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miércoles, 25 de mayo de 2011

HidroAysén: La ilegitimidad de una decisión correcta

Las protestas continuarán y está bien que así sea. Pero también debe continuar la construcción de represas en Patagonia

Una de las muchas anomalías del ultrapresidencialismo chileno es la enorme cantidad de gente que el presidente debe nombrar. En un país institucionalizado éstas cosas no ocurren. Por ejemplo, en el Reino Unido el gobierno no designa más de 200 cargos. En Chile, el presidente nombra más de mil. Aquí radica el principal problema de HidroAuysén, y es la falta de representatividad que siente el electorado hacia la institucionalidad que aprobó el mentado proyecto. Como si fuese poco, la desconfianza hacia los sectores autoritarios instalados en el poder son el detonante que inflama la animosidad aún más.

La Comisión de Evaluación Ambiental fue el organismo encargado de dirimir si se procedía con HidroAysén o no. El problema es que dicha comisión está conformada por designaciones ligadas al gobierno central, por lo que difícilmente pudo haber una deliberación ecuánime y diversa, y peor aún, el propio ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, los conminó a votar a favor. Al menos es encomiable la honestidad del ministro de hacer pública su presión y no mediante intimidantes llamdas telefónicas a los funcionarios. Pero esto no es consuelo.

La gente saldrá en masa a protestar nuevamente, sumando otra fecha más de inquietantes demostraciones ciudadanas. Decimos "inquietante" porque la idea es que existan los cauces institucionales para plasmar el sentir ciudadano. Si éstos no existen, la única forma de darle verdadera legitimidad a la decisión es volcándose como gamberros a las calles. Ojalá no fuese así.

En realidad, oponerse a HidroAysén es, como en muchas cosas, una mera excusa para ventilar la impotencia que producen otras situaciones. Tristes episodios como la torpe destitución de una intendenta cuyo nombre ya no recuerdo, hasta conflictos de interés entre personeros de gobierno provenientes del mundo privado, han sido la bencina que ha inflamado la controversia por HidroAysén.

En el caso puntual de las represas en Patagonia, Piñera es el blanco de las descargas ciudadanas, porque, primero, en el ultrapresidencialismo cuasi-absolutista actual el presidente nombra a los que toman las decisiones y por tanto detrás de todo está él, y segundo, porque en lo pintoresco de nuestro país Piñera tiene el poder de tomar su Blackberry y llamar a unos dos o tres números de los inversionistas de este proyecto (a quien Piñera tiene en su teléfono bajo "Amigos") y decir "oye, cancelemos esta cuestión que está quedano la cagada", y así ¡zas!, dicho y hecho. Ya ocurrió en Barrancones. Ahora la masa sale furiosa a exigir que se repita el espectáculo.

No obstante, a diferencia del episodio de Punta Choros, esta vez el proyecto debe continuar.

Piñera debe proceder con su propuesta "mesa de diálogo" (puta que nos gustan las mesas de diáogo a los chilenos) que ya lanzó el 21 de mayo y revestir de la muy necesaria legitimidad una posible nueva decisión. El equipo de gobierno debe estrenar sus habilidades comunicacionales que hasta ahora han sido inexistentes. No basta Ena Von Baer con chasquilla estilo Lady Gaga, hasta creyéndose estrella tipo Lady Gaga en alguna revista del corazón. Se necesita una vocería contundente, experta en el muñequeo político, con una retórica y oratoria que disipe la ira de quienes expresan su justificada preocupación ante la (supuesta) devastación de Patagonia. La familia Matte, cuyo clan es tan poderoso que en el caso del pedófilo Karadima logró doblegar a la justicia chilena, debe o salir de este proyecto, o redefinirse su participación. Los propios inversionistas deberán salir a la calle y explicar con claridad los beneficios del proyecto. ¿No podrán contratar un equipo de relaciones públicas mejorcito?

Sería preocupante que Piñera solucionase la crisis con un telefonazo a los amigos. Primero, porque sería una actitud completamente irresponsable respecto a nuestro abastecimiento energético. Segundo, porque sentaría un mal precedente: las protestas callejeras no deben dictar la pauta. Lo que se necesita, como dijimos, es abrir una instancia de debate que recoja las propuestas de expertos ecologistas y del sentir ciudadano.

