domingo, 22 de febrero de 2009

Artículo seleccionado: "¿Cómo hace Chile para crecer?" (Clarín, Argentina)

Siguiendo el artículo anterior del Financial Times, los radares de nuestro blog han detectado otro excelente artículo referido a la gestión económica de Chile. Esta vez, desde Clarín, Argentina, colgamos "¿Cómo hace Chile para crecer?", con el que completamos una segunda entrega de este mini-ciclo dedicado a Andrés Velasco.

Como verán, la gestión económica depende de la estabilidad política. La Concertación, a pesar de sus errores, ha cumplido en la primera más que en la segunda. No deja de ser alentadora la visión que nuestros hermanos y vecinos tienen de Chile.

Hay voces que ya se alzan a favor de una candidatura presidencial del ministro y profesor de Harvard. Entre ellos, se incluye Chile Liberal y amigos de este sitio.

Con la Concertación captando los principios de la economía de mercado, y con una asistencia social y gasto más bien moderados, además de una austera política fiscal, la Alianza queda en una incómoda posición ya que parece no tener mucho que aportar. Esperamos que el señor Piñera reaccione y proponga algo novedoso al electorado.

En un momento pareció que la sentencia "estamos blindados" de Velasco era una exageración. De hecho, es una exageración. No estamos blindados, pero nos preparamos lo mejor que pudimos para el vendaval. El ministro ha sido realista, disciplinado y pragmático, y ha enviado una señal de calma y confianza. Los políticos, en cambio, siguen de vacaciones. Mientras el paquete reactivador se lanzó en el momento oportuno, aún no se tramita la ley de subsidio a la contratación de jóvenes, entre otras urgentes medidas a corto plazo que el país necesita implantar.

Los jerarcas de la Concertación deben buscar una alternativa a la inaceptable repetida de plato de Frei Ruiz-Tagle, y presentar otro candidato a la alternativa concertacionista de José Antonio Gómez . ¿No es acaso Velasco una propuesta prometedora?




¿Cómo hace Chile para crecer?
(Destacados de Chile Liberal)

Ver original

Las exportaciones de Chile dependen sobre todo del cobre, cuyo precio internacional cayó más que el de la soja. Sin embargo, su economía tiene mejor pronóstico que la nuestra. En su superávit estructural y el fondo anticíclico está la clave.

Por: Luis Rappoport (Economista, Autor de "Intolerancia y transgrsión")



Los chilenos no están en el mejor de los mundos: el 60% del total de sus exportaciones son productos minerales y, principalmente, cobre. El precio de este mineral cayó desde los 4 dólares la libra durante buena parte del año pasado hasta menos de 1,5 dólares en estos días. Para colmo venían acostumbrados a precios altos porque ese mineral no baja de los 2,5 dólares desde el 2006.

Se diría que están peor que nosotros ya que, mientras la soja cayó un 40% respecto del pico del 2008, el cobre cayó más del 60% y Chile tienen un comercio menos diversificado que el nuestro. Sin embargo Chile va a seguir creciendo este año y nosotros, con suerte, podremos esperar un decoroso estancamiento.

Claro, Chile no está endeudado, no tiene que pagar el 6% de su producto bruto a acreedores externos y no tiene una inflación como la nuestra; por otra parte, puede endeudarse en el mercado internacional hasta que pase el chubasco. En esas condiciones, los chilenos pueden hacer políticas anticíclicas, mientras nosotros no.

Pero hay algo más. Ese algo más es lo que "realmente" le permitió a Chile estar menos endeudado y responder a la crisis internacional mejor que nosotros. Los chilenos hace 8 años definieron un criterio fiscal: el del "superávit estructural".

Todas las cuentas presupuestarias las hacen sobre la base de considerar el crecimiento económico y el precio del cobre de largo plazo. Si el país crece por encima del nivel de largo plazo y si el cobre tiene un precio alocadamente alto, el aumento de los impuestos que esos fenómenos producen no se gasta. Se acumula en dólares en el exterior para que no generen inflación ni retraso cambiario.

