domingo, 9 de noviembre de 2008

Memorial a Jaime Guzmán: por qué la presidenta NO debe asistir

El paralelismo se ha citado hasta el hastío: la Constitución Americana que rige a EEUU desde su fundación gracias a la genialidad de los Padres Fundadores, versus la Constitución de 1980 redactada entre cuatro paredes por personajes como Jaime Guzmán.

Un monumento a Guzmán debe servir como recordatorio del Chile autoritario dominado por latufindistas católicos, un país rancio que debemos dejar atrás a la brevedad. Si queremos construir un Chile democrático, meritocrático, gobernado por leyes e instituciones y no por personalismos, la presidenta de la república debe abstenerse de asistir a canonizaciones de santos seculares como Jaime Guzmán.

El columnista Carlos Peña de El Mercurio (ver artículo) lo resume muy bien (destacados en negrita de Chile Liberal)

Guzmán, desde temprano, compartió el mito de origen de la oligarquía chilena. Concibió su labor política como una "obligación de clase" y como el resultado directo de la "voluntad de Dios" (Revista Escolar, Colegio de los Sagrados Corazones, 438, año LIV, p. 86). Más tarde, en una conocida crítica al sufragio universal -que es plenamente consistente con esa conciencia de clase- sostuvo que "resulta evidente que para la tarea de resolver los destinos del país no todos los ciudadanos se encuentran igualmente calificados" (Realidad, N° 1, 1979, p. 34). Citando a Vásquez de Mella, sostiene que el voto de un día no puede ignorar el "sufragio universal de los siglos". Y de ahí que no observó motivos para rechazar la representación orgánica (Revista Chilena de Derecho, UC, vol. 6, 1979, págs. 55, 56). La democracia, dijo, es sólo un medio "y ni siquiera el único o más adecuado en toda circunstancia" (Ercilla, 22 de agosto de 1979).

Esas ideas explican que el franquismo de sus años adolescentes -y el gusto por los hombres fuertes, tan propio del conservantismo hispanista- se haya desplazado al abierto "pinochetismo" ("Significado y oportunidades del pinochetismo", Ercilla, 19 de julio de 1978). Ese "pinochetismo" lo mantuvo hasta el final: "Me declaro pinochetista y a mucha honra" (entrevista concedida a Raquel Correa, "El Mercurio").

En materia de derechos humanos, coexistió en él un iusnaturalismo abstracto con un crudo pragmatismo. Así lo prueba el discurso de Chacarillas que él, en su carácter de consejero del príncipe, compuso: "Las limitaciones excepcionales que transitoriamente hemos debido imponer a ciertos derechos han contado con el respaldo del pueblo y de la juventud de nuestra patria, que han visto en ellas el complemento duro pero necesario para asegurar nuestra liberación nacional".

Y se encuentra el famoso memorando que, en una carta, citaba Lucas Sierra: "(El) éxito de la Junta está directamente ligado a su dureza y energía que el país espera y aplaude. Todo complejo o vacilación a este propósito será nefasto. El país sabe que afronta una dictadura y lo acepta. Sólo exige que ésta se ejerza con justicia y sin arbitrariedades. (...) Transformar la dictadura en 'dicta-blanda' sería un error de consecuencias imprevisibles" (sobre la relación de Guzmán con los derechos humanos puede verse además Acchiardi, P., "La coherencia en riesgo: Jaime Guzmán y los derechos humanos. Chile: 1973-1978", tesis, PUC, 2004).

Por supuesto nada de lo anterior justifica su asesinato. Pero todo eso impide que la república le rinda un homenaje.



Un homenaje a Guzmán se enmcarca dentro de los principios de la libertad de expresión y de asociación y de pensamiento, que hemos impulsado desde siempre los liberales. Guzmán, al contrario, nos ofreció el artículo VIII y el crimen de pensamiento, represión y autoritarismo.

La república de Chile, encabezada por la presidenta Michelle Bachelet, la primera entre sus iguales, no tiene pito que tocar en homenajes a Jaime Guzmán.

2 comentarios:

Su Excelencia dijo...

Cuando el Estado no cumple con sus funciones básicas, como el castigo de los delincuentes, la ciudadanía tiene el derecho (y el deber) de hacerse cargo de aquéllas. Más aún si el estado se erige en cómplice de los delincuentes e impide la acción de la justicia.

Por lo tanto, se justifica plenamente el ajusticiamiento de Jaime Guzman.

María Paz Ureta dijo...

La verdad es que no conocía mucho acerca de Jaime Guzmán, pero quedé plop! con sus declaraciones...