Las cifras son poco alentadoras: el 45% de los chilenos jamás lee libros, y el 34% sólo lee ocasionalmente. Peor aún, se nos recuerda que muchos chilenos adultos carecen de comprensión de lectura o fueron simplemente alienados durante su educación básica y secundaria, vale decir, son ignorantes funcionales. Y empeora aún más el panorama: los más jóvenes no leen debido al alto precio de los libros en Chile. El libro promedio en Chile cuesta más que en el resto del continente, y equivale a dos semanas de pasaje en micro (autobús).
Algo que siempre me molestó de Santiago fue que es imposible leer en el transporte público, antes y después del TranSantiago. Y no olvidemos que en Chile se aplica IVA a los libros, medida aplicada por nuestro Capitán General Augusto Pinochet, el mismo que declaró en su oportunidad que dedicaba 15 minutos diarios a la lectura. En varios intercambios con otros bloggers en El Mercurio, incluso me encontré con amplios sectores que defienden el IVA en los libros. El broche de oro lo puso Ricardo Lagos: subió el IVA (a cambio de un mugroso bono de diez lucas). Ah, y The Economist nos recuerda que sólo el 7% de los chilenos es miembro de una biblioteca pública.
Después se preguntan los editorialistas por qué somos un país subdesarrollado. Respuesta: porque somos huevones.
El Maletín Literario ciertamente es el paroxismo de la estupidez. Ya en Freakonomics se explicaba que el rendimiento escolar no estaba relacionado con la cantidad de libros que un alumno tenía en su casa, a pesar que los mejores alumnos tenían muchos libros en el hogar, pero correlación y causalidad es un concepto difuso para las mentes obcecadas, que no comprenden la falacia lógica Cum hoc ergo propter hoc. Un padre que cultiva la lectura sin duda que tendrá una biblioteca, y estos padres a su vez criarán niños que tendrán mayor rendimiento escolar. De algún modo, la Concertación cree que el mero hecho de poner libros en una casa hará el truco de mejorar la lectura. Pobrecitos.
Señora Bachelet, si la gente no lee es porque los libros son caros: NO AL IVA EN LOS LIBROS.
¿Kafka?
El enfoque de The Economist es mucho más pragmático. ¿Puede un gásfiter (plomero) en La Pintana leer a Kafka? ¿Podemos darle pastel a los más pobres? La solución es, aparte de reducir el precio de los libros para que le gente lea libremente, poner a disposición del público más bibliotecas con más ejemplares de libros en ellas.
Verónica Abud en El Mercurio (citada por The Economist) nos dice que su fundación, La Fuente, podría lograr mucho más con esos recursos. Pero, desde luego, la estrategia de Bachelet es el populismo y el desconfiar en la gente. ¿Confiar en el emprendimiento? ¿Dejar que espontáneamente la filantropía (sin lucro) haga un trabajo noble? Imposible: es contrario al estatismo que fomenta la Concertación (otro ejemplo, ver Desalojo en Repúblika #550). Los expertos en literatura son Los Elegidos para decidir qué debe leer el chileno, y luego, el Papito Estado, tan benevolente que es él, nos mandará los libros a las casas. El resultado será las obras de Kafka vendidas en las cunetas y en las ferias a precio de huevo.
Prefiero que el gásfiter pueda andar cómodamente en micro y que lea en su trayecto al trabajo algún libro sacado de la biblioteca pública, o comprado por sí mismo, quizás Kafka, quizás JJ Benítez, qué se yo... que la gente lea lo que se le da la real gana, y no lo que decidan los expertos. El paternalismo de la Concertación está llegando a extremos. Lo opuesto sería la libertad individual, el individualismo para que cada uno decida lo que más le conviene (ya lo veíamos en el artículo anterior).
Elogio a The Economist
Es cierto que The Economist le prestó tribuna a Bachelet, pero la luna de miel se acabó. Y como todos sabemos, ésta es una publicación sesgada, de corte liberal basada en una moral utilitaria y pragmática. Su propia fundación se debe a la lucha del Partido Liberal contra la Ley del Trigo, que encarecía innecesariamente el precio del pan en Gran Bretaña, perjudicando a los obreros. En su momento, se criticó a su primer editor, Walter Bagehot, por difundir ideas peligrosas. The Economist Newspaper es un periódico que confunde deliberadamente opinión con información, es políticamente incorrecto y controversial, y su objetivo último es promover el liberalismo en el mundo, ya sea llamando a expulsar a Berlusconi, a votar por Sarkozy, eliminar Bélgica o criticar a Cristina Fernández de Kirchner. Recuerdo en alguna oportunidad leer en Le Monde un articulista que llamaba a The Economist "esos impertinentes panfletarios ingleses".
Chile, una triste dignidad
Desde luego, El Mercurio elige con pinzas los artículos del "prestigioso" semanario británico. Cuando se nos recuerda que Pinochet fue un tirano, inexplicablemente hacen vista gorda.



