martes, 21 de julio de 2009

Una nueva Constitución, un acierto de MEO (I)

Chile Liberal analiza las propuestas de MEO en un ciclo de dos partes. Comenzamos con algo de contexto
La Constitución Americana, escrita por figuras enormemente respetadas en la siquis del pueblo estadonidense, es la carta magna más perfecta que el mundo ha visto. De hecho, es la más antigua aún vigente. El documento en sí constituye la piedra angular de la prosperidad de EEUU ya que ahí se consagra la propiedad privada y las libertades individuales. La Quinta Enmienda dice:

"Nadie estará obligado a responder de un delito castigado con la pena capital o con otra infamante si un gran jurado no lo denuncia o acusa, (...) ni se le compeleerá a declarar contra sí misma en ningún juicio criminal; ni se le privará de la vida, la libertad o la propiedad sin el debido proceso legal; ni se ocupará la propiedad privada para uso público sin una justa indemnización."


No hay país que con más celo resguarde la libertad del individuo frente al gobierno, ni hay país más obsesivo en defender la propiedad privada, que no es otra cosa sino el fruto del propio trabajo. Tampoco hay otro país más fanático en su tarea de ponerle coto al Estado. Todo ello emana a partir de los principios plasmados en su breve y venerada Constitución que, dicho sea de paso, por su propia simpleza facilita su cumplimiento ya que los propios gobernados la entienden y consideran provechoso acatarla.

En Chile hemos tenido Constituciones a cada rato. La más avanzada de de todas fue la llamada Constitución Liberal, promulgada en 1828. No obstante, carecía del extraordinario sentido de "tolerancia religiosa" que prevalecía entre los Padres Fundadores de EEUU. Por ejemplo el Artículo 3 de la Constitución Liberal decía que en Chile la "religión es la Católica Apostólica Romana, con exclusión del ejercicio público de cualquiera otra." Desde entonces hemos tenido problemas en mostrar virtudes políticas, tolerancia y respeto hacia las leyes.

Hasta antes de la crisis de la píldora del día después Chile Liberal defendía más bien una postura moderada que buscaba reformas graduales y progresivas a la Constitución de 1980, tal como lo entendió la Concertación, cuyo punto cúlmine fue la firma que Ricardo Lagos estampó al texto para brindarle un mínimo de legitimidad popular. Pero el escándalo del levonorgestrel, que decretó como inconstitucional la mentada píldora junto con varios anticonceptivos ya en uso por varias décadas, nos lleva a declarar, después de meditarlo con serenidad, que Chile necesita de una Constitución que provenga de, como dicen los gringos, "We, the People", y no un texto impuesto de rompe y raja por lunáticos autoritarios y católico-romanos comisionados por una junta militar sudaca, ratifiado no en un plebiscito sino en un plebichiste.

Y el único candidato que propone empezar de nuevo se llama Marco Enríquez-Ominami, a.k.a. "el candidato díscolo". Sebastián Piñera (Alianza), el candidato de centro-derecha y el más comprometido con la economía de mercado, parece despreocupado por el tema a pesar de él mismo haber participado activamente en la oposición al disparate de 1980. Tampoco se ve urgido a Eduardo Frei Ruiz-Tagle (Concertación), hijo del ex presidente Frei Montalva, un coloso de la política chilena en el siglo XX, quien fue el opositor más emblemático al disparate en cuestión (oposición que le costó la vida ya que como se ha confirmado fue asesinado por el aparato represivo de la junta militar). El otro gigante de la política chilena, el derechista Jorge Alessandri, quien participase activamente en la Comisión Ortúzar (a cargo de la Constitución de 1980) sin duda fue un hombre noble que trató de domar los instintos asesinos de Pinoshit & Co. Finalmente, como todos sabemos, sus propuestas fueron ignoradas y sus contribuciones denostadas, lo que lo llevó a renunciar a la comisión y nunca más participó en la dictadura, de la cual se arrepintió profundamente de haber colaborado. Con esto quiero decir que en su incubación y desarrollo, la Constitución de 1980 fue viciada, y de los candidatos actuales a la presidencia sólo uno, el que tiene menos posibilidades, se ha propuesto rectificar esta vergüenza histórica. ¿Qué esperan Piñera y Frei para pronunciarse al respecto?
La importancia de una Constitución
La Constitución Americana al refrendar la propiedad privada y las libertades individuales ha sido instrumental en generar las condiciones para que florezca la división del trabajo. Sólo en la medida que las personas saben que son dueñas de algo, y seguras que nadie les arrebatará el fruto de sus labores, producen con esmero e intercambian sus productos, y todos ellos en un marco de libertad y de imperio de la ley generan conjuntamente prosperidad y felicidad. Esa es la función de la Constitución Americana, que es el eje del poderío económico de EEUU. Es un ejemplo para todas las Constituciones modernas. Al contrario, la Constitución chilena ha servido para justificar el crony capitalism de Pinoshit, y para subsidiar a los Conservamierdas con el sistema binominal.

El único mérito del sistema binominal ha sido el rigidizar la estructura del Congreso chileno impidiendo que la Concertación ganase por masacre cada elección. Por paradójico que sea (e incluso contradictorio) esto ha sido bueno ya que la Concertación necesita de un contrapeso. Jamás un gobierno, por democrático que sea su origen, debe tener carte blanche para gobernar. Los senadores designados sin duda fueron un insulto a la inteligencia, pero la idea detrás del binominal fue buena durante el gobierno de Aylwin (1990 - 1994). Como todo sistema determinista, la idea se volcó en contra de los beneficiados ya que gracias al subsidio del binominal, la derecha sigue estancada en la prehistoria, yéndose a la cama con lo más clerical del conservadurismo, creyendo que defiende la "vida" y los "valores", sin darse cuenta que la sociedad avanzó y que la derecha ya no representa a nadie, no obstante sigue ganando asientos en el Congreso ya que sólo si en un distrito la Concertación la dobla en votos entonces la Alianza se queda sin su parlamentario.

