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miércoles, 4 de septiembre de 2013

Presidente, pida perdón


El Presidente Piñera debe pedir perdón, en nombre de toda la derecha, a las víctimas de la dictadura y al país entero por la sistemática connivencia y justificación de las violaciones a los derechos humanos

Dejamos libre de polvo y paja al Presidente Sebastián Piñera quien personalmente fue opositor a la dictadura de Pinochet desde el día del golpe hasta el plebiscito de 1988 cuando votó —correctamente— por el NO. En los días más aciagos del lúgubre régimen dictatorial, el joven ejecutivo llamado Sebastián Piñera junto a otros simpatizantes de la DC como él se reunían para escuchar el último discurso del ex presidente Frei, en el Teatro Caupolicán, acto que no tiene nada de anodino ya que en esa época cualquiera, por cualquier cosa, podía encontrarse en problemas con el aparato represivo del régimen. El 2% de la población chilena vivió el exilio, el propio Frei fue envenenado. Piñera se encontraba en el lado correcto de la historia cuando se involucraba, de alguna manera, con la resistencia a la dictadura, la cual pretendía vergonzosamente gobernarnos más de un cuarto de siglo con poderes absolutos.

Luego del plebiscito, con la dictadura fuera del gobierno, Piñera vio más posibilidades en el campo contrario y transitó increíblemente a la campaña de Büchi, candidato de la derecha y ex funcionario de Pinochet. En seguida ganó un cómodo puesto en el senado, y después de incidentes no menores, finalmente fue elegido presidente de Chile con el voto de la mayoría de los chilenos (incluidos los votos de Chile Liberal, ya que desde aquí llamamos a votar por él).

Lo anterior significa que Sebastián Piñera ocupa el gobierno hoy con quienes no estaban en el Caupolicán en 1980, escuchando, bastante afligidos, al ex presidente Frei, sino que en una extraordinaria vuelta del tablero, lleva las riendas del país con quienes desde el otro lado justificaron las atrocidades del despotismo cívico-militar y su consabido reguero de sangre que destruyó el tejido político, social y ético de nuestro país. 

Nunca hemos sido una nación potente ni deslumbrante, sino que somos un pueblo modesto que tiende naturalmente al understatement,  pero al menos siempre nos enorgullecimos de nuestra trayectoria democrática y nuestro espíritu de la moderación, que nos lleva a privilegiar el diálogo y los acuerdos por sobre la prepotencia y las matanzas. No obstante, desde 1973, prevaleció el matonaje. Vimos ejecuciones sumarias, asesinatos por la espalda, cadáveres arrojados al mar o sumergidos en ácido, torturas, ciudadanos degollados, estudiantes quemados vivos, compatriotas arrojados a hornos, cuerpos lanzados a las veredas o en el camino al aeropuerto, fogatas de libros à la Alemania años 30, y tantas cosas horribles. 

Y vimos una facción política, la derecha, que en vez de condenar lo anterior y exigir el restablecimiento inmediato de la democracia, minimizó los horrores reduciéndolos a meros daños colaterales. Posteriormente continuaron colaborando para enquistar la dictadura —trabajando por el Sí—y se beneficiaron de los favores del tirano. Esta facción política se las ha arreglado con oscuras artimañas electorales para continuar en la vida política, e incluso no pocos han llegado a gobernar con el otrora joven ejecutivo que en 1980 escuchaba las resignadas palabras del ex presidente Frei.

Sorry seems to be the hardest word
Hoy, a punto de conmemorar el cuadragésimo aniversario del día más oscuro de nuestra vida republicana, el sentido de la historia y el deber republicano exigen que Sebastián Piñera, por ser el líder natural de la derecha chilena, pida perdón por las atrocidades. Él no las cometió, ni las justificó, ni tampoco las ha contextualizado. Pero el destino quiso que hoy él sea el encargado, como líder político y como presidente de todos los chilenos, de dejar constancia inequívoca que es inaceptable quedarse de brazos cruzados ante las violaciones a los derechos humanos, que no hay daños colaterales cuando se tortura, se ejecuta con 44 disparos, y se hace desaparecer, o se ordena matar gente en el extranjero. 

Por supuesto que todos sufrimos. Pero algunos fueron víctimas directas. A ellos, el ex Presidente Patricio Aylwin les pidió perdón y ordenó una comisión investigadora. En el discurso del Presidente ya no caben ni contextualizaciones, ni corresponde difuminar la culpa o emplear vericuetos retóricos para eludir culpas. 

Corresponde ahora que el primer Presidente de derecha de la era post-Pinochet, si bien fue opositor al régimen, exprese el remordimiento del bloque que él mismo lidera por el silencio culpable o la justificación inaceptable de las violaciones a los derechos humanos. Ya lo han hecho varios personeros de derecha. Nada le impide a Piñera hacerlo a nivel corporativo, en su calidad de líder, y ordenar que se aclaren todos los casos pendientes y que los culpables sean castigados. Chile se mostrará ante la comunidad de naciones civilizadas como un miembro más del club. A pesar de nuestras barbaries, al menos somos capaces de resarcir nuestros errores.

Los años de la Unidad Popular (1970 - 1973) fueron convlusionados. El MIR agitó al país, los políticos olvidaron el debate y usaron el insulto como método. Una mala gestión económica arruinó al país. Por su parte, la derecha votó a favor de la expropiación del cobre lo que marcó el punto de no retorno. Movimientos como Patria y Libertad en nada ayudaron a la convivencia al igual que hotheads como Carlos Altamirano y sus discursos incendiarios. La derecha empresarial boicoteó la revolución con empanadas y vino tinto hasta que no quedaron empanadas, ni siquiera harina para tres días. La producción nacional se desplomó y los trabajadores comenzaron a tomarse las fábricas para evitar el colapso. La UP, cabe destacar, aumentó su votación desde 1970, y la derecha jamás presentó una acusación constitucional si es que consideraba que el gobierno de Allende vulneraba la Constitución. Prefirieron bombardear La Moneda. Lo que vino después fue declarar una guerra ficticia para aplicar la justicia militar a civiles, tomar arbitrariamente prisioneros y enjuiciarlos en tribunales de guerra. Reducidos y maniatados, fueron golpeados y sus cuerpos fueron ocultados, o sepultados en fosas comunes no marcadas. Ningún contexto justifica ni explica estas atrocidades, no contempladas en ley marcial alguna. Estos son crímenes de guerra, ilegales y condenables. Sebastián Piñera debe dejar esto absoluta e inequívocamente claro que las violaciones a los derechos humanos no admiten explicaciones ni contextos porque son inexcusables, injustificables, indefendibles. 

El Presidente Piñera debe convocar urgentemente a sus speechwriters y pedirles que dejen meridianamente claro en el discurso que leerá en el acto conmemorativo del golpe que el Presidente de Chile pide perdón a quienes vivieron la injusticia. Debe también convocar a los hotheads de su sector y prepararlos para la bomba política que este 11 de septiembre 2013 caerá en La Moneda.

Los más cínicos argüirán que esto es oportunismo, otros le restarán importancia, los mismos de siempre rasgarán vestiduras y los mismos de siempre dudarán de su honestidad. No obstante, la historia recordará a Piñera como el hombre que regeneró a la derecha y que consolidó la democracia chilena.

viernes, 19 de agosto de 2011

Y ahora, eliminen su legado

El plazo para eliminar el fatídico sistema binominal venció hace ya muchos años. Hoy, es simplemente insostenible
Una de nuestras principales motivaciones para posicionarnos más cerca del gobierno que de los estudiantes es no sólo la intransigencia y confusión de éstos últimos, sino el temor a que se legitime la manifestación callejera por sobre la canalización institucional de la voluntad soberana, lo que abriría las puertas para que cualquier grupo de presión imponga su agenda, en desmedro de la gobernabilidad y la justicia. No obstante, es innegable que Chile aún sufre de enormes déficit democráticos que, paradójicamente, impiden recoger las demandas ciudadanas a través de instancias democráticas institucionalizadas ya que la actual configuración del país es deficiente. El meollo de todos los problemas de representatividad es el tristemente célebre sistema binominal. Chile Liberal hace un llamado a la ciudadanía, a los legisladores y al presidente Piñera para que de una vez por todas eliminemos aquella estulticia electoral.

El problema del sistema binominal es que satisface a la perfección el deseo de su arquitecto, Jaime Guzmán —el ideólogo de la dictadura caído en 1991—, y que consistía en otorgar una apariencia cosmética de legitimidad democrática, pero que en el fondo mantendría un sistema autoritario no representativo ya que, en palabras del propio Guzmán, la democracia "es sólo un medio y ni siquiera el único o más adecuado en toda circunstancia".

Basta examinar cómo funciona para entender su intrínseca perversidad. En cada distrito se eligen dos representantes, quienes deben presentarse en listas de dos candidatos. En la práctica, es ungido como parlamentario el ganador de cada lista a no ser que una lista doble en votación a la otra, en cuyo caso se produce el consabido "doblaje" en que ambos candidatos de la lista triunfante resultan electos. Sabiendo esto, los caciques de cada partido político postulan un candidato fuerte y uno débil, lo que se decide en oscuras reuniones a puerta cerrada, de espaldas al electorado. Llegado el día de los comicios, los votantes creen elegir a su representante, pero en la práctica esto ya se determinó de antemano mediante un meticuloso ejercicio de ingeniería electoral mezclado con acuerdos políticos tras bambalinas.

En el gran esquema de cosas, la representación parlamentaria es sesgada, porque para llegar al Congreso el 33,3% tiene el mismo peso específico que el 66,7% ya que en casi todos los distritos será elegido uno y uno a no ser que se produzca el mentado doblaje. El poder no lo detentan los electores —como debiese ser en democracia— sino los caciques de los partidos. Bajo este prisma se entienden situaciones anómalas como la del partido ultraconservador UDI que en la última elección con el 24% de los votos alcanzó el 33% de escaños, constituyéndose espuriamente en la bancada más numerosa, sin olvidar que el propio Jaime Guzmán en 1990 asumió como senador con un 17% de los votos de Santiago Poniente, derrotando a Ricardo Lagos, quien registró un 30% de las preferencias. Añadámosle los senadores designados y ya tenemos la receta para el descontento popular y el desapego a la democracia.

