Mostrando las entradas con la etiqueta MEO. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta MEO. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de enero de 2010

Réquiem para Marco Enríquez-Ominami

MEO cagó. Chile Liberal explica por qué

Marco Enríquez-Ominami ha desbarrado al endosar la candidatura de Frei. Ojo, que el error fue endosar a Frei, no votar por él. Nuestro artículo explicará porque esta acción ha sido un sucidio político.

Hasta antes de su sensible fallecimiento político, trágicamente ocurrido hace un par de horas luego de atentar salvajemente contra su propia carrera política, Ominami había sido un candidato digno por poner en jaque a la Concertación y a la Alianza juntas, castigándolas por su inmovilismo y sus oscuros procedimientos para ungir a sus abanderados para la elección presidencial. Su candidatura fue ganando adeptos a medida que aumentaba el desconcierto frente a una abúlica campaña disputada entre dos conservadores moderados, el demócrata cristiano Frei, y el también demócrata cristiano Piñera.


Es importante recordar al nacimiento en la política y la adolescencia de Ominami (trágicamente, no llegó a la adultez). Él fue un sub-producto de la Concertación: toda su carrera política la había recorrido bajo el amparo de la coalición fundada para derrotar a Pinochet y devolver al país a la democracia. Sería absurdo creer que Ominami votaría por el candidato que hoy se perfila como ganador, Sebastián Piñera. Ante el inminente triunfo del billonario, es evidente que Ominami votaría —quizás a regañadientes—, por Frei.

El asunto no es su voto. El asunto es manifestar su voto en público. Si Marco Enríquez-Ominami quería comenzar su propia carrera política, es decir, si aspiraba a algo grande, debió haber guardado silencio y dejar que el pueblo decidiese este domingo con él tomando palco; el underdog, la alternativa desechada —aunque latente—, desde ya empezaría a organizar su bloque de Oposición con miras a derrotar al ganador de este 17 de enero. Pero el otrora díscolo ha vuelto al Parque Jurásico de la Concertación no como el hijo pródigo, sino estúpidamente, como el hijo rebelde que se marcha de casa a hacer su vida independiente pero transcurrido un par de días vuelve mansito para que la mamá le lave los calzoncillos y le haga la comida.

Marco Enríquez-Ominami cometió un error garrafal porque no tiene por dónde obtener beneficio alguno de su adhesión al helvético candidato (¿había visto alguien un moai suizo?). Esto es por dos razones. La primera es que en caso de ganar Frei, hipótesis poco probable, Enríquez-Ominami será desplazado por quienes él denunció y atacó como "dinosaurios", lo que lo dejará en una incómoda posición: no se puede descalificar a un contrincante, para después terminar de amigos. Y si así ocurre, el electorado no es tan idiota como para quedar impávido. El diputado y ex canidato era justamente la alternativa a los dinosaurios. Su opción ha quedado herida de muerte por una herida auto-infligida en un arranque de desesperación. Si la Conertación sigue en el gobierno, Ominami quedará relegado por sus pares ayer denostados, y poco apreciado por sus propios votantes en primera vuelta.

La segunda razón es incluso más elocuente que la primera. Es probable, si creemos a las encuestas, que Piñera sea proclamado este domingo el próximo presidente de nuestra república. Si Ominami hubiese actuado con lógica, se habría proclamado esa misma noche como el líder de la Oposición a Piñera. Más aún, sabiendo que a lo sumo el billonario ganará por una nariz, si es que no en fallo fotográfico. La posibilidad de que MEO se erigiese como el líder opositor que con unos pocos votos dejaba de rodillas al potencial gobierno de la Alianza era la alternativa más sensata, más aún si consideramos que habría quedado en una prometedora posición para ganar la próxima presidencial (estrategia que ya empleó Piñera, al parecer con éxito; no obstante, nuestro sitio cree que una candidatura presidencial debe ser la coronación de una impecable carrera política, y no una pasarela para testimoniar tonterías o aspirar como traompolín político). Con un Ominami entronizado como el líder natural en la Oposición a Piñera, el diputado habría quedado ínmejorablemente bien situado en la pole position para la elección del 2014.

En resumen, Enríquez-Ominami prefirió convertirse en un dinosaurio a los 36 años, y de paso, ha acabado como un político fracasado.

MEO: fuiste bueno mientras duraste. Contigo dejamos testimonio de que estamos descontentos. El problema es que duraste menos que un candy. Te hiciste un harakiri político sin ser un samurai. Como un kamikaze, preferiste estrellarte y morir sin gloria. No habrá discurso fúnebre, sólo el avergonzante aplauso de un morral miserable como Camilo Escalona.

martes, 24 de noviembre de 2009

Arrate = Frei = Piñera

"Votar por Arrate es votar por Frei y votar por Frei es votar por Piñera."

Con estas palabras, Marco Enríquez-Ominami, el candidato que Chile Liberal ha endosado, selló sus intervenciones en el último debate televisivo. MEO logró describir magistralmente la situación de la presente campaña electoral, a menos de tres semanas de su desenlace.

Claro, porque Arrate no tiene posibilidad alguna de ganar. Los votos de Arrate, los más extremos de la izquierda de nuestro espectro, se pierden con el Tatita Gagá. Eduardo Frei, ya ha quedado claro, no es capaz de derrotar a Piñera en el balotaje.

El único capaz de ganarle a Sebastián Piñera es Enríquez-Ominami, y si los votantes chilenos quieren una justa electoral competitiva, y si quieren evitar que los Udibanes lleguen a La Moneda, la opción es una sola: votar por MEO.

Y Chile Liberal vota por MEO.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Un voto por Marco Enríquez-Ominami

Chile Liberal es un sitio Web que como tal no tiene derecho a sufragio. Pero si lo tuviésemos, votaríamos por Marco Enríquez-Ominami, tanto por ser el único candidato que impulsa las reformas privatizadoras que anhelamos, como por su compromiso por defender libertades civiles como el matrimonio homosexual y la interrupción voluntaria del embarazo


Marco Enríquez-Ominami, o MEO, es un joven diputado (36 años) que quiso presentarse legítimamente a las elecciones primarias de la Concertación. Fue ignorado. Se lanzó sólo a la carrera presidencial, así nomás, de puro choro. No lo consideramos en un principio por su personalidad hiperkinética, su modulación atropellada, y cierto aire de inmadurez. Claro, porque ser presidente es una empresa seria que necesita surgir desde pactos y proyectos comunes, no por actos de choreza. Pero en estos pocos meses, MEO ha crecido enormemente, y se ha ganado nuestra admiración.

Ha organizado un equipo económico respetable, encabezado por su asesor Paul Fontaine, quienes buscan encausar las fuerzas del mercado, no dominarlas, ni asfixiarlas. El ex candidato díscolo ha abordado temas tabú como privatizar parte (pequeña) de Codelco, Enap, y otras empresas "de todos", que en realidad son bolsas de trabajo bien remunerado para los amigos del partido. Ha sido el único congresista que ha presentado una ley sobre la interrupción voluntaria del embarazo, y se ha opuesto públicamente la exclusión del matrimonio homosexual en nuestro ordenamiento jurídico. En cuanto a perfeccionamiento democrático, es enérgico opositor al sistema binominal, un obsceno subsidio a la derecha conservadora, e incluso propone iniciar los trámites para una nueva Constitución. Su postura hacia el comercio y consumo de drogas es tratarlas desde el ángulo de la opción personal, no como un acto criminal. Siendo las drogas el principal causante de corrupción y violencia, su despenalización traerá más beneficios que costos. Lo interesante es que todas las anteriores provengan de un mismo candidato, quien se ha puesto más allá de la clásica escisón de izquierda versus derecha.