Si, como ahora, baja el precio del cobre y, como es de esperar, el país crecerá por debajo de su nivel de largo plazo, se recaudará menos pero se podrá recurrir a lo ahorrado para que un gasto mayor atenúe la caída de la actividad.

Algo más: para definir lo que sería el crecimiento chileno y el precio del cobre en el largo plazo, se recurre a académicos independientes del poder político. De esa forma se evita la tentación de exagerar esos valores con objetivos electoralistas.

Parece sencillo y aplicable en la Argentina. Pero no lo es, y no por motivos técnicos. Imaginemos nuestro país del primer semestre del 2008. La soja y el resto de nuestros productos de exportación estaban desde hacía rato bien por encima de un valor razonable de largo plazo y, en virtud de la falta de políticas contracíclicas desde fines del 2006, teníamos un exceso de gasto público y privado. La consecuencia, una inflación desbordada.

En ese contexto y con la soja acercándose a los 600 dólares la tonelada, el Gobierno y el sector agropecuario discutían la apropiación de una renta adicional que no existía: no era fruto del trabajo, era fruto de una circunstancia azarosa que inevitablemente iba a pasar.

Ya sea en manos del Gobierno o en manos de los productores esa renta hubiese producido nuevos desequilibrios y limitado la capacidad del país para responder a la inevitable caída posterior. Lo único indicado era la solución chilena.

Ningún gobierno en nuestro país buscó construir instituciones para la gestión de la macro economía como el "superavit estructural" chileno, por eso la Argentina es el país del mundo con mayor variabilidad en sus tasas de crecimiento (variabilidad que incluye increíbles retrocesos) y con las oscilaciones más bruscas en su tipo de cambio real. Esas oscilaciones reducen, en definitiva, el crecimiento de largo plazo y generan algunos ricos en un mar de pobreza.

Pero hay algo que inquieta más que esa incapacidad para la gestión pública. Es que, si algún gobierno quisiese constituir un fondo anticíclico con una institucionalidad como la chilena, posiblemente sería resistido por la población. Estaría planteada la sospecha sobre la administración de ese fondo, ya que se lo vería como una ocasión para la apropiación indebida de recursos públicos.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Artículo seleccionado: "Se dio vuelta el tablero", Financial Times

"He aquí vienen siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto. Y tras ellos seguirán siete años de hambre; y toda la abundancia será olvidada en la tierra de Egipto, y el hambre consumirá la tierra. "

"Y aquella abundancia no se echará de ver, a causa del hambre siguiente la cual será gravísima. Y el suceder el sueño a Faraón dos veces, significa que la cosa es firme de parte de Dios, y que Dios se apresura a hacerla. Por tanto, provéase ahora Faraón de un varón prudente y sabio, y póngalo sobre la tierra de Egipto. Haga esto Faraón, y ponga gobernadores sobre el país, y quinte la tierra de Egipto en los siete años de la abundancia. Y junten toda la provisión de estos buenos años que vienen, y recojan el trigo bajo la mano de Faraón para mantenimiento de las ciudades; y guárdenlo. Y esté aquella provisión en depósito para el país, para los siete años de hambre que habrá en la tierra de Egipto; y el país no perecerá de hambre."

Génesis 41:29-36

Nuestro blog tiene como tarea el difundir artículos de interés y recortes de prensa especialmente escogidos. A propósito del extraordinario desempeño del ministro Velasco, recordemos la época del alto precio del cobre, en el apogeo de Michelle Bachelet: estudiantes aleonados por sus profesores y sindicalistas desbocados exigieron gastarse los excedentes. Todos reclamaron un pedazo de la torta. Velasco hizo lo imposible y puso el dinero fuera de las garras del populacho... y cuando llegó la crisis ahora todos entendieron el valor de comprender el ciclo económico.