La ultraderecha se ha mantenido viva causando estragos por ya más de dos décadas gracias a este subsidio obsceno, similar al dumping que tanto aman los mercantilistas, y que fue concebido e implantado por el Ancien Régime. El binominal es el obstáculo que ha reprimido el espíritu reformista que un país moderno necesita para afianzar su apego a la ley y el respeto al Estado de derecho, e incluso ha mermado síquicamente los valores cívicos: ¿a quién le dan ganas de votar sabiendo que el 33% por ciento es igual al 67%? La democracia habría quitado hace rato el oxígeno al fuego del ultraconservadurismo con lo que se habría apagado el incendio del descontento. Pero ha seguido ahí proyectando su fuego autoritario, quemándonos por más de dos décadas, a pesar de múltiples inentos por sofocarlo.

La última tentativa fue el 2006 en que, previsiblemente, fue rechazada su abolición, y claro que sí, ¿podrían los insiders —los beneficiarios del sistema— eliminar la misma triquiñuela que los sentó en el Congreso? Sólo una fuerza exógena podrá lograrlo, y si de algo sirve la actual crisis estudiantil es para redargüir a la clase política de la farsa en la que el país vive. Si ha seguido ahí por tanto tiempo es porque  este sistema es la piedra angular del "pacto de la transición", por así decirlo, en que con tal que el Gorila abandonase pacíficamente el poder el país debió tácitamente aceptar que el gobierno fuese elegido por votación popular, pero sometiéndonos a las normas y leyes de amarre que ellos dejaron, respetándoles los privilegios que se afanaron, y usufructuando de un sistema que  les aseguraría su sobrevivencia política.

Los apologistas del binominal por supuesto no se dan por aludidos. Tan acendrada está en la mente ultraconservadora la creencia que el sistema binominal nos ha brindado "estabilidad" que en sus delirios su propia contumacia llega a convertirse en verdadera. David Gallagher, un columnista conservador de El Mercurio, sostiene que "el sistema binominal, que por 20 años le dio estabilidad al país, ahora parece demasiado poco competitivo". ¿Realmente "ahora" parece poco competitivo y no antes? ¿De verdad hay gente que cree que mantener el statu quo, el inmovilismo y la rigidez equivalen a "estabilidad"?

La única esperanza de que el sistema sea eliminado y de que la voluntad popular encuentre un cauce civilizado es que dentro del mismo bloque conservador un reformista sea capaz de lograrlo. En la Inglaterra decimonónica un extraordinario Primer Ministro conservador, Robert Peel, tuvo el coraje de eliminar la nefasta Ley del grano, una estupidez mercantilista y proteccionista que tanto daño causó al comercio internacional y que fue defendida ferozmente por medio siglo por su propia tienda, el Partido Conservador. Así también Mikhail Gorbachev fue capaz de ponerle fin a la URSS desde el seno del Partido Comunista soviético.

Presidente, elimine el binominal
En Chile, el único insider capaz de desarticular los enclaves autoritarios es el "díscolo" de la derecha, el presidente Sebastián Piñera, quien ya no necesita más evidencia de que es necesario e impostergable canalizar las aspiraciones ciudadanas de manera sistematizada, ya que el mandatario comprueba en carne propia las consecuencias del descontento, y necesita contar con las herramientas para brindarle al país paz social y una verdadera gobernabilidad. Piñera debe ejercer liderazgo en su sector y llamar a "su coalición" (!) a sentar cabeza y ponerle fin de una buena vez al binominalismo. Apelamos a la buena voluntad del mandatario y a su fibra de estadista para que actúe con sentido republicano y así dar el punta pie inicial a la "Perestroika" que Chile necesita, y desechar toda forma de autoritarismo para privilegiar la democratización completa del país, hasta convertirnos en una nación gobernada por leyes e instituciones legítimas y representativas. Confiamos que el presidente chileno acogerá nuestra solicitud no porque nos desgañitamos exigiéndola sino porque es razonable y necesaria, como lo hemos demostrado en este artículo y como lo puede comprobar cualquiera.


Para conocer la impresión de los contertulios de Chile Liberal, por favor voten en la encuesta situada en la parte superior de la barra lateral.

domingo, 22 de mayo de 2011

Discurso 21 mayo: Refutación liberal

Sebastián Piñera ha hecho un esfuerzo honesto en rendir cuenta al país


El presidente ayer ha cumplido con su deber constitucional de entregar al país "La cuenta anual del presidente de la república de Chile", o simplemente el "Discurso del 21 de mayo". Aparte de nuestro comentario en vivo por Twitter, procedemos ahora a emitir ahora nuestra réplica.

Como dijimos ateriormente, nos gustaría formalizar el Apoyo y la Refutación por parte de las bancadas Oficialista y Opositora, respectivamente. Como Piñera alevosamente falló en cumplir con nuestra sencilla solicitud de cumplir con su propio compromiso de impulsar la unión civil homosexual, nos declaramos oficialmente de Oposición. No diremos que Piñera ha sido un embustero ni un traidor, sino ha claudicado ante las exigencias del sector ultraconservador que al final es el que le permite alimentar la maquinaria de gobierno. Ha sido la propia decisión del mandatario, quien ahora debe atenerse a las consecuencias de su acción. Por lo mismo, con toda transparencia, declaramos que si Piñera accede a los requerimientos conservadores entonces no puede contar con el apoyo liberal. De hecho, declaramos la "Nueva Derecha" oficialmente fenecida. Actualización, 22 mayo: Piñera acaba de anunciar que sí enviará un proyecto de ley Acuerdo de Vida en Común (AVC) que regula uniones de hecho, incluidas las parejas homosexuales. Elaboraremos más al respecto en un próximo artículo.
Vamos a empezar analizando la presentación general del discurso, y en los posteriores análisis seremos más granulares. 

La estructura del discurso fue correcta: en su introducción describió su visión de gobierno, lo que es muy importante ya que al parecer por primera vez nos señala con claridad cuál es su mission statement, respondiendo a una crítica constructiva de Chile Liberal (otros hicieron eco, le llamaron "el relato"). Después explicó los (supuestos) avances en la reconstrucción post-terremoto, y en seguida elaboró sobre cada uno de los siete puntos de su plan de gobierno (1 crecimiento, 2 empleo, 3 delincuencia, 4 educación, 5 salud, 6 pobreza y 7 democracia). Después prosiguió con temas variados, para rematar con dos reflexiones finales y un agradecimiento. El presidente declamó de manera enérgica queriendo  mostrar que cree en lo que dice, y fue sereno pero firme para lidiar con hecklers por un lado y, por otro, con actos inoportunos por parte de los propios congresistas. Gesticuló con ademanes correctos (no como Sarkozy), miró a la cámara y a los presentes gracias a astucias interesantes como nombrar los siete ejes de su gobierno al culminar aquella sección, con la cabeza levantada y mirando a los presentes ya que se los sabía de memoria. La gráfica de apoyo en la transmisión de TV fue atinada, casi à la Steve Jobs (como recomendamos) y permitió en cierta forma mitigar el cansancio natural propio de una extensa intervención (convengamos que rendir cuenta a un país no es tan excitante como presentar las nuevas funciones del iPad). Para sintetizar, su trabajo fue correcto en las formas y estructura.

En cuanto a los contenidos, empezaremos con un análisis de la parte inicial, la mission statement de Piñera, su visión de gobierno, su plan maestro develado al país (reconozcamos que, absurdamente, el año pasado debió rendir cuenta apenas dos meses de inaugurada su presidencia) y hagámoslo con una sesión de fisking, posible gracias a que el sitio de la presidencia ha publicado el texto íntegro. Al final, esperamos mostrar las debilidades y contradicciones de Piñera. Bajo el título "Nuestra misión", lo siguiente en negrilla es lo que pronunció Piñera, y en cursiva nuestro comentario:

Hace un año concurrí a este Congreso Pleno para convocar a las chilenas y chilenos a asumir una misión y abrazar una causa noble y factible: hacer de nuestra patria, antes que termine esta década, un país desarrollado y sin pobreza. [El eje central de su gobierno será, por tanto, el crecimiento. De hecho, éste es el mandato de Piñera para su cuatrienio: recuperar el crecimiento perdido en las administraciones anteriores, que pusieron el acento en el bienestar social lo que lógicamente redundó en desaceleración del crecimiento. Piñera más adelante volverá a destacar la lucha contra la pobreza. El primer y más espectacular ítem que menciona es el 7% de crecimiento] Este fue el sueño que nuestros padres y abuelos siempre acariciaron, pero nunca lograron. Y esta es la misión y deber de nuestra generación, la generación del Bicentenario [Piñera desea aparecer como un estadista, un hombre que mueve a una "generación" y no sólo a su sector, lo que está bien. Piñera no quiere ser divisorio. En su reflexión final volverá sobre este tema].

Los convoqué a que juntos construyéramos una sociedad de seguridades, oportunidades y valores para todos. [Acá insiste en la unidad y en la protección, queriendo alejarse del estigma de neoliberal que deja todo a las manos del mercado. Con esto presenta además como cuña su misión, la que desarrolla inmediatamente a continuación].

Una sociedad de seguridades significa una vida digna para todos los chilenos y chilenas y atenuar los temores que nos oprimen [Como ven, aquí define qué entiende por "seguridades"; se refiere a un mínimo de "beneficios sociales" de carácter universal, como indica a continuación]. Para ello necesitamos una red de protección fuerte y siempre disponible para acogerlos. Pero no una telaraña que los atrape en una dependencia permanente. Los chilenos nos alegramos mucho más cuando una persona logra superar la red de protección que cuando debe ingresar a ella [Piñera parece tener sus instintos bien ubicados. Sabe que una sociedad de bienestar comienza centrífugamente a consumir recursos y termina por asfixiar el crecimiento, el cual, a su vez, es lo que permite financiar una sociedad del bienestar. Una sociedad de bienestar es autodestructiva, y para graficarlo Piñera emplea la metáfora de la "telaraña". Bien por Piñera que no muestra la sociedad de bienestar como la coronación de la evolución social, sino como una especie de mal necesario a la cual algunos deben recurrir en circunstancias indeseables].

Una sociedad de oportunidades significa que todos los chilenos tengamos la posibilidad de realizarnos como personas y desarrollar en plenitud los talentos que Dios nos dio. Para ello debemos mejorar la educación, crear empleos y potenciar las fuerzas de la innovación y el emprendimiento [Como lo ha dicho él en varias oportunidades, en la educación radica la clave de la movilidad social y la meritocracia. Esto ocupa un lugar prominente en la misión de Piñera. La mención a "Dios" completamente fuera de lugar].

