Los ataques terroristas de ayer constituyen casus belli
Pocas cosas son más típicas de la vida de los parisinos que terminar la semana ofreciéndose un resto simpático, como se llama a ir a un pequeño bistrot. Aunque las lucas en la Ciudad Luz escasean cada vez más, siempre hay una excusa para organizar una soirée con los amigos o los compañeros de boulot. Por otro lado, los partidos de fútbol del Équipe de France contra la siempre potente selección alemana no dejan a nadie indiferente. En el país de la romántica Chanson, la escena rock sigue más vigente que nunca y siempre hay alguna tocata: la cartelera del Bataclan, algo así como el equivalente francés de La Batuta, nunca decepciona. Hay otros que aprovechan de hacer compras en los grands magasins, a pesar de los restrictivos horarios, como en Les Halles, y aprovechan de pasar luego a alguno de los restaurantes en Beauborg o Le Marais. Es lo típico, en un viernes en la noche como cualquier otro en París.
Ayer, 13 de noviembre del año 2015, el mismo año que empezó con la masacre de Charlie Hebdo, elementos terroristas vinculados a ISIS mataron a casi más de 120 personas con bombas en el Stade de France, en la sala Bataclan, en dos restaurantes frente a esta sala, y con balaceras en Les Halles, y en otros puntos de la ciudad, algunos tan conocidos como el barrio République. El transporte público fue paralizado, la gente comenzó a volver en las bicicletas arrendadas, otros a pie, otros debieron quedarse en alojamiento ofrecido por los vecinos. Ayer silenciaron París. La Ciudad Luz quedó a oscuras.
El gobierno ha declarado estado de emergencia y ha suspendido libertades como el derecho a reunión, ha decretado el cierre de fronteras y se han autorizado los allanamientos sin orden judicial. Para Chile Liberal la gravedad de la situación amerita estas medidas excepcionales.
El Presidente François Hollande ha dicho claramente que esto es una declaración de guerra. Europa en general, y Francia en particular, ya no puede seguir con medidas anti-terroristas por un lado y acogiendo refugiados de Siria por otro. Es necesario que el poderoso portaaviones Charles de Gaulle se dirija al este del Mediterráneo y poner bototos en tierras sirias. Gran Bretaña debe secundar a Francia. Cualquier intento por moderar una respuesta militar contundente será una traición.
El ataque merece repudio total y no acepta "matices" ni "peros". El que culpe a EEUU, a Israel, o al imperialismo, o que empate con otros atentados merece el desprecio total. Este es un atentado cobarde perpetrado por los seguidores de una ideología sicopática.
El ataque de ayer contra los clientes de un centro comercial, contra los hinchas del fútbol, contra los fans del rock, contra los simples comensales en un bistrot, son atentados contra la población civil y contra todo occidente, contra nuestra forma de vida. Eso es lo que buscaban: perturbar a los civiles en aquello que más apreciamos. Esto es una declaración de guerra. La respuesta debe ser brutal.
"El portaaviones Charles de Gaulle, buque insignia de la Armada de Francia, zarpó hoy hacia el Mediterráneo oriental, donde triplicará la capacidad operativa actual del país contra el yihadista Estado Islámico (EI), indicó el presidente francés, François Hollande."
En línea con lo que dijimos en este post:
"Es necesario que el poderoso portaaviones Charles de Gaulle se dirija al este del Mediterráneo"
Reconfortante es saber que el gobierno francés pone atención a las recomendaciones de Chile Liberal. Estamos acá para ayudar y dar legitimidad a las acciones que deben tomarse, por impopulares que sean.
El nuevo proyecto de renovación de la Plaza de Armas de Santiago es una oda a la planificación centralizada
La aparición espontánea del orden en medio del caos es una premisa sagrada para la cofradía anarco-capitalista. Si bien el principio del orden espontáneo puede aplicarse en varias esferas, como por ejemplo el mercado, para Chile Liberal sería bastante anómalo aplicar dicho precepto en el urbanismo. Pretender una ciudad funcional mediante la cooperación voluntaria de sus habitantes es, reconozcámoslo, una idea estúpida.