Nuestro sitio cree que una economía moderna y pujante se basa en la inventiva, el emprendimiento, y la iniciativa de los individuos, que como actores económicos, necesitan desenvolverse en un sistema de bajos impuestos. Pero la innovación de verdad, y el emprendimiento efectivo, se produce en la medida en que los individuos sean libres en la sociedad. Nuestra máxima es: individuos libres en una economía libre. Marco Enríquez-Ominami ofrece liderar reformas liberalizadoras en ambos frentes.
Para llegar a la conclusión que MEO es nuestro candidato, ordenamos en la siguiente tabla los temas que hemos desarrollado y debatido en este sitio durante nuestros tres años en la blogósfera. Luego, pusimos los nombres de los candidatos, y por cada tópico, le asignamos un 1 al candidato que públicamente ha defendido tal postura, un 0 si han sido indiferentes, y un -1 si se han manifestado en contra.


La verdad es que si bien en un principio creímos que Sebastián Piñera era una opción, por ser aparentemente capaz de liderar a la derecha hacia el centro del eje político, de paso moderando los instintos intransigentes de aquel sector, al final el magnate ha sido decepcionante, y aunque parezca difícil de creer, se ubica debajo de Eduardo Frei en nuestra matriz. Mientras Frei, increíblemente, se desplaza a la izquierda del espectro, llegando al absurdo de defender las privatizaciones efectuadas bajo su mandato (1995-2001), pero ahora reniega el papel modernizador de nuevas privatizaciones, Piñera por su lado se desdice sobre las uniones homosexuales, hace alarde de invocar a dios en sus discursos, y se limita ha contentarse con el voto conservador tradicional. En este desolador panorama, MEO irrumpe con su característica agilidad, tratando de captar al votante hastiado de la Concertación—la misma que lo ignoró en las primarias—, pero que además desea profundizar las reformas tan necesarias en el actual estado de evolución de nuestro país.
MEO ha sido objeto de críticas por su admiración hacia la izquierda rancia y populista del Eje Atlántico, tema ya abordado en Chile Liberal. En su Franja Política, hemos visto sólo imágenes de Lula, un social-demócrata moderado que ha llevado a Brasil a un sitial de prestigio a nivel internacional, y no hemos visto asomarse a Chávez. Confiamos que MEO desea aliarse con la vertiente de Lula, y no la del populismo reelectivo de Chávez. Aclarado este punto, la verdad es que no queda gran trecho entre nuestro sitio y el ex díscolo, ex militante del Partido Socialista, y hoy candidato-estadista e independiente.
Un escollo preocupante es la carencia de plataforma política del futuro "presidente de la república el señor Marco Enríquez-Ominami". No tiene una bancada en el Congreso, ni siquiera alcaldes o concejales. Pero desde el palacio presidencial puede comenzar a reformar el ordenamiento político, y comenzar a atraer a nuevos políticos para converger en torno a sus ideales —y ojalá no en torno a su persona— una suerte de conglomerado que lo acompañe. Ciertamente, tal como está planteada la elección actual, MEO es un riesgo. Pero Chile ha tomado ya antes otros riesgos, y en una nación institucionalizada, este escollo es salvable. Chile no será gobernado por MEO, sino por instituciones y leyes, cuya administración estará a cargo de MEO por un período limitado. Creemos que no hay tanto que temer.
Hay temas pendientes en la campaña de MEO, como por ejemplo el cheque escolar. También hay absurdos como por ejemplo, los impuestos pigouvianos al alcohol y el tabaco, que sólo castigarán a la gente responsable fomentando la clandestinidad. Otro sinsentido es querer formar un Congreso unicameral, sin el congelador del senado, que sirve como muro de contensión ante leyes promulgadas en caliente. MEO debe ser un presidente que llega con un mandato para reformar, no para refundar. Sus sinsentidos deben encontrar la debida y constructiva oposición que existe en toda sociedad abierta, donde hasta los conservadores deben gozar de plena libertad para expresar sus ideas, por torpes que sean. Otro tema no menor es el tacto para tratar asuntos sensibles para el lobby conservador, como la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) o el matrimonio homosexual. Estas cosas deben surgir en la sociedad por común acuerdo, no mediante decretos impuestos por la mayoría a la minoría conservadora. Los liberales debemos ser capaces de explicar racionalmente, y con elocuencia, por qué ciertas reformas son necesarias. Los conservadores están dispuestos a usar las armas, los golpes de estado y la violencia física y verbal. Nosotros, no. Queremos que MEO sea un hombre conciliador.

Ningún otro candidato, ni ahora ni antes, ha propuesto una agenda tan radical, y a la vez tan realista. Es por eso que Chile Liberal adhiere a la campaña de Marco Enríquez-Ominami. No proclamamos a MEO como el mal menor, sino que deseamos fervientemente que gane en primera y segunda vuelta, y que el 11 de marzo se convierta en el primero entre sus iguales, y que lleve a Chile a ser un modelo de respeto a la diversidad, de democracia, y de adhesión a los principios de una economía libre. Pedimos vivir en un sistema tributario justo, no rapaz.
Por estas razones, Chile Liberal vota por Marco Enríquez-Ominami, y esperamos que nos lleve a la victoria en esta justa electoral.

jueves, 5 de noviembre de 2009

La inquietante postura política de MEO

Marco Enríquez-Ominami debe arrojar más luces

Ya hemos analizado las interesantes propuestas económicas del díscolo-venido-a-aspirante-a-La-Moneda, Marco Enríquez-Ominami. En balance, nuestro veredicto fue positivo. Chile Liberal busca un candidato que sea un liberal no sólo en lo económico, sino además en lo valórico, en lo político y lo social. Es hora entonces de escudriñar la política de MEO. En esta arista, el candidato apuesto proyecta algunas sombras.

La taxonomía política clasifica a MEO como un social-demócrata tardío, emergiendo desde el socialismo y en evolución hacia una relativa comprensión de las virtudes de los mecanismos de mercado. Pero el ADN socialista de MEO está ahí. Y no nos gusta. ¿O es sólo un espejismo nuestro?

El candidato en cuestión debe dejarnos clara su visión sobre el eje Pacífico/Atlántico que divide a nuestro subcontinente. En la costa occidental, México, Colombia, Perú y, cómo no, Chile, buscan alianzas de libre comercio con el mundo y ven a EEUU como un gran país que, a pesar de sus ignominias (¿quién no las tiene?), es una constante fuente de inspiración por su consolidada institucionalidad democrática, su espíritu individualista y su vitalidad económica. En contrapunto, la costa oriental de Amércica latina nos muestra, cual Museo de Horror, al Hombre Muerto Caminando ya con un pie en la tumba pero aún causando estragos en la isla caribeña, luego aparece su pupilo, un Simio Golpista farreador de las divisas petroleras de su país, en el altiplano se divisa a un auquénido que le hace barra a los dos anteriores, y también contamos a un extraño economista cobijador de terroristas en un pequeño enclave en el medio del mundo. Y sin olvidar el caso más triste de todos, a un binomio cleptócrata hundiendo al país más culto y más urbano de sudamérica. El eje por supuesto no es tan tan nítido. Lula es "Atlántico" pero es un izquierdista moderado y democrático; Correa es "Pacifico" aunque pertenece al eje colectivista y corrupto que no abandona el poder ni por acto mínimo de decencia. En esta disyuntiva, ¿dónde sitúa MEO sus coordenadas? ¿Está MEO por bañarse en la costa pacífica o atlántica? ¿O incluso querrá nadar en una costa boliviana, con su amigo Marambio? Nos asustas, MEO.

El Mercurio, diario ultraconservador por antonomasia y que no puede sino entregar su endorsement a Sebastián Piñera, pretende ahora dárselas de independiente y ha presentado, con claridad elogiable, diez parámetros que MEO debe sortear para ser el candidato de Edwards. Desde luego, El Mercurio no es desequilibrante como el Wall Street Journal, The Economist o el New York Times, simplemente porque el Fortín Conservador es un instrumento servil a la derecha autoritaria y ultramontana, como Fox News lo es al "Grand Old Party". Pero qué bueno que empezamos a ver una cultura del endorsement en nuestro país.