Una sociedad de valores es una sociedad donde reine la libertad, la justicia y la fraternidad y donde valores esenciales, como la vida, la familia, los derechos humanos y la protección del medio ambiente, sean siempre respetados [Piñera exhibe bastante moderación al no querer favorecer ni la libertad ni la igualdad, inteligentemente evitando "igualdad", empleando "justicia". Y tal como lo hicieron en Francia, soluciona el conflicto entre libertad versus igualdad añadiendo un tercer componente: la "fraternidad"].

Esta es la patria que juntos estamos construyendo [Una vez más apela a la unidad y evita mostrar personalismo o protagonismo en su gestión, sino invita a que sea un esfuerzo conjunto].
***

El mensaje de este año está mucho mejor estructurado, más acotado y precisado que el del año pasado, cuando Piñera repasó muy someramente sus objetivos y en realidad los esbozó con poca claridad. Cotejen con la declaración de apertura de la cuenta 2010, a continuación:

(...) antes que esta década concluya, Chile habrá alcanzado el desarrollo y superado la pobreza.
Un desarrollo integral, que traerá oportunidades de progreso material y espiritual para todos sus hijos, como nuestra patria no ha conocido jamás.
Ese fue mi principal compromiso como candidato y será mi mayor motivación como Presidente.
Todos sabemos que se trata de una meta ambiciosa y exigente. Y que el camino a las altas cumbres siempre es arduo y dificultoso. Pero sabemos también que, con unidad nacional, el aporte de todos y la ayuda de Dios, seremos capaces de cumplirla.
Durante los próximos cuatro años, nuestro gobierno va a promover y el Congreso deberá debatir y pronunciarse sobre los temas más trascendentes para el futuro de Chile.
Porque las decisiones que en el Congreso se adopten o dejen de adoptarse, definirán, para bien o para mal, el país en que vivirá no sólo nuestra generación, la generación del Bicentenario, sino también la de nuestros hijos y las chilenas y chilenos que están por venir.
Es verdad. De acuerdo a nuestra Constitución, el deber de dar cuenta al país del estado de la Nación, cada 21 de mayo, corresponde al Presidente de la República. Pero la responsabilidad de construir un país mejor compromete a todos, y especialmente, a quienes estamos hoy reunidos en este Congreso Nacional. Porque el Presidente y el Congreso son aliados, y no rivales, en la causa de traer progreso y bienestar para Chile y los chilenos.
Inspirado en esta convicción, nuestro gobierno hará todos los esfuerzos necesarios para crear un clima de unidad y colaboración y buscar diálogos y acuerdos fecundos, en todas las áreas de interés nacional.
Queridos compatriotas, han transcurrido 10 semanas desde que asumí la Presidencia de la República. Al dirigirme al Congreso Pleno, en mi primer mensaje a la Nación, no vengo a ofrecer reposo ni sosiego, sino entrega y sacrificio, futuro y esperanza.

Es responsabilidad del equipo comunicacional de Piñera ahora el profundizar mejor el mission statement, el relato, que lentamente comienza a cuajar. El problema de Piñera fue ser reactivo y no proactivo. No está demás decir que las fallas comunicaciones de Piñera no han sido pocas. Errores ha cometido él mismo, y su equipo, empezando por la vocera de gobierno. Todos, en conjunto, dejan bastante que desear, pero esto es normal ya que con más de cinco décadas sin gobernar es natural que la derecha no posea la experiencia.

Cabe destacar algo preocupante: no hay referencia sufciente a austeridad por parte del gobierno, sólo gasto. La lucha contra la burocracia se menciona ya cuando el discurso entra a tierra derecha. Es primordial para nuestro país el mantener las cuentas en orden ya que estamos recién emergiendo de una crisis que significó entregar el mando a Piñera con un déficit cíclico. De no actuar a tiempo, éste degenerará en un déficit estructural.

Finalmente, podemos decir que el primer salvo de Piñera en este discurso ha reafirmado su natural espíritu de la moderación y reafirma un cambio de énfasis, sin dar un brusco golpe de timón respecto a la obra de la Concertación. Piñera no se exasperó ante las constantes interrupciones que sufrió por parte de hecklers en la galería e incluso demostraciones de los parlamentarios, lo que no significa otra cosa sino algo que, al ver las maniobras ultraconservadoras que boicotearon la mención a la unión civil gay, nos recuerdan a Allende: el presidente es un moderado pero que cuenta con el inquietante apoyo de un grupo de fanáticos, lo que despierta feroces pasiones en sus opositores, haciendo tambalear al país. La bestialidad de las últimas protestas es un síntoma que merece atención.

sábado, 21 de mayo de 2011

El discurso del rey



La democracia chilena es de larga data pero aún débil. El último discurso del 21 de mayo así lo demuestra

Chile es una monarquía cuasi-absolutista en que el Congreso no pasa de ser la oficina de timbres y estampillas del presi-rey. En una república somos todos iguales, y el presidente es un ciudadano más, elegido por sus pares para dirigir los destinos de la nación sin situarse ni por sobre ni por debajo del resto, es simplemente "el primero entre sus iguales". Mientras que, en una monarquía, el rey es el soberano y el resto sus súbditos. Las monarquías modernas han otorgado un valor simbólico al monarca restringiéndolo en la práctica mediante leyes y corporaciones que, tal como en una república moderna, ponen coto al poder. A nivel real y simbólico, nada de esto se observa en Chile, lo que queda de manifiesto en la (ausencia de) ritos en el mensaje anual del 21 de mayo.

Empecemos por entender de dónde proviene la tradición de rendir cuenta al país. Su origen radica, como muchas otras cosas, en la monarquía constitucional británica. Al iniciar un nuevo período parlamentario, la Reina pronuncia un discurso inaugural llamado The Queen's Speech, donde se describen muy someramente las iniciativas que desea impulsar durante aquel período parlamentario. En realidad ella se limita a leer el discurso, porque ha sido preparado por el jefe de gobierno con la contribución de cada uno de los ministros de cada cartera. Este mensaje dura no más de 10 minutos, y vale considerar que en su composición se gastan meses de discusiones. Emulando esta tradición, la antigua república parlamentaria chilena adoptó la costumbre de iniciar el período ordinario con un discurso del presidente del país.

En EEUU, país que desplazó en el siglo XX la hegemonía inglesa, también se imitó esta costumbre mediante el célebre "State of the Union Address". Inevitablemente, también Chile ha adoptado el espíritu  gringo ya que la admiración por la solidez de la democracia del Norte es fuente inagotable de inspiración. En EEUU desde luego no hay rey, de hecho, la propia fundación de ese país se explica a partir del rechazo a la monarquía, tal como soñaban los Padres Fundadores, magistrales constitucionalistas (todos francmasones, cabe destacarlo) que diseñaron el sistema político más admirado de Occidente.

En un comienzo incluso los norteamericanos abandonaron el "State of the Union Address" ya que les recordaba demasiado los manerismos monárquicos ingleses, pero la tradición se reinstauró y continúa hasta hoy. En él, el presidente se dirige al Congreso no sólo con su agenda legislativa para el Congreso en curso, sino además rinde cuenta del estado de la nación para el año anterior. Ante los insistentes llamados de Chile Liberal para anunciar en el discurso de este 21 de mayo la inclusión en la agenda del proyecto de matrimonio homosexual, muchos sectores conservadores salieron al paso a declarar que este discurso es sólo una cuenta, pero esto es falso, ya que al igual que en EEUU, es una cuenta del año transcurrido y al mismo tiempo una definición de la agenda para el nuevo año parlamentario.

La importancia de las simbologías
Cabe destacar la importancia de los rituales que revelan cómo, por un lado, los británicos demuestran el límite que le imponen al rey —continuando la célebre firma de la Magna Carta, momento en que nace el Liberalismo—, y los protocolos republicanos estadounidenses, que evidencian la genialidad de los Padres Fundadores, al establecer un admirable sistema de "checks and balances" donde los poderes del Estado se separan y se limitan entre sí para asegurar que nadie posea demasiado poder. Ésta es la quintaesencia del sistema norteamericano: evitar que alguien se convierta en rey o en un tirano. Al observar ambos, los chilenos sólo podemos sentir envidia y lástima por lo fatuo de nuestro republicanismo, que apunta incoherentemente en la dirección opuesta.

Primero, en Inglaterra, la Reina si bien llega con boato a Westminster no olvidemos que lo hace por ser la soberana. No obstante, del mismo modo llega el presidente de Chile al Congreso de Valparaíso: como rey. Todos vimos a Piñera en un descapotable saludando a los curiosos, arribando apoteósicamente al horrible edificio del Congreso (un basto mamarracho arquitectónico diseñado por el Pinocho, lo que explica su fealdad y mal gusto). En Inglaterra, para realzar la pugna de poderes entre la Reina y la Cámara de los Comunes, uno de los plebeyos de la Cámara Baja debe entrar al palacio de Buckingham y quedarse ahí como "rehén ceremonial", y sólo es liberado si el monarca vuelve sano y salvo a palacio. El motivo es curioso: si los plebeyos en los Comunes apresan o agreden al monarca si es que el Parlamento es demasiado hostil, la monarquía no va a soltar al plebeyo en palacio: ambos poderes acuerdan respetarse y hacen un esfuerzo para que la sesión se lleve a cabo normalmente. Más aún, la sesión se celebra en la Cámara de los Lores, la de los aristócratas, y es uno de éstos, el llamado Black Rod, quien en Westminster debe ir a convocar a los Comunes para que se trasladen a la Cámara de los Lores para presenciar el discurso. Esto tampoco es tan simple. La tradición dicta que el Black Rod debe golpear con un bastón las tres puertas que conducen a los Comunes, y cada vez que se acerque a una puerta, le darán un portazo en la nariz. Sólo después de golpear tres veces puede pasar a la siguiente puerta. El simbolismo es que los Comunes no aceptan fácilmente el poder de la aristocracia. En seguida, los Comunes abandonan su sala y se dirigen, encabezados por el Jefe de Gobierno y el Jefe de la Oposición, a escuchar el discurso de la Reina. Curioso, ¿no? Con estos rituales se marca la preeminencia de los Comunes, aunque una vez en la Cámara de los Lores, deben permanecer de pie y alejados del rey (como dura apenas 10 minutos, no es tanto). La tradición de golpear la puerta y los posteriores portazos proviene de 1642, cuando el rey Carlos I quiso entrar a los Comunes para arrestar a cinco de los plebeyos (el rey fue finalmente decapitado).