El siguiente artículo ha sido seleccionado y traducido por Chile liberal desde el Financial Times, publicación de cabecera de este sitio. Para ver la versión original (Tables turned: a lesson from Latin America for the west) hagan clic aquí, y para ver la versión colgada en nuestro proyecto paralelo hagan clic aquí.

Por cierto, un saludo a nuestro ministro de Hacienda en este momento durísimo (mensaje aparte: ¿Qué resulta más peligroso: una pistola o una piscina?)




Se dio vuelta el tablero: lecciones de América Latina a occidente
Por Philip Stephens
6 de febrero de 2009




Juguemos a identificarnos políticamente.

Empecemos por un país A. Se jacta de sus políticas de libre comercio que lo convierten en una de las economías más abiertas del mundo. Una sucesión de superávit fiscales ha esfumado su nivel de deuda. Cuenta con un sistema privado de pensiones y de cheques escolares que permiten a los más acomodados contribuir en las ayudas que entrega el estado. La responsabilidad fiscal se ha consagrado en sus leyes.

Ahora consideremos un país B, una economía emergente de similar tamaño. Se enorgullece de sus agresivas políticas de erradicación de la pobreza. La proporción de jóvenes en la educación universitaria se ha cuadruplicado. La salud pública ha conseguido enormes mejoras en las expectativas de vida. El estado garantiza un ingreso mínimo a los jubilados. Un banco de propiedad de los contribuyentes ayuda a mitigar los efectos de la contracción del crédito.

Para quienes conocen los principales puntos de referencia de la política en occidente, la división ideológica es obvia. El país A está gobernado por una coalición de centro-derecha: el conservadurismo fiscal, el libre comercio y las pensiones privadas lo delatan. Mientras que en el país B, el énfasis en educación, reducción de la pobreza y asistencia social son típicas del progresismo de izquierda.

Aquellos que han notado el extraordinario progreso económico y político de Chile desde su retorno a la democracia 20 años atrás saben que la cosa no es tan sencilla, porque resulta que el país A y el país B son el mismo: una historia de éxito en América Latina.

Me acordé de todo esto cuando Andrés Velasco, el ministro de Hacienda de Chile, visitó Europa hace algunos días. El señor Velasco es un miembro de lo que podríamos llamar “el jet set del progresismo”, la red de políticos de centro-izquierda que emergió a partir de la “tercera vía” concebida por Bill Clinton y Tony Blair. El año pasado Velasco pronunció un interesantísimo discurso en una conferencia de líderes progresistas organizada por Policy Network, cuyo anfitrión fue el primer ministro Gordon Brown. El próximo mes el encuentro se celebrará en Chile.

Con permiso administrativo de su cátedra en Harvard, el señor Velasco es un político progresista a cabalidad. Lo que lo diferencia del resto es que es al mismo tiempo un apóstol de las supuestas políticas económicas “de derechas”, mientras que se identifica con los valores sociales “de izquierdas”. Su posición me recuerda el mantra del Nuevo Partido Laborista que encumbró a Tony Blair al poder en Gran Bretaña el año 1997. Para que no lo olvidemos: Los señores Blair y Brown hicieron su campaña política prometiendo un matrimonio entre la eficiencia y la justicia social.

Aunque ha pasado desapercibido para gran parte el mundo, Chile ha hecho lo mismo que Gran Bretaña en 1997. Velasco tiene de su lado las estadísticas que lo corroboran. El crecimiento económico de Chile ha promediado el 5% desde que el país se liberó de la dictadura de Augusto Pinochet en 1990. Chile tiene dos fondos soberanos para invertir parte de sus excedentes de las exportaciones de cobre. Ha eliminado muchos aranceles. Sus bancos (siendo el banco estatal sólo el cuarto en tamaño) están bien administrados.

Cuando Pinochet finalmente abandonó el poder, el 40% de los chilenos vivía bajo de la línea de la pobreza. La proporción actual es de 12 a 13%. El número de jóvenes en la educación superior ha pasado del 10 al 40%.

