La iglesia de Roma nos insulta y nos provoca
Algunos pensaban que este señor Mario Bergoglo, o como se llame, era un sacerdote con un mínimo de apertura de espíritu o algo un poquito mejor que su antecesor, un teólogo alemán de cuyo nombre ya nadie recuerda (si murió, renunció, o lo echaron, tampoco me acuerdo). Se equivocaron. En una triste declaración sobre el terrible atentado en la sala de redacción del semanario satírico Charlie Hebdo, el director de la ONG llamada "iglesia Católica" enunció la siguiente advertencia:
No puedes provocar. No puedes insultar la fe de otros. No puedes burlarte de la fe
Esto, amigos lectores de Chile Liberal, es gravísimo. Este cura de pueblo pobre declara que él es intocable. Debemos reverenciar sus sandeces inverosímiles y guardar silencio ante nacimientos virginales inexistentes, resurrección de muertos, o redes de pedofilia. Impávidos y callados debemos aceptar sus prédicas a los cuatro vientos.
No contento con lo anterior, el cura de pueblo pobre llegó al paroxismo de lo inicuo con la segunda parte de su soflama:
Si el Dr. Gasbarri, mi gran amigo, dice algo contra mi madre, puede esperar un golpe. Es normal.
¿Es normal? Es decir, algo intangible como una burla, una sátira, con palabras o caricaturas, pasa de lo inmaterial a la violencia física. El cura de pueblo pobre lo justifica. En otras palabras, el cura hace una apología de la violencia con lo que finalmente justifica el acribillamiento de los genios de la sátira francesa. O sea, te digo algo, hago un dibujo, tu me pegas un puñete. Es normal. O te agarro a balazos. Vamos, dispara: el Papa te bendice.
Un poquito de enseñanzas crísticas
En este blog somos ateos y hemos sido un ícono de la lucha por un Chile laico de verdad y no la actual teocracia a medio morir saltando. Lo menos asombroso de las peroratas papales es su completa falta de sentido crístico. Lo digo porque si bien soy ateo no puedo ocultar mi formación protestante en cuya tradición se recomienda hurgar en las enseñanzas del carpintero judío, o de quienes inventaron su historia.
Las burlas o insultos hacia los cristianos es algo que ya abordaron los evangelistas. Lejos del amenazante puño crispado que ofrece el cura de pueblo pobre, en Mateo 5:11-12 Jesús, si es que existió, dice:
11 Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte (...). 12 Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo
Cuando leí el titular sobre las declaraciones del Papa respecto a Charlie Hebdo y la libertad de expresión, pensé que tratando de avanzar su ideología, el cura de pueblo pobre se desmarcaría de los "matices", de los "sí, pero" de algunos y que aprovecharía de hacer propaganda a su religión enviando un mensaje inequívoco de fraternidad, así como para ganar el "moral high ground" ante el islam, que es percibido como extremadamente violento. ¡Desde luego que no!. Los católicos, muy bien lo saben los protestantes, no saben ni pico sobre los evangelios. No por nada la Biblia era el primer libro prohibido en el Index Librorum Prohibitorum et Derogatorum (el mayor monumento católico-romano a la censura).
En el fondo, el Papa del Tercer Mundo sigue siendo tan Neanderthal como el teólogo alemán o el fascista polaco. Nunca tan pervertido como los decadentes medievales que el poeta Dante Alighieri en la Divina Comedia situó en el Infierno, aunque igualmente pedófilo. O sea, la iglesia Católica y sus puñetes siguen siendo business as usual.
Vemos hace unos días que la iglesia Anglicana nombra su primera mujer obispa. Ya tiene curas de alto rango que son gays asumidos. La iglesia de Roma tiene mucho que avanzar si quiere algún día tener un lugar, por pequeño que sea, en Europa, y no verse reducida a una asociación boxeril confinada a América latina o Filipinas, a donde iba el pugilístico Papa a celebrar un rito multitudinario ante una masa analfabeta. O quizás este Papa sea un regalo caído del cielo a todos quienes añoramos que la iglesia Católica continúe su inexorable colapso. Si es así, entonces ¡pega Francisco, pega!