Si el ex-díscolo apetece el endoso de Chile Liberal, necesita sortear allgunos escollos con nosotros. Queremos saber si la espiritualidad izquierdista de MEO tiene a la "Tercera Vía" de Clinton y Blair como su karma, o si aún guarda nostalgia por el decrépito barbudo de La Habana, o por el simiesco populista de Caracas. Es preciso que MEO nos aclare si su aliado natural será Lula, un demócrata respetado que ha puesto a Brasil a un sitial digno, o si siente mariposas en el vientre por el auqénido, un personaje carente de fibra democrática.

Marco Enríquez-Ominami debe celebrar el ritual exigido a todo candidato izquierdista, y es afirmar que en caso de ser elegido será "presidente de todos los chilenos". Si es así, como por cierto esperamos que él lo diga, entonces MEO debe representarnos bien en su calidad de primero entre sus iguales, y como presidente de Chile deberá mantener una postura cordial pero firme ante el "Eje Atlántico", porque somos muchos los chilenos quienes no queremos transar en los logros que la economía de mercado, purgada de pecado por la legitimidad democrática de la Conertación, y que nos ha dado estabilidad y progreso por dos décadas. Deseamos reforzar la estabilidad política y rechazamos a los presidentes vitalicios. Y eso implica mantener distancias de quienes continúan las añejas prédicas socializantes, y retuercen sus Constituciones para empotarse en el poder, mientras arrojan bencina a los fuegos internos que dividen a sus electores. MEO debe mantener a raya a quienes exaltan la emoción de la masa por sobre las virtudes ciudadanas y democráticas.

Creo que Marco es capaz de inspirar confianza a todos nosotros, y si gana, la Bolsa no se desplomará ni los capitales huirán. El país continuará siendo business as usual. Pero persisten ciertas inquietudes, y queremos que MEO prometa que será presidente de todos los chilenos, y como tal debe representarnos a los muchos que creemos que la ideología del Eje Atlánitco no nos llevará hacia la prosperidad ni la consolidación democrática. Debe además asegurarnos que ya dejó atrás payasadas pueriles como declararse avergonzado por su nacionalidad.


Crédito imagen: El País

lunes, 2 de noviembre de 2009

Por no atender nuestras recomendaciones

"I don't see why we need to stand by and watch a country go
communist due to the irresponsibility of its people. The issues are much too important for the Chilean voters to be left to decide for themselves."
- Henry A. Kissinger



Tanto la Alianza como la Concertación hicieron caso omiso de los consejos de Chile Liberal

En este sitio hemos sostenido desde siempre que un mecanismo de primarias es el método más saludable para elegir a los candidatos presidenciales. Una primaria permite a los conglomerados lavar sus ropas sucias en la plaza, lo que no deja de ser atractivo de presenciar. Casi siempre queda la cagada, como por ejemplo en la primaria entre Clinton y Obama. Pero al final son los simpatizantes y votantes los que eligen, así que el final feliz está garantizado.

La derecha chilena nomnbró con métodos soviéticos al billonario chileno Sebastián Piñera como su ungido. Nadie sabe cómo ni por qué, ni exactamente quiénes lo eligieron. Unas encuestas por aquí y otras por allá, añadan unos cálcuos al ojímetro, más varidas conversaciones de pasillo, llamadas turbias y reuniones-alumerzo entre los actores políticos, y ya está. ¿El resultado? Piñera necesita algunos votos progresistas, ante lo cual responde correctamente a la necesidad de regular las uniones civiles, incluidas las parejas homosexuales. Pero la derecha muestra anacronías escalofriantes y surgieron las rencillas internas en un pacto político que debe ofrecer calma ante la incertidumbre del cambio. ¿Por qué no pudieron discutir este tema en un debate civilizado? ¿No habría sido mejor una primaria para debatir este importante tema?

Así todo, lo más penoso es el estado catastrófico de la Concertación. La presidenta Michelle Bachelet, encumbrada en un insólito 80% de respaldo popular, debiese entregarle la banda presidencial a uno(a) de su propia coalición. Esta persona fue identificada por nuestro sitio: Andrés Velasco, actual ministro de Hacienda. El caudillo de las finanzas es un tipo que transmite seguridad y confianza, bienes inconmensurables en la arena política, por servir de muro de contensión contra la incertidumbre. Velasco goza de prestigio ante la prensa especializada, exuda temple presidencial, y permitiría darle continuidad a la gestión del gobierno de Bachelet (objetivo de la coalición gobernante). Pero la Concertación falló en promoverlo, o quizás incluso él no se entusiasmó (a pesar de nuestro llamado). Es posible que ante el prospecto de ocupar una presidencia cada vez más devaluada, donde ser jefe de Estado no reporta gran recompensa económica, el hombre que lleva las cuentas de Chile prefirió asegurarse una pensión y un trabajo estable retomando su cátedra en Harvard, de donde se encuentra con permiso administrativo (consejo de Chile Liberal: súbanle el sueldo al presidente y sus ministros).

La Concerta, a regañadientes, y desgastada, y sin savia nueva, continuó con su tradición de primarias, pero éstas fueron un bochorno. Escalona terminó sacándole la madre a José Antonio Gómez, y al final, el ganador fue Eduardo Frei, un ex presidente. La candidatura del antiguo mandatario no ha cobrado fuerzas, y por inverosímil que parezca, la Concertación puede perder los próximos comicios a pesar de disfrutar de una popularidad inédita. El culpable de esta crisis concertacionista se llama Marco Enríquez-Ominami, un hombre con legítimas aspiraciones presidenciales, a quien la Concertación marginó estúpidamente del proceso de primarias.

Nuestro sitio le pidió a la Concertación que bajaran a Frei, y subieran a MEO. Mientras MEO ha logrado igualar, o incluso superar marginalmente a Frei, aún sigue con tendencia al alza, mientras Frei ya está estancado. Craso error no alinearse con MEO, para rectificar el error de la primaria redomadamente charcha.

¿Por qué los políticos le tienen miedo a las primarias? ¿Aún no confiamos en la democracia? Todos vimos por YouTube las primarias de los republicanos, con figuras tan disímiles como Ron Paul (libertario) Mike Huckabee (derechista religioso) o McCain (centrista) debatiendo entre ellos para ser nominados. Gran diversidad en un mismo partido. ¿No podríamos ver a un centrista Piñera contra un ultra-conservador como Kast y un tony como Lavín, por ejemplo? Y no hablar de las primarias Demócratas gringas, donde dos monstruos, la colosal Hillary Clinton versus el imbatible Barack Obama, casi rajaron al partido, pero así todo un abrazo y un apretón de manos selló el destino del ticket Demócrata luego que los votantes emitiesen su veredicto. ¿No pudo la Concerta replicar esta idea? Porque fue tan rasca la primaria de la coalición de gobierno.

Nuestro candidato era Andrés Velasco. No se pudo. Nos gustaba Sebastián Piñera, pero se vendió a los Conservadores, y su candidatura al final guateó. ¿Frei? Ni cagando. En esta elección realmente queremos cambio. A pesar de ahora manifestarse a favor del aborto terapéutico, el renegar ahora de las privatizaciones es populismo, tal como lo fue el llamar a farrearse los excedentes del cobre.

Ahora nos encontramos con que la votación de diciembre será una "primaria conjunta" para la Alianza y la Concertación. Como no pudieron hacer un trabajo político profesional, no organizaron la necesaria primarias internas. La hora de la verdad llegará en enero, cuando la gente quiere darse su merecido descanso estival. Nuestros políticos no sólo son huevones, sino además desorganizados, insustanciales, e hincha-pelotas. Tener que interrumpir las vacaciones por ir a votar es el colmo.