En EEUU es algo similar. El presidente no llega alardeando de su poder a la sede del legislativo, como los presi-reyes chilenos. Lo hace calladamente. El presidente de la corporación es quien abre la sesión, sin el presidente. La idea es la misma: realzar la pugna entre los distinos poderes del Estado, y marcar el principo de chequeos y balances que magistralmente instauraron los Padres Fundadores. La idea en realidad es una especie de humillación ritual al presidente, para dejar claro que en EEUU no hay rey, nadie manda así porque sí. Iniciada la sesión, el Floor Services Chief anuncia a los senadores y al Vice-Presidente, quienes ingresan ordenadamente a sus asientos, no como en Chile donde hay que andar pidiéndoles de a uno que ocupen sus lugares. Luego el Seargent at Arms es quien recién viene a autorizar el ingreso del presidente. Sin duda que después de este vejamen, el presidente debe ser desagraviado y al entrar es recibido con una ovación cerrada. A Chile Liberal le encanta esta parafernalia ya que destaca la idea de mantener a raya al presidente, incluso sometiéndolo a una humillación ritual para dejar claro que su poder reside en el apoyo que le brinda el pueblo, y no en su poder para imponerse por la fuerza.

En Chile la cosa anda bastante mal. Nuestro sistema no fue concebido ni con los Padres Fundadores ni francmasones. El nuestro fue diseñado por un oscuro ideólogo que plasmó en el papel un sistema hecho como traje a la medida para Pinochet para que el Gorila gobernase sin contrapeso, algo diametralmente opuesto al principio de "checks and balances" de EEUU. El Congreso chileno fue instaurado como una mera pantomima, inicialmente con senadores designados por el Ejecutivo, y hoy, con miembros elegidos mediante un obsceno sistema binominal que genera feroces distorsiones de la voluntad popular. La idea de Guzmán era que el presidente fuese muy, muy poderoso, y que el Congreso no fuese un obstáculo, sino que actuase como su oficina de timbres para aprobar sumisamente a las leyes que dicta el cuasi-rey. Incluso después de las reformas de 1989, y el cambio cosmético del 2005, la Constitución chilena es en apariencia, forma, fondo y espíritu, una dictadura.

El 21 de mayo el presidente arriba al Congreso de Valparaíso alardeando de su poder, como ya lo dijimos. Más encima, llega y habla. A lo sumo se entona primero el himno nacional y la sesión la abre el presidente del Senado, pero eso es todo.

Me gustaría que el Congreso fuese, como corporación, un real contrapeso al Ejecutivo. El presidente debe hacer su llegada no como rey, sino casi con la cola entre las piernas, temeroso de enfrentar a los representantes del pueblo. La sesión debiese abrirla el presidente del Senado y exigir que el Ejecutivo rinda cuenta ante los congresistas y, también como en EEUU, sólo autorizar la entrada del presidente cuando el Congreso disponga. Del mismo modo, sólo después de esta simbólica afrenta, el presidente debiese ser recibido con vítores, en una ovación cerrada, con la bancada Oficialista y la Opositora de pie, así como también el Poder Judicial y los invitados aplaudiendo al ciudadano que ha sido elegido presidente, y no alabando a un todopoderoso presidente que viene raudo a dejar claro lo poderoso que es.

El presidente del Senado no sólo debiese ceder la palabra al presidente, sino primero ceder la palabra a sus pares congresistas, ante lo cual uno esperaría que por protocolo, desde luego, nadie tomase la palabra. Después del silencio, recién se le entrega la palabra al presidente, quien debe primero entregar el discurso en papel al presidente del Senado y en seguida leerlo. Insisto, la idea debe ser resaltar que el presidente de la república no es un poderoso sujeto, sino uno que ejerce el poder pero mediante un sistema de "checks and balances", supeditado a los otros poderes del Estado, en particular al Congreso.

Al final de la sesión, el presidente del Senado también debiese agradecerle la cuenta rendida al presidente y abrir la sesión a una réplica por parte de quien quiera disputar lo dicho por el presidente. Por supuesto, por protocolo, nadie debiese tomar la palabra, ante lo cual el presidente del Senado debiese convocar a la bancada Oficialista y a la Opositora a que preparen un Apoyo y una Refutación, respectivamente, al discurso del presidente, que constituiría la primera sesión del Congreso. Esto está mucho más formalizado en las democracias británica y norteamericana, donde las primeras sesiones del Parlamento y el Congreso son las refutaciones y apoyos al discurso. En EEUU, se emite una Respuesta Republicana y una Respuesta Demócrata respectivamente

La nuestra es una democracia de larga data que se pasa los ritos republicanos por cualquier parte, y peor aún es que su madurez es tardía. El sitio Chile Liberal invita a repensar la democracia que queremos y oficialmenente tomanos el guante que dejó el ex presidente Ricardo Lagos quien ha invitado a pensar en una nueva Constitución. La idea es que en el futuro tengamos un discurso de un presidente de la república, y no el discurso de un rey.

viernes, 11 de marzo de 2011

Un Kaizen al gobierno de Piñera

Un año ha transcurrido desde que Sebastián Piñera asumiese el mando de la nación. Nuestro veredicto: el gobierno de Piñera ha sido "reguleque", le ponemos un 4,5

Comenzó bien, o relativamente bien, considerando que la derecha no ha gobernado Chile por medio siglo. Prometió reactivación económica, crecimiento, generación de empleos, lucha frontal contra la corrupción y la delincuencia. Esperábamos una "nueva derecha", democrática y con un mínimo de enjundia intelectual. Las cifras se ven buenas, por lo que no podemos reprobarlo. Pero incluso considerando que todo gobierno comienza con una luna de miel y luego la realidad cotidiana destruye la magia inicial, la verdad es que la baja popularidad de Piñera, y el alto rechazo a su gestión, amerita cambios y mejoras.

La filosofía del mejoramiento continuo en la industria y la gestión empresarial es algo que los japoneses conocen muy bien, y le llaman "Kaizen". Cuando en una empresa se realiza un Kaizen es porque algo anduvo mal, y como sabemos, desde el CEO hasta los trabajadores de bodega deben repensar sus procesos, proponer mejoras, y luego de un tiempo, evaluar los resultados y volver a encontrar más áreas de mejoramiento. Como indica Wikipedia, el Kaizen es...

un proceso diario, cuyo propósito va más allá de un simple aumento de productividad. Es además un proceso que, cuando se ejecuta correctamente, humaniza el trabajo, elimina el aniquilador trabajo de sobretiempo ("muri"), y le enseña a la gente cómo llevar a cabo experimentos en sus propias labores usando el método científico para detectar y eliminar ineficiencias.

Lo que Chile Liberal sostiene es que Piñera debe congregar a todo su personal y llevar a cabo un Kaizen para entender la causa de su baja popularidad, a pesar de ser un gobierno relativamente bueno.

Los cambios son, al menos para nuestro sitio, evidentes. Piñera ha caído en el "muri". El presidente se jacta de trabajar 15 horas diarias, y durante los primeros meses, sus ministros se ufanaban  de trabajar hasta altas horas de la noche. Esto está bien por un tiempo pero a la larga es insostenible ya que el principio de los rendimientos decrecientes termina por afectar la productividad: mientras más se trabaja, menos se rinde, y para suplir las falencias, se tiende a trabajar mucho más, rindiendo aún mucho menos.

Piñera debe comenzar por establecer cuál es su misión de gobierno ("mission statment"). Piñera es como un director de orquesta que toma la batuta pero no tiene partitura. En realidad, por aquí debieron haber empezado hace un año, no ahora, pero en fin. El problema de Piñera es netamente de percepción. La gente "cree" cosas de él, cualquier cosa es creíble sobre su gobierno, porque en realidad nadie sabe para qué chucha quiso ser presidente. ¿Para ganar más plata (como lo ha hecho)? ¿Para darse un gustito de millonario excéntrico? ¿Para joder la pita? ¿Porque tiene vocación de servicio? Nadie lo sabe exactamente, ni siquiera él mismo, por lo que el electorado especula.

El siguiente paso es entender que su gobierno se desgasta prematuramente  producto de la omnipresencia del presidente, quien da la impesión de caer en el micromanagement, no potenciando a quienes reportan a él, y más aún, pasando por encima del propio equipo, estando aquí, allá, en todos lados, y con demasiada frecuencia, hablando puras huevadas como testimonian sus ya incontables Piñericosas. Los chascarros de Piñera no son graciosos: demuestran falta de prolijidad en los dscursos, cero discernimiento en elegir a su equipo de "speech writers", improvisación contraproducente, y en general termina por reafirmar la percepción de que su gobierno es penca. No veo el chiste en que mueran 300 personas y el presidente se refiere al "marepoto".

Con no poca decepción Chile Liberal estima que Piñera no ha sabido formar equipos de trabajo, su asignación de tareas es atarantada, su presencia termina por ser molesta, lo que lo lleva a cometer errores garrafales como no echar cagando a las muñecas Rysselberghe y Ossandón, mostrando incoherencia, ya que con viento fresco echó a Otero. ¿Cuál es el hilo conductor de las políticas de gobierno? Insisto, Piñera necesita un mission statement.

Los propios conflictos de interés en sus funcionarios del mundo privado son bochornosos, y lejos de traer la expriencia del mundo privado, parecen sólo un averno de codiciosos mercachifles que buscan ahora mamar ellos del Estado, después que la Concerta les negase la teta.

Nos gustaba de Piñera que daría un cariz ejecutivo a su administración, dándole una impronta de celeridad y acción. Pintorescos funcionarios de gobierno, presión indebida de los partidos que "lo apoyan", chascarros internacionales, omnipresencia fatigante, conflictos de interés, etcétera, todo esto redunda en que el gobierno esté —para este sitio— en el cuatrito y no en un 5,5, que quizás podríamos haberle otorgado.

Para encontrar el hilo conductor que necesita, Piñera debe comenzar a captar qué le dicen las encuestas, y esto es nada más que demandas por una derecha más comprometida con el fortalecimiento de la clase media, la exaltación del emprendimiento y el respeto a la individualidad y los derechos civiles, en desmedro del cartucherío ultramontano, el secuestro del Estado por parte de una oligarquía (recordemos que la Concertación le chupó el pico a los empresarios) y dejando atrás los resabios fascistoides de la derecha que, a regañadientes, lo mastica pero no lo traga.