La propia Concertación debe terminar el show. HidroAysén no es un proyecto gestado bajo Piñera, ni siquiera él determinó la institucionalidad que tomaría la decisión final. La Concertación lo sabe muy bien. El sector de Oposición ya ha sacado buen provecho político mermando la popularidad del Oficialismo, a pesar que el Oficialismo se autodestruye y no es necesario mucho esfuerzo en hundirlo más. Ahora la ex vocera de gobierno, la señora Tohá (por quien incluso tenemos en Chile Liberal depositadas algunas esperanzas presidenciales) debe ponerse seria y sacarse la chapita ridícula y reconocer que la Concertación habría aprobado igual este proyecto. Chile necesita energía y éste proyecto nos la entrega. No pueden seguir sacándose más provecho político de esta difícil situación. Esta es una naranja ya completamente exprimida, no hay más jugo que sacar.
Sebastián Piñera ha tenido en la víspera del Discurso del 21 de mayo un período muy, muy tenso. La ceremonia de alocución llegó a niveles de agresividad sólo vistos durante el arresto del Gorila, en 1999. Pero recordemos que ese sujeto despertaba las más feroces pasiones de los chilenos. La crispación actual sólo se justifica por la inmadurez de nuestra democracia: ni la Alianza sabe cómo gobernar, porque pasaron medio siglo lejos del poder, ni la Concertación sabe cómo hacer Oposición, porque su experiencia fue derrocando a un régimen corrupto, asesino, nepotista y totalitario, y no sabe cómo contrapesara un huevón más bien moderado como Piñera. O sea, ni Gobierno ni Oposición conocen su pega. Más encima, la institucionalidad es como el poto.

Las protestas ciudadanas son un síntoma de insatisfacción que rápidamente se volvió frustración. Lo que empezó como defensa del medio ambiente terminó como protesta ante un fraude: el país eligió a Piñera y terminó con los ultraconservadores, y con los más poderosos devastando el medio ambiente para amasar más fortuna.

El rito de iniciación
No obstante, Piñera no tiene nada que temer. Le ocurrió también a Michelle Bachelet con la crisis del Transantiago y la marcha de los pingüinos, cuando los estudiantes prácticamente paralizaron el país para exigir que el país se farrease los excedentes del cobre. Bachelet, en un acto de entereza, se negó. Su popularidad se desplomó y también todos sintieron que la bonachona compañera Michelle era un fraude. Pero cuando arreció la crisis financiera internacional, y luego el terremoto del 27-F, ninguno de los revoltosos le fue a dar las gracias por guardar los recursos en fondos soberanos que se utilizaron para financiar el paquete de reactivación económica, ni menos aún en los esfuerzos de reconstrucción.

En estos momentos Piñera ha pasado por su bautismo de fuego. Toda su vida quiso ser presidente, y ahora realmente debe estar sintiendo el pulso al cargo. Cuando en el Mensaje agradeció el apoyo de su familia, pudimos escuchar en su impostación de la voz no al empresario sagaz ni al político devenido en presidente, ni las palabras fríamente redactadas por su equipo, sino que fueron agradecimientos de un sujeto que ente sólo ha podido enfrentar su cargo apoyándose en alguien. No es fácil estar en los zapatos de Piñera en estos días.

Es hora de convocar a la mesa de diálogo y de actuar con sentido de país y pensar lateralmente para encontrar soluciones. Los pacos deben ir a mantner el orden, y actuar con criterio. El ministro del Imterior no puede ordenar disolver las protestas a lumazos ni con chorros del Guanaco ni gases tóxicos. Entendamos por favor que en democracia, la disidencia, la protesta se aplaude de pie, no se reprime. Ambos, gobierno y manifestantes, deben estar dispuestos a ceder, y la Concertación debe entrar al ruedo, para cooperar. Luego, se deben decidir las condiciones más ventajosas para que la construcción de HidroAysén prosiga.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Por qué Chile Liberal está a favor de HidroAysén

El progreso y el respeto al medio ambiente son compatibles, como lo demuestran las centrales hidroeléctricas de HidroAysén
La opinión pública abraza la adoración por la naturaleza y el ecologismo new-age con una improbable mezcla de ingenuidad e ignorancia, que vuelve a sus citadinos adeptos los más llorosos nostáligicos de la idílica vida silvestre, quienes —desde la comodidad de sus temperados hogares, viendo la enorme pantalla de TV y disfrutando de todos los adelantos tecnológicos—, rechazan con afectación snob cualquier intento por dominar las fuerzas de la naturaleza.

El vacío que dejó la religión se ha reemplazado no por el conocimiento y la filosofía sino por una idea igualmente absurda: la madre natura (pacha-mama, etc) está en su trono para que seamos sus súbditos e idolatradores, ya que de otro modo, sufriremos de su ira: antropomofizar la naturaleza es una de las más antiguas perturbaciones de la mente, que ha acompañado al Homo sapiens desde las cavernas, cuando se adoraba al sol y se rogaba por la lluvia. La diferencia entre una sociedad primitiva y una moderna es que la primera se deja dominar por el entorno, mientras la segunda inventa las matemáticas, cronometriza las estaciones del año y las órbitras terrestres y finalmente logra torcerle el brazo a la naturaleza.