Nuestro sitio pronto emitirá su political endorsement, donde endosaremos al candidato favorecido por Chile Liberal en la elección de diciembre. Como decíamos antes, queremos cambio. El economista Paul Klemperer acuñó el término switching costs, vale decir, el costo que implica el llevar a cabo un cambio. Creemos que la Concertación ya no tiene raison d'être y es hora de correr el riesgo y optar por el cambio. Al señor Arrate lo descartamos ipso facto. Frei es continuismo, por lo que también queda fuera. La cosa está entre Sebastián Piñera y Marco Enríquez-Ominami.

domingo, 1 de noviembre de 2009

La intrigante política económica de MEO

Más luces que sombras

Marco Enríquez-Ominami ya pasó de mero candidato testimonial a serio contendor por el sillón presidencial. Sin duda, un mérito. Ahora debemos preguntarnos qué tan bien responde a nuestros criterios de desregulación, agilidad en el inicio de emprendimientos, y baja tasa impositiva. A continuación Chile Liberal examinará las principales propuestas del ex-díscolo, y argumentaremos que MEO, siendo social-demócrata, es quien mejor encarna las propuestas de nuestro sitio.

En el plan económico de MEO se observan tres grandes características: impuestos pigouvianos (malos), privatización de empresas del Estado (lo que nos excita), y una desconcertante subida y rebaja, respectivamente, de impuestos a las personas y a las empresas (lo que nos deja perplejos). Esto último merece gran atención.

MEO no quiere que fumemos ni que bebamos
El economista Arhtur Pigou propuso enfrentar las externalidades negativas de ciertos comportamientos de consumo aplicando un impuesto (ver impuesto pigouviano). Para financiar los costos de salud que genera el consumo de alcohol, Pigou argumentó que se debe cobrar un impuesto a dicho producto, cuya recaudación se destina a cubrir costos de salud. MEO toma este concepto y postula, de rompe y raja, aplicar un aumento de 10% al alcohol y tabaco.

MEO, escúchame culiao: NO. Yo tengo derecho a beberme una copa de vino para amenizar los quesos, que ya están ferozmente distorsionados, y no tengo por qué hacerme responsable de los huevones que se empinan una garrafa de pipeño porque no saben beber como gente civilizada. Además, con esto incentivas la producción casera de alcohol (hacer chicha es fácil), con sus nefastas consecuencias, y peor aún, el mercado encontrará formas de producir y vender alcohol con más grados alcohólicos y más baratos, ¿cachai? En cuanto al tabaco, no tengo opinión, porque salvo el consumo ocasional de cannabis (con vaporizador), en lo personal no fumo, porque sé que es perjudicial para la salud. El fumador además debiese costearse por sí mismo su propia cobertura médica. Por ejemplo, cuando yo acordé mi póliza, fue con el compromiso de que no fume tabaco. El mercado de los seguros de salud puede ser mucho más eficiente en combatir el "vicio" que el poder intimidador y represivo del Estado.

El alcohol en cantidades moderadas es benéfico para la salud. Cobrar más impuesto por el vino es como subirle los impuestos a la leche (chucha, verdad que eso ya lo hicieron). Estos impuestos son una mala idea y esperamos que MEO desista, o que la Oposición a su gobierno (es decir, todo el Congreso) impida este gravamen insolente.

El acto sacrificial de las Vacas Sagradas
En el video que podrán ver al final de este artículo, escucharán varios datos muy interesantes. Por ejemplo, ahora todos critican (porque son huevones) la privatización del agua y de las sanitarias (no falta el pelotudo que cree que el agua es "gratis") que impulsó Frei-Ruiz Tagle. El Estado ha mantenido una pequeña parte de las sanitarias, y aplica un impuesto a la parte privatizada, con lo que el fisco ha recaudado lo mismo que cuando era el Estado el dueño exclusivo estas empresas. "¿Aaahh?", balbucean, con cara de huevones (la de siempre), los socialistas. Claro, el Estado es despilfarrador, es torpe, y para mover un dedo, necesita una comisión de 10 personas mientras tres giles siguen robando igual. Al entregarle la concesión a los privados, la necesidad de lucrar comienza a prescindir de todo lo ineficiente. Tiene sentido privatizar los medios de producción del Estado. Las sanitarias fueron privatizadas por Eduardo Frei-Ruiz Tagle, quien increíblemente ahora muestra aversión a las privatizaciones y reniega de su pasado. El único, el ÚNICO que ha manifestado la intención de privatizar, ha sido MEO.

El candidato de cabellera sexy ha propuesto privatizar 10% de Enap y 5% de Codelco, y vender Televisión Nacional de Chile. Es uno de los grandes misterios de la administración de nuestro país el saber qué chucha hace Enap. Si no somos productores de petróleo, ¿para qué tenemos una empresa donde los trabajadores perciben sueldos 5 veces por sobre la media nacional? Algunos arguyen razones estratégicas. Seguro. Enap sólo sirve para fomentar el clientelismo y actúa como preciado botín de guerra que obtienen los ganadores de la elección presidencial. Los puestos de esta "empresa de todos" se reparten por afinidades políticas. Como Enap no produce nada, es gente como tú la que paga impuestos para que otros, sentados en su poto y haciendo nada todo el día, sin mérito alguno, reciban sueldos por mamar de la ubre de la Vaca Sagrada. Enap debe privatizarse. MEO al menos propone vender una parte. Algo es algo.

Ni hablar de Codelco. Esta otra "empresa de todos", que en realidad es de la Concertación, tiene como objetivo este año no ir a pérdida. Si no fuese por el molibdeno, estaría hace rato causando estragos. En el paquete reactivador del ministro Velasco, ya le asignaron 1.000 millones de dólares para que no se vaya a pérdida. Es evidente que Codelco debe seguir privatizándose porque su ineficiencia ya ha tomado ribetes de escándalo. La nominación de sus ejecutivos, cuestión meramente política, es un acto obsceno.

Tal como explicamos en el caso de las sanitarias, en que quedándose con una pequeña porción el fisco recauda más, el candidato-estrella-de-TV hará muy bien en reducir la participación del Estado en estas empresas. Preferiríamos sacrificar a las Vacas Sagradas, pero los socialistas son demasiado brutos como para entender algo tan simple. Es mejor, como en otros departamentos de la vida, ir poniéndola de a poquito.

Subir para bajar
Es bueno bajar impuestos a las empresas. Claro. Piensen en el caso del "Tigre Celta", Irlanda (que ahora es un minino fétido y desnutrido, por acción concertada de sus políticos y banqueros). Mientras la media de impuestos a las utilidades de las empresas en Europa bordea el 35%, en Irlanda era un 12,5%. Intel, Microsoft y Oracle, por nombrar sólo algunas empresas, se fueron de inmediato a la isla. Crearon tantos empleos que Irlanda pasó a ser uno de los países más ricos del mundo. Cuando la Unión Europea le dijo a Irlanda que abriera los ojos y que reconociera que ya no era un país pobre y que subiera los impuestos, los irlandeses prefirieron salirse de la UE. Uno de los pilares del renovado Tratado de Lisboa fue garantizar libertad tributaria a Irlanda. Esto es, nuevamente, algo incomprensible para el Homo socialistus. Para el votante de izquierda, es un axioma el que el Estado debe subir impuestos para así repartir los recursos. Los liberales sabemos mejor que el propio mercado asigna las utilidades mejor que un ente centralizado (esto se llama chorreo o trickle-down economics)

Si el Estado deja de cobrarle impuestos a las empresas, el dinero sigue circulando en la economía. Una empresa con mayores utilidades puede innovar más o generar mejores puestos de trabajo. Puede subir sueldos a los trabajadores. Puede ser más competitiva, lo que beneficia a los consumidores. Cuando el Estado saca este dinero de circulación, queda la cagada: lo reasigna mal, o los dineros se roban (perdón, se "desvían", como dijo Ricardo Lagos).