Esta situación, aparte del excesivo poder del ejecutivo, entre otros aspectos moralistas (como demostró la píldora del día después) convierten al texto constitucional vigente en un obstáculo para el avance orgánico de la sociedad civil. Además, considerando la importancia de los simbolismos, el hecho de que nadie sienta como legítima a la Constitución actual lleva a pensar que en una democracia afianzada como la chilena es urgente reparar el legado del gobierno militar.

La Alianza se encuentra ahora en un momento crucial para ella y para Chile. Sí, tiene posibilidades de ganar, pero Frei ha acortado distancia. El triunfo de la derecha será posible sólo porque ha elegido a un "derechista disidente", más cercano a la centrista Democracia Cristiana que a la derecha autoriaria. Si la Alianza no triunfa, habrá pasado medio siglo sin ganar una elección. Sólo podrá imponerse gracias a la obscena ayuda de un sistema ridículo. No obstante, si no gana, será el momento definitivo de aplicar la destrucción creativa y simplemente no subsidiar más a la derecha cavernaria y dejarla morir de una vez y para siempre. Habrá que hacer desaparecer a la derecha y su Constitución también. Si gana Piñera, habrá que exigirle que remedie las anomalías.
Por ello, estoy empezando a creer que lo mejor es que gane MEO.

En la próxima entrega de esta saga analizaremos las propuestas constitucionales de Marco Enríquez-Ominami.

2 comentarios:

Cristian Mancilla Mardel dijo...

La Constitución vigente en Chile, como la estadounidense (puesto que no existe una "Constitución Americana", v.g., que rija sobre toda América como Estado unitario ni tampoco federal), defiende "el derecho de propiedad en sus diversas especies sobre toda clase de bienes corporales e incorporales" (art. 19 nro. 24).

El único argumento que interpones para proponer que nuestra Costitución sea reemplazada por otra es la sentencia del Tribunal Constitucional contra el levonorgestrel, pero esta sentencia está de acuerdo con la Constitución en cuanto a lo que ella prescribe en su artículo 19no, número 1.

Habrá que ver cuál es la propuesta de Constitución de Marco Enríquez-Ominami. A mi parecer, como lo he dicho anteriormente, no hace falta más que modificar en alguna medida la actual, ampliando las garantías prescritas por el artículo 20mo.

Nuestra Constitución también asegura la libertad individual y la propiedad privada; en cuanto al sistema binominal, me parece que ninguna de las coaliciones ha tenido la voluntad suficiente para cambiarlo; pero creo que este asunto se solucionaría modificando la Constitución y no escribiendo otra. No entiendo a qué te refieres con el "crony capitalism": ojalá pudieras explicarme.

Como dije, el sistema binominal puede eliminarse modificando la Constitución: no es necesario escribir otra enteramente nueva. En cuanto a que previene la "carte blanche", yo creo que asumir el riesgo de tenerla puede ayudar a que los votantes tomen mayor conciencia acerca del desempeño de sus gobernantes (particularmente de los legisladores en nuestro caso).

El excesivo poder del ejecutivo también puede disminuirse modificando la Constitución. En cuanto a los simbolismos, poco importan si la misma Constitución nos permite modificarla: estimo que resulta mejor adecuar este texto a lo que sentimos necesario para un ejercicio más efectivo de la democracia y las libertades individuales en lugar de redactar otro enteramente nuevo.

Yo no tengo confianza en Marco Enríquez-Ominami como candidato: me tinca que es un socialista fuera del Partido Socialista y no más que eso.

Anónimo dijo...

Hace mucho tiempo se viene diciendo que la Constitución de 1980 se ha hecho cada vez más estrecha, obtusa y retrograda. No es ninguna novedad.

Es claro que la Constitución del 80conlleva una profunda impronta autoritaria y paternalista, marcada por un momento político y social determinado -aún cuando algunos ilusos digan que se trata de una Constitución Liberal-.

Por ello tenemos una democracia tutelada por un sistema que inhibe la competencia y el pluralismo político, con un excesivo presidencialismo y un Congreso donde la competencia política brilla por su ausencia junto a la de los propios parlamentarios.

A partir de aquello, se ha constituido una democracia oligárquica (crony capitalismo) donde el Estado es funcional a ciertos intereses corporativos.

En términos reales, eso es capitalismo, que es muy distinto al libre mercado, sólo que algunos vulgo liberales y autoritarios disfrazados de liberales lo confunden.

Sólo un ejemplo: los representantes de AES Gener se reúnen con el ministro Pérez Yoma para reclamarle (pedirle que intervenga) por los dictámenes de la Corte Suprema, de apelaciones, y la Contraloría, que consideraron ilegal la instalación y construcción de la termoeléctrica Campiche.

Emprendedores de la zona afectada como agricultores y pescadores ven profundamente afectadas sus labores, porque sólo pueden cultivar paltos y sus pescados tienen deformidades o están contaminados.

Ah, pero en el Capitalismo (Crony como también se conoce) para el Estado y otros más, emprendedores son sólo las empresas grandes, don Lucho y sus ventas de paltas no…

A estos emprendedores, nuestra Constitución no les protege en nada, porque los fallos de otros poderes del Estado, las grandes empresas se los pasan por la raja como si nada.

Y estos emprendedores tampoco pueden ir a hablar con Pérez Yoma para que intervenga, con suerte le pueden dejar una carta.

Tomate de Paine