Se puede decir que éste ha sido uno de los benignos legados de los años de Pinochet: una sucesión de gobiernos estables de centro-izquierda. Los políticos han tenido espacio para pensar más allá de las justas electorales. Han sido lo suficientemente inteligentes para mejorar—y no desmantelar—las políticas de libre mercado del régimen dictatorial, de modo que la inmensa mayoría cuenta con un fondo privado de pensiones, y el gobierno sólo proporciona una red de seguridad.

20 años atrás, dos quintos del gasto público de Chile se dedicada a pagar deudas. La cifra actual es 0. Hoy, el 70% del gasto público se destina a programas sociales.

Chile, por supuesto, cuenta con ventajas naturales, principalmente sus enormes reservas de cobre. Exporta una sorprendente cantidad de buenos vinos. La desigualdad ha caído lentamente a medida que los pobres empiezan a acercarse a la clase media profesional. Chile no es inmune a la crisis internacional: su economía ya se ha desacelerado.

El lado menos luminoso de la ya longeva coalición de gobierno, la Conertación, es que se ha entrampado en peleas internas y sufre de acusaciones de corrupción. La Alianza, de centro-derecha, tiene altas probabilidades de ganar la próxima elección presidencial. Algunos ven en esta alternancia en el poder un signo inequívoco de la madurez democrática de Chile.

Hay más lecciones de Chile para las grandes potencies de occidente. La más obvia, los políticos deben practicar lo que predican. Hace no mucho, EEUU y Europa daban lecciones a América Latina sobre excesos fiscales, desregulación de bancos y oscuros mercados financieros. En el caso de Chile, el tablero se dio vuelta. No saldrá ileso del shock global, pero su posición fiscal y su sistema financiero son robustos, y su transparencia así lo demuestra.

El primer ministro Brown debe sentir algo de vergüenza. Si se hubiese ceñido, como ministro de finanzas y primer ministro, a la prudencia prometida en 1997, Gran Bretaña no estaría hoy en el deplorable estado que se encuentra. El déficit anual de su presupuesto tampoco llegaría al 10% del ingreso nacional.

El principal mensaje, no obstante, es la forma en que Chile ha separado sus fines políticos de sus medios. No tiene nada de malo ser ideológico para actuar, ya sea con fe en la creencia conservadora en la libertad individual o en la visión progresista de que el estado debe proveer igualdad de oportunidades. Donde el añejo debate entre izquierda versus derecha se convierte en una pérdida de tiempo es cuando la ruta escogida se confunde con el destino elegido.

Chile ha evitado la trampa al combinar y conciliar gobierno con mercado, ortodoxia económica con intervención social. Esto mismo era lo que Gordon Brown se suponía iba a traer a la política británica durante los años 90. Hoy, el Nuevo Laborismo ha adquirido una imagen negativa. La economía se hunde pero Brown parece plantear la próxima elección como una agotada lucha entre su promesa de “invertir” en servicios públicos contra los planes de reducción de impuesto del Partido Conservador.

La verdad sea dicha, cuando pase la recesión, lo que tendrán en común los políticos británicos y la mayoría de sus pares europeos será un gigantesco déficit que los gobiernos habrán acumulado al tratar de evitar la depresión.

La recuperación económica traerá consigo un debate profundo sobre cómo los gobiernos buscarán modelar el capitalismo post-financiero. El peligro será el apresurarse a volver a las viejas trincheras de la izquierda y la derecha, con un bando promoviendo el resurgimiento del nacionalismo por un lado, y por el otro un grupo partidario de los gobiernos grandes.

En Chile, los politicos han preferido las políticas progresistas de corte pragmático. Ciertamente, una lección para todos nosotros.


philip.stephens@ft.com
Traducción de Chile Liberal, chileliberal@gmail.com. No reproducir sin citar la fuente
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