Hasta ahora Piñera se mantiene a flote gracias a una Oposición aún exangüe. Por mientras, debe continuar explorando los territorios que por 20 años fueron dominio exclusivo de la Concertación, como temas medioambientales y sociales, y darle un giro propio, aprovechando la propia raíz moderada de Piñera (insisto en creer que Piñera es menos facho de lo que la ultra-izquierda cree). Esto significa abordar: mayor flexibilidad laboral, más medidas a favor de la productividad, menos burocracia, más respeto a las libertades civiles.

Con más pensamiento lateral apuntando hacia una filosofía del mejoramiento continuo, Piñera debiese estar listo para inaugurar el próximo período ordinario el 21 de mayo presentándonos medidas que todos esperamos, como el matrimonio homosexual, el aborto terapéutico, seguir eliminando barreras a la creación de empresas, flexibilidad laboral, y un asistencialismo moderado. Por otro lado, menos populismo, menos chambonadas, y menos omnipresencia. Ahora Piñera, a trabajar.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Gobierno de Piñera: por qué lo aprobamos

Chile Liberal ha invitado a nuestro amigo Cristian Mancilla para entregarnos su visión de la gestión de Sebastián Piñera, para poder establecer si el Gobierno es aprobado o rechazado.

La verdad es que el balance ha sido positivo. Para Chile Liberal Piñera va rumbo a cumplir varias de las expectativas establecidas desde esta tribuna. La primera era retomar el crecimiento, y las proyecciones de los indicadores actuales muestran que la economía crecerá alrededor de un 6%, lo que nos deja satisfechos. Además, Piñera no ha desmantelado los logros de la Concertación, sino que se ha concentrado en la eficiencia. Con celeridad se restauró el orden después del 27-F, el rescate de los mineros fue ejemplar y, en general, gozamos de estabilidad y gobernabilidad proporcionada por un gobierno de inspiración centrista. Al mandatario aún le falta reformar a su sector político, el cual aún evidencia elementos retrógrados. Basado en lo anterior, y continuando el debate presidencial en nuestro sitio, Cristian gentilmente nos ofrece su análisis:


EVALUACIÓN GUBERNAMENTAL: A SEIS MESES DEL CAMBIO DE MANDO

Cuando Catalina y yo debatimos acerca de nuestro voto para la segunda vuelta electoral, nos empeñamos en evaluar proyectivamente lo que esperaríamos de un nuevo gobierno y en asegurarnos de que el voto expresara fielmente nuestra voluntad ciudadana. Votar nulo, como proponía ella, resulta una opción válida, sin duda. Pero es poco probable que este voto sea tomado en cuenta si, finalmente, siempre habrá algún candidato elegido mayoritariamente con los sufragios válidamente emitidos. De modo que, recordando aquel debate, nos concentraremos más bien sobre el otro aspecto de aquella discusión: aquello que esperábamos del nuevo gobierno.

En primer lugar, asistimos a la sobre-exigencia por parte de la opinión pública hacia el actual Gobierno y, más específicamente, hacia el Mandatario. Muchas voces claman por situaciones aparentemente injustas o irregulares; pero no lo hacen a través de los conductos regulares, sino que apelando al Presidente. Los integrantes del grupo ANDHA ya hacían de las suyas durante la administración anterior, llamando exitosamente la atención de los medios y consiguiendo que las autoridades se pronunciaran al respecto: su actitud en estos meses ha sido la misma y han logrado, incluso, llegar a un acuerdo con un Gobierno más receptivo —quizá más temeroso— ante las demandas ciudadanas.

A esta situación, se suma el caso de la Central Termoeléctrica “Barrancones” que iba a ser instalada en Punta de Choros: hubo muchas críticas que clamaban por los efectos negativos de este tipo de centrales e incluso un pintoresco anuncio en video que alegaba haber sido censurado en la televisión de Chile (una argucia utilizada por quienes no pueden pagar por un servicio y tienen fines políticos), los cuales citaban a Sebastián Piñera asegurando que no aprobaría este tipo de proyectos cuando fueran riesgosos, durante una entrevista televisiva en el periodo de la campaña electoral. Fuera de que los candidatos prometen excesivamente durante sus campañas electorales, esta promesa parece haber ido más allá de las atribuciones del Presidente: los protestantes la expusieron como argumento irrebatible para que fuese cumplida ipso facto y así lo hizo el Mandatario. Yendo más lejos aún, la Oposición criticó tanto la instalación de la central como la forma de evitar que fuera instalada.

En días más actuales, un grupo de reos procesados por la Ley Antiterrorista inició una huelga de hambre exigiendo su liberación inmediata y que esta Ley no sea aplicada a personas de la etnia mapuche. Si bien estas demandas fueron incoadas por miembros de la organización terrorista llamada Coordinadora Arauco–Malleco, que entrega detalles de sus actos delictivos y criminales en su propio sitio web, ha sido interpretada por muchos otros sectores como una demanda del pueblo mapuche, por lo cual se han sumado a ella. Encontramos parlamentarios y sacerdotes entre ellos.

Como previmos, el Gobierno se encuentra fuertemente exigido. Incluso excesivamente exigido por algunos que pretenden alejarlo del cumplimiento de la Constitución y las leyes. Esta situación, en los hechos, está obligándolo a entregar respuestas más satisfactorias para la ciudadanía, aun cuando esto implique pasar por alto ciertas formalidades. Pero todavía no lo han convencido de ignorar ciertos fundamentos del estado de derecho, como la igualdad ante la ley.

En segundo lugar, existía el temor de que elegir a Sebastián Piñera o a Eduardo Frei significara un retroceso frente a la opción que significó Marco Enríquez–Ominami en la primera vuelta electoral. Esta interpretación tenía que ver con nuestra intención de conseguir más libertades políticas, lo cual parecía más plausible con el candidato independiente que con alguno de los conglomerados políticos más poderosos en el país. En cuanto a esto, yo no veía tanto una opción para generar más libertades políticas, sino la amenaza del caudillismo por la promesa de un mundo feliz traído de la mano de un hombre en particular y no de un conjunto de ideas definido. Ya sabemos lo que han debido pasar otros países que han creído en estos “salvadores de la patria” y estoy seguro de que no queremos replicar la experiencia aquí: O’Higgins fue algo así para nosotros, pero supo entender que no queremos caudillos en nuestras tierras y se marchó; Allende no fue tan comprensivo, pero tampoco pudo seguir adelante con su mandato. Al no elegir a Enríquez–Ominami, nos evitamos otro bochorno similar.

No obstante, los avances políticos parecían tan probables con Eduardo Frei como con Sebastián Piñera: el proyecto para las iniciativas de ley ciudadanas fue propuesto durante la administración anterior y sigue su curso normalmente en la actual. Fuera de esto, el presidente de la Corte Suprema ha opinado a favor de eliminar la justicia militar, lo cual apunta en el sentido de respetar más profundamente la igualdad ante la ley. Y el proyecto de ley para reconocer las uniones entre personas del mismo sexo también avanza en el mismo sentido, aproximándose al reconocimiento la igualdad de derechos de todas las personas, independientemente de su condición u orientación sexual

No podemos estar seguros acerca de cómo habrían evolucionado estos temas en una administración alternativa, la de Eduardo Frei, pero vemos que en esta avanzan favorablemente. Es posible temer que se empantanen o detengan por alguna misteriosa razón, pero la fuerza del criticismo excesivo contra el Gobierno sería capaz de levantarlos sin complicaciones.

En tercer lugar, el factor económico resulta capital en la evaluación de este gobierno, visto que Eduardo Frei sostenía el peligroso desacierto de proponer “más Estado”. Ya desde el momento de la campaña estaba claro que, en materia económica, la mejor opción era Sebastián Piñera: y no tanto porque pudiera hacer mucho para mejorar las condiciones económicas del país, sino sobre todo porque no las arruinaría, como podía temerse de los otros candidatos. El Gobierno recientemente asumido, de hecho, se ha enfrentado con condiciones favorables que han permitido proyectar un crecimiento que no veíamos desde hace más de diez años en el país. No obstante, el Gobierno pretende hacer de esta feliz casualidad una constante para el futuro, proponiendo medidas para estimular el emprendimiento y la flexibilidad laboral. Así, pues, pretende agilizar los trámites para la gestión pública de las empresas privadas (creación, autorizaciones, relaciones laborales y quiebras), reducir en un cincuenta por ciento el impuesto de timbres y estampillas y eximir de impuesto las utilidades reinvertidas en empresas que vendan hasta mil millones de pesos al año y agilizar y aumentar la inversión en general y de investigación y desarrollo en particular.

Esto quiere decir que el actual Gobierno no se contentará con no arruinar la economía del país, como pretenden hacer otros, sino que intentará mejorarla sinceramente. Aparte de las propuestas anteriores, se ha propuesto mejorar la política fiscal iniciada por Ricardo Lagos, la cual se fundamentó en un “superávit estructural”; pero luego contempló demasiadas variables, volviéndose obscura.

En general, podemos hacer una evaluación positiva del actual Gobierno. Las fuerzas más tenebrosas que lo acechan son los conservadores que integran el conglomerado de donde proviene el Presidente y los extremistas que pretenden presionar para obtener impunidad y condiciones jurídicas especiales. El Gobierno se ha visto levemente desequilibrado por ambos sectores, con los conservadores oponiéndose a los acuerdos de vida en común y los extremistas exigiendo que no se les aplique la ley; pero el Presidente ha respondido con firmeza ante estas presiones, lo cual no puede más que complacernos.

Aún queda por ver si el Gobierno es capaz de manejar estas presiones exitosamente hasta el final, puesto que estas discusiones están en proceso y las reacciones definitivas todavía están por verse.

domingo, 25 de julio de 2010

Indulto Bicentenario: primó la cordura

El presidente Sebastián Piñera rechaza el "indulto general" que pretendía la iglesia de Roma

Las atrocidades que perpetró el régimen militar (1973-1990) de Augusto Pinochet fueron muchas. Pero creo que todos tenemos una atrocidad particular que se nos quedó plasmada en la conciencia. Para Chile Liberal el caso más emblemático de la barbarie y el horror fue el asesinato de Carlos Patricio Fariña, un niño de 13 años. El caso no es tan complejo como puede parecer, y se resume más o menos así: un niño de la población La Pincoya fue acusado de porte ilegal de armas, llegan a su hogar uniformados del Regimiento de Infantería N°3 de San Felipe un trágica madrugada del 13 de septiembre de 1973 y a culatazos lo sacaron de su cama. La madre de un amigo de él lo había acusado a los militares que allanaban la población de que Carlos Patricio portaba armas, de hecho, un delincuente habitual del sector sí tenía una pistola, que fue la que el niño usó e hirió al otro. Carlos Patricio nunca más volvió a aparecer. El 30 de junio del 2000, en un sitio eriazo de Pudahuel, se encontró una osamenta, que alguna vez fue el cuerpo de este niño. Su madre ya había muerto. El régimen de Pinochet alegó en 1976 que esto era una farsa porque no existía legalmente.

