Augusto Pinochet a los "indignados" de la Primavera Árabe. La excusa para su brutalidad es que sólo él puede mantener lejos del poder a los jihadistas y simpatizantes de al-Qaeda, quienes emergerían como ganadores de los hechos luctuosos en Siria.

Pero en agosto de este año, el señor Bashar Assad, en su intento por aplastar a los indignados (que dieron paso a un completo despelote) sobrepasó todos los límites de lo tolerable al lanzar un ataque con gas sarín contra la población civil, que vimos en todo su horror en YouTube. Mujeres, niños, bebés, todos muertos. En la década 80 ya vimos ataques químicos en la guerra Irán-Iraq (chíitas versus sunitas), y por parte de Sadam Husseim contra los kurdos. Ahora vuelve el fantasma de estos ataques completamente asquerosos. E inaceptables.

Háganlo añicos
La mayoría del electorado occidental se muestra reacia a un ataque. A diferencia de Libia, donde se buscaba defender a los buenos (los rebeldes) contra los malos (Gaddafi y sus mercenarios), el escenario sirio es demasiado complejo, arguyen algunos. En Siria no son los buenos contra los buenos, sino los malos contra los malos. Déjenlos que se hagan pedazos entre ellos, pareciera ser la consigna.

Llegó la hora de tomar decisiones difíciles. Occidente debe decidir si está a favor de defender los principios universales de libertad y si está preparada para usar su superioridad técnológica y filosófica ante la tiranía que lanza gas sarín a su propio pueblo, o si está por limitarse a comentar los horrores que estallas en sus narices. 

Francia dijo estar lista para "castigar" el régimen de Bashar Assad. En un mariconeo impresentable, el Reino Unido retiró su apoyo. En EEUU, otro mariconcete, el presidente Obama, busca ser visado por el Congreso, sabiendo que esta no es una cuestión que necesite ser refrendada por políticos. Esto no es una declaración de guerra, sino una acción militar puntual.

Francia, que arrastra la culpa del desastre post-colonial, quedó sola, con los Rafale listos para despegar y los misiles Scalp a punto de ser disparados para arrasar con las instalaciones militares y gubernamentales de la tiranía siria.

Algunos temen las consecuencias de un ataque. Dicen que de recibir los primeros bombardeos, de inmediato Hizbolá, como represalia, lanzará rockets contra Israel. Estos últimos ya aseguraron que responderán de inmediato, tal como lo hicieron el 2006. Si esto ocurre, Irán, aliado de Hezbolá, y que probablemente cuenta con arsenal nuclear, podrá bombardear Israel, que sí cuenta con armas nucleares, e incluso Irán podría atacar Turquía, lo que gatillaría una respuesta de la OTAN. Los Hermanos Musulmanes, aliados con Qatar y Arabia Saudita (este último, aliado de EEUU), entrarían al conflicto, lo que agitaría Egipto aún más, y que incluso podría repercutir en Túnez y Libia. Sin olvidar que Siria extendió lazos con la Unión Soviética y aún los mantiene con la Rusia de Vladimir Putín, lo que podría instar a este último a involucrarse en el conflicto en su afán por denostar la hegemonía occidental.

En resumen, puede quedar la mansa cagada.

Los símiles entre este polvorín y los balcanes no son inexactos. No obstante, ya EEUU con Bill Clinton, y la OTAN, lograron defender a los kosovares, y los balcanes no estallaron como se temía. Hoy vemos que Croacia se une a la Unión Europea y el resto hace fila. El mismo argumento sirio se usó en aquella época y hoy todos reconocen que Kosovo fue un ejemplo de una intervención occidental exitosa.

Pero está claro que Bill Clinton —el mejor político del que tenemos memoria viva— no tiene parangón con el timorato Barack Obama. Por otro lado, Europa Occidental está sumida en una enorme crisis económica que ha dejado a los votantes con pocos profesores y menos enfermeras, ¿qué sentido tiene para ellos gastar plata en la guerra de "los malos contra los malos" y no en cuestiones apremiantes?

El sentido es sentar un precedente. El sentido es que de negarse a invadir, los tiranos creerán que pueden gasear civiles y salirse con la suya. Esto es inaceptable. Y pone en peligro los fundamentos mismos de las democracias liberales occidentales y la tarea inevitable de expandir estos principios por el mundo.

Persiste un peligro incluso mayor, que es pedir autorización por todo a los burócratas no elegidos de las Naciones Unidas. La ONU no puede convertirse en un gobierno mundial. Esto es algo que el Senado chileno no entiende, ya que negó una acción unilateral sin el visado de la ONU. Eso es inquietante. Si van a tener un gobierno mundial, hay que votar por ellos. Un gobierno mundial sería hacer realidad las peores profecías de George Orwell. Un gobierno mundial de burócratas no elegidos es tan letal como gasear civiles con gas sarín.

Francia debe atacar, unilateralmente si es necesario. Se dice que no tiene la potencia técnica, ni los soldados suficientes. Pues tendrá que hacer algo porque no hacer nada es incluso peor. Una unidad de comandos debiese luego ir a apresar a Bashar Assad y someterlo a un juicio internacional, que debiese terminar con el mismo resultado que otro político baathista que usó armas químicas, Saddam Hussein.