La municipalidad de Santiago bajo la alcaldesa Carolina Tohá está poniendo en marcha un plan para renovar la Plaza de Armas de Santiago, como ya es tradicional en todos los alcaldes de Santiago Centro el tratar de cambiarlo todo — razones sobran para querer un borrón y cuenta nueva. Esta vez se pretende revertir la deforestación de la plaza y restaurar cierto aire europeo en desmedro del cariz popular que ha sido la triste tónica del epicentro histórico, cívico, arquitectónico y patrimonial de la capital chilena.
rue de Rivoli
Entre las estocadas más certeras clavadas al corazón de la ciudad se encuentra la pauperización del Portal Fernández Concha. Este edificio, por increíble que parezca, fue diseñado inspirándose en la rue de Rivoli parisina (ver foto), y es uno de los raros ejemplos en la historia del urbanismo de una obra que es al mismo tiempo Monumento Nacional y Monumento a la Ordinariez. Atiborrado de casetas donde se vende comida chatarra, abunda el nauseabundo aroma a fritanga salpicado con baratijas de ocasión. Visitarlo es grotesco, empequeñece el corazón. El siguiente es un extracto de una entrevista del diario La Segunda a la coordinadora del actual proyecto de renovación:
Uno de los lugares más feos es el Portal Fernández Concha. Está sucio. Hay quienes dicen que sus locales de comida son insalubres. ¿Se va hacer algo al respecto?
-Ese lugar es una propiedad privada... y no tenemos atribuciones. Ahora, efectivamente, cualquier persona que pase por allí puede ver cuál es la condición del portal. Quisiéramos que eso se ordenara y que estuviera en condiciones dignas para el usuario que va a comer. Ya iniciamos conversaciones con los propietarios para que vayamos acordando un sistema de ordenamiento, de mejoramiento de las condiciones sanitarias, de búsqueda incluso de soluciones económicas en otras instancias públicas.
Esto plantea un desafío. ¿Es posible regenerar un edificio, incluso una ciudad, mediante un plan centralizado y dirigista? ¿Sirve el laissez-faire para conservar el patrimonio de una ciudad? Dejada a su suerte, la Plaza de Armas, y prácticamente toda construcción histórica, acabaría demolida y daría paso a horribles construcciones. Los dueños del Portal Fernández Concha no lo han vendido al mejor postor sólo porque la autoridad lo impide.
Por otro lado, la ciudad de París es una elegía a la planificación central y el dirigismo. Pretender que la capital francesa logró su esplendor gracias a la cooperación libre y espontánea de sus habitantes es ridículo.
París hasta mediados del siglo 19 era caótica, oscura, insalubre y fétida (para ser justos, muchas partes continúan así). Fue el genio Georges Eugène Haussman, prefecto de la ciudad, quien impulsó la más extraordinaria revitalización que haya visto una urbe moderna — la Transformación de París Bajo el Segundo Imperio.
Básicamente, un grupo de expertos, supervisados por el mismo Haussman, se propuso inventar una ciudad funcional, moderna y por sobre todo bella. Demolieron prácticamente todo lo que juzgaron feo o torpe. Inventaron el "edificio haussmaniano", esas grandes casonas de departamentos (vuestro Humilde Servidor vive en una de ellas), al cual todos los arquitectos deben adscribir sino los municipios no autorizaban las construcciones. Añadieron parques y abrieron los grandes bulevares con amplias veredas donde florece la más parisina de las instituciones urbanas: el café en terraza. El diseño de las mesas, las sillas, y los letreros deben cumplir con las normas estéticas dictadas por el municipio sino se ven impedidos de atender a los clientes. Parece tiránico, aunque nadie reclama, al menos, ninguno de los 60 millones de turistas parece indignarse por el dirigismo. La idea, lograda con éxito, es preservar la época conocida con el evocativo nombe de Belle Époque, cuando Francia se encontraba en el pináculo de la civilización.
