martes, 12 de mayo de 2009

Las contradicciones de Carlos Peña

Uno de los pocos columnistas que atiza el fuego del debate nacional es "El rector" Carlos Peña. De convidado de piedra en El Mercurio, puesto ahí para que el diario decano edulcolorase su ultramontanismo ultraconservadurismo, pasó a ser la vedette de los domingos entre quienes sufrimos el vicio de leer el periódicos (ojalá en papel).

Como todo el mundo, Carlos Peña se contradice. Y porque a El Rector le gusta citar a Kant, diremos que algunos de sus juicios a posteriori los quiere disfrazar de a priori (traducción: nos vio cara de huevones). Lo ha dejado en evidencia al descomponer con dos prismas distintos lo que es una misma luz: la alianza entre el PC y la DC por un lado, y la del rechoncho Flores con la derecha conservadora y, al parecer, la ultra-conservadora también, por el otro. Pero el resultado es el mismo. Peña muestra poca coherencia.

Para referirise a un pacto PC-DC, valiéndose de un criterio pragmático, y sin despeinarse, Peña nos decía cosas como ésta (ver La DC y el PC: durmiendo con el enemigo).

"un pacto electoral o parlamentario, (...) es un acuerdo cooperativo entre fuerzas que se mantienen independientes, y llegado el caso rivales, la una de la otra."

Pero ante el pacto entre Flores y Piñera, ahora nos dice (ver La Alianza de Flores):

"Lo que no resulta razonable es que ese palmoteo con algunos de los viejos cuadros de la dictadura —a cambio, además, de dos o tres diputaciones— sea presentado por el senador como el cambio que Chile necesita o como la superación moral de las viejas fracturas que dividen al país.
Eso sí que es demasiado."

Pucha, ¡no me gusta Carlos Peña moralista o convertido en eticista! El pacto entre políticos tiene como fin ganar votos, y el objetivo final es ganar más que el oponente. En el fútbol, la idea es meter más goles que el contrincante, sino, el fútbol ni la política tienen ningún brillo. Flores está tratando de continuar su carrera política cambiándose de bando. ¿No es acaso eso mismo lo que Peña define? Y entonces, ¿por qué ante el pacto PC/DC nos decía Peña cosas como las siguientes?

"Luego, lo que cabe discutir no es si la Democracia Cristiana arriesga su alma o su historia al pactar, siquiera de manera indirecta, con el Partido Comunista. Ya se vio que eso no ocurre puesto que no se trata del inicio de una amistad (como sería un acuerdo de índole estratégica), sino de un acuerdo entre rivales (en el que uno permite la participación del otro).

Lo que cabe examinar entonces es si hay buenas razones para permitir que el Partido Comunista alcance, a pesar del sistema binominal, un par de escaños."

pero ahora dice:

una cosa es hacer lo que a uno le plazca, y otra distinta es convencer a los demás de que lo que uno hizo posee dignidad moral o histórica.

Una cosa tiene dignidad —enseña Kant— cuando no tiene precio; es decir, cuando no es objeto ni de intercambio ni de negociación. En otras palabras, cuando está más allá del cálculo de utilidades.


y en tono de crítica de viejuja moralista, sentencia:

"Fernando Flores no se incorporó entonces a esa coalición por convicción moral —algo así habría sido incondicional, y él sabe y todos sabemos que su acto no lo fue—, sino por cálculo.

Claro. Actuar por cálculo no tiene nada de malo. Lo malo es la impostura con que en este caso se lo presenta."


Lo que Peña no aclara es por qué no tiene nada de reprochable un pacto entre "rivales" en que "uno permite la participación del otro" (!) , pero un pacto de amistad entre Flores y el comando de Piñera resulta que es inmoral porque está fundamentado en el cálculo electoral. La contradicción es, creo, enorme.

E insiste:

"no resulta razonable (...) ese palmoteo con algunos de los viejos cuadros de la dictadura —a cambio, además, de dos o tres diputaciones—"

Más palabras de Peña:
"justamente porque un pacto de índole genuinamente política entre la Democracia Cristiana y el Partido Comunista no es posible –ya se dijo que son como el agua y el aceite— resulta difícil entender los temores que algunos grupos han planteado frente a un pacto puramente electoral. Justamente porque entre la DC y el PC no hay nada en común, un compromiso puramente instrumental no representa ningún peligro para la identidad o la historia de nadie."