Digamos que volver a las cavernas no es opción. Chile, ad portas de convertirse en nación desarrollada, no puede darse el lujo de sacrificar su abastecimiento energético por sucumbir al ecologismo new-age, más propio de naciones posmodernas que de países emergentes. Debemos entender que el proyecto HidroAysén proveerá enormes recursos energéticos a partir de un daño ambiental bastante menor. Países como Nueva Zelandia, Finlandia, Canadá o Noruega han logrado optimizar sus recursos naturales y minimizar el impacto ambiental negativo. Es éste nuestro desafío, unirnos a ellos, y no guardar nuestros recursos como adorno para ir de trekking.

Veamos las cifras: apenas un 0,05% de la superficie de la Región de Aysén será intervenida, lo que difícilmente puede constituir la devastación de Patagonia. Gracias a este megaproyecto Chile dará un paso firme hacia su independencia energética ya que se reduce de un 23% actual a un 9% la variabilidad de reservas hidroeléctricas del SIC. Incluso podríamos pasar de estar a merced de las veleidades de nuestros vecinos a ser exportadores de energía, lo que nos reportaría capitales para reinvertir y afianzar la posición de Chile en el continente.

Mientras tanto, en paralelo, debiésemos seriamente unirnos a los esfuerzos internacionales por descubrir los secretos de la fusión nuclear, que potencialmente puede proveer una fuente eterna de energía sin generar emisión alguna. Al respecto ya está en marcha el Joint European Torus (JET) de gran interés y que aún necesita más recursos.

El único tema válido es lograr que Chile se beneficie al máximo de HidroAysén. Si bien es imposible que nos perjudique la entrada de capitales e inversiones que producen energía para consumo interno, lo relevante es que nuestros intereses sean velados por una institucionlidad justa. Pero esto es una tema distinto al grito de "Patagonia sin represas", a lo cual Chile Liberal se opone ya que considera necesario dominar la naturaleza, no someterse a ella: "Non serviam", como sentenció Vicente Huidobro.

Insistimos que no hay nada místico en el orden ecológico sino una secuencia de meros accidentes ecológicos y biológicos que debemos aprovechar a nuestro favor. Las "tierras vírgenes" del sur de Chile no significan nada: la virginidad no tiene nada de encomiable. Por eso, la cuestión de fondo es determinar si los recursos que genera serán debidamente aprovechados por Chile, y no que estemos regalando recursos a cambio de migajas. Muy lindo puede ser el paisaje patagónico o las Torres del Paine, pero nosotros no los construimos. Mucho más valiosas de un punto de vista humano eran las Torres Gemelas, llevadas a cabo mediante el esfuerzo y el ingenio del hombre, y destruidas por quienes detestan el progreso de Occidente.

Lamentablemente, la pasión visceral y la emoción se apoderaron del discurso en contra de HidroAysén, llegando a la estupidez de mostrarnos las Torres del Paine con tendidos de alta tensión (ver foto arriba), a pesar que el Parque Nacional está a más de 400 kms de distancia, ¿para qué mienten?

Finalmente, hay una metáfora extraordinaria en la novela Solar del aclamado autor británico Ian McEwan: un hombre en la selva lluviosa está a punto de morir de sed por no tener agua fresca que beber, ¿por qué no abre la boca al cielo para beber agua de lluvia? Es abismante que no comprendamos cómo funcionan los photovoltaics, que en el fondo son el mecanismo que utiliza el planeta para convertir la luz solar en energía. Ésta es otra fuente inagotable que exige investigación y la única forma de lograrlo es haciendo que la adicción a los combustibles fósiles sea menos rentable que las alternativas limpias e inagotables, y para eso, la combustión de fósiles debe reflejar las externalidaddes que produce: nuestro sitio ya ha propuesto un impuesto al carbono.

Pero esto es otro tema. Mientras avanzamos hacia el gran esquema, necesitamos energía a corto plazo. Las hidroeléctricas nos permiten obtenerla a un riesgo mucho menor que las plantas nucleares. Y si se construyen en lugares remotos, inhóspitos y poco aptos para la vida humana como la Patagonia, no veo el sustento racional detrás de las protestas callejeras.

En una democracia la ciudadanía tiene pleno derecho a expresar su oposición, y las manifestaciones masivas se han llevado a cabo en todo el país. Bien por ellos. En una democracia también se cumplen las leyes y se respeta la institucionalidad. El organismo pertiente que debía dirimir sobre este proyecto, la Comisión de Evaluación Ambiente, se ha pronunciado con once votos a favor y una abstención. Súmenle el voto a favor del blog Chile Liberal también.