El París de la Bella Época
Desde luego en Santiago la cosa es bien distinta. Mesas de plástico, sillas son feas, de fierro, atadas con una cadena para que los flaites no se las roben. Cada local pone un letrero de las dimensiones a su antojo, con el tipo de letra elegida a su amaño. Es que nosotros los chilenos somos libertarios pues... claro que libertarios para puras huevadas.
El lado feo
Por supuesto no todo es lindo. En Rusia apareció el constructivismo después de la Revolución Bolchevique. Los rusos siempre quisieron imitar Europa y nada mejor que copiar la quintaesencia de lo europeo, es decir, lo francés. El resultado de los arquitectos y urbanistas soviéticos claramente no fue un Moscú Belle Époque sino una asquerosa ciudad poblada de monstruosidades grises de mal gusto comunista.
Los propios planificadores franceses post 2a Guerra Mundial también aportaron su cuota de ordinariez con los proyectos habitacionales de la banlieu (perifera) parisina, que no son otra cosa sino ghettos — caldo de cultivo del asistencialismo social y la marginalización. Esta olla a presión reventó finalmente el 2005 en los llamados Disturbios de la banlieu. Conviven dos almas hoy en París — la Belle Époque romántica del centro histórico, que ha inspirado a generaciones de artistas y millares de turistas, y la periferia, que combina la elegancia soviética con el joie de vivre del Estado de Bienestar y su asistencialismo insostenible y sus consecuente tributación rapaz.
El plan de la alcaldesa Tohá, ¿prohijará un Santiago más similar al Moscú socialista o al París Belle Époque? Imposible saberlo. Pero sí sabemos que la clave del fracaso es tanto el fervor religioso hacia la panificación como la idolatría al laissez-faire . Los comunistas fallaron en crear al hombre nuevo cuando los obnubiló su fe secular. Por su parte, el orden espontáneo sólo creará un Cafarnaún.
¿Es anti-liberal toda planificación central? Una teoría nos dice que el liberalismo debe centrarse primordialmente en preservar la pluralidad, el respeto a la opinión disidente, la libertad de prensa y de conciencia. Esto permitiría fundar instituciones representativas — todo lo que se haga en este contexto "libre" seria igualmente liberal. Digamos, si un municipio declara al Portal Fernández Concha como monumento histórico o lo remata y lo vende para que se destruya serían, ambas decisiones, igualmente "liberales" si es que son decisiones tomadas por instituciones representativas en un ambiente pluralista donde prima la libertad de opinión y la deliberación — los seguidores del liberalismo político de John Rawls lo comprenden bien.
Este tema en discusión no es baladí. Porque si extrapolamos esta pugna, cabrá preguntarnos si en salud, educación, pensiones y seguridad social triunfará el laissez-faire o la planificación central. Probablemente lo más sensato sea un muddle through entre ambos, y terminar con las profesiones de fe en uno o el otro.
Como ya he dicho, me encanta Francia. Me fascina cómo su cultura busca excitar los sentidos. Un café aromático e intenso, una buena baguette en un café, el disfrutar de la arquitectura, el gusto por la ropa (que no es necesariamente cara), todo armonizado con la inconfundible elegancia gala. En ese país también se encuentra el cabaret Crazy Horse, que se dice es el más exclusivo del mundo, el cual vuestro corresponsal ha visitado y en este artículo quería reflexionar al respecto, consciente de que puede ser altamente controversial.