Lo que propone MEO es bastante extraño. Actualmente el impuesto es de 17% de tasa fija sobre la renta imponible. MEO asegura que quiere subir el impuesto a las empresas, para así ganarse aplausos de las tribus de Homo socialistus. Para ello, propone un 17% sobre las utilidades devengadas, más un 13% sobre las utilidades distribuidas, con lo que suma un aumento a 30% de impuesto, lo que se lleva una ovación de la izquierda. Para no quadar mal, además, lo compensa con una rebaja de 40% a 30% en impuesto a las personas.

Pero si examinamos con cuidado, notamos que el impuesto a las utilidades puede imputarse como crédito en el pago del impuesto a la renta de las personas. O sea, al propietario de una empresa le suben el impuesto pero como a su vez lo usa como crédito al pagar su impuesto personal, esto significa que en la práctica le aumentan el crédito para que pague menos impuestos. O sea, un tongo. MEO nos dice que va a subir impuestos, pero en realidad hace exactamente lo contrario.

Como MEO no dice ni "mu" sobre la elusión de impuesto (es fácil crear entes ficticios para no pagar nada), en la práctica MEO está dejando al fisco recaudando menos. Ojo: esto es sólo una buena noticia si es que el gasto fiscal disminuye. El rampante aumento de los programas sociales que deja Bachelet, sin duda su más penoso legado, tiene que financiarse de algún modo. Las reformas de MEO apuntan en la dirección correcta, pero siempre y cuando mantenga como objetivo el superávit fiscal. Para ello, es inevitable que revierta muchas de los planes de Bachelet.

Bueno, no nos vamos a referir sobre la privatización de TVN. No concibo que alguien defienda semejante derroche de dineros públicos.

MEO en su momento abrió una pequeña empresa, una productora audiovisual, y sin duda sabe los beneficios de trabajar en una economía ágil y de bajos impuestos. Quizás ha asociado la mafia de TVN frente a su pequeña productora, con los carteles que controlan las Vacas Sagradas versus los contribuyentes. De ahí ha concluido que deben privatizarse. El plan aquí analizado parece demostrar que el candidato-galán adquirió experiencia en sus aventuras emprendedoras. Lo que nos parece muy bien. Plasmar esta experiencia en la arena política es lo que complace a Chile Liberal.

Lo paradójico de todo esto es que, por lo explicado anteriormente, el mayor beneficiado con los planes de MEO es nada más ni nada menos que... el candidato-magnate, Sebastián Piñera.

Nuestro sitio recomienda el siguiente video con un análisis independiente y honesto.



domingo, 26 de julio de 2009

Una nueva Constitución: "We the People..." (II)

Firma de la Constitución Americana, Cuadro de Howard Chandler Christy (1873-1952). George Washington preside la convención, de pie en el estrado. Figuras centrales son Alexander Hamilton, Benjamin Franklin y James Madison.

Si consideramos el valor simbólico que tiene una Constitución, la de 1980 es urgente reformarla porque no comanda ningún respeto en los gobernados (*). A pesar de las múltiples reformas, según aquella Constitución, aún terminamos declarando que la píldora del día después es ilegal así como muchos anticonceptivos, varios en pleno uso.

En términos políticos, y de organización de nuestra república, el presidencialismo descomunal de la Constitución obedecía a la necesidad de legalizar la dictadura de Pinoshit. Muerto el dictador, y caído el Muro de Berlín—e, incidenemente, culminada la Guerra Fría—ya ni la derecha conservadora puede justificar un sistema binominal y un presidencialismo exacerbado. Ya no necesitamos un hombre fuerte a cargo del gobierno, sino un gobierno limitado, y una política competitiva. Es necesario reemplazar la Constitución vigente, y a pesar de que Sebastián Piñera se opuso a la de 1980 tanto como Eduardo Frei, el único que ha planteado escribir una nueva Carta Magna ha sido el candidato díscolo, Marco Enríquez-Ominami.

No es necesario que él mismo escriba una. Más acertado sería convocar a una asamblea constituyente originaria, fundacional y plenipotenciaria (huevadas, al fin y al cabo), donde nuestros más brillantes juristas, eticistas, filósofos y especialistas en derecho se reúnan para salir con algo decente. Cómo elegirlos, es algo que MEO no aclara, y he ahí el quid del asunto.

MEO bajo el microscopio
No obstante, MEO ya ha lanzado un borrador con algunas propuestas sensatas, y con otras no tanto. Y con otras definitivamente estúpidas. La propuesta de Chile Liberal es volver al sistema parlamentario y dejar la figura de presidente a cargo de presidir el Estado, y un primer ministro para ser el jefe de gobierno, siendo éste(a) último(a) un miembro del Parlamento. Estamos pensando desde luego en la democracia parlamentaria británica, pero nuestro país sufre un love affair eterno con el presidencialismo. Así como la muchacha adolescente que se enamora siempre de cuarentones, nuestro país siempre quiere un presidente fuerte. Por ello, la Constitución Americana debe ser el paradigma de la chilena. Y muy bien hace MEO en cambiar el paternalista primer artículo donde se establece que la familia (cuál, no se sabe) es la base de la sociedad. El siguiente es el texto actualmente vigente:

"Artículo 1º.- Las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos.
La familia es el núcleo fundamental de la sociedad.
El Estado reconoce y ampara a los grupos intermedios a través de los cuales se organiza y estructura la sociedad y les garantiza la adecuada autonomía para cumplir sus propios fines específicos."

MEO propone cambiar a lo siguiente:
"El pueblo chileno en su forma de organización social y política tiene por finalidad crear una sociedad fundada en la libertad, la igualdad, la solidaridad y la justicia."

Lo que nos retrotrae no a la Constitución Americana, sino a la "Declaración de independencia" de dicho país, que recogió el 4 de julio de 1776 en sencillas palabras una de las ideas más poderosas que emergieron del espíritu ilustrado:

“Sostenemos como evidentes por sí mismas estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres, los gobiernos derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla, o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad.”
Por su parte, la Constitución Americana en su preámbulo dice:
“Nosotros, el pueblo de los Estados Unidos, a fin de formar una Unión más perfecta, establecer justicia, asegurar la tranquilidad interior, proveer para la defensa común, promover el bienestar general y asegurar para nosotros y para nuestra posteridad los beneficios de la Libertad, establecemos y sancionamos esta Constitución para los Estados Unidos de América.”
Los conceptos fundacionales de EEUU son—típicas gringas esas weás—la búsqueda de la felicidad y también la justicia (la libertad y la igualdad ya son conceptos que nadie discute, al absolutismo ya le hemos ganado varias batallas). La gente reclama porque las películas gringas siempre tienen un final feliz: es que está inscrito en el ADN de los gringos el que ganen los buenos, y que el jovencito se queda con la bonita. Esa es la quintaesencia del espíritu norteamericano, la búsqueda de la felicidad y la justicia. Visto desde esta perspectiva, si un hombre es feliz casándose con otro hombre, las leyes no pueden impedirlo porque la búsqueda de la felicidad por parte del individuo es una cuestión central en la cultura gringa, algo que no todos los estados de aquel país han comprendido (no aún).

En Chile, ya es hora de que abramos los ojos y empecemos a respetar al individuo en la búsqueda de su felicidad.
La Constitución y la "familia burguesa"
Nadie está desplazando a la familia como núcleo de la sociedad. El concepto de “familia burguesa” siempre ha sido un instrumento de control social. Pero no olvidemos que la propia familia burguesa es el mecanismo más eficiente en la creación de capital humano productivo. El problema está en que no es necesario meter esta idea en la Constitución del país, sino dejar que los propios mecanismos sociales evolucionen a su favor, o en favor de cualquier concepto de familia. Es decir, en estas materias es mejor el laissez-faire que las sanciones constitucionales.