El caso anterior desde luego es inexcusable e indefendible. Los conservadores alegan que en aquella época hubo desorden y excesos, pero los exámenes a la osamenta revelan el comportamiento bestial por parte de los captores de Carlos Patricio Fariña: murió de 12 disparos, todos por la espalda. El autor de este crimen fue el mayor Erasmo Sandoval Arancibia, alias el "Pete Negro". Así fue como este señor salvó a la patria de un niño de 13 años:

En medio de la noche de octubre de 1973, iluminada sólo por los focos del camión, el niño miró al oficial y gritó que no quería morir. Enrique Erasmo Sandoval Arancibia, “Pete el Negro”, ordenó a dos soldados que lo pusieran de espalda, porque no lo quería mirar. El niño siguió pidiendo clemencia. El oficial levantó su pistola Steier y le dio cuatro tiros en la cabeza. Luego, un conscripto roció el cuerpo con combustible y el oficial del Regimiento Yungay encendió un fósforo y lo tiró encima. La llamarada alumbró los rostros de espanto de los dos soldados, que se taparon la cara para que el hedor de la carne abrasada no se les metiera como recuerdo imborrable en el alma. Pete permaneció imperturbable. Nadie dijo más. Cavaron rápido la sepultura clandestina en el sitio despoblado.

Ahora ustdes se preguntarán que pasó con este sujeto, Sandoval, y sus superiores jerárquicos. Yo en realidad me pregunto qué pasó con los pelaos (soldados conscriptos) quienes fueron forzados a hacer su servicio militar pero acabaron como cómplices de una carnicería. Pues de los pelaos no sabemos, pero sí de los oficiales. Sandoval, autor confeso del crimen, fue condenado a cinco años sin beneficios, y su comandante, Donato López, a 10 años.

Si el presidente Piñera hubiese seguido las recomendaciones de la conferencia episcopal, los señores Sandoval y López habrían abandonado la cárcel y volverían como si nada a integrar la sociedad civil. Si no hubiese sido porque el nepotista cleptómano corrupto sanguinario y gangoso de Pinochet fue detenido en Londres (el muy pillo creyó que podía viajar a Europa como si nada), jamás se habría hecho justicia con los que mataron a Carlos Patricio, quienes luego fueron amparados por el régimen, y lograron evadir la justicia por casi tres décadas.

Hay algunos, como el bloguero Patoace, quienes están de acuerdo con la propuesta de los obispos, y creen que el indulto es una gran herramienta para enseñar la misericordia. Cuando Carlos Patricio le suplicó a Sandoval que no lo matase, el asesino no se inmutó. Ordenó ejecutarlo. Luego siguió matando gente, y cuando se fue a retiro, Cristián Labbé le dio trabajo en la municipalidad de Providencia. La misericordia que a él le pidieron ese 13 de septiembre, ese vil bodrio de humanoide, el mayor Sandoval, no la tuvo. ¿Por qué habríamos de tener misericordia nosotros, la gente civilizada y de bien, con esa hojarasca sub-humana? Porque somos gente civilizada y de bien, claro está. No obstante, la justicia también es el pilar de una sociedad pacífica. Y una cosa es indultar a alguien que, primero, pide perdón, y otra es tener misericordia con uno de estos condenados, quienes si dejados en libertad capaz que salgan de la cárcel riéndose, o maldiciendo al marxismo internacional por encarcelarlos "injustamente", y alegando que por fin se hizo justicia liberándolos, mientras Patoace nos reza un "Santa María perdona nuestros pecados". Creo que esa sería la receta para caldear los ánimos en un país como Chile, que ha sido extraordinariamente civilizado para sancionar a los represores quienes, en casos como el de Sandoval, rayan en las más sórdidas deformaciones de la mente humana.

Además, reconozcamos que las penas han sido bajísimas. De hecho, el criminal Sandoval el año 2005 había quedado libre luego de pagar una fianza de apenas 50 mil pesos (100 dólares). Sólo el 2008 se logró encarcelarlo, y todo esto para que la iglesia de Roma apele a una absurda misericordia hacia un monstruo que se ha burlado de la justicia de su país.

En el fondo, Sandoval no mató a Carlos Fariña. Esa bestia asesinó por la espalda a todos nostros cuando tuvimos 13 años. Esa escoria acribilló a tu hijo y al hijo de tu vecino. Atrocidades como esta no pueden ser indultadas. Y si él pide perdón, entonces podremos recién pensar en si podemos considerarlo de nuevo un miembro de la especie humana.

Si hubiese quedado en libertad, Sebastián Piñera habría arruinado la fiesta Bicentenaria a todo Chile (al menos, a quienes aún tienen un mínimo de discernimiento sobre el bien y el mal). De hecho, liberar a los procesados por violaciones a los derechos humanos es volverse cómplice de los crímenes. El presidente ha hecho lo correcto y ha marginado del indulto a los los crímenes de lesa humanidad.

Y quizás cuando los criminales lleguen a viejos y estén agonizantes, los dejemos partir a sus hogares, para que mueran como Pinochet: rodeados de sus seres queridos, con todos los cuidados médicos que ofrece una sociedad civilizada. Porque sí tenemos misericordia, es que en ese momento demostraremos clemencia, la que ellos le negaron a sus víctimas. Porque Carlos Patricio murió rogando que no lo asesinasen, pero recibió los tiros por la espalda igual, en un sitio eriazo, sin tribunal ni defensa.

Por ahora, ha primado la cordura, y este sitio se alegra que Sebastián Piñera haya tomado la decisión correcta al rechazar el indulto general y sólo considerarlo en casos específicos. Decisión valiente que le significará grandes reproches de parte de su propio sector, pero Piñera ha mostrado liderezgo, independencia y buen juicio. Bien hecho, Tatán.

lunes, 17 de mayo de 2010

Tatán, déjalos votar

Una reforma necesaria, entre muchas otras

Piñera tiene ante sí no sólo la enorme y sorpresiva tarea de coordinar la reconstrucción de Chile, sino que aún debe proseguir con lo que se espera de él: acotar el Estado, agilizarlo, y, más encima, recuperar el crecimiento.

Si el presidente de Chile es además listo (lo es), se propondrá desde ya dar continuidad a su cuatrienio, para lo cual debe comenzar cuanto antes a promover a una nueva generación de políticos para que ofrezcan continuidad a su programa en la próxima contienda electoral, y así lograr que la estadía de los actuales inquilinos de La Moneda sea un plan concreto y a largo plazo, susceptible de ser refrendado o rechazado por el electorado, ya que de seguro el actual presidente no querrá ser recordado como el artífice de un mero paréntesis en la historia de Chile, producto de un inescrutable exabrupto de un electorado con una debilidad por la social-democracia, sino como un líder reformista. Para revitalizar a su sector político --si es que cuenta con tal cosa--, Piñera tiene varias labores que desempeñar, como si acaso lo que ya lleva en su bandeja fuese poco. El país necesita cambios profundos en la manera en que organiza su política y en cómo elige a sus representantes para administrar las cuestiones de la república. El activo presidente debe implantar cambios que reformen el anquilosado sistema político que nos dejó Augusto Pinochet, y una de las principales y más simbólicas reformas que el país demanda es el facilitar el voto de los chilenos residentes en el extranjero. Felizmente, Piñera ha acogido esta petición, tradicional baluarte de la izquierda. Y si la iniciativa es presentada al país en el discurso del 21 de mayo, habrá que ponerse de pie y aplaudir.


Se esbozan otros cambios: un sistema de primarias, reformas a la creación de partidos, inscripción automática y voto voluntario. Nuestro sitio prefiere que no haya inscripción "automática", ya que nos parece preocupante que el gobierno llegue y nos inscriba, como si fuésemos un rebaño manejable a voluntad de quien ostenta el poder. Es preferible que antes de cada elección, quien desee registrarse, lo haga. Luego se borran los antecedentes, para así evitar bochornos como la venta de datos que perpetró el Registro Electoral. Ojalá que a alguien se le ocurra organizar las elecciones un día laboral y que no tengan que arruinarnos el fin de semana con una votación, que es sagrado, y menos aún sufrir la odiosa ley seca en la víspera de una elección. Preferiríamos también que no hubiese balotaje en enero. Nos gustaría eliminar ese instrumento de opresión llamado "carné de identidad", que es un insulto a la privacidad de los individuos. Chile Liberal añora reformas al sistema binominal. Pero por ahora, las reformas debiesen reflejar lo que realmente quiere el electorado, y nada mejor que dar vuelta una página horrorosa de la historia nacional y reconocer que si un chileno astronauta pisa la Luna o Marte sigue siendo ciudadano chileno, y por lo mismo, tiene derecho a voto en Júpiter, Venus, Argentina o EEUU.

Si Piñera quiere ser presidente de una derecha conservadora moderna, como la que vemos en la alianza liberal-conservadora en el Reino Unido, debe continuar con su agenda reformista. Este 21 de mayo será una buena oportunidad de saber qué derecha desea fundar.

sábado, 1 de mayo de 2010

Cómo destruir (lo que queda de) Chile

El presidente Piñera y su reforma tributaria pueden ser más destructivos que el terremoto 8,5 en la escala de Richter

La leyenda dice que Nikita Khrushchev revisaba orgulloso el desfile anual con que la Unión Soviética se vanagloriaba de su éxito económico y su poderío militar ante el mundo. El broche de oro lo traía, al final de la parada, la exhibición de bombas nucleares, montadas sobre una caravana de sofisticados camiones, con los que la URSS dejaba al mundo tiritano como jalea. Detrás de las bombas, aparece un jeep con seis tipos de feo aspecto, con cabellos ralos y despeinados, lentes poto-botella y vestidos en trajes grises mal ajustados, o sea, la antípoda misma de los bravos soldados del Ejército Rojo. ¡Qué significa esto!, exclama Kruschev furioso , ¡quiénes son esos payasos!", insiste. "Tranquilo, camarada Kruschev", responde el ministro de Defensa. "Ellos son nuestros economistas, y son aún más peligrosos que las bombas nucleares, de hecho, son más aniquiladores que el arsenal nuclear".