Para empezar, aclaro que el cabaret Crazy Horse de Paris es un espectáculo de tipo revista, con bailarinas completamente desnudas, fundado en 1951 por Alain Bernardain, un hombre que se propuso llevar a un escenario sus propias fantasías sexuales. La diferencia de este cabaret con otros como el mítico Moulin Rouge o el Lido es que el Crazy Horse es muchísimo más risquée... o simplemente obsceno, como quieran. Lo que caracteriza a este show es que las sofisticadas luces sobre los cuerpos de las esbeltas muchachas en realidad no dejan verlas en todo su esplendor, lo que de a poco se convierte en un juego mental. No por nada uno de sus lemas es "usted cree que verá todo, pero no verá nada".
El Crazy Horse, no obstante, puede ser decepcionante. Con la entrada más barata a 170 €, es entendible que medio ver mujeres desnudas que no tienen 550 cc de silicona ni cabellos ridículamente rubios deja a muchos --hoy en día-- con gusto a poco. Esa impresión queda al leer comentarios de quienes han asistido, o al menos de quienes provienen de la cultura angosajona, y creo que también para el chileno medio. Dicho de otro modo, una Adriana Barrientos no tiene cabida en le Crazy Horse. Pero que el show es sensual, abiertamente erótico y decididamente provocativo es una cuestión que está fuera de toda discusión, y así todo no deja de perder elegancia en momento alguno. Lo disfruté con una buena botella de champagne después de la cena que comenté antes, ya que la misma sala de espectáculos ofrece una cena en el restaurante o en uno a eleción, que en este caso yo y A. tomamos en el crucero Bateaux Mouches.
Como sabemos que una imagen vale más que mil palabras, les invito a ver la presentación del cabaret La Femme, réplica del Crazy Horse de París, recientemente abierta en Las Vegas (EEUU).
Entiendo que algunos se pregunten cuál es el gusto por ver mujeres desnudas. Más aún en alguien que se jacta de promover la igualdad de género, y peor aún asistir a este tipo de espectácuo con la propia pareja. Para empezar, los asistentes en su mayoría eran parejas, y no veo que tenga de reprochable celebrar l'art du nu, o el arte del desnudo, la raison d'être del Crazy. Lejos de explotar a la mujer hasta convertirla en objeto, es una celebración de la libertad que tenemos en Occidente y de nuestra apertura de mente, y es una muestra de salud mental que un sujeto eleve a categoría de arte sus fantasías y las convierta en un espectáculo de lujo. Las artistas son muy bien remuneradas y no son objeto ni de improperios ni nada, todo lo contrario, cada número culmina con un aplauso cerrado entre los sorbos de champaña de muy bien educados espectadores. Este es un show para admirar la sublime belleza del género femenino, no para degradar. Salvo intervenciones a la nariz, ellas tienen prohibido aumentarse pechos, ya que en el ideal clásico de belleza, algo que saben muy bien los franceses, los pechos no deben superar en tamaño una copa de champaña (ver artículo).
¿Y en Chile? Los chilenos concebimos más bien la revista como un espectáculo picaresco, con nuestro acostumbrado humor grosero, donde lo que más se luce en primer lugar es la silicona, segundo la pericia del cirujano, y tercero el show, que no pasa de ser de baja estofa. La tradicional Vedetón me corrobora.
Así todo, la vulgarización del chileno no siempre ha sido tal. Nada grafica mejor el auge y caída de la revista chilena que el legendario Bim Bam Boom, que hoy se busca reeditar, y de paso muestra el proceso de idiotización de nuestra sociedad (que, digamosló, nunca ha exaltado la sofisticación ni el buen gusto). Como se sabe, el Bim Bam Bum fue uno de los pocos cabaret a la francesa que existieron en Chile, eso sí más similar al Lido que al Crazy Horse. ¿Por qué desapareció? Pues muchos apuntan al Gobierno Militar y su moral católica que condena el desnudo como algo deleznable, pero no así la tortura, el descuartizamiento y la desaparición de personas. Los dictadores tienen una paticular animadversión contra la libertad del cuerpo (algo de ley de Godwin aquí) porque conlleva incluso a la libertad de expresión. Pero no es tan sencillo culpar a la dictadura. Fue el gobierno marxista de Allende el que impuso desde la infinita sabiduría de sus burócratas el promover una agenda cultural y propuso exenciones de impuestos a los espectáculos culturales. Para los Upelientos, el Bim Bam Bum no era cultura. Este fue la primera estocada. El resto es más fácil de entender: toques de queda, represión, estados de sitio, control estatal sobre los individuos, hasta que finalmente llegó al apagón cultural a Chile y el mítico cabaret chileno terminó albergando a un cine XXX donde las otroras artistas adornadas con plumas terminaron bailando entre cada film porno. El edificio fue demolido y transformado en un banco y se llenó de empleados de traje gris mal ajustado y de secretarias con uniforme institucional.