La constitución gringa declara “Nosotros, el pueblo...”, algo impensable para la Comisión Ortúzar que escribió la constitución chilena, ya que era claro que el origen del texto no era popular, sino una mera imposición para mantener la legalidad y el orden (este último concepto es vital para los Conservadores: imponer el orden, siempre y cuando lo impongan ellos mismos, y no que el orden lo impongan los comunistas, y viceversa. Los liberales más bien creemos en el orden espontáneo o la mano invisible).

La idea es que la base de la sociedad sea la familia, pero la verdad es que la sociedad no existe. Hay indiviudos que colaboran y se coordinan entre sí, y algunos forman familias. Pero el núcleo de la sociedad y lo que la sostiene es el individuo. Podemos decir que de entrada, el borrador de MEO es un acierto.

El resto del proyecto de MEO contiene perogrulladas como declarar abolida la pena de muerte, facilitar el voto de chilenos en el exterior, y sacar la línea que “protege al que está por nacer”, cuestión que como se resolvió en EEUU es más bien algo que queda a conciencia.

Maldito estatismo
El problema de la Constitución de MEO es su lastre socialistoide, estatista y paternalista. Por ejemplo, pretende abolir el congeso bicameral, cuando todos sabemos que el Congreso debe tener más poder y por ello es esencial que los proyectos de la cámara de diputados se pongan en el congelador del senado. MEO quiere la impronta hiperkinética de su personalidad en el orden político del país.

Otro gran error es que el poder que le da al Estado, mientras—contradictoriamente—quiere darle más poder al “pueblo” sacando la palabra “nación” en el actual texto: "La soberanía reside esencialmente en la Nación". MEO quiere que el Estado garantice la calidad de la educación.

No, Marquito.

Los individuos son libres de procurarse su propia educación, y el Estado puede, a lo sumo, subvencionarla. De hecho, el Estado no debiera tener injerencia alguna, pero reconozcamos que los bolsones de pobreza e ignorancia en Chile deben desterrarse con libros, pizarrones y aulas. Pero el Estado no puede garantizar nada. El Estado está para garantizar una república "más perfecta, establecer justicia, asegurar la tranquilidad interior, proveer para la defensa común, promover el bienestar general y asegurar para nosotros y para nuestra posteridad los beneficios de la libertad", ¿es que no has leído la Constitución Gringa, Marquito?

Y aquí encontramos el principal escollo que impide apoyar a Marquito. En Bolivia, la Constitución sanciona la propiedad estatal de los hidrocarburos. Chile pasó esa etapa cuando vendió a Inglaterra los recursos del salitre, y quedó el know-how, y los royalties. Si los latinoamericanos pudiésemos “pensar fuera de la caja” crearíamos joint-ventures entre el Estado y los capitalisas y financistas internacionales para explotar los recursos, y dejar felices a estatistas y libremercadistas. Pero estos huevones son brutos y no aprenden. La Constitución de Ecuador declara que no puede haber pobres, y así todos los proyectos de los tiranos latinoamericanos, Pinoshit incluido, convierten a sus proyectos constitucionales en meros afanes refundacionales, y con textos que son unos bodrios avergonzantes aparte de inaplicables y condenados desde el día de su promulgación a ser en el mejor de los casos letra muerta, y en el peor, textos dañinos.

Marco, peor aún, quiere crear la facultad para revocar el mandato de las autoridades. Yo pensé que esa etapa la habíamos superado. Si el electorado se equivoca y elige una autoridad que se convierte en ilegítima (piensen en Allende, o ahora en Zelaya en Honduras), pues la Constitución debe construir los suficientes diques para contrarrestar el poder de la autoridad, de modo que su salida sea inminente en caso de traición al electorado. Basta un gobierno de 4 años, para que si a mitad de camino nos damos cuenta que la cagamos, saquemos al presidente y entreguemos el gobierno a la Oposición. La reelección después de 4 años es importante, ya que en la práctica la da al electorado la oportunidad de emitir un veredicto sobre el primer período. Si pasa la prueba, el gobierno está 8 años en el poder, período suficiente como para pensar a largo plazo, y apropiado para que el mandatario no se convierta en un tirano.

El derecho de rebelión es importante—en una democracia adolescente. Nuestro país tiene problemas de infantilismo, ya que somos una de las democracias más largas del mundo pero aún actuamos como bananeros. En el camino no se arregla la carga, sino que cuando llega el momento de votar, los electores deben ser responsables y saber qué esperar. Y si se equivocan, deben sufrir las consecuencias.

A fin de cuentas, es loable la intención de MEO. Pero surgen algunos temores, porque no sabemos si su inspiración es la Constitución Americana, o las constituciones de Evos, Correas, o Huguitos. No sé si vamos a cambiar la Constitución que impuso un dictador latinoamericano, o vamos a reemplazarla por la de los dictadores que son del gusto de MEO. Una democracia y una república de extensa trayectoria como la nuestra (ver imagen a continuación) se merece algo mejor.

Sesión inaugural del primer Congresio Nacional de Chile, 4 de julio de 1811. (ver fuente)



(*) En ningún caso este sitio hace un llamado a quebrantar la ley. Todo lo contrario, creemos en el estado de derecho y el acatamiento de las leyes, y buscamos por medios legítimos e institucionales las reformas necesarias.

jueves, 23 de julio de 2009

En defensa de Karen Doggenweiler

Cuando Oprah Winfrey, la popular reina de la TV diurna de EEUU, le entregó su apoyo (endorsement) al actual presidente, le dio más votos que Colin Powell, quien también endosó a Obama. El poder de los rostros de TV es desproporcionado en las democracias actuales.

En EEUU nadie criticó mayormente a Oprah Winfrey por involucrarse en política partidista. En Chile, la presentadora de TV Karen Doggenweiler (foto izquierda) se ha convertido en uno de los principales rostros de la campaña del candidato "díscolo" de la centro-izquierda, Marco Enríquez-Ominami. Sin embargo, su presencia ha causado un escándalo. Es que hay dos diferencias con la animadora norteamericana: la chilena es empleada del canal estatal TVN (copia triste de la BBC), y más aún, Karen es la esposa de MEO.

En un acto que combina la estupidez y la desesperación, el títere a cargo de (des)coordinar la campaña de Frei ha declarado lo siguiente (ver fuente):

"Es complejo para una institución, y lo tienen que resolver, tener un rostro emblemático de su respectiva pantalla, al mismo tiempo rostro emblemático de una respectiva campaña. Es algo que TVN va tener que definir".

Y la vocera de del comando de Frei:
"Entendemos que evidentemente cuando hay un personaje que es un rostro importante de un canal, el cómo eso puede influir en una campaña política yo creo que merece revisión institucional de parte de TVN".

Es francamnete inaceptable y avergonzante ver cómo se pretende acallar a Karen Doggenweiler, cohartando no sólo su libertad de expresión sino además su libertad de trabajo. Ella por méritos propios (cuáles, lo desconozco) habrá llegado a ganarse un puesto en las pantallas de TVN. Pretender que guarde silencio durante la campaña de su marido es propio de un tarado. Querer dejarla sin trabajo es propio de un demente.

En ningún caso la mujer de MEO buscó protagonismo en la TV para hacerle publicidad a su marido: esto ha sido pura coincidencia. De hecho, ya era rostro de TV antes de siquiera conocer a MEO. El insistir en que TVN rescinda el contrato de ella es más todavía un claro signo de desesperación del establishment de la Concertación al ver que una candidatura díscola se convierte en la principal opción del electorado.