La historia es, desde luego, apócrifa, pero sirve para graficar lo que una mala política económica puede llegar a causar en un país. Sebastián Piñera, quien se ha jactado de conformar un equipo técnico (y monocromático) más que político, está a punto de destruir lo poco que quedó en pie en Chile, al proponer subir impuestos a las empresas para financiar la reconstrucción del país y no ser capaz de encontrar los balances justos en el resto del plan.

El país cuenta con fondos soberanos, producto de los excedentes del cobre, de 11 billones de dólares, mientras el plan de Piñera estima necesarios unos 8 billones para financiar el levantamiento del país. En momentos en que todos, sin excepción, reconocen que la nueva dirección de la administración Piñera debe apuntar hacia el crecimiento, Piñera decide no echar mano a los fondos en el extranjero sino aumentar los impuestos en el país. No se puede subir impuestos y al mismo tiempo crecer. Eso lo saben Piñera y su equipo. Para reconstruir el país hay que crecer, por tanto, para financiar el plan se deben bajar impuestos y repatriar los recursos de los fondos (y ojalá no robárselos en el intertanto). Cuando se retome el crecimiento, el dinero debe reponerse y así continuar con la estrategia contracíclica diseñada por el ex ministro Eyzaguirre, instaurada por el ex ministro Velasco, y que debe ser continuada ahora en esta nueva y díficl etapa por Felipe Larraín, actual hombre de las finanzas de Chile, bajo la quizás algo micromanejadora supervisión del presidente.

El cobro de impuestos significa sacar dinero de la economía. La idea es destinarlo a donde más se necesita. Mano de obra en Chile abunda, y es baratísima. La construcción será el pilar que fortalezca el empleo. Esto no es problema porque hay mucho que construir. El problema es sacar los recursos de la economía. Lo lógico sería balancear distintas fuentes de financiamiento para que el impacto negativo sea mínimo. Una propuesta interesante sería, primero, hacer uso de las excelentes credenciales chilenas, gracias a la eficiente administración de la Concertación, y obtener dineros en el extranjero. La emisión de bonos soberanos es, no obstante, un acierto (equivalen a 1,5 billones de dólares). No hay que tenerle miedo al endedudamiento en esta fase del ciclo, hay que preocuparse cuando nos endedudamos durante la época de las vacas gordas. Hoy las vacas están famélicas, y hay que ir a los mercados internacionales a sacar recursos. Lamentablemente, el acto populista de Piñera de denunciar el déficit de la Concertación ahora le juega una mala pasada.

Pero lo más importante de todo es saber que el país tiene activos que el Estado ya no debe administrar. Privatziar parte de Codelco habría de inmediato conseguido los recursos necesarios, además de la privatización de Enap, Soquimich, y el desprendimiento completo de las sanitarias. (Aguas Andinas, etc.). Pero poco puede hacer ante el país un presidente-magnate que tardó demasiado en desprenderse de sus propias empresas antes de asumir la presidencia, y cuyo pirulo gabinete tiene poca legitimidad en la siquis del país (Chile es uno de los países más resentidos del mundo). Al contratrio, Piñera ha preferido congraciarse con la Concertación, que desde luego va a aplaudir cualquier alza de impuesto.

Son necesarios al menos 10 billones de dólares para reconstruir el país. Aparte de eso, es hora de comenzar pensar en formas de tener al país entero asegurado contra estos siniestros. Lo inmediato es conseguir recursos. Primero, vendamos parte de Codelco, y dejemos de perder dinero con Enap y otras: privaticemos estas empresas. Segundo, usemos una parte sustancial de los fondos soberanos, con el compromiso de reponerlos. Lo bueno del plan: emitir bonos, y recortar el presupuesto de defensa (300 millones de dólares ya están en la mira).

El royalty minero debe aumentarse temporalmente, esto en ningún caso puede afectar al país. Aníbal Pinto declaró la guerra a Bolivia en 1789 justamente porque la nación altiplánica aplicó un alza de 10 centavos por quintal de salitre a la Compañía de Salitres y Ferrocarriles de Antofagasta, y ésta, con justicia, se negó. La causa del alza fue financiar la reconstrucción después de un terremoto que azoló la zona en 1877. Esta medida sin duda será controversial. La devastación del terremoto del 2010 ha sido extraordinaria y demanda medidas extraordinarias. Sólo un salvaje podría oponerse a modificaciones en el royalty, y si la contribución no es voluntaria, que sea por la fuerza.

La sobretasa de 0,25% al 5% los bienes raíces de mayor avalúo fiscal es una medida justa, siempre y cuando se respete su carácter temporal.

Lo que no necesitamos es más impuestos a las utilidades de las empresas, como ha propuesto Piñera, que aumentará un 3% a las empresas en el tramo de primera categoría. Nos preocupa el impacto en el crecimiento, que a pesar de todo, debe seguir siendo la máxima prioridad de la nueva administración. No se puede lograr un 6% de crecimiento y subir impuestos.

sábado, 27 de marzo de 2010

Cuba y China: Un mundo de diferencias

El presidente Piñera finalmente condena los abusos del régimen castrista, pero meter en el mismo saco a China y Cuba es un error

China es un enorme socio comercial para cualquier país, mientras que Cuba es una isla pequeña de menor relevancia. Sólo para captar la magnitud de las diferencias, baste recordar que existen 400 millones de usuarios de Google en la nación oriental. El gráfico a la izquierda deja de manifiesto el potencial chino en todo su esplendor.

Mientras que el recién asumido gobierno de Chile correctamente deplora las sistemáticas violaciones a las libertades que se perpetran en Cuba, muchos, especialmente en la izquierda del espectro, acusan doble estándar por el silencio de la administración Piñera ante atrocidades similares en China. Se equivocan.

La distancia entre Cuba y China es sideral. La isla caribeña no ha modificado un ápice su estricto régimen policial, y ante la incapacidad física de Fidel Castro de seguir al mando, se corona a su hermano para continuar con las mismas inaceptables medidas revolucionarias que alguna vez inspiraron a millones a vestir camisetas del Che, dejarse barba y escuchar al Silvio mientras nos musitaban "shh, salta p'al lao, yo soy humanista de verdad, y revolucionario; tú no.". Por otro lado, en Asia, ya Deng Xiao Ping dio inicio en la década 70 a importantes reformas de mercado que comenzaron a abrir al enorme dragón chino al mundo. Cuando Ping declara que "no importa si el gato es blanco o negro, lo importante es que coma ratones", mandó a su país por el sendero del pragmatismo hacia una suavización de lo más ortodoxo de la ideología comunista, alejándose del dogmatismo marxista à la Castro. Es por eso que no puede compararse Cuba con China.

Nadie cuestiona que abusos como la masacre de Tiananmen son actos abyectos que sólo un estado policial y sanguinario logra ocultar. Recientemente, las arbitrariedades propinadas sobre la población china durante los Juegos Olímpicos fueron otro ejemplo de la brutalidad de este régimen. Todo esto es condenable.

No obstante, este es momento de seguir comerciando con China hasta que la prosperidad y la apertura que conlleva la economía de mercado sean el detonante que mine los cimientos mismos del aparato chino. Si EEUU hubiese suavizado el embargo contra Cuba, la historia también sería distinta, pero mientras la isla fue un conveniente parásito soviético donde podían instalarse misiles nucleares apuntando a Washington DC, no hubo forma de comerciar con ellos, ni tampoco creemos que Castro hubiese --en su dogmatismo delirante-- apreciado las bondades del comercio con el mundo. Es decir, es plausible creer que el barbudo déspota del Caribe no habría abierto su economía porque sabe mejor que nadie que estaría empezando a abrir las compuertas del descontento popular masivo en su oprimida isla. Acá radica otra de las diferencias fundamentales entre Cuba y China: la primera es una nación marxista dogmática, mientras la segunda emplea el comunismo como un útil herramienta para aglutinar una población dispersa y numerosa.

China no es sólo un país. Miles de grupos étnicos, cientos de idiomas y decenas de culturas milenarias sin mucho en común conviven bajo lo que el vulgo llama "China", que en realidad es una frágil y artificiosa federación que aún no cuaja, ni nunca lo hará. La grieta más conspicua es el Tíbet, que si quedase en libertad simplemente derrumbaría todo lo que la Revolución Cultural logró, es decir, formar desde una burocracia centralizada un país enorme y acorralado bajo unas fronteras comunes, que sin la herramienta del comunismo no podría contener un quinto de la población mundial bajo un sólo gobierno. Por un lado, China hace sombra a EEUU porque tiene la población y el territorio para medírsele hombro a hombro. Por otro, si China se resquebraja, sus restos serían varios países que por separado jamás llegarían a formar parte del denominado "G2" (China y EEUU).

La mejor forma de poner presión a China es mediante la contensión, táctica ya empleada durante la Guerra Fría. ¿Condenas? Que haya, y para empezar, que EEUU declare a China un país manipulador de su propia moneda en detrimento del libre comercio. China debe dejarse de exportar y empezar a consumir para así acelerar el crecimiento mundial (lo mismo corre para Alemania, por cierto). El yuan se encuentra artificialmente devaluado un 49%, como científicamente lo demuestra el más exacto de los indicadores jamás concebidos, el Índice Big Mac de The Economist (ver abajo). Ahora que China aspira a ser superpotencia es posible sacarla a la arena mundial, y dejar de manifiesto ante la comunidad internacional sus inaceptables prácticas políticas. Esto es mejor que el aislamiento contra Cuba. Pero la isla lleva más de medio siglo en el estancamiento, sin señas de modernización, al contrario del gigante asiático, por ello las declaraciones contra Cuba deben ser mucho más potentes.


Dejen que Google haga negocios en China, y que luego el régimen se exponga a las críticas mundiales por la censura al buscador en Internet, que recientemente se cambió de www.google.cn a www.google.com.hk, donde operará sin censura. Pero por favor no comparemos con Cuba, donde el aceso a Internet es otorgado sólo mediante permisos de gobierno.

