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lunes, 25 de julio de 2016

Crítica de cine: Colonia


El último largometraje protagonizado por Emma Watson no decepciona

Acaba de estrenarse Colonia, un film sobre la macabra Colonia Dignidad, y con Chanchi desafiamos las tradicionales temperaturas caniculares de julio en Francia para ir a verla. Quedamos bastante satisfechos: quizás porque en realidad tampoco teníamos grandes expectativas.

La belleza hipnótica de Emma Watson y su voz perfectamente articulada, capaz de romper los vidrios de las ventanas con su nitidez, encarna a Lena, una azafata que llega a Chile, donde vive su pololo alemán, Daniel, interpretado por Daniel Bruhl. Él es un activista de izquierda profundamente comprometido con el gobierno de la Unidad Popular (1970-1973), encabezado por el reverenciado ex Presidente de Chile, Salvador Allende. 

El golpe militar y la remisión al Estado Nacional separan a esta pareja. De un helicóptero desciende el general Contreras con un soplón encapuchado, quien empieza a apuntar a los colaboradores directos de la UP. Daniel es uno de ellos. Un bus blanco, una especia de ambulancia, se lo lleva a él y a varios otros. 

Lena sigue su rastro y llega hasta un fundo perdido en el sur de Chile llamado Colonia Dignidad. Decide entrar como residente con el objetivo de encontrar a su amado y rescatarlo. En el reducto, Daniel ha sido ferozmente torturado y luego puesto a trabajar con el resto de los miembros en la fabricación de armas y gas sarín, encargados en persona por el ex mandamás de Chile, Augusto Pinochet, al fundador de Colonia, Paul Schaffer. (Esto fue un hecho verídico, durante los créditos vemos fotos de Pinochet aclamado por Schaffer y los residentes de la Colonia.) 

El film en su estilo es muy "Emma Watson". La antigua Hermione Granger hoy es una estilizada señorita, siempre impecable: sexy pero jamás vulgar, e intelectual sin un ápice de aburrida. Une joven bella y talentosa comprometida con grandes causas. Así también es el film Colonia, y quizás ahí yace sea su debilidad.

Los detalles sórdidos son sólo sugeridos. En Chile todos conocemos la triste realidad de los "tíos permanentes" en la infame Colonia Dignidad, que no era sino un culto cristiano fundado por un ex nazi prófugo acusado de pederastia en Alemania. Una escena en que el líder llama a los niños a las duchas, mientras ellos entonan angelicales cánticos religiosos, señala sutilmente que el abuso sexual de menores era la norma en ese campo de concentración instalado en Chile a vista y paciencia de las autoridades. Pero la película en sí no ahonda ni en las violaciones ni en el trabajo forzado, sino que permanece centrado en la historia central del argumento que es la valentía de Lena y su tenacidad por llegar hasta Daniel.

Probablemente el realizador, Florian Gallenberger, no logró conciliar a la perfección el horror de la Colonia, que supera la ficción más escabrosa jamás imaginable, con la necesidad de mantener la compostura para no perturbar en demasía a los espectadores, y de paso, guardando respeto por quienes padecieron el horror. Sospecho que contar en el reparto con una estrella de la talla de Emma Watson requirió tratar el tema con delicadeza. 

En lo personal, creo que esto fue atinado. Sin un trato fino, Colonia puede convertirse en un film extremadamente mórbido. No era la idea hacer un film à la Pasolini. Es más prudente dejar que de la sordidez explícita se ocupen documentales o la literatura. Exponer a los cinéfilos al horror de los campos de concentración de la Alemania Nazi ya es de por sí desestabilizante. Añadirle una dictadura sudamericana, más lavado de cerebro y pedofilia sistemática, puede sobrepasar el límite de lo tolerable.

Este largometraje no obstante es valiente al mostrar uno de los capítulos más oscuros del siglo XX, como lo fue el golpe militar en Chile el año 1973, tratando de equilibrar un thriller con una historia de amor, sin abandonar un tono militante, y todo en un conjunto estético y elegante que sigue una estructura cadenciosa clásica, diseñada para para un público selecto pero suficientemente masivo.