Como aparece en este artículo, que encarecidamente recomiendo leer, el Bim Bam Bum se fundó en 1953 por un empresario artístico uruguayo. Fue dos años antes que abrió sus puertas el Crazy Horse en París. Es muy importante comprender el contexto de la época: la Europa de la posguerra. Hastiados de una carnicería infernal, los europeos emergieron avergonzados de su escándalo, conscientes de que habían caído del pináculo de la cultura. El espíritu de la posguerra fue el romper con barreras, cuestionar la moral y destruir tabúes. El empresario Alain Bernardain creó un espectáculo 50 años avanzado a su época que rescataba el encanto de lo exótico: a la entrada del Crazy a uno lo recibe un guardia de la policía montada canadiense, y hay números inspirados en África o la cultura del medio oriente. Quizás así fue Chile en una época pero perdimos el rumbo hasta caer en la gris dictadura que obliteró la bohemia y la actividad cultural, e incluso suprimió el erotismo y lo reemplazó con una moralina de sotana que exhalaba tufillo de cirios.
En Singapur también se abrió un Crazy Horse para aprovechar el boom económico que vive Asia. Pero contra todas las expectativas de los empresarios franceses, el Crazy fue un fracaso. Singapur es muy parecido a Chile. Un país con una economía pujante pero donde los elementos conservadores le hicieron la guerra a ese cabaret que era un foco de inmoralidad europea que corroería los valores, la familia, y por supuesto, se temía que un tipo que asiste al show puede salir tan descontrolado que violaría mujeres o niños con la voracidad de un cura pedófilo. Abrió en medio de la fanfarrea. Las autoridades vieron la oportunidad de mostrar que Asia va codo a codo con Europa. Pero cerró. Recomiendo leer Cómo los dementes religiosos dañan a nuestra economía, sobre las causas del fracaso del Crazy en Singapur. O como nos dice The Guardian en este artículo, restricciones sobre la exhibición de mujeres en topless por parte de los cancerberos de la moral terminaron por incrementar la imagen de Singapur, de ser un país retrógrado.
En Chile estamos más cerca de Singapur que de Francia. La Diosa del Metro nos recuerda nuestra moralina enfermiza (de doble estándar, por supuesto). En Chile por ejemplo una mujer no puede caminar por la calle con minifalda sin ser objeto de impertinencias. Menos aún de broncearse en la playa en topless. ¡No! ¡Cómo se les ocurre! Es sabido nuestro gusto por la mina tetona, bien huevona, que ojalá no sepa hablar. Y si no hay en Chile, las traemos de Argentina (estas últimas al menos sí saben hablar, y muy bien).
Sospecho que si en un acto de locura se les ocurriese abrir un Crazy Horse en, por ejemplo, Viña del Mar o incluso Santiago, nuestro padre Hasbún criticará en los noticieros hasta por los codos, al unísono con nuestro monseñor Medina (el que compraba revistas porno), se escribirán columnas en el Mercurio y las radios nos advertirán sobre la crisis moral. Ignoro exactamente cómo era el Chile de los años 50, pero creo que algo tonto nos ocurrió en el camino.