Después de todo, no olvidemos que durante la dictadura de Pinochet, Chile y la República Popular mantuvieron calurosas relaciones diplomáticas: si el Pinocho fue capaz de ver la diferencia entre Cuba y China, entonces cualquiera puede.

viernes, 19 de febrero de 2010

Tatán en la hora de la verdad

El presidente electo, por fin, se sincera

Ya adelantamos en nuestro artículo anterior sobre la crisis de los PIGS que mucho se ha estudiado el desarrollo económico y el paso a la categoría de "país avanzado", pero muy poco se ha indagado sobre las causas de la caída de los países. Un buen ejemplo para Chile puede ser Uruguay, caso que también sirve para trazar un paralelismo con la alicaída Irlanda. Piñera y sus tecnócratas, políticos y académicos en su recientemente anunciado Team deben aprender las lecciones para no boicotear los enormes avances de Chile. En especial debe poner atención el equipo político (el más débil, lamentablemente), ya que la moraleja de estos casos será poco apetecible para los chilenos. En este artículo, Chile Liberal argumentará que Piñera no debe profundizar la bullada "red de protección social" instaurada por Michelle Bachelet, y la administración Piñera debe poner coto a los instintos populistas.

Como sabemos, América latina es un continente riquísimo. Sus desigualdades económicas, sociales y culturales son obscenas. La afición del hispanoamiericano por los gobiernos fuertes, combinado con una ausencia de valores éticos como la honestidad, la confianza y el trabajo duro, han convertido a la región en un marasmo ingobernable. No obstante, por momentos el continente ha deslumbrado. Cuando las pequeñas potencias colonialistas europeas demandaban recursos naturales con hambre insaciable, América latina vio a Argentina o Uruguay convertirse en tierras prometidas donde emanaban miel y leche por doquier, y fueron países donde millones emigraron para forjarse un futuro mejor. Esto fue más o menos así hasta la Gran Depresión (1929), cuando la economía capitalista colapsó y el nuevo paradigma intelectual pasó a ser la economía planificada, que convertía a Rusia en una economía basada en la ciencia y el humanismo, pasando de ser una sociedad agraria. El colapso de EEUU y Europa gatilló proteccionismos infames y recelos que desembocaron en la II Guerra Mundial, episodio bélico que cambiaría al mundo por siempre (por primera vez, el ser humano toma conciencia de que es capaz de destruir el planeta: nace el pos-modernismo), y aunque América latina se mantuvo al margen, comenzó la edad de oro de los caudillos, los interminables golpes de Estado, y los políticos-militares populistas que, siguiendo malentendidos principios keynesianos aplicados durante la Gran Depresión, dieron gran importancia al papel del Estado, mezclado con una letal admiración por la economía planificada.
El símbolo de todo lo peor de América latina fue la cleptocracia populista de Juan Domingo Perón, un militar que prometió bienestar a costillas del Estado. El resultado fue la depredación de Argentina por parte de su clase dirigente. Mientras al otro lado del Río de la Plata, Uruguay instauró en la década 50 uno de los sistemas de seguridad social más avanzados del mundo. Uruguay pasó de ser en la década 30 uno de los países más ricos del mundo, a uno mediocre después de los años 60. En ambos casos, la "protección social", el gasto descomunal, el populismo, la excesiva intervención del Estado y el gobierno fuerte —y un electorado que vitorea estos disparates— fueron los culpables del fracaso de las naciones más prometedoras del continente.

Alto al gasto
Por lo anterior, si Sebastián Piñera no saca el pie del acelerador al gasto descomunal, el populismo, la excesiva intervención del Estado y el gobierno fuerte —a pesar de las rechiflas del electorado— su gobierno pasará a la historia como la administración que se farreó el país que más cerca está de alcanzar el estatus de "primer mundo". Este era el objetivo que planteó para el 2010 Ricardo Lagos al inicio de su sexenio. Se logró "por secretaría", con el ingreso a la OCDE. Pero para que sea real, se necesitan cambios. Por suerte, Tatán exhibe algunos atisbos de sensatez. Hoy, durante la ceremonia republicana de presentación de los asistentes de sus colaboradores directos, Piñera ha dicho:

"La esencia del problema económico es la existencia de necesidades
múltiples frente a medios escasos. El año pasado, las finanzas públicas
experimentaron un déficit fiscal de 4,5% del PIB, lo que representan una cifra
cercana a los US $7,200 millones, uno de los déficit fiscales más altos de
nuestra historia y no repetible en el tiempo"

Si este lineamiento general es el eje de la política económica del próximo cuatrienio, entonces podemos respirar más o menos tranquilos. Digo "más o menos" porque los agitadores, los sindicalistas exaltados y los viudos del comunismo embestirán con todo contra Piñera. Si el presidente electo no hubiese desbarrado nombrando a un personaje como Joaquín Lavín en la álgida cartera de Educación se habría hecho el enfrentamiento contra el sindicato de profesores y los pelusones ineducables del sistema municipal una tarea menos ardua. Y así en otros departamentos de la administración de nuestra república habrá estridentes demandas para que el gobierno activamente redistribuya la riqueza, desfigurando la evolución de la economía chilena de una basada en la producción de commodities, como ocurre actualmente, a una basada en el conocimiento y el valor agregado, donde el mercado sólo, por inercia, distribuye más equitativamente las utilidades. Creer que es factible la equidad en una economía sin mercado interno y basada en la exportación de minerales y frutas, donde se necesita mano de obra barata y poco calificada, es una mentira flagrante. En la medida que no seamos capaces de exportar productos con valor agregado, y de tener un mercado interno (podríamos estimular la inmigración hacia el país), no podremos redistribuir utilidades.

Hasta hoy, en Argentina se jactan de tener "salud y educación gratis", misma cantinela escuchada en otros países. En la hermana nación no existe voluntad en el electorado por privatizar. Todos reclaman que los políticos roban, y cómo no, si le han dado excesivo poder a los políticos. En Chile, como en toda democracia sustentable, la labor debe apuntar a limitar el poder del gobierno, y dejar que la economía avance por el sendero de la innovación, para lo cual es condición necesaria la flexibilidad laboral, y fomentar el espíritu de emprendimiento (para esto último no sé exactamente qué hay que hacer, sorry). Creo que hay países, como EEUU, donde el espíritu de los pioneros es instintivamente emprendedor, mientras que al sur del Río Grande es natural que después de la siesta reclamemos que el gobierno no hace nada por nosotros. Debemos dejar de creer que la "salud y educación gratis" son sostenibles en el tiempo. El mercado de los seguros de salud puede ofrecer cobertura al grueso de la población, y la tarea del gobierno debe ser canalizar las fuerzas del mercado (imponer reglas justas, hacer cumplir las leyes), mientras que en educación no logro entender el vicio estatista. ¿Por qué impedir que la educación privada llegue a los sectores más pobres? Si está archi-demostrado que la competencia genera mayor calidad, ¿por qué insistir en que no debe haber competencia en la educación? Las demandas no se harán esperar. Piñera hoy también dijo lo siguiente:

"Quiero reiterar hoy día nuestro compromiso con una política pública y
fiscal sana, responsable, seria y sustentable, lo que significará un marco
presupuestario austero para el año 2010, que nos obligará a priorizar las
necesidades más sensibles de la gente pero que no nos permitirá acoger todas las
demandas de la ciudadanía, por justas y legítimas que ellas sean"

Populsimo, el gran problema
El populismo ha sido la peor enfermedad de los polítcos latinoamericanos. Piñera hizo algunos amagos p'a la galería durante la campaña (bonos de 40 lucas, etc), pero un gobierno dedicado a redistribuir y a actuar como niñera de los ciudadanos pronto se encontrará con las arcas vacías. La Concertación planteó la sociedad de bienestar como el corolario de su gestión, en momentos en que los PIGS, quienes antepusieron bienestar al crecimiento, hoy van en caída libre.

El mismo problema tambien lo sufre EEUU, que es, en el fondo, una social-democracia. Los norteamericanos gozan de enormes programas de bienestar, o "entitlement", como Medicare, Medicaid, social security, pensiones, por nombrar unos pocos. Barack Obama fue una opción válida siempre y cuando se mantuviera arengando a la población con poesías y metáforas, pero llevando a la práctica lo menos posible de lo que prometió. Está condenado a decepcionar, y no es descartable la posibilidad de que no logre la reelección y su cuatrienio pase a la historia como un fiasco. EEUU necesita gastar menos por el enorme forado en sus finanzas. En Chile vamos en ese rumbo, situación anómala que Piñera debe enmendar.

El presidente electo declaró que quiere ser el mejor presidente de Chile. Con la misma fuerza que Bachelet, aconsejada por Velasco, se negó a farrearse los excedentes del cobre cuando los pingüinos y sindicalistas salieron a las calles (y como tristemente quería Eduardo Frei), Piñera debe explicarle al país que el mercado puede ofrecer seguros de cesantía, que el gobierno va a reinar sobre los abusos de las Isapres, y la educación privada será, si es necesario, subsidiada. Pero que el énfasis es el crecimiento. No vaya a ser cosa que nos jactemos de tener salud y educación gratis, pero que no haya con qué pagarla. En el caso particular de Chile, el gasto en educación aumentó 10 veces durante la era de la Concertación, pero la calidad no aumentó diez veces, de hecho, los avances fueron insignificantes. Los impuestos se han casi duplicado. Estos cuatro años que siguen no son el momento de seguir gastando, sino de encontrar eficiencias en el gasto. Por ejemplo, deben erradicarse los sórdidos "desórdenes administrativos" del ministerio de Educación. Sería bonito eliminar el impuesto específico a los combustibles, pero no vaya a ocurrir lo mismo que a George W Bush, quien por bajar impuestos legó un déficit de 12,3% del PIB en 2009.

La red de protección social debe cubrir a los más menesterosos, y en específico a quienes están sumergidos en los bolsones de pobreza dura. Aún persisten grupos ineducables, incontratables y ajenos a cualquier mecanismo de mercado (sin cuentas bancarias, etc). Este es un lastre que arrastramos desde nuestra fundación. Medidas sociales, como control de la natalidad, serían efectivas. Pero en estos grupos la intervención del Estado puede ser inevitable. Pero querer extender el Estado a la clase media, sería calamitoso. La clase media quiere —y debe— surgir por sí misma. Necesita menos obstáculos, no costosas y contraproducentes dádivas.
Ahora bien, si Piñera tiene un buen equipo político para explicarle todo esto a los chilenos, es algo que no queda claro. El presidente electo sí tiene el capital político para actuar conforme a lo delineado en el discurso de hoy, no por nada ganó una elección presidencial. Por lo mismo, cuenta con el mandato, y su actuación sería legítima.
Documentación e imagen: La Tercera