Insultante además que después de dos décadas en que la Concertación históricamente ha usufructado de los endosos de las figuras de TV, ahora al comprobar que muchos apoyan a MEO, pretendan negarle a otros lo que a ellos les benefició por tanto tiempo.

Como si fuese poco, Andrés Palma, otro miembro del comando de Eduardo Frei, había hecho declaraciones similares a las de Sebastián Bowen y Paula Narváez. Ante las consultas de los periodistas, Frei musitó un burdo "Yo hago mi campaña, declaraciones de otros no me interesan". Y remató: "no estoy en la farándula".

Muy mal, señor Frei. Muy mal.

Es deber de cualquiera el defender a una ciudadana ante una maniobra política tan baja. Karen Doggenweiler tiene posibilidades de convertirse en "primera dama" de la nación. Después de este incidente, tiene incluso más posibilidades.


martes, 21 de julio de 2009

Una nueva Constitución, un acierto de MEO (I)

Chile Liberal analiza las propuestas de MEO en un ciclo de dos partes. Comenzamos con algo de contexto
La Constitución Americana, escrita por figuras enormemente respetadas en la siquis del pueblo estadonidense, es la carta magna más perfecta que el mundo ha visto. De hecho, es la más antigua aún vigente. El documento en sí constituye la piedra angular de la prosperidad de EEUU ya que ahí se consagra la propiedad privada y las libertades individuales. La Quinta Enmienda dice:

"Nadie estará obligado a responder de un delito castigado con la pena capital o con otra infamante si un gran jurado no lo denuncia o acusa, (...) ni se le compeleerá a declarar contra sí misma en ningún juicio criminal; ni se le privará de la vida, la libertad o la propiedad sin el debido proceso legal; ni se ocupará la propiedad privada para uso público sin una justa indemnización."


No hay país que con más celo resguarde la libertad del individuo frente al gobierno, ni hay país más obsesivo en defender la propiedad privada, que no es otra cosa sino el fruto del propio trabajo. Tampoco hay otro país más fanático en su tarea de ponerle coto al Estado. Todo ello emana a partir de los principios plasmados en su breve y venerada Constitución que, dicho sea de paso, por su propia simpleza facilita su cumplimiento ya que los propios gobernados la entienden y consideran provechoso acatarla.

En Chile hemos tenido Constituciones a cada rato. La más avanzada de de todas fue la llamada Constitución Liberal, promulgada en 1828. No obstante, carecía del extraordinario sentido de "tolerancia religiosa" que prevalecía entre los Padres Fundadores de EEUU. Por ejemplo el Artículo 3 de la Constitución Liberal decía que en Chile la "religión es la Católica Apostólica Romana, con exclusión del ejercicio público de cualquiera otra." Desde entonces hemos tenido problemas en mostrar virtudes políticas, tolerancia y respeto hacia las leyes.

Hasta antes de la crisis de la píldora del día después Chile Liberal defendía más bien una postura moderada que buscaba reformas graduales y progresivas a la Constitución de 1980, tal como lo entendió la Concertación, cuyo punto cúlmine fue la firma que Ricardo Lagos estampó al texto para brindarle un mínimo de legitimidad popular. Pero el escándalo del levonorgestrel, que decretó como inconstitucional la mentada píldora junto con varios anticonceptivos ya en uso por varias décadas, nos lleva a declarar, después de meditarlo con serenidad, que Chile necesita de una Constitución que provenga de, como dicen los gringos, "We, the People", y no un texto impuesto de rompe y raja por lunáticos autoritarios y católico-romanos comisionados por una junta militar sudaca, ratifiado no en un plebiscito sino en un plebichiste.

Y el único candidato que propone empezar de nuevo se llama Marco Enríquez-Ominami, a.k.a. "el candidato díscolo". Sebastián Piñera (Alianza), el candidato de centro-derecha y el más comprometido con la economía de mercado, parece despreocupado por el tema a pesar de él mismo haber participado activamente en la oposición al disparate de 1980. Tampoco se ve urgido a Eduardo Frei Ruiz-Tagle (Concertación), hijo del ex presidente Frei Montalva, un coloso de la política chilena en el siglo XX, quien fue el opositor más emblemático al disparate en cuestión (oposición que le costó la vida ya que como se ha confirmado fue asesinado por el aparato represivo de la junta militar). El otro gigante de la política chilena, el derechista Jorge Alessandri, quien participase activamente en la Comisión Ortúzar (a cargo de la Constitución de 1980) sin duda fue un hombre noble que trató de domar los instintos asesinos de Pinoshit & Co. Finalmente, como todos sabemos, sus propuestas fueron ignoradas y sus contribuciones denostadas, lo que lo llevó a renunciar a la comisión y nunca más participó en la dictadura, de la cual se arrepintió profundamente de haber colaborado. Con esto quiero decir que en su incubación y desarrollo, la Constitución de 1980 fue viciada, y de los candidatos actuales a la presidencia sólo uno, el que tiene menos posibilidades, se ha propuesto rectificar esta vergüenza histórica. ¿Qué esperan Piñera y Frei para pronunciarse al respecto?
La importancia de una Constitución
La Constitución Americana al refrendar la propiedad privada y las libertades individuales ha sido instrumental en generar las condiciones para que florezca la división del trabajo. Sólo en la medida que las personas saben que son dueñas de algo, y seguras que nadie les arrebatará el fruto de sus labores, producen con esmero e intercambian sus productos, y todos ellos en un marco de libertad y de imperio de la ley generan conjuntamente prosperidad y felicidad. Esa es la función de la Constitución Americana, que es el eje del poderío económico de EEUU. Es un ejemplo para todas las Constituciones modernas. Al contrario, la Constitución chilena ha servido para justificar el crony capitalism de Pinoshit, y para subsidiar a los Conservamierdas con el sistema binominal.

El único mérito del sistema binominal ha sido el rigidizar la estructura del Congreso chileno impidiendo que la Concertación ganase por masacre cada elección. Por paradójico que sea (e incluso contradictorio) esto ha sido bueno ya que la Concertación necesita de un contrapeso. Jamás un gobierno, por democrático que sea su origen, debe tener carte blanche para gobernar. Los senadores designados sin duda fueron un insulto a la inteligencia, pero la idea detrás del binominal fue buena durante el gobierno de Aylwin (1990 - 1994). Como todo sistema determinista, la idea se volcó en contra de los beneficiados ya que gracias al subsidio del binominal, la derecha sigue estancada en la prehistoria, yéndose a la cama con lo más clerical del conservadurismo, creyendo que defiende la "vida" y los "valores", sin darse cuenta que la sociedad avanzó y que la derecha ya no representa a nadie, no obstante sigue ganando asientos en el Congreso ya que sólo si en un distrito la Concertación la dobla en votos entonces la Alianza se queda sin su parlamentario.

Esta situación, aparte del excesivo poder del ejecutivo, entre otros aspectos moralistas (como demostró la píldora del día después) convierten al texto constitucional vigente en un obstáculo para el avance orgánico de la sociedad civil. Además, considerando la importancia de los simbolismos, el hecho de que nadie sienta como legítima a la Constitución actual lleva a pensar que en una democracia afianzada como la chilena es urgente reparar el legado del gobierno militar.

La Alianza se encuentra ahora en un momento crucial para ella y para Chile. Sí, tiene posibilidades de ganar, pero Frei ha acortado distancia. El triunfo de la derecha será posible sólo porque ha elegido a un "derechista disidente", más cercano a la centrista Democracia Cristiana que a la derecha autoriaria. Si la Alianza no triunfa, habrá pasado medio siglo sin ganar una elección. Sólo podrá imponerse gracias a la obscena ayuda de un sistema ridículo. No obstante, si no gana, será el momento definitivo de aplicar la destrucción creativa y simplemente no subsidiar más a la derecha cavernaria y dejarla morir de una vez y para siempre. Habrá que hacer desaparecer a la derecha y su Constitución también. Si gana Piñera, habrá que exigirle que remedie las anomalías.
Por ello, estoy empezando a creer que lo mejor es que gane MEO.