Lo que es yo, en París disfruté de este show de lujo, bajo la mirada algo severa de A., que al final lo encontró "fome". Claro, es su país el que lo inventó y había muy pocos franceses en la audiencia. Yo vengo de un lugar donde se exalta a la Virgen, y un programa como Sabor Latino fue objeto de acérrimas críticas por parte de la brigada moral. Para mí es novedad.
El punto cúlmine del show es el número final con el tema You Turn Me On, mi favorito, y prácticamente el himno del Crazy Horse. Fue genial, simplemente magnífico y quedé boquiabierto. Aplaudí a rabiar. Como se imaginarán está estrictamente tomar fotos o filmar y hay muy pocas imágenes, pero créanme que fue mágico. El show además comienza con la guardia real de, al parecer, el Palacio de Buckingham (¡locuras!). El efecto en el pequeño local es maravilloso. Las artistas con sus bototos golpean el suelo y se siente como Alain Bernardain quiso transmitir un mensaje de respeto en la apertura del espectáculo. Ellas están encima de uno en un local pequeño, y cualquier tonto es capaz de interrumpir la presentación. Pero nadie lo hace. El show depende de que ellas hagan bien su trabajo, y de que el público respete. Dan hasta un poco de miedo. Cuando terminan con You Turn Me On y se cierra la cortina, supe que había presenciado un espectáculo etéreo.
Caminando de vuelta por la elegantísima calle George V bajando hasta el Pont de l'Alma (donde murió Diana), A. me advirtió: "OK, vamos a llegar, y no quiero oír más comentarios". Pero como yo soy el que tiene la última palabra en todo, dejé bien claro: "por supuesto mi amor, lo que usted diga".
Los dejo con algunas fotos, y unas imágenes de YouTube. Al final podrán ver algunos breves pero elocuentes clip.
El siguiente es un clip de la introducción del espectáculo pero presentado fuera del Crazy Horse y más apto para todo público. Como pueden ver, hay hasta niños en la audiencia (algo impensable en Singapur, y me pregunto si en Chile podría verse algo así a pesar de los programas de TV Mekano o Yingo)
Otro número
Y el número final y favorito de todos, you turn me on... you turn me on....
El maestro Yves Klein llegó a la conclusión que las manos no bastaban para crear arte, por eso inventó las Anthropométries, es decir, usar el cuerpo para pintar. Bajo su estricta supervisión, y en performances públicas con no poca parafernalia, le pedía a sus modelos que se cubrieran de pintura (azul, de preferencia) y refregaran sus cuerpos desnudos contra la tela.
Algunas de sus obras se exhiben en el vanguardista Centre Pompidou, de París, el cual Chile Liberal ha visitado recientemente y he documentado en fotografías (disculpen que la calidad no sea óptima). Las imágenes -y un video- pueden verse a continuación.
Antes, una breve reflexión: una sociedad que respeta a sus artistas, por provocadores, abstractos o irreverentes que sean, es una sociedad que fomenta la diversidad y a la vez se protege de la tiranía, la censura y la estupidez. Algo incomprensible para las hordas que aclaman y exigen tijerazos al censor de turno.
Este blog continuará defendiendo la libertad de expresión.
Ahora, las fotos. Primero, el edificio del Centre Pompidou visto desde un café en las cercanías, luego el encuentro fortuito de una despedida de solteros y de solteras (él, vestido de mujer) quienes gentilmente accedieron a que los paseantes los fotografiasen juntos; luego una vista panorámica de París desde el museo (con la Torre Eiffel de fondo), algunas obras de la exposición permanente, y finalmente el video "Monocromía azul" (Google videos) con una performance de Yves Klein con el acompañamiento de la Sinfonía monótona (ver aquí presentación justo frente a su cuadro en el Centre Pompidou).
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"Sobre sí mismo, sobre su conciencia y su cuerpo, el individuo es soberano"
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