En Chile servirá para continuar este largo proceso de catarsis y de búsqueda interior sobre el pasaje más tenebroso de nuestra historia, que ahora vuelve a salir al mundo en todo su horror, y aunque Colonia algo lo mitiga dejando entrever la majestuosidad de los Andes nevados y los idílicos parajes sureños, sigue ahí la herida lacerante. No queda sino aplaudir este buen film, y la actuación correcta y sobria de Emma Watson.

viernes, 5 de febrero de 2010

Sherlock Holmes salva al mundo

Ayer Chile Liberal vió la última película de Guy Ritchie y parece apropiado comentar aquí algunos aspectos. Los puristas de Sir Arthur Conan Doyle no quedarán decepcionados, y tendrán todo el Londres victoriano con sus hordas de obreros ignorantes, el letrerito Baker Street, una Tower Bridge recién erigiéndose, y todo lo que le gusta al público norteamericano, excepto Sherlock Holmes consumiendo cocaína, que en aquella época no se había prohibido aún, pero no puede mostrarse para no perturbar al puritánico EEUU (mayor consumidor de droga del mundo).

Hay momentos sacados textuales de Conan Doyle, como cuando Sherlock Holmes describe la personalidad la novia de Watson observándole sus manos y gargantilla. Recordemos que el detective de Baker Street era un personaje con una capacidad de deducción y una lógica racionalista extraordinaria, además dotado de un agudo sentido de la observación. Por esto mismo, soy admirador de Sherlock Holmes y de su gestor. La película de Ritchie sitúa al detective superdotado de lógica en una sociedad que oscilaba entre el atavismo irracional y el avance científico y el progreso de la Inglaterra victoriana, donde la opinión pública aún se regocijaba en la brujería, el ocultismo y la magia negra (el propio Conan Doyle practicaba el espiritismo). Lo admirable de Holmes es que a pesar de su carácter impulsivo, jamás abandona la lógica y la deducción a partir de evidencias.

Advertencia: trama revelada a continuación
Uno de los protagonistas, Lord Blackwood (una réplica de Alesteir Crowley), es un sumo sacerdote de una secta ocultista, y a causa de asesinatos en sus rituales es condenado a la horca por homicidio, y el doctor Watson certifica su muerte. Increíblemente, Blackwood resucita, su tumba aparece abierta por dentro, y se rumorea que volverá para fundar un nuevo orden mundial. La historia me hizo recordar el cuento de un carpintero judío al cual algunos aún alaban. Holmes sabe mejor que no es así. Su objetivo es nada menos que explicarle a su propio asistente y gran amigo Watson cómo es posible que una persona que el mismo doctor declara muerta, en realidad no haya ido a ninguna parte, sino que el truco de abrir la tumba es una receta egicpia (de donde provienen las religiones precursoas de los mitos que aún subsisten). Los espectadores de este film desde luego sí creen que están presenciando actos de magia y una resucitación.

En el contexto actual, en que el mundo vive atemorizado por terroristas islámicos, la película tiene el mérito (advertencia: siguen los spoliers) de recordarnos el Gunpowder Plot (Conspiración de la pólvora), acto terrorista organizado por la iglesia Católica Romana y ejecutado por el fanático Guy Fawkes que consistió en dinamitar el Parlamento Británico e instaurar el catolicismo romano en Gran Bretaña. Ahora es Lord Blackwood quien vence a la muerte, y vuelve al parlamento para ejecutar su plan maestro: intoxicar a los parlamentarios de la Inglaterra Victoriana y dejar al mundo a merced de él mismo. Adivinen quién salva al mundo: ¡¡cha cháaaaan!! Sí amigos, nada menos que Holmes y Watson.

Al final de la película, que sea de paso es un blockbuster entretenido, queda la sensación de haber presenciado un plan inteligente pero que a fin y al cabo es una farsa: nadie resucita, porque es imposible, y la manipulación de la ignorancia de la masa con trucos de muertos vivientes para infundir el miedo e imponer nuevos órdenes mundiales es una cuestión de la que debemos protegernos. Sherlock Holmes nos muestra el valor de la evidencia para defendernos de tanta estupidez.