En la próxima entrega de esta saga analizaremos las propuestas constitucionales de Marco Enríquez-Ominami.

miércoles, 3 de junio de 2009

Que se baje Frei, y que siga MEO



El blog Chile Liberal, por cuestión de principios, busca un candidato que conjugue las libertades económicas de un sistema de mercado con una defensa férrea de las libertades individuales. Salvo pelotudeces como aumentar en 10% el impuesto a las ganancias de las empresas (= cesantía), el candidato díscolo, Marco Enríquez-Ominami, promete privatizar empresas del Estado y aborto a pedido, todo en uno. Pero no basta.

La Concertación cometió un error garrafal en la deslucida elección primaria, que por cuestiones técnicas dejó afuera a MEO, y terminó por minar uno de los logros institucionales más brillantes de la Conertación, como fue confluir distintas corrientes en una primaria para elegir al ungido de la centro-izquierda y cerrar filas tras él/ella. Distinto habría sido el cuento si el radical Gómez junto al social-demócrata MEO, y en segundo plato Soledad Alvear (¿por qué no?) de la DC, se hubiesen enfrentado en una justa electoral limpia, republicana y democrática. Lamentablemente, la primaria fue al peo. Terminó elegido un ex presidente, que ahora medio chascón y de camisa abierta cree que con un huevón de "Una Mediagua Para Chile " o como se llame iba a insuflar los nuevos bríos que la desgastada Concerta necesita. Y que el resto, la chusma, le iba a comprar. La gente es tonta, pero nunca tanto.

Hay algo en MEO que emula la lógica del marxismo-leninismo: si no se atienden mis demandas, dejo la cagada. Revolución o muerte. MEO está armando la trifulca, eso sí, por medios completamente institucionales y ajustados al Estado de derecho. No obstante, es necesario destacar que nadie elige a su familia, y que sacar a relucir el nombre de Miguel Enríquez y el MIR es una cuestión pasajera, porque la sustancia es otra. Marco Enríquez-Ominami es un candidato que un liberal (en el sentido de este blog) debe considerar. Seriamente.

MEO promete efectivamente renovar la política. Su juventud es necesaria, ya que Chile sufre de un retraso generacional político enorme. Su plan económico muestra pragmatismo y el hombre en cuestión parece entender que el mercado no es "cruel", sentencia infame del viejo culiado ex presidente Patricio Aylwin, sino que el mercado es un conjunto libre de transacciones e información que generan más riqueza y bienestar que cualquier sistema planificado. El mercado para funcionar desplegando todo su potencial necesita de libertades civiles e individuales. Una sociedad no se construye desde arriba mediante el férreo mandato de un hombre fuerte al cual hay que obedecer, sino desde abajo, dejando a los individuos con los mayores espacios de libertad posibles para que cada cual se procure su destino, y con el Estado administrado por el gobierno central protegiendo las libertades de cada cual, impidiendo que seamos agredidos, y delegando el poder entregado por el electorado a unidades locales, más cercanas a los gobernados. Esto parece que MEO lo tiene claro. ¿En qué topamos entonces?

Yes, you can
Algunos comparan a MEO con Obama. Gran error. Y acá empiezan los desafíos para "el joven congresista", como le pusieron en The Economist. Obama también es joven, pero su CV mostraba brillantes credenciales académicas, libros escritos de su puño y letra, y encomiable lealtad al Partido Demócrata. MEO es cineasta, aunque se ignora qué películas ha dirigido. Al parecer tenía un programa en la tele, y penca más encima. Obama es un orador que proyecta confianza aunque hable puras huevadas (como cuando sugirió terminar con el TLC). Durante su campaña, el actual presidente de EEUU imponía respeto con su porte de estadista y esbelta figura, irradiaba seguridad y optimismo ante la adversidad (típica gringa esa weá). En desventaja, se agrandó, y puso de rodillas a la todopoderosa maquinaria clintonista. En cambio MEO es como al cuete, habla nervioso, se contradice, se ahoga ("se tupe", como dicen), no es uno y no lo otro sino todo lo contrario, mientras se arregla el pelo y saca la lengua y escupe y sigue hablando y me pone nervioso pero sigue igual qué tanto. Obama tenía pinta de presidenciable. MEO es más bien chacotero, y pasa por payaso.

Pero todo ello es corregible. El gran obstáculo entre MEO y un endoso oficial de este blog es que el díscolo de la Concerta no tiene a su disposición la maquinaria política de la coalición que ha gobernado exitosamente a Chile desde 1990. Ninguno de ustedes pondría a MEO como gerente general de una empresa, ¿por qué lo pondrían como presidente de Chile? "Ah, es que un país no es una empresa", me dirán. Pues se equivocan. Un país se organiza de modo muy similar a una empresa, siendo ésta una organización compleja fundada sobre la división del trabajo y la eficiencia. De hecho, una empresa es menos vasta que un país. Este vacío es soslayable si es que MEO, con todo su potencial, adquiere la seriedad que le otorgaría el respaldo de la Concertación para que tenga los brazos que le permitan nombrar un gabinete y contar con asesores para implementar las políticas económicas y sociales que alega. La presidencia de la república no es un puesto que se gana por choro, sino que es la culminación de una carrera política, previa aprobación del electorado, y hasta ahora, MEO sólo demuestra que tiene ganas y energía, pero no es suficiente. Cuando Obama fue ungido como el representante Demócrata para enfrentarse a McCain, a pesar de su inexperiencia, contó con el respaldo de su partido. Esta es la principal diferencia con MEO. Es decepcionante que después de la lección democrática que dio EEUU en la elección pasada (pare enmendar el camino después del absoluto desastre de Bush), la Concertación haya sido tan amateur para elegir al posible sucesor de Michelle Bachelet. Más aún cuando ésta última goza de una popularidad extraordinaria, y la continuidad de la Concertación debiese ser cosa segura.

La culpa será de la derecha
¿Y si igual a la mala llega MEO a la presidencia? Nos encontramos con que Chile aún es regido por una Constitución ultra-presidencial, concebida bajo una dictadura para afianzar aún más a Pinochet y consagrarlo como un rey sin corona (de haber ganado el Sí en 1988, ¡Pinochet habría gobernado 25 años!). Los Conservadores que la redactaron concebían a la política como el arte de lograr que un hombre fuerte impusiera las reglas, y que el resto las acatase a como dé lugar, mediante ataduras y rigideces tan propias del conservadurismo exaltado. Resulta que ahora un loquito puede llegar a ser presidente, ¿queremos que ahora sea todopoderoso?

Debe ser motivo de preocupación que hacer cumplir las leyes, tarea del Ejecutivo, quede a cargo de un díscolo hiperkinético. En EEUU la oficina del presidente es, aunque no lo parezca, bastante débil, ya que se ve cohartada por el Capitolio (Legislativo). En Chile le damos el poder casi absoluto al presidente. La culpa de terminar así es de la derecha autoritaria, conservadora y pelucona.

Pero así todo, incluso en este punto, que es la gobernabilidad, MEO parece estar en sintonía con el zeitgeist del electorado: ha sugerido escribir una nueva Constitución.

El país se merece un oponente de peso para enfrentar a Piñera. Frei es un conservador moderado, al igual que Piñera. Fome esa weá.

MEO es social-demócrata, y los electores exigen tener entre qué elegir (lo que los gringos llaman "choice"). Con Piñera versus un social-demócrata, hay más de dónde elegir. Hay más choice, y en eso consiste el mercado de la política.

Señor Eduardo Frei, con todo respeto: bájese. No jodan con una segunda vuelta.


Imagen: El Mostrador