¿A qué le teme Carlos Peña entonces al ver los palmotazos entre Flores y la derecha? ¿Por qué se indigna?

Parece que El Rector no ha estado leyendo Chile Liberal. Hace tiempo que hemos adelantado lo que todos sabemos, y es que la política chilena necesariamente vivirá un reacomodamiento de placas tectónicas, esto es inevitable en una democracia en formación (y chcucha que salimos inmaduros, larga tradición republicana y seguimos con pendejadas). Que el PC, alicaído y más testimonial o utópico que ideológico, se vaya a la cama con la DC es tan natural como que Schaulsohn y Flores ahora den rienda suelta a sus ambiciones con la derecha. En algún momento tenía que ocurrir. Noticia de último minuto: seguirá ocurriendo.


Bonus track (mini-fisking):

"timando a miles de ciudadanos que no pudieron imaginar que cuando escogían a Flores estaban, en verdad, escogiendo a alguien que poco tiempo después acabaría proclamando (no simplemente apoyando, lo que no tiene, cabría insistir, nada de malo, sino que proclamando en medio de palmotazos y de fotos familiares) al candidato de la derecha"

Es que así es la democracia, Carlitos. Si al electorado no le gusta el cambio de bando de Flores, en la próxima elección los propios votantes emitirán su veredicto. Por lo demás, guardando las proporciones, Winston Churchill se pasó de Conservador a Liberal, y viceversa. ¿Por qué no puede Flores hacer lo mismo?

Lo admirable de toda esta telenovela política es que se demuestra el punto que sostiene este blog. Flores siempre quiso tener mucho dinero, jet privado y lujos. Durante la UP quería que esas extravagancias se las pagase el Estado. La diferencia es que después tuvo que currársela solito. Ahora, para reafirmarse como ricachón, Flores necesita aliarse con la derecha. A fin de cuentas, todos nos guiamos por el interés personal (por lo mismo, Flores pensó que en la Concertación ya no ganaría más elecciones y se buscó otros aliados).

Si la movida fue correcta o no, es algo que decidirán los votantes el 11 de diciembre de este año. Manténganse en sintonía.

4 comentarios:

SergioA dijo...

Es la virtud del sistema binominal que lleva a conformar dos coaliciones: una de centroderecha y una de centroizquierda.
Conservadores y liberales, republicanos y demócratas.
Alternancia en el poder, estabilidad y prosperidad.

Lo de Flores: en la economía de mercado, todos estamos llamados a ser ricos.

Lo de Peña: es de nacimiento.

Pablo dijo...

Resulta contradictorio por la diferencia de enfoques... pero al final ambos enfoques tienen algo de verdad:

A) De manera racionalista, los políticos solo buscan votos y, en base a esto, la alianza PC-DC sería util y no habría nada más que cuestionarse.. Pero de este enfoque la alianza Piñera-Flores es lo mismo

B) De otro punto de vista, la alianza PC-DC es un error histórico que hace perder toda credibilidad a la DC por hacer una acción desesperada por ganar votos, cuando se sabe que es un partido en decadencia y que vive de los cargos públicos. Pero del mismo modo, la alianza PIñera-Flores representa un pacto por interés electoral que no tiene ningún sustento ideológico y que trae más problemas que beneficios: a piñera se le ve desesperado, y a flores como un ambicioso que es capaz de vender su alma al diablo con tal de obtener unos cupos parlamentarios.

Su Excelencia dijo...

Tanto el PC como los socios udiondos de Flores son totalitarios y corruptos. La diferencia es que el PC es un elemento muy minoritario en la "coalición de centroizquierda", mientras que la UDI es la fuerza dominante en la de derecha.

Anónimo dijo...

CARLOS

Por una vez coincido plenamente contigo.

La alianza de Flores con Piñera, no es más ni menos cuestionable que la alianza PC-DC.

Desde luego es obvio que Peña se contradice a si mismo al cuestionar una alianza y justificar la otra.

Pero ello no es más que el reflejo de la poca objetividad de Peña al hacer sus análisis políticos, los cuales están absolutamente determinados y sesgados por sus personales preferencias, antes que por un análisis más serio y académico, que podríamos esperar de quien ejerce como Rector de una casa de estudios superiores.

Un saludo cordial

Cristian Muñoz P.